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Retorciendo palabras: los crucigramas más endemoniados de la historia …


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Puzle crucigrama con dama de abrigo negro. Lienzo de Paulina Olowska.

El 5 de noviembre de 1996, el periódico The New York Times publicó en su página de pasatiempos lo que parecía un crucigrama imposible. O mejor dicho, lo que solo podría ser un crucigrama imposible. Y no por difícil y retorcido, sino por ser tan atrevido como para contener entre sus acertijos uno que predecía el futuro. Uno cuya solución dependía de un hecho que todavía no había ocurrido, y que no se corroboraría hasta el día siguiente.

Se trataba de la pista ubicada en la treinta y nueve horizontal, aquella que invitaba a rellenar la fila con la «Noticia de portada del periódico de mañana». Hay que señalar un detalle importantísimo en todo esto: aquel cinco de noviembre de 1996 se celebraban las elecciones presidenciales en Estados unidos, una votación que enfrentaba a Bill Clinton con Bob Dole.

Y las encuestas previas no tenían nada claro cuál de los dos acabaría sentando el culo en el Despacho oval, porque nadie sabía con certeza quién iba a ganar. La noticia de portada del día siguiente era, por tanto, algo incierto. Excepto para el crucigrama de The New York Times, el pasatiempo que sí contenía la respuesta a lo que iba ocurrir. Ganase quien ganase.

El truco era estupendo, porque el secreto detrás de la profética treinta y nueve horizontal era que dicha pista contenía dos posibles soluciones: en aquellos recuadros encajaba tanto la frase «Clinton elected» («Clinton elegido») como la sentencia «Bob Dole elected» («Bob Dole elegido»). Y las palabras horizontales con las que dichas afirmaciones compartían letras también eran hijas de adivinanzas con soluciones dobles, para amoldarse al resultado y que nada rechinase.

Por ejemplo: la pista treinta nueve en vertical, rezaba «Animal típico de Halloween» y su solución podía ser tanto «bat» («murciélago») como «cat» («gato»), dependiendo de si la treinta y nueve horizontal requería de una «b» para comenzar a deletrear «Bob Dole», o de una «c» para hacer lo propio con «Clinton». Aquel ingenioso crucigrama había sido ensamblado por Jeremiah Farrell, un profesor de matemáticas de Indiana que se había especializado en construir puzzles para las páginas de los diarios.

El editor de la sección de rompecabezas de The New York TimesWill Shortz, un erudito de las palabras cruzadas que logró licenciarse en la universidad con un título en el ficticio terreno de la enigmatología, sentenció que aquella creación de Farrell era su crucigrama favorito de todos los tiempos. Otros etiquetaron el puzle como un crucigrama de Schrödinger, por todo eso de ser dos cosas al mismo tiempo y, gracias a tantas alabanzas, la criatura de Farrell se convirtió en el acertijo más famoso de la historia del periódico. Para muchos, aquel era el mejor crucigrama del mundo.

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El famosísimo crucigrama cuántico de The New York Times.

Entretanto, otros eruditos aficionados a retorcerse el cerebro encajando palabras reconocieron el mérito del desafío del cinco de noviembre del noventa y seis. Pero no tardaron en apuntar que habían visto cosas bastante más locas en el terreno de los crucigramas. Y tenían razón.

  • Retorciendo palabras

Es necesario realizar un apunte previo: este artículo va a centrarse exclusivamente en los recovecos de los crucigramas en lengua inglesa. Y es que este tipo de puzles literatos poseen una muy interesante tradición en el idioma anglosajón, una que se divide a su vez en dos vertientes: la norteamericana y la británica. Ramas diferenciadas, pero en ambos casos poseedoras de un curioso abolengo y ocurrencias simpáticas.

Aunque la razón principal por la que el presente texto va a enfocarse en los divertimentos escritos en inglés es algo más sencilla: este redactor reconoce que es un completo ignorante de las bondades del crucigrama en castellano. Por un lado, porque no parece estar tan documentado como en sus encarnaciones en inglés, que suelen ser objeto de adoración.

Y por otra parte, porque la última vez que me enfrenté a un crucigrama patrio en mi idioma había una pista que rezaba «Profesión del hijo de una famosa tonadillera y un conocido torero», y la decepción fue enorme al descubrir que las palabras «minusvalía psíquica» no encajaban bien en los espacios en blanco. Probablemente, en los pasatiempos españoles exista una tradición fabulosa que, desgraciadamente, desconozco por completo.

De hecho, Carlos Castro entrevistó en esta misma casa al muy interesante Jordi Fortuny, autor del crucigrama de La vanguardia desde hace una treintena de años. Con el fin de intentar remendar tanta ignorancia, los comentarios de este artículo están abiertos para que todo aquel que lo considere necesario pueda explayarse ilustrándome un poco más en el asunto. Hemos venido a jugar, pero siempre se aprende algo.

