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Experimentos mortales: ¿Realidad o ficción? …


La mente es maravillosa(S.L.Capeluto/G.S.Cuevas/S.D.Gonzalez) Cuando abordamos investigaciones que transgredieron la ética científica y el respeto por los derechos humanos, es inevitable referirse al experimento ruso del sueño.

Este impactante relato tiene como protagonistas a cinco prisioneros que, en el turbio escenario de la posguerra, fueron sometidos a un gas psicoactivo.

Esta sustancia tenía como objetivo nada menos que eliminar la necesidad de dormir, todo en aras de aumentar la productividad en la Unión Soviética y fortalecer esta imagen frente a sus adversarios.

Sin embargo, es crucial destacar que esta historia fue difundida a través de una web Creepypasta, un foro diseñado para asustar o perturbar al lector. Por lo tanto, su autenticidad se encuentra en tela de juicio. Descubramos el contexto que dio origen a esta narración y conozcamos las inquietantes revelaciones que emergieron de las supuestas mentes expuestas a la privación del sueño.

– ¿Cuándo inició el experimento ruso del sueño?

Esta historia se desarrolla en la penumbra de la década de 1940, al finalizar la Segunda Guerra Mundial. En este período, cargado de secretos y tensiones, surgieron relatos inquietantes que hasta el día de hoy capturan la atención de muchos.

Bajo este escenario, la amenaza de una Tercera Guerra Mundial se intensifica, sobre todo, ante la demostración del poder nuclear por parte de Estados Unidos. En su búsqueda por superar a su principal adversario y debilitar a las potencias capitalistas, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) contempló investigaciones que desafiaron los límites éticos.

La narrativa sugiere que la URSS estaba ansiosa por encontrar una ventaja estratégica sobre sus enemigos. Y prescindir del sueño podría haber sido percibido como un medio para mejorar la eficiencia, la resistencia y el rendimiento de las personas en situaciones de conflicto.

Aunque contaban con una sustancia prometedora, todavía faltaba demostrar su eficacia en seres humanos. Ahora bien, probar este químico directamente en personas de sus propios territorios suponía un riesgo alto y quizás la derrota en la guerra. Por esta razón, buscaron «conejillos de indias».

De esta manera, y debido a su extrema crueldad, el experimento ruso del sueño se convirtió en una leyenda que no deja indiferente a nadie.

¿Cómo fue el experimento ruso del sueño?

El cometido de esta indagación era tan simple como perturbador: exponer a seres humanos a un gas para descubrir si era posible eliminar la necesidad de dormir.

Este macabro planteamiento formaba parte de la base de una prueba rodeada de misterio y especulación.

Se dice que cinco individuos, prisioneros del gulag, fueron sometidos a esta prueba atroz. Su única encomienda consistía en sobrevivir en la base mientras se les exponía a un gas excitante diseñado para resistir sin dormir.

Se les aseguró que, tras aguantar durante treinta días, les concederían la libertad.

Así, los investigadores rusos mantuvieron despiertas a cinco personas durante semanas, al administrarles el estimulante gaseoso experimental. Encerraron a estos sujetos en un pequeño cubículo hermético, controlado a través de micrófonos y ventanas. La habitación estaba equipada con agua, suficiente comida y algunos libros.

– Resultados de la privación rusa del sueño

Durante las primeras horas todo parecía transcurrir de manera bastante neutra y pacífica. Se oían conversaciones triviales entre ellos y el malestar aún no se hacía presente o, al menos, no se expresaba de forma significativa.

Sin embargo, lo que pasó con el correr de los días resultó de lo más estremecedor. La atmósfera, que era serena en un inicio, se volvió claustrofóbica y las interacciones entre los sujetos se tornaron cada vez más oscuras e inquietantes.

Fue en el quinto día cuando el malestar inevitable empezó, poco a poco, a hacerse evidente. Las quejas sobre las condiciones aumentaron en intensidad y los sujetos comenzaron a desconfiar entre ellos, revelando una paranoia severa.

