3 historias de mujeres …
– Libros para la esperanza, Clara Breed (1906-1994)

Mujeres en la historia(S.F.Valero) — Cuando el 7 de diciembre de 1941 el ejército japonés atacó la bahía de Pearl Harbour los Estados Unidos declararon la guerra a las potencias del Eje. Fueron muchas las consecuencias dramáticas, principalmente para los soldados que regresaron heridos del frente o simplemente nunca volvieron a casa. Pero muchas personas sufrieron los estragos de la guerra.
Entre ellos, los ciudadanos norteamericanos de ascendencia japonesa. Considerados el enemigo dentro de casa, la comunidad nipona fue recluida en campos de internamiento. Muchos eran niños que encontraron consuelo en una simpática bibliotecaria que se convirtió en algo más que la señora que les enseñaba libros infantiles.
Clara Breed había nacido el 19 de marzo de 1906 en Fort Dodge, Iowa. La familia de Clara vivió en varias ciudades de los Estados Unidos hasta que su madre, Estelle Marie Potter y ella se trasladaron a vivir San Diego tras la muerte de su padre. Allí continuó con su formación básica y años después se licenció en biblioteconomía en la Universidad Western Reserve.
En 1928 Clara Breed empezó a trabajar como bibliotecaria infantil en San Diego, donde permaneció más de dos décadas trabajando para mejorar el sistema bibliotecario.

La entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial supuso para ella un duro golpe. Durante años había convivido con la comunidad japonesa de la zona y había compartido con los niños japoneses su pasión por los libros.
En febrero de 1942, el presidente Roosevelt firmaba la Orden Ejecutiva 9066 que obligaba a controlar a las comunidades de personas con nacionalidades afines a las potencias del Eje.
Clara Breed vio con tristeza como los japoneses fueron obligados a trasladarse a campos de internamiento. Días antes del traslado, los niños se acercaron hasta la biblioteca en la que trabajaba para devolver los libros prestados. Clara se despidió de ellos y les dio su dirección para que le escribieran y no perdieran el contacto.
Los niños enviaron decenas de cartas a su querida señorita Breed quien no solo respondió a sus palabras sino que les hizo llegar comida y productos básicos para que su vida en los campos se hiciera un poco más llevadera.
Mientras tanto, Clara Breed envió varias quejas al Congreso y mostró públicamente su desacuerdo con lo que ella consideraba una injusticia pues muchos de aquellos niños y sus padres no habían pisado nunca suelo japonés, simplemente eran descendientes de antiguos emigrantes del Japón, lo que no les convertía automáticamente en el enemigo.
Clara Breed intentó mantener el contacto con los niños tras la guerra. Finalizado el conflicto, continuó trabajando como bibliotecaria hasta que se retiró en 1970. En sus años de retiro escribió un libro sobre el sistema bibliotecario público de San Diego en el que incluyó un capítulo sobre los que ella consideraba «sus niños».
En aquellos años rescató las cartas que había recibido de ellos durante la guerra y se las entregó a una de las niñas supervivientes de los campos de internamiento quien a su vez terminó cediéndolas al Japanese American National Museum que las clasificó y digitalizó haciéndolas accesibles a todo el mundo.
Clara Breed falleció el 8 de septiembre de 1994.
– La monja detrás del ADN, Miriam Stimson (1913-2002)