Al hablar de la naturaleza de los crucigramas estadounidenses y británicos el asunto es de lo más llamativo: los norteamericanos prefieren enfrentarse a esos retos con pistas directas y sin florituras, rebuscando mentalmente sinónimos o respuestas inmediatas que se amolden bien a los mosaicos de palabras. En cambio, los británicos están obsesionados con la variante «crucigrama críptico».

Una versión donde las pistas adoptan la forma de acertijos, anagramas, términos homófonos, juegos de palabras, dobles sentidos, charadas, enredos numéricos y muchas otras chifladuras rebuscadísimas. Pero, antes de embadurnarnos contemplando las creativas macedonias con letras, vamos a repasar rápidamente la historia del juguete.

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Izquierda: portada del magazine St. Nicholas (marzo de 1896). Izquierda: uno de los pasatiempos que el St. Nicholas de 1973 contenía en su interior.

Los crucigramas se presentaron en sociedad de manera bastante tímida allá por el siglo diecinueve. En Norteamérica lo hicieron adoptando la forma de puzles sencillos con silueta de diamante, y a bordo de una revista de matarratos para infantes y jóvenes llamada StNicholas.

Un folletín mensual de presentación lustrosa, al estar repleta de minuciosos dibujos y grabados, que había nacido en 1873 y por cuyas páginas desfilaron relatos de plumas tan eminentes como las de Louisa May Alcott (Mujercitas)Mark Twain (Las aventuras de Tom Sawyer), F. Scott Fitzgerald (El gran Gatsby) o Edna St. Vincent Millay (ganadora de un Pullitzer por el poema Ballad of the harp-weaver).

En ralidad, St. Nicholas no pasó a la historia por inventar el crucigrama ni por popularizarlo, sino por haber publicado a muchos autores de prestigio cuando aún no lo petaban fuerte. El pequeño idilio de la revista con los laberintos de palabras y las definiciones crucigramescas fue poco más que una anécdota curiosa. 

Algo similar ocurrió al otro lado del océano, en tierras italianas. En el número del catorce de septiembre de 1890 de la publicación milanesa Il secolo illustrado della domenica, un periodista llamado Giuseppe Airoldi ensambló un rompecabezas cuadrado, de cuatro casillas de alto por cuatro de largo y sin recuadros en negro. Una cuadrícula a rellenar con las definiciones adjuntas y titulada Parole incrociate. La ocurrencia tampoco cuajó entre los lectores y terminó siendo abandonada en futuras entregas de la revista.

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Izquierda: portada de Il secolo illustrato della domenica del 14 de septiembre de 1890. Derecha: El crucigrama de Giuseppe Airoldi que contenía ese mismo número.
  • USA y el puzle neoyorquino

El primer crucigrama moderno aparecería a finales de 1913 en el New York World y fue confeccionado por el periodista Arthur Wynne. A Wynne, inmigrante inglés, los editores del medio le encomendaron idear algún nuevo tipo de juego para animar la sección Fun del ejemplar dominical. Y el tío concibió un puzle inspirándose en un juguete de su infancia llamado Magic squares que requería ordenar filas de cubos con letras para crear palabras en varias direcciones.

Troquelando el asunto en forma romboide, Wynne inventó el crucigrama de manera más oficial, bautizándolo inicialmente como word-cross. Tiempo después, un ilustrador volteó aquella denominación para convertirla en cross-word, porque así parecía que tenía más tirón.

El caso es que, a diferencia de sus predecesores, el pasatiempo de Wynne tuvo éxito y la prensa de la competencia comenzó a plagiar el modelo. El aspecto de dichos entretenimientos era el que todos tenemos en mente a la hora de imaginar un crucigrama: una rejilla de casillas a rellenar, con algunos recuadros en negro para separar las palabras que allí se encajarían.

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Página de pasatiempos de New york world donde, entre anuncios de bebidas milagrosas y chistes de jirafas, se publicó el primer crucigrama moderno de la historia.

Poco a poco, los acertijos cuadriculados se fueron popularizando hasta convertirse en una obsesión norteamericana y, sobre todo, muy neoyorquina. En la década de los años veinte el entusiasmo por los crucigramas en la Ciudad Que Nunca Duerme estaba generalizado: casi todos los periódicos locales incluían distracciones similares entre sus páginas, y resultaba prácticamente imposible subirse a un transporte público de la urbe en el que la mayoría de sus usuarios no estuvieran peleándose con las cuadrículas de los periódicos.

Al mismo tiempo, en la Biblioteca pública de Nueva york comenzaron a acumular quejas de los estudiantes ante la ausencia de diccionarios y enciclopedias en las estanterías del centro. Ocurrió que, de repente, aquellos libros de consulta, que siempre habían estado a mano, empezaban a escasear al ser secuestrados por los numerosos aficionados a los crucigramas.

