Opinión: La historia que no nos contaron; idealismo y ambición, campeones de cinismo …

1. El dictador poeta
Jot Down(A.V.Francés) — ¿Aún piensas que la poesía sirve para algo? ¿Que la cultura hace mejor al hombre?
En 1895 un joven seminarista que quería ser poeta escribió estos versos:
«El capullo rosado se abre.
Rápido se tiñe de pálido azul violáceo
Y, agitada por la brisa ligera,
La lila del valle se inclina sobre la hierba.
La alondra ha cantado en el oscuro azul,
Volando más alto que las nubes,
Y el ruiseñor de dulce sonido
Canta desde los arbustos una canción a los niños»
En 1936, ese joven aspirante a sacerdote y poeta se había convertido en Stalin, el asesino de más de veinte millones de personas (Y no pensaba parar).
Pues no. No penséis que ese poema de Stalin es malo. En primer lugar está escrito en georgiano y la traducción, como suele ocurrir, traiciona al poema. En segundo lugar ese tipo de poemas bucólicos entraban plenamente en el estilo romántico vigente en la época. Robert Service lo reproduce íntegramente en su biografía sobre Stalin.
Y destaca que tuvo mucho éxito. Stalin no es el caso de Hitler. Si de Hitler se suele apelar a su fracaso como pintor, al rechazo y deprecio que sufrió en su juventud por los jerarcas del mundo del arte, Stalin en cambio fue pronto reconocido como poeta en su tierra georgiana.
Tenía un futuro delante de él que no quiso seguir. Él renunció a la poesía, no fue rechazado por ella. Tal vez le pudo su ambición. Los poetas no son ambiciosos por naturaleza. Y si ambicionan algo no es el poder sino el talento o, todo lo más, el éxito. En este sentido Stalin nunca fue un poeta.
¿Pero era un monstruo, un ser malvado y totalmente inhumano?
En una carta a su amigo Kamenev (al que luego mandará matar) escrita en Cracovia en 1912 le dice: “Te doy un beso esquimal en la nariz. ¡El diablo me lleve! Te echo de menos, lo juro y perjuro. No hay nadie, absolutamente nadie con quien tener una conversación sincera, maldición. ¿No podrías venirte de algún modo a Cracovia?”.
Como dice Robert Service es un grave error pensar que los dictadores y los asesinos son personas radicalmente distintas a nosotros.
Tengamos siempre presente el caso de Stalin. A veces los que ganan no son los mejores sino los peores, los más viles, los más crueles. En el carro de la historia solo hay muchos que empujan y solo dos que dirigen: los idealistas que están dispuestos a morir y a matar por sus ideales y los ambiciosos que están dispuestos a matar y a morir por su ambición. Normalmente, en algún momento dado, los idealistas son arrojados a la cuneta.
Y tengamos siempre presente también el caso de Bartolomé de Carranza, Arzobispo de Toledo, intelectual erasmista que fue acusado de herejía por la inquisición española y fue finalmente trasladado a Italia y absuelto por el Papa después de un larguísimo proceso en 1576.
Pese a su absolución, nunca volvió a España. Murió en Roma poco después de escribir estos versos:
«Son hoy muy odiosas
cualesquiera verdades
y muy peligrosas
las habilidades
y las necedades
se suelen pagar caro.
El necio callando
parece discreto
y el sabio hablando
se verá en aprieto.
Y será el efecto
de su razonar
acaescerle cosa
que aprende a callar.
Conviene hacerse
el hombre ya mudo,
y aun entontecerse
el que es más agudo
de tanta calumnia
como hay en hablar:
sólo una pajita
todo un monte prende
y toda palabrita
que el necio no entiende
gran fuego prende;
y, para se apagar,
no hay otro remedio
si no es con callar».
- 2. El dictador ya no es poeta

Leo en la introducción al libro Los que susurran, de Orlando Figes:
«Antonia Golovina tenía ocho años cuando fue deportada, junto con su madre y dos hermanos menores, a una “colonia especial” de exilio penal en la remota región de Altai, en Siberia.
Su padre había sido arrestado y sentenciado a tres años en un campo de trabajos por su condición de Kulak o campesino rico, durante la colectivización de la aldea del norte de Rusia donde vivían.
Desde entonces la familia había perdido su casa, las herramientas agrícolas y el ganado, que pasaron a ser propiedad colectiva”.
Lo primero que me llama la atención es que el propio Orlando Figes, uno de los máximos expertos de la época estalinista, no pueda resistirse a denominar a los Kulaks campesinos ricos. En otros libros los he visto llamar “Campesinos acomodados”. Las dos definiciones me parecen incongruentes y equivocadas, o que fácilmente pueden inducir a error.
