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Las flappers: aquella moderna feminidad desaforada …


Historia Hoy(J.Blee) Surgieron a principios de s.XX, concretamente en la década de los años 20, desafiando el ideal de belleza, de vestimenta y de comportamiento que imperaban en ese momento.

Encarnaban la transgresión: bebían, fumaban, leían, iban a fiestas, conducían a altas velocidades, escuchaban música inédita y la bailaban; eran lindezas indómitas, pasionales, sexuales e inteligentes.

Su statement liberalista era primordialmente estético y se caracterizaba por: el uso de faldas cortas (apenas por debajo de la rodilla, pero con la amplitud y volatibilidad necesarias para bailar al ritmo -y del frenesí- del jazz -una música nada convencional para el entonces-, lo cual permitía que no solo las rodillas quedaran expuestas, sino que también las ligas que sostenían las medias de seda negras o blancas que vestían sus piernas).

La parte de la sociedad más conservadora las tildaba de prostitutas por su comportamiento, vestimenta, vocabulario, relaciones, forma de pensar y también de actuar. Pero nada más lejos de la realidad. Las flappers surgieron principios del S.XX, concretamente en la década de los años 20 -concretamente hace 100 años- desafiando el ideal de belleza y de vestimenta del momento.

Con la llegada del liberalismo social y tras el fin de la Primera Guerra Mundial, el inconformismo y las ansias de libertades sociales empezó a resonar con fuerza en la mentalidad de hombres y mujeres de todo el mundo -sobre todo en las mujeres que eran las que tenían más limitaciones en sus derechos y libertades-.

Fue entonces cuando surgió un movimiento que no entendía de clases sociales pero que tenía un denominador común: el romper con los establecido y dejar atrás la opresión machista de la sociedad.

Al acabar la guerra, las mujeres salieron de sus casas para comenzar a trabajar en fábricas, oficinas, talleres o incluso puestos de trabajos que antes solo estaban destinados a los hombres. Es por ello que el corsé desaparece de su vestimenta para dar paso a propuestas más cómodas que les permitiese moverse con facilidad y estar confortables en los lugares de trabajo.

Pero no solo se notó en el ámbito laboral, sino también en el tiempo de ocio y recreo. Es ahí cuando las flappers comenzaron a usar maquillaje llamativo, a cortarse el pelo al estilo ‘bob’ a la altura de las orejas, a lucir prendas más cortas por encima de la rodilla, joyas voluminosas o accesorios repletos de plumas o lentejuelas; realizaban prácticas que antes solo estaban destinadas a los hombres como beber alcohol, fumar cigarrillos, no tener buenos modales, practicar deporte, conducir y frecuentar locales nocturnos -donde sobre todo escuchaban jazz, la música no convencional de ese momento-.

Las flappers eran jóvenes urbanas, solteras de clase media que tenían un trabajo en la cambiante economía estadounidense, sobre todo como secretarias, operadoras telefónicas o vendedoras en las tiendas departamentales. Nacieron en la década de 1920 durante la Era del Jazz, después de la Primera Guerra Mundial y antes de la Gran Depresión

Vestidos rectos y con amplios escotes sujetos solo con tirantes (dejando totalmente al descubierto los brazos y generalmente con cinturones colgando de la cadera para acentuar levemente el cuerpo menudo y esbelto entre las holgadas prendas), ausencia de corsé, instancia históricamente novel, aunque no así del todo liberatoria, ya que lo que hicieron fue mejorarlo a sus necesidades estéticas.

Irónicamente, a pesar de su imagen provocadora, en vez de llevar los corsés para resaltar las curvas, reducir cintura, y marcar busto y cadera como se hacía hasta la primera década del siglo pasado, las flappers usaban sujetadores y fajas que moldeaban una figura sin formas curvilíneas, reduciendo pechos y caderas, dando una imagen más andrógina, infantil, frágil y de efebo y el pelo teñido de negro azabache o de rubio platino cortado a la Garçonne (un corte simétrico de aspecto masculino, que luego devino en el bob cut y fue sustituido más tarde por el corte Shingle bob y por el Eton crop el primero se introdujo en 1924, muy parecido al bob cut pero más corto y sin flequillo, generalmente muy engominado para pegarlo lo máximo posible a la cabeza.

El segundo, acreditado a Joséphine Baker, es reconocido por ser liso por la raíz y a la altura de las orejas lleno de rizos -muy popular durante los 20s, porque era ideal para llevar con sombreros cloché.

Una imagen misteriosa de tez blanca, con labios rojos y ojos perfilados en color negro que se completaba con los accesorios, en ese momento muy recargados, y con los collares de perlas como complemento perfecto.