El noveno día, los individuos exhibieron comportamientos llamativos. Uno de ellos corrió y gritó de forma incesante durante tres horas; mientras, sus compañeros no manifestaron reacción alguna. Y es que el no dormir bien descontrola las emociones.

Durante los siguientes días, la habitación se mantuvo en un silencio alarmante. Los investigadores quedaron desconcertados al considerar improbable no detectar sonidos, incluso cuando el consumo de oxígeno indicaba que las cinco personas todavía estaban vivas. Esta situación los obligó a ingresar a la sala y dejar entrar aire fresco. Solo uno de los participantes había muerto.

La mayor parte de la comida estaba intacta. Según, los prisioneros se autolesionaron, arrancándose parte de la piel y músculos para consumirlos. Y lo que pedían sorprendió aún más a los investigadores: no querían ser liberados; suplicaban que encendieran nuevamente el gas, el cual, al parecer, causó adicción.

A partir de esto, se desencadenó una lucha en la que los sujetos se resistían con ferocidad a salir de la habitación. Impactante, ¿verdad? A pesar de las objeciones planteadas por algunos científicos, el comandante del experimento tomó la decisión de reintroducir el gas.

uno a uno los prisioneros sucumbieron en episodios de muerte cerebral, provocada por el sueño. La escena marcó el trágico desenlace de una investigación que llevó a sus participantes al límite de la cordura y la supervivencia.

Otras pruebas perturbadoras que violaron las normas éticas

A lo largo de la historia, la sed insaciable de conocimiento, junto a la desensibilización ética, ha impulsado a algunos investigadores a perpetrar actos atroces contra sus semejantes; ejemplo de ello es el experimento monstruo.

Otras de las indagaciones más populares y controversiales que dejaron huella, debido a sus prácticas inhumanas, son los siguientes:

  • Experimento de Milgram: el psicólogo Stanley Milgram administraba descargas eléctricas a otras personas para evaluar la obediencia y el poder de la autoridad.
  • Experimento de la prisión de Stanford: este estudio simulaba un entorno carcelario con participantes asignados de forma aleatoria como prisioneros o guardias.
  • Proyecto MK Ultra: llevado a cabo por la CIA durante la Guerra Fría, esta pesquisa buscaba controlar la mente humana mediante el uso de drogas y manipulación psicológica.

A diferencia del experimento ruso del sueño, no hay dudas sobre la autenticidad de las investigaciones mencionadas antes. Tanto su ejecución como sus impactos cuentan con respaldo sólido, a través de evidencias y testimonios verificables.

– Experimento ruso del sueño: una narrativa Creepypasta

Esta escalofriante historia cobró vida en una de las páginas web dedicadas a compartir relatos Creepypasta Hablamos de un género de narrativa de terror que se divulga en varias plataformas en línea, incluyendo foros, blogs y redes sociales. ¿Cuál es su especialización? Difundir cuentos terroríficos y ficticios cuyas bases son leyendas y mitos urbanos.

En el 2010, la comunidad lanzó un proyecto que desafió a sus miembros a competir por la leyenda urbana más espeluznante. Fue entonces cuando un usuario, bajo el nombre de OrangeSodda, escribió la historia del experimento ruso del sueño, convertido en uno de los relatos más divulgados.

.Entonces, ¿la investigación fue real o ficticia?

¿Esta enigmática y cruel historia es un testimonio impactante de la realidad o una ingeniosa creación de la imaginación? La respuesta apunta, de manera afortunada, hacia la segunda opción. Pero la conclusión no solo se debe a los relatos Creepypasta, sino a ciertos detalles incongruentes con la realidad.

