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Las tendencias de moda más raras de la historia…


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ACV(A.Nuño)/Ranker(L.Saddler)  —  Arsénico para colorear determinadas telas en un verde precioso, mercurio en los sombreros que volvía loco, corsés imposibles, maquillaje con plomo, pelucas que daban dolor de cuello, dietas peligrosas y extrañas… a lo largo de la historia, el ser humano ha seguido algunas cuestionables modas por el simple hecho de alimentar el ego y promocionar la belleza propia. Somos humanos, y a todos nos apetece gustar a los demás.

Pero algunas de estas tendencias, hoy en día pasadas (como suele suceder con las modas, que son efímeras), harán abrir los ojos como platos a más de uno por ser increíblemente absurdas y peligrosas. Hoy las repasamos contigo.

La peligrosa planta de la belleza

La historia de la belladona es larga y curiosa. Los egipcios la usaban como narcótico e infundía valor a los guerreros romanos que la ponían en sus flechas para envenenar a los enemigos.

Los griegos también la empleaban en sus orgías y tenía cierto componente trascendental, al infundir valor a los guerreros. Aunque más tarde se conocieron sus propiedades venenosas (en altas cantidades es extremadamente tóxica), siguió utilizándose para tratar heridas o el insomnio.

En altas cantidades, uno de sus principios activos (la atropina) dilata las pupilas y sonroja (además de producir visión borrosa, taquicardia, alucinaciones o mareos, claro).

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Y como los ojos grandes siempre han sido sinónimo de belleza, en el siglo XIX se extendió la moda entre las mujeres de dilatar las pupilas con jugo de las bayas de esta planta.

Las venecianas incluso se frotaban el rostro con ellas para enrojecerlo de una manera ‘natural’ que no requiriese el uso de maquillaje, que no estaba bien visto por aquel entonces.

Teniendo en cuenta que el summum de belleza era lo que llamaban ‘belleza alabastrina’, propia de los síntomas de la tuberculosis, quizá no suene tan raro todo esto.

Durante años, muchísimas mujeres aplicaron cada mañana unas gotitas de belladona en sus ojos, sabiendo que era venenosa, pero creyendo que al ser tan poco el contenido que usaban, no tendría por qué afectarlas.

Los dientes negros (o torcidos)

Ya hablamos en otra ocasión de Ohaguro, la curiosa moda de los dientes negros que fue tendencia en el pasado.

Surgió en Japón hacia el siglo X, durante los periodos Edo y Heian principalmente. Compuesta de una solución de limadura de hierro y vinagre llamada ‘kanemizu’, se trataba de una tradición que practicaban especialmente las mujeres casadas y algunos hombres, miembros de la aristocracia o samuráis.

Se creía que era beneficioso para la salud, pues prevenía el deterioro de los dientes y, pese al fuerte olor que producía y lo complicado de su preparación, fue tendencia durante mucho tiempo hasta que fue prohibido. Y, de hecho, lo raro era tener los dientes blancos.

Aunque los japoneses ya no se tiñen los dientes, sí que siguen teniendo algunas tendencias un tanto extrañas en lo que a su boca se refiere. Yaeba, por ejemplo, es un término que se puso de moda hacia 2011 debido a la idol Tomomi Itano, y que muchas adolescentes imitaron más adelante, llegando a someterse incluso a procedimientos dentales.

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Pero, ¿en qué consiste? Simplemente en la presencia de dientes torcidos en la dentadura, generalmente los caninos superiores, que en el país nipón no se perciben como una muestra de fealdad sino como un signo de juventud y belleza natural.

Pies de loto

En el siglo X en China, durante la dinastía Song, se convirtió en costumbre aplicar una venda a los pies de las niñas para prevenir su crecimiento.

Se volvió muy popular y se consideraba atractivo, por lo que aunque había comenzado siendo una práctica frecuente entre las bailarinas, se propagó hasta convertirse en algo común entre las mujeres de clase alta y la burguesía (las clases trabajadoras no podían hacerlo porque impedía a las mujeres trabajar).

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El proceso comenzaba a una edad temprana, en torno a los dos o cinco años, y se hacía en invierno para que los pies se encontraran entumecidos por el frío y el dolor no fuera tan extremo.

