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Periodistas destacados a lo largo de la historia …


Muy Interesante(S.Romero)/Mujeres Bacanas/Biografías y Vida — En la Edad Media existían tres poderes principales en la sociedad: la nobleza, el clero y el pueblo llano. Aunque es cierto que los dos primeros acaparaban el poder y los recursos, cada uno tenía distintas funciones y formas de intervenir en los acontecimientos.

 Con el paso del tiempo la situación cambiaría y los tres poderes pasarían a ser el ejecutivo, el legislativo y el judicial pero a partir del siglo XIX un nuevo aspirante entraría en escena y se ganaría su propio hueco en las sociedades de todo el mundo.

Se trata del periodismo, el cuarto poder.

El oficio periodístico como tal nace a partir del 1800. En el pasado habían existido muchos y diversos antecedentes que transmitían informaciones importantes a un grueso de la población pero entonces no podría hablarse de periodismo como lo entendemos hoy en día.

Lo más parecido que se tiene antes del siglo XIX son unos folletines con información económica que se popularizaron en grandes puertos como los de Venecia y diversas publicaciones de carácter cultural y literario.

La aplicación de mejoras tecnológicas y sociales permitieron que las publicaciones periódicas fueran más baratas de hacer y que contaran con un público mayor interesado y capacitado (la tasa de analfabetismo se redujo considerablemente en las ciudades del siglo XIX), por lo que el número de periódicos que se vendían se incrementó.

Al haber más demanda de información también había más demanda de periodistas, gente culta y preparada que fuera capaz no solo de escribir sino de dar forma a un texto interesante y atrayente con el que los lectores quedaran satisfechos e informados.

Muchos de los grandes periodistas de la historia nunca estudiaron nada parecido a una carrera de periodismo. Eran hombres y mujeres con un buen nivel educativo y estilo propio que venían del mundo de la literatura, el derecho o incluso las ciencias.

Profesionales que se ganaron el poder llamarse a sí mismos periodistas trabajando e investigando para que la sociedad en la que vivían fuese más libre e independiente, así como consciente de la realidad con lo bueno y lo malo que eso supone.

En esta galería recordamos a algunos de esos hombres y mujeres que se comprometieron con los principios del cuarto poder e hicieron del periodismo lo que es hoy, “el mejor oficio del mundo”.

– Francisca de Aculodi ( – 1691)

Francisca de Aculodi es uno de esos personajes que, por azar o por algún tipo de interés, ha sido injustamente olvidado de la historia.

Los primeros registros de la historia del periodismo en Euskadi comienzan con la familia de impresores donostiarra Huarte, quienes durante los siglos XVII y XVIII ponen en marcha una serie de gacetas semanales que se editaban en Donostia.

A la cabeza de la familia, Martín de Huarte, pasó a la historia por imprimir el primer libro editado en la capital guipuzcoana Hidrographia curiosa de la Navegación, obra del portugués Antonio María Carneiro en el año 1675. Sin embargo, falleció años después y, como sus hijos eran menores de edad, su mujer Francisca de Aculodi heredó la imprenta, convirtiéndose en la primera mujer que se dedicó al periodismo en España, concretamente entre 1687 y 1689.

Al ser, además, anterior a la británica Elizabeth Mallet, fundadora en 1702 en Inglaterra del Daily Courant, y quien tiene el mérito internacional como primera mujer editora y periodista de la historia, algunos escritos apuntan que De Aculodi debería ser quien fuera reconocida como tal.

Como propietaria de la imprenta, de nombre Impresora de la Muy Noble y Muy Leal Provincia de Guipúzcoa hasta que sus hijos Bernardo y Pedro tomaran el relevo, Francisca De Aculodi, más allá de continuar con la labor de su marido fundó su propia publicación, Noticias Principales y Verdaderas, una revista quincenal que se basaba en traducir al castellano un periódico en francés editado por Pedro de Cleyn en Bruselas, además de incluir noticias locales de Donostia escritas por ella misma.

A pesar de que esa revista se editó hasta 1698, su firma solo figuró los dos primeros años de la publicación.

“Francisca solo firmó la revista durante dos años de 1687 a 1689, pero a pesar de los prejuicios hacia lo hispano y el desprecio a la mujer que imperaba en España en aquella época, su publicación llegó a tener éxito y reconocimiento, despertando el recelo masculino y la admiración femenina en los círculos sociales”, explica la decana de la facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Isabel I, Esther García, en una de las pocas publicaciones existentes sobre la figura de De Aculodi.

Es en el año 1689 cuando el primogénito de Francisca de Aculodi, Bernardo Huarte, alcanza la mayoría de edad y pasa a editar Noticias principales y verdaderas, sin embargo, su madre sigue realizando labores de edición y publicación. 

Si algo destaca de la figura de Francisca de Aculodi es la falta de información sobre su persona, no se tiene retrato alguno de su persona. Tampoco hay escritos sobre su fecha concreta de nacimiento ni de su muerte, su vida personal, forma de ser ni apariencia física. Según recoge la Biblioteca Nacional de España, otras de las obras importantes publicadas por De Aculodi son Sumario de la esclavitud de Iesus sacramentado… (1677),Tratado del relox (1684) de Francisco Villalba y Sermón del santíssimo en función de quarenta horas (1695) de Phelipe Barreda, sin embargo no se han localizado hasta la fecha.

Víctor Hugo (1802 – 1885)

Autor de Los Miserables y Nuestra Señora de París entre otras grandes obras, Víctor Hugo es el mayor referente del Romanticismo francés. Su prestigio y posición le permitieron estar en primera línea de todo lo que pasaba en la política francesa y este conocimiento de primera mano le permitió dar a sus textos periodísticos una perspectiva muy completa. En ellos, como en sus novelas, se puede apreciar una clara influencia de la posición ideológica del autor y su fuerte compromiso político y social.

Entregado a una actividad política cada vez más intensa, Victor Hugo fue nombrado par de Francia en 1845. Pese a presentarse a las elecciones de 1848 en apoyo de la candidatura de Napoleón III Bonaparte, sus discursos sobre la miseria, los asuntos de Roma y la ley Falloux anticiparon su ruptura con el Partido Conservador. El 17 de julio de 1851 denunció las ambiciones dictatoriales de Napoleón III y, tras el golpe de Estado, huyó a Bélgica. Si bien es cierto que no publicó ninguna obra entre 1843 y 1851, concibió su novela Los miserables y compuso numerosos poemas que aparecieron posteriormente.

 The Funeral of Victor Hugo (1802-85) 1885 por Georges Francois Guiaud

En 1852 se instaló, con su familia, en Jersey (Reino Unido), de donde pasó en 1856 a Guernesey. Allí permaneció, en su propiedad de Hauteville-House, hasta 1870. Republicano convencido, denunció sin tregua los vicios del régimen conservador de su país y en 1859 rechazó la amnistía que le ofrecía Napoleón III.

De vuelta a París, tras la caída de Napoleón III (1870), Victor Hugo fue aclamado públicamente y elegido diputado. Fue derrotado en los comicios siguientes, pero en 1876 obtuvo el escaño de senador de París, posición desde la que defendió la amnistía de los partidarios de la Comuna. Sin embargo, desengañado por la política, regresó a Hauteville-House (1872-1873).

El ritmo de su producción disminuía, pero su prestigio se acrecentaba sin cesar: un banquete conmemoró el quincuagésimo aniversario de Hernani; en 1881, su cumpleaños fue celebrado oficialmente y los senadores, en la tribuna, se levantaron sin excepción en su honor. A su muerte, el gobierno francés decretó un día de luto nacional y sus restos fueron trasladados al Panteón. Considerado como uno de los mayores poetas franceses, su influencia posterior sobre Baudelaire, Rimbaud e incluso Mallarmé y los surrealistas es innegable.

Mariano José de Larra (1809 – 1837)

El madrileño fue una de las grandes figuras del periodismo decimonónico en España, marcado por su estilo romántico y por la profunda melancolía de sus textos. Larra destacó con sus críticas culturales a los teatros de la capital y por sus textos costumbristas e intimistas.

En los primeros denunciaba las faltas y problemas de España a través de las manías de los españoles y en los segundos volcaba la angustia que sentía y que le llevaría a suicidarse siendo muy joven.

(Madrid, 1809 – 1837) Escritor y periodista español. Dentro de romanticismo, Mariano José de Larra es el máximo exponente del costumbrismo crítico, opuesto a los cuadros idealizados y pintorescos del costumbrismo testimonial.

En los más celebrados de sus «artículos de costumbres», y partiendo de una sabrosa anécdota en la que participa como personaje y narrador, Larra trazó certeros retratos de la carencias de la sociedad contemporánea y del carácter español (la negligencia y la pereza en el trabajo, la vanidad y el deseo de aparentar, la franqueza como sustitutivo de la educación) y abordó críticamente el atraso del país.

