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Cinco científicos …


Científicos que publican un estudio cada cinco días: ¿son realmente sus  autores?

– Cinco científicos que tuvieron una muerte violenta

Muy Interesante(M.A.Sabadell)/Psicología y Mente(S.R.Comas) — La historia de la ciencia está marcada no solo por descubrimientos fascinantes, sino también por tragedias que, en ocasiones, han alcanzado a algunas de las mentes más brillantes. Sus historias revelan la fragilidad de la existencia humana y los peligros que a veces acompañan la búsqueda incansable del saber.

De todos es conocida la muerte de Arquímedes a manos de un soldado romano mientras el sabio hacía sus cálculos en la arena. Cuenta la historia que el soldado le ordenó que fuera a reunirse con el general romano que había tomado la ciudad, pero él se negó diciendo que tenía que terminar de trabajar en el problema: “no estropeéis mis círculos”, le espetó. El soldado, en respuesta, le mató.

Pero no es éste el único caso de muerte violenta en la ciencia. Veamos a continuación cinco de los más llamativos.

– Évariste Galois (1811 – 1832)

  • Muerto en duelo (20 años)
Galois a los 15 años
Galois a los 15 años.

Fue un matemático francés cuyas contribuciones han tenido un impacto significativo en el desarrollo de la teoría de grupos, la teoría de números y la teoría de campos.

En particular, su trabajo pionero en la teoría de grupos (fue el primero en introducir ese término en un contexto matemático) puso las bases para una teoría que hoy es central en muchas ramas de las matemáticas y tiene aplicaciones en física, química y ciencias de la computación.

Aunque sabemos que murió en un duelo, las razones permanecen ocultas.

Sabemos que en 1832 estaba enamorado de una tal Stéphanie D., y que ella le habría pedido romper el 14 de mayo.

Los motivos del duelo no están nada claros, pero nos da una pista Gabriel Demante, el primo de Galois: “[Galois] se encontró ante un supuesto tío y un supuesto prometido de Stéphanie, y los dos provocaron el duelo».

Y añadió que el propio Galois le dijo: «Soy víctima de una coqueta infame y sus dos engañados». La noche anterior al mismo escribió a sus amigos: “Me han desafiado dos patriotas; no he podido negarme”.

Las pocas horas que le quedaban hasta el amanecer las dedicó a poner por escrito sus ideas matemáticas, y en la madrugada del 30 de mayo de 1832, cerca del estanque Glacière en París, Galois se enfrentó en un duelo a pistola.

Recibió un balazo que le perforó los intestinos y quedó tirado en el campo hasta que un campesino que pasaba por allí lo recogió y lo llevó al Hospital Cochin. Galois murió de una peritonitis a la mañana siguiente. Dicen que sus últimas palabras fueron para su hermano Alfred: “¡No llores! Necesito todo mi coraje para morir a los veinte años”. El 2 de junio fue enterrado en una de las fosas comunes del cementerio de Montparnasse.

– Henry Moseley (1887 – 1915)

  • Muerto en combate (27 años)
Henry Moseley en 1914
Henry Moseley en 1914.

Henry Gwyn Jeffreys Moseley fue un físico inglés cuyo nombre va a estar ligado para siempre a la ley que lleva su nombre y es el fundamento de porqué la tabla periódica se ordena como lo hace y establece que las propiedades físicas y químicas de los elementos químicos tienden a repetirse de forma sistemática conforme aumenta el número atómico.

Esta ley hizo avanzar la física atómica y nuclear al proporcionar la primera prueba experimental en favor del modelo atómico de Bohr.

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, Moseley dejó atrás su trabajo de investigación en la Universidad de Oxford para presentarse como voluntario en los Ingenieros Reales.

Su familia y amigos intentaron persuadirlo para que no lo hiciera, pero él estaba convencido de que era su deber.

Moseley fue asignado como oficial técnico en comunicaciones y en abril de 1915 fue enviado a Gallipoli (en Turquía). El 10 de agosto de 1915 cayó abatido por el disparo de un francotirador.

En palabras del Premio Nobel de Física Robert Millikan, “si la guerra europea no hubiera tenido otro resultado que la extinción de esta joven vida, eso por sí solo lo convertiría en uno de los crímenes más espantosos e irreparables de la historia».

