Astronauta fantasma: las historias de los hombres y mujeres perdidos en el espacio …
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Imagen genérica de un astronauta en el espacio.
Fayer Wayer(K.Perozo)/BBC News Mundo/Muy Interesante/Sinc/Wikipedia — Ir al espacio era un sueño de pocos, hasta los años 50, cuando Estados Unidos (NASA) y la Unión Soviética se enfrascaron en una carrera por las estrellas. Entonces, la motivación se convirtió en una cuestión de honor en medio de la Guerra Fría. En aquellos momentos surgieron historias curiosas, como la del astronauta fantasma, perdido en la inmensidad.
Casi siempre eran historias de ficción, o relatos que, basados en hechos reales (misiones verdaderas), se les daba un desenlace que nunca ocurrió.
El tema es que en los años 50 y 60, donde la incipiente carrera espacial aún tenía más un carácter militar que plenamente científico, los secretos se encontraban a la orden del día. Y cuando hay secretos, siempre surgen rumores, pasando de allí a las leyendas.
Más aún si esos cuentos provenían detrás de la Cortina de Hierro, en la antigua Unión Soviética.
Aunque se dice que el primer astronauta fantasma formaba parte del Proyecto Mercury… y era un maniquí capaz de inhalar y exhalar aire, generar calor y producir vapor de agua. Habría estado en dos vuelos de prueba del Mercury en 1961. La NASA no lo reconoce como tal, por lo que se toma como una leyenda.
– Los hermanos italianos que impulsaron la historia del astronauta fantasma
Existe otra historia sobre dos hermanos italianos, Achille y Giovanni Battista Judica-Cordiglia, radioaficionados que en los primeros años de la carrera espacial interceptaban comunicaciones procedentes del espacio.
Los Judica-Cordiglia estaban al tanto del lanzamiento del primer satélite artificial de la historia, el Sputnik I, por parte de la Unión Soviética. En aquellos tiempos, Radio Moscú dio a conocer la frecuencia de la baliza de 1 Watt de potencia en 20.005 MHz y 40.002 MHz de una portadora continua: cualquier persona en el mundo podía monitorear las señales.
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Achille y Giovanni Battista, como rememora VICE, habrían captado en 1961 unos latidos de una persona agitada, con respiración jadeante, de un supuesto cosmonauta. Con el tiempo, se dijo que eran de Gennady Mikhailov, que murió a bordo del Sputnik 7, erigiéndose en el primer ser humano muerto en el espacio.
Pero realmente el Sputnik 7 era un intento soviético de lanzar una sonda de exploración a Venus, y no contaba con seres humanos en su interior. Así que todo era una leyenda.
Valentín Bondarenko se convirtió, oficialmente, en el primer cosmonauta fallecido durante un experimento relacionado con la carrera espacial, en 1961. Y el primero en morir en el espacio fue Vladímir Komarov, el 24 de abril de 1967.
Para mayo de ese año, registraron la voz de una tal Ludmila Tokovy, que supuestamente fue era la primera mujer en el espacio, pero que en su última transmisión de regreso informó que algo iba mal “y se estaba quemando”.
¿Otra cosmonauta fantasma? ¿Qué ocurrió en realidad?
Nada pudo ser confirmado, y oficialmente los soviéticos dan a Valentina Tereshkova como la primera mujer que viajó al espacio.
Con la consolidación de la carrera del espacio llegó el adiós a las leyendas
Este tipo de situaciones fue disminuyendo con el paso del tiempo, cuando la carrera espacial ya se había fortalecido. Para destacar otras más, están las de Piotr Dolgov (un accidente ficcionado) y Aleksey Grachov (un ingeniero de motores de cohete al que se le atribuía que había sido cosmonauta).
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La Unión Soviética llevó al primer hombre al espacio en 1961, el gran Yuri Gagarin; y Estados Unidos alcanzó la Luna en 1969, con Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins.
Cada programa espacial fue dando a conocer víctimas reales, proclamándolas como héroes, y las historias del astronauta fantasma, o de los hombres perdidos en la inmensidad, comenzaban a desvanecerse.
Ya no eran necesarios los misterios.
– Astronautas Fantasmas
Se llama astronautas fantasma a los astronautas que supuestamente han viajado al espacio exterior y fallecido en acto de servicio, pero cuya existencia nunca ha sido admitida oficialmente.
La mayor parte de esos rumores se relacionan con la Unión Soviética al desarrollarse su programa espacial en el contexto de la Guerra Fría y la política de secretismo que todas las investigaciones de vanguardia tecnológica llevan asociada. En muchos casos se han desarrollado rumores y noticias de índole propagandista tendentes a desprestigiar al enemigo o a atribuirse méritos, se tomaron como ciertas historias de ficción realizadas para los medios escritos o audiovisuales o se crearon leyendas urbanas.
Varias fuentes consideran que no hubo más astronautas muertos que los reconocidos oficialmente por los Estados Unidos y la Unión Soviética. Estas historias pueden dividirse en las siguientes categorías:
- Personas reales que tuvieron relación con el programa espacial y murieron en acto de servicio, pero que no fueron astronautas ni murieron en el espacio.
- Misiones reales no tripuladas, en las que se especuló con la posibilidad de que hubieran sido tripuladas.
- Historias inventadas con el objeto de hacerlas pasar como reales.
- Bromas y sátiras tomadas como reales.
- Historias de ficción tomadas como reales.
- Malinterpretación de escuchas radiofónicas.
– Historias
. Astronauta mecánico (maniquí)
El Mechanical Astronaut Simulator fue un maniquí que simulaba a un astronauta real a bordo de dos vuelos de prueba del Proyecto Mercury (abril y septiembre de 1961). El maniquí era capaz de inhalar y exhalar aire, generar calor y producir vapor de agua.
. Alekséi Belokoniov (supuesto mensaje desesperado)
En 1959 la publicación Ogoniok llevó un artículo titulado Vuelos a gran altura en el que tres pilotos llevaban equipos de soporte vital, entre los que se encontraba Alekséi Belokoniov. Un periodista de Associated Press consideró que se trataba de cosmonautas entrenándose.
En marzo de 1965 el periódico italiano Corriere della Sera publicó unas supuestas intercepciones radiofónicas de noviembre de 1962, en las que se oía cómo un grupo de cosmonautas soviéticos (entre los que figuraba Belokoniov) emitía un desesperado mensaje que nadie en tierra parecía escuchar.
La historia sirvió como base a la novela Autopsy for a Cosmonaut de 1969.
. Boris 504 (historia de ficción)
En 1999 el historiador espacial Dwayne Allen Day publicó un artículo satírico sobre un supuesto chimpancé que había logrado descender en la Luna a bordo de la sonda Luna 15. Aunque la sonda se había estrellado, el chimpancé habría sobrevivido algún tiempo en la superficie lunar. El artículo, cuyo relato de los heroicos esfuerzos del chimpancé resultaba una parodia de la propaganda soviética de la época, fue tomado como verídico por algunos medios.
. Cheng Long (atribución errónea del nombre de un astronauta)
Cheng Long era, según algunos medios, uno de los 14 taikonautas chinos que estaba siendo entrenado en Rusia en 1996 para convertirse en el primer chino en ir al espacio. En realidad Cheng Long era una incorrecta traducción de Li Qinglong, que tampoco ha volado al espacio.
. Randy Claggett & Paul Linley (ficción)
El escritor James Michener realizó una novelización del programa espacial de Estados Unidos llamada Space.
En 1985 las novelas se convirtieron en fuente para una miniserie de televisión del mismo nombre.
