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Esta es la verdadera historia de por qué el kilómetro cero está en la Puerta  del Sol

La Razón(C.Olmo/I.Laurel) — La Puerta del Sol es uno de los lugares más emblemáticos de Madrid y un punto de referencia para todos los que visitan la capital de España. Entre sus muchos atractivos, uno destaca especialmente: el Kilómetro Cero. Este pequeño pero significativo punto marca el inicio de todas las carreteras radiales del país. Pero, ¿Cómo y por qué se eligió la Puerta del Sol como el Kilómetro Cero de España?

El origen del Kilómetro Cero

La historia del Kilómetro Cero en la Puerta del Sol se remonta al reinado de Carlos III en el siglo XVIII. Durante su gobierno, Madrid experimentó una importante transformación urbana y se llevó a cabo una reestructuración de las principales vías de comunicación del país.

En 1769, se decidió crear un sistema de carreteras radiales que conectaran Madrid con las principales ciudades de España. La idea era tener un punto de partida común para todas las carreteras, facilitando así el trazado y la organización de las vías. La Puerta del Sol, por su ubicación central y su importancia como plaza pública, fue elegida como el lugar ideal para establecer este punto de referencia.

La placa del kilómetro cero

La placa que marca el Kilómetro Cero fue colocada por primera vez en 1950. Está situada en el suelo, frente a la Casa de Correos, uno de los edificios más antiguos y representativos de la Puerta del Sol. La placa ha sido renovada en varias ocasiones, pero siempre ha mantenido su propósito original: señalar el punto de inicio de las carreteras radiales de España.

Esta placa no solo es un punto turístico de gran interés, sino que también tiene un significado práctico. Desde aquí, se miden las distancias de las principales carreteras nacionales, conocidas como carreteras radiales. Estas vías, numeradas del 1 al 6, parten de Madrid y se extienden hacia las principales ciudades del país: A-1 (Madrid-Burgos), A-2 (Madrid-Zaragoza), A-3 (Madrid-Valencia), A-4 (Madrid-Córdoba), A-5 (Madrid-Badajoz) y A-6 (Madrid-La Coruña).

La importancia de la Puerta del Sol

La Puerta del Sol ha sido, desde sus inicios, un lugar de gran relevancia para los madrileños. Originalmente, fue una de las puertas de acceso a la ciudad en la antigua muralla que rodeaba Madrid en el siglo XV. Con el tiempo, se convirtió en una plaza pública y en el corazón de la vida social y comercial de la capital.

La elección de la Puerta del Sol como el Kilómetro Cero no fue casual. Su ubicación estratégica y su importancia histórica y cultural la convirtieron en el lugar ideal para este hito. Además, la Casa de Correos, construida en el siglo XVIII y actual sede de la Presidencia de la Comunidad de Madrid, añadió un toque de oficialidad y simbolismo a la elección de este lugar como punto de referencia.

– Símbolo de unidad y conexión

El Kilómetro Cero en la Puerta del Sol no solo es un punto de referencia geográfico, sino también un símbolo de unidad y conexión para España. Representa el centro neurálgico desde el cual parten todas las vías que unen a los españoles, reflejando la importancia de Madrid como capital y núcleo de las comunicaciones del país.

Está profundamente ligada a la historia y el desarrollo de Madrid y de España. Desde su establecimiento en el siglo XVIII hasta su papel actual como punto de referencia y atracción turística, el Kilómetro Cero sigue siendo un símbolo de la centralidad y la conexión que caracteriza a la capital española. Visitar la Puerta del Sol y pararse en el Kilómetro Cero es, sin duda, una experiencia que conecta a los visitantes con la rica historia y cultura de Madrid y de toda España.

– Esta es la calle con menos letras de Madrid: los secretos detrás de estos monosílabos

Plaza Mayor de Medina del CampoAyuntamiento Medina del Campo

En Madrid hay calles para todo, desde escritores como Quevedo o Gloria Fuertes a otras con nombres más divertidos, como la antigua calle de la Pulga (hoy en día, Calle Mira el Río Alta), donde se organiza cada domingo el famoso Rastro de Madrid.

Hay vías con nombres tan largos que se tarda más en decirlos que en cruzarlas, como la calle Glorieta del Alcalde de Canillas Cipriano Santillana Moreno, que solo de pronunciarla de seguido uno se queda ya sin aliento.

Sin embargo, el tema que hoy nos atañe es la calle con el nombre más corto de todo Madrid, que de hecho son dos, y tienen un apodo tan corto que «casi caben en un suspiro». De hecho, ocupa más la palabra «calle» en sus carteles, que el propio nombre de las vías en sí.

La ladrona de protagonismo

Mucha gente cree que la vía con el nombre más corto de la capital madrileña es la famosa Calle Pez, pero existen otras dos calles con una letra menos, aunque son algo menos conocidas.

