actualidad, opinion, variedades.

Eroticosas: Hablemos de sexo …


– Apuntes sobre la eyaculación femenina

Jot Down(A.Miller) — Todos conocemos el semen. El esperma. La semilla. En definitiva, ese líquido blanquecino y pegajoso que brota durante la eyaculación masculina. Una autopista de espermatozoides que entre codazos y zancadillas intentan fecundar vaginas, ojos, culos, caras, bocas. En mi imaginación toman la forma de una multitud de señoras mayores rabiosas durante las rebajas.

O tal vez los veo encarnados por una jauría de furiosos guerreros en las Tierras Altas escocesas que luchan con armas de inconcebible filo por salvar la vida. Por crear la vida.

Cómo me gusta andarme por las ramas. En realidad esta quería ser una mera introducción para el desconocido protagonista de nuestra historia: el squirting. Muchos lo toman por una invención pornográfica, la mayoría duda de la existencia de la eyaculación femenina. Solo las que lo hemos vivido sabemos que está ahí, como un fantasma que nos acecha durante nuestras relaciones sexuales.

En mi caso la eyaculación aparece de manera espontánea y sin que haya demasiada contribución por mi parte. A veces es un chorrillo y otras veces una auténtica explosión, pero nunca he conseguido controlar mi expulsión de ambrosía a voluntad. Lo que resulta un absoluto fastidio cuando te toca cambiar las sábanas después de crear un charquito de placer.

Otras mujeres saben controlar esta eyección de fluidos de manera magistral, muchas eyaculan cada vez que tienen relaciones sexuales o cuando son estimuladas de una manera concreta, pero las estadísticas nos dicen que la mayoría de mujeres nunca han experimentado lo que es un squirt.

Por este motivo vamos a dar un rápido repaso a los conceptos básicos.

Las culpables de esta lluvia son las glándulas de Skene, situadas cerca de la uretra y calificadas como «la próstata femenina».

Cuando la mujer alcanza el orgasmo estos agujeritos segregan un liquido de textura y consistencia variadas: desde cremoso y blanquecino a inodoro y transparente.

A veces, cuando las glándulas rebasan su capacidad, el fluido se expulsa sin que medie ningún orgasmo de por medio.

Es decir, se puede tener un squirting gigantesco y esto no tiene por qué significar que la señorita en cuestión haya paladeado la petite mort.

Como siempre que hablamos de cuestiones sexuales, no todos los cuerpos siguen un mismo patrón. A veces el líquido expulsado es casi imperceptible, pero en ocasiones la catarata de placer puede llenar vasos y bocas, como nos ha enseñado la pornografía.

Pero ¿cómo se consigue? Estimulando el mal llamado punto G, situado en la pared anterior de la vagina. Y es que este supuesto punto en realidad es una región relativamente amplia, rodeada de carne esponjosa que se hincha cuando estamos excitadas. Los tejidos que lo componen tienen el mismo origen biológico que el tejido prostático masculino, así que son sensibles y erógenos en extremo.

Primero y antes de nada hay que estar muy relajada, sin tensiones ni listas de la compra en la cabeza. Sirve de ayuda el colocar almohadones debajo de la pelvis y mantener las piernas levantadas y abiertas, respirar de la manera más tranquila posible y no obsesionarse con llegar a la eyaculación (practicar ejercicios de Kegel tampoco está de más).

Examina las reacciones de tu cuerpo y ve poco a poco masturbándote tal y como lo haces normalmente para pasar a introducir los dedos dentro de la vagina.

En este punto no está nada mal tener un buen acompañante que te ayude: es mucho más fácil mantener la calma cuando estás guiando a otra persona que mientras estás luchando por tener una respiración pausada, la pelvis en alto, las piernas abiertas y media mano dentro del coño.

Que ponga una de sus manos libres en la zona baja de la tripa, creando presión desde fuera para que los dedos alcancen mejor su objetivo.

Los movimientos han de ser rítmicos, seguros y firmes, cada vez más rápidos pero sin imitar a una taladradora. En algún momento, si todo está saliendo bien, sentirás una opresión en el bajo vientre, semejante a la que tienes cuando necesitas hacer pis.