¿Puede un campesino ser rico? ¿Puede acomodarse un campesino? Acaso no madruga todas las mañanas y se pone a cultivar los campos bajo el sol? ¿Acaso no tiene que cuidar a sus animales durante todos los días del año? ¿Y tanto dinero puede obtener de sus campos o de sus animales para ser “rico”?. ¿Cuántos millones de rublos tenía en el banco la familia de Antonia Golovina? ¿Cuánto era ser rico en la Rusia de 1929?
Un campesino que es rico no es un campesino, es un terrateniente. Si tiene que trabajar sus campos y cuidar su granja para vivir no es rico, es, en todo caso, un poco más rico que la media de los campesinos. Pero no se puede dedicar a vivir de las rentas, a los lujos y los placeres de los verdaderos ricos (y sí, en la Rusia comunista había personas que vivían muy bien, y no eran precisamente los Kulaks, sino los altos funcionarios, los miembros de la élite del partido, etc.)
Ahora bien. ¿De dónde le venía la riqueza a la familia de Antonia Golvina?
Como la mayoría de los campesinos, esta familia había pasado los años duros de la Primera Guerra Mundial, seguidos de los años peores de la Revolución Comunista y la Guerra Civil posterior.
Allí lo habían perdido casi todo. Luego Lenin y Stalin decidieron dar una cierta libertad económica, la llamada Nueva Política Económica (NEP), y esta política posibilitó que algunos campesinos hicieran pequeños negocios vendiendo sus cosechas (parte de ellas) y comprando tierras de otros campesinos a los que les iba peor.
Algunos sacaron partido de esta oportunidad para mejorar sus granjas y aumentar sus tierras, pero siguieron siendo campesinos.
No emigraron a las ciudades, no fundaron bancos ni se dedicaron a la especulación comercial.
No crearon grandes empresas. Eran simples campesinos que habían trabajado duro durante diez años para sacar adelante a sus familias, y habían tenido más suerte o habían sido más trabajadores o inteligentes que sus vecinos. ¿Es eso un pecado?

Por lo visto sí.
Su éxito fue su perdición.
A los que nada tienen, nada se les puede robar.
A los que tienen poco (aunque sean algunas vacas de más), ya se les puede quitar algo.
Stalin, como todos los dictadores, fue un ladrón, un ladrón miserable y cruel.
Dejó que los Kulaks hicieran negocios y se enriquecieran (previo pago de sus impuestos, que los tenían, y eran altos).
Y luego se lo quedó todo, y los mandó a la muerte (tres años en Siberia puede parecer una condena no muy grave, pero pocos volvían, el frío, el hambre y las enfermedades acababan con ellos), y lo hizo generalmente con la complicidad de muchos de los vecinos de estos Kulaks, que los delataban y despreciaban no por ninguna idea política, sino por simple envidia.
Viendo lo que les pasó a Antonia Golovina y su familia (y hubo millones de familias en la misma situación), me horroriza comprobar que más valía ser un vago, un borracho, un holgazán, un inepto, un mal trabajador en definitiva, mientras fueras sumiso, mientras tuvieras la cabeza completamente hueca y te conformaras con poco.
En ese caso Stalin te dejaría en paz. No te robaría nada. No te perseguiría. Como mucho te llevaría a una granja colectiva y allí podrías medrar tranquilamente durante el resto de tu vida. Allí nunca te faltaría ni la comida ni un techo donde cobijarte del frío. Esa es la triste enseñanza de tuvieron que aprender los Kulaks, los intelectuales, los prisioneros políticos, los músicos, artistas, funcionarios y científicos caídos en desgracia: en la Rusia de Stalin el ciudadano útil era el delator, el cobarde, el indolente…
- 3. De donde ladran los perros…
¿Tuvo Hitler toda la culpa? Nos han hecho creer que todas las funestas ideas del Tercer Reich fueron en gran medida suyas, pero algunas ideas son muy antiguas.
El antisemitismo, por ejemplo, es algo muy arraigado en Europa. Curiosamente, la primera matanza de judíos en Occidente está documentada en el año 1012 en la ciudad alemana de Maguncia, pero en la Edad Media hubo asaltos a Juderías en casi toda Europa. Otras ideas, habitualmente consideradas inventos nazis, son de hecho bastante anteriores al nacimiento de nazismo.
Como la idea del «espacio vital», que Hitler no hizo más que llevar a sus últimas consecuencias (como tantas otras). Un ejemplo:
Extracto del texto de 1906 (mucho antes del nacimiento oficial de las ideologías fascistas) del autor alemán E. Hasse El imperialismo y la política colonial:
«No es cierto que haya sitio para todos en este mundo, pero sí que lo hay para algunos grandes Estados, a los cuales, evidentemente, los pequeños deberán someterse».
(Evidentemente, no hace falta que nos preguntemos cuáles son esos grandes estados… ¿Hasta qué punto individuos tan despreciables como Hitler o Mussolini no fueron más que los receptores de un caldo de cultivo que había sido creado por miles de individuos anónimos o con un papel secundario? ¿Dónde empieza la culpabilidad individual y donde acaba la culpabilidad compartida?)
