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Personajes de la 2da Guerra mundial …


Coronel Stanley T. Wray haciendo el simbolo de la orden
Coronel Stanley Wray

Historias de la 2da guerra mundial — A finales de 1942, los aliados emprenden una campaña de bombardeos contra objetivos enemigos en Europa.

Las fuerzas alemanas son aún muy fuertes y provocan un gran número de bajas entre los aparatos que están destinados a realizar estas misiones.

Son momentos complicados en los que el poderío alemán aún no ha entrado en declive y la propaganda del régimen se esfuerza en resaltar los desastres aliados y en enaltecer a sus hombres.

Este número de bajas cae como una jarra de agua fría sobre los tripulantes y componentes de las flotas aliadas y es en ese momento cuando el Coronel Stanley T. Wray, comandante del grupo de bombardeo pesado 91 de la USAF, decide servirse de aquellos errores que cometen sus hombres y que no tienen graves consecuencias para elevar su moral con un tono humorístico.

Hasta ahora, estos errores se escribían en las hojas de servicio como castigo por su poca pericia.

– Dando forma a la Orden del dedo extendido

Desde aquel momento, serían premiados. ¿Y cómo se premiarían?, pues muy fácil. Wray impulsó la creación de una orden llamada “Orden del dedo extendido” (Order of the Rigid Digit), la cual sería la encargada de “endulzar” con un tono humorístico estos episodios. Cuando un piloto o tripulante cometía algún acto digno de ser condecorado era nominado para pertenecer a la orden.

Si finalmente se consideraba que era merecedor de tal honor, se le imponía una condecoración diseñada por Wray en una ceremonia en la que se leía el siguiente texto “A la vista del gran desprecio hacia su propia seguridad y la de sus pasajeros, y para vergüenza y descrédito de su servicio como militar, esta medalla se concede a…” y a continuación se decía el nombre del afortunado.

Durante el día de la ceremonia, el homenajeado debía lucir la condecoración original, que luego era sustituida por una réplica personalizada. En un principio, el propio Coronel Wray costeó las primeras 10 copias, las cuales eran de un tamaño inferior al de la medalla original y estaban fabricadas por John Bull Silversmiths, un joyero de Bedford. La condecoración era una medalla de plata que pendía de una cinta de color azul celeste que simbolizaba la inocencia infantil.

Medalla de la Orden del dedo Extendido
Medalla de la Orden del dedo Extendido

En el anverso figuraba inscrita en la parte superior la frase “Wray’s Ragged Irregulars” en alusión al nombre que tenía la unidad de Wray.

Justo debajo estaba la frase “My God, Am I Right?” (“Dios mío, ¿lo he hecho bien?”) que era un juego de palabras del lema utilizado por la Casa Real Inglesa “My God, and My Right” (“Dios y mi derecho”).

En la parte central hay una figura representada de una mano que tiene el dedo corazón extendido, y en la parte inferior figura la frase que da título a la orden “Order of the Rigid Digit” (“Orden del dedo extendido”).

En el reverso se inscribía el nombre del afortunado y debajo de éste una descripción del motivo que había impulsado su condecoración.

Nadie estaba exento de ser condecorado, y como prueba de ello es que tres de los generales de más graduación en la Fuerza Aérea de los EEUU son integrantes: Ira Eaker, Carl Spaatz y James Doolittle.

El Teniente Coronel Baskin Lawrence fue otro de los galardonados al replegar el tren de aterrizaje en lugar de los flaps mientras aterrizaba su A-20.

Y hasta el propio Coronel Wray tomó de su propia medicina y fue galardonado con ella.

Mientras estaba ejerciendo de copiloto junto al capitán William Clancy, su avión acabó en un barranco al no haber frenado a tiempo durante la maniobra de aterrizaje.

En un principio, se había nominado al capitán para el galardón, aunque un miembro de su unidad se enteró y cambió el nombre del capitán por el del coronel, justificando el premio por haber permitido que el capitán no frenase a tiempo.

– El soldado Emile Corteil y su fiel perro Glen están enterrados en el cementerio de Ranville War, en Normandía

Emile Corteil y Glen
Emile Corteil y Glen

El soldado Emile Corteil tenía 19 años cuando saltó en paracaídas junto a su fiel perro Glen la noche del 5 de junio de 1944 en la localidad de Cabourg, en el marco de la operación Overlord.

Glen era un pastor alemán que había sido entrenado como perro mensajero, y la misión que tenían encomendada era la de interrumpir accesos y comunicaciones, como apoyo al grueso de tropas del desembarco.

Aterrizaron en una zona bastante alejada de su objetivo, que los alemanes habían inundado para evitar la llegada de planeadores y paracaidistas.

Después de una marcha nocturna por zona pantanosa, contactan con su superior en la población de Varaville a primera hora de la mañana del Día-D.

Cuando lograron reunirse unos 40 hombres, el General de Brigada James Hill decide desplazarse hacia la posición del 9 Batallón, el cual se encontraba a varios kilómetros de distancia.

Fue durante ese desplazamiento cuando se produjo un ataque aéreo del que sólo salieron ilesos 2 hombres: El General y un soldado.

Todo el resto fueron gravemente heridos o fallecieron.

