Historia de un mito: El retorno de los gatos …

Ascient Origins(G.Hausman/L.Hausman/A.McDermott/T.Karasavvas) — Los gatos llevan 9.000 años haciendo compañía al ser humano. Salimos de las cuevas, y ya estaban ahí con nosotros. Desde entonces, los gatos han sido inmortalizados en numerosas obras de arte: pintados en frescos, esculpidos en piedra, tallados en madera, fundidos en plata y recubiertos de oro, y alabados con palabras en la literatura.
Los felinos han sido históricamente momificados, petrificados, y en épocas modernas, metamorfoseados en fotogramas de películas, prensa y literatura popular. Los gatos se han transformado incluso en juguetes de peluche y se han paseado por el mundo maullando su magnificencia.
Nuestro amor por todo lo felino parece haber crecido con el paso de los siglos, hasta tal punto que hemos dado a los gatos muchísimos nombres: miso, micho, minino, gatito, micifuz, por citar solo unos cuantos.

Cabe preguntarse, ¿por qué los gatos están tan presentes en nuestras manifestaciones culturales? Después de todo, estamos hablando de un animal pequeño y discreto con cuatro patas y una cola escuálida. Una pequeña mascota que se subió al Arca de Noé a la sombra del majestuoso león… pero esa es otra historia.
– Mitología felina de todo el mundo
Básicamente, no parece verosímil que tantos mitos quepan en un animal tan modesto. Pero esa es la auténtica verdad del pequeño gato doméstico. Su mitología ha aumentado su tamaño natural hastra proporciones descomunales. Descubramos por qué.
En Egipto, hace unos 5.000 años, el gato era considerado una criatura de la dualidad. Con su cabeza de león y ojos de luna, ya constituía en si mismo una deidad dual, un animal cuyo aspecto se correspondía con los ciclos lunares de orden y caos, armonía y discordia. Había aquí un elegante animal cuyos ojos eran una luna en miniatura, y cuyo sentido del equilibrio era supremo y divino.

Los mitos de los iroqueses norteamericanos nos hablan de la Anciana de la Luna y su compañero Lince. Mientras ella teje una correa para la cabeza, símbolo de la forma de la luna, Lince permanece pacientemente sentado junto a ella.
Entonces, ella se levanta para remover el caldero que tiene al fuego con un guiso de maíz molido, y Lince se abalanza sobre la correa para la cabeza que teje la Anciana de la Luna, desbaratándola.
De este modo, cuenta la tradición que el gato ‘deshace’ la luna, obligándola a pasar de llena a famélica todos los meses. El ciclo lunar y el de la mujer aparecen estrechamente vinculados en este mito.

En la cosmología sudamericana de los incas existe una tierra interior denominada Casa de la Luna. En su interior vive un gran puma. Los antiguos pueblos de los Andes veían a esta criatura como una entidad solar que mordisqueaba la luna, provocando que pasara de llena a menguante todos los meses.
Es interesante que la palabra quechua ‘puma’ proceda originalmente de la cultura inca. La palabra guarani para puma es Yagua Pytá. Algunas tribus amerindias creen que este gran felino se sienta sobre la cima de los cielos. ¿Es éste el mismo Leo que podemos ver en las noches claras de invierno?
Los indios americanos reverenciaban a este gran gato de los bosques llamándole “Hermano de Pie Suave.” Como tal, se le homenajeaba en las obras de arte, artesanía de abalorios, tejidos y canciones. Los cazadores de la tribu veían en este sigiloso gato a un astuto rastreador, un inteligente buscador de presas.
En la cultura europea los gatos eran también importantes en las antiguas tradiciones de las sociedades tribales que rendían culto a la Tierra. Mucho antes de la aparición de la Inquisición española en el siglo XIV, el culto a los gatos floreció en Francia, Alemania y las islas británicas.
Mil años después de la muerte de Cleopatra, las mujeres del Rin se reunían en bosques secretos y rogaban a los gatos que les concedieran fertilidad, amor y suerte.
En Escandinavia y Alemania, la diosa de los gatos era Freyja, de quien procede la palabra inglesa Friday, viernes. Una cuadrilla de gatos bigotudos tiraba del carro de Freyja recorriendo los cielos. Al difundir la diosa Freyja el evangelio del amor en Italia y Francia, y cuando el crepúsculo finalmente se abatió sobre los antiguos dioses, Freya asistió al funeral de Balder, el dios gato de la juventud. Tras los ritos funerarios, Freyja llevó a Balder al Valhalla.

