La trágica historia del hombre que creó El Eternauta: el más audaz e inolvidable de los cómics argentinos …
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(Eduardo Arias, psicólogo y compañero de cautiverio de Héctor Germán Oesterheld en El Vesubio, uno de los centros de detención de la dictadura militar 1976-1983)
Infobae(A.Serra) — Oesterheld no recuperó la libertad. Fue asesinado algún día de 1978. Antes corrieron la misma suerte sus cuatro hijas: Estela, Beatriz, Marina y Diana (dos, embarazadas), y tres de sus maridos.
Héctor Germán Oesterheld Puyol, hijo de un alemán y una española, nació el 23 de julio de 1919: un siglo. Casado con Elsa Sánchez –la única que advirtió la tragedia que sobrevendría–, fue brillante. Dibujante, periodista, guionista, escritor, geólogo, divulgador científico… Pero la historieta, ese paciente trazado, ese mundo paralelo, fue la urdimbre de un mundo feliz desbarrancado, idea a idea, línea a línea, hacia la destrucción.
Una foto, tomada en la casa familiar de Béccar (él, su mujer, sus cuatro pequeñas hijas) es como el preludio del último suspiro. Héctor, profesor de Geología, autor de relatos y novelas de ciencia ficción, y sus hijas, futuras alumnas del colegio privado Northlands, donde estudió Máxima Zorreguieta, luego reina de Holanda, y más tarde, del Nacional de San Isidro: prestigio puro. Establishment sin fisuras…
Ya en los años 50 y principios del 60, las historietas de Oesterheld, publicadas con éxito en las revistas Misterix, Hora Cero, Frontera, deslizaban sutiles críticas al capitalismo, el colonialismo, el imperialismo. Un cliché de esos años: para algunos, simple pose. Para otros, compromiso auténtico…
El cuarto día de septiembre nace su máximo personaje. Su estrella absoluta. El Eternauta. Con dibujos de Solano López, y en la revista Hora Cero, que dirigía Oesterheld. Mucho más que un cómic… Según su creador, que a veces firmaba como HGO, ese viajero del Tiempo y de todos los tiempos está inspirado en Robinson Crusoe: «solo, rodeado, preso no ya por el mar sino por la muerte», según HGO.
La historia de El Eternauta empieza en Buenos Aires. Un hombre aparece en la casa de Germán, guionista de cómics, y se presenta como Juan Salvo, el eternauta: un hombre atrapado en el espacio, buscando el modo de salvar a su familia de una tragedia (la contracara de lo que sucedió: Oesterheld y sus hijas se plegaron a los Montoneros, principio de su atroz final).
El desastre empieza con una extraña nevada que cae sobre la ciudad y mata a cuantos son alcanzados por sus copos radioactivos. ¿Qué hacer? ¿Refugiarse en casa (el individualismo), o combatir?
Ideológicamente, Oesterheld detestaba al héroe solitario: «Sólo la lucha colectiva tiene sentido». Pero Eva Perón fue una de sus heroínas, y de sus héroes, el Che Guevara. De quien, junto con Alberto y Enrique Breccia, publica en 1968 una biografía, casi inmediatamente secuestrada y destruida por la dictadura de Onganía.
Solano López, su primer dibujante –y gran amigo– se preocupa. Sobre todo después de El Eternauta II, cuyo guión, de HGO, no disimulaba: exaltaba su compromiso político. Y recuerda: «Todo el trabajo de la segunda parte lo hizo en forma clandestina. Y protesté, porque él se excedía en el contenido militante y subversivo. Yo no les tenía simpatía a los militares ni a su sistema, pero el mensaje de Montoneros tampoco era de mi agrado. Y el personaje se desvirtuó. Yo no lo sentía. Me molestaba hacerlo, porque el personaje, según el guión, se movía, hacía y decía cosas que no encajaban».
Es extraña la identificación de Oesterheld con Robinson Crusoe, el personaje de la gran novela de Daniel Defoe (Londres, 1660-1731). Porque el famoso náufrago es un símbolo, una exégesis del liberalismo inglés a ultranza: el hombre que se salva por su inteligencia, su esfuerzo, y construye un mundo sin esperar ayuda alguna, metáfora de su desprecio al Estado…
Es más: Oesterheld dijo que «el héroe verdadero de El Eternauta es un héroe colectivo, un grupo humano. Refleja así, aunque sin intención previa, mi sentir íntimo: el único héroe válido es el héroe en grupo, nunca el héroe individual, solo».
Lentamente, El Eternauta devora a otros grandes personajes de HGO. Lista para nostálgicos: Sargento Kirk, Bull Rocket, Ernie Pike (de quien Planeta acaba de publicar una nueva edición), Alan Crazy, Ray Kitt, Indio Suárez (boxeador), y Martín Fierro en historietas, ¡en la revista Billiken!

La vuelta de campana ideológica, cada vez más profunda, angustia a Elsa Sánchez, su mujer: «En los primeros años de matrimonio sentí que alcanzábamos la felicidad y la plenitud, pero tuve la premonición de que algo espantoso iba a sucedernos.
Primero se fracturó el grupo.
Después, mis cuatro hijas… militantes de Montoneros.
Y más tarde, las desapariciones.
No acepto la lucha armada.
Fuimos tan felices.
Parecía imposible que el escritor pacifista y democrático hubiera tomado partido por algo tan violento, poniendo en riesgo a sus hijas».