Al final de ambas aparece una ficticia misión Apolo 18 a la cara oculta de la Luna en la que, mientras intentaban ascender de la superficie lunar para escapar de una violenta erupción solar, los astronautas morían debido a síndrome de intoxicación por radiactividad.
Algunas personas tomaron esta ficticia misión como real.
. Piotr Dolgov (accidente ficcionado)
Piotr Dolgov es posiblemente el cosmonauta fantasma con más consistencia real. Aunque a veces se le haya calificado como cosmonauta, en realidad hay que decir que trabajaba para el programa espacial (Instituto de Aviación y Medicina Espacial), aunque no llegara a prepararse para ir al espacio.
Dolgov murió el 1 de noviembre de 1962 en una prueba de los trajes espaciales que se usaban en el programa Vostok. Ascendió hasta más de 28 km de altura en un globo y saltó con el traje espacial. Sin embargo, un objeto impactó contra el visor y lo rompió, por lo que se perdió el aire almacenado en el traje. Dolgov fue encontrado muerto en el suelo, asfixiado.
El autor del libro Stranger than truth logró oír hablar de Dolgov, pero publicó que había efectuado un vuelo espacial real el 11 de octubre de 1960. Aseguró que dicho vuelo había sido seguido por más de 20 minutos por estaciones de radio en Turquía, Japón, Suecia, Inglaterra e Italia.
. Enano del KGB (ficción)
La misión Lunojod 1 descendió sobre la Luna en noviembre de 1970. Se trataba de un todoterreno que circuló por la superficie lunar durante varios meses, tomando datos científicos de la misma. La «versión oficial», sin embargo, no fue creída por algunos ciudadanos soviéticos, que eran escépticos ante la capacidad de su país para hacer circular un todoterreno en la Luna.
Entre estos ciudadanos comenzó a correr el rumor de que en realidad el Lunojod 1 estaba siendo pilotado por un agente enano del KGB, que se había embarcado en una misión suicida, aunque este rumor no aclaraba cómo se las habían ingeniado para meter en el pequeño todoterreno los víveres precisos para los once meses que duró la misión.
. Ígor Fedrov (ficción)
La historia nace del hecho real de que durante la desintegración de la Unión Soviética en 1991 los suministros a la estación espacial Mir se hicieron muy irregulares, hasta el punto que se llegó a pensar en abandonar la estación o a que se dijera que los cosmonautas habían quedado «abandonados».
En 1998 empezó a correr el rumor de que ese «abandono» había sido real. La historia sirvió como base al cortometraje noruego Kosmonaut, que se presentó en el Festival de Venecia en el 2001.
En Kosmonaut se narraba la historia de Igor Fedrov que, tras haber sido abandonado en la Mir, intentaba aterrizar, muriendo en el intento.
. FM-2 (maniquí)
FM-2 fue un maniquí usado en el vuelo de la Zond 7 para estudiar los efectos del vuelo hacia la Luna en el organismo humano.
. Walter Frisbee (ficción)
Walter Frisbee fue una broma gastada a los periodistas por James Lovell y Peter Conrad, astronautas de la NASA, a la que se unieron el resto de astronautas del grupo.
Estos hicieron creer a la prensa que existía un décimo miembro del cuerpo que sobresalía por su excelencia y valor, pero que no podía localizárselo por encontrarse efectuando un exótico entrenamiento. En cuanto la broma saltó a la imprenta como si fuera real la NASA ordenó detenerla.
. Grachov (noticia falsa)
En 1958 la publicación Ogoniok llevó un artículo titulado Vuelos a gran altura en el que tres pilotos llevaban equipos de soporte vital, entre los que se encontraba Grachov. Un periodista de Associated Press consideró que se trataba de cosmonautas entrenándose.
Posteriormente el nombre de Grachov empezó a circular en listas de cosmonautas muertos, aunque no se supiera la fecha ni nombre del vuelo.
El 16 de noviembre de 1962 la agencia italiana de noticias Continentale anunció, citando «individuos de alto rango» como fuente, que dos cosmonautas soviéticos habían desaparecido en otoño de 1961 a bordo de la Vostok 3, cuyo objetivo era sobrevolar la Luna y regresar a la Tierra. Sin embargo el vehículo había desaparecido sin que nadie encontrara explicación.
Grachov aparece en los diarios de Nikolái Kamanin como cosmonauta fallecido, aunque no trabajara realmente como tal, sino en el Instituto de Aviación y Medicina Espacial. En la época de su supuesto vuelo la URSS carecía de la capacidad necesaria para llevar a cabo tal misión.
Curiosamente, la URSS bautizó a un cráter de la cara oculta de la Luna con el nombre de Grachov, aunque se trata de un homenaje a un ingeniero de motores de cohete.
. Alekséi Grachov (noticia falsa)
En abril de 1965 la publicación Readers Digest publicó la historia de unas supuestas intercepciones italianas del 28 de noviembre de 1960 en las que se escuchaba un SOS procedente de un punto estacionario del cielo. Concluyeron que se trataba de un cosmonauta que había sido lanzado hacia la Luna y asociaron el nombre de Alekséi Grachov al vuelo.
No obstante, la URSS carecía de capacidad de realizar semejante misión en la época.
. Miria Gromova (noticia falsa)
En diciembre de 1959 la agencia italiana de noticias Continentale informó de una serie de muertes de cosmonautas fallecidos en vuelo suborbital entre los que se encontraba Miria Gromova, que supuestamente habría pilotado algún tipo de «avión espacial».
Tras la Glásnost no se encontraron evidencias a favor de estos hechos.
. Roger Healey (ficción)
Roger Healey es un astronauta de ficción interpretado por el cómico Bill Daily en la serie Mi Bella Genio, que se emitió en la NBC entre 1965 y 1970. Volvió a encarnar el papel en I dream of Jeannie: 15 years later (1985) y I still dream of Jeannie (1991).
En su ficticio curriculum figura la misión Gemini XIII, la Apolo AAP-1 y la Apolo AAP-2. Intentó volar en el transbordador y le fue asignada la misión STS-71-P, cancelada tras el accidente del Challenger. Finalmente se retiró de la NASA en 1991.
. Vladímir Sergéyevich Iliushin (ficción)
De todos los cosmonautas fantasma, Vladímir Sergéyevich Iliushin es uno de los más sólidos ya que es una persona real con un extenso currículum en el campo de la aviación e incluso algunas fuentes alegan que él mismo ha confirmado la historia. Por todo ello la historia de su supuesto vuelo se ha mantenido, con altibajos, durante más de cuarenta años.
Nació el 31 de marzo de 1927. Hijo del prestigioso diseñador de aviones Iliushin, se convirtió en piloto de pruebas, alcanzando numerosas condecoraciones y ascendiendo más rápido de lo permitido hasta su retiro en los 80.
El 11 de abril de 1961 Dennis Ogden, corresponsal en Moscú del Daily Worker extendió el rumor de que el 7 de abril había volado un cosmonauta al espacio y había dado tres vueltas a la Tierra pero que tras su regreso había padecido las secuelas psicológicas del viaje. El cosmonauta se decía que era piloto de pruebas e hijo de un eminente diseñador de aviones.
Las autoridades soviéticas ni confirmaron ni desmintieron la noticia. El corresponsal francés Eduard Brobovsky encontró el nombre del supuesto cosmonauta: Vladímir Iliushin. La Casa Blanca se hizo eco de los rumores y afirmó que no tenía datos de ningún lanzamiento soviético en esa fecha.