En Escocia los gatos siempre han sido sagrados. Fergus, el primer rey de Escocia, tenía sangre egipcia. La leyenda asegura que su familia llevó gatos egipcios hasta las Highlands escocesas.
Scota, la antepasada egipcia de Fergus que llevó los gatos a Escocia, fue quien dio nombre al país. Por otra parte, en el escudo y el lema de varios clanes escoceses aún a día de hoy aparece un gato.
En Escocia, el gato era considerado tanto un animal como un guerrero. Algunos antiguos escoceses entraban en batalla llevando máscaras de gatos y luciendo los escudos del Clan Cattan (en el que aparece un gato).
Incluso el agudo sonido de la gaita, según la leyenda, está basado en los maullidos que emiten los gatos cuando se enzarzan en una pelea.
Cuando los romanos llegaron por primera vez a lo que hoy es Holanda, encontraron allí una tribu de “Hombres-gato” que habitaba en la desembocadura del Rhin. Su ciudad aparece como Cat Vicense en los antiguos mapas, y aún hoy en día se sigue llamando Katwijk, “ciudad de los gatos”.
– La calma de los gatos apacigua las tempestades
En diversas regiones del mundo, desde Gran Bretaña hasta las islas del Pacífico, en épocas antiguas y modernas, se ha creído que los gatos eran capaces de influir en el tiempo meteorológico. En el siglo XIX, las compañías de seguros marítimos no aseguraban ningún cargamento a aquellos barcos que no alojaban a un gato permanentemente.

En la Inglaterra del siglo XVII, los marineros más supersticiosos metían a un gato carey (con pelaje de tres colores diferentes) en una olla o vasija de hierro durante las tormentas. El gato se quedaba ahí encerrado hasta que los truenos cesaban. Son frecuentes los relatos en los que el gato del barco salva a la tripulación, una leyenda realmente antigua.
El vocabulario de todo el mundo está plagado de alusiones a las propiedades mágicas de los gatos en el mar.
Recordemos por ejemplo el catamarán (denominado familiarmente en inglés “cat”, gato), una embarcación capaz de mantener la estabilidad en un mar tempestuoso y cuya forma de navegar está basada en la habilidad felina de caer de pie. En italiano, la expresión gatta marina hace alusión a una nave que se mantiene estable a pesar del fuerte oleaje.
Existe incluso un aparejo denominado aparejo de gata utilizado para levar el ancla desde la superficie del agua hasta la serviola.
Cabe preguntarse, ¿por qué los gatos están tan presentes en nuestras manifestaciones culturales? Después de todo, estamos hablando de un animal pequeño y discreto con cuatro patas y una cola escuálida. Una pequeña mascota que se subió al Arca de Noé a la sombra del majestuoso león… pero esa es otra historia.
– El lado oscuro
Con todos estos conceptos culturales y reverenciales relacionados con los gatos, debemos reconocer asimismo el lado oscuro de su mitología. Como criaturas duales —desde el primer atisbo de fascinación por los gatos por parte de los humanos— ha existido siempre este aspecto siniestro y no tan adorable de los gatos.
San Patricio, como es sabido, expulsó a los gatos de Irlanda, pero no fue el primero en hacer algo así. En la época de la Inquisición, los gatos eran cualquier cosa menos populares. A menudo eran quemados junto con sus familiares, las brujas. De este modo, los pobres animales y las desventuradas wiccanas acababan siendo pasto de las llamas.

