Historia Urbana de Madrid…

Historias de Madrid(E.V.García) — De los fogones madrileños de 1917 nos llegaba ayer la receta con la que inauguramos esta sección dedicada al Gastrofestival Madrid 2017. Lo hicimos recuperando la denominada «Langostinos a la Arlequín» donde quedaba representado un artístico Neptuno con langostinos, perfecta combinación de creatividad y buen hacer de los cocineros de antes.
Hoy toca rendir homenaje a nuestra diosa Cibeles que, en decorada bandeja, comparte espacio con un producto de antaño y hogaño: los pajaritos, aquellos que hasta bien entrado el siglo XX se ofrecían fritos en algunas tabernas madrileñas.
– Pajaritos a la Diosa
Nueva receta centenaria con la diosa Cibeles como protagonista en la mesa. Su elaboración es más complicada que la de Neptuno, pero don Pascual La Rosa Angelina se esfuerza por explicarla de forma sencilla… o eso dice:
«Este plato, que a la vista resulta de gran aparato, es sencillísimo, los leones, la figura y las ruedas, tenemos moldes para hacerlos, pudiendo usted hacer un sin fin de combinaciones; la: parte culinaria puede que sea un poco más complicada, le daré la receta lo más sencilla, para que pueda usted operar con facilidad.
Veinticuatro pajaritos bien desplumados y chamuscados con alcohol, los deshuesa, dejándoles únicamente las patas, procure sacarlos bien enteros; una vez deshuesados, los pone en un adobo de cebolla cortada y orégano, sal, pimienta y un buen vaso de vino de Jerez, dejándolos durante tres horas; mientras que los pájaros están en adobo hace usted un gratín en la siguiente forma:
En un plato a saltear echa usted ciento cincuenta gramos de tocino, cortado a cuadros, con una hoja de de laurel y un poco de tomillo y una pizca de especies, póngalo al fuego, despacio para que se funda el tocino, una vez fundido le echa 400 gramos de hígado de ternera, cortado a cuadritos pequeños, poniéndolo a fuego fuerte y sin dejar de menear; una copa de cognac y préndalo fuego poniéndolo a enfriar…
…una vez frío, lo machaca al mortero para pasarlo al tamiz de crin, recójalo en una cacerola y con una espátula lo trabaja; saca usted los pájaros del adobo, los limpia bien de las legumbres y los extiende sobre una mesa; corta usted filetes de lengua escarlata y trufas; sobre los pájaros que tiene usted bien extendidos sobre la mesa, pone usted un poco del gratín que tiene usted en la cacerola, extendiéndola toda la superficie del pájaro…
… poniendo filetes de lengua y trufas, otra capa de gratín y otra de filetes de lengua y trufas, lo envuelve usted para darle la forma como si tuviera los huesos y los va poniendo en una placa, una vez terminado, hace usted una pasta con harina, agua y un poco de manteca, extiende usted su pasta; en el espacio que usted comprenda que pueden ocupar los 24 pajaritos rellenos en esa pasta que ha extendido le pone unas hojas de tocino muy finas y encima los pájaros en dos hileras.