– Hipatia (c. 370 – 415)

  • Desollada y desmembrada (45 años)
Hipatia
Hipatia.

Hipatia fue una destacada filósofa, astrónoma y matemática neoplatónica que vivió en Alejandría. 

Es la primera matemática cuya vida está razonablemente bien documentada (aunque podría perder ese título si algún día se confirma que Pandrosion de Alejandría fue, en realidad, una mujer).

Sus contribuciones incluyen un comentario sobre los trece volúmenes de la Arithmetica de Diofanto, un comentario (hoy perdido) sobre el tratado de Apolonio de Pérgamo sobre secciones cónicas, y revisó y actualizó las tablas astronómicas de Claudio Ptolomeo.

Hacia el final de su vida, Hypatia se vio envuelta en un conflicto entre Orestes, el prefecto romano de la ciudad, y Cirilo, el Patriarca de Alejandría.

Corría el rumor de que era la culpable de que no se reconciliaran.

Y en marzo de 415, en tiempo de cuaresma, una turba cristiana azuzada por un lector llamado Pedro (el cargo de lector en la Iglesia Católica se instituyó para leer la Biblia en las reuniones litúrgicas, salvo los evangelios), la sacó del carruaje en el que viajaba a su casa. La arrastraron al Cesareum, un templo griego erigido por Cleopatra y reconvertido en iglesia y sede de Cirilo, donde la desnudaron y la asesinaron utilizando conchas o trozos de cerámica: el óstraco.

También le arrancaron los ojos, la desmembraron y arrastraron sus restos por toda la ciudad hasta un lugar llamado Cinareo, donde los quemaron.

– Antoine Lavoisier (1743 – 1794)

  • Guillotinado (50 años)
Lavoisier con su mujer
Lavoisier con su mujer, que también fue una gran química por derecho propio.

Antoine-Laurent de Lavoisier fue un químico francés cuyo trabajo es central al desarrollo de la química como ciencia; fue su trabajo el que convirtió la química en una ciencia cuantitativa.

Su fama le viene por descubrir el papel que juega el oxígeno en la combustión.

De hecho, es el descubridor del oxígeno.

También ayudó a definir el sistema métrico, escribió la primera lista extensa de elementos y ayudó a reformar la nomenclatura química.

Predijo la existencia del silicio y descubrió la ley de conservación de l amasa en las reacciones químicas.

Con el estallido de la Revolución Francesa Lavoisier tenía los días contados porque había sido administrador de la Ferme générale, la compañía dedicada a recaudar los impuestos del reino y una de las organizaciones más odiadas de Francia.

El 24 de noviembre de 1793 se ordenó el arresto de todos los antiguos miembros de la Ferme.

Y Lavoisier estaba entre ellos.

Se les acusó de defraudar al Estado y de añadir agua al tabaco antes de venderlo. Lavoisier redactó su defensa, refutando las acusaciones financieras y recordando al tribunal cómo había mantenido una alta calidad constante del tabaco.

El tribunal, sin embargo, falló en su contra con la idea de que al confiscar los bienes de los condenados se recuperarían grandes sumas de dinero para el Estado). Fue guillotinado en París el 8 de mayo de 1794, junto con otros 27 acusados.

Un año y medio después de su ejecución, Lavoisier fue completamente exonerado por el gobierno francés y sus pertenencias devueltas a su viuda mediante una lacónica nota manuscrita: «A la viuda de Lavoisier, que fue falsamente condenado».

– Lev Vasilyevich Shubnikov (1901 – 1937)

  • Fusilado (36 años)
Lev Vasilyevich Shubnikov
Lev Vasilyevich Shubnikov.

Fue un destacado físico experimental ruso, especialista en el campo de la física de bajas temperaturas: codescubridor del llamado efecto Shubnikov-de Haas (una oscilación en la conductividad de un material que ocurre a bajas temperaturas en presencia de campos magnéticos muy intensos), cuya importancia para la física de la materia condensada no fue puesta de manifiesto hasta años más tarde. Es también el descubridor del antiferromagnetismo y el paramagnetismo del hidrógeno en estado sólido, y fue uno de los primeros en estudiar el helio líquido.