- 4. Los cínicos heredarán la tierra
Bando de Franco para la sublevación del Ejercito de África del 17 de Julio de 1936, dirigido a la Guarnición de Melilla:
«Se trata de restablecer el imperio del orden dentro de la República«.
(Sobran comentarios…)
- 5. El héroe asesino

Marat ha pasado a la historia como un héroe, gracias sobre todo al cuadro que David pintó sobre su muerte y que se titula precisamente La Muerte de Marat.
Cualquiera que vea ese cuadro pensará inmediatamente en Marat como víctima, como cordero degollado.
Pero la verdad es otra.
Un minuto antes de morir, antes de comprender que iba a ser asesinado, Marat estaba cumpliendo con su deber.
¿Y cuál era este deber? Ejecutar enemigos.
Mandar a la muerte a todos los “contrarrevolucionarios” que fuera posible.
En el cuadro de David se ve a Marat escribiendo en un papel. ¿Y qué escribía?
Los nombres de los que debían morir.
De eso trataban sus últimas palabras.
Un minuto antes de morir lo que Marat dijo fue: «¡Está bien, en menos de ocho días irán todos a la guillotina!».
¿Y quiénes eran las victimas? No lo sabía. Ni él mismo los conocía. Eran ciudadanos de provincias contra los que Marat no tenía ninguna prueba. Su única condena procedía de una delación, la delación de una mujer que él tampoco conocía, una mujer que él no había visto nunca.
Se llamaba Charlotte Corday y no era una delatora: era una asesina. Era su asesina. Ella había utilizado ese truco (hacerse pasar por delatora) para acercarse hasta él. ¿Pero cuántas personas habrían hecho lo mismo, pero para delatar realmente a otros? ¿Y a cuántos habría mandado Marat a la guillotina, basándose solo en denuncias anónimas, tal vez infundadas?
¿O acaso no le importaba que pudieran ser infundadas? ¿Cuánto valía tu vida en aquel momento, si cualquiera te podía delatar sin pruebas y su sola palabra te podía valer la muerte? (Las revoluciones…. el lado oscuro de las ideas brillantes y los discursos…)
- 6. Los inteligentes también mueren (tontamente, se podría decir…)
Pensamos y creemos que la cultura sirve para algo. Y que la cultura unida con la inteligencia debe servir para mucho más. Pero la historia, esa puñetera aguafiestas, no deja de jugar al despiste con nosotros. Un buen ejemplo de lo poco que sirve muchas veces la lucidez y la inteligencia (además de, por supuesto, la cultura) es el siguiente:
En 1933 el escritor y filósofo Walter Benjamín escribió a su amigo Gershom Scholem sobre la llegada al poder de los nazis diciendo que “el aire ya no se puede respirar”.

Hay que recordar que estamos en la Alemania anterior a la disolución del parlamento, anterior a las leyes judías y a la noche de los cristales rotos, los nazis aún no habían enseñado los colmillos, y muchas personas que luego los temerían y los sufrirían aún no los consideraban peligrosos, o solo los consideraban un peligro pasajero. Walter Benjamín no.
Él ya se había olido de qué iba todo (y lo de “olido”, nunca mejor dicho).
Pese a todo, pese a que en 1933 aún se estaba a tiempo de escapar o de parar el nazismo (o, al menos, de intentar pararlo), Walter Benjamín acabaría siendo víctima de la guerra y del nazismo que le llevaría a suicidarse en Portbou en 1940 (aunque hay quien dice que fue un asesinato, existe un documental sobre el tema).
En cualquier caso, más que cómo fue su muerte importa un hecho incuestionable: ¿Por qué esperó tanto tiempo para escapar?
¿Y por qué escapó de ese modo tan burdo?
Acabando detenido en la frontera española por un simple problema burocrático. Su inteligencia, su lucidez, su anticipación para ver lo que se le venía encima, al final no le sirvió de nada. Ni se salvó él ni salvó a otros.
- 7. Las putas y la iglesia
Documento de 1422, Archivo Municipal de Castellón:
“El ayuntamiento abona los gastos en Semana Santa de las prostitutas”.
(Citado por F. Roca Traver en su libro Ordenaciones municipales de Castellón de la Plana en la Baja Edad Media)
Que cada uno extraiga sus propias conclusiones…
- 8. El sueño de la razón engendra monstruos: el comunismo, los niños y la familia
Orlando Figes, en su libro Los que susurran explica los planes de los comunistas rusos de la década de los años veinte con respecto a la educación de los niños:
«Tal como consideraban los bolcheviques, la familia era el mayor obstáculo para la socialización de los niños. Al amarlo, la familia convierte al niño en un ser egoísta, y lo alienta a creerse el centro del universo, escribió la teórica de la educación soviética Zlata Lilina. Otro teórico de la educación decía: ‘Obligar a la madre a entregar su niño al estado soviético: esa es nuestra tarea’».
