Anécdotas de la vida cotidiana durante la 2da.Guerra mundial …

Historias Segunda Guerra Mundial — El arte del tatuaje se viene conociendo desde tiempos inmemoriales, y desde sus inicios ha tenido casi siempre un claro sentido ritual.
Los primeros occidentales que entraron en contacto con esta técnica fueron marineros que realizaban viajes y exploraciones por la zona del Pacífico Sur, como por ejemplo el famoso Capitán inglés James Cook, quien lo trajo a Europa de regreso de Tahití, en 1771.
Desde entonces, la gente del mar ha unido supersticiones y leyendas con grabados de diferentes motivos sobre su piel o realizando diversas ceremonias como en el llamado Paso del Ecuador.
Como no podía ser de otra forma, los marineros americanos mantuvieron esta tradición también durante el periodo de la Segunda Guerra Mundial, tatuándose diversos dibujos entre los que destacaban las llamadas «Chicas Hula», la imagen de una chica Hawaiana que para muchos hombres servía como recordatorio del ataque sufrido en Pearl Harbor
Pero de todos ellos, quizás el más supersticioso es el que se tatuaban en el empeine de los pies: Sobre el derecho se hacían dibujar un gallo y sobre el izquierdo la figura de un cerdo.
El motivo era que estos animales se embarcaban en jaulas de madera, por lo que en caso de naufragio, estas flotaban y se salvaban de morir ahogados.
Así pues, los marineros de la US Navy se los tatuaban como amuletos protectores que debían ayudarles en caso de siniestro.
Hay otra teoría que encaja más con las navegaciones realizadas en siglos pasados, cuando embarcar cerdos y gallinas servía para tener una fuente de proteínas casi ilimitada ya que el cerdo proveía de carne y las gallinas proporcionaban huevos a las tripulaciones, evitándoles morir de hambre.
– El Dr. Harold Ridley y los Spitfire

Muchos de los pilotos británicos sufrían graves lesiones en los ojos debido al material con el que estaban fabricadas las carlingas de los Spitfire y Hurricane que pilotaban.
El plexiglás del que estaban hechas se partía en mil pedazos cuando era alcanzado por el fuego enemigo, y muchas de esas astillas iban a parar a sus ojos.
El Dr. Harold Ridley era un cirujano oftalmológico que se había presentado como voluntario en el Servicio Médico de Emergencias y trataba estas lesiones.
Como parte de su trabajo, conoció el caso del Teniente Gordon ‘Mouse’ Cleaver .
El día 14 de agosto de 1940, Cleaver regresaba a su base cuando una bala atravesó la carlinga y reventó el panel lateral de plexiglás.
Las astillas salieron disparadas y le lesionaron de gravedad puesto que no llevaba las gafas de seguridad (al parecer se las olvidó antes de subir al aparato).
Totalmente ciego, pudo dar la vuelta al avión y se lanzó en paracaídas, cayendo en Lower Upham, cerca de Southampton.
Cleaver fue tratado por el Dr. Ridley, quien tras operarle en 18 ocasiones, consiguió que su paciente recuperase parte de la visión del ojo derecho, siendo imposible hacer lo mismo con el ojo izquierdo.
Gran parte de esas operaciones consistieron en la retirada de las esquirlas que habían quedado incrustadas en ellos, por lo que Cleaver pudo tener una relativa calidad de vida una vez finalizada la contienda.

Varios años más tarde, un joven estudiante de medicina llamado Stephen Perry le preguntó al Dr. Harold Ridley si sería posible reemplazar el cristalino de un paciente operado de cataratas, lo que hizo que Ridley recordara que los trozos de plexiglás que había llevado el Teniente Cleaver incrustados en el interior de sus ojos no habían producido rechazo, por lo que empezó a investigar con la posibilidad de fabricar cristalinos artificiales con ese material, y finalmente, el día 29 de noviembre de 1949, el Dr. Harold Ridley y su equipo operaron a Elisabeth Atwood, una enfermera del Hospital St Thomas que se había ofrecido voluntaria ya que padecía cataratas.
La operación fue bien y no se presentaron complicaciones, marcando el inicio de lo que sería una nueva técnica quirúrgica que ha ayudado a miles de personas a recuperar su visión.
– Los Óscar de Hollywood en la Segunda Guerra Mundial