Cubre usted con la pasta y lo mete al horno a cocer tres cuartos de hora, a horno regular es suficiente, lo saca y lo deja enfriar; una vez frío rompe la pasta o pastel y saca los pájaros con mucho cuidado de no deformarlos, con un pañito los oprime para darle bonita forma…
… con los huesos de los pajaritos habrá usted hecho un fondo y con este fondo una salsa de jugo frío, los glasea que estén completamente cubiertos; si la salsa no tuviera suficiente cuerpo, échele dos hojas de gelatina, con un pincel y un poco de aspic los baña para que estén bien brillantes; saca usted de los moldes los leones, la figura y las ruedas que habrá hecho usted de sebo fundido, mezclado en partes iguales con estearina en fuente larga pondrá un suelo de arroz cocido y machacado, los leones los coloca en una punta, detrás un tarugo de sebo largo hasta la mitad de la rueda grande, lencima de ese otro más pequeño, con el cuchillo recórtele y haga algún dibujo…
… encima pone usted la figura, las ruedas a los lados, pegadas, y detrás los pajaritos en pirámide; si no tuvieran bastante equilibrio con el sebo, puede usted hacer tres borduras, una encima de otra y colocar los pájaros, una atelete pinchada, una trufa y atravesando un pájaro la coloca en el centro unos costrones de aspic, todo alrededor de la fuente y el mismo aspic picado muy fino lo echa usted por encima del carro, los leones, la figura…
… todo el suelo y sobre todo, que los claros de los pájaros sean tapados, una vez teminado, póngalo en un sitio visible para que si está usted en el extranjero, tenga un recuerdo de la Cibeles, esa fuente que se encuentra en la plaza de Castelar, en Madrid.»
Cocineros, cocinillas, sibaritas, armaros de valor para seguir los pasos de esta receta. Quizá los ingredientes puedan valer para otro tipo de ave; todo es cuestión de experimentar.
Había muchas otras maneras de prepararlos, entre ellas la más conocida, frititos y crocantes.
Pajaritos fritos
«Que llueva, que llueva,
la virgen de la Cueva;
los pajaritos fritos
saltan en las sartenes!…
¡Y llueven somatenes
en todos los distritos!…
¡Que sí!…
¡Que no!…
¡Que llueva a chaparrón!«
Luis de Tapia, 1923
Ya que hablamos de estas pobres avecillas, bueno es recordar la costumbre que hubo de saborearlos en la villa y corte desde muy antiguo.
En el libro Los gritos de Madrid, obra de Miguel Gamborino publicada en 1817 (hace 200 años) se representa a los vendedores ambulantes del siglo XVIII.
En la página 35, al grito de «Una caña de pájaros«, aparece una vendedora con su cesta que en la mano lleva una caña con seis pajaritos.
Durante los siglos XIX y XX, los pajaritos constituian un delicioso reclamo para las tabernas.
En el fabuloso tratado de cocina de Angel Muro, titulado «El Practicón» (Madrid, 1891), se cita una de las tantas tabernas que ofrecían pajaritos fritos:
«Una popular y antigua taberna madrileña de la Plaza de Santa Ana en Madrid tiene la fama en toda España, de los mejores pájaros fritos, y vende diariamente, durante la época de las calandrias, alondras y pardillos, millares de estos pajaritos, que van á comprar allí de las casas más opulentas de la capital.
Real y verdaderamente en Francia, en donde los guisos de las aves han llegado al mayor refinamiento, no se hacen las calandrias como en Madrid, en la antigua y acreditada casa ya citada de D. Joaquín Alvarez, y aunque en todas las demás tabernas se despachan también pajaritos fritos, dejan mucho que desear, porque los fríen en aceite en lugar de hacerlo en manteca de cerdo, como Alvarez, y luego, la limpieza del comestible es muy discutible en las demás partes.«
En un artículo sobre medioambiente publicado en La Época (LXXVIII, 27.120. Madrid, 1926), un tal R. P. Valdés hablaba de «pirámides» de pajaritos fritos adornando los escaparates:
«Todos hemos visto en los escaparates de las tabernas de Madrid voluminosas pirámides de pajaritos fritos. La autoridad prohibió tan lamentable exposición.
Después… después no han debido volver a ocuparse del asunto, porque me aseguran que los pájaros que antaño se ofrecían al público en los escaparates se sirven hoy en el interior de los establecimientos sin poner la más mínima dificultad.
