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Sobre el Suicidio …


Psicología y Mente(J.Soriano)/The Conversation(A.P.Pons/A.T.Luque)(T.B.Bascaran)/National Institute of mental health — El suicidio es un fenómeno complejo que preocupa cada vez en más medida como una problemática social muy extendida. En datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente 800.000 personas mueren cada año por suicidio, lo que equivaldría a una muerte cada 40 segundos. Este problema extendido globalmente afecta a personas de todas las edades, géneros y contextos socioeconómicos, y se considera la segunda causa principal de muerte entre jóvenes de 15 a 29 años.

Para comprender y prevenir mejor este fenómeno, es crucial reconocer sus factores de riesgo asociados. Aunque las enfermedades mentales, particularmente la depresión, son comúnmente citadas, el suicidio suele ser el resultado de una combinación de factores biológicos, psicológicos, sociales y ambientales. Algunos factores de riesgo son el abuso de sustancias, antecedentes de traumas o abusos, enfermedades crónicas, problemas económicos y relaciones interpersonales conflictivas.

El contexto cultural y social también juega un papel fundamental en la prevalencia y la percepción del suicidio. En algunas culturas, el estigma asociado con el suicidio y las enfermedades mentales puede impedir que las personas busquen la ayuda que necesitan. Además, los métodos de suicidio varían considerablemente entre diferentes regiones, lo que sugiere que las estrategias de prevención deben ser adaptadas a contextos específicos.

– ¿La única causa del suicidio la depresión?

A lo largo de este artículo, comprenderemos en mayor profundidad el suicidio como una problemática social y global. Buscaremos arrojar luz sobre las causas multifactoriales de este fenómeno cada vez más extendido y preocupante. Así, partimos con el objetivo de evitar la asociación directa entre depresión y suicidio, para entender que su origen como una confluencia de factores y síntomas psicológicas, emocionales, sociales e incluso culturales.

. La depresión como factor principal

La depresión clínica, también conocida como trastorno depresivo mayor, es uno de los factores más significativos asociados con el suicidio. Este trastorno mental se caracteriza por la aparición de una tristeza persistente, pérdida de interés en actividades que antes eran placenteras, cambios en el apetito y el sueño, y sentimientos de inutilidad o culpa. Estos síntomas pueden ser tan abrumadores que afectan gravemente la capacidad de una persona para funcionar en su vida diaria.

Diferentes estudios han demostrado una fuerte correlación entre la depresión y el suicidio. Según la Asociación Americana de Psicología (APA), aproximadamente el 60% de las personas que se suicidan padecen algún tipo de trastorno depresivo o síntoma asociado a él. La desesperanza, un síntoma común de la depresión, se ha identificado como un predictor clave del comportamiento suicida. Las personas que se sienten atrapadas en su sufrimiento emocional y no ven salida a su dolor pueden considerar el suicidio como una opción.

La depresión no siempre se presenta de manera evidente. A menudo, las personas que sufren de depresión pueden ocultar sus síntomas o minimizarlos, lo que dificulta que familiares, amigos y personas de su entorno reconozcan su gravedad. Este aspecto subraya la importancia de prestar atención a los cambios comportamentales y el estado de ánimo de nuestras personas cercanas.

El tratamiento adecuado de la depresión es crucial para la prevención del suicidio. Las terapias psicológicas, como la terapia cognitivo-conductual, y los medicamentos antidepresivos han demostrado ser efectivos en el manejo de la depresión. Sin embargo, el estigma asociado a los trastornos mentales a menudo impide que las personas busquen ayuda.

Suicidio disparado en Colombia por cuenta de trastornos mentales:  Procuraduría

– Otros trastornos mentales relacionados con el suicidio

Además de la depresión, existen muchos otros trastornos mentales o sintomatología relacionada fuertemente vinculados al riesgo de suicidios y conductas o ideaciones suicidas. En esta sección, comentaremos algunos de estos para comprender en más profundidad su principal sintomatología e influencia.

