Woodstock 1969 – 1999. Entre la paz y la barbarie (1º parte)…

Un asistente del Festival Woodstock de 1969 se lanza desde lo alto de una estructura de madera sobre una montaña de heno. Este festival de música y arte tuvo lugar en Bethel, Nueva York, en agosto de 1969 y se convirtió en el símbolo de una generación caracterizada por los movimientos antibelicistas -Estados Unidos estaba inmerso en la Guerra de Vietnam (1964-1975)- y hippies. La organización se vio completamente desbordada, pues prevía la asistencia de 200.000 personas, sin embargo se calcula que asistieron unas 400.000. Algunos de los artistas más recordados que actuaron fueron Jimi Hendrix, Janis Joplin, Joe Cocker, The Who, Joan Báez o Creedence Clearwater Revival. Se han celebrado otras ediciones del festival, pero ninguna consiguió tanta trascendencia como la de 1969.
– Woodstock 1969
National Geographic(G.H.Pané)/Rock Culture(E.Monge)/rtv(A.León)/Life and Style(N.Chávez)/BBC News — Cuando los jóvenes Michael Lang, Artie Kornfeld, Joel Rosenman y John P. Roberts decidieron crear un festival, no sabían la importancia que el evento alcanzaría. El Festival de Woodstock lanzó su primera edición en 1969 y a pesar de que artistas como Led Zeppelin o Bob Dylan decidieron no participar, el evento pasó a la historia. ¿Por qué? El concierto llegó a acoger a más de 400.000 personas que se reunieron por una causa común: poner fin a la Guerra de Vietnam.
Hippies versus Nixon
Michael Lang y Artie Kornfeld tan solo pretendían construir unos estudios de grabación cuando se embarcaron en la producción del Festival de Woodstock.
Los jóvenes contactaron con Joel Rosenman y John P. Roberts para llevar a cabo la creación de los estudios. Sin embargo, estos últimos les propusieron una idea distinta: realizar un concierto con diferentes artistas, a lo largo de varios días y al aire libre: el Festival de Woodstock.
La tarea no fue sencilla y muchos músicos de renombre rechazaron la oferta ante un evento nuevo, sin garantías y con escasos medios para salir adelante.
No fue hasta que Creedence Clearwater Revival aceptaron la propuesta que el resto de artistas invitados decidieron unirse a este festival.
Janis Joplin, Jimi Hendrix o The Who accedieron a participar en el show y el interés por el evento comenzó a acrecentarse entre la población de los Estados Unidos.

Cartel original del Festival de Woodstock
Aún con todo, no fue exactamente el estupendo cartel con el que contó el festival lo que llevó a más de 400.000 personas a desplazarse hasta el lugar, sino una acertada publicidad que fue capaz de resonar con la situación que la juventud norteamericana estaba viviendo.
En plena Guerra de Vietnam, el evento se presentó como “3 días de paz y música” y es esto lo que lo hizo estallar.
Para 1969, Estados Unidos llevaba ya unos cuantos años sumido en una catastrófica guerra en el país asiático. Y ésta, lejos de mejorar, no hacía más que empeorar.
Las protestas de buena parte de la población eran casi diarias y la juventud tan solo quería que la situación terminara.
Eventos como el Mayo francés o la Primavera de Praga junto con la temática de las canciones de artistas como John Lennon, sirvieron como revulsivo para que esta juventud americana se uniera contra la guerra y a favor de la paz y el amor. Sí, ellos eran a quienes, posteriormente, conoceríamos como “hippies”.
Ante tales protestas, el recién elegido presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, lejos de escucharlas promulgó la “mano dura” contra ellas. Y llevó a cabo una campaña de desprestigio contra estos jóvenes.

Richard Nixon
Sin embargo, tales políticas jugaron una mala pasada al Presidente y el interés por el Festival de Woodstock que iba a celebrarse del 15 al 17 de agosto de 1969 alcanzó máximos.
Woodstock: una organización desastrosa para un festival apoteósico
A dos semanas de comenzar el festival, sus creadores todavía no contaban con un terreno donde llevarlo a cabo.
A pesar de que la publicidad había conseguido generar un creciente interés por el evento entre la juventud, el discurso de Nixon había llevado a otro sector poblacional a posicionarse en contra del mismo. Lo que hizo la tarea de encontrar un lugar donde acogerlo especialmente compleja.
Así las cosas, ningún propietario daba el visto bueno al festival. De este modo, éste finalmente no se realizó en Woodstock, sino en una localidad que se encontraba casi a 70 km del lugar: Bethel.
El equipo del festival comenzó a montar las instalaciones a pocos días de que el evento tuviera lugar. Lo que no se esperaba es que dos días antes de su comienzo ya hubiera asistentes dispuestos a obtener los mejores lugares en el recinto.