Es decir, que los efectos prácticos siguen siendo ahora los mismos que antes. Los pájaros siguen muriendo por millones; detrás irán los árboles, y detrás de todo esto, el hambre y la miseria.«
En 1933 Ramón Gómez de la Serna publicaba en la «Tribuna Libre» del diario republicano LUZ un artículo que llevaba por título «Tapas legítimas«. En él hablaba de las costumbres gastronómicas del «español castizo«, ofreciendo el típico menú que se servía de tapa en las tabernas:
«Es gracioso el menú de las tapas,
ovillejo de cosillas, paripé de futesas,
relación de pequeñas cifras:
Calamares al amarillo.
Soldadltos de Pavía.
Sábalo ahumado.
Caracoles a la madrileña.
Bistelitos de carne.
Hígado a la plancha.
Boquerones en abanico.
Mollejas encebolladas.
Montaítos de chorizo.
Sesos huecos.
Bacalao con tomate.
Callos a la sevillana.
Pajaritos fritos.
Degustador de pequeñas realidades,
el español disfruta esta aleluya de cosas,
un gajo de cada una, pinchado por
el tenedor de palillo.«
También en 1933, la Sociedad Protectora de Animales conseguía que el gobernador prohibiese su venta, que había alcanzado un precio abusivo. En la siguiente imagen podemos apreciar aquellas pirámides de avecillas que muestra con orgullo un pinche de cocina, y el aviso: «¡No se pueden vender pajaritos!«.

Diecinueve años más tarde, el 23 de noviembre de 1952, el diario ABC anunciaba:
Acompañaba a esta noticia una columna de ISIDRO, quien hablaba de los 1.200 kilos de carne congelada que habían llegado a Madrid y de la costumbre de comer pajaritos. Sobre esto último decía:
«Ademas que contamos con la ayuda de ese alimento propio de la temporada a la que, según el humor de cada cocinero, llaman «pavas», «fortalezas volantes» o simplemente pajaritos fritos, que se dora y churrusca en las sartenes de los bares […].
En 1968 saltaba la polémica. Ecologistas y protectores de animales ponían el grito en el cielo cuando doña Maruja Callaved daba una receta de pajaritos fritos en el programa de RTVE «Vamos a la mesa«.
La famosa locutora había comenzado por decir que la caza de estas avecillas estaba prohibida, pero había añadido «por si acaso el día de mañana se autoriza«.
Como en ocasiones anteriores, a la prohibición se le hizo poco o ningún caso. Los madrileños continuaron degustando pajaritos hasta que a finales de la década de los sesenta del pasado siglo; para ser más exactos, hasta enero de 1968, que es cuando vuelve a recordarse la prohibición.
El viernes 26 de octubre de 1971, el Pleno municipal daba curso a varias ordenanzas entre las que se encontraba -una vez más-, la prohibición de venta de pajaritos fritos. En 1979 se renovaba la ordenanza. La policía municipal podía requisar el producto y multar a cafés, bares y tabernas.
Se salvaban de esto aquellos que mostraban a la autoridad la certificación de producto autorizado, aludiendo a que se trataba de «pollos de codorniz criados en granjas«. Lo cierto es que el Ministerio de Agricultura autorizaba la cría, sacrificio y comercialización de pájaros en granjas debidamente registradas.
A estos pajaritos se les denominaba «granjitos«, y su consumo estaba permitido. Un empresario del sector, decía en 1999: «Debe comer granjitos para no matar pajaritos, su mejor sucedáneo«.
Poco antes, en 1995, don Camilo José Cela escribía su «Elogio de los pajaritos fritos» para el diario ABC:
«Tienen un sabor delicado, son como las trufas del aire o la mojama de sirena del mar, pero la ley prohíbe paladearlos aunque fuere con mimo y reverencia, con deleite, parsimonia y angélico regustillo y timidez; es una verdadera lástima que las papilas del gusto del legislador no hayan pasado aún de la mortadela o, en los casos verdaderamente afortunados, de los espaguetis.
