Eva Perón («Evita») – (1919/05/07 – 1952/07/26) …

Busca Biografías/Perfil(I.Cloppet)/El Independiente(L.S.Seoane)/Ansa Latina(A.Di Giacomo) — Nació el 7 de mayo de 1919 y fue la quinta hija de Juana Ibarguren de la relación extramatrimonial que mantuvo con Juan Duarte.
Su padre era un político conservador que mantenía dos familias a la vez. Además de vivir con su esposa legal y sus seis hijos legítimos, mantenía una relación con la madre de Eva. Si bien el lugar de su nacimiento no está del todo claro para los historiadores —algunos indican que fue en General Viamonte y otros en Junín— se estima que ocurrió en la ciudad bonaerense de Los Toldos.
Tuvo cuatro hermanos, Blanca, Elisa, Juan Ramón y Erminda Luján. Su padre poseía un importante cargo político en la ciudad de Chivilcoy y fue depuesto por malversación de fondos, una historia que se repetiría con su hijo Juan tiempo después. Su progenitor falleció en un accidente de coche y su madre llevó a su familia al velatorio, pero los Grisolía (la familia de su esposa legitima) les negaron la entrada.
Cuando murió su padre, la familia de Eva quedó desprotegida. Para entonces Juana Ibarguren ya se había instalado con sus hijos en Los Toldos, donde comenzó a trabajar como costurera para mantener a sus hijos, Elisa consiguió un trabajo de maestra suplente y Juan como viajante de la firma Guereño, fabricante del jabón Federal.
Con sólo 15 años, decidió dejar su casa y emprender su carrera como actriz en la ciudad de Buenos Aires. Tras diferentes incursiones en el cine y en portadas de revistas, logró tener una oportunidad en el mundo de la interpretación en radioteatros.

Conoció al actor José Franco y Joaquín de Vedia quienes le dieron un pequeño papel de cuatro palabras en la obra «La señora de Pérez«. En abril de 1938, con 19 años, encabezó el elenco de la Compañía de Teatro del Aire junto a Pascual Pelliciotta, otro actor que como ella había trabajado durante años en papeles secundarios.
Al poco tiempo dejó esta compañía teatral para pasar a la de la hija de José Franco, Eva Franco, quien le dio dos papeles en las obras Cada casa es un mundo y La dama, el caballero y el ladrón, esta última le brindaría una buena racha, casi un año de buen vivir, hasta que la pobreza se volvió a adueñar de su vida.
Tras unos meses, la compañía de Eva Franco le avisó para interpretar un papel un poco más importante en la obra Madame Sans Gêne de Moreau y Sardou, donde representaba a la hermana de Napoleón con un increíble éxito. Logró un papel en la Compañía de Pepita Muñoz.
Debido a un altercado con José Franco tuvo que abandonar también esta empresa. Tras pasar por otras y dejarlas todas, el 1 de mayo de1939 fue contratada por la Compañía del Teatro del Aire para junto a Pascal Pelliciotta formar el elenco estrella de los radioteatros. Lograron tal éxito que dos fotos suyas aparecieron publicadas en la revista Antena.
En 1941 trabajó en tres películas: «La carga de los valientes«, «El más infeliz del pueblo» con Sandrini y «Una novia en apuros» del norteamericano John Reinhardt. El giro en su vida se dio el 22 de enero de 1944 cuando, en un acto realizado en el estadio Luna Park por la Secretaría de Trabajo y Previsión, durante una colecta solidaria a favor de las víctimas del terremoto de San Juan, conoció a Juan Domingo Perón, veinticuatro años mayor que ella.

