Los alias más extraños de ciertos delincuentes …

Público(O.L.Fónseca)/RCN Radio(A.Amador) — Es curioso pero, según la Real Academia Española, el término alias es sinónimo de sobrenombre y de apodo.
Sin embargo, el mote de alias es exclusivo de los delincuentes; mientras que a los dos restantes se los deja para la llamada «gente honesta».
Son los ladrones, asesinos, estafadores, violadores, y demás los que figuran con «alias» en sus prontuarios que son de extrema utilidad para la Policía.
«Por ejemplo, si llegamos a un barrio donde hubo un homicidio y alguien dice ‘fue el Morcillón’, es factible que la Policía ya sepa de quién se trata por más que hasta el mismo delator no sepa fehacientemente el nombre y el apellido del sospechoso», dicen desde el Departamento de Análisis de Investigaciones, lugar donde clasifican los alias.
Los motes que reciben los delincuentes vienen de la infancia (barra de amigos), de la policía y de la prensa. Algunos de esos alias no difieren de los clásicos, de los que puede tener cualquier persona, como , «Chupete», «Dani», «Chino».
Pero hay otros que afloran desde las características físicas de los sujetos, de una mirada racista, del “estilo” que ese delincuente tenía a la hora de delinquir. Algunos de ellos no pasaron a la historia como cerebros del delito, pero sus alias quedaron grabados en la memoria colectiva a partir de lo curioso, gracioso o ingenioso que eran sus apodos.
Por ejemplo en Argentina tenemos, entro otros:
- “Pañal”
En un juicio reciente, uno de los imputados, de apellido Palacios, fue mencionado por el relator del tribunal con su alias. «Andrés Palacios, alias ‘El Pañal’, argentino, hijo de…». En ese debate, Palacios fue absuelto del delito de robo y al final, cuando se abrazó con su abogado, el letrado le dijo: «No sabía que te decían ‘Pañal’; ¿de dónde viene?» «Es que, doctor, cada vez que me ven las minas, se hacen encima…», soltó Palacios.
En el Departamento de Análisis de Investigaciones, donde están las fichas de las personas con prontuario, se puede leer el ítem «alias», tan importante como el nombre y las señas particulares.
El comisario Juan Carlos Caleri, director general de Policía y con 32 años de oficio de calle, dice no recordar demasiados alias memorables. Pero cuando aprieta un poco su memoria le viene «El Fosforito».
«Era un ladrón de poca monta, que siempre robaba de noche; pero como era pobre y no tenía para linternas, siempre iba con una cajita de fósforos y con eso se alumbraba. En cada lugar que robaba encontrábamos un montón de fósforos quemados».
- Morocha
Matías Cerón, alias «El Morocha», fue el delincuente más temido en los últimos diez años en el delito vernáculo. Ladrón y asesino, se le achacaron más crímenes de los que en verdad cometió. Lo mató la Policía el 16 de agosto de 2003 y los diarios titularon su muerte con su alias: «Murió El Morocha».
El caso de Cerón es uno de esos en los que la leyenda sobrepasa a la persona. Lo mismo sucede con su apodo, tan extraño por tratarse de un delincuente adolescente. «Algunos dicen que logró ese mote después de que se escapara de la seccional 30 del barrio San Martín vestido de mujer», indica uno de sus abogados.
De todos modos, otras versiones dan cuenta de que de chico, Matías era abusado por algunos mayores de su familia y que uno de ellos lo hacía vestir de mujer para someterlo. Otro rumor, un poco más glamoroso pero igualmente difícil de contrastar, indica que Cerón disfrutaba, cada tanto, poniéndose ropa de mujer.