Por ejemplo, no hay respaldo científico para los eventos relatados. ¿Sobrevivir después de automutilarse? ¿Un gas con la capacidad de mantener despierto a una persona por semanas? ¿Comportamientos zombis? Nada de esto tiene sostén científico. Además, es bastante improbable que una penitenciaría soviética liberara prisioneros por ser parte de un experimento. Visto con esta lupa, gana el absurdo.

Lo que sí es real y cuenta con el soporte científico es el experimento de Randy Gardner y Brice McAllister, en 1964. Ambos quisieron investigar cómo la falta de sueño incide en las funciones cognitivas. Así las cosas, supervisado por McAllister y un profesor de Stanford, Randy estuvo 11 días y 25 minutos sin dormir, y sin probar ningún estimulante, lo que le llevó a ingresar al Libro Guinness de los récords.

Es lo más cercano que pudiera compararse con el presunto proyecto ruso. Ellos descubrieron que durante tantas horas despierto, algunas partes del cerebro de Randy descansaban y se reponían, mientras que otras estaban activas. Uno de los efectos asociados a su indagación, evidenció el posterior insomnio temporal.

– Una leyenda que persiste y crece

Aunque sobre la historia de los prisioneros rusos que no durmieron durante un mes pesen más las señales de un relato ficticio, es común encontrar en Internet ciertas añadiduras al cuento, haciendo que este persista y se expanda.

Y es que estas historias ganan popularidad a medida que se comparten en línea (copy paste); algunas de ellas alcanzaron los medios de comunicación más convencionales, generando debates sobre su credibilidad y desafiando la distinción entre la realidad y la fantasía.

El experimento monstruo

Un orfanato, niños, la tartamudez, finales de los años 30…Un experimento que ha marcado la historia de la psicología.

El “Experimento Monstruo” es el nombre que le dieron unos estudiantes de Iowa a este experimento realizado sin ética ninguna. Esto plantea una pregunta muy importante. ¿Todo vale en favor de la Ciencia?

“El Estudio monstruo” se llevó a cabo por el patólogo Wendell Johnson en Iowa (EEUU) entre enero y mayo de 1939 y supervisado por una de sus mejores estudiantes de posgrado Mary Tudor. Aunque Johnson era patólogo del habla no tenía preparación alguna psicológica y su experimento además de carecer de ética total no ofreció ningún resultado interesante.

Lo que Johnson quería era saber las causas reales que se escondían detrás de la tartamudez; el estaba convencido de que la tartamudez se debía a un comportamiento aprendido resultado de la ansiedad que experimentaban algunos niños cuando empezaban a aprender a hablar.

El experimento monstruo se llevó a cabo con 22 niños huérfanos del orfanato de Davenport (capital de Iowa) entre 5 y 15 años de edad. La mitad tenía alguna dificultad en el habla y la otra mitad no. Se dividió a los niños en 2 grupos:

*A un grupo de niños se les felicitaba continuamente en sus avances en el lenguaje. En realidad eran los niños que tartamudeaban.

*A otro grupo de niños no se le hacía más que recalcar todos los fallos que cometían y que si seguían así aquello les llevaría a desarrollar la tartamudez. Eran los niños que no tenían ningún problema en el aprendizaje del lenguaje.

  • ¿Cuáles fueron los resultados del “Estudio monstruo”?

Lo único que consiguió este experimento fue que los niños desarrollaran trastornos de personalidad, ansiedad y habla retraída y no la tartamudez que tanto pretendía Johnson.

Johnson ocultó su experimento debido al miedo que lo embargó cuando pensó que su experimento pudiera compararse con los experimentos con humanos que hicieron los nazis en los campos de concentración.

De hecho los resultados no se publicaron y la disertación de la estudiante Mary Tudor, que decidió desertar públicamente finalizado el experimento, es el único testimonio que quedó oculto en un cajón.

Este secreto se mantuvo durante décadas y de hecho el profesor Johnson desarrolló una carrera de éxito como uno de los investigadores más relevantes y con más reputación dentro del campo del habla. Murió en 1965 con 59 años de edad.