Continúa con los movimientos dentro de la vagina, pero en vez de intentar retener la sensación relaja la pelvis y haz presión hacia fuera con los músculos de tu suelo pélvico. ¡Voilà! ¡Squirting!

Ya que no todo es tan simple como parece y entender la teoría no significa que podamos llevar los ejercicios a la práctica, siempre recomiendo hacer una visita a alguien que pueda orientarnos. Y es que dentro de nuestro país se dan bastantes seminarios y workshops que nos ayudan a liberarnos de los bloqueos y para abrazar la eyaculación femenina con amor y confianza.

Recuerdo al gran José Toirán (quien me enseñó a mi, por cierto), Diana Pornoterrorista y Erotic Canela, pero estoy segura de que hay más.

También sé que, por mucho que os jure con solemnidad sobre el Mapa del Merodeador, habrá escépticos que no me creerán. Y es que los estudios sobre este tema son confusos, contradictorios y bastante limitados. Ni siquiera dentro de mi industria hay consenso acerca de qué es exactamente o de dónde proviene este manjar de dioses.

Recordemos que a lo largo de la historia el placer de la mujer ha sido castigado y solo desde hace muy poco tiempo se nos ha permitido explorar nuestros cuerpos y nuestra sexualidad de forma relativamente libre. La naturaleza sexual femenina ha sido rechazada, aceptada únicamente como una herramienta para la procreación.

Afortunadamente nuestras mentalidades y el contexto social han cambiado desde entonces, pero todavía queda mucho camino por recorrer y muchos tesoros que descubrir. Abramos nuestras mentes y nuestros cuerpos y recibamos con gusto los nuevos conocimientos.

– Entrene su cuerpo para el placer anal

Parece el título de una serie de DVD educativos, ¿verdad? «Sphincter training, ahora con el doble de capacidad rectal garantizada». Meta un puño por su recto, hurgue dentro de lo más profundo de sus entrañas. ¡Descubra cuántos dildos caben en su ano!

Los lectores y lectoras que busquen respuesta a todas estas preguntas estarán decepcionados porque hoy mi labor es enseñarles, simplemente, cómo dilatar apropiadamente sus esfínteres. Esos delicados anillos que se encargan de mantener ciertos desechos del aparato digestivo dentro de su cuerpo pero que estimulados adecuadamente pueden llevarle a tocar con las puntas de los dedos el más vibrante de los orgasmos.

La gran pregunta ha llegado. ¿Cómo practicar sexo anal sin morir en el intento? Viendo el fervor y entusiasmo popular que existe por dominar los intríngulis de esta práctica, aquí tenéis mi guía básica de ejercicios para dilatar el ano:

Paso 1: Ponte cachonda. Muy cachonda. Yo uso mi querido Hitachi Magic Wand (ese vibrador enorme con forma de micrófono que hace más ruido que un Boeing 747 despegando) para estimular mi clítoris hasta que estoy que me subo por las paredes. Importante: ¡no te corras! Quieres estar cachonda para que te entren ganas de penetrar ansiosamente y con fruición todos tus agujeros.

Paso 2: Usa lubricante. Mucho, tanto como necesites. 

Yo utilizo Backslide, de ID Lubricantes, pero puedes lubricar con lo que te apetezca (¿has visto El último tango en París?). La idea es que no haya ninguna fricción innecesaria y dolorosa.

Paso 3: Hazte con un par de buenos plugs anales. Yo uso el small size y el medium size de la marca The Cork, comercializados por el sex shop Malicieux.

¡Y estoy supercontenta!

Os cuento las características que a mi parecer debe tener un buen dildo anal, para que no os den gato por liebre y os acabéis sacando los intestinos:

—Material suave y ligeramente flexible. Estos que uso son de silicona, lo que permite que sean fáciles de lavar.

¡Y no retienen olores! (No, no queremos dildos que huelan a culo).

—Forma de cono, que aumenta de tamaño suavemente, in crescendo. Muchos plugs tienen aspecto de bola o cono ancho y suelen ser más complicados de introducir. 