Así pues, ¿qué hicieron los amantes de los gatos durante los trescientos años que siguieron? Gracias a su incansable imaginación, crearon de nuevo al gato.

Estos gatos simbólicos adoptaron muchos nombres diferentes: Kabouterje, Colfy y Goblin son solo algunos de ellos.
Eran animales antropomorfos, seres capaces de cambiar de forma cuya identidad estaba a mitad de camino entre lo humano y lo felino.
En ciertos mitos nórdicos, Goblin era un inteligente hombrecillo que podía además transformarse en gato. Posiblemente no fuera un gato en absoluto, sino más bien una persona fea y de baja estatura que habría habitado en establos, pozos, jardines y cuevas.
Sí, e incluso en buhardillas y desvanes: también ahí este pequeño y travieso hombrecillo-gato establecía su residencia.

Históricamente, el goblin aún persiste una literatura, y sus nombres son innumerables. Los holandeses llaman a esta aviesa criatura Kabouterje. Los franceses, Gobelin. Los alemanes, Kobald. Los rusos, Colfy, los galeses Coblyn y los ingleses Goblin. En España es conocido generalmente como Duende o Trasgo.
– El retorno de los gatos
En cierto momento de la historia, los abrasadores fuegos de la Inquisición se apagaron y el gato regresó, como dice la vieja canción popular; nos referimos a los gatos de verdad. Había llegado la hora de que el Goblin, un suplente de lujo, se marchara. ¿Y quién le abriría la puerta para que se fuera? Quién sino su equivalente felino, el Gato.
En los países escandinavos, el gato casero encargado de cuidar del hogar y espantar a los duendes era conocido como smierragatto. Vigilaba el pan, la mantequilla, la leche y el queso.
Su lugar favorito para dormir era el horno. En Finlandia, el smierragatto vivía en lo alto de las vigas y traía buena suerte a todo aquél que le presentara sus respetos. A cambio, este hacendoso gato realizaba tareas domésticas.

Tengamos presente que éste era un gato de carne y hueso, aunque atrapado en las mágicas redes del mito. Cuando construían una nueva casa, los finlandeses siempre se aseguraban de llevar consigo una palada de cenizas: una ofrenda para el smierragatto. Como todo el mundo sabe, a los gatos les encanta hacer sus necesidades en las cenizas.
Aunque el símbolo del buen gato casero se fortaleció y extendió por toda Europa, Goblin, en el pasado un buen tipo, se volvió irascible. De este modo, surgieron muchos relatos en los que el buen gato doméstico protector del hogar se enfrentaba al malvado Goblin.
– Nueve vidas
En Francia el gato protector del hogar era conocido como matagot. Éste era el gato mágico del Mediodía francés que traía buena suerte a todo aquél que le diera de comer. En la península de Bretaña, en el noroeste de Francia, este felino providencial no era conocido como ‘gato casero’, sino más bien como ‘gato del dinero’.
Famoso por sus nueve vidas, este gato era capaz de servir a nueve propietarios a un tiempo.