La prensa bautizó aquella moda como cross-word mania, las tiras cómicas la utilizaron como objeto para nuevos chistes, y cuando una editorial decidió lanzar el primer libro recopilatorio de crucigramas (que incluía un lápiz de regalo) todo el mundo se tomó la iniciativa a broma… hasta que el volumen se convirtió en un best seller impepinable. En 1925, un artículo en el primer número de The New Yorker  describía la adicción a los crucigramas como una de las características principales del neoyorquino medio.

Entretanto, el periódico The New York Times iba a la contra, protestando contra la cross-word mania como un señor gruñón muy ofendidito con el ocio moderno. En la editorial del diecisiete de noviembre de 1924, dicho diario definía la fiebre por los crucigramas como un «Desperdicio pecaminoso, una búsqueda absolutamente inútil de palabras para encajar letras en un patrón preestablecido más o menos complejo. No es un juego en absoluto. Y sus aficionados no obtienen nada a cambio.

Sólo una forma primitiva de ejercicio mental, cuyos éxitos o fracasos en cada intento son igualmente irrelevantes para el desarrollo intelectual». Unas cuantas semanas más tarde, otro artículo del The New York Times recogía el testimonio de un predicador que calificaba la pasión por los crucigramas como algo propio de «mentes infantiles».

Poco después, el periódico pronosticó que la moda de los crucigramas moriría definitivamente en cuestión de meses. A la altura de 1930, The New York Times se vanagloriaba de ser el único diario local de la época que no había sucumbido a la tentación de imprimir los pérfidos e infantiles rompecabezas entre sus páginas. Pero aquello cambiaría de golpe una década más tarde, por culpa de un montón de bombas japonesas.

El dieciocho de diciembre de 1941, once días después de que la Armada imperial japonesa bombardease la base militar de Pearl Harbour, el encargado de la edición dominical de The New York Times remitió una nota a Arthur Hays Sulzberger, editor del diario, que decía lo siguiente: «Deberíamos de introducir el puzle en el periódico, sobre todo porque es posible que a partir de ahora vivamos horas sombrías. E incluso porque, aunque no sea así, es evidente que la gente necesitará relajarse de un modo otro».

El mensaje estaba claro, la sociedad norteamericana vivía en duelo tras la ofensiva japonesa, y todo el mundo estaba muy preocupado por su futuro con el clima bélico propiciado por la Segunda guerra mundial. Y el periódico, temiendo ser portador de futuras noticias bajoneras, necesitaba contrarrestar el pesimismo imperante con algún tipo de distracción trivial e inofensiva. El primer crucigrama de The New York Times aparecería dos meses después, el quince de febrero de 1942.

La encargada de dirigir la nueva sección, Margaret Farrar, instauró una única regla inamovible para esos pasatiempos pecaminosos sobre encajar letras: las buenas maneras, es decir, la prohibición total de lenguaje ofensivo o incorrecto en las soluciones de los rompecabezas.

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Transporte público neoyorquino y crucigramas, mundos concurrentes.

Con el tiempo, los crucigramas de The New York Times se establecieron como una institución y un elemento indispensable de la cultura popular norteamericana. E incluso acabaron convirtiéndose en un recurso habitual para los guionistas de series y películas: en la pequeña y en la gran pantalla, mostrar a alguien enfrascado en el crucigrama de The New York Times es el modo de decirle al espectador que el personaje es bastante listo.

En el mundo real, estos pasatiempos están rigurosamente medidos en el periódico, hasta el punto de ofrecer su propio selector de dificultad, al estilo de los videojuegos y camuflado en los días de la semana: los lunes, el crucigrama del The New York Times resulta fácil y asequible, pero a partir de ahí el reto se incrementa gradualmente día a día. Hasta que llega el domingo y, junto a él, el puzle más complicado de la semana, el más grande y más duro, el de nivel experto.

  • La pérfida Albión y el enigma retorcido

El desembarco de la crucigramoda en territorio británico se produjo en febrero de 1922, cuando la revista Pearson’s magazine publicó el primer crucigrama por esos lares. Aquello ocurría una década después del nacimiento del juego, coincidiendo con la época en la que los norteamericanos estaban muy a tope con el tema.

Dos añitos más tarde, el Sunday Express se convertiría en el primer periódico británico en apostar por esos laberintos de letras. Y lo hizo con la adaptación para el Reino unido de un crucigrama de Arthur Wynne, el inventor de todo el tinglado. The times, por su parte, no se animaría a jugar con las palabras hasta los años treinta.