1. Trastorno bipolar

El trastorno bipolar se caracteriza por cambios extremos en el estado de ánimo, desde episodios de manía, en los que la personas puede sentirse eufórica y con mucha energía, hasta episodios de depresión severa. Durante estos episodios depresivos, las personas con trastorno bipolar son particularmente vulnerables al suicidio. De hecho, estudios indican que hasta un 20% de las personas con trastorno bipolar mueren por suicidio. La impulsividad durante estos episodios maníacos también puede relacionarse con tendencias o conductas suicidas.

2. Esquizofrenia

La esquizofrenia es otro trastorno mental asociado con un alto riesgo de suicidio. Las personas con esquizofrenia pueden experimentar alucinaciones, delirios y un pensamiento desorganizado, lo que puede llevar a una percepción distorsionada de la realidad. Estos síntomas pueden ser extremadamente angustiantes y, en algunos casos, las personas pueden sentirse impulsadas a suicidarse para escapar de su sufrimiento. La investigación muestra que aproximadamente el 5-10% de las personas con esquizofrenia terminan suicidándose.

3. Trastorno límite de la personalidad (TLP)

El trastorno límite de la personalidad (TLP) es un trastorno caracterizado por patrones de inestabilidad en las relaciones interpersonales, la autoimagen y los afectos, junto con una marcada impulsividad. Las personas con TLP a menudo luchan con sentimientos intensos de abandono y vacíos emocionales. Los comportamientos autodestructivos, incluyendo los intentos de suicidio, son comunes en este grupo. Se estima que hasta el 10% de las personas con TLP mueren por suicidio, y muchos más intentan suicidarse repetidamente.

– Factores sociales y ambientales

Además de los trastornos mentales, diversos factores sociales y ambientales pueden contribuir significativamente al riesgo de suicidio. Estos factores incluyen el estrés laboral, problemas económicos, acoso escolar (bullying), traumas y abuso, entre otros. La interacción de estos factores puede aumentar la vulnerabilidad de una persona al suicidio, especialmente cuando se combinan con una predisposición genética o una salud mental comprometida.

1. Estrés laboral

El estrés laboral es un factor que puede llevar al agotamiento emocional y a sentimientos de desesperanza, particularmente en profesiones de alta presión como la medicina, la educación y el servicio militar. La sobrecarga de trabajo, la falta de apoyo y la sensación de ineptitud pueden desencadenar pensamientos suicidas.

2. Problemas económicos

Los problemas económicos, como el desempleo, la pobreza y las deudas abrumadoras, también están estrechamente relacionados con el riesgo de suicidio. Las dificultades financieras pueden generar una intensa sensación de fracaso y desesperación, llevando a algunas personas a considerar el suicidio como una salida a sus problemas.

3. Acoso escolar

El acoso escolar, conocido como bullying, es otra causa significativa, especialmente entre los jóvenes. Las víctimas de bullying a menudo experimentan aislamiento social, baja autoestima y depresión, factores que pueden aumentar el riesgo de suicidio. El acoso cibernético ha añadido una nueva dimensión a este problema, extendiendo el alcance y el impacto del bullying.

4. Traumas y abusos

Los traumas y abusos, ya sean físicos, emocionales o sexuales, tienen efectos duraderos en la salud mental de las personas. Las experiencias traumáticas pueden llevar al trastorno de estrés postraumático (TEPT), depresión y conductas autodestructivas, elevando el riesgo de suicidio.

5. Entorno social y cultural

El entorno social y cultural también influye en la prevalencia del suicidio. En algunas culturas, el estigma asociado a buscar ayuda para problemas mentales puede impedir que las personas accedan a los recursos que necesitan. La falta de redes de apoyo social robustas también puede dejar a las personas aisladas y sin la ayuda necesaria en momentos de crisis.

Prevención del suicidio para personas con diagnóstico de esquizofrenia: un  nuevo enfoque basado en estrategias telemáticas - UABDivulga Barcelona  Investigación e Innovación

Prevención y tratamiento

La prevención del suicidio es un desafío multifacético que requiere un enfoque integrado y comprensivo. Para abordar eficazmente este problema, es crucial implementar estrategias de prevención que incluyan intervenciones tempranas, apoyo social, y un acceso adecuado a tratamientos de salud mental.