Cada pie se bañaba y se sumergía en una mezcla de hierbas y sangre animal, se cortaban las uñas y se doblaban los dedos contra la planta del pie hasta romperlos.

Los dedos rotos se mantenían apretados contra la planta del pie mientras este era estirado hacia abajo, formando línea recta con el resto de la pierna.

El arco se rompía a la fuerza. Las vendas eran atadas repetidamente en forma de ocho. La práctica no entró en declive hasta bien entrado el siglo XX.

Las estrictas medidas en Corea del Sur

La meca de la cirugía estética tiene un concepto muy claro de lo que es la belleza y no se somete a ambigüedades como el resto del mundo.

El concepto, mejorado gracias a los idols que son los que marcan las tendencias del país, quizá pueda sorprendernos por su rigidez: piel muy blanca, cara pequeña en forma de V (por ello una de las cirugías más famosas es la de mandíbula), nariz estrecha, ojos grandes y con bolsas debajo (lo que acentúa lo que consideran un rostro más ingenuo y adorable), dientes perfectos, doble párpado (lo que, de nuevo, lleva a muchas personas a operarse los ojos) y delgadez extrema.

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El grupo coreano Blackpink.

La cojera de Alexandra

Si te sorprende que Kim Kardashian marque las tendencias de belleza con su voluminoso cuerpo o su rostro, tenemos que decirte que no hay punto de comparación con otra ‘influencer’ más antigua: la princesa Alexandra de Dinamarca, esposa del príncipe Alberto Eduardo. Icono de moda en el siglo XIX y nuera de la Reina Victoria, todos alababan su belleza y era muy popular.

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La reina Alexandra. 

No solo se imitaban sus vestidos de cuello alto (que servían para cubrir una cicatriz que tenía desde niña) o sus rizos, sino que incluso las mujeres más adineradas del país comenzaron a imitar su manera de caminar cojeando (había sufrido un ataque de fiebre reumática), como si utilizaran solamente un zapato.

Algunas personas llegaron a creer que se trataba de una enfermedad, pero lo cierto es que era únicamente una moda.

Tanto es así que en ciertas ciudades de Gran Bretaña los comerciantes comenzaron a vender zapatos desiguales, uno con tacón alto y el otro bajo, e incluso bastones como los que usaba la princesa.

Como con todo, la moda llegó y se fue, pues cuando en la temporada siguiente los vestidos se volvieron más ceñidos, resultaba muy complicado caminar de esa manera.

Ohaguro, la belleza de tener los dientes negros (que quizás vuelva)

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‘Ennegrecido de dientes’ de Utagawa Kunisada.

Aunque en Occidente uno de los símbolos de la belleza es poseer unos dientes blancos como perlas, hace un tiempo que se puso de moda en algunas redes sociales como TikTok ennegrecerse los dientes con carbón, aunque tenía truco: se suponía que dicho elemento, según aseguraban muchos influencers que lo habían probado, servía justamente para blanquear las piezas dentales e incluso se llegó a comercializar en forma de jabón o pastillas.

Ahora bien, aunque de primeras eso de ver a la gente con los dientes completamente negros asustaba un poco, lo cierto es que en la historia de la humanidad ha existido una moda así.

Al fin y al cabo, la historia del ser humano es diversa y larga, y es normal que de vez en cuando hayan existido ciertas modas que puedan captar nuestra atención por extravagantes.

En concreto, se conoce a esa idea de ennegrecer los dientes como ‘Ohaguro’, y surgió en Japón hacia el siglo X, durante los periodos Edo y Heian principalmente.

Para ello utilizaban una solución de limadura de hierro y vinagre llamada ‘kanemizu’, y se trataba de una tradición que practicaban especialmente las mujeres casadas y algunos hombres, miembros de la aristocracia o samuráis.

Se creía que era beneficioso para la salud, pues prevenía el deterioro de los dientes, y según algunas teorías (su origen no está del todo claro), podía tener que ver con el hecho de que los objetos negros se consideraban de gran belleza, aunque otros apuntan al hecho de que los dientes son la única parte del esqueleto que se encuentra a la vista y, por ello mismo, podían considerarse tabú.

De cualquier forma, en algunas zonas de China y el sudeste asiático también se realizaba dicha práctica.