- Chacal
El reciente caso de «El Chacal de Mendoza» -el hombre que está preso, acusado de haber violado a una de sus hijas con la que tuvo siete hijos- es un caso de alias prestado: ya hubo otros «Chacales» antes que él en la opinión pública. El primero fue el terrorista venezolano Ilich Ramírez Sánchez, conocido como «Carlos, El Chacal». La película «El día del Chacal (1973) narra la historia de un asesino a sueldo al que contratan para matar al presidente de Francia. Más cerca en el tiempo aparece el austríaco Josef Fritzl, quien mantuvo a su hija encerrada en un sótano durante 24 años y con la cual tuvo 7 hijos.
«Este ejemplo es el que más se acerca a nuestro Chacal -opina la profesora de Lengua Silvana Slukich- y por eso fue que el hombre de la Cuarta Sección adoptó ese mote, seguramente contra su voluntad».
El chacal, de todos modos, es un animalito que vive en casi todo el continente africano; un canino de medianas dimensiones pero tiene rasgos tétricos: vive y caza de noche; es solitario -a veces vive en pareja- y tiene debilidad por atacar a las crías de sus víctimas: esa característica lo convierte en un animal abominable, «por ser, aparentemente, tan desalmado», indica la especialista.
- Loco de la colcha
Miguel Ibáñez (hoy con 60 años), alias «El loco de la colcha», no es ni ladrón ni narco ni nada vinculable con el delito formal. «Era un loco, pero un asesino loco. Si vos eras amigo de él y le decías, Fulano de tal me molesta, iba y lo mataba. Era un Robin Hood del orgullo ajeno», indica su abogado.
El mote de «El loco de la colcha» se lo ganó por lo siguiente, según su abogado: «Siempre andaba solo, más que nada por el barrio San Martín, y cargaba una mochila en la que llevaba una colcha; bueno, cuando le daba sueño, sacaba la colcha de la mochila y se tiraba a dormir, en cualquier lado. Estaba un poco loco pero era violento y la gente le temía; pero fue esa gente quien le puso ese alias», sigue el letrado.
- “No me gusta”
Hace dos años, Los Andes publicó una nota acerca de la detención de un ladrón no muy conocido al que la policía mencionaba con el alias de «El Sapo». Su apellido era García y su nombre no viene a colación, ya que en estos casos es más importante el alias que el propio nombre, al menos a la hora de hacer atractivo el título de una nota común.
El artículo sobre la aprehensión de «El Sapo» García salió un viernes, pero algo pasó y García quedó en libertad el lunes: el martes, apareció por el diario para explicar no que ya estaba libre, sino para pedir que la próxima vez que saliera en una nota, por favor, no le pusieran ‘El Sapo’. «Odio que me llamen así», dijo, y se fue, con su cara de batracio a cuestas. Rolando López

En Colombia, la gama es amplía. Estos son algunos de los más curiosos:
- Meme
Deimer Sánchez Montejo, alias Meme, fue noticia el pasado 31 de julio, luego de que se fugara de la cárcel La Picota de Bogotá.
El sujeto cumplía una condena de 24 años y 4 meses, en el pabellón de mediana seguridad, tras ser señalado como cabecilla de la banda ‘Los Pelusos’.
Su alias sacó más de una risa, ya que la palabra se refiere a una composición gráfica con la intención de hacer reír a los demás, pero sus acusaciones son aterradoras. La justicia lo encontró culpable de una masacre en El Tarra, Norte de Santander, que dejó 10 personas asesinadas, entre ellas cuatro excombatientes de las Farc y un líder social.
- Calzoncillos
José David Montezuman Senegal, más conocido con el alias de ‘Calzoncillo’, era un joven de 25 años que perdió la vida en Barrancabermeja.
Los hechos se registraron el pasado 1 de agosto, cuando el joven fue víctima de un ataque sicarial.
El sujeto presentaba anotaciones por tráfico de estupefacientes y porte ilegal de armas, y había sido capturado por microtráfico el pasado mes de marzo.
Sin embargo, lo más insólito de alias ‘Calzoncillos’, no es su apodo, sino que hombres armados se robaron su cadáver.
Los empleados de la funeraria estaban haciendo la preparación del cadáver para ingresarlo a la sala de velación y en ese momento, como se observa en el video de la cámara de seguridad, llegan estas personas y llevan el féretro cargado.