Los años que residió en Francia podrían estar en el origen de su acerado sentido crítico con la realidad de España; sus artículos, aparecidos en un folleto mensual, El Duende Satírico del Día, y que firmaba con el seudónimo «el Duende», le reportaron pronta fama como periodista.

Su imagen de agudo observador de las costumbres y de la realidad social, cultural y política se afianzó con la publicación de su revista satírica El Pobrecito Hablador, en la cual escribió con el seudónimo de Juan Pérez de Munguía.

En 1835 emprendió un viaje a Portugal, Londres, Bruselas y París, donde conoció a Victor Hugo y Alejandro Dumas. De regreso en Madrid, trabajó para los periódicos El Redactor General y El Mundo. En esta época, la preocupación política dominaba en sus escritos; Larra decidió intervenir en la política activa a favor de los conservadores, e incluso llegó a ser elegido diputado por Ávila (1836), aunque el motín de La Granja impidió que entrara en funciones.

Su creciente desaliento e inconformidad ante los males que asediaban a la sociedad española y el dolor que le produjo su separación definitiva de Dolores Armijo, quedaron reflejados en su escrito El día de difuntos de 1836, publicado en El Español, y en el que detrás de su habitual ironía aparecía un hondo pesimismo. Tras una nueva discusión con Dolores Armijo, se suicidó de un pistoletazo en su domicilio, a los veintiocho años. 

Charles Dickens (1812 – 1870)

El creador de Oliver Twist es un ejemplo perfecto de periodista-escritor del siglo XIX. Sus textos periodísticos, al igual que sus novelas, se centrarían en relatar la dura realidad a la que las clases bajas de Inglaterra tenían que hacer frente cada día. Dickens, que no había tenido una infancia fácil, solía visitar los bajos fondos de Londres y orfanatos con el fin de denunciar su precaria situación y concienciar a la sociedad.

(Portsmouth, Reino Unido, 1812 – Gad’s Hill, id., 1870) Escritor británico, máximo exponente de la novela realista decimonónica en Inglaterra, como lo fueron Stendhal, Balzac y Flaubert en Francia y Galdós y Clarín en España. En 1822, con diez años, el pequeño Charles se trasladó con su familia de Kent a Londres, y dos años más tarde su padre fue encarcelado por deudas. El futuro escritor entró a trabajar entonces en una fábrica de calzados, donde conoció las duras condiciones de vida de las clases más humildes, a cuya denuncia dedicó gran parte de su obra.

Sus críticas, reflejadas en una serie de artículos y en la novela Martin Chuzzlewit, indignaron en Estados Unidos, y la novela supuso el fracaso más sonado de su carrera en el Reino Unido.

Sin embargo, recuperó el favor de su público en 1843, con la publicación de Canción de Navidad.

Después de unos viajes a Italia, Suiza y Francia, realizó algunas incursiones en el campo teatral y fundó el Daily News, periódico que tendría una corta existencia.

Su etapa de madurez se inauguró con Dombey e hijo (1848), novela en la que alcanzó un control casi perfecto de los recursos novelísticos y cuyo argumento planificó hasta el último detalle, con lo que superó la tendencia a la improvisación de sus primeros títulos, en que daba rienda suelta a su proverbial inventiva a la hora de crear situaciones y personajes, responsable en ocasiones de la falta de unidad de la obra.

En 1849 fundó el Houseold Words, semanario en el que, además de difundir textos de autores poco conocidos, como su amigo Wilkie Collins, publicó La casa desierta y Tiempos difíciles, dos de las obras más logradas de toda su producción. En las páginas del Houseold Words aparecieron también diversos ensayos, casi siempre orientados hacia una reforma social.

La gira que inició en 1867 por Estados Unidos confirmó su notoriedad mundial, y así, fue aplaudido en largas y agotadoras conferencias, entusiasmó al público con las lecturas de su obra e incluso llegó a ser recibido por la reina Victoria I de Inglaterra poco antes de su muerte, acelerada por las secuelas que un accidente de ferrocarril dejó en su ya quebrantada salud.

Joseph Pulitzer (1847 – 1911)

Húngaro de nacimiento llegado a Estados Unidos para combatir con los unionistas en la Guerra de Secesión, Pulitzer se convirtió en una de las figuras más destacadas del periodismo de su tiempo y es especialmente célebre su rivalidad con el magnate William Randolph Hearst.

Como propietario del New York World, Joseph Pulitzer se valió de tácticas sensacionalistas y de campañas publicitarias en las que pretendía defender los intereses de las clases sociales para disparar las ventas.

(Makó, Hungría, 1847 – Charleston, Estados Unidos, 1911) Magnate de la prensa estadounidense. Emigró en 1864 a Estados Unidos, entonces en plena guerra civil, para enrolarse en el ejército unionista. Al terminar el conflicto se estableció en Saint Louis, donde encontró trabajo como periodista en un diario en alemán, el Westliche Post. En 1878 adquirió el St. Louis Dispatch, el cual, tras refundirse con otra publicación, adoptó el nombre definitivo de St. Louis Post-Dispatch y se convirtió en el de mayor tirada de la ciudad.

Sus ambiciones expansionistas lo condujeron a introducirse en la escena periodística de Nueva York, lo que consiguió mediante la compra del diario matutino The World, al que posteriormente dotaría de una edición vespertina con la cabecera The Evening World. Como director de ambos periódicos, introdujo numerosas innovaciones, como las tiras cómicas, la cobertura permanente de acontecimientos deportivos o suplementos especiales de ocio y moda.

Los contenidos de The World oscilaban entre el más grosero sensacionalismo y el periodismo de investigación, centrado sobre todo en la denuncia de la corrupción política, aunque siempre al servicio de las propias simpatías de Joseph Pulitzer, claramente alineadas con el Partido Demócrata. La feroz competencia entre The World y el Journal de William Randolph Hearst alcanzó su máxima cota en 1898, cuando la descarada campaña de ambos diarios a favor de la guerra contra España originó la acuñación del término «prensa amarilla».

Desde 1890, Joseph Pulitzer había delegado la dirección editorial de sus publicaciones por problemas de salud, aunque continuó supervisando muy estrechamente sus contenidos. En su testamento cedió buena parte de su fortuna a la creación de la Escuela de Periodismo de Columbia y al establecimiento de los galardones anuales a las diferentes labores periodísticas que llevan su nombre, los más prestigiosos entre los que se conceden en el ámbito estadounidense.

Emilia Pardo Bazán (1851 – 1921)

Periodista, ensayista, novelista, poetisa y dramaturga. Emilia Pardo Bazán fue una mujer apasionada por el arte y la cultura que volcó su brillante intelecto a través de todos los formatos y géneros que trabajó. Como periodista, se destacan sus artículos costumbristas y la fuerte defensa que siempre hizo de la cultura, la democracia y sobre todo de la necesidad de alcanzar una igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Sobre este tema, muchos de sus  textos escritos en el siglo XIX conservan su vigor en la actualidad.

(La Coruña, 1851 – Madrid, 1921) Escritora española. Hija de los condes de Pardo Bazán, título que heredó en 1890, se estableció en Madrid en 1869, un año después de contraer matrimonio. Asidua lectora de los clásicos españoles, se interesó también por las novedades literarias extranjeras. Se dio a conocer como escritora con un Estudio crítico de Feijoo (1876) y una colección de poemas, publicados por Francisco Giner de los Ríos.

En 1882 comenzó, en la revista La Época, la publicación de una serie de artículos sobre Émile Zola y la novela experimental, reunidos posteriormente en el volumen La cuestión palpitante (1883), que la acreditaron como uno de los principales impulsores del naturalismo en España. Frente a los principios ideológicos y literarios de Zola, Emilia Pardo Bazán acentuaba la conexión de la escuela francesa con la tradición realista europea, lo que le permitía acercarse a un ideario más conservador, católico y bienpensante.

De su obra ensayística cabe citar, además, La revolución y la novela en Rusia (1887), Polémicas y estudios literarios (1892) y La literatura francesa moderna (1910), en las que se mantiene atenta a las novedades de fines de siglo en Europa.

Nellie Bly (1864-1922)

Una columna titulada ¿Para qué sirven las mujeres? fue lo que animó a Elizabeth Jane Cochrane a iniciarse en el mundo del periodismo y, ya que estaba ahí, demostrar de lo que era capaz. La periodista estadounidense no solo fue un referente por introducirse en un negocio mayoritariamente masculino como era el periodismo, sino que se convirtió en una de las primeras y mejores periodistas de investigación de la época.