La situación se acrecentó el día anterior al festival y sus organizadores, ante la incapacidad de gestionar la venta de entradas cuando las vallas ni siquiera estaban colocadas, decidieron hacer que el festival fuera gratuito.
La gente se colaba sin problema en un recinto sin vallar a pleno aire libre y los atascos de coches ocupaban varios kilómetros. Muchos de los asistentes abandonaron sus vehículos y llegaron al recinto andando durante varias horas.
Para el 15 de agosto eran más de 400.000 personas las que ocupaban el recinto (como si toda Murcia hubiera asistido al evento). Y, por supuesto, no había ni comida ni bebida para todos.
Por si no fuera suficiente, la lluvia impidió al festival desarrollarse tal y como estaba programado. De este modo, finalizó el lunes en lugar del domingo, con una espectacular actuación de Jimi Hendrix.

Pese a todo, ni el fango que se amontonaba bajo los pies de los asistentes, ni la falta de comida, ni la lluvia, ni la caótica organización, impidieron al Festival de Woodstock desarrollar su propósito principal: 3 días de paz y música. Así, el evento tuvo lugar sin apenas ningún altercado importante, haciendo gala del movimiento pacifista sobre el que se asentaba.
El Festival de Woodstock fueron tres días de paz y música que, sin embargo, durarían una eternidad, pasando a la historia como la cumbre de la contracultura hippie y del movimiento más grande contra la Guerra de Vietnam.
En un largo fin de semana -que se prolongó hasta bien entrada la mañana del lunes- un total de 32 artistas, entre los más destacado de la música del momento, participaron en un evento marcado por la filosofía hippie, el consumo de drogas y lemas como ‘paz y amor’ en un momento en el que la Guerra de Vietnam y el mayo del 68 francés habían influido notablemente en la juventud del momento.
Joan Baez, Santana, Incredible String Band, Canned Heat, Grateful Dead, Creedence Clearwater Revival, Janis Joplin, Sly &The Family Stone, The Who, Jefferson Airplane, Joe Cocker, Ten Years After, The Band, Johnny Winter, Blood, Sweat & Tears, Crosby, Still, Nash & Young y, por supuesto, Jimi Hendrix, fueron algunos de los nombres más destacados de aquel mítico cartel a poco de cumplirse 53 años.