(Pero si los comunistas tenían planes, los nazis los hicieron realidad. Hitler consiguió que muchas jóvenes alemanas tuvieran hijos solo para entregárselos al Partido. Aquí los estados totalitarios, independientemente de su ideología, vuelven a coincidir. Pero en realidad esto no es nuevo.
Tanto los nazis como los comunistas no hacían más que mirar a la Antigua Grecia. Pero no a Atenas: a Esparta.
Los espartanos eran todo menos demócratas.
Y una de las virtudes de su sistema era sacar a los niños de las familias y recluirlos durante veinte años en campamentos militares.
El buen ciudadano espartano no era el que votaba sus derechos y sus obligaciones, sino el que mataba y moría sin piedad y con orgullo por su Polis. ¿Les suena?)
- 9. El párrafo de Rosseau que se saltó Lenin
«La verdadera igualdad no se encuentra en que la riqueza sea la misma para todo el mundo, sino en que ningún ciudadano sea tan rico que pueda comprar a otro ciudadano, ni que sea tan pobre que se vea obligado a venderse».
(Jean Jaques Rousseau, La Cuestión Social)
- 10. Campeones de cinismo (por aclamación popular)
— Candidato primero: Napoleón III

Cuando en 1851 Luis Napoleón Bonaparte, sobrino de Napoleón, se convirtió en Napoleón III gracias a un golpe de estado, lo primero que hizo fue encarcelar a más de 20000 personas acusándolas de intentar acabar con la República Francesa mediante un golpe de Estado, es decir: justo lo que él había hecho.
Luego, para legitimar su usurpación (una vez ya controlaba la policía y el ejercito, y casi todos sus principales enemigos estaban arrestados o muertos), mandó convocar un referéndum popular que, por supuesto, ganó.
— Candidato segundo: Guillermo II, emperador alemán
Guillermo II. Kaiser alemán, mandó una carta al gobierno belga en 1914 donde decía:
“Por ello el gobierno alemán experimentaría el disgusto más profundo si Bélgica considerase como un acto de hostilidad el hecho de que Alemania se vea forzada por las medidas de su adversario a penetrar en territorio belga para su defensa”.
Esta carta es de un cinismo ejemplar.
El emperador alemán les está diciendo a los belgas, ese país “pequeño y despreciable” (con el que por cierto había firmado un pacto de no agresión, que el mismo emperador consideraba “sin valor alguno”) que les piensa invadir, pero “sin mala voluntad”, solo para evitar que los franceses ataquen a Alemania desde Bélgica, cuando lo cierto es que los franceses no tienen la menor intención de invadir Bélgica (porque los franceses sí respetan a los países neutrales y a los países con los que tienen acuerdos, y porque, además, tampoco tienen intención de iniciar ninguna guerra, al menos no hasta que esa guerra es inevitable).
Por eso se “ofendería” si los belgas, ese país “insignificante” (al que por cierto los alemanes también invadieron en la Segunda Guerra Mundial, sin respetar su neutralidad, por supuesto, pero es que “les pillaba de paso”, hay que entenderlos…) mostraran resistencia alguna.
De hecho, resistirse a ser invadidos sería considerado “un acto de hostilidad” (Hitler tomó buena nota de ello, como veremos…).
Así que, ¿Qué opción les quedaba a los pobres belgas?
Abandonar las fronteras y dejarse invadir tranquilamente por cualquiera que pasara por ahí…
Y es curioso, porque esta carta es anterior a la invasión belga, que era el camino más corto de invadir Francia, y ahí el Kaiser cometió un error, porque dejó ver su estrategia.
Al acusar a Francia de pretender atacar a los alemanes pasando por Bélgica, dejó claro lo que ellos, los alemanes, pensaban hacer.
Y sin embargo este error no le salió caro.
Los franceses no tomaron nota de sus planes. Aunque la invasión a Bélgica no le salió gratis: fue una de las causas que decidieron la entrada de Gran Bretaña en la guerra.
— Candidato tercero: Hitler
Hitler, al declarar la guerra a Polonia dijo textualmente que “él había intentado mantener la paz, pero que la actitud hostil de los polacos ante los alemanes le obligaba a declararles la guerra”.

Si no fuera porque como dijo Steven Spielberg después de rodar La lista de Schindler “con los nazis no se pueden gastar bromas”, nos podríamos tomar como un chiste la declaración (dirigida a su pueblo, no al resto del mundo) de Hitler.
Nos podríamos reír un rato del “deseo de paz” de Hitler y de la “actitud hostil” de los polacos (“hostil”, curiosa palabra, cuando la emplea uno de los principales gánsteres de la historia, alguien cuya política exterior era: o me das lo que quiero o te mato, pero no te defiendas, que entonces me lo tomaré muy mal, y será peor, mejor me lo das con una sonrisa, aunque te quite hasta las bragas: véase Checoslovaquia), que no le dejaba (pobre Hitler) más remedio que declarar una guerra “indeseada”.