Emile y Glen fallecieron y fueron enterrados juntos en una tumba del cementerio de Ranville War en Normandía, a instancias del comandante de su unidad, que creyó que la relación tan especial que los había unido en vida no debía ser rota.

– Douglas Bader fue uno de los mejores pilotos de RAF durante la Segunda Guerra Mundial pese a volar con la limitación de haber perdido sus piernas en un accidente de aviación previo a la guerra

El piloto de la RAF Sir Douglas Robert Stewart Bader nace el día 21 de febrero de 1910 en el barrio londinense de Saint-John’s Wood. Hijo de Frederick Roberts Bader y de Jessie Bader, pasó sus primeros dos años en la Isla de Man, mientras su padre, que era  ingeniero, presta servicio en la India.

Posteriormente la familia regresa a Inglaterra en 1913 y se establecen en Londres. En el año 1916 estalla la Primera Guerra Mundial, y Frederick se alista, siendo enviado a Francia, donde fallece al año siguiente, en 1917, debido a las heridas sufridas en la cabeza a causa de la metralla.

Su madre contrae segundas nupcias con el reverendo E.W. Hobbs y posteriormente, Douglas se va a vivir con sus tía Hazel y el marido de ésta,Cyril Burge. Cyril era teniente y trabajaba en la escuela de pilotos de la RAF de Cranwell.

Es indudable que esta nueva relación y el ambiente que se vivía en su nueva residencia le predestinan hacia el mundo de la aviación.

En 1928 logra ingresar en la escuela de Cranwell y se gradúa en 1930, siendo destinado al 23 Escuadrón de caza en Kenley, donde empieza a volar con aparatos biplanos Gloster Gamecock, aunque posteriormente son cambiados por Bristol Bulldog.

El día 14 de diciembre de 1931, Douglas realiza un vuelo junto a otros dos pilotos entre los aeródromos de Kenley y Woodley.

Cuando llegan a Woodley, Douglas conversa sobre acrobacias aéreas junto a otros jóvenes pilotos, los cuales le solicitan que les realice una demostración.

Douglas Bader
Douglas Bader

En un principio les comenta que no posee la suficiente experiencia para realizarla a los mandos de los Bulldog, pero posteriormente despega y intenta hacer una maniobra denominada “tonel”.

En la recta final de la maniobra, no consigue enderezar el avión y sufre un aparatoso accidente, cuyo resultado es la pérdida de las dos piernas tras varias operaciones.

La recuperación fue lenta y dolorosa, pero finalmente es enviado al Hospital de la RAF en Uxbridge,donde conoce a los hermanos Dessoutter.

Uno de ellos, Marcel, había perdido una pierna en un accidente aéreo (era ingeniero aeronaútico) y a resultas de ello había fundado una empresa que se dedicaba a la fabricación de prótesis de aluminio.

Douglas le encarga las prótesis y va rehaciendo su vida, adaptándola a su nueva situación. Como ejemplo diremos que jugaba a golf o conducía su automóvil, adaptado a sus circunstancias. En el mes de junio de 1932, coincide un fin de semana con Sir Phillip Sasson, alto cargo del gobierno en el ministerio del aire y logra hacer una prueba de vuelo a bordo de un aparato de entrenamiento Avro 504 en el aeródromo de Lympe.

La prueba salió tan bien, que le dieron una licencia para poder realizar prácticas del vuelo, aunque con  limitaciones. Posteriormente, en 1933, se le comunica que es apartado definitivamente del servicio activo en la RAF y se le concede una pensión de invalidez total.

Una vez que abandona la RAF, consigue trabajo en las oficinas de la compañía petrolera Shell y contrae matrimonio con Thelma Edwards.

El estallido de la SGM en 1939 aviva los deseos de Douglas de volver a pilotar, y mediante un contacto en el Ministerio del Aire y de un antiguo superior, realiza una prueba para reingresar en la RAF y la supera, pilotando diferentes aparatos hasta que finalmente en 1940 es destinado al 19 Escuadrón de caza y dos meses más tarde a la 222ª Escuadrilla de Caza,donde es nombrado Comandante.

En el mes de junio de 1940 es destinado a cubrir la retirada de las tropas de Dunkerque, y logra su primera victoria sobre un Messerschmitt Bf 109. En junio de 1940, es nombrado jefe de la 242 Escuadrilla de Caza canadiense. Esta unidad había quedado muy tocada anímicamente después de la batalla de Francia, en la que había sufrido muchas bajas en combate.

Como anécdota comentar que cuando lo vieron bajar de su avión con las piernas ortopédicas, la imagen que tuvieron fue de total desolación, aunque después de una demostración aérea de 30 minutos, quedaron todos muy impresionados al ver como un piloto con esa limitación podía volar de aquella manera.

Douglas Bader junto a Adolf Galland
Douglas Bader junto a Adolf Galland

Uno de sus mayores temores era que el peso de sus prótesis lo hundieran en un hipotético derribo en el Canal de la Mancha,por lo que ideó un sistema para evitarlo. 

Preparó a su unidad para entrar en combate y participaron en la Batalla de Inglaterra, donde desarrolló la táctica “Big Wing”, por la que varias escuadrillas de aviones despegaban y iban al encuentro de los bombarderos alemanes antes de que llegaran a sus objetivos.