¡Peor para los legislados, que tan mal pago reciben de quienes les cobran los dineros!.«
Y aquí paramos de contar, porque como parece que las leyes y ordenanzas son para saltárselas, y hasta en el siglo XXI se continúa hablando del tema.
– Recuerdos de papel. Menú del Palace Hotel. Madrid, 20 de febrero de 1919
«Las cosas tienen alma, y en el misterio de las oscuridades el alma de las cosas dice más que en la vulgaridad de la luz.»
Del Rastro a Maravillas, Pedro de Répide.
Mi estimado amigo José Losa Teresa, conocedor de esta pasión mía por la historia y las antigüedades, tuvo a bien regalarme un tesoro proveniente de su colección particular. Se trata de un recuerdo de papel que el pasado 20 de febrero de 2019 cumplió cien años.
Este pequeño documento impreso en papel de excelente calidad, con un tamaño de 15,6 cm de largo por 9,7 cm de ancho, e impresión tipográfica exquisita, corresponde al menú ofrecido por el Restaurante del Palace Hotel de Madrid el jueves 20 de febrero de 1919.
José Losa lo heredó de su tío, D. Emilio López, quien había ingresado como botones del emblemático hotel en el momento de su inauguración. Don Emilio tenía entonces 12 años.
En la siguiente fotografía, del danés Christian Franzen, vemos retratado a un joven botones del Palace Hotel. La fotografía original es propiedad de la tienda Casa Postal, de Madrid.
Y, aunque parezca un insignificante trozo de papel, en torno a él se desarrollaron varios acontecimientos de interés para la historia urbana de nuestra ciudad. Curiosamente, alguno de ellos parece repetirse después de un siglo y están relacionados con noticias de provincias.
. El menú

Era costumbre en los restaurantes postineros de Madrid que el menú se redactase en francés. Así lo hemos visto en el viaje en el tiempo realizado a Lhardy en 1892.
Como vemos en el propio menú, y en esta publicidad de 1919, el precio de las comidas era de 8 pesetas.
En cuanto a los cocineros, la responsabilidad de la confección de los platos recayó en D. José Blanco (figura también como José Blasco), jefe de cocina, y D. Ramón Sentis, cocinero; profesionales de la gastronomía muy acostumbrados a la preparación de menús para una ingente cantidad de comensales.
Por la tachadura que vemos en “Potage Freneuse”, parece que fue muy solicitado y acabaron con su existencia antes de finalizar el servicio. En realidad, no era otra cosa que una sopa francesa, pero tenía que estar muy buena.
Aquí la receta, por si la queréis hacer.
Ingredientes para 4 personas:
• 600 gr pequeños nabos
• 2 puerros blancos
• 2 papas grandes
• 80 gr de raíz de apio
• perejil
• 50 gr de mantequilla clarificada
• 30 gr de mantequilla
• Azúcar en polvo
• 4 c. con crema fresca
• ½ litro de caldo de pollo
• Sal pimienta
• Crutones Fritos De Pan Blanco
- Preparación:
• Pelar los nabos.
• Detalle en tiras regulares con la mandolina.
Vierta la mantequilla clarificada en una cacerola, agregue los nabos.
• A fuego alto, dorarlas ligeramente.
• Cubra, baje el fuego y déjelos reposar durante 30 minutos a fuego lento.
• Pelar los puerros. Lavarlos y rebanarlos.
• Pelar la patata y la raíz de apio.
• Lavarlos, detallarlos en dados pequeños.
• En la mantequilla derretida, fríe los puerros mientras revuelve para que no se manchen. Sal y pimienta
• Mojar con caldo. Llevar a ebullición y agregar el apio y la papa. Tapar y dejar cocer a fuego lento durante 30 minutos.
• Escurrir los nabos confitados. Añadir a las otras verduras en el caldo.
• Continuar cocinando durante 20 minutos.
• Aplasta todas estas verduras en la fábrica de vegetales o cambia a la licuadora.
• Regrese la sopa al calor para mantenerla caliente.