Lo que comenzó en un principio como un rito de madurez entre las chicas adolescentes de la nobleza del periodo Heian, fue imitado después por mujeres de todas las clases sociales.

Tiempo después, casi todos los nobles que alcanzaban la mayoría de edad se teñían los dientes, así como los samuráis que pasaban su periodo de iniciación. Incluso llegó a hacerlo la Familia Imperial hasta el final del periodo Edo.

Las primeras referencias escritas aparecen en el ‘Genji Monogatari’, que data del siglo XI, y en ‘La princesa que amaba los insectos’ del siglo XII.

En el último se habla de la protagonista y de su repugnante aspecto al tener las cejas sin depilar por completo como ‘orugas peludas’ y los dientes sin teñir como ‘orugas de piel’.

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‘Geisha ennegreciéndose los dientes a la 1 de la madrugada’ de Tsukioka Yoshitoshi 

También llegó a considerarse aceptable entre las geishas, aunque nunca entre los marginados o los más pobres.

Durante el periodo Muromachi, en la celebración de los matrimonios había una figura específica que se encargaba de ennegrecer los dientes de la novia. Lo cierto es que la práctica fue cayendo en el desuso con el paso de los siglos debido al fuerte olor que producía y lo complicado de su preparación, hasta el punto de que solo lo usaban las mujeres que iban a casarse, las prostitutas o las geishas.

En 1870 el gobierno prohibió la práctica en hombres y cuando tres años después apareció la emperatriz Shōken en público con los dientes blancos, muchas mujeres fueron abandonándola.

La posterior occidentalización del país llevó a que el ohaguro quedara exclusivamente para el teatro kabuki o las maiko.

¿Cómo se aplicaba?

Se usaban diversos recipientes y herramientas: el mimidarai (un cuenco con asas) sobre el que se colocaba la watashigane (una bandeja en la que se ponían los elementos en los que se aplicaba el tinte). Los elementos pequeños (la cajita con polvo, el ‘haguro-tsugi’ con el que se administraba el tinte o incluso un pequeño cuenco para realizar gárgaras después) se guardaban en un estuche más grande (haguro-bako).

Los dientes se frotaban cuidadosamente con la cáscara de una granada, y debía aplicarse como mucho dos días después desde que se había hecho por primera vez, pues así se conseguía o mantenía el negro lacado deseado.

De lo contrario se perdía ese brillo y acababa con una tonalidad grisácea que no gustaba.

La práctica fue tan extendida que surgieron muchas leyendas e historias al respecto.

En Yoshiwara, en Edo (ahora Tokio), que era donde se encontraba el principal barrio rojo del país hacia el siglo XVII, existía un pequeño pozo de agua al que llamaban el ‘Canal de los dientes negros’ por la abundancia de prostitutas con dientes teñidos que paseaban por sus alrededores.

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Retrato de joven del norte de Vietnam con los dientes ennegrecidos, hacia 1905. 

Y, como decíamos al principio, en otras zonas de Asia la práctica también fue muy extendida.

En Tailandia, por ejemplo, cuando en el siglo XIX el rey Mongkut perdió su dentadura la sustituyó por una artificial tallada en madera de color rojo oscuro.

En India, la famosísima reina Rani Padmini fue protagonista (o quizá sus dientes) de unos versos del épico poema ‘Padmavat’ de Malik Muhammad Jayasi: «Con misi oscurecidos sus blancos dientes / como diamantes en un pedestal centellean».

Puede parecernos raro, pero probablemente las próximas generaciones vean con horror muchas de las tendencias actuales. Al fin y al cabo, la moda es tan fea que tiene que cambiar cada seis meses.

Arsénico, mercurio y vendajes en los pies: las modas más extrañas de la historia

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Decía Oscar Wilde (o quizá nunca lo llegó a verbalizar, pero ha pasado a la posteridad así) que la moda es una forma de fealdad tan intolerable que es necesario cambiarla cada seis meses.

Quizá por ello miramos nuestras fotos de hace 10 o 15 años y nos echamos las manos a la cabeza, deseando que las hombreras de los 80, los pantalones campana, las toreras o tantos otros complementos de dudoso gusto desaparezcan para siempre en la profundidad del armario y no vuelvan a salir jamás.