El divertimento caló bien: hasta hace poco más de medio millón de personas se abalanzaban sobre los crucigramas del diario The Telegraph, más o menos la misma cantidad hacían lo propio con los equivalentes en The Times, y al menos trescientas mil almas se enfrentaban a esos enigmas en The GuardianIsabel II, la que fuera reina de Inglaterra, se dedicaba a pelearse con las pistas y las casillas mientras remojaba el pellejo en la bañera. Como decía el escritor Sandy Balfour, los crucigramas se habían convertido en «una obsesión muy británica».

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El hermoso primer crucigrama aparecido en The telegraph (30 de julio de 1925).

Al igual que ocurrió en USA, el entretenimiento también se acomodó en la cultura popular. Pero ofreciendo algún remiendo autóctono: en los films y en los shows ingleses de ficción, cuando alguien aparecía resolviendo un crucigrama de The TimesThe Guardian o The Listener, aquello significaba que el personaje era realmente listo y muy sagaz.

En cambio, cuando alguien era mostrado peleándose con los crucigramas del Daily Mirror o The Sun, aquello quería decir que el pobre era cortito de entendederas. Entretanto, en las calles, el fino humor inglés elaboró sus propios chistes soeces en torno al fenómeno: «—¿Qué es largo, duro y rosado por la mañana? —El crucigrama del Financial Times».

Sandeces aparte, lo interesante es que las versiones inglesas de estos rompecabezas idearon su propio estilo, uno mucho más enrevesado y cabrón que el de los norteamericanos. Porque a los british les dio por el «crucigrama críptico». Una versión del pasatiempo donde las pistas no eran definiciones directas de los términos a descubrir, sino enigmas basados en juegos de palabras, en jeroglíficos literarios, en anagramas, en vocablos homófonos escondidos, en adivinanzas extrañas y, en general, en ocurrencias que danzaban entre lo ingenioso y lo endemoniado. 

Inicialmente, las normas de esta variante críptica fueron codificadas y asentadas por un poeta y tres profesores: el lírico Edwar Powys Mathers (que utilizaba el pseudónimo Torquemada para componer los pasatiempos); Alistair Ferguson Ritchie, un ex-sacerdote que firmaría (bajo el alias Afrit en referencia a un demonio árabe) docenas de crucigramas demencialmente difíciles para The ListenerDerrick Somerset Macnutt, culpable de ensamblar (tras el apodo Ximenes, birlado a cierta figura de la Inquisición española) más de un millar de puzles muy creativos; y Alec Robins (a.k.a. Zander).

Cuatro caballeros que, aunque no curraron en equipo, establecieron a lo largo de los años el carácter del crucigrama críptico. En el fondo, es normal que los habitantes del Reino unido abrazasen una versión más retorcida de algo muy popular y conocido. Porque eso es lo menos que se puede esperar de una sociedad que ha denominado «comida» al fish and chips.

Hasta aquí, en esta primera entrega, hemos estado repasando la historia del crucigrama. Eso ha sido lo fácil. En cambio, en la segunda parte vamos a entrar en terrenos más complicados, en dolores de cabeza más intensos y en crucigramas que se sumergen hasta el fondo en el mindfuck absoluto. Traed aspirinas.

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Worldplay es un documental de 2006 que orbita en torno al arte de los crucigramas, centrándose en aquellos rompecabezas que se imprimen en The New York Times y en un torneo oficial para eruditos de dichas diversiones. Tras contemplar aquella película, el productor de Los SimpsonJames L. Brooks, contactó con Will Shortz, editor de la sección de crucigramas de The New York Times, y le propuso crear un episodio basado en el popular pasatiempo.

Y así se concibió la sexta entrega de la vigésima temporada de Los Simpsons, a modo de reverencia a las palabras cruzadas, con una trama protagonizada por Lisa Simpson. Y donde, por supuesto, el propio Shortz tenía un cameo, simpsonificado en forma de dibujo animado amarillo junto al diseñador de crucigramas Merl Reagle

En un momento dado de aquel capítulo, Lisa exclamaba una frase que se tradujo al castellano como «¡Ya soy cruciverbalista!». Y sí, pero no. Los encargados de la adaptación habían agarrado la palabra original en inglés «cruciverbalist» para referirse a los creadores de crucigramas y la habían traducido a las bravas.

Sin caer en la cuenta de que el término «cruciverbalista» no existe en castellano. Según la RAE, «crucigramista» es la palabra correcta para nombrar en nuestro idioma a los que se dedican al arte de crear crucigramas. El episodio de Los Simpson, por cierto, estableció una conexión con el mundo real: en los dibujos animados se mostraba un crucigrama dominguero de The New York Times que sería el mismo que el diario estamparía en su edición física del fin de semana.

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Escena del episodio «Homer y Lisa tienen unas palabras» de Los Simpson.