Sí, podríamos reírnos.
Si no fuera porque los polacos nunca se enfrentaron ni trataron de “ofender” a Hitler (al contrario, “tragaron” hasta que no pudieron más: entonces les declaró la guerra).
Si no fuera porque las ansias expansionistas de Hitler (junto con unos cuantos más: pero no muchos más en este caso, como dice bien Eric Hobsbawm, “ni siquiera el pueblo alemán quería la guerra”, a diferencia con la Primera Guerra Mundial, que tuvo mejor acogida) provocaron la muerte de 50 millones de personas.
Así pues, el cinismo de Hitler no puede ser tomado a broma.
Pero si algo no puede ser es negado e ignorado. Y para eso, para que no pase eso, alguien se debe tomar la molestia de explicarlo bien en las escuelas, y alguien (muchos) se deben tomar la molestia de atender a lo que ese alguien les está explicando. ¿Es pedir demasiado?
- 11. Los viejos amigos
Hitler admiraba a Stalin y Stalin admiraba a Hitler.
Después de La noche de los cuchillos largos, cuando Hitler acabó con las S.A. y mató, entre otros muchos, a su viejo aliado Röhm, uno de las personas que le habían convertido en lo que era, Stalin dijo de él: «¡Qué gran tipo!, ¡Qué bien lo ha hecho!».
Por su parte, en varias ocasiones, cuando Hitler creía que sus generales no entendían sus planes (su genialidad, desde su punto de vista), su reproche principal hacia ellos era: «Tenía que haberlos matado a todos, como Stalin», refiriéndose a las purgas realizadas por el dictador ruso dentro del ejército de la Unión Soviética en el año 1938 (en esas purgas, prácticamente «descabezó» al ejército y eso le costó perder la guerra con Finlandia, pero ese detalle no parecía importarle mucho a Hitler).
¿Por qué será que esta mutua admiración no me sorprende demasiado?
- 12. El úlitmo olvido: valientes que nadan a contracorriente
“Los inquisidores creo que no deberán juzgar a nadie a menos que los crímenes puedan ser documentados con pruebas concretas y objetivas, lo suficientemente evidentes como para convencer a los que las oyen”.
Esta frase pertenece a Alonso de Salazar y Frías, inquisidor de Logroño que se enfrentó a otros inquisidores al defender la inocencia de los acusados de brujería en un proceso multitudinario en el País Vasco (más de 5000 personas implicadas) a costa de su propia vida, pues él mismo estuvo muy cerca de ser acusado por sus propios colegas. Finalmente en este caso la historia acabó bien. Remitidos a Madrid los informes de la causa, el Consejo General decidió decretar la suspensión del proceso en 1614. Otros no tuvieron tanta suerte.
- 13. La naturaleza del poder (visto por una mente lúcida):
«El rey debía estar continuamente alerta para que las clases permanecieran separadas las unas de las otras, de tal manera que no pudieran aproximarse ni entenderse en una resistencia común, y que el Estado nunca tuviera que entenderse a la vez más que con un número muy pequeño de hombres separados de todos los demás».
(Alexis de Toqueville, El Antiguo Régimen y la revolución).
1789 no queda tan lejos… …Y 1830 tampoco…
Recordemos lo que decía Stendhal en su novela Lucien Leuwen sobre el reinado de Luis Felipe de Orleans:
«La banca está a la cabeza del Estado. Hay necesidad de muchos soldados para contener a los obreros y a los republicanos».
Y ya de paso recordemos las tres bancarrotas de Felipe II y su dependencia de los banqueros genoveses y lusos, y preguntémonos si alguna vez la banca ha dejado de estar a la cabeza del estado (de un modo más o menos solapado). O mejor no nos preguntemos nada. Mejor pongamos un programa tonto y sentémonos en el sofá. Pan y circo. Y si no hay pan, entonces doble de circo… ¿también les suena, verdad?
- 14. El origen olvidado del comunismo

«En 1819 un patrón de una fábrica inglesa redujo los salarios a más de la mitad con la excusa de la luz artificial que se tendría que gastar en invierno.
Llegó el verano y la reducción de los salarios continuó.
Luego, al otro invierno quiso reducir aún más el salario.
Los obreros se negaron a trabajar y fueron condenados a un mes de cárcel.
(En 1819 tanto las huelgas como los sindicatos eran ilegales. ¿Y qué pensáis que pasó cuando salieron de la cárcel, ¿volvieron tranquilamente a su trabajo?, ¿creéis que su patrón los recibió con los brazos abiertos, como hijos pródigos?)».
(Citado en el libro: Historia del movimiento inglés, de Morton y Tate)
Otro ejemplo: en 1841 el Ministro de Comercio de Francia defendía el trabajo infantil en las fábricas (a partir de los ocho años) diciendo que era positivo para los niños, pues «el hábito del orden, de la disciplina y del trabajo debe ser adquirido cuanto antes mejor».