También se usaban complementos para el pelo y la cabeza: casquetes, bandas, turbantes, tocados a modo de diadema, eran imprescindibles en esa época y siempre con mucho brillo y muchas lentejuelas.

La mujer se incorporó al trabajo, se cortó el cabello a la Garçonne y sus trajes de día eran sencillos. El diseño de los vestidos los puso de moda una tal Coco Chanel, que se convirtió en un icono de la moda de esa época. Sus modelos fueron adoptados por las flappers. 

Los accesorios eran una parte inefable del vestir de aquellas féminas y, por lo general, consistían en piezas de joyas de moda Art Decó y en muchas capas de collares de perlas.

Los guantes largos, las carteras de noche, las estolas de piel, las plumas, las lentejuelas, los brillos y los zapatos de taco alto, eran tan neurálgicos como el maquillaje.

El rojo carmín de los labios, el delineado profundo de los ojos y las sombras negras esfumadas sobre los párpados, significaron una ruptura estética rotunda con el pasado victoriano de sus antecesores, asunto que a más de un espíritu conservador exacerbó y peyorativizó desde una -obturada- óptica patriarcal y rotuló de “prostitutas”.

Como si no hubiesen sido ellos los gestores del origen de la profesión más antigua de la historia de la humanidad…

Hay quienes sostienen que la impronta estética de las flappers era la forma de destacar y conseguir que los pocos hombres que quedaban en la ciudad tras la Primera Guerra Mundial se fijasen en ellas, pero a mi parecer: fueron feministas que desafiaron a lo que en aquel tiempo era considerado socialmente correcto y, por sobre todas las coyunturas históricas, consiguieron la alteridad -insospechada hasta ese entonces- Agenciándose el podio fashionista y apeando a la aristocracia del rol hegemónico del dictamen de la moda.

Actrices, escritoras, artistas visuales, diseñadoras, bailarinas y coreógrafas, comenzaron a ser más admiradas que cualquier miembro femenino de la nobleza. Clara Bow, Alice White, Billie Dove, Joan Crawford, Louise Brooks, Collen Moore, Zelda Fitzgerald, Dorothy Parker, Joséphine Baker, Tamara de Lempicka y Marie Prevost, fueron algunas de las “it Girls” del momento.

Entre muchas otras tanto famosas como desconocidas, ya que, paralelamente, la industria textil avanzaba muy rápido y los tejidos se abarataban, y las mujeres de clases trabajadoras podían tener acceso a los patrones de vestidos gracias a la aparición de las primeras revistas de patronaje, y así ellas mismas confeccionar sus trajes y diseños propios

Clara Gordon Bow (Brooklyn, Nueva York, 29 de julio de 1905—Los Ángeles, 27 de septiembre de 1965) fue una actriz estadounidense, conocida por su trabajo en el cine mudo en los años 1920. Fue, además, el arquetipo de flapper y la It girl original, poseedora de uno de los rostros más bellos de su época.

Alice White (24 de agosto de 1904 – 19 de febrero de 1983), fue una actriz cinematográfica estadounidense.

Debido a su conducta liberal, la parte más conservadora de la sociedad las tildó de prostitutas. Pero todas ellas en vez de ofenderse, defendían con la cabeza bien alta sus libertades, derechos y forma de vestir, comportarse o actuar que supuso todo un precedente que cambiaría no solo la historia de la moda sino el de muchos otros ámbitos de la vida en general.

Pero -y tristemente-, a pesar de su popularidad, el estilo de vida flapper y su imagen no pudo sobrevivir a la Gran Depresión. – ¿Qué hubiese devenido de esa femenina existencia hedonista de no haber sido por la irrupción del Crack del 29?

No sabe, no contesta. Solo las especulaciones pueden llegar a servir de bálsamo ante el horror vacui que abruma nuestras finitas existencias plagadas de incertidumbres, verdades relativas y certezas volubles-.

De todas maneras, más allá de la fugacidad de su savia, siguiendo el eslogan feminista de la llamada tercera ola “Lo personal es político”, estas estetas reaccionarias de los “años locos” hicieron de sus vidas instancias actitudinales que abrieron camino a nuevas cosmovisiones y libertades, las cuales bien asistieron a todas las generaciones venideras.

Billie Dove (14 de mayo de 1903​ – 31 de diciembre de 1997) fue una actriz cinematográfica de nacionalidad estadounidense, activa en la época del cine mudo.

Joan Crawford (San Antonio, Texas; 23 de marzo de 1904-Nueva York; 10 de mayo de 1977), nacida bajo el nombre de Lucille Fay Le Sueur , fue una actriz estadounidense de cine y televisión ganadora de un Óscar de la Academia en 1945. En 1999 el American Film Institute la situó como la décima estrella femenina del cine de todos los tiempos.