1. Identificación y prevención temprana

Una de las estrategias más efectivas es la identificación temprana de personas en riesgo.

Esto implica capacitar a profesionales de la salud, educadores, y miembros de la comunidad para reconocer los signos de advertencia del suicidio, como cambios drásticos en el comportamiento, aislamiento social, y expresiones de desesperanza. Las campañas de concienciación pública también juegan un papel vital al reducir el estigma asociado con los trastornos mentales y alentar a las personas a buscar ayuda.

2. Apoyo social

El fortalecimiento del apoyo social es fundamental. Las personas con fuertes redes de apoyo, ya sea a través de amigos, familiares o grupos comunitarios, son menos propensas a experimentar sentimientos de aislamiento y desesperación. Programas comunitarios y servicios de consejería pueden proporcionar un sentido de pertenencia y apoyo emocional, ayudando a reducir el riesgo de suicidio.

3. Tratamientos de salud mental

El acceso a tratamientos de salud mental de calidad es otro pilar crucial en la prevención del suicidio. Esto incluye terapias psicológicas como la terapia cognitivo-conductual, que ha demostrado ser efectiva en la reducción de comportamientos suicidas, así como el uso de medicamentos antidepresivos y estabilizadores del estado de ánimo. Es esencial que estos servicios sean accesibles y asequibles para todos, independientemente de su situación económica.

4. Teléfonos de ayuda y servicios de crisis

Además, la implementación de líneas telefónicas de ayuda y servicios de crisis puede proporcionar asistencia inmediata a personas en momentos de desesperación. Estas líneas ofrecen apoyo confidencial y pueden conectar a las personas con recursos adicionales para el tratamiento y la prevención a largo plazo.

– Diferencias en la conducta suicida entre hombres y mujeres: una visión con perspectiva de género

El suicidio es una de las principales causas de muerte externa o no natural en el mundo. Y aunque se puede prevenir, su incidencia sigue al alza. En España, por ejemplo, se ha registrado un aumento sostenido de los fallecimientos por esta causa desde 2018.

Así, los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) muestran que en 2022 (último año con información consolidada) la mortalidad por suicidio se incrementó en un 5,6 % con respecto a 2021. Esta subida no es uniforme, ya que la tasa se ha acrecentado casi un 8 % más en menores de 30 años y un 42 % en adolescentes de entre 15 y 19 años.

Las cifras también indican que la proporción de hombres que se quitan la vida es significativamente mayor que la de mujeres: el triple. No obstante, en 2020, el año que estalló la pandemia de covid-19, se constató una igualación de estas tasas (casi un hombre fallecido por mujer fallecida) en adolescentes de 12 a 18 años.

– Brecha de sexo: ¿a qué responde?

Diferencias en la conducta suicida entre hombres y mujeres: una visión con  perspectiva de género

La brecha de sexo también se refleja en las diferentes formas del comportamiento suicida, como la ideación y el intento.

Desde este punto de vista, los expertos han identificado un patrón por sexo contrario: las mujeres muestran más presencia e intensidad de ideaciones y un mayor número de intentos.

También se registra una mayor tasa de consultas femeninas en servicios de salud (sobre todo hospitalarios) por esta causa, lo que podría indicar que buscan ayuda antes. ¿A qué podrían deberse las diferencias?

La brecha entre mujeres y hombres atiende a tres variables: método y daño médico (por lo general, los hombres tienden a utilizan formas asociados a mayor severidad de la lesión física) e intentos previos de morir (se percibe el comportamiento de los hombres con mayor intención de morir).

Tales disparidades varían según el contexto sociocultural, por lo que estos factores pueden guardar más relación con los roles de género que con el sexo biológico de la persona.