La idea era la de romper sus formaciones y realizar el mayor número de bajas posible antes de sus ataques.

Esta táctica supuso un éxito rotundo.

En marzo de 1941 es nombrado Comandante del aeródromo de Tangmere y pone en práctica la “táctica de los cuatro dedos”, donde  forma patrullas de 4 aviones.

El día 9 de marzo de 1941, mientras cumplía una misión en Francia, tuvo un encuentro con 3 aviones alemanes. Derribó a dos de ellos, pero el tercero le alcanzó y tuvo que saltar en paracaidas, teniendo la mala suerte que en la maniobra perdió las prótesis.

Una vez en tierra fue hecho prisionero, y cuando el as de la Luftwaffe Adolf Galland se enteró de la noticia, hizo que un coche fuera a buscarle para tener una entrevista con él y se produjo uno de los hechos más insólitos de la SGM, cuando Galland intercedió por él para poder mejorar su calidad de vida mientras estuvo prisionero. 

Tras varias tentativas fallidas de fuga,fue trasladado al famoso Castillo de Colditz, donde fue liberado en 1945 por el I Ejército Americano. Os dejamos enlace de una anécdota acontecida durante su estancia. En ese momento, viaja hasta París, donde solicita volver a luchar con la RAF, aunque debido a su fama, se le prohibe puesto que se le considera una leyenda de la aviación y no están dispuestos a perderlo.

El día 15 de septiembre de 1945 se pone el frente del desfile aéreo de la Victoria,donde sobrevuela Londres llevando la formación de 300 aviones.

– Posguerra

Douglas Bader y Adolf Galland firmando libros
Douglas Bader y Adolf Galland firmando libros

Tras la guerra,la RAF le propone que siga con ellos, aunque Douglas ve claro que la RAF que él conoce, no será la misma de la posguerra, por lo que acepta una oferta de la compañía Shell para volar por todo el mundo con un avión privado.

En el año 1976 recibe el nombramiento de Sir por parte de la Reina Isabel II.

Finalmente fallece el día 5 de septiembre de 1982 y deja como legado una fundación que lleva su nombre.

Desde el momento en que acabó la guerra hasta su muerte, Douglas Bader y Adolf Galland mantuvieron una gran amistad, que incluso se trasladó a sus familias.

En una ocasión, cuando le preguntaron a Galland cómo era posible el haber mantenido una amistad surgida de la guerra, respondió: “Bueno… nos conocimos intentando matarnos. A peor no podíamos ir” .

– Relato de Indro Montanelli sobre el personaje de un «general» que se negaba a colaborar con el ejército alemán

A continuación os comparto el relato íntegro que hace Indro Montanelli del General Della Rovere, un personaje muy particular sobre el que Roberto Rossellini  realizó una película en 1959 titulada «El General de la Rovere».

Comienza mi historia un día de marzo de 1944 en que su excelencia, el general Della Rovere, íntimo amigo del mariscal Badoglio y consejero técnico del general británico Alexander, fue llevado a la prisión de San Vittore y colocado en una celda próxima a la mía.

El movimiento subterráneo italiano se dedicaba por entonces a desorganizar la corriente de reservas alemanas que marchaban al frente del sur. Según supe, el general había sido capturado por los nazis en una provincia del norte al momento en que lo ponía en tierra un submarino aliado, para asumir allí la función de comandante de las operaciones de guerrilla.

Me causó impresión el porte aristocrático del hombre. Hasta Franz, el brutal inspector germano de la prisión, se cuadró en actitud militar de atención ante él.

Campo de Fossoli
Campo de prisioneros de Fossoli

De todas las  «fábricas de confesiones» que tenían los alemanes en Italia, la peor era la de San Vittore.

Allí se llevaba a los prisioneros del movimiento secreto italiano que habían resistido el primer interrogatorio «de rutina».

Allí el comisario Mueller, de la Gestapo, y un puñado de especialistas de la SS (valiéndose de métodos celebrados en los anales de la tortura refinada) arrancaban generalmente la información deseada hasta a los más obstinados.

Seis meses habían corrido desde el día que me arrestaron. Había sido «interrogado» varias veces y me hallaba ya exhausto y desalentado, siempre pensando hasta cuando podría resistir.

En tal situación estaba cuando un día, uno de los guardias italianos, Ceraso, descorrió el cerrojo de la celda y me dió una sorpresa anunciándome que el general Della Rovere deseaba verme.

La puerta de la celda del general estaba, como de costumbre, sin traba alguna. Además, el distinguido prisionero disponía de un catre, en tanto que nosotros dormíamos en tablas desnudas. Inmaculadamente vestido y con su monóculo en el ojo derecho, el general me saludó cortésmente:

-¿El capitán Montanelli? Ya sabia antes de desembarcar que lo encontraría a usted aquí. El gobierno de su majestad se interesa profundamente por la suerte de usted. Confiemos en que, aun al caer delante del pelotón alemán de fusilamiento, usted sabrá cumplir con su deber, el más elemental de sus deberes como oficial. Pero, por favor, no se incomode usted.

