Alergia al pene …

JotDown(A.Ayuso)/El reino de los excesos(F.Mengual) — «Fuimos demasiado lejos con demasiado pene». Esa fue la conclusión del director y productor Judd Apatow cuando en 2007 más de una veintena de espectadores salió despavorida en un visionado de prueba de su película Walk Hard: The Dewey Cox Story ahuyentados por una verga.
No soportaron el larguísimo plano de John C. Reilly rodeado por un —más que modesto— miembro que pendulaba en torno a su cabeza mientras él hablaba por teléfono. Tras la estampida, Apatow transigió y acabó recortando la duración de la escena en la cinta (que para más sorna en español se tradujo como Dewey Cox: una vida larga y dura) pero arrancó su cruzada personal de liberar al vigésimo primer dedo masculino del ostracismo cinematográfico: «Juro que en todas y cada una de mis películas habrá al menos un pene», dijo. Y a fe que en ello sigue.
Más o menos un año antes, el cómico Louis C. K. andaba en negociaciones con la HBO. No era, ni mucho menos, el renovador del humor ni el pelirrojo mimado del cable que es hoy. De hecho, estrenaba su primera serie con la cadena, Lucky Louie,que dirigía y protagonizaba, pero todavía eran los ejecutivos televisivos quienes marcaban el paso.
Le demandaron «algo más de carne», sin explicitar —porque no hacía falta— que se referían a Pamela Adler, su esposa en la ficción. Él sonrió y cumplió la solicitud con escrupulosa literalidad, y en el segundo capítulo Louis salió en un ortopédico plano frontal con el badajo al aire. La HBO le exigió que se tapara las vergüenzas y que aquello no se volviera a repetir. La serie (acertadamente) no pasó de una primera temporada. Por si acaso.
Y como estas, cien historias más de quienes ha pretendido darle planos a tan noble parte y se han ido con el ídem entre las piernas. En ocasiones ahuyentados por los mandamases, a veces por el propio espectador. Hablamos de cine y televisión de órbita hollywoodiense, se entiende.
Desaparecida la entrañable figura del censor ladino, ahora la mojigatería opera al calor de la amenaza de «clasificación R», de la que todo aquel que quiera pagar las facturas huye como de la peste. Y no, no es que un pene sea sinónimo de destierro fílmico inmediato, porque haberlos haylos.
Pero por si acaso algún despistado se lanza a esgrimir que el desnudo masculino y el femenino son la misma cosa y si los realizadores no enseñan más anatomía masculina es sencillamente porque no se les antoja, recordaremos que en 2010, en respuesta a las quejas suscitadas por la película Bruno, la Asociación de Cinematografía de Estados Unidos varió sus términos para que cuando hubiera un «desnudo masculino» quedase claramente tipificado, para evitar sofocos.
Un precavido acuse de recibo que ningún pubis ni pecho femenino han necesitado nunca. Rabos sí, pero con preaviso.
El desequilibrio de la desnudez entre sexos es una de esas polémicas–Guadiana de Hollywood, que emerge de tanto en tanto, coincidiendo con la exhibición de algún falo que causa especial revuelo.
Ocurrió con Shame y el Fassmember, que a buen seguro fue el causante de que el actor irlandés-alemán se quedara sin nominación al Óscar, precisamente el mismo año que sus colegas Rooney Mara o Salma Hayek también enseñaban sus cositas a la cámara sin que eso obstaculizara la carrera por la estatuilla.
Más recientemente, Kevin Bacon (cuya genitalia es revisable desde Juegos salvajes a El hombre sin sombra) encabezó una jacarandosa campaña que delataba la hipocresía de su industria, demandando una libertad para el pene similar a la que tiene la vulva. «En muchas películas y series de televisión hay gran cantidad de desnudos femeninos y eso no mola. Bueno, sí que mola.
Pero no es justo para las actrices y no es justo para los actores, porque nosotros queremos desnudarnos», decía. Otros intérpretes se adhirieron a sus reivindicaciones, desde Chris Pratt a Natalie Dormer o Kit Harington, espoleando un poco más la polémica en un año especialmente indicado para echar leña al fuego sobre el boobs mandate yel páramo de rabos de nuestras pantallas.
