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Isla de Wight, 1970 (El Woodstock inglés) …


El Clarín(G.Guerrero) — Quien busque en un mapa la isla de Wight encontrará un poroto chiquito, debajo de toda la gran isla británica, en el traste de Inglaterra.

Parece un detrito, suelto, como si los ingleses la hubiesen desechado luego de alguna mala digestión.

Quizás así lo sintieron los conservadores y “bien pensantes” de hace cuatro décadas cuando, horrorizados, se encontraron con que más de 600 mil jóvenes invadían una porcioncita de tierra que por entonces contaba con sólo 90 mil abrumados lugareños (muchos de los cuales habrán considerado tirarse al agua y bracear rápido hasta la costa francesa de enfrente).

El Festival de la Isla de Wight cambió la historia de los shows multitudinarios del siglo pasado y de los siglos por venir. Y quienes hicieron allí su música cambiaron, de paso, gran parte de la historia sonora de Occidente.

Desde el miércoles 26 hasta el domingo 30 de agosto de 1970 hubo mucha más gente junta en la diminuta isla de Wight que en el gran festival de Woodstock, celebrado el año anterior en los Estados Unidos. Wight resultó, entonces, récord absoluto de asistencia para encuentros de rock Había tenido dos ediciones previas que cumplieron la función de calentar el plato:

  • Wight I (1968)

El primer Festival de la Isla de Wight se realizó el sábado 31 de agosto y domingo 1 de septiembre de 1968; tocaron varios grupos sicodélicos de ese entonces, destacando The Move y Jefferson Airplane. Tuvo varios problemas de organización y logística: atrasos en la programación, dificultades para llegar a la isla, etc.

  • Wight II (1969)

Para el segundo, realizado el viernes 29 y domingo 31 de agosto de 1969, se había creado toda una mística con respecto a la isla de Wight. Era el lugar preferido por poetas e intelectuales de la época. Y el festival tuvo números poderosos para la jornada del viernes: tocaron Family, Free, Moddy Blues y The Who.

Para el domingo, se presentaron números de Jazz y encabezaron Ritchie Havens, Bob Dylan y The Band. Esta presentación de Dylan era la primera en público en año y medio, por lo que había mucha expectación por su regreso a los escenarios y el ojo público ya centraba su interés en la isla de Wight. Dylan tocó apoyado por The Band un set Country y Folk, con recreaciones innovadoras de canciones «viejas» y con el sonido de su disco de ese año, “Nashville Skyline”.

  • Wight III (1970)

Con el éxito de Woodstock, se vio en el festival de la isla de Wight una oportunidad para batir esos records en las afueras de Nueva York. Y esta vez, los organizadores se tiraron con todo. Se organizaron cinco jornadas en cinco días seguidos, del miércoles 26 al domingo 30 de agosto de 1970.

Y el cartel, en esta oportunidad, era impresionante: Jimi Hendrix (en su última presentación en público), The Who (quizás la mejor de todas las presentaciones del festival), The Doors (con un Morrison ya en el final), Taste (con Rory Gallagher en la guitarra, excelentes), Joan Baez, Kris Kristofferson, Joni Mitchell (quien sufrió unos percances bien desagradables en medio de su presentación), Miles Davis, Emerson Lake & Palmer (en su debut en los grandes escenarios que estrenaban Pictures at an Exhibition ¡y se les cortó el sonido!), Jethro Tull, Family, Procol Harum, Leonard Cohen (sólido, como siempre), Free, Moody Blues, Gilberto Gil y Sly & The Family Stone, entre otros.

Donovan y Jethro Tull. Procol Harum y Chicago. Sly and the Family Stone, y Gilberto Gil (28). Family, Supertramp, Free. Hawkwind. Leonard Cohen. Los Moody Blues, Melanie, Pentangle. Joan Baez cantó “Let It Be”.

La entrada costaba 3 libras esterlinas. Y acá entraron en conflicto con la gente. Con la idea de la revolución en la cabeza, muchísimos reclamaron por el cobro de entrada en un evento que se exigía que fuese gratis. Y, aunque llegaron 600 mil personas al festival (superando el record de Woodstock), el evento de ese año pasó a la historia como el quiebre definitivo de la generación de las flores.

Los que se quedaron sin entrada se agruparon en las rejas y divisiones que cerraban el espacio ocupado. Hubo de todo: violencia, manifestaciones, intentos de echar abajo la cerca y reclamos de todo tipo, muchos de ellos interrumpiendo los actos mientras eran presentados. Se acusaba a los músicos de enriquecerse al cobrar cantidades asombrosas de dinero por sus presentaciones.

Hay una película (Message to Love, de Murray Lerner) que documenta bastante de esta locura.

Y desde 1970 hasta ahora han tenido lugar innumerables balances, críticas, valoraciones, análisis, quejas, alabanzas y disecciones varias sobre el Último Gran Festival de la Isla de Wight.

Por ejemplo, se ha dicho que Hendrix y los Doors no estuvieron a la altura de las circunstancias.

Que los que habían pagado “campo” terminaron mirando los shows desde las colinas. Que la insistente presión de anarquistas y activistas políticos de todo tenor pidiendo que el festival fuera gratuito, en caso de prosperar, habrían quizá terminado de cuajo, de una vez por todas, con el concepto capitalista del espíritu del rock. Eso no sucedió, ya se sabe.

Pero Wight no fue fácil, claro. Ni el más colgado de los ilusos esperaba que aparecieran allí más de medio millón de chicos y chicas, de todo el mundo y en bloque, a los que hubo que alimentar, cuidar, proteger (no se reportaron desgracias personales), brindarles servicios higiénicos y hasta conseguirles un buen sonido y una decente visibilidad de escenario durante infinitas 150 horas o más … con los limitados recursos de producción, logística y técnica de aquellos tiempos.

“Este festival fue el último, ya basta. Comenzó como un sueño hermoso, pero se salió de control y se convirtió en un monstruo”, anunció el productor Ron Foulk, agotado y con los ojos como dos huevos, durante la mañana del lunes 1º de septiembre de 1970, justo después de la última fecha de la tercera edición.

Ya todo se había viciado y no había vuelta atrás. El festival de ese año le da el cierre definitivo a la paz de los hippies, que de por sí sola era incapaz de mantenerse. Las utopías quedaron atrás y afloró lo más desagradable del ser humano: el egoísmo y la avaricia. ¿Qué más quedaba por hacer?

Ya se había visto en la tragedia de Altamount que las grandes masas comenzaban a colapsar rendidas por la falta de comunicación y entendimiento. La violencia había entrado y los ánimos estaban encendidos frente al mundo que colapsaba por todos lados. Hasta el mundo que se habían construido comenzaba a caerse a pedazos. Una revolución que se pelea con una mano en la guitarra y la otra en la billetera.

Es por eso que los recuerdos que pueden quedar de ese festival no son muy agradables. Al final del día, ¿qué es lo que queda? ¿La música? Entonces, y durante los siguientes años, Wight volvió a ser lugar de veraneo aristocrático y de locación paleontológica de restos de dinosaurios. Ahí, en Wight, nació la Reina Victoria.

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