Solo entonces me di cuenta de que había permanecido ante él en posición de firmes.

-Nosotros, los oficiales, vivimos vidas provisionales ¿no es así?- me dijo el general -. Un oficial es, como dicen los españoles, un novio de la muerte.

Se detuvo aquí mientras lo veía pulir el monóculo con un pañuelo blanco, pensé que en ocasiones los apellidos reflejan la personalidad de quien los lleva. Della Rovere significa »del roble». Y este hombre, claramente, era de madera muy sólida.

-A mí ya me han sentenciado- continuó el general -. ¿A usted también?

-Todavía no, excelencia- contesté casi como si quisiera excusarme.

-Ya lo condenarán- dijo-. Los alemanes son rígidos cuando esperan arrancar una confesión, pero también son caballeros en su estimación por los que se niega a confesar.

Usted no ha hablado. ¡Muy bien hecho! Eso significa que se le hará el honor de fusilarlo de frente y no de espaldas. Le pido que persista en el silencio. Si se le somete a la tortura, no pongo en duda su fortaleza moral, pero la resistencia física tiene sus límites, le insinúo que les de un nombre: el mío. Sea cualquiera el acto que haya usted ejecutado, dígales que procedía en cumplimiento de ordenes mías… A propósito ¿Cuáles son los cargos que tiene?

Se lo conté todo, sin reserva ninguna. Su excelencia me oía como me oiría un confesor. De vez en cuando movía la cabeza en señal de aprobación.

Su caso es tan claro como el mío- dijo en cuanto hube terminado-. A ambos se nos sorprendió mientras cumplíamos órdenes superiores. El único deber que me resta por cumplir es morir luchando en el campo del honor. No ha de ser difícil, creo yo, morir decorosamente.

Campo de Fossoli (Italia) - Foro Segunda Guerra Mundial
Campo de Fossoli

Cuando Ceraso me encerraba otra vez en mi celda le rogué que me mandara un barbero al día siguiente.

Y aquella noche doblé con cuidado mis pantalones y los realcé al pliegue longitudinal con el listón de la ventana antes de tenderme a dormir sobre mi camastro.

Durante los días siguientes vi que muchos prisioneros visitaban la celda del general.

Al salir, todos parecían como erguidos; ninguno se mostraba ya abatido.

El ruido y el desorden en nuestro aislado sector habían disminuido.

El numero 215 dejo de dar los desgarradores gritos con los que se lamentaba por la suerte de su mujer y sus hijos, y mostró gran compostura cuando lo llamaron al interrogatorio.

Ceraso me contó que después de hablar con el general casi todos solicitaban un barbero y pedían peine y jabón.

Los guardas de la prisión dieron en afeitarse a diario y aun trataban de hablar en italiano castizo en vez del dialecto napolitano o siciliano. Hasta el mismo Mueller, cuando pasaba revista a la sección encomiada, refunfuñaba a la mejora general en cuanto a disciplina y decoro.

Lo mejor de todo era que la “fábrica de confesiones” ya no las producía. Los prisioneros persistían en su obstinado silencio. Della Rovere les daba a todos fuerzas para resistir, como si las sacara de la gran provisión de su valor. Y su experiencia de prisionero le permitía darles, además, valiosos consejos.

-Las horas mas peligrosas suelen ser las primeras de la tarde- les prevenía -. El sólo anhelo de distracción puede hacerles confesar.

O bien les decía:

No se queden ustedes con la vista fija en las paredes. Cierren los ojos de cuando en cuando y las paredes perderán el poder de ahogarlos.

Censuraba a quienes descuidaban el arreglo de la persona. -La limpieza, les decía, influye sobre la moral. Sabía que las formulas militares que usaban con él,les afirmaban el orgullo. Por último, nunca dejó de recordarles sus deberes hacia Italia.

Alguno inquirió prudentemente cual había sido la actitud del general durante el interrogatorio. El general se echó a reír y le contestó:

Me interrogó mi viejo amigo, el mariscal de campo Kesselring.

Mi tarea era cosa sencilla porque Kesselring sabía de antemano todo lo que había que saber, con excepción, eso si, de que me hallaba yo en un submarino británico cuando me cogieron.

¿Y realmente usted se fiaba de los ingleses?- dicen que le había preguntado Kesselring.

¿Por que no?- le había contestado-. ¡Si nosotros nos hemos fiado antes de los alemanes!

En general parecía gozar mucho recordando la escaramuza.

Después de poco tiempo comenzó a correr por la prisión el rumor de que el tal general era un contraespía, un delator al servicio de los alemanes. Los guardas de la prisión, aunque salidos de la escoria del régimen de Mussolini, sintieron que ya eso traspasaba los limites de la humillación. Acordaron entre sí vigilar al general constantemente; si resultaba ser el felón que se decía, estaban resueltos a estrangularlo.

En la mañana siguiente Della Rovere recibió al numero 203, un comandante a quien se tenía por sabedor de infinidad de datos, pero que no había soltado palabra ninguna. Ceraso se quedó junto a la puerta de la celda y los otros guardas italianos vigilaban de cerca.