No sería hasta el 2001 la Universidad de Iowa se disculpó públicamente; en el 2003 en el New York Times se publicó “El estudio del monstruo del doctor de la tartamudez” las notas de Mary Tudor y se pagó una indemnización de un millón de dólares a seis ancianos octogenarios, los únicos que aún estaban vivos en el 2007 y que habían participado en este experimento cuando eran tan sólo unos niños.

Stanley Milgram: biografía y experimento sobre la obediencia a la autoridad

Stanley Milgram fue un polémico psicólogo social cuyo legado es uno de los más importantes en dicho campo. Sus controvertidos experimentos sobre la obediencia demostraron hasta qué punto el ser humano es capaz de obedecer a algún tipo de autoridad.

Sus experimentos han sido objeto de numerosas críticas por su dudosa ética. Además, su trabajo abrió el debate que contribuyó a generar los procedimientos éticos en los que se pueden desarrollar este tipo de investigaciones hoy en día.

Stanley Milgram acuñó el término ‘estado agentico’, un estado en el que las personas realizan acciones contrarias a sus propios valores. Su investigación demostró la peligrosidad que encierra la predisposición que tenemos los humanos a obedecer a la autoridad hasta llegar a despojarnos de nuestro sentido de la responsabilidad.

En 1963, la comunidad científica entró en cólera a raíz del experimento que Stanley Milgram llevó a cabo en la Universidad de Yale.

Milgram había reclutado a un grupo de estudiantes a los que había dado instrucciones para seguir las indicaciones de una supuesta autoridad científica que les ordenaba aplicar descargas eléctricas sobre otras personas.

En realidad, todo fue una pantomima y nadie recibió ninguna descarga eléctrica.

Pero lo cierto es que los sujetos que no formaban parte del complot se dedicaron a seguir las instrucciones al pie de la letra y aplicaban descargas eléctricas letales una y otra vez.

En algunos casos, se trataba de descargas de magnitud suficiente para iluminar media Europa durante varios días.

¿Hasta qué punto una persona está dispuesta a actuar en contra de sus propios valores por obedecer a la autoridad? Esta fue la pregunta que Stanley Milgram quiso responder con sus experimentos, y sus resultados fueron de lo más reveladores, además de convertirse en un escándalo para la comunidad científica.

– Vida temprana

Nació en Nueva York en agosto de 1933. Ya en su infancia era un estudiante brillante y se forjó un carácter de líder desde muy joven. Uno de sus compañeros de la escuela secundaria sería Philip Zimbardo, otro extraordinario psicólogo social. Stanley Milgram no se adentró a la psicología hasta más tarde; primero, se licenció en Ciencias Políticas en el Queens College en 1954.

Terminados sus estudios en Políticas, se interesó por la psicología y obtuvo un doctorado en Psicología por la Universidad de Harvard bajo la dirección de Gordon Allport. Durante el tiempo que duraron sus estudios de postgrado, Stanley Milgram trabajó junto a Solomon Asch como asistente de investigación.

Fue la época en que Asch desarrollo el experimento de conformidad de los grupos acerca de la longitud de una línea. Desde este momento, el interés por el estudio de los grupos y la conformidad dentro del marco de la psicología social nunca abandonó a Milgram.

– Los experimentos de Stanley Milgram

Milgram comenzó a trabajar en Yale en 1960 y, un año más tarde, empezó a desarrollar sus experimentos sociales de obediencia.

Los experimentos consistían en una figura de autoridad central que ordenaba a los participantes administrar descargas eléctricas a otra persona cada vez que respondieran erróneamente a una pregunta.

La persona que supuestamente recibía las descargas era un cómplice, pero la que debía castigarla no lo sabía. 

Hasta un 65% del total de los participantes se prestaron a administrar descargas eléctricas a otra persona en voltajes letales. Y lo hicieron solo porque el ‘experto’ les indicaba que debían hacerlo.