Stalin, responsable de la Gran Purga de 1937
Stalin, responsable de la Gran Purga de 1937.

Durante la época de Stalin, en el apogeo de la Gran Purga durante 1937, el NKVD (el Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos de la Unión Soviética) lanzó el llamado Asunto del Instituto Ucraniano de Física y Tecnología en lo que acusó falsamente a diversos científicos de este Instituto.

Shubnikov fue detenido el 5 de agosto. El 15 de octubre el fiscal regional firmó las acusaciones contra L.V. Shubnikov y otros dos compañeros, L.V. Rozenkevich y V.S. Gorsky, donde proponía que fueran clasificadas de categoría 1, lo que significaba ejecución sumarísima.

El Comisario del Interior del Pueblo y el Fiscal de la URSS tomaron la decisión de fusilarlos el 28 de octubre: Shubnikov recibió el disparo fatal el 10 de noviembre. No se sabe ni dónde fue ejecutado ni qué pasó con su cuerpo.

– Los 5 científicos más malvados de la historia

Alo largo de la historia moderna algunos científicos han cruzado la línea de la moralidad (unos solo un poco y otros la han perdido de vista) con la excusa de la investigación científica. ¿Realmente el fin justifica los medios?

– Harry Frederick Harlow

Harry Frederick Harlow
Harry Frederick Harlow. Foto: Wikipedia

En los años 70 utilizó bebés de macacos rhesus para provocarles depresión clínica.

Durante 6 semanas dejó a los bebés rhesus en una jaula vertical de paredes resbaladizas, bautizada por el propio Harlow como el “agujero de la desesperación”.

Un nombre absolutamente merecido pues a los pocos días los pobres macaquitos se acurrucaban quietos en una esquina.

Al ser liberados mostraban inadaptación social y un comportamiento violento; la mayoría no se recuperaban jamás.

Estudios de este estilo se realizaron con profusión entre los 1940 y 1960, sobre todo en uno de los centros de investigación con primates más importantes del mundo, el Yerkes National Primate Research Center de Atlanta (EEUU).

La crueldad de sus estudios de privación es palmaria.

Por ejemplo, se mantenía durante casi tres años a chimpancés recién nacidos en un ambiente de total oscuridad mientras que a otros se les colocaba fundas en pies y manos para impedir su manejo durante dos años.

Harlow y los científicos de Yerkes también realizaron experimentos de privación maternal donde sustituían a la madre por diabólicos dispositivos: cuando el bebé se garraba a lo que creía que era su madre, la «sustituta» se enfriaba, o aparecían púas por su «piel» o empezaba a mecerse con tal fuerza que los bebés chimpancés salían despedidos.

¿Realmente fue necesaria tanta crueldad para demostrar lo evidente, que si a un animal social se le priva de compañía aparecen comportamientos patológicos?

– Wendell Johnson

Universidad de Iowa
Universidad de Iowa, donde se realizó el Estudio Monstruo.

En enero de 1939 este psicólogo norteamericano comenzó un infame experimento con 22 huérfanos de entre 5 y 15 años en Davenport, Iowa.

Nadie informó a los chicos del Hogar para Huérfanos de Soldados de Iowa de lo que Johnson y su estudiante de doctorado Mary Tudor iban a hacer: convertirlos en tartamudos.

Para ello los dividieron en dos grupos: uno era el de control, al que Tudor dio unas sesiones de terapia positiva, alabando su forma de hablar; a los del otro grupo se le criticaba cada pequeña imperfección de su habla, espetándoles que eran unos tartamudos incorregibles.

De este modo Johnson pretendía probar su hipótesis del origen de la tartamudez: “está en el oído de los padres y no en la boca del niño”. Bautizado como el “estudio monstruo”, no produjo los resultados esperados y lo único que quedó de aquel experimento fue la tesis doctoral de Mary Tudor y los efectos psicológicos negativos creados gratuitamente en un grupo de chavales.

Johnson jamás se tomó la molestia de deshacer los problemas psicológicos que les había creado. Un ejemplo del si te he visto no me acuerdo.

– John C. Cutler

El infame experimento de Tuskegee
El infame experimento de Tuskegee.