Después de Woodstock nada volvió a ser igual y, aunque es difícil reconocer el espíritu de aquel evento en los actuales festivales de masas, todos parecen querer evocar su magia y a su mística.
Porque Woodstock fue único y, aunque se han celebrado varias ediciones posteriores, ninguna de ellas ha sido capaz de igualar el espíritu del 69. Un festival cuya intrahistoria es casi tan interesante como lo que ocurrió sobre el escenario.
The Beatles, Dylan y Led Zeppelin dijeron no
Si el cartel de Woodstock es apabullante por el número de estrellas que logró congregar el festival, lo cierto es que algunos artistas consagrados rechazaron su participación por diferentes motivos. Es el caso de Bob Dylan, quien prefirió acudir al festival de la Isla de Wight que se celebró en Reino Unido apenas unos días depués. También Led Zeppelin prefirieron realizar una gira en solitario por Estados Unidos antes que participar en un festival en el que serían «otra banda en la lista», según declaró su manager, Peter Grant.
The Beatles, que hubieran sido la gran atracción de la cita, rechazaron Woodstock porque se habían retirado de los escenarios en 1966. Hay otras versiones que apuntan a los problemas de Lennon para conseguir el visado para entrar en EE.UU. tras ser arrestado por consumo de drogas o a la imposición de este a que también se incluyera en el cartel a su recién creada Plastic Ono Band. Fuera como fuera, al final los asistentes se quedaron sin presenciar una actuación que hubiera sido histórica.
The Byrds, The Doors o Frank Zappa también estuvieron en negociaciones para actuar en el festival pero, por diferentes razones, al final quedaron fuera del cartel.
El granjero más famoso de la historia del rock
A pesar de su nombre, el festival no tuvo lugar en Woodstock. La intención de los organizadores era abrir un estudio de grabación en esta localidad del estado de Nueva York y por eso pusieron en marcha el festival, que inicialmente se iba a celebrar en la cercana Wallkill.
Pero a última hora los vecinos se opusieron y solo la intervención de un granjero, de nombre Max Yagur, salvó a la organización del desastre ya que les alquiló por unos 75.000 dólares el campo de alfalfa ubicado en Bethel, a algo menos de 100 kilómetros al suroeste de Woodstock, donde finalmente se celebró el evento.
Eterno agradecimiento a Yagur, que desde entonces forma parte de la historia del rock.
La asistencia desbordó las previsiones y provocó problemas en los accesos al festival.
Un armonioso caos
La asistencia desbordó por completo a los organizadores, que vendieron algo menos de 200.000 entradas -a 18 dólares-, aunque se calcula que en torno a 500.000 personas acudieron al festival -algunas fuentes elevan la cifra a un millón-. Todo esto provocó un enorme caos, con escasez de comida y el bloqueo de los accesos al recinto. Tanto que algunos grupos tuvieron que llegar en helicóptero hasta las inmediaciones del escenario, donde se improvisó una zona de aterrizaje.
A ello hay que unir la lluvia que apareció con frecuencia durante el fin de semana, convirtiendo la granja de Max Yagur en un enorme barrizal.
Pero todos esos contratiempos permitieron aflorar el espíritu hippie de la época y, en lugar de enojar a los asistentes, sacó lo mejor de sí mismos, extasiados por el enorme nivel de las actuaciones musicales que pudieron contemplar y -también- por el consumo de drogas, que fue una de las señas de identidad de la cita.
Imagen aérea de la multitud que abarrotó el festival de Woodstock.
Ritchie Havens abrió el festival por incomparecencia
Aunque estaba previsto que fuera el artista folk Tim Hardin quien inaugurara Woodstock en realidad la primera actuación fue la de Ritchie Havens. ¿El motivo?: nadie fue capaz de encontrar a Hardin, que estaba muy colocado para tocar. Havens tuvo que alargar su repertorio -que iba a ser de solo cuatro temas- ya que, a causa de lo problemas de acceso al festival, tampoco aparecieron otros de los artistas programados antes de su actuación, inicialmente fijada en quinto lugar.
Pero este hecho benefició a Ritchie Havens, cuyo nombre quedó indisolublemente ligado a Woodstock. Tanto que, tras su muerte en 2013, sus cenizas fueron lanzadas desde un avión sobre el lugar donde se celebró el festival.
Otra anécdota de esta jornada inaugural fue que los miembros de la comuna hippie Hog Farm improvisaron una sesión de yoga y meditación ante el retraso de la actuación del grupo Sweetwater.
¿Por qué Hendrix actuó por la mañana?
La actuación de Jimi Hendrix en Woodstock es una de las más recordadas de su historia, pero se llevó a cabo a las 9 de la mañana del lunes 18, cuando ya solo estaban presentes menos de la mitad de los espectadores.
La organización ofreció a Hendrix actuar en la medianoche del domingo, ya que en ese momento el guitarrista era la principal estrella del evento. Pero su mánager lo rechazó y se empeñó en que el genio de Seattle cerrara Woodstock.
El resultado fue uno de los momentos mágicos de aquel largo fin de semana, con una interpretación del himno americano -«The star-spangled banner»- que ha pasado a la historia y que el crítico Al Aronowitz denominó «el mejor momento de los sesenta».
Aquella actuación de Hendrix fue cualquier cosa menos convencional. A pesar de la hora, el show fue el más largo de cuantos ofreció el guitarrista a lo largo de su carrera y lo hizo acompañado por una banda casi inédita, a la que llamó Gypsy Suns and Rainbows y con la que apenas ofreció un par de conciertos más.
De hecho, el grupo incluía por primera vez un segundo guitarrista, Larry Lee, que incluso interpretaba algunos solos y era la voz principal en algún tema.
Jimi Hendrix salió absolutamente consagrado de Woodstock pero poco más de un año después su brillante carrera musical quedó truncada por su fallecimiento a causa de una sobredosis. Tenía 27 años.
A la izquierda, la mítica foto de Woodstock; a la derecha, Nick y Bobby Ercoline, en la actualidad.
La pareja de la icónica foto sigue junta
Si hay una imagen que refleja el espíritu de Woodstock es la que sirvió como cartel para la película que se estrenó en 1970, dirigida por Michael Wadleigh, y que ganó el Oscar al mejor documental. Una pareja se abraza en primer plano mientras de fondo se ve a varios jóvenes tumbados al amanecer. Todo un símbolo del movimiento hippie y de lo que supuso Woodstock para la juventud mundial.
Los protagonistas de aquella imagen, Nick y Bobby Ercoline, siguen juntos medio siglo después, Apenas llevaban unas semanas saliendo cuando decidieron acudir al festival porque vivían cerca del lugar. Un fotógrafo captó la instantánea en un momento de la actuación de Jefferson Airplane, al cierre de la segunda jornada del festival.
Nick y Bobby no fueron conscientes en aquel momento de que estaban siendo retratados y solo se percataron de que eran los protagonistas de la instantánea cuando en 1970 se publicó el disco que recogía los mejores momentos del festival. Poco después se casaron y siguen viviendo en las cercanías del lugar donde se celebró el evento del que fueron protagonistas involuntarios.
Varios de los artistas siguen en activo
Aunque algunos de los protagonistas de Woodstock han muerto a lo largo de estos 50 años (Jimi Hendrix, Janis Joplin, Bert Sommer, Ravi Shankar, Jerry García de Grateful Dead, Joe Cocker, Alvin Lee de Ten Years After, Marty Balin de Jefferson Airplane, Paul Butterfield o Tim Hardin) o los grupos se han separado sin posibilidad de continuidad (Sly & The Family Stone, The Band), otros artistas siguen en activo y, en algunos casos, llenando grandes recintos.
Es el caso de The Who, Neil Young, Santana, Canned Heat, Melanie Safka, Arlo Guthrie, Blood, Sweat & Tears, Joan Baez, John Sebastian, Country Joe McDonald, Mountain,Sha Na Na o John Fogerty (Creedence Clearwater Revival). Solo con ellos podría montarse un cartel más que atractivo.
Los tres días que cambiaron el mundo