Por otro lado, los estudios indican alta ideación y de justificación del intento de suicidio (ambos estrechamente asociados con el inicio de la conducta suicida) y menor ratio de muerte en las mujeres, mientras que la cifra más abultada de suicidios masculinos se asocia a una ideación más fugaz.

– La paradoja del género

Toda esta evidencia apoyaría lo que se conoce como la “paradoja del género” en la conducta suicida. Y aunque tradicionalmente se ha asociado a las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, también tiene mucho que ver con las disimilitudes y expectativas culturales en relación al género.

Por ejemplo, las tasas más elevadas de fallecimiento por suicidio en varones suelen estar asociadas a una mayor prevalencia de trastornos externalizantes (asociados a problemas de conducta o dependencia de sustancias), rasgos psicológicos como impulsividad o agresividad y la preferencia por métodos más letales (por ejemplo, saltos desde edificios o uso de armas de fuego).

En contraste, los estudios indican que las mujeres son más propensas a mostrar trastornos de ansiedad, depresión o del estado del ánimo asociados a niveles altos de ideación o intento suicida.

La evidencia es más escasa y contradictoria para los factores que disminuyen la probabilidad de que se produzca esta conducta. Una evaluación centrada en las necesidades, sensibles a la pluralidad y los cambios en las de las circunstancias de las personas, podría aportar luz a dichas diferencias.

– Nada es blanco o negro

El problema es que los estudios sobre este asunto en las culturas occidentales han analizado los datos conforme a estructuras de análisis binario: bueno/malo, hombre/mujer, negro/blanco… Desde este punto de vista, mujeres y hombres serían opuestos: ellas lo intentan y ellos lo consiguen.

Además, la conducta suicida en mujeres se ha atribuido erróneamente a la ambivalencia (inestabilidad psicológica), la expresión emocional exacerbada o a la consecuencia de un acto de debilidad precipitado por las turbulencias en sus relaciones. Por contra, los hombres manifestarían un comportamiento suicida firme o calculado o como resultado de una respuesta fuerte a la adversidad.

Adicionalmente, la lectura binaria de los datos puede alimentar la profecía autocumplida (cuando la percepción social sobre las diferencias alienta de forma indirecta a que estas se produzcan) o reproducir estereotipos en las conclusiones sobre frecuencia y letalidad en la conducta suicida.

¿Se puede entonces atribuir la menor incidencia en mujeres a la temprana identificación de casos de riesgo, dado que ellas se muestran más dispuestas a buscar ayuda en los servicios de salud o a expresar sus emociones? ¿Y la mayor mortalidad en hombres al uso de métodos más letales y su menor disposición a buscar apoyo, con tal de no contradecir los estereotipos de masculinidad tradicionales? Pues no únicamente.

Anna Pedrola-Pons: Diferencias en la conducta suicida entre hombres y  mujeres: una visión con perspectiva de género | El Correo

Y si consideramos que son explicaciones válidas, habría que cuestionarlas, porque evidencian cómo los propios estereotipos ligados a la socialización de nuestra identidad masculina o femenina tienen un efecto en la conducta suicida.

Una mirada única desde el binarismo reproduce clichés de género –tanto para las identidades normativas como para la divergencia–, limita el derecho a la elección de la identidad de género y puede llevar a una contención emocional del malestar. En consecuencia, el sistema de sexo y género binario podría considerarse, en sí mismo, un factor de riesgo de la estigmatización de la conducta suicida. No contribuye a la adopción de una conciencia social amplia para prevenirla.

– Hacia una mirada más abierta

De todo lo anterior se concluye que el análisis binario de los datos o abordar por separado las variables que influyen en la conducta suicida puede llevar a excluir factores relevantes. Y si estos no se tienen en cuenta, las explicaciones sobre un fenómeno tan complejo como es el riesgo de suicidio quedan limitadas.

Incorporar la perspectiva de género en las acciones preventivas y de análisis de datos significa abrir el foco a explorar cómo conectan o se solapan las diversas categorías sociales: etnia, clase social, orientación sexual, estado de salud mental, etc.

