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Opinión: Redes, webs y otras «yerbas» …


A.J.Paniagua — Hace no demasiado llegó a mis manos la imagen que ilustra este post.

Procedía de deviantART.

El autor del dibujo dice que se le ocurrió después de que un compañero suyo escribiera una historieta llamada «Internet University» en la que personificaba a las webs más famosas.

En el relato, Twitter y Facebook son compañeros de habitación.

No es nada descabellado si tenemos en cuenta que muchos usuarios actualizan su estado en los dos sitios simultáneamente.

La imagen aniñada de Twitter no es que me convenza demasiado.

Me han dicho alguna vez que el microblogging es cosa de adolescentes… pero yo creo que eso es una mala influencia de la generación Disney (no en vano, usan Twitter Miley Cyrus, Demi Lovato, Selena Gomez, los Jonas Brothers, Ashley Tisdale…).

Los dibujos de Facebook y la de Myspace sí me convencen. Ese rollo de tipo guay encaja perfectamente con la primera y el mismo estilo, pero con el toque rebelde-musical, le viene de perlas a la segunda.

Seguimos. El de Wikipedia es perfecto, un 10. Sólo hay una forma de imaginársela y es ésa: un niño con gafas, el empollón de la clase que lleva rebequita y se dedica a puntualizar las explicaciones del profesor.

El de deviantART no me atrevo a comentarlo, por falta de conocimientos, así que prefiero cerrar con YouTube y Google, en vez de meterme en berenjenales.

Poner a papá Google de profesor es todo un acierto, y esa mirada que le echa al rebelde YouTube es simplemente genial. Si hay alguien que aglutine todos los conocimientos del mundo es Google y si hay un grano en el trasero del formal Google, ése es YouTube, donde los derechos de los vídeos, los hackeos y los vídeos subidos de tono o de acciones temerarias que luego se ve obligado a censurar, han dado más de un quebradero de cabeza a los de Silicon Valley.

Si aceptamos la definición de la Wikipedia, una red social «es una estructura social que se puede representar en forma de uno o varios grafos en el cual los nodos representan individuos (a veces denominados actores) y las aristas relaciones entre ellos». Dicho así, no parece para tanto, pero aplicado a la vida real, impacta.

Vamos a poner el ejemplo de Facebook, por eso de ser el líder con 300 millones de usuarios únicos. Este sitio web gratuito creado por Mark Zuckerberg que nació como herramienta de ayuda para los estudiantes de la Universidad de Harvard se ha convertido en un monstruo. Vaya por delante que yo no critico las redes sociales (sabéis que las uso), pero creo que a veces la situación se nos va de las manos. No podemos estar 24 horas delante de una pantalla viviendo una vida irreal.

Hace más de un año, leí en ALT1040 que había gente que no podía vivir sin su red. En su artículo Adición a la redes sociales explicaba cómo los usuarios de Tuenti estaban de uñas por los problemas que estaban teniendo sus servidores, que estaban muriendo de éxito.

Recuerdo que uno de los comentarios decía: «Llevo desde las 00:20 aproximadamente, recargando la pagina de Tuenti cada 5 minutos y todavía no funciona… estoy empezando a tener sudores extraños, tengo ansiedad, siento que me falta algo». Suena ridículo, pero esto pasa.

¿Dónde está el problema? En un artículo de psiquiatria.com, el catedrático de Psicología Clínica de la Universidad del País Vasco Enrique Echeburúa explica cómo puede afectar a la gente el hecho de que en las redes sociales se pueda entrar en contacto con muchas personas a las que no se conoce en la realidad y a las que no se tiene acceso. «Esto atrae a quienes apenas tienen una red social formada, que tienden a sobreexponerse para ser más conocidos: mandan fotos, chatean y cuelgan fotografías incluso de su intimidad».

Tal y como se explica en dicho artículo, con un solo clic la persona puede desinhibirse rápidamente, crear identidades falsas o dar una imagen propia que no corresponde con la realidad, y esto genera una tensión emocional que acaba convirtiendo esa afición en algo imprescindible, en una adicción que afecta sobre todo a las personas que psicológicamente o por la edad son más vulnerables, es decir, los adolescentes.

Son impulsivos, curiosos y con una autoestima todavía en fase de formación. Una bomba de relojería al servicio de Internet que debería preocuparnos bastante más de lo que lo ha hecho hasta el momento. Ya no hablo de la privacidad (ese debate ya está ahí), sino de la importancia de saber transmitir la justa dimensión de las cosas.

nuestras charlas nocturnas.

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