El premio Óscar, galardón que la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas otorga a las mejores películas que se han realizado durante el año, no fue ajeno a la situación que se estaba viviendo durante el periodo de la Segunda Guerra Mundial.
Las estatuillas que se entregan a los ganadores miden 34 cm de alto, tienen un peso de 3,85 kgs. y están realizadas de una aleación de estaño y cobre bañado en oro.
Durante los años 1942 a 1945, el material utilizado en su elaboración era escaso y por ese motivo se sustituyó la estatuilla entregada por otro diseño realizado en yeso.
Una vez finalizado el conflicto se creó un programa de intercambio para que los premiados pudieran cambiar estos premios por el tradicional chapado en oro.
Aunque se insistió mucho desde la academia para que se realizaran estos intercambios, el productor australiano Ken G. Hall, que había ganado un Óscar en 1942 por Kokoda Front Line! (un documental rodado por el fotógrafo de guerra Damien Parer en el que se narraba la lucha de los soldados australianos en la batalla del sendero de Kokoda) rehusó a devolverlo.
– Los Blood Chit
Los Blood Chit eran mensajes escritos en varios idiomas que llevaban consigo los pilotos o los tripulantes de aviones cuando se encontraban realizando misiones sobre territorio enemigo en el que desconocían el lenguaje y en donde les iba a resultar complicado relacionarse con los habitantes en caso de ser derribados.
Estos «vales de sangre» prometían que la persona que se hiciera cargo del poseedor del Blood Chit, sería recompensada si le prestaba ayuda y lo entregaba sano y salvo en un puesto aliado.
Aunque la primera vez que se utilizó fue en 1793 cuando el presidente americano George Washington le hizo un salvoconducto a un inventor francés llamado Jean-Pierre Blanchard, el cual iba a realizar el primer viaje en globo en suelo americano.
Como Blanchard no hablaba inglés, Washington le escribió una carta en la que solicitaba que se le prestase ayuda en caso de no poder gobernar el globo y tener que realizar un aterrizaje de emergencia.

Los pilotos de la RAF lo utilizaron durante la Primera Guerra Mundial, aunque la época dorada de los Blood Chit fue durante la Segunda Guerra Mundial, siendo utilizados en todos los frentes (quizás los más famosos son los del Frente del Pacífico).
Algunos eran una simple carta que llevaban los pilotos en un bolsillo, aunque la mayoría estaban escritos sobre tela (concretamente seda, ya que es más resistente al fuego) y se cosían a la parte posterior de la chaqueta de vuelo.
La recompensa ofrecida podía variar entre 50$ y 250$ según el teatro de operaciones.

Este Blood Chit perteneciente al Teniente Coronel Folsom contiene el siguiente texto:
«Soy un piloto americano. Mi avión ha sido destruido. No hablo su idioma. Soy enemigo de los japoneses. Tenga la bondad de protegerme y cuidarme y lléveme al puesto militar aliado más cercano. Mi gobierno le recompensará».
– Gatos blancos en Birmania

A principios de 1942, empieza la operación de conquista de Birmania por parte de tropas Japonesas, que finalmente logran su objetivo en el mes de mayo.
Era un territorio estratégico para los ingleses, puesto que contaban con él para establecer bases aéreas y rutas que permitieran abastecer a las tropas del pacífico.
A medida que la amenaza japonesa era más patente, los ingleses se encontraban con más reticencias por parte de la población birmana, temerosa de recibir represalias niponas.
La forma más rápida y directa que encontraron los ingleses de contar con su simpatía fue la de pintar gatos blancos en los fuselajes de los aviones, en la carrocería de los coches, los carteles de señalización de carreteras y llevando su figura sobre los uniformes.
Incluso se llegaron a llevar gatos blancos a las bases aéreas. El motivo era que para los birmanos, el gato blanco era una figura divina, por lo que cuando empezaron a ver su silueta asociada a los aliados, creyeron que la divinidad estaba de su parte y empezaron a colaborar con ellos.
– Hans Hube y el millón de huevos