Apenas un día después, el 12 de abril, la Unión Soviética informaba del lanzamiento del primer cosmonauta de la historia: Yuri Gagarin, a bordo de la Vostok 1.
A pesar de eso los rumores sobre Iliushin persistieron, el US News and World Report alegó que había sido él el primer cosmonauta pero, dado su estado mental, se había realizado un montaje para que alguien más presentable (Yuri Gagarin) apareciese ante la opinión pública.
La historia fue yendo y viniendo.
En los 60 el ufólogo Frank Edwards se hizo eco de ella. En 1964 Iliushin apareció en el Libro Guinness de los récords. Y en la época del aterrizaje del Apolo 11 también volvió a circular el rumor.
En 1967 el historiador espacial Kenneth Gatland recogió la historia y la clasificó como leyenda urbana.
En 1990, con la glásnost, Isztvan Nemeri publicó en Hungría: Gagarin: una mentira espacial. En ella repite la historia, pero añade que Iliushin fue asesinado en 1961 mediante lo que pareció un accidente de tráfico y que Gagarin fue retirado de la vida pública mediante un accidente aéreo simulado en 1968 y pasó el resto de sus días en un hospital psiquiátrico hasta su fallecimiento en 1990.
En 1999, asesorado por Paul Tsarinsky, Elliott H. Haimoff produjo un documental sobre el vuelo de Iliushin, que fue emitido por televisiones de Estados Unidos (NBC, Discovery Channel, Horizon) y Canadá (Canada Broadcasting Corporation).
El documental no aporta pruebas directas del supuesto vuelo espacial de Iliushin ni de su entrenamiento o pertenencia al cuerpo de cosmonautas soviético. En cambio, se muestran imágenes pertenecientes a otros vuelos y otras personas. Se entrevista a dos prominentes científicos rusos (Roald Sagdéyev y Sergéi Jrushchov) que hablan de la Unión Soviética en general, pero no dicen una sola palabra sobre Iliushin.
Las únicas pruebas aportadas por el documental son:
- Entrevista con Denís Ogden, que inició el rumor.
- Entrevista con el capitán Anatoli Grushchenko, que afirma haber filmado el lanzamiento de la nave de Iliushin.
- Entrevista con Tom Maggard, que no es testigo directo de nada sino que repite lo dicho por otros.
- Entrevista con Gordon Feller, quien afirma haber visto documentos en el Kremlin que contienen información sobre el vuelo de Iliushin.
Iliushin no es entrevistado en el documental. Los productores afirman que estaba dispuesto a colaborar, pero al final prefirió guardar silencio.
Los críticos al respecto, como James Oberg afirman que no hay ninguna evidencia que confirme esta historia. Los documentos oficiales de la URSS sobre su programa espacial están desclasificados hace tiempo y no se hace ninguna mención a Iliushin como cosmonauta, ni a ningún vuelo de las Vostok el 7 de abril, ni hay ningún escrito o testimonio (salvo el del capitán Grushchenko), que afirme que dicho vuelo existió.
Hay pruebas de que Iliushin había padecido un accidente de tráfico y en el momento de su supuesto vuelo estaba en China, recuperándose en un complejo, y necesitaba bastón para caminar. Además, la ex-URSS ha admitido cosas mucho peores, por lo que no parece muy creíble que precisara mantener un secreto así.
. Iván Istochnikov (ficción)
Iván Istochnikov es uno de los cosmonautas fantasma más conocido. Según algunos medios de prensa españoles, fue lanzado al espacio en 1968 en la Soyuz 2 con el objetivo de acoplarse con la Soyuz 3.
A bordo iban el cosmonauta Iván Istochnikov y el perro Kloka. Sin embargo, se perdió contacto con la Soyuz 2 y, cuando la Soyuz 3 la tuvo a la vista, se observó que su casco había sido perforado, posiblemente por un micrometeorito. Cuando la Soyuz 3 se acopló a la nave la encontró vacía, a excepción de una nota en una botella de vodka, lo cual llevó a especular con una posible abducción extraterrestre.
Las autoridades soviéticas ocultaron los hechos, dijeron que la Soyuz 2 no había sido tripulada, borraron la imagen de Istonichkov de las fotografías y amenazaron a quienes conocían la historia para que no hablaran. Finalmente, con la Glasnost, el periodista Mike Arena encontró datos en material comprado en una subasta de Sotheby’s en 1993 y, a partir de allí, pudo recopilar la historia.

En realidad Iván Istonichkov fue creado por el fotógrafo español Joan Fontcuberta en 1997 para la Fundación Telefónica con el objeto de presentar la historia en exposiciones, la primera de las cuales fue en el Museo Nacional de Arte de Cataluña, posteriormente en Madrid y en Pamplona, para después seguir en otros lugares del mundo como la Universidad de Brown.
En la exposición se exhiben fotografías del cosmonauta (en realidad se trata del propio Joan Fontcuberta, de hecho, Iván Istochnikov es la traducción al ruso de su nombre, que español sería «Juan Fuentecubierta»), de la misión y se ofrecen numerosas imágenes (montajes y fotos de otras misiones), y detalles técnicos, muchos de los cuales son erróneos.
La exposición ganó el Premio Nacional de Fotografía en 1998.
A pesar de los errores y de que tanto en la web, la exposición, el librito que acompaña la exposición y el libro que puede adquirirse había una advertencia que decía «Todo es ficción», la historia fue tomada como cierta por numerosos medios de comunicación.
Entre ellos, por ejemplo, Telecinco (España) y la revista mexicana Luna Correa. Otros medios como el periódico español El Mundo siguieron el juego, presentando la historia para al final avisar que no era real.
La verosimilitud fue tal que llegó a presentarse en el Planetario de Pamplona un técnico de seguridad nuclear con un contador Geiger para averiguar si era cierto que el micrometeorito que chocó contra la Soyuz 2 era radiactivo, como se afirmaba en la nota de prensa.
En junio de 2006 el programa Cuarto Milenio, presentado por Íker Jiménez, volvió a presentar la historia como verídica, aunque una semana más tarde reconoció que los espectadores habían escrito al programa para avisar del error.
. Iván Ivánovich (maniquí)
Iván Ivánovich es el nombre que recibió el maniquí que viajó al espacio por dos veces (9 de marzo de 1961 en la Korabl-Sputnik 4 y 25 de marzo de 1961 en la Korabl-Sputnik 5). En ambos casos se trató de vuelos de prueba de la nave Vostok para poderla considerar apta para acoger personas a bordo.
Ivánovich estuvo acompañado en cada vuelo por un perro (Chernsuhka en el primero y Zviózdochka en el segundo). Para evitar posibles malentendidos en caso de que el maniquí fuera recuperado por campesinos (como que fuera tomado por un cosmonauta muerto o un extraterrestre) llevaba escrita en el casco la palabra rusa maket (maniquí).
. Iván Kachur (noticia falsa)
En 1959 la publicación Ogoniok llevó un artículo titulado Vuelos a gran altura, en el que tres pilotos llevaban equipos de soporte vital, entre los que se encontraba Iván Kachur. Un periodista de Associated Press consideró que se trataba de cosmonautas entrenándose.
Entre septiembre y octubre de 1960 comenzaron a extenderse rumores que hablaban de un inminente lanzamiento soviético, que coincidiría con la visita de Nikita Jrushchov a Nueva York.
Sin embargo, al llegar el momento esperado, los soviéticos no hicieron ningún anuncio. Algunos periodistas especularon entonces que los soviéticos habían intentado enviar un cosmonauta al espacio, pero que el vuelo había fracasado, de ahí el silencio. El nombre de Iván Kachur apareció como el supuesto protagonista de tal viaje.