La referencia a la buena suerte y el número nueve no es casual. De hecho, la más antigua mención de este tipo nos remite a Mahoma y su gata Muezza. Un día, durmiendo Muezza sobre una de las mangas de Mahoma, el profeta se levantó para marcharse, pero en lugar de despertar a Muezza, se cortó la manga para no molestarla.
Después de hacerlo, acarició en tres ocasiones el lomo de Muezza a lo largo. Este mito explica por qué los gatos siempre caen de pie: es gracias a la bendición de Mahoma. Los estudiosos de la mitología afirman asimismo que este relato explica cómo tres veces tres caricias dan como resultado nueve vidas. De este modo, la manga del profeta se convirtió en el don de la longevidad para todos los gatos del mundo.
El gato sagrado y de larga vida es asimismo otro mito universal. El gato de los templos japoneses, llamado en ocasiones gato de kimono, tiene un punto oscuro: el obi, la faja que ciñe el kimono. Hace mucho tiemo, estos gatos eran llevados a los monasterios y dejados allí por ser considerados animales benéficos.
Esta adorable tradición continúa aún en nuestros días en Japón, independientemente de las características o el color del pelo del gato.
Desde el punto de vista de la raza, el gato de kimono prototípico era el japonés de cola recortada (‘Bobtail’). Cuando este gato era de colores negro, rojo y blanco, era llamado mi-ke, expresión que significa ‘tricolor’. En la pintura, la escultura y los amuletos japoneses, el gato mi-ke (carey) aparece sentado mirando al frente con una pata alzada en un magnánimo gesto de buena voluntad.

En la mitología, como en la vida, todo acaba llegando a su destino, pero quizás no a su final. De modo que al poner fin aquí a este artículo, vamos a echar un último vistazo a una imagen lo más relajada posible: la de un gato durmiendo. Como ocurre con la Tierra, las armoniosas líneas del felino fluyen desde la punta de su nariz hasta la de su cola.
En el arte sumi-e, una técnica pictórica japonesa similar a la acuarela, el gato enroscado es representado mediante un solo trazo que simboliza el mar circular, la luna redonda, el universo entero en reposo.
– Cuentos de los malvados japoneses Bakeneko y Nekomata
La reputación de los gatos a menudo ha pasado del bien al mal a lo largo de los años, ya que han sido venerados y temidos en todo el mundo. Una de las asociaciones malévolas más famosas que han tenido los gatos es, sin duda, con la brujería. Otra conexión, posiblemente menos conocida, proviene de Japón, en forma de las míticas y legendarias criaturas Bakeneko y Nekomata.
– El mítico Bakeneko
Bakeneko a veces se ha traducido como «Gato monstruoso» o «Gato fantasma», pero la mejor definición en español puede ser simplemente «Gato cambiante». Los Bakeneko mitológicos son yōkai (criaturas sobrenaturales) que supuestamente comienzan como gatos domésticos normales.
Las leyendas dicen que a medida que los gatos envejecen, cambian. El proceso comienza con ellos caminando sobre sus patas traseras, aunque con el tiempo los gatos ganan más poderes y crecen (incluso hasta el tamaño de un humano), luego tienen la capacidad de cambiar sus formas y, a veces, alcanzar el punto máximo en los lenguajes humanos.
Las historias sobre Bakeneko sugieren que la forma favorita para cambiar a estos gatos tortuosos son sus dueños u otros humanos. Según los informes, este cambio hace que los gatos estén tan felices que se ponen servilletas en la cabeza y bailan.

Otros poderes del mítico Bakeneko incluyen invocar bolas de fuego, usar sus colas como antorchas para prender fuego, controlar a los muertos y maldecir (o matar) a sus dueños anteriores, si lo consideran oportuno.
– El primo malvado de Bakeneko – El Nekomata
Los Nekomata son esencialmente Bakeneko potenciados. Las leyendas de Nekomata comienzan de manera similar al Bakeneko, con un gato doméstico de pie sobre sus patas traseras. Sin embargo, los Nekomata son los gatos más grandes y mayores y tienen colas más largas que Bakeneko. Se dice que tienen dos colas idénticas después de su cambio, lo que les permite crear el doble de problemas.
Se cree que más Nekomata pueden hablar idiomas humanos que Bakeneko y que usan esta capacidad para crear más estragos en las vidas humanas. Si bien las leyendas muestran que no todos los Bakeneko son nefastos, se cree que todos los Nekomata lo son. Se dice que los Nekomata encuentran un gran placer en crear caos y se cree que son responsables de grandes incendios y de chantajear o esclavizar a los humanos.