Quizá el chándal no sea el colmo de la elegancia y el buen gusto, pero por lo menos es cómodo. A lo largo de la historia, el ser humano ha optado por llevar prendas que no solamente atentaban a la vista, sino que además eran potencialmente peligrosas para la salud.

La excusa es que, en muchas ocasiones, había un total desconocimiento al respecto. Hoy repasamos algunas de las modas más locas que ha habido, por si te replanteas aquello de que las hombreras y las camisetas de manga larga por debajo de las de manga corta en el fondo no eran tan horribles.

Color verde arsénico

En la Gran Bretaña Victoriana, el arsénico no solo se empleaba para asesinar, sino también para ‘colorear’ velas, cortinas, papel de pared y, por supuesto, vestidos, guantes o zapatos que las damas querían en un vivo y precioso color verde.

El doctor Turner fue el primero en alertar, allá por 1822, de su peligrosidad, pero hasta bien entrados los años 30 la compañía William Morris (de telas y papeles pintados) exportaba a otros países estas piezas tóxicas, aunque para entonces su distribución ya estaba prohibida en Reino Unido.

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De hecho, la muerte de Napoleón estuvo relacionada con inhalaciones de arsénico desprendido por las paredes empapeladas allá en su exilio en Santa Elena.

En 1861, una fabricante de flores artificiales (cuyo trabajo consistía en espolvorear polvo verde impregnado de arsénico en las flores) falleció de forma violenta, convulsionando y vomitando.

En la autopsia se descubrió que sus órganos (estómago, hígado, pulmones) estaban plagados de arsénico.

El mercurio en los sombreros

El Sombrerero de Alicia estaba loco, de eso no hay duda, pero quizá si se hubiera estudiado su historial médico se habría encontrado una explicación para su disparatado comportamiento.

Se suele decir que en el siglo XIX, aquellos que se dedicaban al oficio se envenenaban lentamente al inhalar el vapor de mercurio que empleaban para tratar la felpa y la piel que cubría los sombreros.

Lo hacían porque así conseguían que se mantuviesen derechos.

La larga exposición a este metal se acumula en tejidos y órganos y provoca mercurialismo, una enfermedad que resulta en problemas neurológicos y produce temblores, espasmos musculares o nerviosismo, entre otros.

Hasta mediados del siglo XX no se descubrió la relación entre el uso de este metal y los problemas de salud que provocaba, pero a día de hoy somos conscientes de sus peligros.

Zapatos que eran una tortura

Para presumir hay que sufrir, ya lo dicen. A finales de la Edad Media en Inglaterra, durante los siglos XIV y XV, se pusieron de moda unos zapatos puntiagudos tanto en niños como adultos que destrozaban (literalmente) los pies.

Desarrollaban juanetes, que a su vez les producían problemas de equilibrio una vez envejecían, y esto a su vez podía llevarles a perder el equilibrio y caerse, ocasionando caídas graves y huesos rotos, según los estudios arqueológicos de los cadáveres de la época.

Y no hace falta quedarse solo en Reino Unido, en el siglo X en China, durante la dinastía Song, se convirtió en costumbre aplicar una venda a los pies de las niñas para prevenir su crecimiento (comentado precedentemente).

Se volvió muy popular y se consideraba atractivo, por lo que aunque había comenzado siendo una práctica frecuente entre las bailarinas, se propagó hasta convertirse en algo común entre las mujeres de clase alta y la burguesía (las clases trabajadoras no podían hacerlo porque impedía a las mujeres trabajar).

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Comparación entre pies normales y vendados en 1902. 

El proceso comenzaba a una edad temprana, en torno a los dos o cinco años, y se hacía en invierno para que los pies se encontraran entumecidos por el frío y el dolor no fuera tan extremo.

Cada pie se bañaba y se sumergía en una mezcla de hierbas y sangre animal, se cortaban las uñas y se doblaban los dedos contra la planta del pie hasta romperlos.

Los dedos rotos se mantenían apretados contra la planta del pie mientras este era estirado hacia abajo, formando línea recta con el resto de la pierna.

El arco se rompía a la fuerza. Las vendas eran atadas repetidamente en forma de ocho. La práctica no entró en declive hasta bien entrado el siglo XX.

Maquillaje con plomo y pelucas empolvadas

En general, han sido las mujeres las que más han sufrido el efecto de las modas peligrosas a lo largo de la historia.

