Karolina Olsson, la mujer que durmió treinta y dos años …

marcianosmx.com/Muy Interesante(M.A.Sabadell) — En los registros históricos, raramente se encuentra un relato tan insólito como el de Karolina Olsson.
La joven que se sumió en un sueño de décadas y despertó en un mundo desconocido.
Su odisea, una mezcla de enigma y maravilla, arroja luz sobre los misterios del sueño y la mente humana.
La crónica comienza con Karolina, quien, a sus catorce años de edad, se convirtió en un personaje digno de fábula al caer en un sueño profundo.
Un letargo que se extendería por treinta y dos años. Cuando finalmente despertó, a los cuarenta y seis años de edad, la realidad circundante era drásticamente diferente. Pero, ¿qué llevó a esta joven a sumergirse en un sueño que desafía toda lógica? Aunque tenía otros cinco hermanos, Karolina era la única mujer.
Todo sucedió con normalidad hasta que llegó a la adolescencia. Un día, llegó a casa con el rostro hinchado y un dolor de muelas horrible.
– El largo sueño de Karolina Olsson.
La familia Olsson vivía en Oknö, una isla cerca del pueblecito costero de Mönsterås, en el sureste de Suecia. Esta familia pesquera iba a recordar el 18 de febrero de 1876 como el peor día de sus vidas. Un vecino acababa de llevar a casa en su tartana a su hija de 14 años, Karolina, con un golpe en la cabeza y sangrando abundantemente. Nadie sabía lo que había pasado pero todo el mundo supuso que se habría resbalado en el suelo helado.
La madre limpió la sangre de su hija con agua caliente y un trapo limpio. Por suerte, solo había sido un susto. Tenía hambre y se sentó con sus padres y sus otros cuatro hermanos a comer sopa, arenque y pan. Los días siguientes pasaron normalmente y la familia se olvidó rápidamente del golpe.
Pero la tarde del 22 de febrero Karolina empezó a quejarse de un fuerte dolor de muelas es a causa de las brujas, la mandaron a la cama. Esa sería la última vez que verían a su hija despierta.
Supuestamente cayó de bruces en el hielo mientras cruzaba un río congelado en la localidad de Oknö, en Suecia. Era una época donde el mejor remedio para aliviar el dolor era meterse en la cama y esperar a que pasara. Ese sería el último recuerdo de la joven antes de sumergirse en un largo sueño. Los años pasaron y su familia, desconcertada por su inquebrantable sueño, buscó respuestas. La medicina convencional se quedó perpleja ante el caso de Karolina Olsson.
El padre de Karolina era un pescador y no ganaba lo suficiente como para permitirse pagar un médico, así que junto con su esposa fueron a pedir consejo a la partera del pueblo y a sus amigos más cercanos. La niña no se despertaba pero si no hacían algo moriría por no comer; su madre, con mucho cuidado, empezó a alimentarla dándole dos vasos de leche azucarada al día.
El tiempo pasaba y los vecinos, entristecidos, decidieron pagar entre todos la visita del médico, que fue incapaz de despertarla: ni zarandeándola, ni pinchándola con alfileres en el dorso de las manos, ni acercándole sales a la nariz… La niña, dijo el médico, estaba en coma, y le entregó a la señora Olsson un frasco de tónico con el objetivo de que la niña no se debilitara. Rechazó el pago de la visita y se marchó.
Los médicos de la época dijeron que la condición de la joven desafiaba cualquier comprensión convencional de los trastornos del sueño. Los esfuerzos por despertarla resultaron en vano, incluso cuando se recurrió a métodos más extremos, como la aplicación de shocks eléctricos. En medio de la incertidumbre, su madre se convirtió en su cuidadora constante. Karolina permaneció en su cama, aparentemente inalterada por el paso del tiempo.
Durante todo un año el médico la estuvo visitando para comprobar su estado, que no cambiaba, y cuentan que le llevaba o un tónico o un caldo para la niña. Algo tenía que hacer y escribió al editor de la Revista Escandinava de Medicina describiendo el caso y pidiendo ayuda. La respuesta fue casi inmediata: por casa de los Olsson desfilaron multitud de médicos que con sorpresa pudieron comprobar que no le crecía ni el pelo ni las uñas de las manos ni de los pies.
La familia les contaba que a veces se incorporaba en la cama con los ojos cerrados mascullando oraciones que había aprendido en la escuela.