Entre sus hazañas está la de haber dado la vuelta al mundo en ocho días menos que lo que tardó Phileas Fogg en la novela de Julio Verne y el haberse infiltrado en un asilo psiquiátrico como paciente para denunciar las terribles condiciones y tratos a los que eran sometidas las mujeres que estaban internadas. También fue corresponsal en Europa durante la Primera Guerra Mundial.

Fue una columna sexista publicada por el diario Pittsburgh Dispatch, titulada “Para qué sirven las mujeres” la que provocó una respuesta por parte de Cochran bajo el alias “Huérfana solitaria”. El editor George Madden quedó tan impresionado por la calidad del texto que decidió ponerla a prueba y luego darle trabajo en el periódico creándole la identidad periodística de Nellie Bly.

Aburrida de estar relegada a cubrir temas de moda, sociedad o cultura, y con 20 años recién cumplidos, la periodista decidió partir a México a cubrir las revueltas en el contexto del régimen de Porfirio Díaz. Sus crónicas periodísticas de ese periodo se editaron luego en un libro que se llamó “Seis Meses en México”.

De vuelta en Estados Unidos, Nellie se trasladó a Nueva York y fue a pedir trabajo al New York World de Joseph Pulitzer. Su primer encargo consistió en hacerse pasar por loca e internarse en Blackwell´s Island un asilo psiquiátrico para mujeres.

Pasó ahí diez días de infiltrada y luego denunció en un artículo las horribles condiciones en que vivían las pacientes lo cual produjo gran revuelo y tuvo como consecuencia un aumento del presupuesto de salud pública destinado a salud mental.

En 1888 propuso al World dar la vuelta al mundo en menos de 80 días haciendo alusión al título de la novela de Julio Verne.

Al medio no le convencía que fuera Nellie la que viajara porque las mujeres acarreaban mucho equipaje, lo cual iba a entorpecer el desafío.

Ella los convenció que era la indicada y el 14 de noviembre de 1889 emprendió su viaje de 24.889 millas cargando sólo un bolso de mano.

En barco llegó hasta Inglaterra, siguió a París, donde le tocó conocer a Julio Verne y el escritor, escéptico, le dijo que si  lograba dar la vuelta al mundo en 79 días la aplaudiría públicamente.

Italia, Arabia, Sri Lanka, Colombo, Malasia, Hong Kong, San Francisco.

El 25 de enero de 1890, 72 días después, con 6 horas y 11 minutos, Nellie Bly volvió a Nueva York.

Rompió el récord mundial y la prensa mundial destacó su hazaña (meses después George Frances Train superó la marca dando la vuelta al mundo en 62 días).

En 1985 Elizabeth se casó con el millonario Robert Seaman y se retiró del periodismo. Cuando enviudó ella se hizo cargo de las empresas y realizó importantes reformas; mejorando las condiciones laborales y salariales de los empleados. Lamentablemente fracasó como empresaria y después de quebrar tuvo que volver a trabajar, esta vez en el Evening Journal.

Ahí le tocó cubrir la convención de 1913 a favor del voto femenino y viajar a Europa a cubrir la Primera Guerra Mundial, transformándose en una de las primeras mujeres corresponsales de guerra.

Nellie Bly, o Elizabeth “Pinky” Cochran,  murió a los 57 años de neumonía.

Carmen de Burgos (1867 – 1932)

Considerada la primera periodista profesional española y la primera corresponsal de guerra, Carmen de Burgos fue un icono femenino y un altavoz en la lucha por la igualdad de la mujer y el sufragio femenino. Bajo el pseudónimo de Colombine (y algún otro), Carmen de Burgos trabajaría tanto en España como en Europa y realizaría algunos de los retratos sociales más importantes de la época.

Ejerció como corresponsal de guerra en Marruecos tras la derrota del Barranco del Lobo, siguiendo a las tropas españolas en el frente. Conocida simpatizante de la izquierda, el régimen franquista incluyó sus textos en un listado de autores prohibidos tras la guerra civil y su nombre fue olvidado durante años.

Nació en Almería, siendo aún adolescente se casó con un hombre décadas mayor, que trabajaba en la empresa que imprimía el periódico de la ciudad. De su marido heredó la pasión por el periodismo, pero no mucho más, ya que fue un matrimonio tremendamente infeliz, con muchos hijos que además murieron. Sobrevivió solo una, y con esta Carmen se fue a vivir a Madrid, tras sacar siendo adulta su título de profesora, y dejando atrás a su marido.

En la capital, Carmen floreció como mujer moderna y con inquietudes intelectuales. Colaboró con El Globo, y fue parte de la fundación del Diario Universal; escribía columnas destinadas al público femenino, pero marcando pauta con temas como la necesidad de una ley de divorcio, los niños en la cárcel o el derecho a voto para su género. Fue corresponsal, y además decidió ir a la guerra de Melilla, dentro de España, donde reportó desde el conflicto, convirtiéndose en una de las primeras corresponsales de guerra de su país.

Comenzó una relación sentimental con un escritor dos décadas menor, Ramón Gómez de la Serna, quien se convertiría en su gran amor por años, y con quien compartiría sus intereses intelectuales. Publicó una docena de novelas largas y siguió siempre con sus artículos en la prensa, además de participar en tertulias literarias.

Murió a los 64 años, convertida en activista y en una prominente mujer del mundo intelectual, y una de las precursoras del feminismo en su país. Ahora, con la celebración de los 150 años de su natalicio, se preparan en España exposiciones sobre su legado y una recopilación de dos tomos de su obra.

John Reed (1887 – 1920)

El periodista estadounidense es célebre por las extensas crónicas que hizo de la Revolución Mexicana (acompañando a las tropas de Pancho Villa) y de la Revolución de Octubre por la cual los bolcheviques se hicieron con el poder en Rusia (véase Diez días que estremecieron al mundo).

Aun cuando él era un declarado comunista y ha sido muy criticado a lo largo de los años por dejar que su ideología afecte a sus textos, la crónica que hizo de la convulsa Moscú los días antes, durante y posteriores a la revolución bolchevique sigue siendo considerada uno de los mejores y más completos testimonios que se conocen.

(Portland, 1887 – Moscú, 1920) Periodista estadounidense. Renovador del reportaje histórico y político, es recordado especialmente por su obra Diez días que estremecieron al mundo (1919), acaso la más célebre crónica de la revolución rusa. A pesar de su temprana desaparición, su obra ejerció una enorme influencia en el periodismo político.

Alcanzó su primer éxito con las crónicas sobre la revolución mexicana y especialmente sobre Pancho Villa, publicadas en 1914 bajo el título de Insurgent Mexico (México insurgente). Participó en la Primera Guerra Mundial como corresponsal de la revista Metropolitan y describió sus experiencias en The War in Eastern Europe (La guerra en Europa oriental, 1916).

En 1917, John Reed se trasladó a Rusia, donde fue testigo de la revolución bolchevique de octubre, que recogería en su trabajo más famoso, Ten Days That Shook the World (Diez días que conmovieron al mundo), publicado en 1919. Tras regresar a su país fue perseguido y acusado de espionaje por su afiliación al Partido Comunista y sus simpatías hacia el bolchevismo. En 1919, Reed se vio obligado a huir a la Unión Soviética, donde murió en la ciudad de Moscú el 19 de octubre de 1920.

Diez días que conmovieron al mundo está considerado un clásico del reportaje y el testimonio más directo de los días turbulentos de la toma del poder por el proletariado ruso. A las crónicas de Reed se les ha reconocido una amalgama de virtudes: el vigor, la vitalidad, la energía y rapidez con que se relacionan en ellas los acontecimientos y descripciones, como si el lector asistiera a los hechos históricos, dotándolos de humanidad.

Innovó en el criterio del reportaje de la época e influyó en sus corrientes posteriores, pues más allá de lo que se esperaba de un cronista, Reed se involucró en los peligros derivados de los acontecimientos, inaugurando un periodismo tan arriesgado como verosímil.

Reed murió en 1920 en Moscú tras contraer tifus a la edad de 32 años.

Recibió un funeral de Estado y fue enterrado en la necrópolis amurallada del Kremlin. Recordado tanto por sus brillantes escritos como por su activismo político, Reed desempeñó también un papel decisivo en la creación del Partido Comunista Laborista de América y participó en el congreso del Comintern celebrado en Moscú poco antes de su muerte, un evento que abogaba por el comunismo mundial.

No es de extrañar que haya inspirado a directores de cine y escritores, y siempre será elogiado como bastión de la justicia social y la integridad periodística. Fue realmente un hombre del pueblo.

Dorothy Lawrence (1896 – 1964)

Lawrence comenzó su carrera periodística escribiendo para The Times y, al estallar la Primera Guerra Mundial, se ofreció como corresponsal de guerra para varios periódicos pero ninguno la aceptó.