El 27 de abril de 1977 fue secuestrado por un grupo de tareas en La Plata. Por entonces ya habían desaparecido y asesinadas sus hijas: Diana (24), Beatriz (19), Estela (25) y Marina (18). Los «años felices en la casa de Béccar» –cita de Elsa Sánchez– se habían teñido de sangre. A Oesterheld lo recuerdan un mural en la estación Uruguay –línea B del subte– y una baldosa con su nombre en la esquina de su casa.
Pero –honor al talento– el 4 de septiembre es el Día de la Historieta Argentina: la fecha en que ese día de 1957, en la revista Hora Cero, nació El Eternauta. Creado y escrito por Oesterheld. El hombre que se encarnó en él hasta el supremo sacrificio, la muerte. Muerte no en un cuadrito de historieta. Real, brutal, monstruosa, en una mazmorra de la pavorosa y última dictadura militar.
– El día que secuestraron a oesterheld, creador del eternauta
Martín García director de Télam relata:
Héctor Germán Oesterheld fue un geólogo humanista que creó un universo ideal para el mundo mágico de las historietas, y en esa dirección fue el constructor de sus sueños contagiando a varias generaciones a través de sus personajes para establecer nuevas reglas de juego para el amor, para el honor y para la convivencia de las personas en un mundo amenazado por la opresión planificada.
Para mi gusto, su `primer` gran éxito fue Gatito y sus amigos, un infantil, a veces troquelado de Editorial Abril que incluía personajes como la Princesa Titina, los ratones Parmesano y Gorgonzola, la bruja Cachavacha, de su creación, y el nunca bien ponderado palizero real que consistía en una rueda giratoria que tenía en la punta de sus rayos, zapatos, que, al girarse, le pegaban patadas en el trasero a los condenados por su maldad.
Sus personajes sentían, tenían dudas, códigos y aún se aventuraban a romper las reglas del género, pereciendo, en la guerra por salvar a una muñeca por la que lloraba una pequeña en el medio del avance de las tropas.
Mi viejo salía a la mañana cuando yo todavía no me había levantado para ir al colegio y no lo veía hasta la noche. Entonces, durante el día, refugiarme en las historietas de las revistas Hora Cero y Frontera, más adultas que El Tony o D´Artagnan, significaba para mí aprender códigos de la vida.
Los japoneses no eran todos villanos, a veces los norteamericanos en la Segunda guerra mundial, también lo eran. Incluso los kamikazes también tenían códigos de honor, en sus historias. Solo se trataba de personas, en la locura ajena de la guerra.
En algún momento apareció El Eternauta. El viajero del tiempo. Allí se podía vivir una invasión extraterrestre que, en vez de atacar la Casa Blanca, se establecían en una burbuja -donde moraban sus tropas de elite- en medio de la plaza de los dos Congresos entre Rivadavia, Entre Ríos, Yrigoyen y la otra.
Una invasión simbólica si uno sitúa la historia después del golpe de 1955, cuando el orden democrático había sido roto, Perón había sido desalojado de la Presidencia y la gente común había sido bombardeada, sin más.
En ese imaginario se instala la invasión de los Ellos, el gran invasor, nunca explicitado. Los Ellos.
Se suceden las batallas, la de la General Paz, la de la Cancha de Ríver, la de las barrancas de Belgrano, la de Plaza Italia…y también los sub invasores, los Cascarudos, los enormes Gurbos y los Manos.
Los Manos habían sido inoculados con una bolsa del terror que se abría vertiendo veneno en el interior de sus organismos, cada vez que los Manos desobedecían las instrucciones de los Ellos.
La glándula del terror. Después nos la inocularían a todos. Pocos días antes de su desaparición los reuní a Héctor y ése gran poeta que fue el periodista deportivo Osvaldo Ardizzone.
Fue en la casa de mis viejos que estaban de vacaciones. ¡No podía ser que esos maestros no se conocieran entre sí! Fue un mediodía de verano inolvidable.
¡Que sabía yo que lo estarían siguiendo, o controlando! O quizás todavía no. Le hice un reportaje que seguía saliendo en cómodas cuotas en 5xBsAs por Radio Belgrano después que Héctor ya había desaparecido. Me decían –Che no pases a Oesterheld que parece que lo secuestraron. Pero yo lo seguí pasando. No advertí la gravedad del golpe. Habíamos pasado otros golpes.
Después se llevaron a sus cuatro hijas Diana, Marina, Beatriz y Estela militantes de 14 a 19 años de la UES como los chicos de la Noche de los Lápices; y de la Juventud Peronista. Los sobrevivirían dos de su nietos, Fernando y Miguel Martín y Elsa, su esposa, la mamá de las chicas. La Madre Coraje.
Algunas cosas trascendieron: que Los Ellos, le hicieron escribir una historieta de San Martín; que en cautiverio obtuvo miga del pan de los cumpas para dárselo al joven artista que modelo un regalo para cada uno en la navidad. La clase magistral de Chaplin que le dio Héctor a los más jóvenes cuando Eduardo Arias encontró en el baño una hoja de diario que daba cuenta de la muerte del maravilloso actor y director inglés. Anécdota que tanto impresionó a Geraldine Chaplin, su hija.
Y aquella narración de Mempo Giardinelli, compañero de militancia de Héctor, que creía, en su insolente juventud, que si detenían a Oesterheld, ya grande, iba a entregar a los demás compañeros, apenas lo apretaran, cosa que, pasados los días y las semanas, nunca ocurrió. Héctor Germán Oesterheld había cumplido con los códigos de honor que tanto nos había enseñado en sus historietas.
nuestras charlas nocturnas.
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Esta entrada fue publicada el enero 12, 2024 por mediosiglo1955. Se archivó dentro de Historia, leyendas, historias y sucesos, Reconocimientos. .
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