El famoso crucigrama de Schrödinger publicado el día de las elecciones en The New York Times, aquel con dos soluciones posibles que ya desgranamos aquí, fascinó a mucha gente por ingenioso. Pero otros tantos consideraban que el verdadero virtuosismo se hallaba en las pistas elaboradas por los crucigramistas de la variante críptica inglesa.

Y como no hay mejor forma de ilustrar esa afirmación que con una sartenada de ejemplos, en esta segunda parte vamos a darle un repaso a esos diabólicos enigmas crípticos. No va a ser fácil, porque ya alertamos de antemano de que son capaces de provocar cefaleas severas, algo que puede, con razón, echar para atrás a muchísima gente.

En la novela Número cero de Umberto Eco, el protagonista aseguraba que prefería los crucigramas italianos, con sus preguntas claras y directas, a aquellas variantes extranjeras tan malvadas como para convertir las propias definiciones del juego en puzles en sí mismos.

Pero para entender cómo funcionan estos enigmas, es necesario explicar previamente la estructura básica de las pistas en los crucigramas crípticos: éstas se componen de una frase (o un conjunto de letras / palabras) que conforma el acertijo principal. Y también de una o varias cifras entre paréntesis, que indican el número de letras de las palabras a localizar.

Ejemplos chuscos de esto: la pista «Oro parece, plata no es » tiene por respuesta «Plátano», una palabra de 7 letras. Y la pista «Leprechaun residente en un hormiguero » tiene por solución «Pablo Motos», dos palabras de cinco letras cada una. Que nadie se asuste, esto es tan solo una pareja de ejemplos chabacanos para explicar el asunto rápidamente. Las creaciones de los crucigramistas crípticos ingleses, y las de algunos de sus discípulos norteamericanos, son bastante más cafres, más elaboradas y, sobre todo, curiosas.

  • Los crucigramas más endemoniados del mundo

La rama críptica funciona, a su vez, como cobijo para diferentes tipos de adivinanzas. Por una parte, están las que se asemejan a jeroglíficos de letras. Un estilo que ha propiciado ocurrencias tan maravillosas como la pista «Gegs » cuya solución es «Scrambled eggs» («Huevos revueltos») en alusión al revoltijo de caracteres perpetrado por el crucigramista al desordenar la palabra «Eggs». La simpática «Of of of of of of of of of of » tiene por respuesta el adverbio «oftentimes» («Of-ten-times», «Of diez veces»).

El celebrado acertijo «H I J K L M N O », se resuelve con la palabra «water» («agua»), tras entender que todo ese desfile de letras se puede resumir como «H to O» («de H hasta la O»), y eso suena como «H2O». Otra simpática conga de letras es la que hallamos en el puzle navideño que reza «Christmas A B C D E F G H I J K M N O P Q R S T U V W X Y Z? ». Un enigma cuya solución es «Noel», por aquello de que en ese abecedario no hay letra ele a la vista, «No L».

Algunos retos estampan la respuesta delante de las narices del lector, acurrucándola en plan ninja dentro de la propia pista, como ocurre en aquel «Some forget to get here for gathering » («Algunos se olvidan de llegar aquí para reunirse»), donde la respuesta correcta es un «get together» («juntarse») que ha sido previamente extraído del «Some forGET TO-GET-HERE here for gathering».

En ocasiones, ciertos crucigramistas optan por enredarse con los porcentajes, como en el caso del brillante y retorcido «Take pies or cake – all 50% starch» («Tome pasteles o tartas – todos 50% almidón»). Un acertijo donde ese «50%» lo que indica es que es necesario agarrar tan solo la mitad de las letras de aquellas palabras que preceden al guion, es decir «Ta+pi+o+ca», para obtener la respuesta: «Tapioca».

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Esta pinta tenía el primer crucigrama publicado en The Guardian en enero de 1929.

En el caso de los juegos de palabras más duros hay que tener en cuenta que para enfrentarse a ellos es necesario razonar de manera paralela a la habitual. Porque lo que aparenta decir una pista críptica que apueste por el wordplay es en realidad una mera distracción de lo que realmente dice.

Y por ello se requiere no solo leer entre líneas, sino poner en marcha el cerebro abriendo la mente al universo como en ese popular GIF, para interpretarlos de la manera más creativa posible. Generalmente, estos malabarismos traviesos están construidos con dos elementos: una parte de la frase es la definición (lo que significa la respuesta), y el resto es un juego de palabras (lo que conduce a dicho significado). La gracia (y el problema) está en descubrir qué es qué.

Ocurre que en esos casos, los textos juegan a ocultarlo todo entre insinuaciones, dobles sentidos y otras argucias. Por ejemplo, si en dichas definiciones aparecen adjetivos como «confuso», «desordenado» o «caótico», es muy probable que eso signifique que una de las palabras de la propia frase sea un anagrama cuyas letras hay que recolocar correctamente.