Hoy en día se sabe que en realidad el importante lanzamiento que esperaban anunciar los soviéticos mientras Jruschov estaba en Nueva York era el de la primera sonda a Marte. Dado que fue un fracaso no se mencionó.
. Alekséi Ledovski (noticia falsa)
En diciembre de 1959 la agencia italiana de noticias Continentale informó de una serie de muertes de cosmonautas fallecidos en vuelo suborbital, entre los que se encontraba Alekséi Ledovski. En realidad los soviéticos sí llegaron a pensar en realizar vuelos suborbitales antes de proceder al vuelo orbital, aunque finalmente optaron por encarar directamente este último.
Sí se hicieron vuelos suborbitales con animales, que comenzaron el 27 de agosto de 1958, mediante un cohete R-5. Sin embargo, la cápsula era demasiado pequeña para que cupiera un ser humano dentro.
. Gennadi Mijáilov (noticia falsa)
A finales de 1959 un periódico moscovita mostró una fotografía de Mijáilov probando equipo para el vuelo a gran altura. Reader’s Digest en 1965 publicó la sensacional historia de unas intercepciones italianas entre las cuales figuraba un supuesto electrocardiograma recibido del espacio en febrero de 1962. Inmediatamente se especuló con un posible vuelo tripulado fallido, en el que habría estado Mijáilov.
La historia se embelleció aún más con la obra del ufólogo Frank Edwards, que en su libro Strange World escribió que en febrero de 1961 dos cosmonautas (un hombre y una mujer) despegaron a bordo de una nave de tipo «Luna» con el objetivo de sobrevolar la Luna.
La nave no fue capaz de abandonar la órbita terrestre, pero los cosmonautas lograron controlarla hasta una semana más tarde cuando se recibió una extraña comunicación de los cosmonautas, que dijeron que había algo fuera de la nave y que debían decirlo al mundo. Según Edwards, no se volvió a saber de ellos.
En realidad en la fecha en la que se supuestamente voló Mijáilov la URSS intentó lanzar una sonda Venera a Venus. Mijáilov, en efecto, murió en un campo relacionado con la carrera espacial, pero no era cosmonauta sino que trabajaba en el Instituto de Aviación y Medicina Espacial.
. Andréi Mikoyán (ficción)
En el año 2000 circuló una historia en la Agencia Espacial Europea sobre dos cosmonautas rusos que habían viajado hacia la Luna en 1969 pero, debido a una avería, no habrían podido colocarse en órbita lunar, por lo que se habrían pasado de largo.
En realidad la historia se basa en la serie de televisión The Cape. En uno de los episodios, llamado Buried in Peace (emitido por primera vez en 1996), un transbordador espacial se encuentra una nave soviética a la deriva. Al entrar en ella se encuentran con la tripulación fallecida a bordo, entre los que se encuentra Andréi Mikoyán (interpretado por Tom Nowicki).
. Andréi Mitkov (noticia falsa)
En diciembre de 1959 la agencia italiana de noticias Continentale informó de una serie de supuestos cosmonautas muertos en vuelo suborbital. Entre ellos se encontraría Mitkov, presuntamente fallecido en 1959, pero nunca se ha encontrado evidencia a favor de ello.
. Anthony (Tony) Nelson (ficción)
Tony Nelson es un astronauta de ficción interpretado por el actor Larry Hagman en la serie Mi Bella Genio que se emitió en la NBC entre 1965 y 1970.
Al contrario que Roger Healey, no participó en los remakes de 1985 y 1991.
En su ficticio curriculum figuran dos misiones Mercury, la Gemini XIII, la Apollo AAP-1, la Apollo AAP-2 y el transbordador en las misiones STS-51 y STS-46, retirándose a finales de 1991.
. Serenti Shiborin (noticia falsa)
El pionero de la carrera espacial Hermann Oberth anunció en 1959 que un piloto soviético había fallecido en un vuelo suborbital efectuado desde Kapustin Yar, aunque no dijo cuál era su fuente.
En diciembre de 1958 la agencia italiana de noticias Continentale dio una serie de nombres de cosmonautas supuestamente fallecidos, entre los que se encontraba Shiborin. Con posterioridad no se han encontrado datos que apoyen esta hipótesis.
. Porfiri Yebenov (noticia falsa)
En Moscú circuló una leyenda urbana según la cual de que los astronautas del Apolo 11 quedaron varados en la Luna debido a una avería de un motor y que un cosmonauta ruso, Porfiri Yebenov, que había quedado atrapado en la Luna anteriormente les ayudó a reparar la nave para que pudieran volver a la Tierra.
El relato es cómico ya que Yebenov significa «jodido» en ruso.
En la vida real el cosmonauta ruso Gregori Grechko llegó a preguntar a Edwin E. Aldrin si la historia era cierta. Aldrin, sorprendido, negó la historia, reiterando que no encontró seres humanos o vida nativa en la Luna.
. V Zavadovski (noticia falsa)
A finales de 1959 un periódico de Moscú mostró una fotografía de Zavadovski probando equipo para vuelo a gran altura. Un periodista de Associated Press consideró que se trataba de cosmonautas entrenándose.
Zavadovski comenzó a circular en listados de «cosmonautas muertos», aunque no se le pudiera asociar fecha o vuelo concreto. Finalmente, en febrero de 1962 la agencia de noticias Reuters informó que el coronel Barney Oldfield de Fort Worth, US Air Force Command les había revelado que en mayo de 1960 la URSS había lanzado una cápsula espacial, posiblemente tripulada.
En realidad el vuelo al que se refería Reuters era el de la cápsula Korabl-Sputnik 1, que era el primer prototipo de nave tripulada aunque no llevaba escudo de reentrada. Al intentar realizar la maniobra de frenado para que reingresara en la atmósfera terrestre, el sistema de orientación no funcionó debidamente y, en vez de bajar, la cápsula subió aún más, quedándose varada en el espacio.
– La terrorífica última transmisión de «La Astronauta Fantasma»
Según se cuenta, los soviéticos planeaban realizar esta misión antes de que los estadounidenses pudiesen enviar a su propio astronauta para dar una vuelta alrededor de la Tierra (al final John Glenn logró hacerlo el 20 de febrero de 1962). La siguiente misión orbital del Vostok se realizó el 16 de mayo de 1961, y la cápsula dio 17 vueltas alrededor de la Tierra, pero antes de que la nave pudiera volver a entrar en nuestra atmósfera, parece ser que algo salió mal.
Hay pocos detalles sobre la naturaleza exacta de la avería, pero cuando intentaron efectuar la reentrada había pasado una semana entera, las reservas de oxígeno estaban casi vacías y, según la única (supuesta) documentación que se conoce sobre la misión, los últimos momentos de la cosmonauta fueron realmente aterradores.
Este relato procede de los hermanos Judica-Cordiglia, ambos radioaficionados (cuyos nombres reales son Achille y Giovanni Battista) que se encontraban instalados en un búnker abandonado en las afueras de Turín (Italia) y que afirmaron haber escuchado repetidamente las comunicaciones y el intercambio de datos entre varias naves Vostok y el Centro de Control de la Misión soviético. Al parecer, los hermanos grabaron y tradujeron las últimas palabras de desesperación de la cosmonauta al personal de la misión en la Tierra, y posteriormente ofrecieron una transcripción de lo que ocurrió en esos últimos minutos antes de que la cápsula estallara en llamas.