Eso era como decirle a un esclavo que debía aceptar cuanto antes su condición de esclavo, y que encima esa condición era beneficiosa para él.
Puro cinismo… (Y no hace falta recordar cómo eran las condiciones de trabajo en esa época para saber qué clase de «beneficioso» futuro esperaba a esos niños…).
- 15. El as en la manga (O como sacar partido del dolor de tu enemigo)
Barcelona 1909. Después de reprimir duramente a los obreros de Barcelona en la Semana Trágica (no querían ir a morir a Marruecos, no querían ser carne de cañón, no querían que a la guerra fueran solo los pobres, ¡qué gentuza!)
El gobierno aprovechó para librarse del maestro y pedagogo Ferrer i Guardia (¡la Escuela Moderna!, ¡el demonio en persona!), al que asesinaron sin contemplaciones (podían hacerlo, tenían la ley de su parte), y, ya de paso, para cerrar otras 120 escuelas laicas de Barcelona y provincia.
Así mataron a dos pájaros de un tiro, y pagaron a la Iglesia por su silencio y por su callada cooperación a la hora de mantener el sistema de la Restauración, un sistema creado por las élites y para las élites y que se quiso mantener aun cuando ya estaba carcomido y podrido en su totalidad.
Y eso aunque alguno de sus propios defensores, como el político conservador Antonio Maura dijera que «Hay que hacer la revolución desde arriba para evitar que la hagan desde abajo».
Pero como pasa siempre, la lucidez de Maura le salió cara…
A él, que probablemente era uno de los políticos que mejor habían comprendido que los problemas sociales de España no se iban a solucionar con “unos cuantos tiros”, le tocó, como Jefe del Gobierno en ese momento, ordenar la represión de los sublevados en Barcelona.
Algunos claramente anarquistas y comunistas, pero otros simples padres de familia, reservistas que solo querían seguir con su vida normal, y que no estaban implicados en ninguna actividad de las que el gobierno pudiera considerar subversiva.
Maura tuvo que ordenar disparar a la policía y al ejército (que, desde luego, se emplearon con ganas) y encima eso le costó luego su destitución.
Y por si fuera poco tuvo que sufrir dos atentados anarquistas, aunque en esto se puede decir que tuvo más suerte que otros políticos de su momento. En cualquier caso, el gobierno, el rey, las clases dirigentes, no hicieron ningún caso de su consejo.
Ponerse a pegar tiros era más fácil.
- 16. Películas… tomen nota, guionistas…
Sobre Munch hay una película. Sobre Rembrandt. Sobre Pollock. Sobre Van Gogh. Sobre Toulousse-Lautrec. Sobre Modigliani no hay una, sino dos (los finales trágicos son los mejores, los que más venden…). Pero faltan tantos…
Así, a bote pronto, se me ocurre uno: Maurice Utrillo. El extraño caso del pintor maldito (en el sentido más habitual de la expresión) que cambiaba sus cuadros por casi todo: sexo, comida, bebida, libertad (libertad en el sentido más estricto, pagando con un cuadro a los policías que lo metían en una celda de una comisaría por borracho), en fin, casi todo lo que un hombre puede necesitar… Y que, habiendo aceptado plenamente su fracaso se tropezó con la felicidad en su vertiente más cálida y doméstica: se casó con una americana rica.
Y sí… Fin de la historia. Fueron felices y comieron perdices. Algo vulgar e impropio de artistas malditos como Dios manda.
(Es muy tentador comparar su caso con el de Pollock, por ejemplo, y jugar a imaginar las oscuras razones que tiene el destino para poner punto final a una buena historia).
- 17. Ocupaciones inútiles para un historiador del arte (que quiera salir en la tele)
1) Buscar la cabeza de Goya.

Su cuerpo está enterrado en San Antonio de la Florida, pero cuando fue exhumado en Burdeos en 1888, para ser trasladado a España, se comprobó que faltaba su cabeza.
Aún hoy no se sabe dónde está, si bien se han seguido diversas pistas: véase, por ejemplo, la novela de Vicente Muñoz Puelles El cráneo de Goya (Valdemar, 2004).
2) Hacer un inventario de las mujeres de grandes pintores que estuvieron a punto de destruir obras maestras de sus maridos por prejuicios sociales, por considerarlos poco valiosas o por descuido.
Por ejemplo: Elena Fourment, segunda mujer de Rubens, estuvo a punto de quemar el cuadro Las tres gracias después de la muerte de su marido porque lo consideraba pecaminoso.
3) Averiguar cuántos genios del arte tuvieron problemas con la justicia y analizar hasta qué punto influyeron estos problemas en su carrera. Dos ejemplos elementales: Bernini y Caravaggio.
¿Puede un gran artista ser un asesino? ¿Merece ser condenado como cualquiera que cometa ese delito o debe ser tratado con indulgencia?