Las leyendas sitúan las casas de Nekomata en las montañas, donde a menudo se dice que aparecen como grandes gatos monteses y viven en manadas pequeñas. Si un humano entra en la morada de los Nekomata, el folclore afirma que es casi seguro que lo matarán por entrar sin autorización.
– Orígenes comprensibles para los gatos monstruosos
Como ocurre con muchas criaturas míticas, los orígenes pueden en realidad ser bastante comunes para los Bakeneko y Nekomata. Algunos eruditos dicen que las leyendas comenzaron cuando los gatos lamían el aceite de las lámparas alimentadas con aceite de pescado. La aparición de un gato sobre sus patas traseras con ojos brillantes y anticipadores, comprensiblemente, sorprendió y desconcertó a algunas de las personas que lo vieron, y el mito surgió poco después.

Al final, muchas personas estarían de acuerdo en que un gato viejo y gordo (probablemente) no se convertirá en un monstruo terrible; sin embargo, para estar a salvo, se convirtió en una práctica común cortar la cola de los gatos jóvenes como medida preventiva.
Siguiendo la tendencia, hoy se dice que el gato más popular en Japón es el bobtail. Los gatos no fueron simplemente asesinados porque se creía que el asesinato de un gato había puesto una maldición sobre la familia, así como una obsesión durante siete generaciones.
Con las características extrañas o excepcionales que suelen tener los gatos, no es de extrañar que las historias de Bakeneko y Nekomata también se afianzaran y el mundo mítico se enriqueciera con sus historias legendarias.
– Las prostitutas de gatos atacan el miedo
Una de las leyendas japonesas más famosas trata sobre las prostitutas Bakeneko de Edo (el antiguo nombre de Tokio). Hay muchas de estas historias, pero todas comparten un hilo conductor. A menudo, el cliente de la prostituta se duerme solo para despertarse y ver a la hermosa mujer picando huesos de pescado u otros mariscos mientras tiene una cabeza o sombra de gato.
Otras versiones muestran que la sombra del gato aparece cuando el hombre ve a una hermosa prostituta proyectando la sombra mientras se acerca a él en la calle.

Independientemente del comienzo, las leyendas continúan con el hombre aterrorizado de estar en presencia de un Bakeneko y escapando (si es posible). A veces, las historias van más allá cuando Bakeneko se abalanza sobre su víctima y lo mata.
Las misteriosas prostitutas Bakeneko aparentemente surgieron como una leyenda urbana del caso de un Bakeneko que supuestamente estaba «trabajando como meshimori onna, un tipo de camarera / sirvienta / prostituta de bajo costo, en el Ise Inn en el área de Shinagawa-juku de Edo, una de las cincuenta y tres estaciones de la carretera marítima Tōkaidō» a finales del siglo XVIII.
Existe la creencia de que la imagen de la prostituta de Bakeneko comenzó porque no era aceptable que las prostitutas comieran frente a sus clientes, por lo que se inclinaban sobre sus comidas robadas mientras el cliente dormía. Cuando el hombre se despertó, pudo haberla visto de una manera distorsionada (especialmente después de la noche de beber). Quizás inesperadamente, la moda de las chicas gato sigue siendo prominente en el manga, el anime y los videojuegos japoneses modernos en la actualidad.

– El gato vampiro de Nabéshima
Otro cuento popular sobre un Nekomata involucra al gato cambiante, un príncipe, una geisha y un soldado. La historia comienza con Nekomata viendo a la geisha favorita regresar a su habitación después de una noche con el príncipe. Esperó hasta que se durmió y luego entró sigilosamente, se abalanzó sobre la geisha dormida y la estranguló.
Luego, el gato arrastró el cuerpo afuera donde enterró a la desafortunada mujer bajo unas flores. Tras el asesinato, Nekomata se transformó en la forma de geisha.
Cada noche, los Nekomata iban a visitar al príncipe, tal como lo había hecho la geisha antes. Sin embargo, cuando el príncipe se quedaba dormido, el Nekomata bebía su sangre. Estos encuentros llevaron al príncipe a quejarse de sueños horribles a medida que se volvía cada vez más débil.