Un festival de música sin headliners, sin géneros, sin entradas VIP, sin taquilla: Woodstock fue la cúspide del movimiento hippie. Jimi Hendrix, Janis Joplin, The Who y Joe Cocker tocaron para quienes gustaran escucharlos.
Medio millón de almas caminaron descalzas y se perdieron en un baile de tres días, en una granja lechera de Bethel Woods, al sur de Nueva York.
En 1968, la Guerra de Vietnam había cobrado el mayor número de bajas al ejército de Estados Unidos durante los 20 años que duró el conflicto bélico; los ideales de los movimientos sociales surgidos en Europa y América –como el “Mayo francés”, la “Primavera de Praga” y el movimiento estudiantil en México– se mantenían vivos.
Tras un año convulso, con el idealismo por bandera y bajo la influencia de la mescalina, en 1969 los jóvenes levantaron la voz para pedir al entonces presidente, Richard Nixon, un mundo sin tropas en Vietnam y más libertad, algo que el festival de Woodstock reflejó a través de la música.
Woodstock fue el epítome de la juventud y sus valores, de la contracultura. Desde el escenario se veían los psicodélicos colores hippies y los símbolos de amor y paz. Destacaban los abrazos, los besos, la fraternidad.
“La gente de la generación teníamos ganas de cambiar el mundo con la música, la filosofía y las ideas, metiendo las manos para corregir un mundo tan roñoso y separado”, recuerda en entrevista Carlos Santana, el único mexicano que tocó hace 50 años en el escenario de ese pueblo cercano a Nueva York, entre el 15 y 17 de agosto.
“Nosotros teníamos el mismo espíritu de Bob Marley y John Lennon, nos aparecimos y tocamos con armonía y unión, no estábamos para tener banderas, ni fronteras, ni carteras; el corazón era lo único”, aclara el guitarrista, quien participará este año en el Festival de Música y Cultura de Bethel Woods que se realizará en la sede original de Woodstock 1969 para conmemorar el aniversario del evento.
Concebido como un lugar de retiro para bandas de rock, con un estudio de grabación, el festival creado por John Roberts, Joel Rosenman, Artie Kornfeld y Michael Lang, pronto escaló. En teoría, durante cuatro días, 60,000 asistentes disfrutarían de los conciertos tras adquirir boletos que rondaban entre los siete y 18 dólares.
Sin embargo, más de 500,000 personas viajaron hasta Bethel Woods y ante la incapacidad de cobrar entrada a cada uno de ellos, los organizadores resolvieron que el concierto fuera gratuito. Esto afectó la logística del evento.