—Base en forma de «tira», no de «círculo». Intentaré explicar esto: por algún motivo que desconozco todos los fabricantes de plugs anales se han puesto de acuerdo para fabricar dildos con base de forma circular.

Para el coño no hay ningún problema, porque no tienes pensado ir a la compra con un consolador entre las piernas (¿o sí?), pero ¿y si quiero llevar puesto mi plug mientras hago cosas?

Algo muy recomendable para que tus músculos se relajen y se acostumbren a esta sensación. En ese caso, todos los plugs anales que acaban en bolitas, brillantes, pedrería, círculos, engarces, cadenas, colas de caballo, látigos de siete puntas y demás mamarrachadas resultan tan cómodos como llevar un palo de escoba metido por el culo.

No te puedes sentar, te rozan las cachas mientras caminas. Para entendernos: lo notas constantemente, como cuando te pones mal un tampón.

Y este es el motivo principal por el que estos dos que os recomiendo me en-can-tan. La base tiene forma de tira, se acomoda en la raja de tus nalgas sin ningún problema. Y así los puedo mantener dentro de mi cuerpo casi olvidándome de que los llevo.

Aprovecho este espacio para hacer un llamamiento a todas las mujeres y hombres del mundo para que uséis plugs anales mientras realizáis vuestras rutinas diarias: id a la universidad, salid a hacer la compra, tumbaos a leer o pasad la fregona mientras vuestro ano se dilata. 

¿Y por qué uso dos dildos, y no solo uno? Para poder ir expandiendo las fronteras de mis esfínteres despacio, sin brusquedades.

Primero te introduces el más pequeño, que suele resbalar sin problemas hasta el final. Después de un rato con él puesto (¿horas? ¿minutos? Depende del cuerpo y la capacidad de cada uno) y cuando te sientas cómoda, ve a por el mediano. A veces cuesta, así que hay que ir con cuidado y usar buenas cantidades de lubricante.

No está mal marcarte tiempos de «entrenamiento» cada día en caso de que tus esfínteres sean estrechos y quejicas, como los míos. Pongamos que hablo de Historia de O.

Empieza llevando el dildo una hora al día y ve aumentando los periodos hasta que veas que el terreno empieza a ensancharse hasta el punto que tú quieras.

Sé paciente y no intentes meter más de lo que puede entrar, te harás daño; la sensación de meterte cosas por el culo es muy diferente a cualquier otra, no tiene nada que ver con el sexo vaginal, así que date tiempo para acostumbrarte a la sensación hasta que consigas encontrarla placentera.

Recuerda que tu ano cuenta con dos esfínteres: el exterior se relaja a voluntad, pero el interior se contrae de forma automática. Así que aunque mentalmente estés relajada, puede que no consigas que entre nada. Tómatelo con calma. A veces ayuda «hacer presión» hacia fuera, como si fueses a dejar un pino plantado sobre el consolador. 

Y ya que estoy hablando de caca, hay que hacer una mención especial al uso inherente que la naturaleza dio a la zona donde la espalda pierde su casto nombre. O dicho de otra manera: quien hurga en la olla encuentra lentejas. Jugar con culos a veces implica tropezar con mierda. Don’t panic.

Puedes utilizar antes una lavativa, o simplemente limpiarte bien y seguir. Y si la cosa se escapa a tu control, aparca los dildos y déjalo para mañana. Tranquilos, aquí acaban mis comentarios escatológicos. Damas y caballeros, disfruten de sus anos.

– El arte del blowjob

Los que entráis en este artículo buscando algún truco mágico e infalible para complacer los deseos carnales de vuestro amante quedaréis decepcionados con lo que vengo a contaros. Y es que no existe un botón mágico, una posición ni un movimiento de lengua en tres sencillos pasos que asegure a ciencia cierta un orgasmo de dimensiones estelares.

En la vida real los trucos de la Cosmopolitan y los consejos de las webs «para mujeres» son anecdóticos, referencias con las que puedes acertar o meter la pata hasta el fondo. Y ahora que este concepto ha quedado claro, es cierto que hay una serie de puntos que en mayor o menor medida suelen funcionar.