El maquillaje a base de plomo, que conseguía que la piel pareciera más blanca, se usó tanto en el Imperio Romano como en la Inglaterra del siglo XVI, e incluso antes, pues Cleopatra y sus compatriotas ya utilizaban el famoso kohl negro para protegerse los ojos.

¿El único problema? También estaba hecho con sales de plomo. El maquillaje con plomo dañaba los nervios de las muñecas y provocaba que no se pudieran levantar las manos.

Y hay que dar crédito a los hombres, pues también han sufrido algunos problemas: las pelucas, por ejemplo, que se pusieron de moda con Luis XIV (que intentaba ocultar su calvicie), pasaron a empolvarse con Luis XV y cada vez se hicieron más altas y espectaculares: no solo provocaban dolores de cuello y cabeza, sino que muchos nobles tuvieron que enfrentarse a problemas con piojos y pulgas.

Lombrices para adelgazar

Hablamos ahora de la dieta keto y similares, pero es un lujo en comparación con algunas cosas que se han hecho en el pasado. Según cuenta la leyenda, a comienzos del siglo XX se puso de moda una peculiar dieta que la mismísima María Callas decidió seguir: el conocido como régimen de la solitaria, mediante un producto llamado Sanitized Tape Worms prometía el rápido adelgazamiento sin ningún tipo de ejercicio, sin efectos secundarios.

Consistía en ingerir huevos de la lombriz tenia o solitaria, a menudo en forma de píldora.

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Arístoteles y María Callas

La teoría era que las lombrices llegarían a la madurez en los intestinos y absorberían la comida. Esto causaría pérdida de peso, diarrea y vómitos. Luego, con otra simple pastilla, cuando ya hubieras adelgazado lo suficiente, te desprenderías de los ‘bichos’.

Por supuesto, la tenia crece y puede producir problemas de vista, meningitis, epilepsia y demencia, por lo que no era la panacea que en principio se prometía.

Otras tendencias

Es imposible cumplir con los poco realistas y siempre variables estándares de belleza de nuestro mundo, y muchos de nosotros ya hemos gastado demasiado tiempo tratando de depilarnos, pintarnos, o contornearnos todo para competir con las demás.

Quizás no te sorprendería mucho saber que esto es básicamente un problema eterno, pero algunos de los ideales de belleza del antaño son muy difíciles imaginar cómo divertidos o glamorosos.

Los estándares durante la historia han cambiado de tantas formas que algunos de los estilos más populares eran horrorosos, o por lo menos mucho más una molestia -y un peligro- que valga la pena usarlos.

Sí, el maquillaje es pesado, pero al menos ahora no nos afeitamos nuestras líneas de cabello ni nos pintamos las piernas con jugo de carne.

Echa un vistazo a esta lista para algunos de los estándares de belleza más insólitos de la historia.

– Las Mujeres Del Renacimiento gustaban de las líneas de cabello muy pronunciadas

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Si alguna vez has mirado a los retratos del Renacimiento y te preguntaste porque las mujeres parecieron tan raras, no estás solo. Las frentes grandes y curvadas eran un indicador importante de la belleza.

Y las mujeres se depilaban o afeitaban las líneas de cabello para aumentar el tamaño de las frentes. Básicamente, se crearon un retroceso de la línea de cabello a propósito.

– Las piernas pintadas estaban de moda durante la Segunda Guerra Mundial

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Gracias a una escasez de nilón durante la Segunda Guerra Mundial, a las mujeres les faltaron las medias. Sin embargo, la apariencia bronceada de piernas con medias se consideraba esencial, y aparecieron docenas de productos de pintura para imitar la apariencia de nilón.

Según una edición de Life Magazine de 1942, “Cuando se aplica correctamente, los ojos masculinos más escrutadores no pueden distinguir entre las piernas cubiertas así y las piernas con medias transparentes.”

Algunas mujeres usaban lo que había en la casa y preparaban un jugo de carne para pintar las piernas y obtener ese look deslumbrante del nilón.

– La modificación del cráneo era una preferencia estética Maya

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Empezando alrededor de 1000 AEC, la civilización maya empezo a modificar los cráneos de los bebés. La cabeza de un niño se mantenía atada a un tablón o amarrada con varios implementos, forzando que el cráneo se modificara a sí mismo.