Por otro lado, la mayoría de las veces la adivinanza juega con dobles significados más o menos rebuscados: la palabra «runner» en un críptico puede referirse tanto a esa gente que corre por deporte sin que nadie les persiga, como a un río que corre a lo largo de una ubicación determinada.

Para demostrar hasta qué punto la cosa puede ser rebuscada de cojones basta con examinar una enrevesadísima pista clásica, por haber sido citada hasta en Wikipedia, que reza lo siguiente: «Very sad unfinished story about rising smoke » («Tristísima historia inacabada sobre el humo ascendente»). En dicha adivinanza, las palabras «very sad» constituyen la definición en sí de la solución. 

En cambio, «unfinished story» («historia inacabada») implica que hay que encontrar un sinónimo de «historia» y quitarle alguna letra para que el término aparezca inacabado. Así que nos toca agarrar la palabra «tale» («relato») para podarle la vocal «e» y dejarla en «tal». Con «rising smoke» («humo ascendente») es necesario localizar un equivalente a «smoke» (que se traduce tanto como «humo» como por «pitillo»).

El sinónimo en cuestión es «cigar» («cigarro»), pero además hay que hacer un apaño: «rising» nos indica que hay que escribir «cigar» de abajo a arriba, es decir, del revés, dando como resultado un «ragic». Finalmente, «about» («sobre») insinúa que ese «ragic» va colocado en algún lugar entre las letras de «tal». Y al ensamblarlo todo, «t+ragic+al», obtenemos «tragical», la respuesta final a la definición «very sad». Sí, es una movida guapa. Sí, están locos.

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En los ejemplos con anagramas ocultos el asunto es enrevesado, pero sorprendentemente ingenioso: la pista «Theatric saga I composed, ending of which is kept secret » («Saga teatral que he construido y cuyo final se mantiene en secreto») contiene la solución en su interior: «Agatha Christie».

Un nombre obtenido al reordenar correctamente las letras de la frase «Theatric saga I», algo que el lector debe deducir por su cuenta al interpretar ese «composed» como una invitación a reconstruir las palabras. En «Insane damn yeti is explosive » («El maldito yeti loco es explosivo»), el término «Insane» indica letras descolocadas, «damn yeti» es el anagrama a reordenar, e «is explosive» señala la definición. Y todo ese percal tan guapo sirve para obtener como solución «dynamite» («dinamita»). 

Otro ejemplo, en este caso de los sencillos, es el de «Birds observed in slow motion » («Pájaros observados a cámara lenta»), donde las aves mentadas son unos «owls» («búhos»), que aletean como anagrama de «slow». Y una variante, en este caso de las complicadas, es la del anagrama indirecto: aquellas tretas en donde la palabra que es necesario remezclar ni siquiera aparece directamente en la oración.

Algo que se puede ver en «Chew honeydew fruit (5)» («Masticar fruta dulce»): ahí «fruit» ejerce como la definición y «chew» indica que hay que reordenar (masticar) una palabra. La jugarreta es que en este caso el anagrama está escondido en un sinónimo de «honeydew», y más concretamente en «melon», porque la solución final es «lemon». Probablemente, la adivinanza más bestia y sorprendente con un anagrama sea la que apareció en un especial navideño del diario The Guardian enunciando lo siguiente: «O hark the herald angels sing the Boy’s descent which lifted up the world? » («Oh ¿escuchas a los ángeles cantar sobre el advenimiento del niño que alzó el mundo?»).

La respuesta a aquel enigma monstruoso se obtenía al reordenar todas las letras de la pista para formar un «While shepherds watched their flocks by night all seated on the ground», el título de un popular villancico.

Más allá de los revueltos de letras existen todo tipo de prestidigitaciones extremas con las palabras: «She’s a lady, whichever way you look at it! (5)» («Ella es una mujer la mires por donde la mires») es una ocurrencia absurdamente ingeniosa porque anuncia con aquel «la mires por donde la mires», que el vocablo que buscamos es tanto un palíndromo como un sinónimo de mujer: «Madam».

El enigma «Initially amiable person eats primate » («Persona inicialmente amable come primate») se presenta con otro truco curioso: ahí la palabra «primate» es la definición, y ese «initially» es en realidad una orden, un doble sentido que ha de leerse como la invitación a agarrar únicamente las iniciales de las palabras «amiable person eats» y obtener «ape». Lo mismo ocurre en «Taxes initially rise astronomically, then eventually stabilize » («Los impuestos inicialmente se incrementan de manera astronómica, para acabar estabilizandose»), donde «initially» sirve de nuevo para chivarnos que es necesario  pescar las iniciales del resto de términos, con el objetivo de ensamblar con ellas un «rates» («tarifas»).