• Al servir, agregue la crème fraîche.
• Picar el perejil y esparcirlo en la sopa.
• Añadir los picatostes fritos en mantequilla.
La receta original, en francés, la encontraréis en La Gastronomie aur coeur de la Wallonie.
– Banquete Hispano-marroquí
Un mes antes, la noche del 20 de enero, el equipo de cocineros, dirigido por Blanco, había preparado un banquete para la Comisión de homenaje al nuevo presidente de los Centros Comerciales Hispano-marroquíes, Sr. Gerardo Doval.
Esta Comisión estaba integrada por el Ayuntamiento de Madrid, el Ministerio de Fomento y el Tribunal Supremo, que ya es decir.
Las tarjetas para asistir al banquete podían adquirirse en la Librería de Fernando Fe (Puerta del Sol, 15); Centro Comercial Hispano Marroquí (calle San Agustín, 2), y en la Casa de Abanicos de Manuel de Diego (Puerta del Sol, 13).
Un inciso: Los cocineros españoles contra el Palace Hotel. Madrid, 1912
Redactar los menús en francés, con platos cuyas recetas eran netamente francesas, puede aceptarse. Pero lo que no aceptaron los cocineros españoles fue la discriminación que la Compañía del Palace hizo en un primer momento.
La dirección del hotel consideró que en sus cocinas solo podían trabajar profesionales galos; los españoles no eran considerados personal cualificado.
La protesta de los chefs madrileños y de otras provincias fue contundente y llegó a su punto álgido cuando, pocos días antes de la inauguración del hotel, el Palace pidió al Hotel Ritz un cocinero.
Se trataba de D. Félix Ruiz del Castillo (en la fotografía), cocinero de mérito que conocía a la perfección los idiomas francés e inglés por haber trabajado ocho años en el Hotel Bristol de Londres y haber hecho prácticas durante tres años en las cocinas parisinas.
La Dirección del Palace consideró que, al ser español, solo podía trabajar de ayudante.
El domingo 20 de octubre de 1912 se organizó un mitin de protesta en una sede de las Sociedades de Hostelería, ubicada en la calle Visitación, número 8. Asistieron profesionales de la gastronomía pertenecientes a Sociedades de toda España, tanto de cocineros como pasteleros, confiteros, reposteros, camareros y similares.
En las siguientes fotografías, publicadas en el Semanario ilustrado Las Ocurrencias, quedan retratados algunos de los asistentes al mitin y tres de los principales organizadores de la protesta.
. Mitín cocinero

En la foto aparecen, de izquierda a derecha, Antonio Sala Plá, secretario de la Sociedad El arte culinario, además de cocinero durante siete años en casa de la duquesa de Abrantes y cinco en la de la condesa de San Junois.
También había trabajado en las cocinas de Palacio y en el Veloz Club, entre otros restaurantes. Juan Gómez, cocinero jefe del Hotel Inglés y presidente de El arte culinario, y Atilano Granda, afamado cocinero y presidente de la Unión culinaria.
El jefe de cocinas del Palace, M. Ernest Lacoste, había enviado una carta disculpándose y haciendo constar que él pertenecía a las Sociedades obreras francesas. Por su parte, González Marcos, representante de Solidaridad Obrera, dijo en su discurso: «Bueno que el trabajo no tiene ni debe tener fronteras, en eso estamos; pero que esas fronteras no nos las pongan en nuestras alcobas.»
Todos los allí presente estaban de acuerdo en una cosa; mientras los cocineros españoles eran ofendidos de tal manera y elevaban sus protestas al Gobierno, el presidente Canalejas continuaba comiendo en el Palace. Lamentablemente, fue por poco tiempo, ya que Canalejas era asesinado en la Puerta del Sol el 12 de noviembre de ese año.
Después de aquel primer mitin se sucedieron otros tantos, y la prensa nacional se interesó por la situación. Mala imagen para el recién estrenado Palace Hotel.