Ellos grabaron a la cosmonauta Ludmila Tokovy lanzando una señal de socorro mientras se quemaba viva en el espacio durante la reentrada de su cápsula, algo que la URSS nunca reconoció. Así, Valentina Tereshkova no sería la primera cosmonauta en órbita, pero como Ludmila Tokovy no regresó viva, simplemente los soviéticos la borraron de la historia sin rubor alguno. Pero las señales de radio captadas por los geniales aficionados a la radio no dan lugar a dudas. Lo mismo ocurrió con los animales, con los que los rusos experimentaron lanzándolos en cápsulas con pocas o nulas posibilidades de sobrevivir, e incluso con alguna de las cápsulas soviéticas, que acabaron despedidas al espacio profundo, y de las que se sigue sin saber nada sobre quiénes iban a bordo. Una de las señales de este tipo fue captada por los hermanos italianos en octubre de 1961.
Otra revelación asombrosa de esta supuesta grabación es que la voz es claramente de mujer, lo que, de ser cierto este testimonio, revela lo que le ocurrió a la primera mujer en el espacio.
Trozos de la transcripción traducida se pueden ver a continuación, seguidos por lo que se asegura que es la grabación real de Judica-Cordiglia de los últimos minutos de la cosmonauta.

5, 4, 3, 2, 1, 1… 2, 3, 4, 5, entrando, entrando, entrando…
Escuchen, escuchen, entrando, entrando
¡Háblenme! ¡Háblenme! ¡Tengo calor! ¡Tengo calor! ¿Qué? ¿45? ¿Qué? ¿45? ¿50?
Sí, sí, sí…, respirando, respirando, oxígeno, oxígeno.
¡Tengo calor! ¿Esto es peligroso? Está todo… ¿Esto es peligroso? Está todo… Sí, sí, sí… ¿Cómo es esto? ¿Qué? ¡Háblenme! (…)
Siento calor, siento calor, siento calor, es todo… ¡Puedo ver una llama! ¿Qué?
¡Puedo ver una llama! ¡Puedo ver una llama! ¡Puedo ver una llama! Siento calor… Siento calor… 32, 32, 32, 41, 41… ¿Me voy a estrellar? Sí, sí, sí, siento calor…
Aunque la agencia oficial de noticias soviética TASS no publicó información sobre esta misión en concreto, sí comunicó la reentrada explosiva de una nave espacial de gran tamaño el 26 de mayo de 1961 -tres días después de lo que se cree que sucedió con el Vostok-, pero no reveló más detalles.
Se dice que otras grabaciones de Judica-Cordiglia desvelan el destino de varias otras misiones rusas fallidas… todas ellas fueron desestimadas como ficticias por los medios de comunicación soviéticos, y hasta el día de hoy el gobierno ruso sigue desmintiendo la veracidad de estos testimonios…
La pérdida de astronautas en el espacio (los llamados cosmonautas fantasma) forma parte de la leyenda -incluso de la conspiranoia- de la carrera espacial. Todos los casos se refieren a astronautas soviéticos y su existencia, nunca reconocida por los soviéticos ni demostradas por otras fuentes, harían de Yuri Gagarin no el primer hombre en el espacio, sino el primer hombre en volver vivo, o al menos con éxito, del espacio.
En “The Lost Cosmonauts” se recopila toda la información relativa a los trabajos de los hermanos Achille y Giovanni Judica-Cordiglia, dos radioaficionados italianos que en los primeros años de la carrera espacial fueron capaces de interceptar las comunicaciones procedentes del espacio desde su estación de Turín, zona de Europa occidental que era parcialmente sobrevolada por las naves soviéticas lanzadas para orbitar la Tierra.
Entre los años 50 y 60 los hermanos pudieron grabar comunicaciones procedentes de las misiones Sputnik y Explorer. La primera grabación significativa la obtuvieron el 28 de noviembre de 1960, cuando reconocieron un señal de socorro (SOS) procedente de un objeto en movimiento, alejándose de la Tierra.
De todos los supuestos casos de cosmonautas que no existieron el más documentado -pero no por eso necesariamente veraz ni tampoco lo contrario- es el de Vladimir Ilyushin.
Cualquiera de estas historias o teorías deben tomarse como lo que son: leyendas urbanas e historias sin confirmar normalmente relatadas como ciertas por medios conspiranoicos y sensacionalistas como Fortean Times, de cuyo artículo Lost in Space procede la cita inicial.
Vladímir Komarov
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Yuri Gagarin había ido al espacio en 1961: fue el primer ser humano en lograrlo. Pero seis años más tarde, Vladímir Komarov, otro cosmonauta soviético, se convirtió en la primera persona en morir en el espacio. Es una de las víctimas de la lucha del hombre por explorar las profundidades del universo.
Tres meses antes murieron en la plataforma de lanzamiento los tres tripulantes del Apolo 1: Virgil Grissom, Edward Higgins White y Roger Bruce Chaffee. El 27 de enero del fatídico 1967, los norteamericanos se incendiaron en su nave, en una terrorífica situación que dejó traumatizada a la NASA.
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Estados Unidos y la Unión Soviética protagonizaban una carrera por llegar al espacio desde finales de los años 50. Con el hito de Gagarin, los rojos dieron el primer golpe. Ahora querían más, querían seguir explorando.
– Una misión fatídica
Komarov, gran amigo de Gagarin, quería seguir sus pasos. Piloto de combate nacido en Moscú en 1927, Komarov perdió a su padre en la Gran Guerra Patria (la Segunda Guerra Mundial), y estuvo a punto de ser convocado, pero llegó el final del conflicto. Se unió al programa espacial soviético en 1959.
Tanto Komarov como Gagarin estaban asignados a esa misión de 1967: incluso, era una orden de Leonid Brezhnev el enviar dos naves e intercambiar en el espacio a los cosmonautas. La presión sobre la fuerza aérea soviética y sus miembros era enorme.
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Pero no había seguridad de éxito. De hecho, los vuelos anteriores sin tripulantes terminaron en sendos fracasos. De acuerdo con Asif Siddiqi, historiador de la Universidad de Fordham citado por OpenMind BBVA, algunos de los técnicos responsables habían señalado al menos 101 anomalías en distintos sistemas de la nave Soyuz.
Al despegar el 23 de abril de 1967 con Komarov a bordo (de haberse negado a volar, le tocaría a su amigo Gagarin), la Soyuz empezó a dar problemas.
- No se desplegaron los dos paneles solares.
- Fallaron los sistemas de telemetría y sensores.
- También dieron error los de orientación y propulsión.
Finalmente, cuando en Tierra se dieron cuenta de los fallos de la Soyuz 1, anularon el despegue de la Soyuz 2. Eso salvó la vida de otros tres astronautas… incluyendo la de Gagarin, que iría en esa misión.
– La muerte de Vladímir Komarov
Con la nave en problemas y sin posibilidad de salir, Komarov se preparó para morir en cuestión de segundos. Al reentrar en la atmósfera, se incendió totalmente la Soyuz, con su cosmonauta adentro. Se estrelló.
Solo encontraron una “masa negra sin forma”, como lo relató el teniente general de la Fuerza Aérea, Nikolai Kamanin. Incluso hay una foto, grotesca y difícil de ver para cualquiera, en la que la que aparecen los restos de Komarov.

“Pienso que todos los cosmonautas sabían que era una misión de alto riesgo, pero no creo que ninguno esperara que fuera fatal”, dijo Siddiqi en su conversación con OpenMind BBVA.