En 1963, el escándalo estalló en Yale y, como consecuencia, Milgram fue despedido y demonizado. Su supuesta falta de ética había empañado uno de los experimentos sociales más importantes desarrollados en el siglo XX.

Tras abandonar Yale, Stanley Milgram encabezó un nuevo programa de psicología social en la City University de Nueva York. En 1974, publicó su libro Obediencia a la autoridad, un clásico obligado que todavía hoy se estudia en todas las facultades de psicología del mundo.

Stanley Milgram trabajó en la City University de Nueva York hasta su muerte el 20 de diciembre de 1984.

– Aportaciones a la psicología

Stanley Milgram realizó un total de diecinueve experimentos sobre obediencia a la autoridad. Es cierto que Milgram siempre tuvo especial cuidado sobre los participantes de sus experimentos. Pese a ello, su trabajo de investigación fue duramente criticado por el impacto emocional negativo que tuvo en los sujetos que participaron.

A partir de sus trabajos la Asociación Americana de Psicología, se sumergió en los estándares éticos para trabajar con las personas en los experimentos y se crearon las juntas de revisión.

La investigación de Milgram sobre la obediencia conmocionó al mundo académico durante más de una década. Actualmente, con los estándares que la investigación psicológica trabaja, este experimento nunca podría haberse realizado.

Aunque se han realizado réplicas dentro de la normativa que han apoyado los resultados de Milgram sobre cómo la obediencia a la autoridad inhibe a los individuos de su propia conciencia y responsabilidad.

En definitiva, a pesar de la confrontación entre ética, moral y ciencia, lo cierto es que los experimentos de Milgram han servido para infinidad de estudios e investigaciones.

A veces, la tentación de cruzar la línea de la moralidad para avanzar en el campo científico resulta inmensa. Milgram se atrevió a traspasarla, a desafiarla y, aunque su moralidad siga siendo puesta en entredicho, no podemos dudar de la importancia de sus resultados.

 Experimento de la prisión de Stanford

Cuando nos preguntan o pensamos qué haríamos en determinadas situaciones parece que tenemos claras nuestras respuestas.

Aun sin estar en situación somos capaces de predecir nuestra forma de actuar -o al menos, eso creemos-.

No obstante, a través de numerosos experimentos e investigaciones, la psicología social se ha encargado de poner en duda la firmeza de nuestros pensamientos sobre el futuro de nuestros actos.

De hecho, sus resultados cambiaron la visión que teníamos del ser humano y sobre todo, de sus comportamientos, dependiendo de las influencias a las que esté sometido.

En 1971, Philip Zimbardo, psicólogo célebre por sus experimentos de psicología social, junto a un grupo de investigadores de la Universidad de Stanford, llevó a cabo uno de los experimentos más controvertidos en el ámbito de la psicología.

Su objetivo era estudiar el comportamiento de los seres humanos bajo la influencia de variables situacionales y responder a una serie de cuestiones como: ¿prevalece la cordura o se impone la violencia? ¿Qué sucedería si ponemos a personas buenas en una situación desfavorable? A continuación os contamos qué sucedió.

A través de anuncios se pidió la participación de personas para simular una prisión en unas instalaciones universitarias acondicionadas por 15 dólares diarios. Se presentaron alrededor de 70 estudiantes universitarios, de los cuales fueron seleccionados 24 por ser considerados como los más saludables y estables psicológicamente según Zimbardo y su equipo.

Tras el proceso de selección de forma aleatoria se dividió a los participantes en dos grupos: los prisioneros y los guardias. Con el objetivo de aportar más realismo a la situación y de que los participantes se implicasen más, a los que fueron identificados como presos se les detuvo por sorpresa y con la colaboración de la policía.

Además, se les proporcionó vestuario de prisioneros y se les cambio su nombre por un número de identificación, mientras que a los guardias se les dieron gafas de sol y uniformes.