En 1932 la sección de enfermedades venéreas del Servicio Público de Salud estadounidense creó un grupo de estudio cuyo objetivo era monitorizar a un grupo de afroamericanos con sífilis no medicada durante 9 meses máximo.

Y lo que iba a ser un estudio a corto plazo se convirtió en el más largo de la historia clínica: 40 años.

Los investigadores reclutaron a 600 aparceros afroamericanos del condado de Acon, en Alabama, de los cuales 399 habían contraído la sífilis.

Los médicos, entre los que se encontraba Cutler, les informaron que iban a ser tratados de “mala sangre” de forma gratuita y que, además, se les iba a proporcionar comida los días que fueran examinados en el hospital del Instituto Tuskegee, que educaba a los jóvenes afroamericanos.

También se les dijo que si morían el gobierno correría con los gastos del entierro, siempre y cuando aceptaran que les hicieran una autopsia. No es de extrañar que en las condiciones de extrema pobreza en que vivían estos hombres aceptaran sin pestañear.

La realidad, de la cual nunca les informaron, es que les iban a dejar morir de sífilis para entender la evolución en todas sus fases de la enfermedad entre los afroamericanos.

Pero la falta absoluta de empatía de Cutler no se detuvo aquí. Entre 1946 y 1948, bajo su dirección y en colaboración con altos cargos gutemaltecos, se infectó deliberadamente de sífilis a 1500 personas entre soldados, reclusos y pacientes de los psiquiátricos de este país centroamericano.

Para ello usaron prostitutas ya contagiadas e inyecciones directas del patógeno. El estudio contaba con la aprobación del Consejero Nacional de Sanidad del gobierno estadounidense. Si en el caso de Tuskegee los médicos no tuvieron conciencia de estar realizando algo moralmente reprobable, aquí los médicos implicados sí eran conscientes de ello, pues lo mantuvieron en secreto y jamás publicaron los resultados.

– Josef Mengele

Josef Mengele
Josef Mengele (en el centro).

El uso de cobayas humanos en todo tipo de crueles experimentos no fue patrimonio exclusivo de los médicos nazis durante la II Guerra Mundial.

Los soviéticos estuvieron haciendo lo propio en su Kamera desde 1921, una instalación de los servicios secretos soviéticos destinada a probar diferentes compuestos venenosos puntualmente administrados a los prisioneros de los Gulag.

Por supuesto, su objetivo era la guerra química y bacteriológica y no la locura pseudogenética de Josef Mengele, el ángel de la muerte de Auschwitz, y su obsesión por demostrar genéticamente la supremacía de la “raza” aria.

Experimentó con gemelos, a los que sometió a torturas como querer cambiarles el color de los ojos inyectándoles distintos reactivos químicos o coserlos para crear siameses.

Los científicos nazis usaron prisioneros judíos para comprobar los límites de la resistencia humana: los introducían en tanques de agua helada durante tres horas, los encerraban en cámaras de baja presión para simular condiciones de gran altitud, sufrían vivisecciones y trasplantes de huesos sin anestesia.

El 9 de diciembre de 1946 se celebró en Nuremberg el “Juicio de los Médicos”, donde se juzgó a 31 criminales de guerra nazis por experimentar con humanos. Fueron condenados a muerte 22 de ellos.

– Shiro Ishii

Shiro Ishii
Shiro Ishii.

Ishii fue director del programa de armas biológicas japonés desde 1930.

En 1936 se creó el Departamento de Prevención de Epidemias y Purificación de Agua, que sería más conocido como Unidad 731.

Se estima que entre 1936 y 1942 de 3 000 a 12 000 hombres, mujeres y niños fueron mutilados, torturados y asesinados en pos de la investigación biomédica.

La barbarie alcanzó cotas inconcebibles: expusieron a los prisioneros a gas venenoso, les administraban descargas eléctricas para observar qué le sucedía al cuerpo, amputaban las extremidades para estudiar la pérdida de sangre, les quitaban parte del cerebro, los pulmones, el hígado, el estómago o unían el esófago directamente con los intestinos para estudiar cómo evolucionaban.

Entre toda esta muestra de salvajadas resaltan las vivisecciones, que en la mayoría de las ocasiones se hacían sin anestesia. Incluso experimentaron con niños.