Ningún médico pudo identificar la enfermedad del príncipe, por lo que ordenaron a los soldados que vigilaran al príncipe durante todo el día. Curiosamente, alrededor de la medianoche cada noche, los soldados se cansaron incontrolablemente y se durmieron, dejando la oportunidad para que los Nekomata continuaran sus visitas. Pero una noche las cosas cambiaron.
Un joven soldado llegó al castillo para ofrecer su ayuda al príncipe. El soldado se purificó en la fuente y oró a un icono de Buda durante varias horas. Un sacerdote budista vio la dedicación del joven y le preguntó si le gustaría vigilar al príncipe por la noche.
Luego advirtió al soldado que había un problema ya que todos los soldados se durmieron alrededor de la medianoche. El soldado aceptó la oferta y le dijo al sacerdote que no se preocupara: conocía una forma segura de mantenerse despierto.
Cerca de la medianoche de esa noche, sin falta, los soldados comenzaron a cabecear, uno por uno. Incluso el joven soldado reprimió un bostezo. Pero luego, sacó su cuchillo y se apuñaló a sí mismo en la pierna. Cada vez que comenzaba a cansarse, giraba la hoja y volvía a estar alerta.
Con la llegada de la medianoche llegó la hermosa geisha. Abrió la puerta y se arrastró hacia la cama del príncipe dormido. El joven soldado se puso de pie y levantó su cuchillo. La geisha miró al soldado con sus ojos amarillos y luego se fue tan silenciosamente como ella entró. Lo mismo sucedió durante las siguientes cuatro noches.
El soldado estaba seguro de que la geisha de ojos amarillos tenía la culpa de la enfermedad del príncipe y trató de advertirle. Pero incluso cuando recuperó la salud, el príncipe se negó a escuchar la queja del soldado contra su amante favorito. Así, el joven soldado hizo un plan para matar él mismo a la sospechosa geisha.
El joven soldado conoció a la geisha una noche en su habitación (con ocho de sus compañeros escondidos detrás de él). Cuando abrió la puerta, el soldado vio que sus ojos amarillos volvían a brillar. Le entregó un papel doblado y le pidió que lo leyera. Luego, con la atención de la geisha preocupada, sacó su cuchillo y trató de apuñalarla.
La geisha se defendió y el resto de los soldados avanzó. En un instante, el Nekomata volvió a su forma felina y se alejó de sus atacantes. Luego corrió hacia la noche.
Al día siguiente, el soldado le contó al príncipe los acontecimientos de la noche anterior y comenzó una búsqueda del cuerpo de la geisha real. Cuando fue descubierto por el jardinero, el príncipe estaba más allá de la comodidad y ordenó a sus soldados que encontraran y mataran al Nekomata que le quitó la vida a su amada.
El joven soldado encontró a los Nekomata y representó la venganza del príncipe.
– Una historia redentora para las personas que cuidan a sus gatos
Los mitos de Bakeneko muestran que no todas las criaturas son iguales. También hay historias cortas que involucran a Bakeneko ayudando a las personas que los cuidaron cuando eran gatos normales. Normalmente, estas historias involucran a una persona (una criada o un nieto, por ejemplo) que es amable con un gato mientras que otra persona con más autoridad (es decir, la dueña de la casa o el abuelo) es cruel.
En estas historias, el gato finalmente se convierte en un Bakeneko y por casualidad se encuentra con su benefactor. El benefactor de la historia a menudo busca refugio en una casa en una montaña o isla (donde los Nekomata también tienden a vivir).
Cuando el Bakeneko ve a su viejo amigo le advierte que debe irse porque la persona se ha topado con un lugar «donde se juntan los gatos». El Bakeneko también se identifica a veces, ya que proporciona al individuo una ficha que le ayudará a escapar.

