4 historias de mujeres …

CONTRA LOS TOTALITARISMOS, MILADA HORÁKOVÁ (1901-1950)
Mujeres en la historia(S.F.Valero) — Pocas personas llegan a ser capaces de arriesgarlo todo para defender sus ideales.
Enfrentarse a los gigantes de la injusticia a pesar de saber que su vida corre peligro.
Milada Horáková protagonizó una de esas historias extraordinarias de coraje y valor.
También de profundo dramatismo. Pagó con su vida por enfrentarse al régimen comunista después de haber sufrido el nazismo y haber sobrevivido a un campo de concentración. Milada creía que hombres y mujeres debían ser libres para escoger su destino y se negó a aceptar que una única idea, el comunismo, se impusiera en su recién creado país, Checoslovaquia. Pagó muy cara su osadía.
Milada Králová nació en Praga el 25 de diciembre de 1901 en el seno de una familia sencilla. Milada tenía tres hermanos, Marta, George, quienes fallecieron durante la Primera Guerra Mundial, y Vera, quien sería un gran apoyo a lo largo de su vida. Desde joven, creció en Milada un sentimiento de solidaridad hacia los más necesitados y de lucha contra las injusticias.
Durante la Primera Guerra Mundial, cuando estudiaba en un instituto, fue expulsada del centro por participar en manifestaciones pacifistas. Milada continuó estudiando hasta graduarse en derecho en la universidad en 1926.
Un año después se casaba con Bohuslav Horák, con quien tendría una hija, Jana. Durante varios años trabajó en el departamento de ayudas sociales de la ciudad de Praga, colaboró con la Cruz Roja y empezó a implicarse en organizaciones feministas. En 1929 se incorporaba a la actividad política como miembro del Partido Nacional Socialista Checoslovaco.

Cuando Alemania invadió Checoslovaquia en 1939, Milada y su marido se unieron a la resistencia. Un año después, la Gestapo los descubría y ambos fueron trasladados a distintas cárceles. Milada llegó a pasar un tiempo en el campo de concentración de Terezín. No fue hasta el final de la guerra, con la llegada de las tropas estadounidenses, que Milada pudo reencontrarse con su marido y su hija, que había quedado al cargo de su hermana Vera.
Lejos de dejar su vida comprometida, Milada volvió a la escena política y consiguió ser elegida en el parlamento de su país. La paz duraría poco. En febrero de 1948, los comunistas se hacían con el poder en el conocido como «Golpe de Praga». Milada se negó a aceptar la situación y, como protesta, dimitió de su escaño en el Parlamento.
Milada Horáková pagó con su vida su osadía de querer luchar por un mundo libre de imposiciones ideológicas
Milada era una figura conocida y popular entre la población y se convirtió en un elemento incómodo para los líderes comunistas que poco a poco fueron purgando las instituciones de personas que no eran afines a ellos. Muchos políticos habían huido del país pero Milada continuó trabajando para restablecer la libertad y la democracia en Checoslovaquia.

El 27 de septiembre de 1947, Milada era detenida y acusada de espiar para Occidente y trabajar para desestabilizar el régimen comunista. Tras sufrir un duro encierro y terribles torturas, fue sometida a un juicio controlado por responsables soviéticos que culminó el 8 de mayo de 1950 en el veredicto de culpabilidad y de condena a muerte.
Importantes personalidades como Eleanor Roosevelt, Winston Churchill o Albert Einstein intentaron pedir clemencia para Milada pero el presidente de la Checoslovaquia comunista no se apiadó de la que sería la única mujer de más de doscientas víctimas del régimen en ser ejecutada. El 27 de junio de 1950, Milada Horáková perdía la vida ahorcada en la cárcel de Pankrác. Su familia no tuvo siquiera el consuelo de poder enterrar sus restos. Fue incinerada y sus cenizas desaparecieron.
Su marido había conseguido huir a los Estados Unidos, desde donde luchó hasta el final para conseguir liberar a su amada esposa. Jana permaneció varias décadas junto a su tía Vera hasta que en 1968 pudo reencontrarse con su padre.
Personalidades como Eleanor Roosevelt, Winston Churchill o Albert Einstein intentaron en vano pedir clemencia para Milada
El denso Telón de Acero consiguió ocultar el terrible genocidio que supuso la expansión del comunismo en Europa Oriental. No fue hasta la caída del muro de Berlín y los distintos regímenes comunistas que historias como la de Milada pudieron empezar a salir de su largo letargo.
Ya en 1968, tras la Primavera de Praga, el veredicto de su juicio y el de sus compañeros ejecutados fue anulado. En la década de los noventa su memoria fue recuperada y desde 2004, cada 27 de junio, fecha de su ejecución, se recuerda a las víctimas del régimen comunista.
Un año después salían a la luz las cintas del juicio en el que Milada Horáková, lejos de reconocer lo que bajo tortura pretendieron que declarara, reclamó su derecho a pensar por sí misma y a defender la libertad. «Nadie en este país – dijo Milada – debería morir por sus ideas».
– Una sufragista en patinete, Florence Norman (1883-1964)
UNA SUFRAGISTA EN PATINETE, FLORENCE NORMAN (1883-1964)