Aquí cabe destacar las iniciativas que tienen en cuenta la autodeterminación de género en la comunidad LGTBIQ+, con mayores tasas de riesgo suicida: un 34 % más de ideación y un 18 % más de intentos con respecto al resto de la población. Por otro lado, existen alternativas de cuidado respetuoso que podrían maximizar la prevención, como espacios seguros de acogida, apoyo y aceptación.

La hoja de ruta para evaluar y abordar la conducta suicida contempla considerar la diversidad y la matización propia de cada individuo. Son aspectos cruciales para mejorar la capacidad de detectar el riesgo y poder prevenirlo, un asunto que concierne a toda la sociedad.

Soledad mortal: estrategias urgentes para prevenir suicidios en adultos mayores

El suicidio en la tercera edad es un problema alarmante y, a menudo, ignorado. Mientras que gran parte de la atención se centra en los jóvenes, las personas mayores también afrontan desafíos significativos que les pueden llevar a esta trágica decisión. Entender y abordar esos factores es crucial para mejorar su calidad de vida y bienestar mental.

. Un problema invisible

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha señalado que la tasa de suicidios entre los mayores de 70 años es más alta que en otras franjas de edad en casi todos los países. Esto subraya la necesidad urgente de prestar atención a este sector de la población.

Como explicaremos detalladamente más adelante, los factores de riesgo comunes incluyen el aislamiento social, la soledad no deseada, la depresión, la desesperanza, el dolor crónico y las enfermedades debilitantes. Son circunstancias que a menudo pasan desapercibidas o no se tratan adecuadamente.

“La vida está dividida en tres términos: lo que fue, lo que es y lo que será. Aprendamos del pasado para beneficiarnos del presente, y del presente para vivir mejor el futuro”.

Estas palabras del poeta inglés William Wordsworth (1770-1850) resaltan la importancia de aprender de las experiencias para mejorar las condiciones de vida de nuestros mayores.

Soledad mortal: estrategias urgentes para prevenir suicidios en adultos  mayores

– Factores de riesgo

Los condicionantes que han mostrado mayor probabilidad de estar asociados a la conducta suicida en esta franja de edad son:

  1. Aislamiento social y soledad no deseada. Muchas personas mayores viven sin compañía, lo que puede generar un sentimiento profundo de desesperanza. La soledad no deseada es especialmente perjudicial para estas personas, ya que puede aumentar de manera significativa el riesgo de depresión y suicidio. La falta de interacciones sociales regulares puede agravar problemas de salud mental.
  2. Depresión. A menudo no se diagnostica en personas mayores. Puede desencadenarse por la pérdida de seres queridos, la jubilación y la disminución de las capacidades psicofísicas.
  3. Enfermedades incapacitantes. Dolencias como la artrosis, enfermedades cardíacas y el cáncer pueden causar dolor constante y un sentimiento de inutilidad. Estas enfermedades también pueden llevar a una depresión “enmascarada”, donde el malestar emocional se manifiesta a través de síntomas físicos (las somatizaciones). Lo que sabemos es que existe una fuerte relación entre la autopercepción de la salud general y la ideación suicida.

– Cómo se puede prevenir

La prevención del suicidio en la tercera edad requiere un enfoque integral y compasivo. Aquí explicamos algunas estrategias clave:

  1. Programas de apoyo social. Facilitar oportunidades para que las personas mayores se conecten con otras, ya sea a través de grupos de apoyo, actividades comunitarias o voluntariado, puede reducir el sentimiento de aislamiento y la soledad no deseada.
  2. Intervenciones comunitarias. Capacitar a las personas que trabajan atendiendo a los mayores para que identifiquen signos de depresión y otros problemas como el retraimiento social, la pérdida de interés en actividades diarias o cambios en los hábitos de sueño.
  3. Acceso a servicios de salud mental. Asegurar que las personas mayores tengan acceso a atención psicológica y psiquiátrica adaptada a sus necesidades puede marcar una gran diferencia.
  4. Participación familiar. Es básico involucrar a los familiares y cuidadores en el apoyo emocional y físico de los mayores. Sobre todo, debe potenciarse la relación intergeneracional. Por otra parte, la educación sobre cómo detectar y responder a los signos de alerta puede salvar vidas.
  5. Políticas públicas. Hay que garantizar recursos adecuados para la salud mental en la tercera edad. Esto incluye financiación para programas comunitarios y servicios de atención médica.
  6. Perspectiva de género. Se debe intervenir de forma específica con hombres ancianos, que son quienes presentan las tasas más altas de suicidio. Por ejemplo, restringir el acceso a los medios letales y entender mejor los factores que llevan a elegir ciertos métodos son pasos cruciales para la prevención efectiva.