Las décadas pasaban mientras la madre, inquebrantable, seguía alimentándola y cuidándola.
El punto de inflexión en la historia llegó muchos años después, cuando una nueva ama de llaves asumió el rol de cuidadora tras la muerte de su madre, en 1905.
En un lapso de tres años se descubrió que algo estaba cambiando.
Extraños sonidos emanaban desde la habitación de Karolina Olsson, y su llanto marcó su regreso a la vigilia en 1908.
Aunque pasó más de la mitad de su vida en un sueño profundo, despertó tan confundida como una niña.
Con el paso de los años la niña se había convertido en mujer pero no despertaba.
En 1892 la visitó Johan Emil Almbladh, un cirujano que acababa de establecer ese año en Mönsterås: le diagnosticó histeria.
En julio Karolina fue hospitalizada en la ciudad cercana de Oskarshamn, donde le aplicaron terapias electroconvulsivas.
Como no consiguieron nada, le dieron el alta el 2 de agosto con el diagnóstico de demencia paralítica, un trastorno neuropsiquiátrico grave asociado a la sífilis.
Estaba claro que no sabían qué le pasaba a aquella mujer que ya llevaba 16 años ‘dormida’.
No volvió a verla ningún otro médico.
– Karolina Olsson regresa a la vigilia.
En 1904 moría su madre. El padre era demasiado anciano para preocuparse por ella, así que las vecinas y una criada se dedicaron a cuidarla y darle todos los días sus dos vasos de leche. Tras la muerte de su hermano en 1907, Karolina comenzó a llorar de forma histérica, pero permaneciendo en ese supuesto coma. Y la noche del 3 de abril de 1908, 32 años y 42 días después de caer dormida, despertó.
La criada la encontró llorando y pateando en el suelo. Cuando llegaron los dos hermanos que aun vivían no los reconoció. Estaba muy delgada y pálida, y durante los primeros días la luz le molestaba. Estaba débil y tenía dificultad para hablar, aunque podía leer y escribir, y recordaba todo lo que había aprendido antes de quedarse ‘dormida’.
La mujer no recordaba haber dormido durante 32 largos años, y ni siquiera logró reconocer a sus hermanos. Entre el desconcierto y la fascinación, los médicos se dedicaron a analizar el caso de Karolina Olsson. Pues a pesar de las décadas pasadas en el sueño, su capacidad de recuperación sorprendió a todos.
Aunque experimentó pérdida de peso y lucía más joven de lo que cualquiera esperaría, su mente y cuerpo no mostraban signos de daño severo. Recuperó el habla y la fuerza en su cuerpo en cuestión de semanas.
Esto provocó que muchos empezaran a sospechar que todo era un engaño. La intrigante historia de Karolina planteó numerosas interrogantes. ¿Era su caso una manifestación de algún tipo de psicosis desencadenada por un trauma profundo? ¿Su familia intentaba protegerla de cualquier interacción con el mundo exterior? ¿O, acaso, el sueño prolongado fue una respuesta única de su mente para enfrentar situaciones insoportables?
La noticia corrió como la pólvora y periodistas de medio mundo fueron hasta Oknö para entrevistarla. Los que la visitaron decían que pese a tener 45 años parecía de veintipocos. A petición del gobierno se sometió a una serie de pruebas psiquiátricas en Estocolmo. Los médicos dictaminaron que estaba en plena posesión de sus facultades mentales.
Fue «brillante y alegre» en sus respuestas a las preguntas de los médicos, aunque solo un tema parecía preocuparle: cuando le preguntaban sobre si podía recordar algún sueño de su tiempo en coma, se mostraba taciturna y se negaba a responder.