Posteriormente, su lucha fue otra, la del descanso dominical que perseguían todos los trabajadores. Pero esa es otra historia.
– Restaurant del Palace Hotel
El siguiente plano de planta muestran las dimensiones del Restaurante, Salón de banquetes y cocinas. Corresponde a la planta baja del edificio, donde se aprecia el gran hall; la recepción y dirección; oficina de caja y cambio; conserjería; oficina de Correos; oficina de teléfonos interurbanos; elegante Grill-room al estilo inglés y bar americano.
Jardín de invierno estilo Luis XVI con una cúpula de cristal de Venecia que cubre una superficie de 800 m². Dos salas, una de lectura y otra de visitas. Guardarropa y salón de peluquería. Señalado en rojo sobre el plano, el suntuoso Restaurante inglés con capacidad para 2.000 personas, con ventanas a la plaza de las Cortes, plaza de Cánovas y calle de Cervantes.
Localizado con color amarillo, el Salón de banquetes, diseñado para agasajos, bailes, fiestas y reuniones, con capacidad para más de 1.000 personas.
En el entresuelo se encontraba la primera «brasserie» del mundo y las cocinas de esta; una bodega con capacidad para 25 millones de botellas. En la «brasserie» se instala un restaurante a la carta, más de cincuenta mesas de billar y espacio para la orquesta.
– El jueves 13 de febrero de 1919 en el Palace

Siete días antes de la fecha del menú, el Palace Hotel había sido escenario de una importante manifestación de estudiantes en protesta contra el caciquismo. El asunto venía de los sucesos ocurridos en Granada los días 11 y 12 de febrero, cuando el pueblo granadino se levantó en contra del caciquismo, representado en la figura de Felipe La Chica (alcalde de Granada) y Juan Ramón La Chica (diputado por Granada).
La Guardia civil, mandada por la tiranía caciquil, arremetió de forma contundente contra las columnas de manifestantes, compuestas estas por Sociedades obreras, catedráticos, diputados, ciudadanos y muchos estudiantes. Durante los disturbios fallecieron por disparos el estudiante de Medicina Ramón Ruiz de Peralta y la joven Josefa González Vivas, quien estaba asomada al balcón de su casa.
El Año Político de 1919 hacía un resumen de los hechos que llevaron a la manifestación:
«Allí (en Granada) no había Diputado si no se contaba con el Sr. La Chica; ni Gobernador, si no se sujetaba a las exigencias del cacique (que no siempre eran justas); él siempre era Diputado, y la Alcaldía y los principales puestos y sinecuras de la provincia eran para sus deudos y allegados.
Y como su tribu constituía ya una verdadera fuerza, cuando caía un partido, el que lo sucedía procuraba entenderse con el reyezuelo, repartiéndose las actas y todo lo que hubiera que repartir, con lo cual dicho se está que su poder crecía cada vez más, pasando así por diversas jefaturas políticas, según la que él veía que podía, desde Madrid, dispensarle mayor influencia.
Pero fueron tantos los abusos que cometió, que ya el pueblo no pudo resistir más, y sin que podamos determinar las causas, se alzó contra él la opinión, de tal modo compacta y unánime, que determinó una verdadera revolución.»
Se trató el tema en el Congreso, destronando de la alcaldía a Felipe La Chica; aceptando la renuncia del Gobernador lachiquista, y cerrando la Universidad y los comercios.
Después, la tragedia, y más tarde la manifestación de los estudiantes madrileños que pedían la cabeza del diputado Juan Ramón La Chica. Lo buscaron en el Congreso, apostándose en la escalinata portando velas encendidas y cantando letanías. Lo persiguieron hasta el Palace Hotel, donde se le suponía refugiado, apedreando la fachada y accediendo hasta el vestíbulo.