El sábado 15 de enero de 1944 se produjo en San Juan un gran terremoto que provocó la muerte de miles de víctimas, con el agravante de la destrucción de prácticamente toda la ciudad. El secretario de Trabajo y Previsión Juan Domingo Perón fue el funcionario que se puso al frente para ayudar al pueblo sanjuanino.
Si bien todavía no existía el peronismo, a Perón -ni lerdo ni perezoso- esa catástrofe natural le valió para poner en práctica el incipiente proto peronismo y realizar un ensayo concreto de justicia social. Al día siguiente, el domingo 16 de enero, ya había instruido distintos planes tendientes a poner en marcha acciones concretas, para recolectar contribuciones para los damnificados.
Uno de esos planes fue invitar a las fuerzas vivas de la sociedad para realizar en el Luna Park el día sábado 22 de enero, un gran “Festival de la Solidaridad”, para recaudar fondos. Para ello Perón convocó una reunión el lunes 17 de enero de 1944 por la tarde, a la que concurrieron artistas, gremios y empresarios, para sumar voluntades en vistas a una colecta nacional de fondos. Fue en la calle Perú 160, donde funcionaba la Secretaría de Trabajo y Previsión, en el Hemiciclo, Sala de Representantes de la Legislatura porteña.
El encuentro lo presidió Perón, escoltado entre otros, por Domingo Mercante y Raúl Alejandro Apold.
De esa jornada, se conserva la fotografía que vemos debajo que retrata ese episodio. Perón está de pie hablando, y en la primera fila aparecen sentados: Olinda Bozán, Pierina Dealessi, Eva Duarte, Francisco Álvarez, Oscar Valicelli, Nini Marshall, Leonardo Barujel y Enrique Muiño. En la misma imagen, de espaldas, está sentada Mirtha Legrand.

Perón pronunció un discurso cargado de sentimiento patriótico, invitando a los actores a colaborar lo más posible en ese festival solidario. No era momento para pretextos, ni mucho menos para condiciones. Lo principal y más importante, es que ese lunes 17 de enero de 1944 Perón y Evita se vieron las caras por primera vez, y no el día 22 de enero en el Luna Park, como erróneamente se sostiene.
La ubicación de Eva Duarte en la primera fila del Hemiciclo, no fue adrede, se debió a un plan estratégico. Ella quiso estar lo más visible posible, pues hacía tiempo que quería conocer personalmente a Perón. Por ese motivo, llevaba un vestido estampado, y en su cabeza un gran sombrero con vivos negros, con el objeto de lograr llamar la atención del coronel.
Un dato anecdótico, es que Evita había conocido con posterioridad al 4 de junio de 1943 a uno de los camaradas de Perón, el coronel Aníbal Francisco Imbert, por intermedio del que fue su secretario privado, un hombre sin filiación política alguna, amigo de su familia en Junín, Oscar Lorenzo Nicolini, precisamente cuando Imbert había sido designado interventor de Correos y Telecomunicaciones.
¿Qué pasó esa tarde del 17 de enero en el Hemiciclo? Cuando terminó de hablar Perón, Evita se adelantó y se puso directamente frente al coronel para dirigirle la palabra con firmeza y sin titubear. En ese primer diálogo, que más bien fue un monólogo, le ofreció desinteresadamente una mayor colaboración:
“Organizaremos espectáculos -le dijo Evita-, movilizaré a mis colegas. Mi compañía es una compañía de voluntarios que quiere ser movilizada en esta batalla benéfica”. Perón recordó años más tarde, ese primer diálogo con Evita al decir: “Hablaba vivamente, tenía ideas claras y precisas, e insistía en que se le asignara una misión”. Evita le reiteró insistentemente: “Una misión cualquiera. Deseo hacer cualquier cosa por esa pobre gente que en ese momento es más desgraciada que yo”.
No hay duda, que ese alegato de oreja a Perón lo conmovió, pues se dio cuenta que Evita, con su forma de ser, de hablar, y su actitud combativa y hasta revolucionaria, la transformaba en una persona distinta. Era la mujer ideal para coadyuvar a construir y llevar adelante el movimiento político que Perón tenía proyectado y que ya había puesto en marcha. Ese fue el primer encuentro y diálogo entre ambos, provocado por Evita, que gracias a su iniciativa logró capturar y despertar el interés del coronel por ella.