Los soviéticos terminaron de incinerar a Komarov y e inhumaron sus cenizas con honores en la muralla del Kremlin, en la Plaza Roja. Se le otorgó póstumamente una segunda orden Lenin y la Orden del Héroe de la Unión Soviética.
Gagarin moriría un año después, en 1968, en un accidente aéreo. Un año después, Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins llegarían a la Luna, clavando la bandera de Estados Unidos. La carrera espacial tomaba un nuevo rumbo.
Sin embargo, para que esa hazaña consiguiese su éxito fueron necesarios muchos sacrificios, y en aquellos años de soberbia nacional soviética, las catástrofes no salían a la luz.
De hecho, tuvieron que transcurrir muchos años, muchísimos, para que todos supiésemos que la perra Laika no había muerto «placenteramente» en el espacio, mientras su cápsula daba vueltas «paseándose» sobre la tierra, sino de una forma horrible y agónica. Pero no fue el único animal. De hecho, también hubo humanos. Muchos humanos.
Hoy se sabe, por ejemplo, que Valentín Bondarenko, amigo personal de Gagarin, tuvo una muerte horrible un mes antes de completarse el primer vuelo espacial tripulado (en marzo de 1961) cuando participaba en el programa Vostok I. No obstante, Bondarenko no murió en el espacio, murió mientras realizaba unas pruebas dentro de la cápsula, cuando por accidente dejó caer un paño con alcohol sobre la consola caliente que hizo que se produjera un incendio.
También fallecieron mientras realizaban pruebas los astronautas norteamericanos Gus Grissom, Ed White y Roger Chaffee, en 1967, al no poder escapar tras una explosión. Su muerte no fue en vano: hizo que la NASA rediseñara la nave Apolo para dotarla de escotilla de escape.
– El día en que un astronauta flotó libre en el espacio por primera vez en la historia
El 7 de febrero de 1984, el astronauta Bruce McCandless decidió alejarse unos metros de la seguridad de su nave espacial. McCandless llevaba a sus espaldas una especie de mochila propulsada por un chorro de nitrógeno (Manning Manuvering Unit (MMU, por siglas en inglés)) que le permitió flotar a la deriva en el espacio. Hasta ese momento, nunca un astronauta había hecho algo similar.
McCandless realizó un “vuelo libre” de 45 minutos a una distancia de 105 metros de distancia del avión espacial. Antes de ello realizó una serie de maniobras de prueba dentro y por encima de la bahía de carga útil del transbordador Challenger.
En contacto con el centro de mando en Houston, McCandless dijo:
“Puede haber sido un pequeño paso para Neil, pero es un gran salto para mí”.
Con ello hacía referencia a la famosa frase de Neil Armstrong cuando descendió a la Luna:
“Un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la humanidad”.
El acontecimiento quedó registrado en esta fotografía que es una de las más famosas desde que el hombre se aventuró a la exploración del espacio. También hay un video que certifica el hecho.
Crédito: NASA

En la imagen se puede ver a Bruce McCandless mientras flota sin ataduras a casi 100 metros del Challenger. Al fondo se aprecia el imponente planeta Tierra ante la enorme inmensidad del cosmos.
El primer astronauta en flotar libre lejos de una nave espacial falleció el 21 de diciembre de 2017. Tuvo una trayectoria larga en el programa espacial de la NASA. Antes de su famoso vuelo espacial en libertad, fue comunicador en el centro de control durante la misión del Apolo 11 a la Luna en 1969.
Nuestro personaje era capitán retirado de la Marina estadounidense, además de uno de los 19 astronautas seleccionados por la NASA en abril de 1966. Formó parte de la tripulación de apoyo de la misión Apolo 14 y fue piloto de reserva de la primera misión Skylab tripulada.
También hay que recordar que voló como especialista de misión en dos misiones del transbordador espacial. En la misión STS-41B de 1984 realizó el famoso paseo espacial y en la misión STS-31 de 1990 ayudó a desplegar el telescopio espacial Hubble desde el transbordador espacial Discovery en 1990.
Nacido el 8 de junio de 1937 en Boston, McCandless se graduó en el Woodrow Wilson Senior High School de Long Beach, California. Se licenció en Ciencias por la Academia Naval de Estados Unidos en 1958, obtuvo un máster en Ingeniería Eléctrica por la Universidad de Stanford en 1965 y un máster en Administración de Empresas por la Universidad de Houston en Clear Lake City en 1987.
– Valentina Tereshkova, la primer mujer astronauta
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Chaika, “Gaviota”, fue el nombre clave que le asignaron, como parte de la misión que pretendía llevar una mujer al espacio. La Unión Soviética ya había conseguido el hito del primer hombre en órbita, alcanzado por Yuri Gagarin. A Valentina Tereshkova le correspondería el honor de ser la primera mujer.
Ella fue la “Gaviota espacial”.
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Como su madre, trabajó en la fábrica textil, pero siempre tuvo interés en el paracaidismo, entrenándose en el aeroclub de su localidad. Realizó su primer salto a los 22 años.
La Unión Soviética, por tema político e, incluso, por necesidad, siempre mantuvo a las mujeres en puestos especiales, sobre todo en la Gran Guerra Patria, como llamaban a la Segunda Guerra Mundial. Numerosos batallones femeninos sirvieron en el conflicto, no solo en tierra como la inolvidable francotiradora Roza Shanina, sino en el aire.
Valentina creció bajo ese escenario, y en los años 60, luego que convirtieran a Yuri Gagarin en el primer hombre en viajar al espacio, los soviéticos buscaban llevar a la primera mujer.
– Valentina Tereshkova y su camino al espacio
De 400 candidatas, cinco resultaron seleccionadas para las pruebas finales.
Eran Tatiana Kuznetsova, una piloto de caza; Zhanna Sergeichik, maestra; y las paracaidistas Irina Solovieva, Valya Ponomareva y Valentina Tereshkova.
Los requisitos eran ser menores de 30 años, tener menos de 1.70 metros de estatura y 70 kilogramos de peso. Todas lo cumplían.
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“Comenzamos nuestra preparación a principios de 1962″, relató Valentina en una entrevista con RT. “Estábamos encerradas para estudiar teoría todo el día. Nuestra práctica incluía estudiar la nave espacial, volar en aviones y saltar en paracaídas”.
De una u otra forma Valentina partió con la ventaja de ser hija de un héroe de guerra. Y finalmente terminó escogida.
Vuelos de ingravidez, pruebas de aislamiento y en el centrifugador, 120 saltos en paracaídas y más: todas estas pruebas fueron superadas por Valentina, que había sido admitida honorariamente en la Fuerza Aérea Soviética.
Con 26 años, el 16 de junio de 1963 Tereshkova abordó la nave Vostok 6. Sería lanzada al espacio, orbitando en 48 ocasiones la Tierra durante tres días.
No resultó un camino fácil para Valentina, que sufrió náuseas y jaquecas. También padeció un error en la programación del viaje, perdiendo la trayectoria por un largo rato y recuperándola posteriormente. Estuvo cerca de alejarse definitivamente de nuestro planeta, pero regresó.
Cuando aterrizó, su madre le preguntó si había visto a Dios. “La nave siguió otra ruta, tal vez por eso no lo vi”, respondió Valentina.
– “Sentí que había cumplido con mi deber”
En 1998 conversó con Russia Magazine sobre su proeza. “Sentí que había cumplido con mi deber y me había convencido de que los hombres y las mujeres podían trabajar en el espacio”.