Y es que quien esperara visualizar la herramienta de Christian Grey en la adaptación cinematográfica del best seller de porno para mamás se quedó con un palmo. De narices.
- Qué feo es el pene

Fue el propio protagonista de Cincuenta sombras de Grey, Jamie Dornan, quien brindó al pueblo la explicación de su no desnudo en la película, que tan profusamente se había descrito en la novela —al que me soplan que se refería en exclusiva como «miembro», en un ejercicio de pobreza lingüística acorde con la preescolar E. L. James—.
Dornan, a quien le dio repeluco pronunciar «paquete» en la entrevista, aseguró que no habría full frontal del príncipe del bondage (mientras que podríamos memorizar las aureolas y la ingle brasileña de su partenaire Dakota Johnson) porque, sencillamente, el pene es una cosa fea que es mejor no mostrar.
El de todos, no el suyo, que sepamos. «La intención es llegar al máximo de audiencia posible sin asquearles. No quieres hacer algo gratuito, feo y gráfico», pretextó el zagal.
Ya lo decía Lady Chatterley el siglo pasado en la novela de D. H. Lawrence: «¡Qué cosa frágil y fácilmente herida es un cuerpo de hombre desnudo; de alguna manera inacabado, incompleto!», o Silvia Plath y tantos otros a los que la visión genital masculina les causaba más desagrado que hambre.
Y en su derecho están. Pero tal y como recogía inmejorablemente Josep Lapidario en sus «Memorias del falo», el arte no ha escapado al embrujo del pene y las representaciones del mismo —explícitas o figuradas— demuestran que tan fea no será la cosa cuando ni el más telegráfico repaso de cualquier disciplina artística resiste sin referirse a miembros gargantuescos o más amables.
Entonces, ¿qué ocurre con el cine y la televisión? Pues exactamente lo que se figuran, no vamos aquí a revelar ninguna conspiración oculta. Que siglos de mirada masculina —y heterosexual— sobre el erotismo han atrofiado nuestro llamado instinto escoptofílico (el placer de observar al ser humano como objeto erótico) reduciendo el erotismo a las formas femeninas.

Lo explicó inmejorablemente Laura Mulvey en Placer visual y cine narrativo, y en términos generales el estado de la cuestión sigue por esos derroteros descritos en los setenta, llegando a modificar la forma en la que nuestro cerebro procesa las imágenes de desnudos femeninos y masculinos.
Si muchos consideran que el soperío de tetas y coños imperante es perfectamente asumible para el espectador pero una sola verga «fea, asquerosa y gratuita» dinamitará el disfrute es porque se ha trabajado duro en esa dirección.
No es de extrañar que directores como Oliver Stone autocensuren su propio metraje, como el de Alejandro Magno, donde suprimió el plano en el que Colin Farrell exhibía la gloria de su imperio: «Oliver no quería estropear un momento tierno con la visión de un aparato jodidamente enorme con dos bolas inmensas», dijo el actor, que ya sabemos por filmes anteriores que no va precisamente descalzo.
Y no, no es cuestión de tamaño, de erección o del fresquete que hace en los rodajes y la injusta aprensión. Más que nada porque es sobradamente conocida la distinción (y la magia) de los grower y los shower, y ya sabemos que lo que muestra la pantalla no es una réplica exacta de cómo lucirá el asunto cuando reciba la orden de ponerse a trabajar. Recuerden el ejemplo de Tom Hardy en Bronson y el de él mismo en otras circunstancias más hidráulicas.
Lo que va a ser más difícil rememorar son escenas en las que el cuerpo masculino se muestre (íntegramente o no) como una consecuencia de coherencia narrativa o para el disfrute erótico del respetable. En general, cuando los hombres se desnudan es por razones artísticas, no salaces, dentro de un marco de camaradería entre hombres (300) o de humor (American Pie o Resacón en las Vegas).