– Un llamamiento a la acción

En conclusión, la prevención del suicidio en la tercera edad requiere la colaboración de familias, comunidades, profesionales de la salud y legisladores. Poner en marcha estrategias efectivas y compasivas puede ayudar a que nuestros mayores vivan con el respeto y la dignidad que merecen.

Como escribió Victor Hugo (1802-1885) en Los miserables:

“La mayor felicidad de la vida es la convicción de que somos amados. Amados por nosotros mismos, o más bien, amados a pesar de nosotros mismos”.

Al garantizar que las personas mayores se sientan valoradas y amadas, podemos marcar una gran diferencia en sus vidas.

María de Quesada: un enfoque holístico para prevenir el suicidio - Ahora

– Señales de advertencia sobre el suicidio

Los comportamientos que se mencionan a continuación pueden ser algunas de las señales de advertencia de que alguien está pensando en suicidarse.

– Hablar sobre:

  • querer morirse,
  • sentir una gran culpa o vergüenza,
  • ser una carga para los demás.

– Sentirse:

  • vacío, sin esperanza, atrapado o sin razón para vivir;
  • extremadamente triste, ansioso, agitado o lleno de ira;
  • con un dolor insoportable, ya sea emocional o físico.

– Cambiar de comportamiento, como:

  • hacer un plan o investigar formas de morir;
  • alejarse de los amigos, decir adiós, regalar artículos importantes o hacer un testamento;
  • hacer cosas muy arriesgadas como conducir con una rapidez extrema;
  • mostrar cambios de humor extremos;
  • comer o dormir demasiado o muy poco;
  • consumir drogas o alcohol con más frecuencia.

El suicidio es complicado y trágico, pero puede evitarse. Saber cuáles son las señales de advertencia del suicidio y dónde obtener ayuda puede servir para salvar vidas.

Los signos de advertencia de que alguien puede estar en riesgo inmediato de intentar suicidarse incluyen:

  • Hablar de querer morir o desear matarse.
  • Hablar de sentirse vacío o desesperado, o de no tener motivos para vivir.
  • Hablar de sentirse atrapado o pensar que no hay ninguna solución.
  • Sentir un dolor físico o emocional insoportable.
  • Hablar de ser una carga para los demás.
  • Alejarse de familiares y amigos.
  • Regalar posesiones importantes.
  • Decir adiós a amigos y familiares.
  • Poner sus asuntos en orden, como hacer un testamento.
  • Asumir grandes riesgos que podrían resultar en la muerte, como conducir extremadamente rápido.
  • Hablar o pensar en la muerte con frecuencia.

Otros signos de advertencia graves de que alguien puede estar en riesgo de intentar suicidarse incluyen:

  • Mostrar cambios extremos en el estado de ánimo, pasando repentinamente de estar muy triste a sentirse muy tranquilo o feliz.
  • Hacer planes o buscar formas de suicidarse, como buscar métodos letales en línea, acumular pastillas o comprar un arma.
  • Hablar de sentirse muy culpable o avergonzado.
  • Consumir alcohol o drogas con más frecuencia.
  • Mostrarse ansioso o agitado.
  • Cambiar los hábitos alimenticios o de sueño.
  • Mostrar furia o hablar de buscar venganza.