A los pocos días, en la noche lluviosa del 22 de enero de 1944 se realizó el Festival, con una nutrida concurrencia que pagó una entrada a precios populares. Hubo diversos números artísticos de folclore, tango, humorísticos y de toda índole.
Estuvieron presentes el presidente de la nación Pedro Pablo Ramírez, junto a los funcionarios nacionales Gustavo Martínez Zuviría, Juan Pistarini, César Ameghino, Domingo Mercante y el organizador del Festival, Juan Perón. Con relación a cómo Evita pudo sentarse esa noche al lado de Perón, hay distintas versiones.
Según Arturo Jauretche, dice haberle oído relatar a Homero Manzi detalles sobre la forma cómo Evita y su amiga Rita Molina pudieron ingresar al recinto con su intervención. Manzi las hizo pasar. Subieron una escalerita del escenario y allí fueron ubicadas al lado de Perón que estaba con Imbert. Perón se puso a hablar con Eva, e Imbert con Molina.
Al final para cerrar el acto, Ramírez dio unas breves palabras, y luego Perón pronunció un encendido discurso sobre la solidaridad con los sanjuaninos, donde fue ovacionado. Saludó con su eterna sonrisa y las manos en alto, destacando la colaboración de los artistas en la colecta callejera, y agradeciendo la masiva concurrencia al acto benéfico en el Luna Park.
Al finalizar el festival, los artistas pensaron agasajar a Perón pero él llamó a Manzi y le dijo: “Dígales a los muchachos que me perdonen pero nos vamos a ir a comer con estas chicas. Que me disculpen, les ahorramos la copa”. Luego de la cena que se extendió pasada la medianoche, Eva y Perón estuvieron solos. Fue en la madrugada del domingo 23 de enero de 1944, cuando se dirigieron al departamento que el coronel tenía en la calle Arenales 3291, casi esquina Coronel Díaz, en Barrio Norte.

Al poco tiempo Perón comenzó a frecuentar por las mañanas Radio Belgrano (donde Evita actuaba en los radioteatros). Para ese entonces ya estaba mudado al departamento de la calle Posadas 1567, 4to. piso “B”. Esa madrugada del 23 de enero fue el inicio de un romance que daría sus frutos.
“Vi en Eva -refirió Perón años más tarde- una mujer excepcional, una auténtica ‘pasionaria’ animada de una voluntad y de una fe que se podía parangonar con la de los primeros creyentes. Eva debía hacer algo más que ayudar a la gente de San Juan; debía trabajar por los desheredados argentinos. Decidí, por lo tanto, que Eva Duarte colaborase en la Secretaría conmigo y abandonase sus actividades teatrales”.
El destino juega un rol protagónico en la historia de los pueblos. Precisamente, es el que permitió que un terremoto y una mujer, formaran parte junto a otras tantas circunstancias y personas, de la puesta en escena de lo que luego sería el peronismo. Se casaron el 22 de octubre de 1945. Como marido y mujer, la pareja empezó conjuntamente a trabajar en la carrera hacia la presidencia.
Es importante recordar que Evita no poseía el apellido Duarte por ser hija ilegítima y que mediante dudosas tratativas se extendió un certificado de nacimiento a nombre de María Eva Duarte y no a María Eva Ibarguren como debía de haber sido.

– Política y Fundación Eva Perón
De la mano de Perón, Evita incursionó en la política, se convirtió en la «abanderada de los humildes» y fue la conquistadora del voto femenino, con un primer discurso oficial que mostró su apoyo a los derechos femeninos. Fundó el Movimiento Peronista Femenino, fue activa impulsora de la igualdad de la mujer.
Evita decide que no actuaría como una simple esposa de candidato y que actuaría a la par de Perón, su primera aparición ante el micrófono fue en un acto en el Luna Park donde «El centro universitario Argentino», «Cruzadas de la mujer» y «Secretaria General Estudiantil» organizaron un acto en homenaje a la formula Perón-Quijano, aunque la reunión se vio un poco frustrada porque el General no pudo presentarse y tampoco Eva dar su programado primer discurso.
Evita intervino una sola vez para pedir que los asistentes se calmaran ante el vocerío que reclamaba a Perón su imagen golpeo demasiado fuerte ante el Comité Femenino del Centro 17 de octubre que bautizó su sede central del barrio de Almagro con el nombre de «María Eva Duarte de Perón».
Buscó apoyo para su marido durante la campaña presidencial, logrando con ello una gran popularidad personal. Tras la investidura presidencial de Juan Domingo Perón (1946), comenzó a desempeñar un papel muy activo en el gobierno, convirtiéndose en su enlace con los sindicatos, creando la Fundación de Ayuda Social Eva Perón y organizando la rama femenina del partido peronista.
Evita impulsó y logró en el año 1947 la sanción de la ley de sufragio femenino. Idolatrada por muchos como la «abanderada de los humildes», organizó la ayuda social a los pobres desde el Estado, en 1949 era la segunda figura más influyente de Argentina y la más querida por las clases trabajadoras, a las que llamaba los ‘descamisados‘. Aunque nunca llegó a ostentar un cargo oficial, en la práctica fue responsable de los ministerios de Sanidad y Trabajo.