La Chica, que no podía volver a Granada, se refugió cobardemente en el Congreso y con escolta policial. Más tarde, en el mes de marzo, tuvo el descaro de volver a la ciudad andaluza, pero el pueblo solicitó se le expulsase, y a eso se comprometió el Gobernador civil.
Los sucesos de Granada y la presencia del lachiquismo en el Congreso, sumados a la situación social del momento, estuvieron a punto de crear una crisis de Gobierno, que de por sí ya estaba bastante maltrecho.
En tono de humor, y como resumen de lo que acontecía hace cien años en Madrid, esta viñeta de Tovar publicada en el Heraldo de Madrid del 6 de marzo de 1919.
– La valla de Vitórica
Existió en la calle de Cedaceros una valla puesta por el señor Juan Vitórica y Casuso que, además de acaudalado señor, era diputado a Cortes por Madrid. La valla, denominada “de Vitórica” o “de la calle Cedaceros”, dificultaba el tránsito por aquella arteria y su Señoría se negaba a quitarla, manteniendo un largo y farragoso pleito con el Ayuntamiento.
Hacía tiempo, durante el mandato del alcalde Ruiz Jiménez, que se mandó derribar la fachada de la casa de Vitórica por peligro de derrumbe, pero el ínclito señor colocó esa valla e hizo caso omiso a las ordenes municipales.
El tema llegó a la Gobernación civil y en ese año de 1919 estaba en su punto más álgido. El pleito pasó a mayores, dándose a conocer en la prensa y en las sesiones del Congreso de los diputados. Pero la tediosa valla continuaba en su sitio.
Fueron los estudiantes quienes el día 13 de febrero dieron carpetazo al expediente al pasar por la calle Cedaceros de regreso de su manifestación en el Palace. Hicieron añico la valla y recogieron trozos para llevarlas al Ayuntamiento.
Allí, una comisión de jóvenes parlamentó con el alcalde y le hicieron entrega de los simbólicos restos de la valla, manifestando que ya se había acabado el litigio municipal. De paso, advirtieron que si se subía el precio del billete de tranvía obrarían de igual forma, quemando los coches en la vía pública.
Muy contundentes los estudiantes del siglo pasado.

Por otra parte, en el Congreso de los diputados se desarrollaba una escena muy cómica.
El diputado Vitórica pedía al presidente que se le amparase en sus derechos porque en la tribuna de la prensa se le había ofendido.
Un diputado dijo que ya estaba allí el de la valla y otro exclamó que había que poner una valla en la tribuna.
El presidente respondió: «‒Y a su Señoría otra». Hubo risas, y también protestas.
Para concluir, haciendo honor al gracejo madrileño, no faltó quien solicitó se cambiase el nombre de la calle por el de “El hombre de la valla”. Ironía que tiraba por tierra los apellidos del diputado.
– A los postres
Más podría contar sobre aquel Madrid que nos enseña este pequeño pero valioso trozo de papel. Mucho más si me centro en la cuestión del separatismo catalán, presente en el Congreso aquellos días y de las huelgas constantes en protesta por las subsistencias y la precariedad laboral.
Pero el Palace Hotel ha sido el foco de atención, y en él se continuará esa vida frenética de los altos vuelos, cons sus banquetes, bailes, celebraciones, y el famoso Modern Style, evento inaugurado la tarde del martes 11 de febrero, y que reunía a la flor y nata de la sociedad madrileña para tomar el té, bailar y conversar.
Queda aquí mi agradecimiento a don José Losa Teresa, quien con su regalo ha abierto una ventana al Madrid de un siglo atrás, en el que se amalgaman trágicos sucesos con cómicos acontecimientos y algunas curiosidades.
Queda, también, el recuerdo a don Emilio López, aquel jovenzuelo que comenzó a trabajar en el Palace con 12 añitos, más tarde en el Hotel Ritz, y que acabará de portero y propietario de tres taxis. Así eran los madrileños de antes.
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