La disposición. Las mamadas hechas con desgana nunca funcionan, y es que la felatriz ha de disfrutar tanto o más que su amante en esta celebración del placer. Esto ha de convertirse en un ir de la mano (o de la boca) en busca de los campos del edén, los fuegos artificiales, la petite mort.

En el momento en el que uno camina hacia el orgasmo mientras el otro pone cara de circunstancias algo está saliendo muy pero que muy mal.

Un buen francés tiene que ser generoso, desinteresado, elaborado con la calma y la precisión que pone el relojero en arreglar cada una de sus piezas. Haz que la carne de tu amante vibre, se ensanche y crezca hasta que no quede ni un resquicio seco en la tela de tus bragas. Disfruta del calor infinito dentro de la boca, sabiendo que eres tú la que lleva el control de la situación. Cuando la polla esté tan hinchada que parezca que va a explotar, para.

Solo durante unos milisegundos, los suficientes como para poner cara de hija de puta, guiñarle un ojo para que sepa que puedes hacer que se corra en cuanto te dé la gana, y cuando su cara se retuerza en una mueca de «¿no irás a parar ahora, verdad?» le haces una buena garganta profunda. Hondo, que te den arcadas. Que las babas le resbalen por los huevos.

Dejar el orgasmo casi a punto unas cuantas veces te asegurará una corrida épica. De las que atraviesan el cuarto y se quedan colgando de la pantalla de la tele. Una de esas que te jode el tapizado del sofá de la salita. Digna de enmarcarla y enseñársela a tus amigos cuando vengan a casa de visita: «Mira, mira, aquí fue donde Eusebio dejó plasmado todo su amor. Su estirpe. Su virilidad. La sábana santa de nuestra vida sexual».

Ay, que me voy por las ramas. Yo estaba hablando de cómo hacer una buena mamada.

Punto uno: ponle mucho interés. Punto dos: pierde el miedo al pene. El pene es tu amigo, está aquí para darte gustito, así que nada de cogerlo como si estuvieses sosteniendo un jarrón de la dinastía Ming. Agárralo con ganas.

Hay chicos a los que les gustan las embestidas fuertes presionando la polla como si no hubiese un mañana y otros que prefieren que les rechupetees como si te comieses un Calippo. Para gustos colores, así que ante la duda es mejor preguntar. O si te da un arrebato de vergüenza inesperado, ve probando cosas diferentes (a ser posible de menor a mayor intensidad, no empieces con un mordisco en el prepucio) y analiza las reacciones de tu compañero.

Lo que me lleva al punto tres: utiliza la empatía. Observa si algo le está gustando o no por los gestos, los gemidos… Si te grita con cara de dolor es momento de parar. Si tiene espasmos en las piernas y sus ojos miran hacia el cielo al estilo del éxtasis de santa Teresa es que vas por el buen camino.

En general la zona del frenillo suele ser la más sensible, y a muchos chicos les vuelve locos que les pases la lengua por los testículos. Otros lo odian, así que hay que ser precavida.

Lo que les suele gustar a todos por igual es que succiones la polla mientras practicas un movimiento de torsión.

Comprime tus mejillas hasta que parezcas Mario Vaquerizo y aspira todo el aire que puedas tener dentro de la boca.

La idea es que parezcas una aspiradora que gira sobre sí misma —pese a mis descripciones todo esto se puede hacer de forma muy elegante, lo prometo—.

Las gargantas profundas siempre son el triple-hit-combo de la cuestión, pero su buen hacer se merece un artículo aparte.

Si tienes dudas en cuanto a la teoría, deja que la intuición y el sentido común sean tus aliados.

Punto cuatro: la humedad. No es cuestión de crear una inundación ni de encharcar la cama a base de babas, pero en general nunca es mala idea un poco de saliva que sirva de lubricación natural. Tocar un pene a palo seco es el equivalente a que te metan tres dedos sin lubricante. Raspa. Duele.