Subversivas connaturales, contestatarias medulares, hedonistas ingénitas, las flappers fueron un torbellino de subjetividades que cambiaron el rol subyugado de la mujer en la historia dentro del -arcaico, aunque aún vigente- patriarcado occidental. Me pregunto si no fueron las primeras mujeres farmacopornográficas

Louise BrooksLouise Brooks (Cherryvale, 14 de noviembre de 1906 – Rochester, 8 de agosto de 1985) fue una actriz, bailarina y escritora estadounidense que se convirtió en una de las caras más famosas del cine mudo. Se la conoce, principalmente, por sus papeles en películas mudas durante la última mitad de la década de los años 1920 en los Estados Unidos y, sobre todo, por tres películas realizadas en Europa entre los años 1929 y 1930. En una carrera cinematográfica que comenzó en 1925 y terminó en 1938, interpretó 24 películas, dos de las cuales han sido consideradas por la revista The New Yorker como obras maestras: “La caja de Pandora” y “Diary of a Lost Girl”, ambas realizadas en Berlín por el director alemán Georg Wilhelm Pabst. Su corte de cabello era el rasgo más distintivo de su imagen, la cual inspiraría incluso personajes de historieta, como la célebre Valentina (1965).

Collen Moore (19 de agosto de 1899 – 25 de enero de 1988) fue una actriz cinematográfica estadounidense, una de las estrellas más elegantes de la era del cine mudo.

Pero si hay una mujer que marcó con su estilo y su actitud el mundo de la moda de la década de los 20 hasta llegar a la actualidad, es sin duda alguna la icónica Gabrielle Chanel conocida por todos como Coco Chanel.

Ella renovó de una vez por todas el armario femenino proponiendo y reivindicando el papel de una mujer activa, libre, independiente y -cómo no-, feminista.

Fundó su firma en 1910 y no dejó de trabajar para ella hasta el día de su muerte en París el 10 de enero de 1971 a los 87 años de edad. Icono de estilo y una de las diseñadoras más relevantes de nuestro tiempo, no solo configuró una de las marcas más reconocidas y valoradas de la actualidad, sino que sus propuestas estilísticas se convirtieron en todo un precedente de estilo y un cambio en la moda de la época.

Zelda Fitzgerald (apellido de soltera Sayre; Montgomery, 24 de julio de 1900 – Asheville, 10 de marzo de 1948) fue una novelista, bailarina y celebridad estadounidense, esposa del escritor F. Scott Fitzgerald. Se convirtió en un icono de los años 1920, siendo apodada por su esposo como “la primera flapper de Estados Unidos”. Después del éxito de la primera novela de su esposo, “A este lado del paraíso” (1920), los Fitzgerald se volvieron celebridades. Tras haber sido el símbolo de la era del jazz, los rugientes años veinte y la generación perdida, Zelda Fitzgerald encontró tras su muerte un resurgir, gracias a la publicación en 1970 del libro “Zelda: A Biography”, de Nancy Milford.​ La biografía de Milford la retrató como un icono feminista y una víctima de un esposo controlador. En 1992 fue admitida en el Salón de la Fama de las mujeres de Alabama. Su nombre inspiró el título de la famosa saga de videojuegos “The Legend of Zelda”, así como el nombre de su afamada princesa.

Joséphine Baker (San Luis, Misuri, Estados Unidos; 3 de junio de 1906 – París, Francia; 12 de abril de 1975) , registrado al nacer como Freda Josephine McDonald, fue una bailarina, cantante y actriz francesa de origen afroamericano, considerada la primera vedette y estrella internacional. Se le dieron apodos tales como “la Venus de Bronce”, “la Perla Negra”, “la Diosa Criolla”, “la Sirena de los Trópicos” y, sobre todo, “la Venus de Ébano”.

¿Algunos aportes feministas de Coco Chanel vinculados al fenómeno flapper?

-Suprimió el corsé de la figura femenina y creó estilismos cómodos adaptados a la mujer trabajadora.

-Puso de moda el corte garçonne o el conocido como corte bob que tanto lucían las flappers; cortes por encima de los hombros a la altura de las orejas.

-Inventó la bisutería como indicativo de que la moda no entendía de clases sociales.

-Mezcló la moda considerada masculina con la femenina siendo de las primeras mujeres no solo en diseñar pantalones, sino también llevándolos ella misma.

-Sacó adelante una firma de moda que todavía existe en la actualidad y que tiene más de 100 años de historia, demostrando ser una mujer libre, independiente y totalmente capacitada para valerse por sí misma.