Las excepciones de directoras que dispensan igual trato a ambos desnudos (como Jane Campion o Pascale Ferran) son eso, excepciones; y la mirada masculina prevalece. Lo mismo que el cine comercial lejos de las fronteras estadounidenses, que históricamente no ha tenido los mismos reparos en diseminar trancas aquí y allá sin que nadie se arranque las córneas por ello.
Que al celuloide hollywoodiense el pene le da bastante alergia no es ningún secreto, pero el tabú comienza a resquebrajarse, dejando entrever un manojito de esperanza con o sin rasurado.
- Televisión: reducto fálico para la esperanza

Si hay motivos para albergar la ilusión de que el full frontal masculino deje de ser cosa de europeos, cine queer o cintas experimentales, están en la pequeña pantalla, regida por sus propias normas.
En su versión de pago, claro está.
Aproximadamente desde que HBO abrió la veda hace casi una década con la imprescindible serie Oz, los penes han ido emergiendo tímidamente del calzoncillo hasta conquistar posiciones, si bien no en los primeros planos, si en lógicas panorámicas generales en las que si dos hombres se miden el lomo en unas duchas públicas no usan una mano para cubrirse la entrepierna.
Y aunque la cadena lleve la delantera en lo que a des-estigmatizar el falo se refiere, la balanza está aún desequilibrada, como le recordó una campaña de College Humor hace unos años en la que un grupo de mujeres se arrogó la portavocía de un sentir mayoritario: «Es hora de igualar el marcador.
No decimos «no más tetas», tan solo creemos que deberíais mostrar pollas», demandaban, después de recordar —y celebrar— la pléyade de mujeres desnudas de producciones como Deadwood, Boardwalk Empire o Juego de Tronos.
En esencia, no hacían más que subrayarla ridícula incongruencia de la cadena, que rubricó una serie sobre un semental con atributos de empotrador (Superdotado) al que nunca, jamás, se le adivinó ni siquiera un pedacito del tegumento escrotal en más de treinta episodios. «¿Quizá os preocupa que una polla erecta sea demasiado explícita?», inquirían.
«¿Habéis visto la Boda Roja? ¿Mostráis a una mujer embarazada que es apuñalada justo en el vientre y no enseñáis una inocente polla dura?».
El problema de Juego de Tronos con las pollas es lacerante. Incluso el espectador casual habrá detectado esos bruscos escorzos de cámara cuando la entrepierna de un actor iba a entrar en juego, protegiendo la inocente sensibilidad del público que puede encarar las decapitaciones, las vísceras y desmembraciones pero probablemente acabará respirando en una bolsa de papel si una polla emerge con pujanza y lastima su atildada delicadeza.
De hecho, los escasos frontales masculinos que contiene la serie —célebre por sus ninfas desnudas y con el fantasma del sexposition siempre rondando— se producen desprovistos de lujuria, encajándolos directamente en el ridículo o en la tortura más sórdida. Y las muestran flácidas. Como la prótesis que le colocaron al muy entrañable Hodor, la polla decapitada de Theon Greyjoy o el comerciante que es torturado tras traicionar a Daenerys Targaryen. Pero liberar a Willy para el disfrute no, qué ocurrencia. Cambia el plano y enfócale el pubis a esa.
Decíamos que progresivamente se va invirtiendo la tendencia, y es cierto. Los estudiosos del asunto sitúan 2015 como una buena cosecha de nabos: en The Leftovers, Flesh and Bone, Outlander, Sense8, Shameless, Togetherness, The Affair, Black Sails y Penny Dreadfulha habido hombres exhibiendo el soldadito ante la cámara, y eso es algo que festejar.

Pero tanto o más llamativa que los falos resulta la reacción suscitada por la exposición genital.
Después de cada episodio, invariablemente se suceden siempre una cascada de artículos, tuits y titulares pretendidamente picarones pero vergonzosamente pacatos: «¡Hay un señor en una serie al que se le ve el pene, paren las rotativas!», arreciaban las risitas hasta convertirse en un grito.