– 5 medidas que pueden seguir para ayudar a una persona con dolor emocional:

  • Pregunte:
    «¿Estás pensando en suicidarte?» No es una pregunta fácil de hacer, pero los estudios muestran que preguntar a las personas en riesgo si tienen pensamientos o deseos de morir o de matarse no aumentan los suicidios ni los pensamientos suicidas.
  • Manténgala a salvo:
    Reducir el acceso de la persona suicida a ciertos objetos o lugares sumamente letales es parte esencial de la prevención del suicidio. Si bien hacer esto no es fácil, preguntarle a la persona en riesgo si tiene algún plan y desactivar o eliminar cualquier medio letal puede marcar la diferencia.
  • Esté presente:
    Escuche atentamente para enterarse de lo que la persona en riesgo está pensando y sintiendo. De hecho, las investigaciones sugieren que reconocer y hablar sobre el suicidio puede reducir los pensamientos suicidas en lugar de aumentarlos.
  • Ayúdela a establecer una conexión:
    Guarde el número de la Línea de Prevención del Suicidio y Crisis ( 988 ) y la Línea de Mensajes de Texto en Tiempos de Crisis ( 741741 ) en su teléfono celular para que los tenga a mano cuando los necesite. Usted también puede ayudar a la persona con pensamientos suicidas a establecer una conexión con una persona de confianza, como un miembro de la familia, un amigo, un asesor espiritual o un profesional de la salud mental.
  • Manténgase comunicado:
    Mantenerse en contacto con la persona después de que tuvo una crisis o después de haber sido dada de alta de su tratamiento puede marcar la diferencia. Los estudios han demostrado que el número de muertes por suicidio disminuye cuando alguien da seguimiento con la persona en riesgo.

    Si estas señales de advertencia le son pertinentes a usted o a alguien que conoce, busque ayuda lo más pronto posible, especialmente si el comportamiento es nuevo o si se ha intensificado recientemente.

    – ¿Quién está en riesgo de suicidarse?

    Suicidio - Osasun Eskola

    Las personas de todos los géneros, edades y etnias pueden correr riesgo de suicidio.

    Los principales factores de riesgo de suicidio son:

    • antecedentes de intentos de suicidio;
    • depresión, otros trastornos mentales o trastorno por consumo de sustancias;
    • dolor crónico;
    • antecedentes familiares de un trastorno mental o por consumo de sustancias;
    • antecedentes familiares de suicidio;
    • exposición a violencia familiar, lo que incluye abuso físico o sexual;
    • presencia de pistolas u otras armas de fuego en el hogar;
    • liberación reciente de la prisión o la cárcel;
    • exposición, ya sea directa o indirectamente, a la conducta suicida de otros, como familiares, compañeros o celebridades.

    La mayoría de las personas que tienen factores de riesgo de suicidio no intentarán suicidarse, pero es difícil saber quién actuará sobre sus pensamientos suicidas. Aunque es importante tener en cuenta los factores de riesgo de suicidio, una persona que muestra signos de advertencia de querer quitarse la vida puede tener un mayor riesgo de correr peligro y necesitar atención inmediata.

    Los eventos estresantes de la vida (como la pérdida de un ser querido, problemas legales o dificultades financieras) y los factores estresantes interpersonales (como vergüenza, acoso, intimidación, discriminación o problemas en las relaciones) pueden contribuir al riesgo de suicidio.

    Línea de Prevención del Suicidio y Crisis 
    Llame al 988 (ayuda en español).
    Llame o envíe un mensaje de texto al 988 o use su chat en vivo en 988lifeline.org (ayuda en inglés).

    Línea de Mensajes de Texto en Tiempos de Crisis 
    Envíe la palabra “AYUDA” al 741741.

    – Conclusiones

    En conclusión, aunque la depresión es un factor significativo en muchos suicidios, no es la única causa. Trastornos mentales como el trastorno bipolar, la esquizofrenia, y factores sociales y ambientales también juegan un papel crucial. La prevención requiere un enfoque integral que incluya intervenciones tempranas, apoyo social, acceso a tratamientos de calidad y políticas públicas efectivas. Solo así podremos abordar y reducir eficazmente el suicidio.

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