Tamara de Lempicka (Varsovia, 16 de mayo de 1898, Polonia – Cuernavaca, México, 18 de marzo de 1980), nacida Tamara Rosalia Gurwik-Górska, fue una pintora polaca que alcanzó la fama en Europa, sobre todo en Francia, y en Estados Unidos con sus retratos y desnudos del estilo Art Déco.

Marie PrevostMarie Prevost (8 de noviembre de 1896 – 21 de enero de 1937) fue una actriz cinematográfica nacida en Sarnia, Ontario, Canadá. Su verdadero nombre era Mary Bickford Dunn y a lo largo de sus veinte años de carrera actuó en un total de 121 producciones, tanto mudas como sonoras.

A lo largo del último siglo desde que el término flapper apareciese por primera vez y que este 2020 se cumplen 100 años, la industria del cine y la literatura -al igual que ha pasado con la moda- han utilizado la figura de este icono revolucionario para crear obras literarias o cinematográficas en torno al mismo.

F.Scott Fitzgerald en algunas de sus novelas como la conocida El Gran Gatsby, Zelda Fitzgerald en su obra Resérvame el Vals, o John Held Jr, Anita Loos y Olive Thomas fueron algunos de los artistas, actrices o escritores que ayudaron a la consagración del fenómeno flapper.

En el ámbito cinematográfico más actual, series como Con ella empezó todo protagonizada por Christina Ricci interpretando el papel de Zelda Fitzgerald y estrenada en 2016; las películas Chicago (2002), Burlesque (2010) o Moulin Rouge (2001) nos transportaron al mundo flapper donde el baile, la libertad, el maquillaje, la música, los vestidos de flecos y purpurina y el empoderamiento femenino estaban a la orden del día. En España la ficción de Netflix Las Chicas del Cable que acaba de estrenar su última temporada también nos recuerda la estética flapper con sus estilismos y comportamientos.

Pero sin lugar a dudas la película que escenifica y representa mejor esta época es sin lugar a dudas la adaptación fílmica de la novela de F.Scott Fitzgerald, El Gran Gatsby. Estrenada en 2013 y protagonizada por Leonardo DiCaprio, Tobey Maguire y Carey Mulligan se alzó con el Oscar a mejor vestuario por su fabulosa puesta en escena y propuestas de los años 20.

Fotograma de la película «El gran Gatsby»

En la moda en estos últimos 100 años la estela de las flapper nos ha acompañado tanto sobre la pasarela, como en el street style, alfombras roja o a pie de calle en las tiendas de moda pronta.

Entre los desfiles de las casas de moda destacan el de Gucci 2012 para prêt-à-porter o el de Alberta Ferretti pre-fall 2012.

Todo ello sin olvidarnos de firmas como Chanel, Elie Saab, Roberto Verino, Giorgio Armani, entre otros que con sus colecciones volvieron a poner de moda el corte bob, los flecos, los vestidos por encima de las rodillas, las lentejuelas y las siluetas libres y femeninas que tanto triunfaron durante los años 20.

Las flappers se atrevieron a transgredir -y así desnaturalizar- las construcciones sociales prexistente, deconstruyeron los roles de género imperantes, marcando un antes y un después de ellas, de sus voluntades, percepciones, concepciones y mutables sensaciones, dentro de la historia tanto de la moda como del acaecimiento sociológico de occidente después de la Primera Guerra Mundial.

Sin ellas, sin su tilinguerío anárquico, puede que el feminismo contemporáneo no hubiese logrado el grandilocuente empoderamiento que hoy lo caracteriza.

Bendita sea la insurrección, la alteridad y el libre albedrío, además del coraje necesario para materializarlo y transitar este paso por el purgatorio con autenticidad y estilo. Benditas todas y cada una de las flappers, sus irrefrenables ímpetus y sus extravagantes existires.

Pero, como todo, las flappers llegaron y pasaron. No pudieron resistir al Crack del 29 ni la Gran Depresión, con su estilo de vida despreocupado y hedonista que no casaba con los problemas económicos de los años 30. Los felices años 20, esa época que pareció ser una fiesta sin fin, se evaporaban ante los ecos de otra nueva guerra, los nacionalismos y todos los conflictos posteriores.

Ellas, al menos, contribuyeron a que las mujeres pudieran intentar emanciparse en un mundo que volvía de nuevo al conservadurismo. Las inocentes rodillas pintadas quedaron como un recuerdo de una época breve de ensoñación en la que todo parecía posible. Después, llegarían las pesadillas.

nuestras charlas nocturnas.

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