Van a someterlo a extremas torturas– oyeron que le decía el general al comandante -. No confiese nada. Trate de no pensar; hágase fuerza para convencerse de que no sabe nada. El simple hecho de pensar en un secreto que usted guarda lo expone a que le salga de los labios.

El comandante escuchaba, pálido del rostro, lo que el general le aconsejaba, como me había aconsejado a mi.

Si se ve obligado a hablar, dígales que cuanto hizo lo realizó en cumplimiento de órdenes mías.

9 de julio, Conmemoración del 79º aniversario de la masacre de los 67 mártires de Fossoli
placa conmemorativa de la masacre de los 67 mártires de Fossoli

Aquella misma tarde, y como para darle satisfacciones, Ceraso le llevó a su excelencia unas pocas rosas, regalo de los guardas italianos de la prisión. El general acepto cortésmente las flores; no pareció tener la menor idea de que se había desconfiado de él.

Una mañana se presentaron en la prisión los alemanes a llevarse a los coroneles P. y F. Antes de ser conducidos al patio, se les permitió satisfacer su último deseo: decirle adiós al general. Los ví cuadrados a la puerta de la celda. Aunque no oí lo que el general les decía, ví que ambos oficiales sonrieron.

El general les estrechó la mano, cosa que nunca le había visto hacer. Entonces, como si de repente se hubiera dado cuenta de la presencia de los alemanes, se cuadró, levantó la mano y saludó. Los prisioneros le devolvieron el saludo, y girando sobre los talones marcharon a recibir la muerte. Supimos después que ambos, ya ante el pelotón de fusilamiento, gritaron »¡Viva el rey!»

Aquella tarde fuí sometido a un nuevo exámen. El comisario Mueller me dijo que mi suerte dependía del resultado de este interrogatorio. Que si persistía en mi silencio… Me quedé mirándolo con ojos desmesuradamente abiertos, y, sin embargo, no podía oír nada, ni siquiera podía verle distintamente. En vez de su imagen se me representaban los rostros pálidos y tranquilos de los coroneles P. y F., y la cara sonriente del general.

Oía una voz tranquila que me susurraba al oído: novio de la muerte… deber elemental de un oficial morir luchando en el campo del honor. En vano me sometieron los alemanes a un interrogatorio de dos horas. No se me hizo sufrir tortura alguna, pero si así hubiera sucedido habría sido capaz, creo, de mantenerlo oculto todo. De regreso a mi celda le pedí a Ceraso que me dejara detenerme en la celda del general.

Este hizo a un lado el libro que hallaba leyendo y fijó en mí su mirada investigadora, en tanto que yo permanecía militarmente cuadrado. Entonces, antes que yo hablara, se expreso así:

Si; así esperaba que procedería usted. No podría haber obrado de otra manera.- Se levanto de su asiento y continuó. -No tengo palabras para expresar todo lo que quisiera decir, capitán Montanelli, pero puesto que no hay nadie más que tome nota de nuestro comportamiento, que sea este honrado guarda italiano testigo de lo que decimos en nuestros últimos días. Que escucha cada una de nuestras últimas palabras. Estoy bien satisfecho, capitán. Estoy verdaderamente contento. ¡Bravo!

Aquella noche me sentí realmente sólo en el mundo. Pero mi amada patria me parecía más cerca, más cara a mi corazón y más real que nunca. No volví a ver más al general. Solamente después de la liberación tuve noticias de su fín. Uno de los supervivientes de Fossoli me relató la historia.

Fossoli era un notorio campo de exterminio en donde los medios de dar la muerte eran complejos y muy diversos. Cuando se trasladó allí al general Della Rovere con centenares de prisioneros de un tren blindado, mantuvo él siempre su dignidad. Iba sentado sobre un montón de morrales que los demás habían juntado para que pudiera descansar.

Se negó a levantarse cuando un funcionario de la Gestapo inspeccionaba el tren. Aun cuando el nazi le dio una bofetada y le gritó: »Yo te conozco, grandísimo cerdo, Bertoni», permaneció inmutable. ¿Para qué explicarle a este ignorante alemán que su nombre no era Bertoni, sino Della Rovere, que era general de un cuerpo de ejército, intimo amigo de Badoglio y consejero técnico de Alexander? Sin alterarse recogió su monóculo y se lo puso de nuevo. El alemán se marchó maldiciendo.

Una vez en Fossoli, el general no volvió a disfrutar de los privilegios que se le concedían en San Vittore. Lo alojaron en un cuartel común con todos y le pusieron a trabajar como a los demás. Sus compañeros de prisión trataban de ahorrarle el desempeño de los oficios mas bajos y se turnaban para reemplazarlo; pero él nunca trataba de evadirse de cumplir su tarea, por difícil que fuera para un hombre que ya no era joven.

Camp de Fossoli - Viquipèdia, l'enciclopèdia lliure

Por las noches les recordaba a sus camaradas que ya no eran delincuentes, sino oficiales militares. Y ellos, mirando el relumbrante monóculo y oyendo la voz del general, sentían el ánimo más levantado.

La carnicería que se hizo en Fossoli el 22 de junio de 1944 pudo haber sido una represalia por las victorias aliadas cerca de Génova. Sea como fuera, por órdenes recibidas de Milán se sacaron 65 hombres de un total de 400 prisioneros. A medida que un tal teniente Tito leía la lista, el condenado, al oír su nombre, daba un paso al frente de la formación.

