El ojo de la cerradura que permite ver tres países en línea desde el Aventino en Roma …

L.B.V.(G.Carvajal) — Escondida en la tranquila colina del Aventino, en Roma, se encuentra una de las atracciones más curiosas y populares de la ciudad: una simple cerradura. Pero lo que hay más allá de esta cerradura ordinaria es lo que la hace tan extraordinaria.
La cerradura forma parte de la Villa del Priorato di Malta, una de las dos sedes institucionales de la Soberana Orden Militar de Malta.
El Priorato tiene una larga historia que se remonta a más de 900 años, aunque la Villa se construyó en el siglo XVII.
Los Caballeros de Malta surgieron durante las Cruzadas como una orden militar de monjes llamada Caballeros Hospitalarios. Su objetivo original era dirigir un hospital en Jerusalén para atender a peregrinos y cruzados. Cuando Jerusalén cayó en manos de las fuerzas islámicas, los Caballeros se trasladaron primero a Rodas y, tras la caída de ésta, acabaron estableciéndose en la isla de Malta en el siglo XVI.
Cuando los Caballeros de Malta establecieron un priorato en Roma, se les concedió su Villa en el Aventino como cuartel general. El lugar era un importante emplazamiento estratégico desde la Edad Media, ocupado por un monasterio benedictino fortificado en el siglo X. Perteneció a los Templarios, y tras su supresión en 1312 pasó a los Caballeros Hospitalarios.
En 1765 Giovanni Battista Piranesi realizó una renovación de la entrada del priorato, la única obra arquitectónica que llevo a cabo el artista. El resultado fue la extraordinaria piazzeta de ambientación rococó, decorada con trofeos de guerra alusivos a las hazañas de los caballeros de Malta, en la cual se abre el portal de entrada a la villa.
Pero lo más famoso de la villa es una sencilla puerta de madera con una cerradura de latón, frente a la que se forman largas colas de turistas. Si se asoma por ella, verá un espectáculo asombroso: una vista perfecta de la cúpula de la Basílica de San Pedro enmarcada entre los árboles del jardín de la Villa.
Este buco della serratura permite ver tres países a la vez: la Orden de Malta, Italia y la Ciudad del Vaticano.
La Villa representa a la Orden de Malta, hogar de los Caballeros, mientras que el resto de Roma, visto a través del ojo de la cerradura, es Italia.
Y la cúpula de la Basílica de San Pedro forma parte del Estado independiente de la Ciudad del Vaticano.
El ojo de la cerradura actúa como una cámara oscura, creando una imagen proyectada de la lejana basílica en la pared interior de la puerta.
El efecto es como el de una postal en miniatura de la cúpula de San Pedro.
Pero no es algo fruto de la casualidad, se creó deliberadamente para crear un efecto visual cuando la Villa estaba siendo urbanizada a principios del siglo XVIII bajo el mandato del cardenal Ottoboni.
La vista captura dos de los símbolos más importantes del catolicismo en un mismo marco: la iglesia del Papa en la Ciudad del Vaticano y la sede de los Caballeros de Malta.
La Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta, que tal es su nombre completo, fue fundada en el siglo XI, en el contexto de las Cruzadas, para proporcionar atención médica a los creyentes que peregrinaban a Tierra Santa, alojados en un hospital a su cuidado, y posteriormente extender su actividad a la protección de los cristianos frente a los musulmanes.
Cuando se conquistó Jerusalén, quedó subrayado su carácter guerrero y allí construyó su primera sede, el Krak de los Caballeros, luego trasladada a San Juan de Acre.
En 1291 la orden fue expulsada de la región, se instaló en Chipre y empezó a crecer en propiedades basadas en prioratos, que se repartían por toda Europa.
Otro traslado la llevó a Rodas en 1310, donde experimentó un nuevo crecimiento al recibir parte del patrimonio expropiado a los templarios. Su riqueza y poder llegó a tal nivel que incluso acuñaba su propia moneda.
Pero en 1522 los turcos sitiaron la isla y forzaron a los caballeros hospitalarios a rendirse y marchar al exilio. Una vez más tuvieron que buscar otro lugar y Carlos V les cedió Malta. Allí resistieron nuevos ataques otomanos, con especial importancia del llamado Gran Asedio, hasta que llegó el auxilio español.
Ahora bien, el verdadero peligro vendría de Europa: primero la Reforma Protestante, que le fue arrebatando sus prioratos, y después Napoleón, que tomó el archipiélago en 1798 y expulsó a los hospitalarios.
Los ingleses, que no tardaron en conquistar Malta a los franceses, habían prometido permitir el retorno de la Orden pero nunca lo cumplieron y la sede pasó por varios sitios antes de establecerse en Roma en 1834 (en la Via dei Condotti), volviendo a retomar su función social. Su lema es Tuitio Fidei et Obsequium Pauperum («Guarda de la Fe y regalo de los pobres»).
El caso es que ha seguido existiendo hasta hoy en día, constituyendo así un estado sin territorio ni ciudadanos propiamente dichos, aunque sí unos 13.000 miembros y 80.000 voluntarios. Ello hace que muchos no estén dispuestos a darle consideración de país, pero el caso es que cuenta con órganos de gobierno: Consejo Pleno de Estado, Capítulo General, Soberano Consejo, Consejo de Gobierno, Tribunal de Cuentas, Consejo para las Comunicaciones, Consejo Jurídico, Tribunales Magistrales y Abogacía del Estado.
Los dirige un ejecutivo formado por un Gran Comendador, un Gran Canciller, un Gran Hospitalario y un Recibidor del Común Tesoro dirigidos por el Gran Maestre, que tiene categoría internacional de jefe de estado y es elegido por el Consejo Pleno de Estado. La Orden de Malta sostiene relaciones diplomáticas con 104 países en los cinco continentes y mantiene abiertas embajadas.
Durante el día, la cúpula plateada de San Pedro es claramente visible, asomando por encima de las verdes copas de los árboles. Por la noche, la cúpula brilla dorada bajo la iluminación.
A medida que cambian las estaciones y el follaje, también lo hace el paisaje que enmarca la cúpula, haciendo que la vista sea continuamente diferente y encantadora.
La mirilla de la puerta ofrece una rara visión de un espacio habitualmente prohibido, cerrado al público desde que los Caballeros de Malta se instalaron en la Villa.
El ojo de la cerradura se ha convertido en una atracción obligada para turistas y aficionados a la fotografía, e incluso se venden postales con la vista. Una puerta ordinaria se convierte en un portal a través del tiempo, el espacio y las fronteras soberanas.



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