“A lo largo del vuelo”, recordó, “estaba preocupada por el deseo de hacer frente a mi tarea, lo que superó la sensación de riesgo. Yo era consciente de ese riesgo”.
“Al volver a la Tierra, me sentí abrumada por la alegría de superarlo todo: la ingravidez, el espacio cerrado de la nave, todo tipo de situaciones extraordinarias. Y cuando volví entre la gente, repetí las palabras de Frederic Joliot (yerno de Marie Curie, casado con su hija Iréne) después del vuelo de Yuri Gagarin: ‘La humanidad ya no está encadenada a su planeta”.
Tereshkova no volvería a viajar al espacio. Y del grupo inicial de mujeres, resultó ser la única en hacerlo: el grupo se disolvió en 1969, borrándose la promesa de que habría una segunda cosmonauta en alcanzar la gloria.
Svetlana Savitskaya sería la segunda mujer en viajar al espacio, lográndolo en 1982. Mientras, Estados Unidos envió a Sally Ride en 1983.
Casada dos veces, tiene una hija, la médico Telena Andriánovna Nikoláyeva-Tereshkova. Formó parte del grupo parlamentario de su país, y tras su vuelo formó parte del Soviet Supremo, el Comité Central del Partido Comunista y otros cargos políticos, además de servir de embajadora en distintos actos alrededor del mundo.
Con 84 años, la “Gaviota espacial” sigue siendo una referente mundial.
– El «último ciudadano soviético»: Sergei Krikalev, el cosmonauta abandonado en el espacio mientras la Unión Soviética colapsaba

Desde la estación espacial soviética MIR, el cosmonauta Sergei Krikalev tenía una vista privilegiada del planeta Tierra, tan idílica, que no le permitía ver el incendio político en el que ardía su país.
El 18 de mayo de 1991 Krikalev partió a bordo de la nave Soyuz para una misión de cinco meses en la estación MIR que orbitaba la Tierra.
Junto a él viajaron el también soviético Anatoly Artsebarsky y la británica Helen Sharman.
El lanzamiento fue desde el legendario cosmódromo Baikonur en Kazajistán, el mismo desde donde la Unión Soviética se había puesto en ventaja en la carrera espacial contra Estados Unidos, con hitos como poner el primer satélite en órbita, el Sputnik; el viaje de la perra Laika; y la llegada del primer ser humano al espacio: Yuri Gagarin, en 1961.
Para entonces, la estación MIR era un símbolo de ese poderío soviético en la exploración espacial.
La misión de Krikalev era más bien rutinaria, debía hacer algunas reparaciones y actualizaciones a la estación. Pero mientras en el espacio las cosas transcurrían sin mayores problemas, en tierra la Unión Soviética comenzaba a resquebrajarse rápidamente.
En cuestión de meses, la gigantesca y poderosa Unión Soviética se desintegró mientras Krikalev estaba en el espacio.
Por esa razón, lo que en principio era una misión que no representaba mayores complicaciones, dejó a Krikalev literalmente en un limbo durante meses, flotando en el espacio más del doble del tiempo que tenía planeado y sometiendo su cuerpo y su mente a efectos desconocidos.

Así fue la odisea de Sergei Krikalev, el cosmonauta que tras soportar más de 10 meses orbitando la Tierra aterrizó en un país que ya no existía.
Su temporada abandonado en el espacio le valió pasar a la historia como «el último ciudadano soviético».
Sergei Krikalev nació en 1958 en Leningrado, que hoy corresponde a San Petersburgo.
Se graduó como ingeniero mecánico del Instituto Mecánico de Leningrado en 1981 y luego, tras cuatro años de entrenamiento se convirtió en cosmonauta.
En 1988 realizó su primer viaje a la estación MIR, que orbitaba la Tierra a una altura de 400 km sobre la superficie terrestre.
Actualmente, Krikalev es el director de misiones tripuladas de Roscosmos, la agencia espacial de Rusia. El de mayo del 91 era su segundo viaje a la estación.
«Krikalev se ganó un lugar especial en la cultura popular porque fue uno de los primeros cosmonautas en usar el radio de la estación para comunicarse desde el espacio con radioaficionados en la Tierra», le dice a BBC Mundo Cathleen Lewis, historiadora especialista en los programas espaciales soviético y ruso del Museo Nacional Smithsonian del Aire y del Espacio en Washington D.C, Estados Unidos.

Lewis se refiere a que durante las largas estancias en la MIR, Krikalev tomaba el radio y conversaba con personas del común que encontraban su frecuencia desde la Tierra.
«De esa manera estableció relaciones informales con gente alrededor del mundo», dice Lewis.
Krikalev nunca estuvo solo en la estación MIR, pero sí fue el más popular.
«No era el único que estaba en la estación, pero era quien hablaba por la radio todo el tiempo», dice Lewis.
La historiadora cree que por eso, aunque al momento de la disolución de la Unión Soviética, junto a Krikalev en la MIR estaba el cosmonauta Aleksandr Volkov, es a Krikalev a quien más se recuerda como «el último ciudadano soviético». «No fue el único en la estación, pero fue el que se volvió una figura pública«, dice Lewis.
– Se desbarata la unión
Entre 1990 y 1991 todas las repúblicas que conformaban la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) habían declarado su independencia.
En este momento, el presidente era Mijaíl Gorbachov, quien con su famosa «Perestroika», intentó modernizar al país, acercarlo al capitalismo, descentralizar el poder económico de muchas empresas y permitió que se crearan negocios de propiedad privada.
Este proceso causó mucha resistencia entre el Partido Comunista. Entre el 19 y el 21 de agosto de 1991, un grupo del ala más dura del Partido Comunista intentó un golpe de Estado contra Gorbachov, que, aunque no tuvo éxito, sí dejó a la Unión herida de muerte.
– «Todo está bien»

Mientras Gorbachov perdía el control del país, Krikalev seguía flotando en el espacio.
Ante la crisis política y económica que enfrentaba una URSS cada día más fragmentada, a Krikalev se le pidió que permaneciera en el espacio hasta nuevo aviso.
«Para nosotros era algo inesperado, no entendíamos lo que pasaba», recuerda el propio Krikalev en el documental de la BBC «El último ciudadano soviético», de 1993.
«Con la poca información que nos daban, tratábamos de tener el panorama completo».
Según explica Lewis, Krikalev se enteraba de lo que ocurría gracias a personas de occidente, ya que en ese entonces en la Unión Soviética imperaba la narrativa de «todo está bien». «Hasta que ya no lo estuvo», dice la historiadora.
Elena Terekhina, esposa de Krikalev y quien trabajaba como radio operadora del programa espacial soviético, también se comunicaba con él, pero sin darle mayores detalles de lo que estaba ocurriendo en tierra.
«Trataba de no hablarle de cosas desagradables, y creo que él intentaba hacer lo mismo», recuerda Terekhina en el documental de la BBC. «Siempre me decía que todo estaba bien, así que era muy difícil saber lo que realmente sentía en su corazón».
– Cumplir con el deber
Krikalev aceptó la misión de extender su estadía en el espacio, pero reconoció que no fue fácil. «¿Tendré la fuerza suficiente, podré reajustarme a una estadía más larga?… Tuve mis dudas», recuerda el cosmonauta. De hecho, Krikalev y Volkov habrían podido regresar en cualquier momento, pero eso habría significado dejar abandonada la estación.
«Era un problema burocrático», dice Lewis. «No querían abandonar la estación, pero tampoco tenían dinero para enviar un reemplazo«. Al mismo tiempo, el gobierno ruso le prometía a Kazajistán que como reemplazo de Krikalev enviarían a un cosmonauta kazajo, como una manera de calmar los ánimos entre ambas naciones.