El fango fue su pista de baile y las playeras, sus banderas. “¿Tienen suficiente agua? ¿Tienen un lugar dónde dormir y todo eso?”, preguntó Janis Joplin durante su turno en el entarimado, y sonó el rugir de un público que al unísono dijo “no”.
“Nadie tenía comida ni agua, no había acceso a sanitarios”, diría a la televisión estadounidense Bobbi Kelly Ercoline, asistente al festival, quien junto con su esposo Nick, quedó inmortalizada en la portada del vinilo conmemorativo del festival. “Me recuerdo sentada en una manta. Teníamos una caja de plátanos que íbamos pasando a otros asistentes. Lo mismo pasaba con el agua”, explicó.
Pero la falta de comodidades era lo de menos para esta generación. Aquí valía más el rock, esa música hecha por y para jóvenes que reflejaba la vida diaria, abordaba temas tabúes y lanzaba consignas. “La razón por la que aún hablamos de este festival es por la pureza y la inocencia de los hippies”, recuerda Santana a sus 71 años. “Todo se hizo esperando algo diferente a la guerra de Vietnam, algo fuera de la jaula. Nosotros creíamos en el despertar de los jóvenes”.
Contracultura e igualdad
Woodstock representó también el surgimiento de la contracultura, que se oponía a la ideología y las expresiones artísticas establecidas por una sociedad conservadora que apenas se recuperaba de la Segunda Guerra Mundial y temblaba ante la amenaza de la Guerra Fría. “La contracultura ofrecía una nueva forma de entender el mundo, de vivirlo y de expresarse en él, pero también de replantear conceptos tan inherentes al ser humano como el amor, la paz y la guerra”, explica Alfonso Nateras, doctor en Antropología Social por la Universidad Autónoma Metropolitana de México.
A 50 años de este evento, que escandalizó a las autoridades y residentes de Bethel, aún se habla de su legado, porque se le considera el más puro de los festivales de música. “No había complejos de superioridad. Era gente con hermandad”, evoca Santana.
El jalisciense fue la misma prueba de esto, pues él era un desconocido cuando subió al escenario. Eran las dos de la tarde cuando ese chico de 22 años, que no tenía ningún disco publicado y que apenas conocían en bares de San Francisco, lanzó riffs precisos y casi mágicos, como en la canción “Soul Sacrifice”.
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Bandas consolidadas como The Grateful Dead, Sly and the Family Stone, The Who, y personajes como Jimi Hendrix, lo recibieron como uno más del equipo, conviviendo en backstage. Sobre el escenario, el mexicano se fundió con la gente. “No tuvimos ningún problema en conectar. Era sincero, puro y claro, queríamos celebrar el espíritu de cada individuo”, recuerda Santana.
Este momento quizá nunca se repita en su carrera, porque la que vivió fue una vibración muy especial de juventud, y porque como Woodstock no habrá otro.
En este sentido, el festival marcó un antes y un después, tanto por su relevancia musical como por el impacto social. “En la vida cotidiana, los cambios posteriores al festival fueron perceptibles”, considera Nateras.
“El uso de prendas como la minifalda o el uso del pelo largo en los hombres fueron un reflejo de ello”, pero también, detalla, el uso de anticonceptivos, el disfrute de la sexualidad y el consumo de drogas para experimentar la realidad desde otra perspectiva.
Pero lo más importante, considera, fue su función unificadora: “Woodstock representó el surgimiento de la juventud como un actor social definido, con voz y con capacidad de unirse”, señala el catedrático.
El eco de Woodstock