Durante la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX fueron muchas las mujeres que se unieron a la causa sufragista para defender el derecho al voto femenino. Cada una de ellas escondía una vida propia, un camino distinto, que confluía en un anhelo común, alcanzar la igualdad ante la ley.
Muchas de aquellas mujeres nos han dejado anécdotas más o menos curiosas, como esta incansable inglesa que fue inmortalizada con un artilugio que hoy nos parece muy moderno pero que ya entonces, a principios del siglo pasado, empezaba a circular por las calles de las grandes ciudades.
Florence Priscilla había nacido en 1883. Era la cuarta hija de un barón, Sir Charles Benjamin Bright, y su esposa, Laura Elizabeth Pochin. En su familia se respiraba un ambiente de apertura de miras; su madre había sido sufragista y dos de sus hermanos eran políticos del partido liberal como su marido, el periodista y político Sir Henry Norman, con quien se casó en 1907.
Sir Henry había defendido en el parlamento las ideas feministas en favor del derecho al voto de las mujeres y por supuesto apoyaba la labor que hacía su esposa a la que en un cumpleaños le regaló un patinete motorizado para que pudiera trasladarse con más comodidad a su trabajo.

Florence trabajó activamente en distintas organizaciones como la Liberal Women’s Suffrage Union y la Women’s Liberal Federation. Como muchas otras sufragistas, con el inicio de la Primera Guerra Mundial, Florence dejó de lado sus reivindicaciones feministas y se marchó con su marido a Francia para colaborar en un hospital de guerra, por cuya labor sería condecorada.
De vuelta a Inglaterra, Florence se unió al recién fundado Imperial War Museum para trabajar en un comité dedicado a recopilar documentación sobre el papel de las mujeres en la Gran Guerra. Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial también se volcó en ayudar a la causa bélica, esta vez en el Women’s Voluntary Service de Londres.
Hasta su muerte, el 1 de marzo de 1964, Florence Norman continuó con su labor de visibilizar a las mujeres en zonas de conflicto en el Imperial War Museum.
– La heroína de la Coruña, María Pita (1564-1643)

En la primavera del año 1589, un año después de la empresa fallida de la Armada Invencible en costas inglesas, Inglaterra estaba preparada para materializar su venganza. En aquellos últimos años del siglo XVI, España e Inglaterra, dos potencias internacionales, pugnaban por el dominio de los mares y la hegemonía en medio mundo y en el tablero, miles de peones iban a sufrir las consecuencias.
Cuando las tropas inglesas arribaron a las costas gallegas, sus gentes no se lo iban a poner fácil. Hombres, pero también mujeres, se situaron al frente de la resistencia. De todas ellas, destacó por su coraje y valentía María Pita.
La historia de María Pita se enmarca en esa enorme batalla que lidiaban españoles e ingleses en distintos frentes. Su nombre real era Mayor Fernández da Cámara Pita pero un malentendido con la muerte de su hermana María la convirtieron en María Pita. Había nacido en una fecha indeterminada alrededor del año 1564 en el seno de una familia sencilla.
María se casó en cuatro ocasiones. Su primer marido, carnicero, la dejó con una hija y la herencia de unas tierras y varias propiedades que le permitieron vivir de manera relativamente holgada. Su segundo marido, el que forma parte de la leyenda de María Pita, falleció durante el ataque inglés a La Coruña.