Cuando llamó »Bertoni» nadie se movió. ‘‘¡Bertoni!», rugió el teniente mirando fijamente a Della Rovere. Su excelencia no se dió por notificado. ¿Quería Tito mostrar indulgencia hacia el sentenciado? Nadie podría afirmarlo. En todo caso, sonrió de pronto. »Muy bien, muy bien», dijo, »Della Rovere, así me gusta».

Todos se quedaron conteniendo el aliento mirando al general, quien sacando el monóculo del bolsillo y limpiándolo con notable fuerza en la mano, se lo aplicó al ojo derecho, y con toda calma le contestó al oficial: »General Della Rovere, si hace el favor», y se unió al grupo.

Se les acerrojó con esposas a los 65 destinados al suplicio, y en seguida se les condujo hasta el pie de la muralla. A todos se les vendaron los ojos, menos al general, que porfiadamente rechazó la venda y obtuvo que se accediera a su deseo. Mientras se colocaban cuatro ametralladoras en la posición correspondiente, su excelencia dió unos pasos adelante de la fila, y con ademán altivo y resuelto y en voz firme y sonora, habló así: »Señores oficiales: en los momentos en que arrastramos el último suplicio, vayan nuestros pensamientos de fidelidad a la amada patria. ¡Viva el rey!».

Tito ordenó ‘‘¡Fuego!»; y las ametralladoras dejaron cumplida la orden. El cuerpo del general fue sacado en su féretro, siempre portando su monóculo.

La verdadera historia del general Della Rovere, que viene a conocerse después de su muerte, es una serie de episodios, casi increíbles, de heroísmo y sustitución de personas. Porque es lo cierto que el ídolo de San Vittore no era tal general. Ni Badoglio ni Alexander oyeron hablar de él jamás. Y no se llamaba Della Rovere.

Era un tal Bertoni, natural de Génova, ladrón y estafador, huésped presente de la cárcel. Los alemanes lo habían arrestado por un delito de menor importancia, pero durante el interrogatorio de rigor habían llegado a descubrir que el hombre tenía soberbias dotes naturales de actor. Por su falta de escrúpulos y sus dispocisiones de comediante lo creyeron ideal como agente para embaucar a guerrilleros presos y obtener de ellos informes útiles.

Bertoni se mostró listo para celebrar el trato. Procedería como se le pedía a cambio de un tratamiento de preferencia en la prisión y de que se le pusiera pronto en libertad. Los alemanes inventaron la historia de Della Rovere y le enseñaron bien el papel que debía representar.

Una vez enviado Bertoni a San Vittore pidió, y se le concedió, un corto plazo con el fin de ganarse la confianza de los hombres a quienes iba a hacer víctimas. Pero Bertoni era más astuto de lo que los nazis creían; iba resuelto a no engañar si no a los mismo alemanes.

Y ocurrió entonces la sorprendente transformación. Bertoni, desempeñando el papel de Della Rovere, se convirtió en Della Rovere de verdad. Emprendió una tarea sobrehumana: hacer de San Vittore una prisión a prueba de confesiones y de inspirar a los allí reunidos fortaleza para hacer frente a su destino. Y por su presencia imponente, su impecable pulcritud, por los altos quilates de su valor y su fe, trajo un nuevo sentimiento de dignidad y de propia estimación de esos pobres seres allí encarcelados.

Pero al fin comprendió que el plazo convenido llegaba a su fin. El comisario Mueller iba mostrándose más y más impaciente con tanta demora. ¿Por que no aparecían las confesiones? Cuando “Della Rovere” me habló aquel ultimo día en su celda y le pidió al guardia que fuera testigo de sus palabras, sabía que todo había terminado, que ésta era la única manera de que el mundo del que los separaba esos muros pudiera conocer algún día su historia; el único medio de que Italia supiera que había sido fiel a su patria.

El 22 de junio de 1945, primer aniversario de la carnicería de Fossoli, de pie en la catedral de Milán observaba yo al cardenal (príncipe arzobispo de esa archidiócesis) consagrar los ataúdes de los héroes sacrificados en esa prisión. El cardenal sabía de quién era el cuerpo que yacía en el féretro marcado Della Rovere. Sabía también que nadie tenia mejor derecho al titulo de general que el ocupante de esa caja, el antiguo ladrón y huésped de cárceles.

– Un perro australiano llamado Horrie se convirtió en un personaje conocido debiado a su participación durante la Segunda Guerra Mundial

Horrie en su bolsa de transporte
Horrie en su bolsa de transporte

Nos encontramos en Egipto, en el año 1941, cuando el ejército australiano tiene destacadas sus tropas para luchar contra el Afrikakorps de Rommel.

Entre los soldados  que prestan servicio, se encuentra Jim Moody, adscrito a un pelotón de señales del 2/1 Batallón de Ametralladoras, encuadrado en la 6ª División de Infantería.

Un día, Jim se encontró a un cachorro de terrier blanco en las afueras de Alejandría y se lo llevó consigo al campamento.

