El susto puede desencadenar la muerte …

Zulema Usach-LosAndesOnLine — I- Al ir a hacer las compras a pocas cuadras de su casa, Eugenia (35) es testigo de un tiroteo entre la policía y unos ladrones que acaban de robar el mini mercado.
No sabe qué hacer; siente que el corazón se le sale del pecho, sus manos transpiran, las piernas le tiemblan.
II- Mientras camina por la vereda, Ernesto (23) es atacado por los perros de un vecino que lo muerden y matan a la mascota que llevaba en los brazos.
La impotencia, el nerviosismo y el miedo que vivió en esos minutos todavía lo aquejan.
III- Julia (21) regresa de la facultad a su casa y en la parada del colectivo alguien le arranca del brazo el morral y con fuerza la empujan a una acequia cercana. La chica queda en estado de shock mientras dos personas la ayudan a incorporarse.
La lista de situaciones en las cuales los mendocinos sienten una amenaza a su propia vida o la de sus seres queridos podría ser tan diversa como la manera en que cada persona las afronta. Sin embargo, todos estos hechos comparten algunas características.
Son inesperados, poco deseados, potencian el estrés y en casos extremos, pueden llevar a la muerte, tal como le sucedió a Silvia Moyano (39) quien falleció a raíz de un paro cardíaco el sábado pasado en su casa de San Martín, en medio de una contienda entre perros (ver aparte).
Mientras el Cuerpo Médico Forense evalúa si la mujer tenía o no patologías previas que pudieran haber contribuido al fatal desenlace, su esposo afirma que ella siempre gozó de buena salud. Así, la pregunta es ineludible: ¿es posible morir como consecuencia de un susto o una emoción muy fuerte?
La respuesta de los especialistas es afirmativa. «Ante una situación inesperada y violenta, el cuerpo libera sustancias que pueden generar una arritmia ventricular. Hay palpitaciones, se acelera la frecuencia cardíaca. Este aumento del latido es el que puede llevar a la muerte aunque la persona no tenga antecedentes coronarios», explicó Orlando Caruso, jefe del Departamento de Cardiología del Centro de Enfermedades Cardiovasculares del Hospital Central.
Por su parte, quienes padecen patologías previas en su sistema cardiovascular pueden ser más proclives a sufrir un infarto agudo de miocardio.
El factor psicológico siempre está presente en los hechos que luego dejan una marca en la psiquis de quien los ha padecido. A nivel físico, se experimenta en cuestión de segundos una descarga de adrenalina, aumentan las pulsaciones y la presión arterial.
Desde el punto de vista de Alberto Navarro, médico psiquiatra y director de Salud Mental de la provincia, las vivencias estresantes y extremas causan una sensación de inseguridad, que a su vez trae aparejada la incertidumbre y con ellas la duda, el temor y el miedo.
«Hay una amenaza al ?yo’ de la persona. Mientras más grave sea el episodio y en la medida en que ponga en riesgo la vida, el estrés será mayor», aseguró Navarro.
La respuesta de cada persona ante un episodio amenazante es diferente y no hay una fórmula que establezca cómo actuar. «Todo depende del bagaje de respuestas que tenga y de su tolerancia ante determinados hechos», deslizó el psiquiatra.
Como consecuencia de este significativo desgaste de energía, el individuo sufre luego lo que se denomina estrés post traumático, ya que las marcas del suceso vivido quedan en la psiquis. Aparece aquí el drama y con él, la angustia. «Por eso es tan importante buscar ayuda profesional a tiempo y así poder superarlo», recomendó Navarro.
- Estrés, enemigo del corazón
Sumado a los hechos puntuales que generan en quien los vive una sensación de paralización y miedo, los profesionales de la salud apuntan a situaciones que si bien no se viven de forma tan súbita como puede ser un asalto o un ataque en la calle (por mencionar algunos ejemplos), sí son generadoras de angustias y ansiedades.
Es que el estrés -vale decir en este caso, cotidiano- justamente es una de las principales causas de los trastornos cardíacos en la actualidad.
«Entre 75 y 80 por ciento de los pacientes que llegan a esta unidad tienen estrés a raíz de problemas económicos, afectivos o laborales. A esto es lo que denominamos estrés psico-social», subrayó Caruso y advirtió que de acuerdo a diversos estudios realizados, en los próximos años la incidencia de este factor como desencadenante de los infartos se acentuará.
- El «trauma social»
Un contexto de violencia generalizada en el que a la vez prima una sensación de inseguridad permanente, influyen de manera determinante en la psicología de la sociedad y Mendoza no está exenta. Desde el punto de vista de los especialistas, existe un sentimiento de miedo, desprotección, individualismo e indiferencia que se comparte socialmente.
En medio de una sociedad altamente mediatizada, estas problemáticas se potencian trasladándose a lo colectivo.
«No atañe a un individuo por separado, sino que se comparte entre una gran cantidad de personas. Es cierto que los hechos de inseguridad ocurren, pero hay que tener en cuenta que existe una sobre estimación de la inseguridad», explicó la socióloga Graciela Cousinet.
Como contrapartida, la profesional rescató que aún existen «gestos de solidaridad y ganas de ayudar que muchas veces se manifiestan cuando surge un problema en la comunidad».
Deja un comentario