La prensa llegó a catalogar una escena de la serie The Affair, en la que los actores Maura Tierney y Josh Stamberg compartían confidencias postfrungimiento, como «el desnudo que conmocionó a América».
Y por muy desgraciados que ustedes sean, han visto penes mejores que ese, se lo garantizo.
Al contrario que las gónadas femeninas, el pene al aire sigue cumpliendo los parámetros de lo noticiable: es raro, infrecuente y crea expectación. ¿Qué fue lo más comentado de una película de un director oscarizado, basada en un best seller laureado por crítica y público? Exacto: el pene de Ben Affleck.
Al actor se le escapó —bueno, más o menos— antes del estreno que en Perdida tuvo que mostrarse como dios le trajo al mundo y pasó eso que el cliché resume en que «internet ardió». Más de seis millones de entradas en Google, guías prácticas de cómo encontrarlo y posteriores GIF y hasta tertulias imaginarias con penes amigos.
Affleck hizo de su órgano sexual el mejor reclamo de marketing de la historia. ¿Funcionaría con Eva Green, por ejemplo? No, y tampoco con Ewan McGregor, a quien le tenemos el bajo vientre más que escrutado.
Ya lo saben, ejecutivos, creativos, showrunners y demás profesionales del asunto. La lectura es bastante sencilla: queremos ver penes, no importa cuán inanes o majestuosos sean. No nos asustan, para elegir ya tenemos conexión a internet. Solo queremos que la credulidad no quede suspendida en el ridículo, y, si ellas se desnudan, ellos correspondan.
Pero incluso más allá de eso, querríamos que las pollas dejaran de ser noticia, y si nadie en sus cabales destacaría en un titular que en su última película Paz Vega enseña hasta las corvas, quizá no estemos pasándonos de exigentes demandando que, a fuerza de exponer, todo esto se naturalice y no se nos escape una risita colegial después de cada polla que nos muestren.
Aunque no va a bastar con una buena ración. Habrá que desplazar esa línea que divide el arte y la pornografía, que ahora está demarcada por la exposición de un pene. Es una frontera cultural, pero podremos rebasarla —ya lo hicimos con las pelambreras, ¿no?—. Desoigan a los gazmoños e ignoren a quienes apuntan que la exhibición y celebración del órgano sexual masculino es una metáfora de la rendición de América.
No se rinde, se empina hacia la gloria. Y allí no hay alergias que valgan.
– Penes y cine

La sociedad sufre falofobia pese a que las pollas existen, son reales, son comunes, tú tienes, la tiene tu novio, tu hijo, tu mejor amigo, se usa a diario para orinar, masturbarse y mantener relaciones sexuales.
Son un tabú, nadie quiere que le hables de tu pene, del pene de tu amante, y lo estás deseando. Pero la POLLA le da miedo a la gente…
Quizás este exagerando, pero cierto es que cualquier tema relacionado con el sexo es aún socialmente motivo de censura, y cuando se trata del aparato reproductor masculino más todavía. Yo que soy un temerario, voy a dedicarme a escribir y mostraros que en este mundo hay penes, muchos más penes de lo que parece y para este primer artículo comenzaré con penes en el mundo del cine.
En el séptimo arte hay penes más allá de Rocco Siffredi y Nacho Vidal. Algunos ya los has visto, otros te van a sorprender. Cualquier director tendrá problemas a la hora de sacar un pene en una película, la gente asocia una polla a pornografía, es un miembro que impacta, por muchos más detalles que aparezcan en un plano, cuando un pene entra en acción, tus ojos se van a ir a él. Es el eterno protagonista.
Watchmen, 2009 Zack Snyder – El pene del Dr. Manhattan
Este pene más que polémico fue anecdótico, cuando iba a estrenarse la adaptación del cómic de Alan Moore en en el cine tenía mis dudas de si veríamos el pajarito del personaje, pues años antes cuando el director realizo 300 no vimos los genitales de los machotes espartanos como Frank Miller nos mostró en el cómic. El Dr. Manhattan es un personaje que poco a poco va perdiendo su humanidad hasta el punto de no necesitar usar vestuario.