Kazajistán, sin embargo, no tenía un cosmonauta con el nivel de experiencia de Krikalev, con lo cual llevaría tiempo entrenarlo. Y mientras tanto, Krikalev seguía en el espacio, expuesto a efectos físicos y mentales que aún hoy no se conocen completamente.
Según la NASA, las estadías en el espacio pueden estar estas asociadas con riesgos relacionados con la radiación, lo cual puede producir cáncer o enfermedades degenerativas. La falta de gravedad puede producir pérdida de masa muscular y ósea; y el sistema inmune puede sufrir alteraciones.
Y el aislamiento puede desencadenar problemas psicológicos, como cambios del comportamiento o pérdida del ánimo. Krikaev, sin embargo, siempre supo que su deber era mantenerse a bordo.
– Sin reemplazo
En octubre, tres nuevos cosmonautas llegaron a la estación, pero ninguno estaba entrenado para relevar a Krikalev. Según Lewis, los más preocupados por Krikalev eran las personas de fuera de la Unión Soviética, «imaginándose a un hombre abandonado en el espacio».
Para el gobierno ruso, en cambio, simplemente se trataba de que «tenían otras prioridades, otras preocupaciones». Además, el 25 de octubre de 1991 Kazajistán declaró su soberanía, lo que significaba que el cosmódromo desde donde debía partir el relevo de Krikalev, ya no estaba bajo el control de los rusos.
El 25 de diciembre de 1991 la Unión Soviética finalmente se derrumbó por completo. Ese día, Gorbachov anunció su dimisión por motivos de salud, poniendo fin al malherido imperio.

La Unión Soviética quedó fragmentada en 15 naciones y el país que había enviado a Krikalev al espacio había dejado de existir.
Su natal Leningrado, pasaría a llamarse San Petersburgo.
– El regreso
En la estación, Krikalev pasaba el tiempo contemplando la Tierra, escuchando la música que ponían sus compañeros y, por supuesto, hablando por radio. Exactamente 3 meses después, el 25 de marzo de 1992, Krikalev y Volkov regresaron a la Tierra.
En total, Krikalev había estado 312 días en el espacio, y le había dado 5.000 vueltas a la Tierra. «Fue muy placentero regresar, a pesar de la gravedad que teníamos que soportar, nos liberamos de una carga psicológica«, dijo el cosmonauta. «No diría que fue un momento de euforia, pero sí fue muy bueno». Y, a pesar de la odisea a la que había sobrevivido, Krikalev estaba listo para la siguiente aventura.
En 2000 fue parte de la primera tripulación que viajó a la Estación Espacial Internacional (ISS, por su sigla en inglés), un símbolo de la nueva era espacial, que dejaba atrás antiguas rencillas y abría paso a un modelo colaborativo entre varios países para seguir revelando los misterios del universo.
– Frank Rubio, el astronauta de la NASA que más tiempo ha pasado en el espacio

El astronauta Frank Rubio de la NASA es ayudado a salir de la nave espacial Soyuz MS-23 minutos después de que aterrizara en una zona remota de Kazajistán junto a los cosmonautas Sergey Prokopyev y Dmitri Petelin.
El astronauta de la NASA Frank Rubio aterrizó sano y salvo en la Tierra con sus compañeros de tripulación este miércoles, tras pasar 371 días en el espacio. Es el periodo más largo realizado por un astronauta estadounidense, superando el récord de 355 días que ostentaba Mark Vande Hei.
A escala mundial, el récord de mayor tiempo continuado en el espacio lo ostenta Valeri Poliakov, un cosmonauta que estuvo 437 días en la estación MIR entre 1994 y 1995. El también ruso Sergei Avdeyev ocupa el segundo lugar con una estancia de 379 días a finales de los años 90.
Frank Rubio, nacido en Los Ángeles (EE UU) de padres salvadoreños, explicó a los medios que lo primero en su lista de prioridades tras llegar a tierra firme es abrazar a su esposa e hijos.
A comienzos de la jornada de ayer, dejó la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés), junto con los cosmonautas de Roscosmos Sergey Prokopyev y Dmitri Petelin, y horas más tarde realizó un aterrizaje sin incidentes asistido por paracaídas al sureste de la remota ciudad de Dzhezkazgan, en Kazajistán.
«El tiempo que Frank ha pasado en el espacio, batiendo récords, no es solo un hito; es una importante contribución a nuestra comprensión de las misiones espaciales de larga duración», destaca el administrador de la NASA, Bill Nelson.
«Nuestros astronautas hacen sacrificios extraordinarios, dejando atrás sus hogares y a sus seres queridos, para hacer avanzar nuestros descubrimientos –añade–. La NASA está inmensamente agradecida por el dedicado servicio de Frank a nuestra nación y por las inestimables contribuciones científicas que hizo en la ISS. Personifica el verdadero espíritu pionero que allanará el camino para futuras exploraciones a la Luna, Marte y más allá».
Rubio emprendió su primer vuelo espacial el 21 de septiembre de 2022, junto con Prokopyev y Petelin. Durante su misión, completó 5.936 órbitas y un viaje de más de 252 millones de kilómetros, aproximadamente el equivalente a 328 viajes de ida y vuelta a la Luna. Fue testigo de la llegada de 15 naves espaciales y de la partida de tras 14 astronaves en misiones de carga tripuladas y no tripuladas.
– Actividades científicas
También dedicó muchas horas a actividades científicas a bordo de la estación espacial, realizando tareas variadas que iban desde la investigación de plantas a estudios de ciencias físicas.
– Una misión extendida imprevista

En realidad su estancia en el espacio estaba prevista para seis meses, pero la cápsula Soyuz MS-22 en la que debían volver tuvo una avería, una fuga de refrigerante, y regresó sin su tripulación.
Hubo que esperar a que la nave Soyuz MS-23 se lanzara como sustituta el 23 de febrero de 2023.
La misión extendida de Rubio ofrece a los investigadores la oportunidad de observar los efectos de los vuelos espaciales de larga duración en los seres humanos, como señaló el administrador de la NASA, en un momento en que la agencia planea regresar a la Luna mediante las misiones Artemis y preparar la exploración de Marte.
De momento, Rubio, Prokopyev y Petelin han regresado a la Tierra a bordo de la Soyuz MS-23. Tras las revisiones médicas posteriores al aterrizaje, la tripulación viajará a Karaganda (Kazajistán). A continuación, el astronauta estadounidense embarcará en un avión de la NASA con destino a Houston.
– La tripulación que queda en la estación
Al desacoplarse esta nave Soyuz, comenzó oficialmente la Expedición 70 a bordo de la estación. Los astronautas de la NASA Loral O’Hara y Jasmin Moghbeli permanecen a bordo del puesto orbital junto con el astronauta Andreas Mogensen de la Agencia Espacial Europea (ESA), que se convirtió en comandante de la estación el 26 de septiembre, el astronauta Satoshi Furukawa de la Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón (JAXA) y los cosmonautas de Roscosmos Konstantin Borisov, Oleg Kononenko y Nikolai Chub.
Mogensen, Moghbeli, Furukawa y Borisov regresarán a la Tierra en febrero de 2024, tras un breve relevo con la tripulación de la misión SpaceX Crew-8 de la NASA. Está previsto que O’Hara vuelva a la Tierra en marzo de 2024, mientras que Kononenko y Chub pasarán un año a bordo de la estación y regresarán a casa en septiembre de 2024.




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