Una de estas operaciones consistió en viviseccionar dos niñas adolescentes para quitarles el hígado, los riñones y el útero mientras estaban vivas. Solo cuando les sacó el corazón murieron.

Según se confesaron algunos médicos japoneses, estos actos se hacían para mejorar sus conocimientos de anatomía.

Las atrocidades cometidas por los miembros de la Unidad 731 superaban con mucho a las de Mengele y sus adláteres, pero no se juzgó a ninguno de ellos. Shiro Ishii fue detenido por los norteamericanos y no tardó en negociar su inmunidad y la de su equipo a cambio de los archivos de sus investigaciones.

El trato con el carnicero se cerró en 1948 y gracias a la protección del gobierno norteamericano vivió tranquilamente hasta 1959.

– 5 parejas de científicos (e intelectuales) que trabajaron juntos

La lista de nombres de científicos e intelectuales que han conseguido grandes logros es interminable. Sin embargo, a menudo se enumeran estos personajes de forma individual, cuando lo cierto es que muchos de ellos trabajaron codo con codo con sus parejas y formaron un auténtico equipo.

Muchas de las parejas sentimentales de la historia han estado unidas por un interés mutuo en algún campo intelectual o científico. En tantísimas ocasiones, ha sido precisamente esta afición compartida la que ha contribuido a la solidez de su relación, a pesar de que, como en cualquier pareja, a veces pudo haber altibajos. No te pierdas la siguiente lista, que recoge algunas de estas parejas, muchas de ellas casi desconocidas.

1. Monsieur y Madame Roland

Jean-Marie Roland de la Platière y su esposa, Marie-Jeanne Philipon (más conocida como Madame Roland) formaron uno de los dúos más famosos y consistentes de la intelectualidad revolucionaria. Ambos habían sido educados en un ambiente ilustrado, característico del siglo XVIII, y compartían ideales republicanos que les hicieron alegrarse con el estallido de la Revolución Francesa.

La inteligencia de Marie-Jeanne, “Manon” para sus allegados, era legendaria. La mujer poseía un talento innato para la filosofía y para la pluma; no en vano, ayudaba a su marido, que poseía un cargo político, a redactar sus discursos y sus informes, los corregía y los pasaba a limpio. En su casa de París, el Hôtel Britannique, el matrimonio recibía a los grandes intelectuales del momento.

A pesar de su inicial apoyo a la Revolución, los Roland pronto se dieron cuenta de que los acontecimientos tomaban un cariz sangriento que no les gustaba en absoluto. El apoyo que brindaron a la facción moderada de la Convención, los girondinos, firmó su sentencia de muerte. Jean-Marie Roland huyó de París para salvar el cuello, pero a su esposa no le dio tiempo. Manon murió en la guillotina en noviembre de 1793; consternado por el dolor, su marido se suicidó días más tarde, cuando se enteró de la noticia.

Monsieur y Madame Roland

2. Marie-Anne y Antoine Lavoisier

No nos alejamos de la Francia revolucionaria para conocer a nuestra segunda pareja de intelectuales; es esta ocasión, en concreto, de químicos. Y es que los Lavoisier formaron un sólido tándem que dedicó gran parte de su tiempo y sus esfuerzos al estudio de la química.

Marie-Anne Pierrette Paulze tenía apenas catorce años cuando se la instó a casarse con un hombre que le triplicaba la edad. Por fortuna, el padre de la muchacha, escandalizado, intercedió para encontrarle otro pretendiente más acorde, y finalmente la comprometió con un colega suyo, Antoine Lavoisier, abogado y químico de prestigio. En realidad, la diferencia de edad con Antonie también era considerable (él tenía veintiocho años, catorce más que la joven) pero el padre de Marie-Anne intuyó que compartían carácter y gustos y que la unión podía ser exitosa.

Y así fue. Marie-Anne, curiosa e inteligente, se interesó desde el principio por las investigaciones de su marido, y pronto se unió a él en el laboratorio para ayudarle en su tarea. Madame Lavoisier no sólo tomaba notas exhaustivas de las observaciones de Antoine, sino que, como era una excelente dibujante, se encargaba de realizar los esquemas y los dibujos necesarios para ilustrar las investigaciones. Ávida de conocimiento, aprendió rápido, hasta el punto de que se la conoce como “la madre de la química moderna”.