También intentó entrar en el Destacamento de Ayuda Voluntaria e incluso se planteó viajar al frente ella sola pero nada funcionó, hasta que en 1915 confraternizó con un grupo de soldados ingleses que conoció en París y que la ayudaron a vestirse como un hombre y unirse al ejército bajo el nombre de Dennis Smith.

Al final, Dorothy prefirió entregarse para no causar problemas a sus compañeros si la descubrían y el ejército le prohibió escribir sobre sus experiencias.

En 1919, ya terminada la guerra, Dorothy escribió un libro contando lo que había vivido pero fue boicoteado y censurado por la Oficina de Guerra. En 1925 fue ingresada en el London County Mental Hospital y permaneció encerrada hasta su muerte.

Durante la Primera Guerra Mundial, ni siquiera la imperiosa necesidad de aumentar los efectivos militares en el frente pudo convencer a los distintos Gobiernos de los países en conflicto de aceptar mujeres en las filas de sus ejércitos. En esa época, vestirse de militar y empuñar una arma era algo reservado exclusivamente a los hombres. Pero eso no desanimó a muchas de las que querían hacerlo.

De hecho, la mayoría de mujeres que se arriesgaron a combatir lo hicieron disfrazadas de hombres, ocultando su verdadera identidad, ya que de haber sido descubiertas hubiesen acabado en prisión o quizá incluso frente a un pelotón de fusilamiento.

Entre todas estas mujeres destaca Dorothy Lawrence, nacida el 4 de octubre de 1896 en Inglaterra, posiblemente entre Middlesex y Warwickshire.

El de Dorothy es el caso de una mujer que no dio su brazo a torcer.

A pesar de ser hija de padres desconocidos y de haber sido educada, según contó ella misma, por un clérigo, la pequeña Dorothy nunca dejó de soñar en que algún día sería periodista y viviría numerosas aventuras, aunque en aquellos momentos desconocía que ese sueño la conduciría a primera línea de combate, donde acabaría excavando túneles durante la batalla del Somme.

En París, entró en contacto con un grupo de soldados británicos a los que contó sus intenciones.

Los jóvenes quisieron ayudarla, y para ello le consiguieron una indumentaria masculina para que pudiera hacerse pasar por hombre y, así, llegar hasta el frente sin cortapisas.

Dorothy utilizó un corsé para disimular sus pechos, algodón para hacer más amplios sus hombros, desinfectante para oscurecer el tono de su rostro y se cortó el pelo al estilo masculino. Desde aquel momento, Dorothy Lawrence se convirtió en el soldado Denis Smith del Primer Batallón del Regimiento de Leicestershire.

Pero al cabo de tan solo unos diez días, la dureza de la vida en el frente empezó a hacer mella en la salud de Dorothy. Consciente de que si iba a un hospital se descubriría su verdadera identidad, lo que perjudicaría a los compañeros que la habían ayudado, Dorothy decidió entregarse voluntariamente a las autoridades militares. 

Una vez embarcada en el ferry que la llevaría de regreso a Inglaterra, Dorothy coincidió con la líder del movimiento sufragista Emmeline Pankhurst, que volvía de una estancia en París en la que había reclamado a las militantes del WSPU (Women’s Social and Political Union) que interrumpieran sus acciones de protesta mientras durase la guerra y les pedía asimismo animar a las tropas ya que consideraba que Alemania era un peligro para la toda la humanidad. 

Pankhurst escuchó la historia de Dorothy y la alentó a que contase su experiencia públicamente, pero esta declinó la oferta ya que se exponía a ser arrestada si lo hacía.

Sin embargo, una vez terminada la guerra, en 1919, Dorothy decidió escribir sus memorias, que publicó con el largo título de Sapper Dorothy Lawrence: The only english woman soldier Late Royal Engineers, Fifty-First Division 179th Tunneling Company. Pero el libro no tuvo la acogida que esperaba, e incluso fue censurado por el Ministerio de la Guerra.

Finalmente, sin nadie que quisiera contratarla como periodista, olvidada por la mayoría y sin familia a la que acudir, Dorothy terminó recluida en un sanatorio en 1925 después de acusar al clérigo con el que se había criado de haber abusado de ella cuando era una adolescente. Durante el resto de su vida, Dorothy estuvo ingresada en diversos centros psiquiátricos en los que permaneció hasta su muerte, en 1968. 

Ernest Hemingway (1899 – 1961)

Aunque su faceta más conocida es la de escritor, el ganador del Nobel de Literatura ejerció como periodista durante toda su vida y sus crónicas son legendarias. Su afición al riesgo y la aventura le llevó a los frentes de la Gran Guerra, la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial, desde donde narraría la vida de los soldados y sus propias experiencias. 

Hemingway y su particular estilo llenaron publicaciones de medio mundo (entre ellas la revista LIFE) y se convirtió en uno de los grandes maestros de la época dorada del periodismo que las generaciones posteriores tomarían como referente.

(Ernest Miller Hemingway; Oak Park, 1899 – Ketchum, 1961) Narrador estadounidense cuya obra, considerada ya clásica en la literatura del siglo XX, ha ejercido una notable influencia tanto por la sobriedad de su estilo como por los elementos trágicos y el retrato de la época que representa. Recibió el premio Nobel en 1954.

Ya se había iniciado en el periodismo cuando se alistó como voluntario en la Primera Guerra Mundial, como conductor de ambulancias, hasta que fue herido de gravedad. De vuelta a Estados Unidos retomó el periodismo hasta que se trasladó a París, donde alternó con las vanguardias y conoció a Ezra Pound, Pablo Picasso, James Joyce y Gertrude Stein, entre otros. Participó en la Guerra Civil Española y en la Segunda Guerra Mundial como corresponsal, experiencias que luego incorporaría a sus relatos y novelas.

El propio Hemingway declaró que su labor como periodista lo había influido incluso estéticamente, pues lo obligó a escribir frases directas, cortas y duras, excluyendo todo lo que no fuera significativo. Su producción periodística, por otra parte, también influyó en el reportaje y las crónicas de los corresponsales futuros.

En 1952 dio a conocer El viejo y el mar, que tiene como protagonista a un modesto pescador de La Habana, donde vivió y escribió durante muchos años enfrentado a la naturaleza. Algunos críticos han visto en este texto la culminación de su obra, porque en él confluyen el humanismo y la economía artística; otros, sin embargo, opinan que éste no es el mejor Hemingway, por una cierta pretensión didáctica.

Hacia el final de una vida aventurera, cansado y enfermo, se suicidó como lo haría alguno de sus personajes, disparándose con una escopeta de caza. Para muchos, es uno de los escasos autores míticos de la literatura contemporánea.

Josefina Carabias (1908 – 1980)

La carrera profesional de Josefina Carabias es un ejemplo perfecto de lo difícil que podía resultar para una mujer introducirse en una redacción periodística y que se valorara su trabajo. Licenciada en Derecho en 1930, comenzó a escribir en una pequeña publicación de un primo suyo y su talento no tardó en destacar.

Se exilió durante la guerra y al volver en 1943 escribió libros bajo pseudónimo, pero en la década de los 1948 entra como secretaria del director en Informaciones y comienza a redactar crónicas (muchas veces sin firma) que llaman la atención. Su talento y gracia al escribir hizo que, aun con todas las trabas que se le pusieron, lograra ejercer como cronista deportiva y corresponsal en Estados Unidos y en París.

Periodista y escritora española, nacida en Arenas de San Pedro (Ávila) el 19 de junio de 1908, y fallecida en Madrid el 20 de septiembre de 1980. Destacada cronista de los principales acontecimientos sociales y políticos que se sucedieron a lo largo de la Segunda República, al regreso de su exilio se convirtió en una de las figuras más sobresalientes del periodismo femenino en España.

Con la ayuda de su primo Eduardo García, Josefina Carabias se matriculó a escondidas para cursar el Bachillerato.

Cuando fue descubierta por sus padres, ya había aprobado con extraordinarias calificaciones el primer curso, circunstancia que doblegó definitivamente la cerril oposición paterna.

Autorizada, así, a trasladarse a Madrid para examinarse, culminó con brillantez sus estudios secundarios, se instaló en la residencia de estudiantes dirigida por María de Maeztu, se matriculó en la Facultad de Derecho y comenzó a tomar parte activa en los círculos culturales de la capital de España.

Así, se hizo socia del Ateneo de Madrid y empezó a publicar sus primeras colaboraciones en la revista Estampa, a la sazón dirigida por otro primo suyo, Vicente Sánchez Ocaña, donde sentó plaza como una de las pioneras del periodismo femenino español.

Simultáneamente, se significó por sus simpatías políticas hacia el socialismo de orientación republicana, filiación que habría de costarle cara tras los acontecimientos bélicos que tendrían lugar pocos años después.