Abastecer a un ejército en marcha es una tarea complicada. Al esfuerzo que suponía el transportar los pertrechos necesarios para equipar a las tropas se unía la dificultad de mover los alimentos necesarios para su sustento, por lo que en la mayoría de las ocasiones, los productos frescos se iban consiguiendo de los territorios que se iban conquistando.
El avance de las tropas alemanas hacia la capital rusa era implacable.
Aún estamos en la primera época de la Operación Barbarroja cuando los rigores del invierno no se han dejado notar y la marcha que imprimen los alemanes va a buen ritmo.
Así pues, lo que le aconteció al General Hans Hube de la 16 División Panzer fue un golpe de suerte bastante provechoso.
El día 19 de julio de 1941 varios soldados que formaban parte de sus tropas y que estaban avanzando hacia Moscú capturaron un almacén de comida del ejército soviético que contenía un millón de huevos frescos.
– El diario de Tatiana Sávicheva
Todo el mundo conoce el diario que escribió Ana Frank, pero existe otro diario escrito por una niña rusa llamada Tatiana “Tanya” Nikolayevna Sávicheva que fue escrito durante el asedio de las tropas alemanas a la ciudad rusa de Leningrado.
Este escrito fue redactado en una pequeña libreta escolar y consta de 6 páginas en las que se reflejan las fechas de la muerte de seis familiares de Tania y unas breves anotaciones.

Tanya era hija de un panadero (murió cuando ella tan solo tenía seis años) y de una costurera.
Cuando la guerra les sorprende, toda la familia trabaja para el ejército: Mariya, su madre, cosía uniformes para el ejército, Leka uno de sus hermanos, trabajó en una fábrica que pertenecía al Ministerio de Marina, su hermana Zhenia, en la fábrica de munición, sus tíos Vasia y Lesha en la defensa antiaérea, y su otra hermana Nina en la construcción de las defensas de la ciudad.
Tanya la más pequeña, cavaba trincheras y ponía al descubierto bombas incendiarias.
Desde el día 28 de diciembre en que muere su hermana Zhenia hasta el 13 de mayo de 1942 en que muere la madre, están anotadas las fechas del fallecimiento de su abuela, su hermano Leka y sus tíos Vasia y Lesha, acabando el diario con las emotivas frases «Los Sávichev murieron.», «Murieron todos.», «Solo quedó Tanya.».
Durante el mes de agosto de 1942 Tatiana es evacuada a Krasni Bor junto a otros 139 niños, y desde allí, una profesora del orfanato donde había sido llevada llamada Anastasiya Karpova escribe una carta a Mijail, hermano de Tatiana, en la que le dice que la niña necesita cuidados y cariño maternal.
Poco después Tatiana es llevada al hospital Shatkovsky donde fallece un mes más tarde. Una vez finalizada la guerra, los únicos supervivientes de la familia, sus hermanos Nina y Mijail,regresan a Leningrado y en el año 1971, la U.R.S.S. descubrió un planeta menor al que le puso el nombre de “TANYA SAVICHEVA” en su honor.
Actualmente, el diario de Tanya se exhibe en el Museo de historia de Leningrado y una copia reposa en el Piskarevsky Memorial Cemetery.
– Lee Miller en el Wc de Hitler

El 30 de abril de 1945, la fotógrafa Estadounidense Lee Miller, se inmortalizó en la bañera que tenía Hitler en su apartamento de la calle Prinzenregentplatz 27 de Munich.
Lee Miller era todo un símbolo en su época puesto que representaba a un estereotipo de mujer en la que se querían reflejar muchas de sus coetáneas.
Fue modelo de Vogue y musa de Picasso entre otros artistas.
La guerra la sorprende estando en Londres y decide participar como fotógrafa y reportera, cubriendo informaciones en Normandía y posteriormente en la liberación de París, siendo bastante famosas las instantáneas que realizó sobre la liberación de los campos de concentración de Dachau y Buchenwald.
Según comentó ella, había entrado en el apartamento vacío para descansar junto a su compañero y amante David E. Scherman cuando se dio cuenta que el piso pertenecía a Hitler y decidió darse un baño porque «Necesitaba lavarme, limpiarme de la suciedad» tras haber visitado Dachau.
Fue en ese instante cuando Scherman la inmortalizó para la posteridad, lo que le acarreó numerosas críticas ya que la acusaron de haber preparado una escena a medida.
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