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Generación Robada (Australia)


Generación robada se clasifica a un hecho bastante desconocido: la política de limpieza étnica que el gobierno australiano realizó durante gran parte del siglo pasado para evitar que las razas (la blanca de los colonos ingleses y la negra de los aborígenes) se mezclaran.

Internaban a los niños mestizos en residencias especiales, que eran más bien campos de concentración, para que no inficionaran la pureza de la raza y, a la vez, se les “educaba” para ser mano de obra barata en el servicio doméstico de los blancos.

Eduardo Irigoyen Bedoya, en su escrito: » Australia: La generación robada o stolen generation.» comenta lo siguiente:

«…En la primera mitad del siglo XX, el gobierno australiano mantuvo una conducta paternalista respecto a los pueblos
indígenas australianos. Aquéllos que tenían piel más clara esto es, los «parcialmente indígenas»- fueron enviados a lo
largo y ancho del país a reservaciones y misiones al amparo de una política de segregación y asimilación.

La Australia negra sucumbía ante la Australia blanca. El gobierno australiano tenía la idea excéntrica de que las políticas de asimilación integrarían a los indígenas en la comunidad australiana y que pondrían fin a lo «embarazoso» de contar con pueblos
indígenas.

En términos del discurso oficial, el propósito de las políticas de asimilación consistía en «elevar el nivel de los
indígenas», integrándolos a la sociedad blanca.La portada del libro coordinado por Carmel Bird publicado en 1998 y que
se titula The Stolen Children. Their Stories (Sydney, Random House, 188 pp.), es desgarradora.

Reproduce la fotografía publicada en un diario australiano, de seis niños indígenas, ésta tiene en la parte superior un encabezado que reza «Se buscan hogares para estos niños». Al pie de la fotografía se encuentraba una leyenda que decía «Grupo de niños con
una mitad o una cuarta parte de sangre indígena en el orfanato de… Darwin.

El Ministro del Interior (Sr. Perkins) recientemente solicitó a organizaciones caritativas en Melbourne y Sydney que ayudaran a encontrar hogares para los niños y evitar que se conviertan en vagabundos». Una de las niñas que aparecen en la fotografía tiene una cruz sobre su vestido, puesto que ya había sido seleccionada por alguna persona de raza blanca para «un nuevo hogar».

En el prólogo del libro Carmel Bird señala que la persona que eligió a la preciosa niña escribió con su letra al pie de la fotografía
lo siguiente: «me gusta la pequeña que aparece en el centro de la foto, pero si ya la seleccionó alguien más, me quedo
con cualquier otra en tanto sea fuerte» (presumiblemente para las faenas que como sirvienta debería realizar en su
«nuevo hogar»).

Las políticas de asimilación dirigidas por el gobierno australiano hacia los indígenas generaron el problema de la llamada generación robada (o stolen generation), consistente en que el gobierno despojó a las familias de la tutela sobre sus hijos, a quienes secuestró para ponerlos bajo el control de instituciones u hogares dirigidos por blancos.

Sociólogos y sicólogos coinciden en afirmar que esa es la mejor manera de destruir a una sociedad y, desafortunadamente, esta práctica se mantuvo vigente en Australia por casi 100 años. Se calcula que a nivel nacional entre uno de cada tres y uno de cada diez niños indígenas fueron secuestrados por el gobierno australiano entre 1910 y 1970.

Existen evidencias de casos de tres generaciones en una misma familia, que fueron víctimas de estos abusos. Los niños no indígenas eran llevados a los orfanatos porque eran víctimas de la negligencia o el abuso por parte de sus tutores. En cambio, los niños indígenas podían ser llevados a un orfanato, o adoptados o custodiados por extraños sin el consentimiento de sus padres.

A diferencia de las personas no indígenas, los padres indígenas no tenían derechos sobre sus hijos indígenas. Muchos niños, a tan sólo días de haber nacido, fueron secuestrados para vivir en otra cultura. Tuvieron que aprender inglés y adaptarse al estilo de vida de los blancos.

A muchos se les dijo que sus padres no eran buenas personas, que los habían abandonado o que habían muerto.

Una revisión de los registros en archivos gubernamentales y de las iglesias revela que la idea era «educar» a los niños indígenas y enseñarles a vivir como blancos o, bien, al servicio de los blancos.

En el año de 1995 tras una fuerte presión sobre el gobierno se inició una investigación a nivel nacional acerca de la separación de los niños indígenas y de los isleños del Estrecho de Torres.

La investigación incluyó visitas a cada estado y territorio australianos, recogiendo las experiencias de 700 personas, llevando a cabo además audiencias públicas y privadas, y efectuando consultas con individuos, familias, comunidades, iglesias y agencias gubernamentales y no gubernamentales.

El informe que se titula Bringing Them Home (Trayéndolos de regreso a casa) fue dado a conocer en mayo de 1997. Lo que ahí se dice, en muchos casos es inenarrable. Una de cada cinco personas que presentó testimonio padeció abusos sexuales en alguna
institución.

Casi una cuarta parte de los testigos que fueron adoptados o tutelados también padeció abusos sexuales. Uno de cada seis reveló excesivos castigos físicos. A pesar de que se dijo que esta política era «para su propio bien», no se les dio una mejor educación, ni se les brindaron salarios iguales ni mejores oportunidades de empleo que a los otros miembros de la comunidad.

Las consecuencias de la política de secuestro por parte del gobierno incluyen el suicidio, el abuso del alcohol y estupefacientes, la incapacidad para forjar relaciones con la comunidad, enfermedades mentales, familias y comunidades dislocadas, y pocas habilidades paternas/maternas. Lo más grave es que la remoción de niños indígenas continuó sin que los gobiernos no hicieran nada.

Lorena Allan refiere que los niños indígenas tiene seis veces más probabilidades que los niños no indígenas de ser arrebatados a sus padres por el sistema de seguridad social, y 21 veces más factibilidad de ingresar a un centro juvenil de detención que los no indígenas…»

La llamada ‘generación robada’ se refiere a los niños y jóvenes aborígenes que entre 1910 y 1970 fueron separados por la fuerza de sus familias y dados en adopción o colocados en instituciones religiosas.

Las disculpas de Australia en 2008 no son suficientes

Heather Alley, de 84 años, tenía nueve años cuando fue arrebatada a su madre. Ella afirma que este trauma la persiguió durante muchos años: «Participo en esta demanda porque creo que nuestra historia debe ser contada», afirmó

En 1997, un informe titulado «Llévenlos a casa», resultado de una encuesta nacional, reconoció que se habían violado los derechos de esos niños y recomendó una serie de medidas de apoyo.

Una de las propuestas clave de este informe, en el que Australia presenta excusas nacionales, se realizó en 2008. Pero un cuarto de siglo más tarde, las víctimas denuncian el racismo institucional siempre actual y el fracaso de las autoridades en afrontar los problemas de salud mental de las personas afectadas, aunque se asignaron fondos a los programas de asesoramiento y apoyo a las familias.

Como colorario transcribo una buena frase que dice asi: » Un país que pierde a sus niños, está perdiendo también la posibilidad de construir su futuro. «

nuestras charlas nocturnas.

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