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El origen de los apodos de reyes en españa: de alfonso x «el sabio» a pepe botella…


Alfonso X, el sabio

National Geographic(C.Vacas) — Establecer una fecha exacta para el nacimiento de la monarquía en España es una tarea compleja, que exigiría a su vez determinar cuándo el territorio se unificó y se convirtió en un estado. A lo largo de los últimos siglos, los historiadores han elegido el matrimonio de los Reyes Católicos, en 1469, como punto de partida, a partir del cual esta forma de gobierno ha sido la predominante en el país. 

En lo que sí están de acuerdo los expertos es en que la primera figura en utilizar el título de Rey fue el nieto de Fernando V e Isabel I de Castilla, Carlos I de España, que no solo fue coronado como tal en 1516, sino que además desde 1519 fue el V Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Tal fue su poder que, en su momento, se le conoció como «el César», en una evidente referencia al emperador que gobernó Roma hasta el 44 a.C. 

Lo cierto es que el significado de su apodo es muy explícito y, por lo tanto, no requiere de una extensa explicación. Sin embargo, no sucede lo mismo con otros reyes de la historia de España: fuese por burla o por admiración, la mayoría de personas que pasaron por el trono en este país han recibido sobrenombres, algunos más creativos que otros. Desde la archiconocida Juana la Loca, hasta Pepe Botella, hagamos un recorrido por el origen de estos apelativos que han logrado sobrevivir al paso del tiempo.

– Poner apodos, una práctica habitual en Europa

Los registros de históricos demuestran que asignar apodos no es una práctica nueva. Las razones para hacerlo podían ser varias, al igual que en la actualidad: desde distinguir a dos personas que tienen el mismo nombre, hasta resaltar una característica física o psicológica del individuo, o incluso poner en valor su profesión, o la de sus progenitores.

Los pintores renacentistas son un ejemplo claro de este último caso. Y es que, al contrario de lo que siempre hemos creído, Tintoretto o Botticelli no eran nombres reales, sino sobrenombres: el primero, llamado en realidad Jacopo Robusti, fue bautizado popularmente como tal por el trabajo de su padre, que era tintor. Por su parte, Alessandro di Mariano di Vanni Filipepi era conocido como Botticelli porque a su hermano mayor, que padecía obesidad, lo llamaban botticello (que se traduce como un enorme barril).

felipe el hermoso
Felipe I, el hermoso

Con esto, la habilidad humana para etiquetar de una forma u otra a las personas revela no solo la posesión de creatividad, sino también de malicia, como se observa en alguno de los ejemplos anteriores. Y claro queda que, con personajes naturalmente expuestos a ser amados u odiados por la población, esto sucedía con todavía más frecuencia. 

– Los reyes españoles no fueron una excepción

Con respecto a la monarquía, y específicamente la española, sus sobrenombres no solo nos permiten recordar mejor a cada uno de sus personajes (y es que, por ejemplo, en el árbol genealógico de la Familia Real actual hay siete Felipes), sino también comprender cómo eran vistos por la gente de su época: ¿destacaron por sus logros? ¿Eran queridos por el pueblo? ¿O acaso alguno de ellos nunca fue reconocido como rey?

El apelativo de Alfonso X lo deja muy claro. Él era conocido como «el Sabio», por sus contribuciones al ámbito de la cultura y la ciencia, a través de las cuales promovió la traducción de grandes obras literarias al castellano y la posterior creación del «Código de las Siete Partidas», un documento legal que influyó en el derecho español. 

También dice mucho de Felipe I el apodo que se le adjudicó: «el Hermoso». Y sí, este le vino dado por sus atributos físicos. Al parecer, y según los cánones de belleza de la época, se trataba de un hombre apuesto, atractivo y muy admirado. No corrió la misma suerte su esposa, Juana I de Castilla, mal llamada «la Loca», que recibió este sobrenombre por sufrir supuestamente una enfermedad mental, aunque fuentes más recientes hayan apuntado a una conspiración por parte de sus parientes.

¿Y qué hay de Pepe Botella? Lejos de ser el nombre de un bar del siglo XXI, este fue el apodo jocoso que los españoles dieron a José I, hermano de Napoleón Bonaparte, en base a la percepción de que era alcohólico. Pero, cierta o falsa, la realidad es que fue bautizado como tal porque se trataba de un rey impopular, considerado impuesto durante la ocupación francesa en el país.

Un grabado de un soldado francés (que posiblemente representa a José Bonaparte) siendo expulsado de España en dirección a Francia por un hombre vestido con el traje tradicional español con llamativos colores amarillo y rojo y un gran sombrero con plumas. 

Otros monarcas, más allá de los archiconocidos mencionados, no se salvaron de ser etiquetados. Esta era la razón detrás de sus apodos:

  • Jaime I «el Conquistador»: recibió este nombre porque durante su reinado conquistó Mallorca y Valencia, consolidando así el poder aragonés en el Mediterráneo.

  • Carlos II «el Hechizado»: fue bautizado como tal porque sus discapacidades físicas y mentales, probablemente fruto de la endogamia de los Habsburgo, le impidieron engendrar un heredero. Esta condición le provocó angustia y además, le convenció de que era víctima de un conjuro demoníaco. 

  • Felipe V «el Animoso»: este sobrenombre se debe a los repentinos cambios de ánimo del monarca, que le obligaron a dejar temporalmente el trono a su hijo Luis.

  • Isabel de Borbón, «la de los Tristes Destinos»: fue llamada así por las desgracias vividas durante su reinado, que hicieron que terminase su vida en el exilio, en Francia.

  • Alfonso XIII «el Africano»: se le conoció como tal por su interés colonial en el Magreb y su importante papel en la guerra de Marruecos. Así, su apodo fue el reflejo de su deseo por expandir la influencia española en el norte de África.

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