Un par de años más tarde, Woodstock resonó en México.
Primero a través de un programa de radio,
La onda de Woodstock, conducido por Luis de Llano, y después como un festival de rock.
El 11 de septiembre de 1971, lo que se organizó originalmente como una carrera de autos en Avándaro, Estado de México –con algunas bandas de rock para entretener a los asistentes durante la competencia–, terminó como un festival de música al que asistieron más de 250,000 jóvenes cuando se esperaban apenas 10,000.
De inmediato, el festival de música fue bautizado como “el Woodstock mexicano”. “Al final llegó tanta gente que la carrera se tuvo que cancelar; me gusta decir que fue la reunión sin fines políticos más grande en el Estado de México”, señala Luis de Llano, productor del festival y realizador de éxitos televisivos.
La reunión fue en torno a la música, pero tuvo un efecto significativo en la sociedad y política mexicana. “Tras los hechos de Tlatelolco en 1968 y el Halconazo apenas unos meses antes, Avándaro reveló la moralidad autoritaria de la sociedad mexicana, pero también a un gobierno dispuesto a censurar; se cerraron revistas y se prohibió a ciertas bandas de rock presentarse en público o ser transmitidas en la radio, por ejemplo”, dice Nateras.
Esto solo reforzó el carácter contestatario e irreverente del rock, y obligó a los músicos a buscar nuevos espacios y formas de incidir en los jóvenes. De esta manera, la semilla que Woodstock plantó en Estados Unidos germinó del otro lado del Río Bravo con Avándaro.
Así, en apenas cuestión de días, el mundo cambió para siempre: la juventud se hizo presente, levantó su voz y se unificó al unísono. Nadie, ni ellos mismos, imaginaron que al amanecer del 18 de agosto de 1969, el mundo ya no sería el mismo gracias a Woodstock. Gracias al rock.
6 razones por las que el histórico evento sigue provocando fascinación 50 años después

Woodstock. Cuando se escucha ese nombre, uno piensa inmediatamente en el festival de música que se convirtió en uno de los momentos más icónicos de la cultura contemporánea… y no en la pequeña localidad de 171 kilómetros al norte de la ciudad de Nueva York que recibe ese nombre.
El evento, que se prolongó durante cuatro días en una granja lechera hace 50 años, aún genera acalorados debates en Estados Unidos y alrededor del mundo sobre el lugar que debe ocupar en la historia.
Pero, ¿por qué esa fascinación por un acontecimiento que muchos asistentes describieron como una experiencia más caótica que emblemática, entre la lluvia, el barro y las drogas?
Aquí te damos 6 razones que lo explican.
– Un público enorme
Oficialmente denominado la Feria de Arte y Música de Woodstock, el evento fue organizado por un grupo de cuatro empresarios, liderados por el promotor Michael Lang.

El grupo se mostró dispuesto a financiar el evento a la luz del éxito de acontecimientos similares que empezaban a aparecer en Estados Unidos y Europa, como el Festival Internacional de Música Pop de Monterrey, que en 1967 logró reunir a una espectacular lista de grupos y artistas, entre ellos Simon & Garfunkel, The Who o Jimi Hendrix.
Lang y el resto de empresarios imaginaron un evento para 200.000 personas, e incluso después de que en la venta anticipada se vendieran 186.000 entradas a US$18 (alrededor de US$120 al cambio de hoy), no pensaron que mucha más gente acudiría.
De hecho, su objetivo era ya de por sí mucho más ambicioso que anteriores eventos. Monterrey, por ejemplo, tuvo muchos menos asistentes.
Solamente entre 7.000 y 10.000 tuvieron acceso al recinto donde se tocaba la música.
Se estima que 500.000 personas asistieron a Woodstock, que curiosamente se celebró en una granja lechera en la localidad de Bethel, 70 kilómetros al suroeste de la localidad que lleva ese nombre.
El enorme número de gente convirtió el festival, en un principio pensado como una iniciativa de la que sacar beneficio económico, en un concierto gratuito.
Para hacerse una idea de la enorme cantidad de público que acudió, un dato: por unos momentos, el lugar donde se celebró el evento se convirtió en la tercera ciudad más poblada en el estado de Nueva York.
– Paz y amor
En 1969, los estadounidenses estaban profundamente divididos. Había un creciente malestar causado por la guerra de Vietnam y tensiones raciales que provocaron revueltas en 125 ciudades el año anterior, tras el asesinato de Martin Luther King.
Pese al pánico que invadió a los organizadores y a las autoridades cuando el área de Woodstock preparada para el festival se abarrotó de gente, el evento destacó por su ambiente pacífico.

Se registraron tres muertes: dos por sobredosis de drogas y otra se produjo cuando un espectador, que estaba durmiendo, fue atropellado por un tractor en un campo de heno cercano.
Las cuestiones logísticas no ocasionaron grandes problemas, lo que ayuda a explicar por qué Woodstock destacó.
Varios meses después, la violencia se desató en el Festival Altamont Speedway Free, un evento de California con los Rollings Stones como cabeza de cartel, en el que un asistente fue acuchillado y murió frente al escenario.
– De película
Pero, además de sus grandes números y su buen clima, la fascinación por Woodstock también recae en gran parte en el documental oficial grabado durante el encuentro.