Si, por casualidad, la persona que maltrató al gato también aparece en el futuro de Bakeneko, será asesinado por Bakeneko como venganza. ¡Sin duda el mensaje aquí es que cuides a tus mascotas!
– Gatos geniales en Japón
A pesar de las aterradoras leyendas de Bakeneko y Nekomata, los gatos no son odiados en todo Japón. Han jugado un papel importante en la cultura japonesa de muchas formas. Por ejemplo, una de las otras imágenes icónicas de gatos es el Maneki Neko (gato que da la bienvenida o que hace señas).
El Maneki Neko se ve a menudo sentado en la entrada de las tiendas con una pata levantada. Este gato también ha sido un símbolo de suerte y felicidad desde el período Edo.

El arte que representa a los gatos también fue una característica común en el período Edo, con los artistas Hiroshige Utagawa y Kuniyoshi Utagawa a la vanguardia del movimiento. Durante el período Meiji 1868-1912, el novelista Soseki Natsume continuó la tendencia de los gatos con la novela Soy un gato, que se convirtió en una famosa pieza de la literatura japonesa.
La popularidad de los gatos continúa en la cultura actual a través de Hello Kitty, una linda felina que se sienta en el hogar de muchas familias con niñas pequeñas.

Pero aún más dramáticas que la fama del gato antropomórfico son las famosas ‘Islas de los Gatos’. La isla Tashirojima es una isla que se encuentra en la ciudad de Ishinomaki, al este de la ciudad de Sendai. Incluso hay un santuario de gatos (Neko-jinja) para los habitantes felinos de este sitio.

Si eso no es suficiente, existe otra isla de gatos en la isla de Aoshima en el área de Shikoku. Esta isla también se ha llamado un «paraíso de los gatos». La isla de Aoshima supuestamente tiene 15 residentes humanos y 100 gatos y se ha convertido en un lugar turístico popular.
El asombroso dominio de los gatos sobre la cultura japonesa es, sin duda, prominente a lo largo de la historia. Ya sea una luz positiva o negativa en la que se proyectan; los gatos ciertamente han tenido un impacto.

– Análisis de ADN sugieren que los propios gatos escogieron ser domesticados por el hombre
Según un exhaustivo análisis de ADN obtenido de genes de gatos, el gato doméstico desciende de gatos salvajes que fueron domesticados en dos ocasiones; una de ellas en el Próximo Oriente y la segunda más tarde en Egipto. El estudio sugiere que los gatos vivieron junto a los humanos durante miles de años antes de ser definitivamente domesticados.
– De cazadores a mascotas
El gato ha sido tradicionalmente un importante animal para las sociedades humanas como agente de control de plagas, objeto de veneración y animal de compañía. Pero curiosamente, hasta hace poco no sabíamos demasiado sobre su proceso de domesticación y su antigua dispersión antropogénica.
Como informa la revista Nature, después de que los científicos llevaran a cabo análisis de antiguo ADN perteneciente a restos arqueológicos de gatos hallados en un amplio espectro geográfico y temporal, los investigadores descubrieron que tanto las poblaciones de Felis silvestris lybica del Próximo Oriente como las de Egipto contribuyeron al patrimonio genético del gato doméstico a lo largo de diferentes períodos de la historia.
El estudio ha revelado que los agricultores del Próximo Oriente fueron con toda probabilidad los primeros de la historia que domesticaron gatos salvajes hace ya casi 9.000 años. Algunos miles de años más tarde, los gatos se extenderían desde el antiguo Egipto a través de rutas comerciales marítimas, mientras que en nuestros días (y ya por muchos años), los gatos viven en todos los continentes con la única excepción de la Antártida.
‘Muchacha dando leche a su gato’, óleo de Marguerite Gerard
En opinión de los científicos, los gatos salvajes empezaron a merodear en torno a los cultivos con la intención de encontrar comida (los almacenes de grano atraían a los ratones), y de este modo nació la relación entre humanos y felinos. “Hubo dos procesos de domesticación: uno en el Próximo Oriente, el primero, y otro en Egipto mucho más tarde.
Y a partir de ahí el gato se extendió de forma muy eficiente por todo el mundo antiguo como gato de barco. Ambos linajes están presentes en la actualidad en los gatos modernos,” explicaba la investigadora Eva-Maria Geigl del Instituto Jacques Monod, en declaraciones recogidas por la BBC.
Así pues, parece clara la conclusión de que, mucho antes de que los antiguos egipcios los domesticaran y más tarde adoraran como criaturas divinas, los gatos pasaron miles de años cazando ratones en barcos y cultivos, viviendo junto a los humanos, más que con ellos o acogidos por ellos.
“Yo diría que los gatos escogían la compañía humana, pero era una relación simbiótica: beneficiosa para ambas partes,” comentaba al respecto la Dra. Geigl en la BBC.