- Fritanga
Camilo Torres es el nombre de pila de este narcotraficante, que fue detenido en una lujosa isla, cuando celebraba su matrimonio.
El sujeto era considerado el número dos del Clan del Golfo y se encontraba en la celebración de su matrimonio con 150 invitados, en la isla Múcura, que está ubicada en el archipiélago de San Bernardo, frente a Cartagena de Indias, cuando llegaron las autoridades.
Entre los asistentes había varios artistas vallenatos y de reguetón que e iban a presentar. En total, esa semana de fiesta superó los 2.000 millones de pesos.
- Mayimbu
Leider Johany Noscué, conocido con el alias de Mayimbu, fue abatido en junio del 2022 y era uno de los jefes de la disidencia Jaime Martínez.
Su apodo evocaba a uno de los personajes de la serie animada Dragon Ball, llamado Mayimbú. Se trataba de un personaje obeso, rosado y con los ojos rasgados, rasgo similar al de este sujeto de origen indígena.

Lo cierto es que en España, por lo menos en los últimos años, nadie le ha dado más de dos vueltas a la neurona para bautizar a los delincuentes.
Que hay uno que va solo a atracar bancos, pues ‘El Solitario’.
Que deja un naipe junto al cuerpo sin vida de sus víctimas, pues ‘El asesino de la baraja’.
Que hay otro que se escapa de los agentes a la carrera y los deja con la lengua fuera, pues ‘El Gamo’ y a correr.
¿O alguien cree aún que llamar ‘El Dioni’ a alguien que se llama Dionisio es un alarde de originalidad?
Hay que remontarse a la época de los antiguos bandoleros para encontrar apodos sonoros y llamativos. ¡Qué tiempos aquellos en los que recorrían las sierras ‘El Tempranillo’, ‘El Tragabuches’, ‘El Vivillo’ o ‘Pasos Largos’! No sólo sembraban el terror con su trabucos, sino que le ponían un poco de literatura a esto del delito.
Hay que reconocer que en eso de bautizar a sus criminales países como México, Colombia, Estados Unidos o Italia nos ganan por goleada. Por ejemplo, en el primero detuvieron hace poco a un narco que utilizaba el sobrenombre de ‘La Barbie’ simplemente porque era rubio y con los ojos azules. Ya antes habían tenido a un sicario que, dada su eficacia en el arte de mandar al otro barrio a sus semejantes, era apodado ‘Baygon’, como el célebre insecticida, en un auténtico alarde metafórico digno de Góngora.
En EEUU, la patria del show, los mafiosos se apuntan también con sus alias al espectáculo. Hace un par de año caían ‘Mike the Electrician’ (Miguelito el Eléctrico) y ‘Anthony Nighthawk’ (Antonio Halcón de la Noche), aunque la lista en este país es tan larga como pobladas están sus cárceles.
Un poco menos rebuscados suelen ser los que utilizan los etarras. Al los célebres de ‘Txeroki y de aquellos amigos de los animales que parecían ser ‘Josu Ternera’, ‘Santi Potros’ y ‘La Tigresa’, se han unido a lo largo de los años otros ciertamente llamativos: ‘Capullo’, ‘Dienteputo’, ‘Txiribita’, ‘Karakulo’, ‘Txapote’, ‘La Bombi’, ‘Pototo’, ‘El Guindi’… y así un larguísimo listado. Por desgracia, cincuenta años de asesinatos dan para mucho.
El escrito mexicano Homero Aridjis, autor de la novela ‘Sicarios’, aseguraba en este libro que »los apodos son como un segundo bautismo, una incorporación al mundo delictivo». En España, está claro, que algunos entraron en el mundo de la criminalidad por la puerta de atrás del baptisterio. A lo mejor más de uno tiene que empezar a ir a las gasolineras para hacerse con las canciones de Camela e inspirarse en esto de los alias.
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