Punto cinco: el espectáculo. Si quieres que tu compañero te diga que haces el amor igual que una estrella del porno (ja) tienes que aprender a hacer un buen show. El juego de las miradas suele ser muy efectivo: en lugar de cerrar los ojos concentrada mantén su mirada mientras te metes la polla en la boca, deja que los hilos de saliva cuelguen de tus labios y míralo fijamente paseando tu lengua por su glande con movimientos imposibles.

Las opciones son infinitas, así que dale caña a la imaginación: busca posturas que le dejen observar las formas más excitantes de tu cuerpo, usa un conjunto de ropa interior que te guste, mastúrbate mientras le comes. La cuestión es crear un contexto que tenga como fin la excitación.

Y por último, el ansiado punto seis: la corrida.

Siempre he dicho que los penes son bastante más interactivos que las vaginas. Sin contar con aquellas afortunadas que hacen squirtings, el hombre tiene un atributo que a mi gusto suma una cantidad maravillosa de posibilidades al arte de la felación: poder elegir dónde correrse. En el fondo me da envidia, y sé que Freud tendría mucho que decir sobre esto.

Cara, boca, tetas, culo, coño… Lo que debemos recordar a la hora de hacer que tu amante eyacule es no apretar demasiado, aprender a parar en el momento adecuado y no cambiar repentinamente el ritmo. Todo irá de perlas si además añades el show: miraditas, jugueteo y diversión.

Y ahora que has leído todo esto, haz lo que te dé la gana; no soy nadie para darte consejos. Hablad entre vosotros y decidáis lo que decidáis, poneos a ello. Ahora, mientras acabáis de leer este texto. Y me contáis qué tal en los comentarios.

(Este artículo está redactado desde mi punto de vista, como mujer, y por tanto los pronombres usados son los femeninos. Insto a los lectores a que sustituyan los pronombres por él, ello, ellx, ell@ o la opción que más les apetezca).

– Hablando con la boca llena: el cunnilingus

«Cómo comer bien un coño» encabeza todos los años la lista de asuntos más buscados en Google, y es que los órganos genitales femeninos siguen siendo ese gran desconocido al que todo el mundo quiere complacer.

Hay una primordial diferencia que impide deleitar a los coños con la simplicidad con la que te comes una polla: están ocultos. Tienen recovecos, pliegues, superficies irregulares que solo puedes llegar a conocer mediante la práctica sobre el terreno y el conocimiento del medio en cuestión.

No se hace gozar a un coño de forma obvia; con los penes basta con rechupetear, pero con los chichis hay que ser preciso, minucioso. Aquellos que han aprendido a bucear en los placeres de la carne femenina y saben sumergirse en nuestros bosques de olores y fluidos han descubierto el encaje de bolillos de la sexualidad.

Aun así hay que decir que el principal enemigo del buen cunnilingus no es la lengua inexperta, sino la desinformación. La mayoría de estímulos que llegan a nosotros (¡incluyendo el porno!) nos enseñan que a las chicas nos gusta fuerte, duro. Que nos peguen lengüetazos de vaca por todos los resquicios de nuestro sexo mientras nos taladran manualmente a toda potencia.

Y como hay muchas chicas a las que esto les encanta y otras (como una servidora) que lo detestan, la mejor manera de resolver estas diferencias es la comunicación. Pregunta si lo estás haciendo bien, o tantea sus gustos probando cosas nuevas estando muy atento a sus reacciones.

Lo que sí tienen en común los coños y los penes es que son todos diferentes. Los hay más anchos, más estrechitos, con los labios prácticamente inexistentes o tan grandes que tendrás que hablar con la boca llena.

Esa vulva perfecta que te venden en los libros de anatomía como si fuese lo más normal del mundo es uno de los miles de modelos que encontrarás durante tus andanzas. Cada uno tiene su punto: los más anchos te permiten hacer fistings, dobles penetraciones y otras cosas no aptas para contar en horario infantil.

Los pequeñitos producen más fricción pero pueden ser un suplicio a la hora de ser penetrados por miembros de tamaño pornográfico. 

Hay algunos que se reducen a una simple rajita que rompe la carne.

Otros son voluptuosos y sobresalen por la ropa interior como queriendo explotar de placer.