Su primer gran éxito como periodista fue la publicación, en 1931, de una entrevista que había realizado a la jurista malagueña Victoria Kent Siano, que por aquel entonces estrenaba su flamante nombramiento como Directora General de Instituciones Penitenciarias.

Esta entrevista, muy leída y comentada en los medios políticos y culturales del país, impulsó definitivamente la carrera periodística de Josefina Carabias: comenzó a alternar sus colaboraciones en La Estampa con otros artículos aparecidos en el rotativo La Voz y en los semanarios Crónica y Mundo Gráfico, medios cuya importante difusión contribuyó a hacer de Josefina Carabias una de las periodistas más populares del período republicano.

Enviada a Washington como corresponsal del diario Informaciones en la capital norteamericana, halló ocasión de retomar los temas de sus antiguas crónicas sin incidir directamente en la delicada situación interna del país. A su regreso a España pasó a formar parte de la redacción del diario Ya, cuya dirección, decidida a sacar partido de su antigua estancia en Francia, pronto la puso al frente de su corresponsalía en París.

Desde 1959 hasta 1967 permaneció en la capital francesa Josefina Carabias, donde escribió gran cantidad de crónicas y reportajes que, muy difundidos por toda España, volvieron a convertirla en una de las voces femeninas más descollantes del periodismo contemporáneo.

Volvió a Madrid a finales de la década de los años sesenta, y desde entonces hasta el mismo momento de su muerte permaneció al pie de las rotativas, publicando numerosas crónicas y llenando algunas columnas fijas que eran buscadas con avidez por los lectores de los medios en los que colaboraba con regularidad (fundamentalmente, los periódicos madrileños Ya y ABC).

Carabias murió en 1980 de un ataque al corazón cuando su libro Los que le llamábamos Don Manuel estaba en la imprenta. Pensaba escribir un libro sobre la censura y otro en el que contase su vida, pero murió antes de que esto se materializara.

Martha Gellhorn (1908 – 1998)

Por desgracia, Martha Gellhorn es recordada por ser la tercera esposa de Ernest Hemingway tanto como por su excelente trabajo periodístico.

La que se convertiría en una de las corresponsales de guerra más importantes y activas de todo el siglo XX comenzó sus andanzas en España durante la guerra civil pero a ese Madrid asediado lo seguirían la Segunda Guerra Mundial (incluyendo el Desembarco de Normandía), el horror de los campos de concentración (Dachau), Vietnam, Oriente Medio El Salvador y los Balcanes entre muchos otros. Martha Gellhorn escribía sobre las guerras en el frente, lo más cerca de la verdad y la acción que pudiera, y siempre dejando espacio para ver, escuchar y hablar de las víctimas del conflicto.

La tortuosa relación que Martha Gellhorn mantuvo con Ernest Hemingway oscureció en parte su genial carrera como corresponsal de guerra. Todos los conflictos bélicos del siglo XX hasta los años ochenta tuvieron en Martha una testigo de excepción, desde las dos guerras mundiales hasta el conflicto de Vietnam, pasando por la Gran Depresión o la Guerra Civil española.

Su intensa experiencia como periodista se plasmó en múltiples artículos en prensa, ensayos y novelas que a día de hoy soy un testimonio histórico del siglo XX. En lo personal, Martha Gellhorn no consiguió nunca la estabilidad emocional.

Además de Hemingway, tuvo otras relaciones infructuosas. Tampoco consiguió vivir su faceta maternal ni cuando adoptó a Sandy, un niño al que terminó dejando a cargo de unos familiares mientras ella viajaba y vivía la vida que de verdad había elegido.

Martha Ellis Gellhorn Fischell nació el 8 de noviembre de 1908 en San Luis, Estados Unidos, hija del ginecólogo George Gellhorn y la sufragista Edna Fischell. Martha, una buena estudiante, se graduó en 1926 en la escuela John Burroughs y al año siguiente ingresó en el Bryn Mawr College de Filadelphia. Pero Martha tenía claro cual quería ser su futuro y no dudó en abandonarlo todo para cumplir su sueño de convertirse en periodista.

Sin llegar a graduarse, Martha dejó los estudios y empezó a buscar trabajo. Sus primeros artículos se publicaron en el The New Republic. Pero Martha quería llegar más lejos y decidió que quería ser corresponsal en el extranjero y en 1930 marchó a París para trabajar con la oficina United Press. De su primera estancia en Europa, nacería también su primer libro, What mad pursuit, escrito en 1934.

De vuelta a los Estados Unidos, Martha fue contratada por la Federal Emergency Relief Administration, un organismo creado por el presidente Roosevelt para recabar información sobre la Gran Depresión que asolaba en aquellos años el país.

Martha se embarcó entonces en un viaje por las zonas més deprimidas siendo testimonio de la pobreza que había inundado ciudades y pueblos de Norteamérica.

Junto a la fotógrafa Dorothea Large, elaboraron un trabajo tan exhaustivo que pasó a formar parte de los archivos oficiales de la Gran Depresión.

El trabajo de investigación de Martha llegó a oídos de la primera dama, Eleanor Roosevelt, una mujer también muy concienciada de las injusticias sociales.

Entre ellas se creó una estrecha relación de amistad que duraría muchos años.

En esta ocasión Martha Gellhorn también utilizó su experiencia para publicar un nuevo libro, titulado The trouble I’ve seen en 1936.

Viajó junto a Hemingwuay a España, contratada por el Collier’s Weekly para cubrir la guerra civil que acababa de estallar. Empezó entonces una de las épocas más intensas de Martha como corresponsal de guerra no sólo en territorio español.  La rápida ascensión y expansión del nazismo y el inicio de la Segunda Guerra Mundial la llevaron a viajar por distintos países europeos y asiáticos. Su novela A stricken field, escrita en 1940, estuvo inspirada en aquellos años convulsos.

La pasión de Martha por su profesión llegaba a tales límites que llegó incluso a disfrazarse de camillero para poder introducirse en la zona en la que tendría lugar el desembarco de Normandía convirtiéndose en la única mujer que presenció el histórico Día D.

Martha Gellhorn continuó viajando y haciendo lo que realmente siempre había querido ser. Con ochenta y nueve años, Martha Gellhorn, considerada una de las corresponsales de guerra más importantes del siglo XX, se quitaba la vida después de sufrir una larga agonía provocada por un cáncer.

Truman Capote (1924 – 1984)

Con 18 años, Capote entró a trabajar en la prestigiosa publicación The New Yorker y desde ese momento pasaría su vida colaborando con numerosos medios (nacionales e internacionales) al tiempo que escribía sus novelas.

Truman Capote se hizo un hueco en el periodismo de investigación con sus excelentes reportajes y entrevistas y lo revolucionó, junto a otros autores de la época, con la aparición de la novela de no-ficción.

El autor cogió algunos de los principios del Nuevo Periodismo y los aplicó a una rigurosa investigación periodística para crear A sangre fría, una noveliza sobre el asesinato de la familia Cutters y la posterior investigación que llevó al arresto de los culpables. Capote se pasó meses visitando los lugares de los hechos y hablando con los testigos, policías y con los propios asesinos para que el relato fuera lo más próximo a la realidad posible.

(Truman Streckfus Persons; Nueva Orleans, 1924 – Los Ángeles, 1984) Novelista estadounidense. Pese al carácter profundamente realista de su obra, combinó en sus narraciones el misterio y el refinamiento literario, poniendo de manifiesto las oscuras profundidades psicológicas del sistema norteamericano a través de caracteres inquietantes, como en el caso de A sangre fría (1966), la más famosa de sus novelas.

Escritor precoz, desde muy adolescente había comenzado a pergeñar historias para, como él mismo diría, paliar la soledad de su infancia.

A los dieciocho años entra a trabajar en el New Yorker y a los veintiuno deja el periódico y publica un relato, Miriam, en la revista Mademoiselle, que atrae la atención de los críticos y es seleccionado para el volumen de cuentos del premio O’Henry de 1946.

Vinieron luego los años de sus viajes y de residencia en Italia, Grecia y España; visitó también la Unión Soviética.

Durante la década de los cincuenta publica insuperables entrevistas en Playboy y termina una de sus novelas más deliciosas, Desayuno en Tiffany’s (1958); tres años después de su publicación, Blake Edwards dirigiría una excelente adaptación cinematográfica protagonizada por Audrey Hepburn. 

Su interés por el periodismo y su intensa colaboración con la revista New Yorker lo acercaron a la disciplina del reportaje de investigación, lo que dio como fruto su célebre obra A sangre fría (1966), creadora del género de la non-fiction novel, basándose en documentos policiales y el testimonio de los implicados.

Por esta novela, junto a Norman Mailer y Tom Wolfe, Capote es considerado uno de los padres del new journalism (nuevo periodismo), que combina la ficción narrativa y el periodismo de reportaje, dentro de una nueva concepción de la relación entre realidad y ficción.