Otro caso sumamente interesante es el de José Ribera, el españoleto, el pintor que mataba a sus competidores (con varios cómplices más). Caravaggio mató en una pelea.
Bernini casi mató a su hermano de una paliza y mandó mutilar a su amante, pero fue un acto pasional, como suele decirse (al menos eso pensó el Papa, que no lo condenó), pero lo de José Ribera era simple política laboral: ningún pintor ponía los pies en Nápoles excepto él y sus socios.
Y pese a todo curiosamente nunca tuvo problemas serios con la justicia y ha pasado a la historia como el gran pintor que era (una cosa no quita la otra).
4) Buscar cuadros perdidos, tesoros ocultos, civilizaciones desconocidas. Si no se encuentran es lo de menos: siempre se hacer un buen documental de viajes.
5) Rastrear y denunciar las grandes meteduras de pata de los políticos. Preferentemente políticos ya muertos y citas registradas de algún modo irrefutable (por si acaso).
Como por ejemplo el mensaje al Congreso del presidente americano Calvin Coolige de 1928 (un año antes del Crack del 29): «El país puede contemplar el presente con satisfacción y mirar al futuro con optimismo».
O la frase de Chamberlain, primer ministro inglés, sobre la firma del Pacto de Munich y la anexión de Checoslovaquia por parte de Hitler en 1938 diciendo que «Después de todo, Checoslovaquia es un país que está muy lejos y del que los ingleses no saben casi nada», así pues, qué puede importar lo que pase allí.
Ver después cómo han reaccionado los grandes pintores del momento ante el resultado de las meteduras de pata de esos políticos. Por ejemplo: la famosa frase de Picasso a un alto mando alemán cuando este le preguntó si “eso” (el Guernica) lo había hecho él. “No. Eso lo han hecho ustedes”, contestó Picasso.
6) La mejor de todas: hacerse pasar por un experto en falsificaciones y dar un buen susto a unos cuantos ricos vanidosos.
- 18. Paisaje vacío
Una de las fotos antiguas o relativamente viejas de paisajes españoles que más me gusta aparece en el libro Por tierras de Aragón, que es, tal y como se dice en el prólogo “una selección de las mejores instantáneas fotográficas tomadas en nuestro territorio durante la década de los cincuenta y sesenta del siglo XX por el gran fotógrafo francés Jean Dieuzaide”.
La foto es cuestión tiene por título Tierras zaragozanas y está tomada en 1961.
En ella se ve un paisaje yerno, absolutamente vacío, agreste y violento, cruzado por un camino polvoriento que se curva y se hunde en la tierra como una serpiente que se desplaza entre el fango, que corta la tierra baldía y deja una cicatriz desnuda y sangrante.

Ese paisaje, cuya localización exacta se desconoce, bien puede corresponder (conozco la zona) a los alrededores de Belchite.
Pero en cualquier caso me recuerda, aunque no sea el mismo, el paisaje que veía George Orwell desde su trinchera en la Sierra de Alcubierre.
Viendo este paisaje, que en los años 36 y 37 sería prácticamente igual que el que nos muestra la foto de Dieuzaide, la absurda matanza de la guerra civil se vuelve más absurda aún.
Los que enseñan historia deberían enseñar la historia junto con la geografía. Viendo esta foto los alumnos deberían preguntarse si este pedazo de tierra vacía, inhóspita y estéril merecía tanta sangre.
- 19. Picasso: el egoísmo en el genio ¿capricho o necesidad?
Después de leer los artículos de Elena Foster y de Rosa Olivares sobre las mujeres de Picasso publicado en el suplemento de moda de El País vuelvo a plantearme la vieja pregunta: ¿Tiene que ser necesariamente egoísta el genio? Veamos algunas pistas:
«Pero Picasso era ante todo un espíritu libre. Nunca permitió que su amor por una mujer controlase su genio, su vida, sus decisiones. Vivía el presente en el amor y cuando este resultaba cansino, cortaba radicalmente las amarras y se iba a otro puerto a buscar inspiración». (Elena Foster)
«Picasso mantiene relaciones prolongadas, tiene hijos con sus parejas, pero cuando las abandona, también abandona a sus hijos, rompiendo el hilo nuclear de la familia. Los hijos son una consecuencia, nunca importan en sí mismos». (Rosa Olivares)
Otro dato, después de su muerte, dos de sus mujeres se suicidaron, y Dora Maar tuvo que ser internada en un manicomio tras de ser abandonada por él. Ella dijo esta frase terrible: «Después de Picasso, solo Dios». ¿Por qué era tan profunda la huella que dejaba en ellas? ¿De quién se enamoraban, del genio o del hombre? ¿Se podía separar una cosa de la otra?
- 20. ¿Escritores malditos?