Hubo una gran lucha para que la película llegará a la calificación de +18 pues las productoras no suelen querer arriesgarse con la taquilla. En este caso, el batacazo fue enorme, y no se llevo una de las mejores críticas, era fiel al cómic, pero en exceso. Cuando la vi en el cine, recuerdo oír alguna que otra carcajada de los espectadores cuando aparecía el pene del relojero, el mundo no está preparado.
- Promesas del este, 2007 David Cronenberg – Aragorn hijo de Arathorn
No era la primera vez que Viggo Mortensen nos enseña su espada, y no lo digo por el señor de los anillos, si no por The Indian Runner (1991, Sean Penn), pero a mi personalmente, cuando fui al cine a ver esta película de David Cronenberg (R.I.P.) me dejó completamente impresionado. Probablemente una de las mejores peleas que se ha rodado.
- Irreversible, 2002 Gaspar Noé – Vicent Cassel
El compañero en Promesas del este de Viggo, compañero amoroso de Monica Belluci en esta película y en la vida real, es un señor que a mi me pone demasiado. También es de los que no tienen ningún tipo de pudor a enseñar su berga. En este caso he elegido Irreversible por que es una película que quiero recomendar. Es la historia de una violación, y la venganza de su novio, una película muy dura, violenta, explicita, me gusta porque es polémica, porque es como debe ser, una de esas que no se corta un pelo.
- El color de la noche, 1994 Richard Brush – El pene de John McClane
Para el final he decidido dejarme la bomba, porque si amigos míos, en 1994 Bruce Willis nos sorprendía a todos mostrando su pene en esta película mítica que… Bueno, yo la descubrí porque se la regalaron a mi padre junto a la compra de un DVD. Pero el caso es que ahí está, es una película de mierda, pero tiene el pene de Bruce Willis.
- Shame, Steve McQueen 2011.
Brandon el personaje de Michael Fassbender siente mucha vergüenza por sus obsesiones sexuales. Un oscuro viaje que desnuda a sus personajes emocional y literalmente, pues ya desde el minuto 1 podemos ver de que tamaño es el pene de Magneto, y la verdad, no tiene nada de lo que avergonzarse.

- Forgetting Sarah Marshall (Paso de ti), Nicholas Stoller 2008.
Una divertidísima comedia de la compañía Apatow y sus colegas, donde podemos ver con bastante pena como Peter, interpretado por Jason Segel trata de hacer un viaje a Hawai para olvidar a su novia, la actriz Sarah Marshall interpretada por Kristen Bell, pero se volverá loco cuando vea que coincide en el mismo hotel con ella y su nuevo novio.
Es la escena de la ruptura la que nos trae aquí, pasa un poco más del minuto 1 pero sin salir de la escena inicial, podemos deleitarnos con las pelotas de Jason Segel en una de las situaciones más incomodas y graciosas que nos ha regalado el cine. Aplaudo por ella, porque por fin, tenemos una película que no necesita justificar la aparición de un pene con drama, aunque para el pobre Peter lo fuera.
- Nymphomaniac Volumen 2, Lars von Trier 2014.
Mucho hemos hablado en esta página de la nueva película del director y mucho más que hablaremos. Pensaréis que es fácil escoger está película porque cruza la linea que separa el cine de la pornografía, pero no he venido a decir que podéis verle el pene a Shia LaBeuf, además de que no sería el primer sitio donde lo enseña. Aunque ya me pronuncié al respecto de esta escena, creo que es demasiado genial para no formar parte de la lista de penes en el cine.
Los dos anónimos personajes negros, anónimos también en la vida real, con los que se cita Joe (Charlotte Gainsbourg), a saber como los convenció von Trier, han protagonizado una de las escenas más originales del cine convencional con penes como protagonistas. Me encanta el detalle de ver los golpes que dan los penes mientras ella observa semejantes tamaños.
- American Pie: El reencuentro, John Hurwith y Hayden Schlossberg 2012.