Se hizo a los varones tanto como a las mujeres, y se cree que no era relacionado al estado social, sino un signo de belleza ornamental.

Muchos otros grupos alrededor del mundo tenían costumbres similares, incluso las tribus germánicas como los hunos, y también los hawaianos, los tahitianos, los incas, y los tribus chinook y choctaw de América del Norte.

– Las uñas largas eran populares en China

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Los chinos tienen una larga historia de uñas largas.

Tanto los hombres como las mujeres de la dinastía Qing hacian crecer las uñas de 8 a 10 pulgadas de largo, y algunas mujeres usaban guarda-unas de oro para proteger a sus uñas bastante inconvenientes.

Esto sirvía de indicar que eran tan ricos que no tenían que laborar con las manos. En vez de eso, tenían que depender de sirvientas para vestirlos o darles de comer.

– Las pantorrillas de los hombres eran los abdominales de la Edad Media

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Hoy en día las piernas de las mujeres se admiran mucho, pero en la Edad Media y hasta el siglo 18, las pantorrillas de los hombres eran lo último.

Los hombres usaban medias tal como las mujeres para resaltar sus pantorrillas bien formados, y algunos hombres incluso llevaban un relleno dentro de sus medias para mejorar la apariencia insatisfactoria de las piernas.

El Rey Enrique VIII, por ejemplo, se celebraba por sus pantorrillas excelentes.

– Las pestañas no estaban de moda durante el Renacimiento

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Para las mujeres europeas durante la Edad Media y el Renacimiento, su depilación no paraba con la frente.

Las pestañas se convirtieron en símbolo de hipersexualidad, y la cara fresca estaba de moda. Entonces, muchas veces las mujeres pudientes se quitaban todas las pestañas, lo cual resulta ser demasiado doloroso con solo pensar en ello.

– Ceja corrida

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El “uni-brows” era lo más hermoso que podía portar una mujer en la antigua Grecia, mientras que en la actualidad las mujeres luchan con aquello de depilar perfectamente la ceja.

En esa época las mujeres frotaban el hollín negro entre sus cejas, otras utilizaban pelo negro de cabra que pegaban con un poco de resina de árbol en la parte posterior.

– Súper tacones

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Lo cierto es que los tacones altos no pasan de moda, sin embargo, en la Edad Media en Florencia, eran plataformas de madera de hasta 60 cm de alto, además, que también la adoptaron los hombres.

– Cicatrices en la cara

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Para las mujeres alemanas del siglo 19, que un hombre tuviera cicatrices en la cara era lo más varonil.

Incluso, List Verse, la actriz, solo cantaba si era obtenida en una pelea o un combate de esgrima, de ahí que algunos dejaran a sus oponentes conseguir un par de cortes.

Zapatos “Alexandra Limp”

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Alexandra de Dinamarca era vigilada por el mundo por ser la novia del príncipe.

Incluso, las mujeres la copiaban en su forma de arreglarse, tanto que cuando le dio fiebre reumática y quedó coja, igualmente la copiaban.

Al principio, usaban zapatos distintos para lograrlo, luego las tiendas comenzaron a vender zapatos con un tacón alto y otro corto.

Pararrayos en la cabeza

Por influencia de Benjamín Franklin, las mujeres en París empezaron a usar los sombreros pararrayos. Consistía en salir con barras de metal unidas a la cabeza que iban directo al suelo.

– El uso de siete camisas

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La Revolución Cultural de Mao cambió la moda, la mayor tendencia era usar la mayor cantidad posible de camisas y, luego, una chaqueta.

Ellos creían entre más camisas más inteligentes.

– Calcetines con sandalias

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En la antigua Roma se portaba con valor y orgullo sandalias abiertas con los calcetines debajo; las medias fueron de punto de lana y hasta la rodilla.

– La plica polaca

La pilca polaca no solo fue una moda, sino una tradición en los países del centro y norte de Europa.

Se trataba de un mechón de pelo compacto y pegajoso, fruto de la falta de higiene capilar.

Durante siglos, se creyó que la pilca era una manera de conducir la enfermedad hacia afuera del cuerpo, por lo que rara vez era cortada. Las había de todos los tipos, tanto en hombres como mujeres.