Eva desarrolló una gran tarea social que benefició a los sectores más humildes.
Eva desarrolló una gran tarea social que benefició a los sectores más humildes de la población, aunque también recibió críticas por el presunto «adoctrinamiento» que llevaba a cabo por la exaltación de su imagen, como en el libro «La razón de mi vida» o los libros de educación primaria. Hasta una provincia llevó su nombre en un momento de la historia argentina.
Tanto Eva como el expresidente sumaron a lo largo de sus vidas diferentes adversarios. La censura que impusieron, sobre todo en el mundo de las artes escénicas, se hizo notoria. De eso dejó testimonio la actriz Libertad Lamarque, quien en una entrevista contó el boicot al que fue sometida por parte de la política por el que finalmente decidió abandonar el país.
«No necesité utilizar la palabra exiliada, hay muchas formas de echar a alguien: no me nombraban en ningún periódico, en ninguna revista, estaba prohibido que alguien se me arrimara. En fin, yo estaba sola en Buenos Aires», explicó.
En 1947 Eva y Perón iniciaron una amplia gira por distintos lugares del mundo, España, Italia, Francia, Suiza, Brasil, Uruguay, donde ella ejerció como embajadora de buena voluntad mientras tomaba nota de las distintas actividades sociales realizadas en estos países para mejorar la situación social de los trabajadores y desamparados.
Construyó hospitales, hogares para ancianos y madres solteras, dos policlínicos, escuelas, una Ciudad Infantil. Durante las fiestas distribuía sidra y pan dulce, socorría a los necesitados y organizaba torneos deportivos infantiles y juveniles.

Creó la Fundación Eva Perón al frente de la cual realizó obras de carácter social.
El 28 de agosto de 1948, publicó su Decálogo de los Derechos de la Ancianidad, una iniciativa precursora en la lucha por el reconocimiento de las personas de la tercera edad. Desde ese momento se celebra en el país el Día de la Ancianidad esa fecha.
En 1949 Eva Perón buscó incrementar la influencia política de las mujeres y fundó el Partido Peronista Femenino (PPF), dirigido por mujeres, autónomo dentro del movimiento, y organizado a partir de unidades básicas femeninas que se abrían en los barrios, pueblos y sindicatos para canalizar la militancia directa de las mujeres.
En 1951, para las primeras elecciones presidenciales con sufragio universal, el movimiento obrero propuso a Evita, como la llamaba la población, como candidata a vicepresidenta. Sin embargo, ella renunció a la candidatura el 31 de agosto, fecha recordada como el ‘Día del Renunciamiento’, presionada por las luchas internas en el peronismo y la sociedad ante la eventualidad de que una mujer apoyada por el sindicalismo pudiera llegar a vicepresidenta.
Escribió dos libros: La razón de mi vida (1951) y Mi mensaje (1952). En 1951 se presentó para conseguir la vicepresidencia, pero el Ejército la obligó a retirar su candidatura.

Desde el balcón del Ministerio de Salud, pronunció en 1952 un discurso de renuncia a la candidatura a la vicepresidencia de Argentina para las elecciones generales de aquel año, mientras la multitud clamaba su postulación junto a Perón, que iba por la reelección. «Renuncio a los honores, pero no a la lucha» arengó ella.
Presidenta del Partido Peronista Femenino y de la Fundación Eva Perón, siendo declarada oficialmente «Jefa Espiritual de la Nación«, en 1952. Recibió numerosos reconocimientos y honores, entre ellos el título de Jefa Espiritual de la Nación, la gran Orden de Isabel la Católica en España de manos de Francisco Franco, la distinción de Mujer del Bicentenario, la Gran Cruz de Honor de la Cruz Roja Argentina.
La Distinción del Reconocimiento de Primera Categoría de la CGT, la Gran Medalla a la Lealtad Peronista en Grado Extraordinario y el Collar de la Orden del Libertador General San Martín, la máxima distinción argentina. Querida y hasta idolatrada por las clases trabajadoras, fue también criticada y rechazada por las clases más acomodadas de la sociedad.
El 11 de noviembre de 1951 votaron por primera vez todas las mujeres argentinas mayores de 18 años y Evita lo hizo desde su cama de un hospital. La enfermedad de Evita comenzó a evidenciarse en enero de 1950, cuando fue operada de apendicitis. Allí se detectaron los primeros síntomas del cáncer que la aquejaba. Así lo relataron los médicos Oscar Ivanisevich y Abel Canónico.