Sorprendentemente, tanto los prisioneros como los guardias parecieron adoptar los roles con demasiada rapidez, originándose un gran número de cambios de actitudes y comportamientos en menos de una semana. Por ejemplo, los prisioneros se mostraron sumisos, obedientes, depresivos, pasivos y dependientes, mientras que los guardias, por el contrario, se mostraron sádicos, malvados, autoritarios e inflexibles; abusando de su poder y estatus.

Esta situación tuvo consecuencias inimaginables, los guardias impusieron nuevas reglas, llevaban a cabo actos de humillación y vejaciones, violencias verbal e incluso un gran repertorio de castigos, abusando en general de la sumisión de los prisioneros. A medida que pasaban los días, las vejaciones se realizaban por la noche cuando los “guardias” pensaban que las cámaras estaban apagadas.

Como se puede imaginar, esta situación empezó a tener repercusiones psicológicas en los prisioneros mediante la presencia de diferentes desórdenes emocionales, siendo algunos de ellos retirados del experimento y reemplazados. Finalmente el experimento finalizó ocho días antes de lo previsto, habiendo transcurrido seis días desde que se inició.

– Conclusiones del experimento de la prisión de Stanford

El experimento de la prisión de Stanford nos hace reflexionar sobre la importancia de la internalización de los roles y las variables situacionales externas. 

Por lo tanto no es lo mismo pensar cómo actuaremos en un futuro que encontrarnos inmersos en una situación y decidir qué hacer, ya que al pensar se nos escapan demasiados detalles.

Zimbardo expresó: “Pudimos observar cómo la cárcel deshumaniza a las personas, transformándolas en objetos e inoculándoles un sentimiento de desesperanza.

Respecto a los guardias, nos dimos cuenta de cómo gente normal puede llegar a transformarse desde el bueno Dr. Jekyll al malvado Mr. Hyde”.

Se observó por lo tanto, como la fuerza de la situación a veces puede ser más poderosa que la personalidad del individuo mismo.

A pesar de que el experimento de la prisión de Stanford fue algo puntual, si tenemos en cuenta otras investigaciones y estudios podemos afirmar que posiblemente sobrevaloramos los factores disposicionales (o internos de la persona) e infravaloramos la importancia de los factores situacionales.

Quizás, los resultados de este experimento también nos pueden servir para llegar a entender ciertos actos, pensamientos y actitudes que han ocurrido a lo largo de la historia de la humanidad, a los que no encontrábamos explicación. Incluso a cuestionarnos a nosotros mismos en muchas situaciones, porque: ¿cuántas veces hemos hecho algo que en otro momento creíamos imposible?

Por lo tanto, nunca estaremos lo suficientemente seguros de lo que ocurrirá en una situación hasta que no la vivamos en primera persona, ya que parece que contribuyen algo más los factores personales.

El proyecto MK Ultra, un programa de control mental

Todavía hoy nos ponen los pelos de punta los experimentos que los nazis llevaron a cabo con seres humanos. Varios de ellos estaban orientados a encontrar los mecanismos para controlar la mente de las personas. Lo que no todo el mundo sabe es que en los Estados Unidos se llevaron a cabo experiencias similares e incluso más tenebrosas. Una de ellas fue el proyecto MK Ultra.

La Segunda Guerra Mundial representó un cambio en la estrategia militar. Hasta ese entonces, nunca se le había dado tanta importancia al espionaje. Sucedió así porque los contendientes fueron conscientes del valor de la información contrastada  para planear las tácticas de ataque.

Así mismo, el propio Hitler probó que se podía controlar la mente humana y manipular a millones de personas a realizar acciones que en otras condiciones habrían rechazado. Por eso, al término de la confrontación, el tema de la obtención de información y la manipulación de la mente era una de las grandes preocupaciones en Estados Unidos. Así nació el proyecto MK Ultra.