La escritura de esta novela le llevó siete largos años y la crítica no tardó en saludarla como la novela más «dura» y significativa de la década de los sesenta.

Capote murió en Bel-Air (Los Ángeles), el 25 de agosto de 1984, a los 59 años. Según el informe forense, la causa de la muerte fue «enfermedad hepática complicada por flebitis e intoxicación por múltiples drogas».

Rodolfo Walsh (1927 – 1977)

Rodolfo Walsh es, sin duda, una de las figuras más interesantes del periodismo latinoamericano del siglo XX. Comenzó escribiendo novelas policiacas y reportajes culturales para varios periódicos argentinos pero no tardó en usar su olfato de sabueso para trabajar como periodista de investigación y denunciar los abusos que se cometían en su país.

Es considerado por muchos el verdadero padre de la novela de no-ficción ya que su Operación Masacre se adelantó nueva años al A sangre fría de Capote.

Con la llegada de la dictadura de 1976, Rodolfo Walsh decidió permanecer en el país luchando con el grupo guerrillero Montoneros  y se dedicó a escribir su Carta abierta de un escritor a la Junta Militar, que repartía por los buzones de Buenos Aires.

El 25 de marzo de 1977 fue emboscado y acribillado por orden del régimen. Los atacantes se llevaron sus restos y su nombre pasó a la (larga) lista de desaparecidos durante la dictadura.

(Choele-Choel, 1927 – Buenos Aires, 1977) Narrador y periodista argentino que destacó como singular cultivador del género policiaco. El caso de Rodolfo Walsh es uno de los más dramáticos de la Argentina de los últimos años: después de editar varias novelas con mucho éxito y algunos escritos con no menor impacto (entre ellos el cuento «Esa mujer»), comenzó a sentir la presión del peso de las responsabilidades, en el orden personal, que le llevaron a adquirir un compromiso con la realidad social de su país y contra la devastación de los criterios de convivencia y de solidaridad más elementales.

La obra de Rodolfo Walsh se inició con la publicación de Variaciones en rojo (1953), compuesta por tres relatos de clásico corte policial al estilo anglosajón: enigmas que un detective, en este caso un corrector editorial de pruebas, logra dilucidar a través de inferencias inteligentes, y de datos y detalles desapercibidos para el lector pero reveladores para el detective. En esa línea, ese mismo año compila la antología Diez cuentos policiales argentinos, donde incluye su propio «Cuento para tahúres».

Los acontecimientos que tuvieron lugar entre la caída de Juan Domingo Perón y la consolidación del nuevo gobierno modificaron la inicial indiferencia política de Walsh. En efecto, para denunciar el fusilamiento sumario, en 1956, de un grupo de opositores al nuevo régimen en la localidad bonaerense de José León Suárez, escribió en un periódico lo que más tarde, bajo la forma de libro, se publicó con el título de Operación Masacre (1957).

Aquí el detective deviene periodista, y el periodista pasa de la investigación del delito individual, del caso policial, a la investigación del crimen social y político. De este modo, y tal vez sin ser del todo consciente de su aporte, Walsh sentó en Argentina un precedente de lo que más tarde se conocería en Estados Unidos como «novela de no ficción», con Truman Capote a la cabeza, a la vez que se alejaba de las sendas seguidas por los autores que consagraría el «Boom» de los años 60, como Jorge Luis Borges, Julio Cortázar o Ernesto Sábato.

En El caso Satanowsky (1958), Walsh dirige su denuncia contra los más altos responsables de la llamada Revolución Libertadora: si antes se centró en los fusilamientos de Suárez, ahora trata de los casos de corrupción, extorsión y asesinato vinculados a la lucha por el poder y la propiedad del diario La Razón de Buenos Aires.

Como en un buen relato policial, hay un cadáver, encubridores, cómplices, pistas falsas y la consiguiente investigación.

Pero, a diferencia de la ficción del género policial, todo lo que se relata en el libro de Walsh está documentado, es verídico.

El arte del autor consiste en volverlo verosímil, a través de los procedimientos propios de la literatura.

La confusa muerte de un líder sindical es reconstruida con los mismos artificios en ¿Quién mató a Rosendo? (1969). Por otra parte, en los volúmenes de relatos Los oficios terrestres (1966) y Un kilo de oro (1967), Walsh demostró un talento singular para la construcción de cuentos de alta perfección formal.

«Esa mujer», un cuento cuyo personaje principal es Eva Perón y que pertenece al primero de los volúmenes citados, es uno de los relatos más conocidos y representativos del autor.

En 1974 se rodó la película La Patagonia Rebelde, basada en la novela de un compañero de generación, Osvaldo Bayer; el filme causó un enorme malestar entre los miembros de las fuerzas armadas argentinas de aquellos años. Así las cosas, Walsh resolvió no exiliarse y permanecer en la Argentina hasta que, apenas comenzada la escalada terrorista del golpe militar, fue sacado a la fuerza de su casa y llevado hacia una muerte casi segura.

Rodolfo Walsh fue uno de los más de treinta mil desaparecidos durante la dictadura militar de los años 1976-1983. La desaparición de Rodolfo Walsh en 1977, después de haber escrito una «Carta abierta a la Junta Militar», influyó durante años la lectura de su obra. Pero cuando sus textos volvieron a estar libres de prohibiciones y censuras se comprobó que, junto a la figura del militante político, se erigía la de uno de los narradores más sólidos y dotados de la segunda mitad del siglo XX en Argentina.

Gabriel García Márquez (1927 – 2014)

El gran Gabo decía del periodismo que era “el mejor oficio del mundo” y defendió ese ideal durante toda su vida, apostando por un periodismo de calidad y comprometido con la sociedad. A pesar de que cursó los estudios de Derecho, se pasó rápidamente al trabajo del plumilla y se convirtió en uno de los redactores más conocidos y respetados de América Latina.

García Márquez se sumaría al movimiento conocido como Nuevo Periodismo y volcaría su talento en crónicas y reportajes que, si bien mantenían los estándares de objetividad periodística, utilizaban el estilo y las formas de la escritura narrativa. En 1995 creó la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano.

(Aracataca, Colombia, 1927 – México D.F., 2014) Novelista colombiano, premio Nobel de Literatura en 1982 y uno de los grandes maestros de la literatura universal. Gabriel García Márquez fue la figura fundamental del llamado Boom de la literatura hispanoamericana, fenómeno editorial que, en la década de 1960, dio proyección mundial a las últimas hornadas de narradores del continente.

A los veintiocho años publicó su primera novela, La hojarasca (1955), en la que ya apuntaba algunos de los rasgos más característicos de su obra de ficción. En este primer libro y algunas de las novelas y cuentos que le siguieron empezaron a vislumbrarse la aldea de Macondo y algunos personajes que configurarían Cien años de soledad, al tiempo que el autor hallaba en algunos creadores estadounidenses, sobre todo en William Faulkner, nuevas fórmulas expresivas.

Comprometido con los movimientos de izquierda, Gabriel García Márquez siguió de cerca la insurrección guerrillera cubana de Fidel Castro y el Che Guevara hasta su triunfo en 1959.

Amigo de Fidel Castro, participó por entonces en la fundación de Prensa Latina, la agencia de noticias de Cuba.

Al cabo de no pocas vicisitudes con diversos editores, García Márquez logró que una editorial argentina le publicase la que constituye su obra maestra y una de las novelas más importantes de la literatura universal del siglo XX, Cien años de soledad (1967).

Su prestigio literario, que en 1982 le valió el Premio Nobel de Literatura, le confirió autoridad para hacer oír su voz sobre la vida política y social colombiana.

Su actividad como periodista quedó recogida en Textos costeños (1981) y Entre cachacos (1983), compendios de artículos publicados en la prensa escrita, y en Noticia de un secuestro, amplio reportaje novelado editado en 1996 que trata de la dramática peripecia de nueve periodistas secuestrados por orden del narcotraficante Pablo Escobar. 

Relato de un náufrago, reportaje sobre un caso real publicado en forma de novela en 1968, constituye un brillante ejemplo de «nuevo realismo» y puso de manifiesto su capacidad para cambiar de registro.

 Falleció en la ciudad de México en 2014, tras una recaída en el cáncer linfático que le había sido diagnosticado en 1999.

Oriana Fallaci (1929 – 2006)

Su nombre se escucha en las facultades de periodismo de todo el mundo y es que no es para menos. Oriana Fallaci agitó los estándares de la profesión y los llevó hasta nuevos niveles inimaginables unos años antes de que ella apareciera para cambiarlo todo.

Su forma de trabajar, de redactar y de entrevistar abrió la puerta a un tipo de periodismo más personal, duro con el poder y dispuesto a hacer todas las preguntas incómodas que haga falta.