A partir de ese momento, se entabló una relación especial entre Horrie (este fue el nombre que Jim decidió dar a su nuevo compañero) y los componentes de su Batallón, los cuales lo consideraron uno más de los suyos y lo adoptaron como mascota, acompañándoles en todos los desplazamientos que realizaron.

El siguiente destino que conoció fue Grecia, donde viajó dentro de la mochila de Jim.

Allí desarrolló una habilidad que fue de gran ayuda para sus compañeros, puesto que cuando gracias a su afinado sentido del oído detectaba que se acercaban aviones enemigos, daba la voz de alarma aullando muy fuerte.

Las cosas no pintan muy bien en la península Griega y en abril de 1941, las tropas australianas son evacuadas hacia Creta ante el avance alemán. Horrie es embarcado junto al Batallón en el buque de transporte “Costa Rica”, el cual es hundido después de sufrir un ataque por parte de la Luftwaffe el día 27 de abril.

Horrie a bordo de un barco
Horrie a bordo de un barco

Sobrevive, aunque está a punto de morir aplastado entre dos botes salvavidas en la maniobra de salvamento y Jim y él, son recogidos junto a los demás supervivientes por el destructor HMS Defender.

Una vez en Creta, en mayo de 1941,el ejército alemán lanza una ofensiva aerotransportada llamada operación Mercurio y tras arduos combates, las tropas aliadas se desplazan hacia el sur de la isla, donde son evacuadas a Palestina.Horrie fue herido por metralla durante esa retirada.

Horrie montado a lomos de un camello
Horrie montado a lomos de un camello

Es ascendido a Cabo Primero Honorario del ejército Australiano y acompaña al comandante del Batallón en los desfiles en los que participan, e incluso sus compañeros le confeccionan un uniforme con sus galones para protegerlo del frío invierno Sirio.

Horrie con su uniforme
Horrie con su uniforme

En el mes de febrero de 1942, el Batallón regresa a Australia, y Jim toma la decisión de llevarse consigo a Horrie antes que dejarlo en Palestina. El problema es que Horrie tiene que viajar de forma ilegal, puesto que las leyes australianas de cuarentena son muy estrictas y no permitían la entrada en el país de animales.

Así pues, Horrie viaja escondido en una mochila y tiene más suerte que otras dos mascotas que también son embarcadas ilegalmente. Las autoridades descubren a un gato y una perra que eran mascotas de otras unidades y son sacrificadas cumpliendo la ley de cuarentena.

El barco llega hasta el puerto de Adelaida y Jim es destinado a Nueva Guinea, aunque decide que Horrie ya tiene bastantes aventuras a sus espaldas y lo deja viviendo en casa de su padre en Melbourne durantes 3 años, hasta que finalmente, en febrero de 1945 es licenciado y regresa para vivir en Sydney y se lleva a Horrie consigo.

Lo que tenía que haber sido ya un retiro tranquilo y placentero, se convirtió en una pesadilla por culpa de un incidente desafortunado cometido por Jim. La Cruz Roja estaba recaudando fondos en un club canino al cual pertenecía, y se le ocurrió la idea de utilizar a Horrie para recaudar más fondos.

Las autoridades sanitarias australianas empezaron a indagar y a pedir papeles y finalmente enviaron a Jim una orden de decomiso del perro puesto que había entrado de forma ilegal en el país y había vulnerado la ley de cuarentena, por lo que debía ser sacrificado.

Orden de decomiso de Horrie
Orden de decomiso de Horrie

Jim envió un escrito de descargo en el que justificaba que Horrie había pasado una revisión veterinaria en Tel-Aviv antes de embarcar y que había prestado sus servicios en el Ejército Australiano, aunque de nada sirvió y tuvo que entregarlo, siendo sacrificado de un disparo en la cabeza el día 12 de marzo de 1945.

Este hecho tuvo una gran repercusión mediática. Jim intentó realizar una campaña pública para salvar a Horrie. Escribió cartas a medios de comunicación, entidades y políticos. Muchas personas escribían cartas condenando el hecho y se personaban en una tumba vacía en el cementerio de Sydney para llevarle flores.

Noticia de la muerte de Horrie
Noticia de la muerte de Horrie

Pero Horrie no podía acabar su vida de esta manera. El perro que alertaba de los ataques aéreos, que salió airoso de un naufragio y que sufrió heridas de metralla en la retirada de Creta no fue el perro sacrificado por las autoridades.

En el año 2003, dos hijos de Jim confesaron que su padre había entregado un perro callejero que compró por 5 chelines engañando a las autoridades, mientras que Horrie era trasladado a una propiedad que tenía Jim en el estado de Victoria, donde pasó el resto de sus días alejado de la fama y la polémica que se había generado en torno a su figura.

– Matvey Kuzmich Kuzmin fue un se convirtió en un símbolo al llevar a un grupo de soldados alemanes a una emboscada, motivo por el que se le concedió el título de Héroe de la Unión Soviética póstumamente

Matvey Kuzmich Kuzmin
Matvey Kuzmich Kuzmin

Matvey Kuzmich Kuzmin nace en el pueblo de Kurakino, en la región de Pskov (Rusia) el 21 de julio de 1858.