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En otros casos, la adivinanza también requiere de cierto nivel de cirugía para trocear e insertar letras en palabras según las instrucciones: «Girl’s beginning to enter with no clothes on — that may be to attract attention » («Las chicas comenzaron a entrar sin ropa puesta  quizás para llamar la atención») es un lindo ejemplo de esto: la solución es «nudge», y para obtenerla hemos tenido que extirpar la «g» de «girl’s» porque eso es lo que significa realmente «girl’s beginning», «el principio de “Girl’s”», es decir, la propia «g». Con dicha letra en la mano, nos habrá tocado encajarla entre la palabra «nude» porque eso demanda el «enter with no clothes on». Y de ese «nud+g+e» vienen estos lodos.

Todo lo anterior supone tan solo una parte infinitesimal de los crípticos y sus tretas asociadas, algo lógico teniendo en cuenta las décadas que los británicos llevan jugando a esto. Es cierto que existen unos tipos de pistas definidos e identificables (charadas, anagramas, dobles sentidos, contenedores, etc), pero los crucigramistas siempre han apuntado a tratar de sorprender con sus desafíos, incluso cuando se amoldaban a las normas clásicas.

Y existen muchísimos más ejemplos majos de todo tipo de adivinanzas: en la confusa «Orphan with a view» («Huérfano con vistas») el tema se trocea así: «with a view» es la definición, «orphan» es el juego de palabras y «panorama» la respuesta.

Y todo porque esa «panorama» evoca una estampa con vistas y también está compuesta por sílabas que suenan similares a «Pa nor a Ma» («sin Pa ni una Ma»).

«Cat’s tongue » («Lengua de gato») es otra ocurrencia interesante al resolverse con un «persian» («persa») que puede referirse tanto a un tipo de felino como a un lenguaje. «Solver no good? Won’t be so forever » («¿El indagador no es bueno? No será así siempre») tiene miguilla: lo de «won’t be so forever» es la definición, «solver» se refiere al lector y ha de sustituirse por «you», «no good» se puede abreviar como «ng», y la suma de estas deducciones («you+ng») nos da como resultado del enigma un «young» («joven»).

«In Scandinavia grandpa discovered potent drug » («En Escandinavia, el abuelo descubrió una potente droga») es una pista que resulta cachonda en más de un sentido, y que luce la respuesta en la propia oración. Ojo al «ScandinaVIA GRAnpa» que nos otorga esa «Viagra» fabulosa.

En realidad, los ejemplos aquí listados son juguetes que más o menos se pueden tratar de explicar con cierta facilidad. Porque existen miles de rompecabezas muchísimo más complejos y maléficos, repletos de juegos de palabras rebuscadísimos en inglés, letras intercambiables y abreviaturas dementes, cuya demostración en castellano supondría verdaderos dolores de «Gegs ».

Si uno tiene interés por indagar en este mundillo, los archivos de la sección Crucigramas crípiticos para principiantes de The Guardian es un buen lugar para empezar a pelarse los sesos, porque cubren bastante bien la gran variedad de estilos de estos rompecabezas. Y si tuviésemos que destacar una pista en concreto que nos haya encantado, la mención sería para la estupenda, o un sencillo espacio en blanco que se soluciona con cuatro palabras: «I have no clue». Una oración que en inglés significa tanto «No tengo ni idea» como «No tengo pista».

  • Crucigramverso

El mundo de los crucigramas, como toda afición con fans muy devotos, es en sí mismo un universo absurdamente complejo con un montón de componentes y elementos paralelos flotando a su alrededor. Para empezar, según el país existen variantes locales del divertimento. En Alemania idearon en el siglo XIX los crucigramas cifrados, un formato donde no hay pistas escritas sino números que se corresponden con letras en cada casilla.

Porque en este caso la tarea del lector es descubrir qué letra está asociada cada cifra, para ensamblar el mural de palabras. O lo que es lo mismo: el crucigrama más germano y aburrido posible, aquel que en realidad está más cerca de la criptografía y de la máquina Enigma que de cualquier amago literario. En Francia, los crucigramas son más pequeños y sus cuadrículas no tienen diseños necesariamente simétricos, como ocurre con las versiones anglosajonas.

En Japón, los crucigramas parecen más pequeños, pero no lo son tanto, porque en sus cuadraditos alojan sílabas al utilizar el katakana. El kanji, en cambio, no suele protagonizar crucigramas porque es un sindiós ensamblar un rompecabezas tirando de dichos sinogramas. Los japoneses también gozan de una variante matemática del crucigrama, el kakuro.

Un entretenimiento con alma de calculadora que sustituye las definiciones por números, y donde el objetivo es rellenar las casillas con dígitos que sumen el valor indicado por las pistas, con la dificultad añadida de que no se permite repetir los mismos números en cada grupo.