Esta Calle Pez es quizá uno de los paseos más famosos del centro, tanto que en 2001 se llegó a rodar una película en la que salía Miguel Ángel Muñoz y cuya trama giraba en torno a un grupo de jóvenes que vivían hacinados en un pequeño piso en esta vía: «Gente Pez».

La calle del Pez está ubicada en San Bernardo y la Corredera Baja de San Pablo

Los vecinos de esta calle se organizaron en la década de los 70 y crearon un eslogan para devolverle la vida a su avenida, como cuenta TimeOut: «Quien compra en la calle Pez, bien sabe lo que pesca».

El verdadero título al nombre más corto de Madrid

Realmente esta medalla la ostentan dos vías al mismo tiempo, ambas con tan solo dos letras en su nombre, aunque una lleva tilde y la otra no:

. Calle del Té

La primera de ellas es la Calle del Té, que se encuentra en la zona de Aravaca y, al igual que su nombre, no destaca por su gran longitud. Aunque tiene varios restaurantes, es más bien una zona residencial.

Este pequeño paseo está rodeado por sus hermanas, calles que todas hacen referencia a hierbas para utilizar en infusiones: Manzanilla, Romero, Orégano, Tomillo, Poleo, Menta, Anís, Enebro, Ajenjo, etc.

. Calle de la Fe

Este paseo en cuesta se encuentra en pleno corazón del céntrico barrio de Lavapiés, en paralelo con la Calle Argumosa, famosa por ser una de las zonas de restauración y más vida de todo Madrid.

Varios cronistas tiene la teoría de que en la Calle de la Fe antiguamente se encontraba una sinagoga, cuando el barrio de Lavapiés era una judería, aunque no existe un consenso claro.

Según estos autores, esta vía habría adoptado el nombre de Calle de la Fe después de que los Reyes Católicos hubiesen expulsado a la población judía de España a finales del siglo XV.

– Las doce tabernas míticas de Madrid que aún siguen abiertas después de cien años

Interior de la Posada de la Villa

Han sobrevivido a guerras, pandemias y el paso inexorable del tiempo. Las tabernas centenarias de Madrid no son solo lugares donde comer y beber, son cápsulas del tiempo que ofrecen una experiencia única a los visitantes y forman parte de la cultura, la gastronomía y la literatura. Hay al menos una docena que recorrer:

  • Casa Ciriaco: Fundado como tienda de vinos en 1887, toma su nombre de Ciriaco Muñoz Sanz, que con su hermano Pablo, lo transformó en restaurante en 1929. Sirven comida madrileña, incluidos el cocido y la gallina en pepitoria. Lo frecuentaron el pintor Ignacio Zuloaga, los artistas Eduardo Vicente o Gerardo Rueda, y escritores como Valle, Camba o Bergamín.
  • Sobrino de Botín: Cándido Remis, el famoso “Sobrino de Botín”, abrió este local junto al Arco de Cuchilleros, en 1725. Sus legendarios corderos y cochinillos asados los degustaron escritores como Galdós, Arniches, Camba, Valle o Hemingway; políticos, toreros y actores.
  • Posada de la Villa: Fundado en 1642, en la Cava Baja, fue el primer establecimiento de su género de Madrid. Rinde culto a lo castizo: cocido madrileños, callos, rabo de toro, gallina en pepitoria…y productos del mar. Félix Colomo lo relanzó como restaurante en 1980.
  • Malacatín: Está próximo al Rastro, en la calle de la Ruda, y fue fundado en 1895. Su interior está decorados con azulejos, y muchos carteles taurinos. Es otro de los grandes templos madrileños del cocido.
  • Taberna Antonio Sánchez: En Mesón de Paredes se encuentra esta taberna que fundó en 1839 el picador Colita, antes de pasar a Cara Ancha, y finalmente a Antonio Sánchez, que también probó suerte en la lidia y con los pinceles, aconsejado por Ignacio Zuloaga. Presume con razón de ser el único establecimiento de su género “sin reformar”.
  • Casa Alberto: Local tradicional de la calle Huertas fundado en 1827, donde estuvo la casa en que Cervantes escribió el Viaje del Parnaso. Ofrece vermut de grifo, callos, rabo de toro, bacalao a la madrileña… y sus paredes evocan una clientela taurina.
  • Casa del Abuelo: Data de 1906 y está situado en la taurina calle de la Victoria. Es el establecimiento más joven del grupo y rinde homenaje, bajo muchas formas, a la gamba, que recomiendan acompañar de un vino dulce.
  • Lhardy: En la Carrera de San Jerónimo se encuentra este restaurante, el más literario de Madrid. Cocido madrileño, riñones al Jerez, o su consomé son algunos de sus platos más aplaudidos a lo largo de su historia. Sus salones, entre los que destaca el japonés, los frecuentaron escritores como Galdós, Azorín, Rubén Darío, Camba o Ramón Gómez de la Serna.
  • Casa Labra: Junto a la Puerta del Sol, en la calle de Tetuán, se encuentra este local fundado por un asturiano en 1860. Célebre por su bacalao, las empanadillas y otros platos como el rabo de toro y los callos, fue el lugar elegido por Pablo Iglesias para fundar el PSOE en 1879.
  • Bodegas La Ardosa: Fundada en 1892, evoca la comarca toledana que lleva su nombre, de la que era oriundo un bodeguero que para comercializar sus caldos creó en Madrid una red de tabernas. Está situada en la calle de Colón, próxima a la Gran Vía, y dedica mucha atención a la cerveza, sin olvidar los buenos vinos.
  • Café Gijón: Es un lugar central de la vida cultural, fundado en 1888 por un gijonés. Lo han frecuentado Cela, Gerardo Diego, García Nieto y centenares de escritores más. Sus años clave los evoca Marino Gómez-Santos, en su Crónica del Café Gijón y también Umbral en La noche que llegué al Café Gijón.
  • Casa Pedro: Fundado en 1702 como casa de postas para los viajeros que iban hacia el Norte, está situado en Fuencarral, localidad de la periferia hoy incorporada a Madrid. Sirven los platos habituales en este género de establecimientos, más perdices escabechadas, manitas de cerdo y demás casquería. (Más información sobre estos establecimientos).