– Análisis de antiguo ADN
En el estudio se llevó a cabo un análisis de antiguo ADN en laboratorios especializados de París y Leuven, Francia, ADN extraído de muestras de huesos, dientes, piel y pelo (estos dos últimos cuando se encontraban disponibles en momias egipcias) pertenecientes a 352 antiguos gatos, según informaciones publicadas por Nature.
La antigüedad de los restos arqueológicos se determinó utilizando datación directa por carbono-14 mediante espectrometría de masas con aceleradores (AMS), asociaciones estratigráficas realizadas con los datos obtenidos mediante la AMS y pruebas arqueológicas contextuales. También se extrajo ADN de muestras de piel y garras de 28 gatos salvajes modernos de Bulgaria y África oriental.
El análisis ha revelado cuándo los gatos salvajes se desarrollaron hasta convertirse en la especie que podemos ver hoy en día, y demuestra que genéticamente no existen diferencias notables entre los gatos domésticos y los gatos salvajes.

– Gatos divinos en el antiguo Egipto y su difusión por Occidente
Como informaba Ryan Stone en un artículo publicado con anterioridad en Ancient Origins, la primera deidad felina fue Mafdet, una diosa que se remonta hasta la Primera Dinastía del antiguo Egipto, entre los años 3400 a. C. y 3000 a. C.
Como diosa felina, Mafdet estaba asociada a la protección contra las mordeduras venenosas, en especial las de serpientes y escorpiones (probablemente debido al hecho de que los gatos matan serpientes y escorpiones).
La diosa Bastet, más famosa, ocupó el puesto de Mafdet como guardiana del Bajo Egipto, el faraón y el dios del sol Ra. Bastet, una deidad femenina similar con cuerpo de mujer y cabeza de gato, era considerada una personificación del propio sol, encontrándose su santuario principal en la antigua ciudad egipcia de Bubastis.

Desde Egipto, los gatos se extenderían por Europa en la época romana, y llegarían aún más lejos en el período vikingo. Curiosamente, el ADN del gato egipcio se ha encontrado incluso en un puerto vikingo, lo que revela que aquellos gatos eran transportados a través de las rutas comerciales marítimas hasta el norte de Europa.
Los gatos atigrados, no obstante, no aparecerían en Occidente hasta la Edad Media. A lo largo de los siglos posteriores, sin embargo, los gatos atigrados se extenderían por todo el mundo, al convertirse los gatos en una de las mascotas preferidas gracias a su belleza. “Se llevó a cabo muy poca cría y selección en los gatos hasta el siglo XIX, en contraste con los perros. El gato fue útil desde el principio: no hizo falta cambiarlo,” explicaba la Dra. Geigl en la BBC, expresando posiblemente (aunque de forma sutil) su preferencia por los gatos.


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