Cuando en 1962, James Watson y Francis Crick recibieron el Premio Nobel de Medicina por sus descubrimientos relacionados con la estructura del ADN, tuvo lugar una de las injusticias más sonadas de la historia de la ciencia.
Décadas después, casi nadie niega el mérito de Rosalind Franklin, la científica que consiguió retratar la estructura helicoidal del ADN en su famosa Fotografía 51 y que fue apartada de los reconocimientos oficiales. No fue la única mujer relegada del mérito científico en el estudio de la genética.
Esa otra mujer era, además, religiosa. Se llamaba Miriam Michael Stimson y había nacido el 24 de diciembre de 1913 en el seno de una familia católica de Chicago. Fue la tercera hija de Frank Stimson y Mary Holland.
Tras ella, nacieron dos gemelos cuyo parto dejó muy debilitada a su madre. Miriam ayudó en todo lo que pudo a sus padres y cuando tuvo edad suficiente empezó a estudiar en una escuela religiosa de la ciudad de Adrian, en Michigan, dirigido por las hermanas dominicas.
Ya entonces, la ciencia era un hobby para ella pero también sintió la llamada de Dios así que tras graduarse, no solo continuó en el centro como maestra sino que terminó tomando los hábitos.
Convertida en la hermana Miriam, continuó con sus estudios en el Universidad de Siena Heights donde también ejerció como maestra de química. Miriam pasó largas horas en el laboratorio de la universidad investigando las células cancerígenas.
En aquellas primeras décadas del siglo XX el mundo de la ciencia aún era muy reacio a ver con buenos ojos la presencia de mujeres en sus círculos de investigación. Que una mujer fuera además monja, era toda una excentricidad para muchos.

Miriam hizo oídos sordos a las críticas y evitó las miradas de recelo. Convencida de que la ciencia no estaba reñida con la fe, Miriam creía además que era por el camino de la ciencia que se podía llegar a descubrir la verdadera naturaleza de Dios.
En 1945 la revista Nature empezó a publicar sus estudios y en 1951 fue invitada por la Sorbona de París a dar una conferencia, convirtiéndose en la segunda mujer en hacerlo tras Marie Curie. Fue en aquella época cuando Miriam Stimson descubrió la estructura del ADN a partir de la utilización del bromuro de potasio y su análisis por espectroscopia infrarroja.
Durante años trabajó en la investigación del cáncer, en las técnicas de quimioterapia, escribió manuales sobre la técnica de la espectroscopia y continuó dando clases en la universidad.
La hermana Miriam Stimson falleció el 17 de junio de 2002 sin que su nombre fuera reconocido como se merecía en el ámbito de la génetica.
– La pequeña compositora española, Marianne Von Martínez (1744-1812)

Una de las compositoras e intérpretes más famosa del siglo XVIII y reconocida por grandes nombres de la música clásica de su tiempo, Marianne von Martinez, no recibió el lugar que le correspondía en el mundo del arte musical.
Ella, como muchos otros talentos femeninos, fue aplaudida en su época pero no considerada con todo el respeto profesional que se merecía. Sus piezas musicales raramente se han recuperado para el público actual y los amantes de la música clásica.
De origen español y alemán, Marianne von Martínez o Mariana Martínez, nació en Viena el 4 de mayo de 1744. Su padre, Nicolo Martínez, había nacido en Nápoles pero tenía ascendencia española.
Su madre, Maria Theresia, era de origen alemán. A principios de la década de 1730, la pareja se instaló en Viena, donde Nicolo fue contratado como maestro de cámara para el nuncio papal en la capital austriaca.

En el edificio en el que Mariana nació y creció en la Michelerplatz de Viena, unos ilustres vecinos descubrirían y potenciaría su talento para el arte. Tanto el poeta Pietro Trapassi, conocido como Metastasio, como los compositores Nicola Porpora y un joven Joseph Haydn, enseñaron a la pequeña Marianne a tocar y componer.
Tanto estos ilustres inquilinos como otros compositores reputados de la ciudad imperial hicieron de la joven una intérprete famosa en su tiempo que pronto empezó a deleitar a los miembros de la corte siendo una de las favoritas de la emperatriz María Teresa.
En 1773 era admitida en la Academia Filarmónica de Bolonia. A lo largo de su vida, Marianne compuso sinfonías, sonatas, piezas religiosas.
Cuando en 1782 falleció Metastasio, el poeta le dejó a ella y a su hermana una amplia herencia que les permitió vivir holgadamente el resto de sus días. Su hogar se convirtió en centro de reunión de artistas en el que se dieron cita compositores de la talla de Mozart y Beethoven. Y por supuesto Haydn, su maestro y admirador que la apodó como la “pequeña española”.
Marianne Von Martínez falleció el 13 de diciembre en Viena.
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