Es una persona solitaria, que vive en una cabaña en el bosque, y que se dedica a recoger leña, a pescar y a cazar para subsistir y al que sus vecinos le llaman “Biriuk” (lobo solitario), debido a su carácter.

El día 13 de febrero de 1942, a sus 83 años de edad, se encontró con un batallón de la 1ª División de montaña del ejército alemán.

El comandante tiene órdenes de llegar hasta la localidad de Pershino para hacer neutralizar a un grupo de tropas soviéticas, y cuando se encuentra con Matvey, le ofrece dinero, combustible, comida, y también un rifle de caza a cambio de que los guíe a través de los bosques hasta su destino.

Matvey acepta el trato, pero logra enviar a su nieto (aunque algunas fuentes dicen que era su hijo) Vasiliy para que avise al ejército soviético de su marcha guiando a los alemanes, indicando a su vez un punto para realizar una emboscada a los alemanes en la población de Málkino.

Tras varias horas de marcha por la nieve, en las que los lleva por la ruta más complicada para poder debilitarlos, llegan al punto indicado por Matvey, en el que el ejército rojo mata a más de 50 soldados y se hace con 20 prisioneros. Durante la refriega, el comandante alemán se da cuenta de que ha caído en una trampa y dispara a Matvey, matándolo antes de caer muerto.

Posteriormente, un periodista del periódico Pravda llamado Boris Polevoy, publicó un artículo titulado “El último día de Matvey Kuzmin”, en el que se narraba la historia. Este artículo no sólo dio a conocer lo sucedido, sino que hizo que la historia se convirtiera en un cuento infantil.

El 8 de mayo de 1965, recibió el título de Héroe de la Unión Soviética de forma póstuma.

– Noor Inayat Khan fue una agente reclutada por el SOE, cuya misión era la de ser el enlace entre la resistencia francesa y la inteligencia británica haciendo de operadora de radio para la red “Prosper” en la Francia ocupada.

Nació el 1 de enero de 1914 en Moscú, concretamente en el Kremlin. El padre de Noor, fue invitado por Rasputin a la corte del zar Nicolás II para compartir sus doctrinas espirituales. Inayat Khan, era descendiente de Fateh Ali Tipu, un Sultán indio de creencia musulmana que murió luchando contra los británicos. Su madre, Ora Ray Baker ,era originaria de Nuevo México y a su vez, sobrina de Mary Baker Eddy, fundadora de Ciencia Cristiana.

El ambiente en Rusia no hace presagiar nada bueno, y poco antes de la Revolución de 1917 abandonan el país y se establecen en Inglaterra. Al cabo de pocos años, emigran a Francia, a la localidad de Suresnes, cerca de París. Estudia psicología infantil en la Sorbona y música en el conservatorio de París. Empieza redactar cuentos infantiles que son emitidos por Radio París. Los alemanes invaden Francia, y la familia se ve obligada a volver a Inglaterra en junio de 1940.

Noor Inayat Khan
Noor Inayat Khan

Poco después de llegar a Londres, el 19 de noviembre de 1940 se alista como Auxiliar Femenina de la Real Fuerza Aérea.

Empieza un entrenamiento exhaustivo como operadora de radio y debido a su estancia en París y a su conocimiento del idioma se le propone ir como enlace a la Francia ocupada, donde llega a París el 16 de junio de 1943.

Noor recibe el alias de “Madeleine” y es emplazada como operadora de radio en una red de la resistencia llamada Prosper.

Un mes y medio después de llegar, varios miembros de la red caen en manos de la Gestapo, aunque ella se las ingenia para evitar su arresto, desplazándose en bicicleta y cambiando de domicilio, identidad y aspecto mientras continúa enviando información a Londres.

Llega un momento, en el que la red queda tocada de muerte debido al gran número de arrestos sufridos, y queda como único enlace entre la red y Inglaterra, momento en el que sus superiores le recomiendan que abandone Francia y regrese a Londres.

Ella no acepta la propuesta y decide seguir con sus compañeros de la resistencia con el propósito de reconstruir la red y seguir sirviendo de enlace.

Su buena estrella se apaga cuando en el mes de octubre es traicionada por la novia de uno de sus compañeros en la resistencia que la denuncia a la Gestapo. Es detenida y conducida a la sede de la Gestapo en la Avenida Foch en París donde es retenida varias semanas y de donde intenta escapar en dos ocasiones.

Aunque se niega a colaborar y delatar a sus compañeros, los alemanes obtienen copia de todos los mensajes y códigos enviados desde su aparato de radio, y los utilizan para establecer contacto con Londres y solicitar el envío de más agentes. Los Británicos siguen enviando agentes y éstos van siendo detenidos nada más llegar al destino asignado.

Debido a la negativa de Noor a colaborar, en noviembre de 1943 es trasladada primero a Karlruhe y posteriormente a la prisión de Pforzheim en Alemania, en la que se le dispensó un régimen severo siendo encadenada y torturada, esperando de esta manera que revelase la información que anteriormente se había negado a facilitar.

En vista que tampoco revelaba nada, el 12 de septiembre de 1944 fue enviada junto a otras agentes al campo de concentración de Dachau donde fueron fusiladas al día siguiente de su llegada.

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