Eva votó desde su cama en un hospital.
Su último discurso. El 1 de mayo de 1952, muy débil por la enfermedad que padecía, decidió participar del acto en Plaza de Mayo con motivo del Día del Trabajador. Allí, le habló a sus «descamisados». En un fragmento de sus palabras, señaló: «Compañeras, compañeros: otra vez estoy en la lucha, otra vez estoy con ustedes, como ayer, como hoy y como mañana. Estoy con ustedes para ser un arco iris de amor entre el pueblo y Perón; estoy con ustedes para ser ese puente de amor y de felicidad que siempre he tratado de ser entre ustedes y el líder de los trabajadores».
Enferma de cáncer de cuello de útero fue intervenida quirúrgicamente el 6 de noviembre de 1951. Tras varias sesiones de radioterapia el 18 de julio de 1952, a las tres y media de la tarde, entró aparentemente en coma, ante tal situación los médicos llaman al padre Benítez, además es ordenado un equipo de resucitación y otro de oxigenoterapia; en la madrugada del día anterior Eva se levanta airosamente y ordena que le quiten los tubos que tenía por delante y pide una taza de café.
El Doctor Finichietto en presencia de los parientes miente piadosamente: «…Señora, acabamos de extirparle el nervio que le causaba tanto dolor en la nuca. Ya no sufrirá más…». El estado de Evita no daba para más y Perón trae de Alemania dos médicos especialistas, llegan el 20 de julio y de su informe se extrae: «…La muerte de la enferma es inevitable e inminente…». Ese mismo día Perón habla con el padre Benítez a quien le pide que vaya preparando el ánimo del pueblo desde la Misa Popular que había organizado la CGT y que el conduciría.
El sábado 26 de julio de 1952 entró en coma. A las 20:23 el Doctor Taquini mira a Perón diciendo: «No hay pulso».
Murió en Buenos Aires, y a las 21:36 el locutor J. Furnot lee por la cadena de radiodifusión: «Cumple la Secretaria de Informaciones de la Presidencia de la Nación el penosísimo deber de informar al pueblo de la República que a las 20:25 horas ha fallecido la Señora Eva Perón, Jefa Espiritual de la Nación. Los restos de la Señora Eva Perón serán conducidos mañana, al Ministerio de Trabajo y Previsión, donde se instalará la capilla ardiente…».
El propio Juan Domingo Perón contó que un día antes de morir, Evita le habría dicho en un susurro: «No abandones nunca a los pobres, Juan, son los únicos que saben ser fieles».

Miles de personas le dieron el último adiós. Por su muerte se declaró un duelo que duró hasta el 11 de agosto de 1952.
Cientos de miles de personas desfilaron durante días para despedir a la mujer que había entregado los mejores años de su vida a su tarea social y política. Por su fallecimiento se declaró se declaró un duelo que se extendió hasta el 11 de agosto de 1952, y hasta ese día no hubo funciones de cine, teatro, ni tampoco espectáculos deportivos, mientras las radios transmitían música sacra.
Tras su muerte la CGT declaró tres días de paro. La CGT la proclamó “Mártir del trabajo” y solicitó al gobierno nacional que decrete los máximos honores, declaró duelo por 30 días, a la vez que dispuso un paro de actividades que no afectaría los servicios indispensables durante 48 horas en todo el país.
La historia del derrotero de su cadáver es otra de las páginas más oscuras de la Argentina. Tras la caída del peronismo, su cuerpo fue secuestrado y trasladado de un lado a otro y sus restos fueron profanados. En 1976 el cadáver de Eva fue entregado a sus familiares.
Desde ese momento, sus restos fueron enterraros en el Cementerio de la Recoleta de Buenos Aires donde descansan para siempre. Su tumba es visitada por cientos de turistas todos los años.