Durante cuarenta y dos años después de regresar al mundo de la vigilia, Karolina forjó una vida que se entrelazaba con los misterios de su propio pasado.
En 1910 el psiquiatra Harald Frödeström conoció a Karolina y dos años más tarde publicaba su informe del caso, ‘Soverskan på Oknö’ (la durmiente de Oknö) donde descartaba que fuera un caso de hibernación.
Sospechaba que había sufrido algún tipo de psicosis provocada por un evento traumático, que la empujó a escapar del mundo.
Frödeström aventuró que su madre la protegió y apoyó en esa decisión.Para el psiquiatra era evidente que algo muy grave tuvo que sucederle aquel lejano 18 de febrero de 1876.
Karolina murió de un derrame cerebral en 1950, a los 88 años de edad. Las personas que la conocieron dijeron de ella que era muy trabajadora y que parecía contenta con su vida.
La historia de Karolina trasciende los límites de la comprensión convencional y se erige como un recordatorio de que en los recovecos de la mente humana yacen enigmas insondables.
– Otro caso similar el de Ellen Sadler, la joven que durmió durante 9 años

“La niña dormida de Turville” es el apodo que recibió Ellen Sadler, la joven inglesa que se acostó a dormir una noche y despertó nueve años después.
Aunque parece la trama de un cuento infantil, este peculiar caso probablemente derivó de una condición de salud real conocida como narcolepsia.
En el año de 1871, la joven de 11 años de edad se acostó a dormir y no despertó hasta 1880.
Previo a este sueño de nueve años, Ellen Sadler manifestó algunos padecimientos médicos, por lo que pasó algún tiempo internada en un sanatorio.
A su corta edad, la pequeña ya se ganaba la vida como niñera en la vecina localidad de Marlow.
Mientras trabajaba, comentó a sus patrones que tenia fuertes dolores de cabeza, somnolencia y un cansancio inusual. Los síntomas se agravaron hasta el punto que le resultó imposible seguir desempeñando adecuadamente su trabajo.
La joven regresó a Turville y, tras una evaluación médica, se quedó varios meses en el hospital.
Tras casi medio año en el sanatorio, finalmente la dieron de alta. Una vez en casa de sus padres, Ellen Sadler sufrió varios episodios convulsivos hasta aquella noche en que empezó su letargo de casi una década.
La niña dormida de Turville se convirtió en todo un fenómeno. Curiosos de diversas partes de Europa viajaban hasta la casa de la pequeña para verla inmersa en su “sueño eterno”. Ann, su madre, solía suministrarle alimentos líquidos, como leche o té. Pero, tras algún tiempo la boca de Ellen Sadler se cerró y la familia no tuvo más que seguir suministrándole líquidos por una ventana que dejó un diente faltante.

Su sistema digestivo dejó de producir residuos sólidos y de vez en cuando defecaba fluido.
Creyendo que se trataba de un engaño, algunos visitantes llegaron a picarla con alfileres para despertarla.
Además de los reportes que cubrieron la historia durante varios meses, un equipo médico daba seguimiento al caso.
Sin embargo, nadie pudo explicar la condición de la joven.
La casa de los Sadler llegó a ser conocida como “Sleepy Cottage” y se convirtió en punto de referencia para los locales.
En un artículo publicado por The Daily Telegraph, el periodista señaló que apreció color en los labios y mejillas de Ellen Sadler.
“Aunque, su carne lucía flácida y débil. Sin mucha sustancia. En lo que respecta a la respiración de la niña, es tan débil que resulta muy difícil de apreciar”, escribió agregando que sus pies estaban helados.
Los Sadler siguieron recibiendo donaciones para mantener a la pequeña mientras seguía inmersa en el sueño. Eventualmente, muchos empezaron a especular que se trataba de una farsa para recaudar dinero. Sobre todo, cuando Ann, la principal cuidadora de Ellen, murió de un ataque cardíaco en 1880 y la joven despertó de su letargo al poco tiempo.
Ahí surgió la hipótesis de que la madre de Ellen Sadler la drogaba para mantenerla dormida. Y es que, en esos nueve años, Ann se rehusó a que la niña fuera trasladada a un hospital londinense donde la examinarían a profundidad. Además, tampoco permitía que los médicos se quedaran con la joven durante mucho tiempo.
Pese a las teorías de fraude, actualmente algunos expertos consideran que Ellen Sadler pudo padecer narcolepsia. Un trastorno del sueño caracterizado por episodios espontáneos de somnolencia o crisis inusuales de sueño.
Cuando Ellen Sadler finalmente salió del letargo, no recordaba nada de los últimos nueve años. Además de algunos problemas del crecimiento, también resultó con perturbaciones en su visión. Sin embargo, de forma general su salud no resultó afectada. Se casó, tuvo nueve hijos y murió a finales de la década de 1910.
Deja un comentario