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Izquierda: un crucigrama kakuro. Derecha: un crucigrama jolka.

Muchos países tienen varios modelos de crucigramas populares diferentes. En Finlandia, por ejemplo, destacan seis: el básico que luce estilo americano, el ilustrado con imágenes (el más popular por allí), el piilosana donde todas las soluciones son anagramas, el krypto que combina el crucigrama cifrado alemán con imágenes a modo de ayuda, el cifrado ciego que es igual que el anterior pero sin dibujitos, y el silábico donde cada casilla contiene una sílaba y las soluciones son oraciones completas.

En Polonia los crucigramas se componen exclusivamente de nombres y existen variantes como la versión jolka, donde las pistas no están numeradas y hay que colocar cada palabra a la buena de dios. O la panorama, que adopta la forma de un crucigrama gigantesco, de una o dos páginas de largo, con las pistas incrustadas dentro de ciertas casillas, acompañadas de una pequeña flecha que señala dónde escribir la respuesta. Este último formato es conocido como arroword o crucigrama escandinavo, por haber sido creado en Suecia, y lo hemos visto de tanto en tanto por nuestras tierras.

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The sims 2.

Estos juguetes de palabras también ha producido su propio lore simpático. Como la aparición del crucigramense, o crucigramiano, que viene a ser el imposible idioma formado por las palabras más comunes en las soluciones de estos pasatiempos. Es decir, esa colección de vocablos poco utilizados en el lenguaje diario, pero muy socorridos al construir crucigramas porque ayudan a rellenar huecos o contienen letras necesarias y poco habituales.

Entre algunas de las palabras más utilizadas en el crucigramense anglosajón figuran cosas como «apse» («ápside»),«Caín» y «Abel»,«html», «Apia» (capital de Samoa), «beso» (así en español), «ewok», «veni, vidi, vinci», «adagio», «tse tse» (por la mosca), «ahem» (la onomatopeya del ruido producido al aclarar la garganta), «Ajax», «Oslo», «herr» (señor en alemán), o una galleta que durante años ha sido un elemento muy recurrido en estos divertimentos: «Oreo».

Por lo general, una regla básica para evaluar si un crucigrama puede considerarse un artefacto bien afinado es el hecho de que posea la menor cantidad de crucigramense posible. 

En la cultura popular el crucigrama también se ha afianzado fuerte. En el juego Los Sims 2, invitar a los monigotes virtuales a matar las tardes enredándose con crucigramas incrementa sus habilidades de razonamiento lógico. En Arma fatal, la segunda entrega de la fabulosa trilogía Cornetto de Edgar Wright, un crucigrama se utilizaba como excusa para un gag simpático.

Aunque lo más llamativo de aquella escena fue descubrir cómo hizo rabiar fuerte tanto al diario The Guardian como a los más quisquillosos usuarios de internet por culpa de las evidentes inexactitudes que poseía el crucigrama mostrado en pantalla durante un segundo y medio.

En los cómics noventeros de Hellraiser, y más concretamente en la vigésima entrega de la serie, apareció una historia corta titulada «Wordsworth», firmada por Neil Gaiman e ilustrada por Dave McKean. En aquella pequeña fábula de horror, un hombre se veía obligado a realizar cosas terribles y sádicas para obtener las respuestas correctas con las que completar un crucigrama diabólico.

En Brooklyn Nine-Nine, el personaje de Amy Santiago (Melissa Fumero) es una fan fatal de los enigmas de The New York Times. En las novelas de Mundodisco, lord Vetinari disfruta bastante de los crucigramas del periódico local, aunque desconfía del crucigramista al considerarlo una mente retorcida. Y en las viñetas de Calvin y Hobbes, el bueno de Calvin encontró el modo ideal de resolver todos los puzles con letras del mundo:

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  • ¿El mejor crucigrama del mundo? 

Will Shortz podía alabar cuanto le apeteciera el crucigrama publicado en The New York Times el día de las elecciones de 1996. Pero lo cierto es que quizás aquel no era el mejor crucigrama del mundo, ni siquiera el más ingenioso tras observar las volteretas crípticas facturadas por los ingleses. 

Y quizás tampoco era el mejor crucigrama de Schrödinger ideado: el domingo seis de febrero de 2022, el crucigramista Stephen McCarthy ensambló para la edición dominguera de The New York Times, la de nivel de dificultad experto, un crucigrama en donde la setenta horizontal invitaba a concretar cuál era «La mejor de las dos franquicias de ciencia ficción».

¿La respuesta? Pues dependía de si uno era más de Yoda o de Spock: gracias a varias pistas adyacentes con soluciones dobles, en aquellas casillas encajaba tanto «Star Wars» como «Star Trek», sin contradecir el resto del puzle.

nuestras charlas nocturnas.

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