Al final resulta que Henry Miller no hubiese existido sin Anaïs Nin. Y Anaïs Nin no hubiese podido ayudarle sin el dinero de su marido y de su psiquiatra, que son quienes lo pusieron para editar Trópico de Cáncer. Así que ¿dónde está el mérito de Henry Miller? Fracasó en todos sus trabajos y se hubiera muerto literalmente de hambre (él mismo lo dice) de no haber conocido a Anaïs. ¿Y qué habría sido de Anaïs Nin de no haber tenido un marido tan tolerante?
A ver si al final va a resultar que todos los escritores, hasta los más “malditos” son unos “hijos de papá”, y además, unos cobardes, porque ya lo decía Umbral:
«Si todo escritor escribiese una carta a su padre, sincera y dura, estaría salvado. Pero prefieren hacer el melodrama novelado de su padre…» Pues eso…
- 21. ¿Políticamente incorrecto?
«En cuanto a mí, me sentía (escojo las palabras con cautela) insoportablemente excitada al tener a dos hombres tan cerca el uno del otro. Bastante escandalizada, me decía a mí misma: ‘¡Te estás comportando como una puta! ¿Es lo que eres, por naturaleza?’. Pero en realidad estaba muy orgullosa de mí misma, del efecto que podía ejercer».
(J. M. Coetzee, Verano)
¿Qué pasaría si estas palabras, esta idea, las expresara otra persona, en otro lugar, en un aula, en una plató televisivo… en sitios con mucha audiencia? Seguro que alguien, muy listo, decía: «Eh, este tío ha dicho que todas las mujeres son unas putas…» (o algo así), y se armaba la de Dios…
- Final: la historia no existe pero es todo

Siempre digo que la historia sirve para desenmascarar las mentiras que nos han contado los que nos han contado la historia.
Si uno se mete a fondo en un tema, el que sea, no tardará en descubrir que las cosas no sucedieron como le contaron en la escuela, o como le contaban sus padres o sus abuelos, o como se empeñan algunos en seguir haciéndonos creer que sucedieron.
Los ejemplos son infinitos. Y pondré uno:
Todavía hay quien dice que Franco no entró en la Segunda Guerra Mundial porque no quiso, porque él mismo (“en su infinita sabiduría”, podríamos decir) comprendió perfectamente lo que iba a pasar (incluso más: “su infinita clarividencia” le hizo evitar el desastre).
Pues bien, esto es una gran mentira (y no lo digo yo, lo dice Paul Preston, entre otros), pero esto se sabe ahora, después de que durante más de 60 años los niños de las escuelas estuvieran aprendiendo otra cosa (yo mismo, en EGB, se lo escuché decir a mi profesor de Historia, y para entonces Franco ya había muerto).
Muchas veces me he preguntado, cuando trabajaba dando clase a adolescentes españoles (cosa que hoy por hoy, aunque pueda parecer lo contrario, aún es posible), qué clase de mentiras les estaba contando, involuntariamente, o con buena voluntad pero equivocándome, a mis alumnos.
Naturalmente un profesor que se pregunte por el sentido de su trabajo está vendido. Lo más normal es que todo acabe en una baja por depresión. Pero pese a todo considero que uno tiene que buscar el sentido a lo que hace, así como el sentido a su propia existencia, pues mientras no se demuestre lo contrario aún somos seres humanos y la inteligencia (y su uso ocasional) es una característica fundamental del ser humano.
Así pues creo que la historia sirve para algo, para ejercer una especie de justicia básica, aunque sea tarde y sea inútil. Y también creo que la historia no existe y lo es todo. Me explicaré:
Hay una corriente historiográfica llamada “Presentismo” que dice que toda la historia es presente, lo que en el fondo viene a decir que la historia no existe. ¿Por qué? Porque nosotros lo vemos todo con nuestra mentalidad actual. Podemos estudiar el imperio romano, pero no podemos meternos en la piel de un romano, por mucho que nos empeñemos.
Nuestra versión del imperio romano será siempre la versión de un occidental culto (más o menos culto) del siglo XXI, y esa versión será muy distinta a la versión del imperio romano que presentó en su momento un occidental culto (más o menos culto) del siglo XV, por decir algo.
¿Y cuál es más verdadera y cuál es más falsa? ¿Podemos desenterrar a un romano y decirle: “Bueno, tú, explícanos por qué haces realmente esto”? No. No podemos. Y las razones que demos dependerán de nuestra manera de ver el mundo, de nuestra mentalidad contemporánea, y siempre trataremos inconscientemente de ver a los romanos como vemos a nuestros vecinos de hoy en día, desde el presente.
Pero además de no existir, la historia es todo. ¿Qué es la historia si le quitamos el arte, la filosofía, la teología, la economía, la literatura, etc.? ¿Cómo podemos estudiar una época sin estudiar todo eso? Por eso en estos artículos no se habla de historia; se habla de arte, de literatura, de economía… ¿O sí se habla de historia?
nuestras charlas nocturnas.
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