Los hay tan peludos y mullidos que unen su vello con el de las piernas, y los hay depilados al estilo teenager.

Y todos, ¡absolutamente todos! están bien.

Centrémonos: lo mejor es comenzar con movimientos suaves, muy despacio y con la lengua plana mientras recorres los labios y el clítoris.

La mirada (una vez más) siempre es importante; no hay nada más excitante que ver la lengua de tu amante sumergida en tu cuerpo mientras te mira fijamente. Que se hunda bien en la carne mientras acaricias los muslos y las zonas cercanas a la vulva.

Una vez la chica comience a excitarse y notes tu lengua cada vez más pringosa con su lubricación, pasa a realizar movimientos rítmicos y constantes en la zona del clítoris; primero despacio para, poco a poco, aumentar la intensidad.

Los movimientos de succión ligera suelen ser efectivos, pero no intentes comerte el clítoris como si sorbieses por una pajita. Duele. Tampoco es cuestión de pegar lametones a diestro y siniestro. El buen comedor de coños sabe el punto exacto donde tiene que chupar: el clítoris, o en caso de chicas muy sensibles, el capuchón que lo cubre. Tampoco te pases con la velocidad, el ritmo lo marca ella: basta con interpretar las reacciones que provocas en su cuerpo.

Ve variando los lametones alrededor de la vulva y los labios para volver a centrarte en el clítoris, es la mejor forma de no aburrir a tu amada ni hacer que pierda sensibilidad.

Meter la lengua por la vagina puede dar mucho morbo pero no es una explosión de placer. Mi pensamiento cada vez que alguien lo intenta es «¿qué haces ahí, hijo mio?». Intentar imitar los movimientos de la penetración con la lengua, sacándola y metiéndola por el coño como si de un pene se tratase no tiene ningún sentido.

Aunque las pelis nos han enseñado que las chicas nos corremos gracias a las embestidas brutales de los sementales, la experiencia (y la estadística) afirma que la mayoría de nosotras somos clitorianas.

Dicho esto, y aunque puede que esté malversando las estrictas escrituras del comedor de coños, hay que mencionar la opción de meter los deditos. Recuerda: no hurgues. No se trata de rebañar el bote de la mermelada, meter el puño hasta los nudillos ni intentar hacer movimientos absurdos. Olvídate de las estrategias maravillosas y los trucos que te hayan contado. Las mejores posiciones son:

—Introducir dos dedos (anular y corazón) y hacer movimientos suaves hacia arriba, «tirando» suavemente hacia el ombligo. Muchas chicas preferirán que les metas más dedos, pero mi recomendación es que esperes a que sea ella quien te lo pida, o tantees tú mismo cómo de ancho es el campo de juego. Si intentas embutir cuatro dedos de golpe muchas sentiremos que estás intentando meter un tren muy ancho por un túnel demasiado estrecho. Mal.

—Sacar y meter los dedos, siempre creando una presión hacia arriba. Perfecto para conseguir el ansiado squirting y bañar a tu amante en litros de ectoplasma sexual.

Si mientras tanto usas la mano que te queda libre para apretar en la zona baja del vientre, éxito asegurado. La idea es que los dedos que tienes ya dentro creen más fricción contra la zona del punto G. Eso sí, no pongas todo tu peso en su tripa. No quieres hacerla vomitar, solo aportar un poco de presión.

No nos metáis prisa. Repetir incesantemente «¿te vas a correr?», «¿cuánto te queda?», «¿ya?» solo sirve para arruinar el orgasmo. Tómatelo con calma y cuando menos te lo esperes tendrás su cuerpo temblando de placer entre tus brazos. Aquí (¡importante!) has de mantenerte firme y no apartar la boca.

Ella se debatirá, peleará, te pondrá los pies en la espalda hasta hacerte contracturas de primer nivel, pero ¡ay de ti si separas tus labios de los suyos! Espera hasta que la última contracción se haya disipado y, solo entonces, apártate. Déjala tranquila hasta que recupere la respiración.

Por último, no olvides rebañar bien el plato: es de mala educación dejar comida en la mesa.

nuestras charlas nocturnas.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.