– Rastro de Madrid: esta es la historia detrás de su nombre

Puesto de antigüedades en el Rastro de Madrid

El Rastro de Madrid es uno de los mercados más emblemáticos y antiguos de la capital española. Cada domingo y festivo, sus calles se llenan de vida, colores y una mezcla de olores que invitan a perderse entre sus puestos. Sin embargo, pocos conocen la historia detrás de su nombre y cómo este mercado ha evolucionado a lo largo de los siglos.

Te contamos el origen del nombre «Rastro» y cómo ha influido en la cultura y el comercio madrileño. Además, descubriremos algunas curiosidades y anécdotas que han marcado su historia.

El origen del nombre «Rastro»

El nombre «Rastro» tiene sus raíces en el siglo XVI, cuando la zona donde hoy se ubica el mercado era un matadero de ganado. En aquellos tiempos, los animales sacrificados dejaban un rastro de sangre en las calles, de ahí el nombre. Este matadero se encontraba en las cercanías de la Ribera de Curtidores, una calle que aún hoy conserva su nombre y que era el lugar donde se curtían las pieles de los animales sacrificados. 

La palabra «rastro» también hacía referencia a los restos y despojos que quedaban tras el sacrificio de los animales, los cuales eran aprovechados por los curtidores y otros artesanos de la zona.

Con el tiempo, el matadero fue trasladado a otro lugar, pero el nombre «Rastro» perduró y se asoció al mercado que comenzó a formarse en la zona. Este mercado se convirtió en un punto de encuentro para comerciantes y compradores, y su fama creció rápidamente. Hoy en día, el Rastro de Madrid es un lugar donde se puede encontrar de todo, desde antigüedades y objetos de segunda mano hasta ropa y artesanías.

Evolución y curiosidades del Rastro

A lo largo de los siglos, el Rastro ha experimentado numerosos cambios y ha sido testigo de la evolución de la ciudad de Madrid. Durante el siglo XIX, el mercado se consolidó como un lugar de intercambio y venta de objetos de segunda mano, especialmente ropa y muebles. En esa época, era común ver a los «trapicheros», vendedores ambulantes que ofrecían sus mercancías a precios muy bajos. Estos vendedores eran conocidos por su habilidad para regatear y por su conocimiento de los objetos que vendían.

Una de las curiosidades más interesantes del Rastro es la presencia de la «Plaza del Cascorro», un lugar emblemático dentro del mercado que rinde homenaje a Eloy Gonzalo, un héroe de la Guerra de Cuba. La estatua de Gonzalo, con su fusil y su lata de petróleo, es un punto de referencia para los visitantes del Rastro.

Otra anécdota interesante es la tradición de los «domingueros», personas que acuden al Rastro los domingos no solo para comprar, sino también para pasear y disfrutar del ambiente. Esta costumbre se ha mantenido a lo largo de los años y es una de las razones por las que el Rastro sigue siendo un lugar tan popular entre madrileños y turistas.

El Rastro de Madrid es mucho más que un simple mercado; es un reflejo de la historia y la cultura de la ciudad. Su nombre, que evoca tiempos pasados, nos recuerda la evolución de un lugar que ha sabido adaptarse a los cambios sin perder su esencia. 

Visitar el Rastro es una experiencia única que permite sumergirse en la vida madrileña y descubrir tesoros escondidos entre sus puestos. Para aquellos que aún no lo han visitado, es altamente recomendable dedicar un domingo a recorrer sus calles y dejarse llevar por la magia de este mercado centenario.

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