Por desgracia, la Revolución llegó para truncarlo todo. Acusado de traición, Antoine Lavoisier fue ejecutado en 1794, a pesar de que su esposa movió cielo y tierra para salvarlo. Ella misma fue encarcelada, aunque logró burlar a la muerte con el fin del Terror. Y, aunque volvió a casarse con otro científico, este nunca la dejó colaborar en su trabajo. Ella acabó divorciándose de su segundo marido y siempre mantuvo el apellido Lavoisier.

Marie-Anne y Antoine Lavoisier

3. Olivia Langdon y Mark Twain

Para muchos críticos, sin su esposa Olivia, Mark Twain nunca habría sido Mark Twain. Y es que el escritor estuvo siempre asistido por su incombustible mujer, que le asesoraba en materia de escritura, le daba consejos y se convirtió en su editora.

Ambos se conocieron a través del hermano de Twain, y juntos fueron a una lectura de Charles Dickens. Mark Twain (en aquella época todavía Samuel Clemens, su verdadero nombre) quedó absolutamente prendado de la belleza lánguida de Olivia, ese tipo de belleza mortecina que tanto estimaban los artistas del XIX. El cortejo fue arduo; hasta cuatro veces rechazó ella sus ofertas de matrimonio. Finalmente claudicó, y ambos se casaron en 1870.

Además de ser un apoyo incondicional para Twain, Olivia era también escritora y una ferviente abolicionista. Constantemente enferma, su salud fue decayendo estrepitosamente en las últimas décadas de su vida, a lo que no ayudó en nada la muerte prematura de su hija Susy con sólo veinticuatro años. Falleció en 1904, y su marido, roto por la pérdida, la siguió en 1910.

Olivia Langdon y Mark Twain

4. Robert y Sonia Delaunay

Los nombres de Robert y Sonia Delaunay están íntimamente ligados a la bohemia parisina de principios del siglo XX. Y es constituyen dos de los mayores pintores de las primeras décadas del siglo, que trabajaron codo con codo y de forma concienzuda en el estudio del color y su capacidad expresiva en el mundo del arte.

Cuando se conocieron, Sonia (ucraniana de nacimiento) estaba casada con Wilhelm Uhde, a quien se había unido puramente por conveniencia, para evitar que la deportaran de nuevo a Rusia. Pero la atracción que sintieron los dos artistas fue tan intensa que, en 1910, la joven se divorció de Uhde para casarse con Robert, del que ya nunca se separaría.

Juntos trabajarían incansablemente hasta su muerte, experimentando con la yuxtaposición del color y con todas las posibilidades que la creación artística deparaba; Sonia se atrevió incluso, con enorme éxito, con el diseño publicitario y de objetos. Se trata, sin duda, de una de las parejas más carismáticas de la historia del arte.

Robert y Sonia Delaunay

5. Marie y Pierre Curie

Sin duda, es una de las parejas más famosas de la historia de la ciencia. Y es que parece prácticamente imposible desvincular a Marie de Pierre Curie, su esposo, compañero y colega en sus investigaciones científicas.

De verdadero nombre Maria Sklodowska, Marie Curie era una joven muy interesada en la ciencia que emigró desde su Polonia natal al París de finales del siglo XIX para ampliar sus conocimientos. En una época en que eran muy raras las mujeres universitarias, Marie se licenció por la Sorbona en 1893 y se doctoró una década más tarde.

En París conoció al físico Pierre Curie, profesor de la Sorbona, con el que se casó en 1895 y con el que inició una estrecha colaboración científica, fruto de la cual descubrieron, en 1898, dos elementos nuevos: el radio y el polonio. En 1903, los esposos fueron galardonados con el Premio Nobel de Física, galardón que repetiría Marie, de química en este caso y en solitario, en 1911.

Tras el fallecimiento de Pierre, su esposa ocupó su plaza de profesor en la Sorbona, lo que la convirtió en la primera mujer de Francia en ostentar un cargo semejante.

Marie y Pierre Curie

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