– Corsé de serpiente

Esta prenda de vestir fue popularizada por la bailarina norteamericana Edith Lambelle Langerfeld, más conocida como La Sylphe, y tenía el absurdo propósito de reducir el abdomen femenino hasta tallas inferiores a la S.

Las consecuencias para la columna vertebral eran catastróficas.

Últimas tendencias esporádicas

– Yaeba

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Algunas modas se siguen para estar dentro de unos cánones de belleza, pero estos estándares de belleza pueden ser muy absurdos.

Un buen ejemplo de ello es el Yaeba, un concepto surgido de los países orientales que consiste en  obtener diastemas o separaciones entre los dientes.

De esta forma, se consigue una dentadura mucho más natural.

– Calzado transparente

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Aún en 2019, los zapatos con transparencias siguen siendo una tendencia de moda. Algunos tienen detalles sencillos o pequeños acabados, pero otros más están completamente hechos de transparencias.

Nos cuesta entender cómo surgió esta moda, pero varias famosas han sido vistas con este calzado. Es más común verlo en zapatos de tacón y al parecer no se irán de la industria en un buen rato.

– Beauty blender en un condón

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El mundo del maquillaje no se queda atrás en las modas extrañas. Hace algún tiempo aparecieron tutoriales en los que se recomendaba introducir tu beauty blender o esponja de maquillaje dentro de un preservativo.

El fin era lograr un mejor acabado con la ayuda del condón. Se decía que todo se plasmaba mucho mejor en la piel con este objeto. Pero muchas personas no se sintieron felices con el olor a látex en su rostro.

– Brillo en el cabello

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¿Quién no desea que su cabello brille y deslumbre a quien lo mire? Algunas personas abusaron de esta tendencia y pusieron brillo de más en la raíz de su melena.

Después de peinarse, algunas mujeres optaban por colocarse diamantina o glitter en su cuero cabelludo. Ya sea que lo llevaran suelto o con un estilo más elaborado, los brillos debían estar presentes.

Es un buen look para Instagram, pero no sabemos si funciona en la vida diaria. ¡Se necesita mucho shampoo para quitarlo!

– Minigafas de sol

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Las gafas de sol siempre han estado en tendencia, además de que son muy necesarias, pues protegen tus ojos de los rayos ultravioleta. Pero un modelo que fue del agrado de muchos, fueron los lentes de sol pequeños.

Son muy al estilo Matrix, y para muchas, es una tendencia retro y muy original. Sin embargo, otros internautas consideraron que era una idea absurda y decidieron quedarse con las gafas tradicionales.

– Jelly shoes

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Los jelly shoes son zapatos realizados con plástico y que simulan tener una consistencia gelatinosa. Eran muy famosos en la moda infantil de los 90 y hace algún tiempo se apoderaron de todos los sectores.

Este material está más presente en sandalias, pues no deja hacer mucho más. Poco después se advirtió sobre sus peligros, pues el plástico y el sol podían generar quemaduras en la piel.

– Cejas de colores

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Las cejas han tomado mucho protagonismo últimamente. Antes de esto, las cejas eran quizás el área del rostro menos relevante en la rutina de maquillaje. Pero eso ha cambiado.

Ahora sabemos que son lo que enmarca a los ojos y les da luz. Aunque algunas tendencias no las favorecen mucho. Por ejemplo, las cejas de colores o con brillos que aún no entendemos muy bien su propósito.

– Moda oversized

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Las prendas oversized también han tomado protagonismo desde hace algunos años. Se ha visto principalmente en outfits femeninos, pero los masculinos tampoco se quedan atrás.

Algunas prendas lucen increíbles en esta tendencia. Pero hay algunas otras que son excesivamente grandes y aunque para muchos es un símbolo de estilo, para otros resulta absurdo.

– Labios neón

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La realidad es que no lucen nada mal en ciertas ocasiones, como fiestas o antros. Pero para ir a trabajar o a la escuela, quizá no sea la mejor idea.

– Botas-pantalones

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Esta moda es sumamente extraña. Se tratan de botas que a la vez son pantalones, o al revés. Es decir, son dos prendas en una misma.

La moda se reinventa, evoluciona, involuciona, etc… siempre habrá una innovación y una aceptación… es parte de la historia del mundo…

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