El chiste que se repite. No hace mucho que se ha puesto de moda en hollywood traer de nuevo personajes que en algún momento han sido icónicos aunque sus actores ya habían pasado página. Los chicos de American Pie dejaron de lado las juergas a partir de la tercera parte y empezaron a sacar secuelas más cutres directas a al video-club.
Jason Biggs había sido marcado por el personaje de Jim, ni si quiera eso, era conocido solamente por ser «el follatartas», chiste que se ha intentado repetir en todas las películas y solo se superó en la segunda parte cuando pega las manos a una cinta VHS y a su pene.
Hace unos años decidieron hacer un reencuentro con todo el reparto original (creo que no falla nadie) y puestos a intentar superar el chiste tonto de la saga ya se opto por chafarle el pene con una tapa transparente. No pasará a la historia, pero no deja de ser curioso que en una saga de 7 películas sobre chistes de sexo estúpidos donde hay alguna escena de desnudo haya sido en la última en la que se muestre una polla.
- The canyons, Paul Schrader 2013. Sacársela sin merito.
El nombre de Lindsay Lohan sonó fuerte para protagonizar el biopic de Linda Lovelace y la película ‘Garganta profunda‘ (Gerard Damiano, 1972), incluso creo que comenzó el rodaje, pero por petarda, no hace falta entrar más detalles, fue sustituida por la actriz Amanda Seyfried.
La espinita quedó clavada y la ex-niña Disney ha protagonizado y producido un drama oscuro sobre hollywood y su gente. No vamos a engañaros, es un coñazo. En la película además de sus tetas, podemos ver el pene de James Deen, que no James Dean, no os emocionéis. Deen, el actor porno al que si, por supuesto ha enseñado el pene miles de veces, y aquí lo muestra de forma flacida y poco rato en una escena sexual que pretende pasar a la historia, pero que con lo que ha habido estos años, es una escena muy floja.
- Under Skin, Jonathan Glazer 2013.
No apta para mentes débiles. Otra que sufrió hace años una filtración de fotografías de desnudo a manos de un hacker fue Scarlett Johansson. Acomplejada con su cuerpo es una de las pocas actrices que no ha enseñado ni los pechos, pero en ‘Under Skin‘ sale completamente desnuda y varias veces.
Se lo que estáis pensando, ¿cómo en la única película que enseña un desnudo completo de Scarlett Johansson puede llamar la atención la aparición de un pene?. No hago trampas y no he ido a lo fácil. De verdad, una vez ves un par de penes erectos en situaciones inquietantes al rededor de la mueva musa de Woody Allen, que ella salga desnuda no tiene importancia.
Penes erectos de frikis, cada friki que sale es peor que el anterior. Película recomendada si tu mente está preparada, si no es así seguramente no va a gustarte. Rara de cojones, pero a mi me encantó.
I Want your love, Travis Mathews 2012.
Normalizando a los desviados. ¿Recordáis aquella película francesa de dos chicas que se enamoran y tienen sexo explicito que roza la ligera línea que separa el cine del porno? Claro que si, a todos nos gustó ‘La Vida de Adele‘. Lo destacable de la película es la forma de normalizar para un público convencional, ya no solo escenas de sexo explícito, si no de carácter homosexual. Esta película podría hacer lo mismo pero con hombres. Eso si, si eres el clásico hombre hetero seguro que te va a poner muy incómodo, pero con más razón deberías verla, abre tu mente muchacho.
- Extra ¿Qué películas deberían tener penes?
En general cualquiera que tuviera una escena de sexo, penes y chochos, pero eso es muy fácil de decir. Tarzán, alguna versión quizás más realista, no dirigida por Christopher Nolan, que entonces no solo no se le escaparía por el taparrabos si no que se inventaría algo para que terminará con traje y corbata. ‘About Cherry’ (Stephen Elliot, 2012) penes y también más desnudos en general, y un buen guión ya puestos. En ‘Sexo en Nueva York’, ‘¿Hacemos una porno?’ de Kevin Smith, y en la anteriormente nombrada ‘Lovelace’.








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