Corría el año 1589 y ahora Isabel I, con su corsario Francis Drake a la cabeza, se disponía a poner en jaque a su enemigo Felipe II. No sólo iba a devolverle la «visita» a sus tierras, sino que se disponía a arrebatarle la corona portuguesa que el rey Prudente se había apropiado en 1580 aduciendo razones dinásticas. Junto a Drake viajaba don Antonio, prior de Crato, nieto de Manuel I de Portugal, que reclamaba para sí el trono que entonces ostentaba su primo lejano Felipe II.
La Coruña movilizó a hombres, mujeres y niños que se atrincheraron en la plaza. En un primer momento, las mujeres ejercían labores de apoyo y aprovisionamiento a las tropas pero la situación desesperada en la que derivó el asedio obligó a todos sus habitantes a luchar contra el enemigo.
Cuando las fuerzas empezaban a disminuir y el ánimo de los coruñeses se desvanecía, María Pita mató al alférez inglés y le arrebató su bandera. Dicen algunos que fue por la rabia sentida tras el asesinato de su segundo marido en pleno asedio que María agarró una lanza, un arcabuz o un cuchillo, según las versiones, y terminó con su vida.

María Pita se erigió entonces en abanderada de los suyos al grito de «Quien tenga honra que me siga». Convertida en heroína, continuó luchando hasta que los ingleses se retiraron de sus costas y pusieron rumbo a Lisboa donde tampoco conseguirían su objetivo de destronar del trono luso a Felipe II.
El valor de María Pita fue reconocido por el rey quien le concedió una pensión y le fue dado el título de «soldado aventajado». El mismo año del asedio en el que había perdido a su segundo marido, María volvió a casarse por tercera vez, esta vez con un capitán de infantería con quien tuvo otra hija. Y de nuevo volvió a quedarse viuda, en 1595.
Cuatro años después se casó por cuarta vez con un funcionario de la Real Audiencia de quien enviudó en 1613. Desde entonces, María no volvió a casarse por expreso deseo de su último marido quien puso como condición para que su esposa pudiera gozar de su herencia que no volviera a contraer matrimonio.
María Pita, la heroína de La Coruña, falleció el 21 de enero de 1643, habiendo superado, si aceptamos su fecha de nacimiento en 1564, los ochenta años de edad.
– La enfermera asesinada, Florence Nightingale Shore (1865-1920)

El 12 de enero de 1920, en el vagón de un tren que viajaba en dirección a Sussex, tuvo lugar un terrible asesinato.
Una mujer fue encontrada brutalmente herida en uno de los compartimentos; la habían golpeado en la cabeza y estaba inconsciente.
A pesar de que fue trasladada a un hospital, no sobrevivió.
Esta escena, que bien podría formar parte de una novela negra al más puro estilo de Agatha Christie, fue el último capítulo en la vida de una enfermera inglesa que dedicó su vida a sanar a los enfermos, siguiendo el ejemplo de su famosa tía, Florence Nightingale.
Había heredado de ella no sólo su pasión por la enfermería, también su nombre. Se llamaba Florence Nightingale Shore y era ahijada de la enfermera que revolucionó y modernizó el mundo de la enfermería. Había nacido el 10 de enero de 1865 en Stamford, Lincolnshire en el seno de una familia acomodada.
Florence disfrutó de una infancia y adolescencia feliz, pudo estudiar y viajar por Europa, pero en 1881 su padre se declaró en bancarrota y poco después su madre, cansada de las infidelidades de su marido y los problemas económicos, decidió separarse de él.
Florence intentó continuar con su vida y terminó sus estudios en Bélgica, tras lo cual decidió dejar Inglaterra para lanzarse a la aventura en la lejana China, hasta donde se trasladó para trabajar como institutriz.
De vuelta a casa, en 1893, Florence empezó a trabajar como aprendiz de enfermera en el Edinburgh’s Royal Infirmary. Fue allí donde conoció a a Mabel Rogers, una enfermera que se convertiría en su amiga incondicional.
El asesinato de Florence Nightingale Shore, ahijada de la famosa enfermera Florence Nightingale, continúa sin resolver
Mabel y Florence se separaron temporalmente cuando esta se marchó a Dublin para continuar sus estudios pero en 1897 volvieron a encontrarse en el Queen Victoria Jubilee Institute de Londres. Ambas trabajaron juntas durante años en la Sunderland District Nursing Association. En 1900 dejaron Inglaterra para servir como enfermeras en la segunda guerra de los Bóers.
Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, Florence se unió al Queen Alexandra’s Imperial Military Nursing Service y viajó al continente para ejercer como enfermera hasta 1919. De vuelta a Inglaterra, después de años dedicados a la enfermería, su vida terminaría de manera dramática y prematura.
En enero de 1920, después de despedirse de su querida Mabel, con la que se había ido a vivir, Florence se subió a un tren en la Estación Victoria de Londres en el que fue brutalmente atacada. La enfermera no sobrevivió a los golpes y fallecía días después ante la consternación de las autoridades que abrieron una investigación que nunca llegó a buen puerto. El caso de Florence Nightingale Shore continúa aún sin resolver.
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