El cuerpo de Eva fue embalsamado.
– La historia del cadáver de Eva Perón
Despertó tanta adoración como odio. Para muchos fue la mujer que cuidaba de los menos favorecidos. Para otros, representaba la hipocresía. De poco valía que construyese hospitales si los inauguraba con vestidos y joyas carísimas. Pese a esto, sus acciones provocaron que el pueblo le tomase cariño, la llamara ‘Evita’, y la consideraba uno de ellos.
Cuando tenía 33 años un cáncer la fulminó. Tan joven, tan guapa, Perón casi enloquece y pidió a un médico español, el doctor Pedro Ara que le entregase a su mujer en perfecto estado para poder tenerla con él. Ara tardó más de un año en embalsamar el cadáver, en quitarse ese rictus de dolor que el tumor le había dejado en la cara. Su cuerpo se colocó en la segunda planta de la sede sindical. Era Evita, el símbolo, como había sido antes de que llegase la enfermedad.

Pero tan sólo un año más tarde, un golpe le quita el poder a Perón, que sale huyendo olvidándose el cuerpo de la que había sido su mujer. Cuando sus militares antiperonistas entraron y la encontraron no supieron que hacer con ella. Pensaron en enterrarla, pero no querían que la adorasen. Prometieron entregarla a su familia pero jamás lo hicieron. Cuentan que le cortaron un trozo de la oreja izquierda y un dedo para asegurar su identidad.
El presidente Aramburu, que había sucedido a Perón, dio la orden de hacer desaparecer a Evita. Le quitaron el rosario, le cambiaron el nombre por el de María Maggi de Magistris, una viuda italiana y la llevaron rumbo a Milán.
Poco se sabe que ocurrió exactamente con su cadáver durante los años siguientes, dicen que se enterró bajo su nuevo nombre por orden de la Iglesia y con ayuda del Vaticano, aunque es una certeza que después de muchas suplicas se lo entregaron a Perón, que se encontraba exiliado en Madrid, en 1971. Casi 14 años después de su «secuestro».
Él ya estaba casado con María Estela, más conocida como Isabelita, y las malas lenguas hablan de una tremenda celopatía a todo lo que Evita inspiraba, provocaba, suscitaba todavía en Argentina y en el propio Perón. Cuentan que junto a la mano derecha del entonces expresidente, José López Rega, realizaron con el cadáver sesiones esotéricas, quería conseguir su carisma.

