actualidad, opinion, variedades.

Cómo los caballos salvajes provocaron una guerra cultural en Australia …


blog.terránea.es/eldebate.com — Los caballos salvajes de Australia, descendientes de los corceles de los primeros colonos, deambulan por las cordilleras más altas del continente, los Alpes australianos. 

Sinónimo de los ganaderos de antaño que hacían restallar látigos, se celebran en la poesía y en los billetes. 

Entonces, cuando el estado de Nueva Gales del Sur sacrificó algunos brumbies en 2022, provocó tal indignación que los guarda parques fueron amenazados con bombas incendiarias.

Se está produciendo un sacrificio mucho mayor. El número de brumbies en el “país alto”, que se extiende por tres estados y territorios del sudeste, ha aumentado un 15% al ​​año. 

Cuando se habla de caballos salvajes a todos nos vienen a la cabeza las extensas praderas norteamericanas donde viven los Mustang, pero lo cierto es que si hay un lugar en el mundo que destaca por su gran población de cimarrones ese es Australia. Allí los caballos salvajes son tan numerosos y fáciles de observar que familiarmente se les conoce como Brumbies.

Cualquier región cuenta, incluso los parques nacionales, con su propia población de Brumbies, en algunos casos convirtiéndose en un auténtico problema dado su gran número, pero si tenemos que hablar de unos hábitats preferidos para estos caballos cimarrones estos estarían en los territorios próximos a los llamados Alpes Australianos (sureste) y en los territorios del norte.

Los expertos afirman que los Brumbies descienden de aquellos caballos que llevaron hasta Australia los colonos europeos y de otros países, como fueron los “capers” sudafricanos o los ponis que llegaron desde Timor, sin olvidarnos de que hasta Oceanía también llegaron caballos pura sangre, árabes, de tiro, etc, que una vez escapados o abandonados por sus propietarios se asilvestraron dejando su seña genética en los actuales Brumbies.

La primera vez que se utilizó el vocablo “brumby” para denominar a los caballos salvajes australianos fue en la revista Australasian en 1880, pero su aceptación definitiva vino cuando el poeta Banjo Peterson publicó su poema Brumby´s Run en 1894. En aquel momento se mencionó como origen del vocablo a los caballos abandonados por el sargento James Brumby, aunque otros expertos defienden que el origen de “brumby” está en la palabra aborigen “baroomby” que significa salvaje.

En un país “equino” como Australia llama la atención que los primeros caballos llegaran en 1788 para ser utilizados por los colonos como animales de trabajo, porque desde un punto de vista más lúdico hasta 1810 no comenzaron a celebrarse carreras de caballos. En 1820 la cabaña caballar del país apenas alcanzaba las 3.500 cabezas, aunque tan sólo treinta años después el número de ejemplares contabilizados ya ascendía a 160.000.

En el siglo XIX se produjo la colonización de los territorios del interior de Australia y la marcha hacia el norte, lo que provocó que los colonos cruzaran las Montañas Azules acompañados de un buen montón de caballos que fueron utilizados en tareas agrícolas y para guiar los crecientes rebaños de vacas y ovejas. Tras la Primera Guerra Mundial la demanda de caballos para el ejército australiano decayó, una circunstancia que provocó que muchos ganaderos y criadores decidieran permitir que sus animales escaparan uniéndose a los caballos salvajes ya existentes y dando lugar a las primeras manadas de cimarrones.

Lógicamente, estos grupos han ido creciendo con el tiempo hasta alcanzar la cifra de 400.000 ejemplares, un número que en años de lluvias se incrementa en al menos un 20% y que, por el contrario, decae en largos periodos de sequía cuando los incendios y la falta de agua y alimento acaban con la vida de muchos caballos salvajes.

El problema es que es precisamente es en esos periodos de carencia cuando la alta población de caballos salvajes incide negativamente sobre la vegetación y sobre la supervivencia del resto de herbívoros autóctonos, convirtiéndose con ello en una amenaza para los frágiles ecosistemas australianos y para el medioambiente. De ahí que las autoridades hayan decidido ejercer un mayor control sobre las poblaciones de “Brumbies” con el objetivo de impedir su expansión.

Por otro lado hay regiones donde los cimarrones son capturados y domados para su utilización en actividades ecuestres, dada su dureza y su perfecta adaptación al terreno y al clima australiano, y en otras los “caballitos” se han convertido en una de las atracciones turísticas.

Finalmente, en la costa sur los “Brumbies” son conocidos como Ponis Pangaré, dado que en su coloración se detecta el raro gen “pangaré” que hace que el pelaje de ciertas partes del cuerpo, como hocico, patas, costados y vientre, tenga una tonalidad harinosa, color que puede llegar a contrastar con melenas y colas rubias.

Además, en 1996 el equipo de rugby de la capital australiana  -Canberra-, los ACT Brumbies, decidieron adoptar a los caballos salvajes como emblema, convirtiéndose con ello en defensores de unos animales que, en opinión de muchos ciudadanos, mejor reflejan el carácter pionero, aventurero y libre de los australianos.

En 2000 se autorizaron brevemente los disparos aéreos desde helicópteros, y en tres días mataron a más de 600 caballos silvestres. 

Pero la práctica generó un fuerte rechazo que llevó a su prohibición.

Los adversarios de la matanza dicen que los caballos son parte de la identidad nacional australiana y un recordatorio nostálgico de los días en que ganaderos duros trabajaban en las montañas nevadas del país.

Un caballo en medio de una protesta que pide que se dejen de matar los ‘brumbies’

Algunos ambientalistas afirman que los brumbies destruyen las plantas nativas, las cuales comen y pisotean, además de aumentar la erosión del suelo, contaminar las fuentes de agua y competir con especies nativas por alimento y refugio.

«Los ecosistemas complejos y únicos de los Alpes Australianos han sido pisoteados por mucho tiempo», aseveró Jacqui Mumford, jefe del ambientalista Nature Conservation Council.

Dijo que la actividad de los brumbies dañó «al menos a 25 especies amenazadas de plantas alpinas y 14 especies amenazadas de fauna alpina, incluida la icónica rana corroboree, la rata de molares anchos y las raras orquídeas alpinas».

Además de disparar a los caballos desde helicópteros, también se utilizarán otros métodos como disparos desde tierra, el uso de trampas o el traslado de los equinos invasores a otros lugares de la región, entre otros.

La última vez que el gobierno de Nueva Gales del Sur usó francotiradores para sacrificar caballos salvajes fue en octubre del 2000, cuando se eliminaron 606 caballos, mientras que otras jurisdicciones usan este método con distinta frecuencia para matar a estos equinos, así como camellos, búfalos o burros, entre otros.

nuestras charlas nocturnas.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.