Dirigido por Michael Wadleigh y editado por un equipo que incluyó a -entonces- quien se convertiría en uno de los pesos pesados de Hollywood, Martin Scorsese, el filme fue un tremendo éxito comercial, convirtiéndose en la quinta película más taquillera de EE.UU. en 1970.
También ganó el Oscar a Mejor Documental en 1971.
– La fuerza de las estrellas
También ayudó que los organizadores de Woodstock lograran un cartel lleno de estrellas: Hendrix, The Who, Janis Joplin, Jefferson Airplane, Still o Nash & Young estaban entre los nombres de artistas más destacados.

Hendrix, de hecho, protagonizó uno de los momentos más icónicos del festival, gracias a su magnífica interpretación con la guitarra del himno nacional de Estados Unidos.
Algunos grupos que eran menos conocidos internacionalmente en la época también acapararon los focos: el legendario Carlos Santana, entre otros, impulsó su carrera gracias a su actuación en Woodstock.
– El fracaso de las secuelas
El misticismo que aún rodea a Woodstock también se debe a sus «secuelas», que no estuvieron a la altura.
La celebración por el 25 aniversario del festival, en 1994, por ejemplo, se hizo más famosa por las luchas de barro y la presencia de patrocinadores corporativos que por otra cosa.
Cinco años después, la situación fue a peor: las celebraciones por el 30 aniversario estuvieron marcadas por los disturbios y la violencia sexual.

El Woodstock de 1999 estuvo marcado por los disturbios y el vanadalismo.
El evento que se programó para el 2019 no llegó tampoco muy lejos: los esfuerzos de Michael Lang se toparon con todo tipo de problemas, desde la negación de permisos hasta noticias sobre el rechazo de artistas a acudir porque no se les pagaron sus comisiones anticipadas.
El 31 de julio fue cancelada la iniciativa.
– Éxitos de ventas
Pese a que no habrá un segundo Woodstock, la marca del festival sigue estando en auge.
El comercio de productos vinculados con el festival original generan ventas de al menos US$20 millones al año, según la empresa que ha gestionado la mercadería de Woodstock durante 15 años, Epic Rights.

Los recuerdos de Woodstock generan millones de dólares en ganancias al año.
Los otros Woodstocks
Una cita tan histórica como Woodstock no podía quedar sin secuela. Y en realidad no tuvo una sino varias, aunque ninguna a la altura de la cita original. En 1979, coincidiendo con el décimo aniverario, el Madison Square Garden de Nueva York acogió un concierto, que más bien fue una ‘jam session’, con la presencia de algunos de los músicos del Woodstock original: Canned Heat, Ritchie Havens, Johnny Winter o Taj Mahal fueron algunos de los nombres más destacados.
En 1989 tuvo lugar un festival de carácter espontáneo en el que artistas poco conocidos rindieron homenaje al espíritu del 69, logrando congregar hasta 30.000 personas. Cinco años después, en 1994, tuvo lugar la más multitudinaria de las secuelas, cuando unas 350.000 personas se congregaron en Saugerties, a diez millas de Woodstock.
Bob Dylan fue la estrella principal de un cartel en el que repitieron algunos de los artistas del festival original (Joe Cocker, CS&N, The Band, Santana) junto a otros nombres destacados como Green Day, Aerosmith, Blind Melon, Metallica, Cipress Hill, Red Hot Chili Peppers o Nine Inch Nails. Las fuertes lluvias embarraron el recinto y el festival derivó en el caos.

Woodstock 1969
En 1999 nuevo aniversario, el número 30, y un nuevo festival. En esta ocasión repitieron nombres como Metallica, Red Hot Chili Peppers o Sheryl Crow, acompañados de otros como Alannis Morissette, Rage Against The Machine, Limp Bizkit, The Chemical Brothers o Elvis Costello. La MTV ofreció los conciertos en pago por visión y, aunque musicalmente fue un éxito, el festival terminó empañado por graves brotes de violencia.
Woodstock 50, el festival que hubiera servido para celebrar el medio siglo de la edición original, se canceló hace unas semanas por problemas con la ubicación y la negativa a participar de algunos de los artistas que iban a ser cabeza de cartel como The Raconteurs, Miley Cyrus, Jay Z o John Fogerty.
nuestras charlas nocturnas.
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