En realidad es muy difícil saber con precisión en qué consistió el proyecto MK Ultra. Cuando la prensa lo descubrió, a finales de los años 60 y parte de los 70, la CIA, que dirigía el programa, dio la orden de destruir todos los expedientes del mismo. Lo único que se pudo rescatar fue un pequeño grupo de documentos.

A partir de esa base de datos tan pequeña, comenzó a reconstruirse lo sucedido.

Se añadió a esto un amplio número de testimonios de las víctimas. 

Sin embargo, en estricto sentido, nunca podrá saberse a ciencia cierta cómo se desarrolló el proyecto MK Ultra.

Este contenía 150 líneas de acción y solo se conocen dos o tres.

Sin embargo, lo poco que se sabe nos habla de experimentos con drogas psicoactivas y neurológicas, así como de otros métodos. Se aplicaron sobre miles de seres humanos, sin su consentimiento.

El propósito era observar el efecto de dichas drogas sobre las personas; saber si las inducían a revelar lo que sabían o determinar si era posible cambiar su mente al antojo.

Según los datos disponibles, los “investigadores” del proyecto MK Ultra suministraron drogas, como LSD , de diferentes maneras y en distintas dosis para determinar de qué manera se comportaban “las personas contaminadas”.

También se emplearon métodos como choques eléctricos y terapias de hipnosis. En los años 50, cuando comenzó el proyecto, se hablaba mucho del “lavado de cerebro”. Esto es, una especie de reprogramación de la mente a partir de esos “tratamientos” especiales.

También se sabe que la CIA ensayó los efectos de varias técnicas de tortura. A veces, dejaban a los “voluntarios” varios días sin dormir y mientras tanto les repetían mensajes subliminales sin cesar. Otras veces aplicaban electroshocks sistemáticamente o medicamentos sintéticos de prueba en cantidades altas.

Donald E.Cameron

Lo más execrable del proyecto MK Ultra fue que engañaron a miles de personas para que participaran en él.

Básicamente conseguían a sus conejillos de indias a través de dos métodos.

El primero estaba dirigido a los hospitales psiquiátricos.

En ellos, se les decía a los enfermos que se estaban ensayando nuevas terapias.

Ninguno de los internos de estos hospitales fue informado de que se trataba de un experimento dirigido por la CIA y que entre los “expertos” que estaban a la cabeza había varios ex nazis.

De hecho, uno de los más activos colaboradores del Proyecto MK Ultra fue el psiquiatra Donald Ewen Cameron, quien resultó ser el primer presidente de la Asociación Mundial de Psiquiatría, así como el presidente de la Asociación Americana de Psiquiatría y la canadiense.

Los experimentos no solo se hicieron con “enfermos mentales”, sino también con miles de ciudadanos considerados “normales”. Los reclutaban en el ejército, universidades, hospitales públicos, prostíbulos, hospicios y en todas partes en realidad. A cambio de unos cuantos dólares, aceptaban formar parte de esas pruebas. Sin embargo, nunca se les informaba del propósito real.

Muchos de ellos no sobrevivieron a los crueles experimentos. Otros quedaron con daños permanentes. El caso más publicitado fue el de Frank Olson, en Estados Unidos. En Canadá, por su parte, el gobierno terminó indemnizando a cientos de personas para ahogar el escándalo.

Lo sucedido se supo gracias a una investigación de prensa. Luego, en el Congreso de los Estados Unidos se conformó una comisión para indagar sobre los hechos. También se estructuró una comisión independiente. Al final, lograron que los documentos fueran desclasificados, en 1973, y por eso la CIA dio la orden de destruir los archivos.

El Proyecto MK Ultra muestra hasta qué punto son capaces de llegar los organismos de poder por obtener lo que se proponen. No tuvo lugar en una dictadura, sino en un país que se precia de ser el adalid de la democracia en el mundo. Ahora la pregunta inquietante, ¿habrá experimentos similares, en otros sitios, que aún no conocemos?

nuestras charlas nocturnas.

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