Durante muchos años fue corresponsal de guerra en Vietnam, India, Oriente Medio y América Latina (resultó herida en la masacre de Tlatelolco) y realizó entrevistas magistrales a personajes tan destacados como Mahatma Gandhi, Yasser Arafat, Henry Kissinger, el ayatollah Jomeini, Frank Sinatra o Muamar el Gadafi.

Su lengua mordaz no dejó a ningún entrevistado impávido. La italiana Oriana Fallaci fue una de las periodistas más importantes del siglo XX que con su particular estilo logró entrevistas emblemáticas a varios de los líderes y personalidades de su época.

Aunque el periodismo no fue su primera opción (entró primero a medicina), Oriana entró a trabajar en Il Mattino, para luego instalarse en 1951 en Milán y escribir en L’Europeo.

Sus primeras incursiones en el periodismo la llevaron a cubrir Hollywood de un modo poco convencional, irrespetuoso dirían algunos, (a Elvis lo calificó como “un idiota que solo se movía si iba precedido de una multitud de jóvenes”), lo que terminó por consagrar su firma como sinónimo de ventas de diarios.

El éxito en Estados Unidos la convirtió en la primera corresponsal de guerra italiana, debutando en Vietnam, y luego cubriendo conflictos en India y Pakistán, América del Sur y Medio Oriente.

El método Fallaci, hoy estudiado en las universidades, se caracterizaba por hacer del mal genio una virtud y de la pregunta impertinente un género. En 1979 Oriana entrevistó al Ayatolá Jomeini, cubierta con un velo por respeto, pero el entrevistado comenzó a exasperarse por las preguntas sobre la condición femenina de Irán, por lo que Oriana se descubrió las cabeza y el Ayatola se fue iracundo de la habitación, pues en su presencia ninguna mujer estaba destapada.

Fallaci entrevistó a líderes de estado como Henry Kissinger, Golda Meir, Yasir Arafat, Muamar Gadafi entre otros muchos. Además fue una prolífica autora de libros, vendiendo más de 20 millones de copias en todo el mundo. Su primer best seller, Carta a un niño que no llegó a nacer (1975) fue sobre su propia experiencia del embarazo y posterior aborto.

Su artículo más polémico, hecho tras el atentado de las Torres Gemelas en 2001, llamado La rabia y el orgullo, fue el inicio de una trilogía donde denunciaba el fanatismo islámico comparándolo con el nazismo y calificando a Europa de Eurabia.

Hasta ese momento nadie había hablado de forma tan contundente y reprobatoria sobre el islam.

Oriana o “la Fallaci” continúa siendo un referente indiscutible del periodismo por un estilo que siempre tuvo una postura crítica al poder.

Fallaci murió en Florencia el 15 de septiembre de 2006 a los setenta y siete años de edad, después de un empeoramiento de sus condiciones de salud, a consecuencia del cáncer que padecía.

Deseó morir en su ciudad natal:

«Quiero morir en la torre de Mannelli mirando el río Arno desde el Puente Vecchio. Era el cuartel general de los partisanos que gobernaba mi padre, el grupo de “Justicia y Libertad”. Miembros del Partito d’Azione, liberales y socialista. Cuando era niña iba allí, y mi nombre de batalla era Emilia. Entregaba las bombas de mano a los adultos. Las escondía dentro de las cesta de ensalada».

Sin embargo, dado lo inadecuado del sitio para una persona en precario estado de salud, fue imposible que se alojara en la Torre de Mannelli.

La escritora fue ingresada en la clínica de Santa Chiara, donde falleció.

Tom Wolfe (1930 – 2018)

Al autor de La hoguera de las vanidades se le recordará como a una persona excéntrica y extraña que bajo su gesto infantil y sus extravagantes trajes de tres piezas ocultaba una mente ágil y brillante como pocas.

Tom Wolfe fue uno de los primeros redactores estadounidenses que rompieron con los estándares periodísticos en la década de los 60 y comenzaron a experimentar, a probar estilos diferentes que tomaban prestado de la novela y daban al lenguaje una nueva y refrescante libertad.

La sátira y el humor eran un elemento clave en sus textos periodísticos, en los cuales quiso aportar una nueva mirada sociedad estadounidense.

Tom Wolfe (de nombre completo Thomas Kennerley Wolfe) nació en Richmond, Virginia (Estados Unidos) el 2 de marzo del año 1930, hijo de Thomas Kennerly Wolfe, un científico agrario que también editaba una publicación del ramo llamada “Souther Planter”, y de Louise Agnew, una paisajista.

A finales de los años 50 comenzó a trabajar como periodista, alcanzando la fama tras colaborar en numerosas publicaciones como el Esquire, The Washington Post o el New York Herald.

La importancia de Tom Wolfe, escritor con apostura blancuzca de dandy, viene dada por ser el impulsor en los años sesenta del “nuevo periodismo” mixturando las técnicas creativas literarias con asuntos de no-ficción.

Así, con enfoque independiente, satírico e irónico, publicó libros de no-ficción como ““In Our Time” (1961)”, “El Coqueto Aerodinámico Rocanrol Color Caramelo De Ron” (1965), “La Banda De La Casa De La Bomba y Otras Crónicas De La Era Pop” (1968), “Gaseosa De Ácido Eléctrico” (1968), viaje lisérgico de los Merry Pranksters, o la sátira “La Izquierda Exquisita & Mau-Mauando Al Parachoques” (1970) entre otros.

Su primera novela fue “La Hoguera De Las Vanidades” (1987), historia de corrupción y avaricia ambientada en la ciudad de Nueva York que fue publicada en principio por capítulos en la conocida revista “Rolling Stone”, convirtiéndose en best-seller cuando fue editada como libro. Posteriormente apareció otra novela titulada “Todo Un Hombre” (1998).

Tom Wolfe murió el 14 de mayo del año 2018 en Nueva York. Tenía 88 años de edad. Está enterrado en el Cementerio Hollywood de Richmond, su población natal.

Ryszard Kapuściński (1932 – 2007)

El periodista polaco ganó fama internacional mientras cubría, a través de sus crónicas, los conflictos que la Guerra Fría provocaba en Asia, África y América Latina al tiempo que se acercaba a los pobres y olvidados de todo el mundo para contar su historia y su realidad. Kapuściński tenía una forma de ver el mundo difícil de igualar y una voz única capaz de hacer que sus textos cobraran vida.

Aunque con el paso de los años se le ha acusado de exagerar, alterar e incluso inventar algunas de las situaciones que supuestamente vivió para que fueran más estéticas y potentes, las crónicas de sus viajes siguen teniendo la capacidad de trasladar al lector.

Rysard Kapuściński  (Polonia, actual Bielorrusia), 4 de marzo de 1932 — Varsovia, 23 de enero de 2007) fue un periodista, escritor, ensayista y poeta polaco, famoso por sus narraciones sobre el continente africano.

Entre 1954 y 1981 fue miembro del Partido Obrero Unificado Polaco (denominación que tenía en Polonia el Partido Comunista).

En 1964, tras perfeccionar sus habilidades para reportar asuntos domésticos, fue designado por la Agencia de Prensa Polaca (PAP, por sus siglas en polaco) como su único corresponsal en el extranjero, iniciando su labor en la India de Nehru.

Fue corresponsal en el extranjero hasta 1981.

Viajó por los países en vías de desarrollo y reportó guerras, golpes de Estado y revoluciones en Asia, Europa y las Américas; incluyendo la Guerra del Fútbol.

En el mundo anglosajón es más conocido por sus reportajes en África en las décadas de 1960 y 1970, cuando presenció de primera mano el fin de los imperios coloniales europeos en aquel continente.

A comienzos de 2007 falleció a causa de un paro cardíaco poco después de haber sido operado de un cáncer.

Hunter S. Thompson (1937 – 2005)

En el caso de Hunter S. Thompson es difícil decir donde acaba el hombre y empieza el mito ya que el escritor (él mismo decía que no era reportero, que era escritor) hizo de su vida un espectáculo de desenfreno, drogas y alcohol que ha calado en el recuerdo.

Comenzó a escribir para medios impresos por dinero y siempre rechazó la idea de que lo que él hacía se pudiera enmarcar en el “periodismo ortodoxo”, era drogadicto y alcohólico y dio lugar al conocido como periodismo gonzo.

Este subgénero del periodismo se caracteriza por el total desprecio a la objetividad y al papel de observador y narrador del periodista, optando por un enfoque en el que el reportero pasa a formar parte de la historia que está contando e incluso a intervenir en ella.

Hunter S. (Stockton) Thompson nació el 18 de julio del año 1937 en Louisville, Kentucky (Estados Unidos), hijo del vendedor de seguros Jack Robert Thompson y de Virginia Davidson Ray.