Por fin, en 1976, la Junta Militar Argentina tomó la decisión de entregarle el cuerpo a la familia Duarte, que llevaba ya 19 años suplicando por él.
El cuerpo que se encontraron estaba muy dañado, le faltaba un dedo, las plantas de los pies estaban desgastadas, la nariz no se encontraba entera. La enterraron rodeados de intensas medidas de seguridad, en un hoyo de 8 metros de profundidad en el cementerio de La Recoleta. La dejaban descansar por fin.
– El mito de Evita vive a 70 años de su muerte
El peronismo, hoy al frente del gobierno nacional en Argentina, conmemoraró los 70 años de la muerte de Eva Duarte de Perón, Evita, «líder espiritual de la Nación», «abanderada de los humildes», legendaria esposa del expresidente Juan Domingo Perón, un verdadero mito social y político en el país, y una de las personalidades más influyentes en las segunda mitad del siglo pasado.
Su figura es norte para ese movimiento político en un país donde aún perduran las diferencias sociales, las crisis económicas y amplias franjas de la población desprotegidas aunque también genera odios viscerales y controversias. «Si bien la Argentina, por su propia historia, es proclive a una necromanía evidente, hay figuras que se han constituido en mito por diversas razones», reflexionó el sociólogo Ernesto Bruno Zambrini, coordinador del área de Sociología en la Universidad de Palermo de Buenos Aires.
«Carlos Gardel -legendaria voz el tango- y su trágica muerte en Medellín (en un accidente aéreo, NDR), Diego Armando Maradona, por su trayectoria tanto en la selección Nacional, el gol con la mano a los ingleses, el haber gambeteado a siete jugadores en ese mundial de 1986, su enfrentamiento a los poderosos, etc. Todo eso hace que no sean mitos con pies de barro y traspasen la barrera del tiempo», acotó a ANSA el académico, estudioso del fenómeno del peronismo.
Según Zambrini, el mito Evita tiene varias explicaciones. «Su obra y su legado hacia los más humildes, su accionar para generar la instauración del voto femenino, el odio que generó ante los poderosos, sus discursos encendidos, su padecimiento físico, la edad crítica de su muerte (33 años, como Jesucristo), el ensañamiento con ella aún después de muerta, el secuestro de su cadáver, su traslado secreto a Italia hicieron de ella una bandera que se aún es símbolo de rebeldía», subrayó.
Zambrini destacó una frase de Eva Perón para definirla: «dónde hay una necesidad, nace un derecho». El historiador Hernán Camarero tampoco duda en considerarla un mito.
«Sí, es un mito, construido conscientemente como tal desde el Estado desde el día en que murió e inmediatamente acompañado por el genuino cariño y simpatía de amplias masas populares, y luego, curiosamente, alimentado por la persecución del antiperonismo y un desprecio y odio que hizo hincapié en el carácter aventurero, prostibulario, advenedizo, oportunista, demagógico, corrupto, rencoroso, que encontraban en la mujer también innombrable», señaló a ANSA.
«Fue figura importante de la política argentina, sobre todo en el aspecto simbólico y mitológico, en especial, en la construcción y perdurabilidad de la cultura política peronista y también de un imaginario popular algo más amplio», enfatizó Camarero, doctor en Historia, profesor de la Universidad de Buenos Aires (UBA) e investigador principal del CONICET (ente de investigaciones científicas).
«Lo notable es que su experiencia ‘vivencial’ fue muy breve, apenas poco más de seis años. A pesar de ciertos relatos, si bien se hizo conocida como la pareja de Perón desde fines de 1944, y por lo tanto logró desde entonces ganar espacio público más allá de su lugar como actriz, fue recién con el acceso de Perón a la presidencia en junio de 1946 que el protagonismo político de Eva se hizo claro y distinguible», desgranó el historiador.
«Con velocidad, desplazó a las entidades tradicionales de la caridad y montó una estructura alternativa en reemplazo, la poderosa Fundación de Ayuda Social, que llevaba su propio nombre, y desde allí desplegó una enorme cantidad de iniciativas de beneficencia social, que le hicieron ganar una creciente simpatía, apoyo e incluso incondicional adhesión por parte de amplios sectores sociales carenciados y postergados», amplió.
A partir de eso, destacó el experto, su figura y poder se acrecentaron, «fungiendo no sólo como la esposa del líder, sino como la segunda referencia del ‘gobierno del pueblo’, hasta soñar con ser nominada para la candidatura a la vicepresidencia».

Esto no sólo no lo logró -la cúpula militar presionó a Perón para evitarlo-, sino que poco después empalmó con su tempranísima muerte el 26 de julio de 1952.
«Esa inesperada desaparición la convirtió inmediatamente en mito», enfatizó Camarero, autor de varios libros y trabajos sobre historia social de Argentina.
«Evita parece significar la retórica revolucionaria, pasional y consecuente de algunos sectores peronistas, o la garantía de la justicia social redistributiva para la mayoría de los y las integrantes de ese movimiento», deslizó Camarero.
«Para la oposición, Eva concentra los peores vicios de esta cultura política. Evita es una figura irreconciliable del entramado político argentino desde hace setenta años», amplió.
«Tomando palabras del gran escritor Leopoldo Marechal (1900-1970), Evita generó que ‘una masa numeral se convirtiese en un pueblo esencial’. De alguna manera, los odiadores generan emociones tristes, en cambio su figura impulsa pasiones alegres», apuntó Zambrini.
«Sabemos que hay una práctica social de sometimiento y una práctica de emancipación y libertad, y el odio es una poderosa arma política para seducir a mediocres y resentidos. Su práctica (la de Evita, NDR) era un canto a los derechos, a la libertad, a la emancipación, a la esperanza…», completó el sociólogo.
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