En su adolescencia se aficionó a la lectura y consumió abundante alcohol. En este período de su vida pasó algún tiempo en la cárcel por pequeños robos. Después de servir en los años 50 en la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, en donde ejerció la crónica deportiva, Thompson acudió a la Universidad de Columbia para seguir un curso de escritura creativa.

Ejerció el periodismo en diversos medios, entre ellos “The National Observer”, “The Nation”, “Playboy”, “Rolling Stone” o “The San Francisco Examiner”, y fue uno de los puntales del denominado “Nuevo Periodismo” junto a Tom Wolfe o Truman Capote, siendo el creador del periodismo “gonzo” al elaborar crónicas autobiográficas desde una determinante implicación subjetiva del redactor en el ambiente del objeto del reportaje.

Su primer trabajo en este estilo, bautizado por el periodista Bill Cardoso, fue el artículo “El Derby De Kentucky Es Decadente y Depravado”.

En los años 60, en plena época hippie y contracultural, además del alcohol, Hunter probó diferentes sustancias psicotrópicas, desde el LSD a cocaína, pasando por marihuana o peyote.

Entre sus influencias literarias se encuentran miembros de la Generación Beat, como Jack Kerouac o William Burroughs, además de otros escritores como Ken KeseyWilliam FaulknerHenry Miller o Joseph Conrad.

En “Los Ángeles Del Infierno” (1966) escribió sus experiencias con Los Ángeles Del Infierno. Estas experiencias terminaron con agresiones del grupo de motoristas al periodista.

En “Miedo y Asco En Las Vegas” (1971), su libro más conocido, narró cargado de drogas sus vivencias en la ciudad del juego.
En “La Gran Caza Del Tiburón” (1979) fue requerido por la revista “Playboy” para hacer un singular reportaje sobre un torneo de pesca en la península de Yucatán.

“El Diario Del Ron” (1998), libro centrado en un periodista alcohólico, fue su única novela. En “El Escritor Gonzo” (2000) se trataba su vida y su forma de hacer periodismo.

Al margen de estos títulos editados en español, Thompson también ha editado los libros de relatos “Kingdom Of Fear”, “Screwjack” y “Hey Rube”, y, entre otros volúmenes, “Fear And Loathing: On The Campaign Trail’ 72” (1973), crónica política que siguió la campaña presidencial de 1972 para la revista Rolling Stone, y “La Maldición De Lono” (1983), libro ambientado en Hawai.

En el año 2013, la editorial Gallo Nero publicó “El Último Dinosaurio” (2013), una recopilación de entrevistas al autor estadounidense.

Thompson fue miembro de la Asociación Nacional del Rifle.

En cuanto a su vida sentimental, Thompson se casó en el año 1963 con Sandra Dawn Conklin, con quien tuvo en 1964 a su hijo Juan Fitzgerald. La pareja se divorció en 1980.

En el año 2005 se casó con su secretaria Anita. Se suicidó el 20 de febrero del año 2005, fecha en que se disparó en su cabeza en su rancho de Colorado.

Tenía 67 años de edad. Fue incinerado.

Bob Woodward (1943 – ) y Carl Bernstein (1944 – )

El destino quiso que estos dos nombres quedaran unidos para la posteridad. El Washington Post decidió ponerlos a trabajar juntos cuando el aparente intento de robo en la sede del Partido Demócrata dio paso a un escándalo mayúsculo que haría caer al mismísimo presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon.

Woodward y Bernstein ganaron el Pulitzer por su investigación en el caso Watergate y escribieron juntos el libro Todos los hombres del presidente. Con los años, ambos siguieron con sus carreras por separado.

Bob Woodward (Geneva, EE UU, 1943) y Carl Bernstein (Washington, D.C., 1944). Periodistas estadounidenses. Entre 1973 y 1974 investigaron el caso de escuchas telefónicas, allanamiento y robo de una sede del partido demócrata sita en el edificio Watergate, en Washington.

Concluyeron que el presidente R. Nixon estuvo al corriente de la operación, si no la inspiró, lo que éste, en un principio, negó categóricamente.

A causa de sus acusaciones, sin embargo, varios altos cargos de la Administración dimitieron o fueron detenidos y el mismo presidente, antes de ser sometido a juicio por perjurio, presentó su dimisión, caso insólito en la historia del país.

Woodward y Bernstein recibieron por su trabajo el Premio Pulitzer de periodismo de investigación en 1973.

Robert Capa

Los fotógrafos y amantes Endre Ernő Friedmann y Gerda Taro crearon al personaje de Robert Capa para intentar vender sus propias obras en París y acabarían adoptándolo como pseudónimo para todas las fotografías que harían a lo largo de los años.

Las instantáneas de Robert Capa capturaron momentos clave de la Guerra Civil española, la Segunda Guerra Mundial, el Día D, la Primera Guerra Árabe-Israelí o la Guerra de Indochina con una capacidad única para retratar los horrores del conflicto y el sufrimiento de la población civil.

Es la figura más reconocida en el fotoperiodismo de guerra. Pero cuando descubres que bajo ese seudónimo no hay una, sino dos personas, ¿qué sientes? Al pensar en Capa, puede venirte a la mente un fotógrafo estadounidense muy conocido por inmortalizar la Guerra Civil del 36 desde el campo de batalla, siendo testigo directo del bando republicano.

En realidad, Robert Capa era un seudónimo que escondía a una mujer y un hombre, profesionales de la fotografía. Se inventaron ese nombre imaginando la figura de un fotógrafo norteamericano de prestigio que cruzaría el charco para retratar la guerra en Europa.

Detrás de la cámara, de tantas instantáneas entre la que se encuentra la conocidísima “Muerte de un miliciano” había un nombre-marca que fue un paraguas para dos profesionales. Robert Capa es un alias cuya identidad real corresponde a la alemana Gerda Taro (Gerta Pohorylle) y al húngaro Andrei (Endre Ernő) Friedmann.

Bajo ese nombre y personaje ficticio querían conseguir mayor legitimidad de sus obras: dar mayor valor a sus aportaciones fotográficas, para publicarlas con mayor facilidad en medios internacionales.

Se dice que Gerda Taro fue la primera fotoperiodista que cubrió un frente de guerra.

 Hay muchísimo material suyo.

En 1995 aparecieron más negativos inéditos en la llamada “Valija mexicana”, una maleta con cientos de negativos de fotografías realizadas por ella y otros dos fotógrafos con negativos de la guerra civil, que permaneció oculta desde la ocupación nazi de Paris hasta 1995.

Gerda Taro también fue la primera fotoperiodista que falleció al realizar este trabajo.

Murió accidentalmente en el repliegue de la batalla de Brunete (Madrid), un 26 de julio de 1937, en un hospital de El Escorial a consecuencia de las heridas del accidente que sufrió mientras trabajaba.

Así, las fotografías atribuidas a Robert Capa durante la Guerra Civil pueden haber sido realizadas por uno u otro miembro de la pareja bajo esa firma.

Quién sabe si la instantánea más conocida de Capa, “La muerte de un miliciano”, fechada el 5 de septiembre de 1937 es obra de Gerda Taro. Hay un 50% de posibilidades.

Tras el fallecimiento de la fotógrafa pionera, Friedmann siguió utilizando el nombre de Robert Capa. Lo que resulta difícil de encajar es que cuando buscas “Robert Capa” en lugares como Wikipedia, no hay ni rastro de Gerda Taro en el artículo. (Ojalá para cuando leas este post lo hayan editado ya).

Si buscas el nombre de Gerda Taro en internet, encontrarás algunos reportajes que pueden ayudarte a entender la magnitud de su trabajo.

Deja un legado fotográfico, que bien merece la pena revisitar con ojos nuevos. Los que descubren que detrás de esas potentes instantáneas, también hay una mujer.

Emprendedora, atrevida, arriesgada, creativa. Real. 

Es bien sabido que muchas reporteras – y mujeres de otras profesiones masculinizadas- han utilizado pseudónimos de hombre.

Para poder dar salida a su trabajo. Para ser visibles. Para ser tomadas más en serio. O para sobrevivir.

Cabe decir que algunos artículos reconocen de forma más justa que otros la aportación de la fotógrafa en el tándem más famoso de la historia del periodismo.

A modo de conclusión, decir que tanto que hablamos en la asociación sobre la vitamina V (V de Visibilidad), acordémonos de ejemplos como el de Gerda Taro. 

Nombremos a las mujeres detrás de las marcas, proyectos, equipos. Con el objetivo de que no se difuminen. 

Nombrémonos también a nosotras mismas, permitirnos darnos el tiempo y el espacio al presentarnos ante otras personas. Para que ocupemos el lugar que nos corresponde en la sociedad, en la historia.

Gerda Taro murió en 1937 durante la Guerra Civil española y Friedman en 1954 en Indochina.

nuestras charlas nocturnas.

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