actualidad, opinion, variedades.

El gran ‘First Dates’ del franquismo: la historia de la española a la que se quiso casar con Hitler …


abc/El Confidencial(J.S.Ivars)El autor de la rocambolesca historia al más puro estilo ‘First Dates’, fue Ernesto Giménez Caballero. Sería una boda «tradicional y revolucionaria», según la calificó el escritor, teórico del fascismo y embajador de España durante la dictadura Franco.

Los contrayentes, nada menos que Hitler y la fundadora de la Sección Femenina de la Falange, Pilar Primo de Rivera. Su plan le obsesionó tanto que, incluso, llegó a viajar a Alemania y visitar al ministro de propaganda nazi, Joseph Goebbels, en su casa.

La idea nació en 1938, cuando Giménez Caballero leyó en la revista femenina ‘Y’ los detalles del primer viaje que Pilar Primo de Rivera realizó a Berlín para conocer al ‘Führer’: «Hitler ha dispensado el alto honor de recibir y conversar largamente con nuestra delegada nacional de las secciones femeninas […].

Además, Primo de Rivera recibió un obsequio de Hitler: un magnífico florero con flores rojas y amarillas y algo que el canciller concede muy difícilmente, un retrato con expresiva dedicatoria y un marco de plata. El viaje ha constituido una importante expresión de la amistad hispano-alemana».

Durante tres años, su idea fue tomando forma en su cabeza, hasta que, en 1941, leyó en la prensa que Pilar Primo de Rivera había viajado de nuevo a Alemania y no dudó de que tenía que ponerla en marcha.

En diciembre aprovechó un viaje a la ciudad Weimar, donde había sido invitado por la Asociación Europea de Escritores presidida por Goebbels y se plantó allí con un capote y un Belén de Navidad fabricado en Murcia como regalos, para intentar convencer al ministro de propaganda y abordar los detalles.

La autobiografía de Giménez Caballero, absolutamente descatalogada, se llama ‘Memorias de un dictador’ porque el autor se las dictó a su secretaria. Allí cuenta su vida y sus andanzas, que le hicieron desfilar con los fascistas a través de los años convulsos de la República hasta bien asentado el desarrollismo de Franco. También, a viajar por media Europa para traer a España una versión totalitaria del europeísmo.

Terminada la guerra, Giménez Caballero tenía trato personal con el Caudillo, que había leído y admirado varios de sus libros en su etapa legionaria y marroquí. Esta cercanía le permitió lanzar al general la proposición de casamiento germanoespañol que, según Giménez, solucionaría los problemas del continente del mismo modo que lo hicieron las bodas de Carlos V.

Hay que decir que Giménez Caballero siempre había sido un heterodoxo. Firmó con Onésimo Redondo y los demás Padres de la Falange el manifiesto fundacional del fascismo español en la misma época en que proyectó, en su cineclub madrileño, ‘El acorazado Potemkin’, visto allí por primera vez en nuestro país.

Sus ideas eran originales y frecuentemente insensatas, pero tenía una lengua tan refinada y una personalidad tan extravagante como para rivalizar con Dionisio Ridruejo por el mando de la propaganda en los primeros años de dictadura.

No parece razonable que una mente fría como la de Franco tomase en serio a un intelectual estrambótico de este calibre con una propuesta tan chalada, pero los primeros meses de gobierno estaban siendo muy difíciles para el dictador y la sombra de la Guerra Mundial amenazaba aquella España destruida por la contienda.

Así que Franco le dijo que sí. ‘Vete pa Alemania’, Ernesto. Y Ernesto, que ni siquiera hablaba alemán, ‘p’allá’ que se fue.

Aprovechando un congreso de escritores fascistas en Berlín, se acercó al mismísimo Goebbels vestido de militar, con sus gafas cubistas de culo de vaso y una carta de recomendación del Caudillo en la mano.

El ministro de Propaganda de Hitler lo encontró simpático. Giménez Caballero desconocía el idioma pero era un erudito en cultura germánica.

Tirando de francés, italiano, español, inglés y abundante mímica, logró llevar la conversación con Goebbels hacia la idea de una emperatriz con la que Hitler pudiera formar una nueva dinastía europea.

-¿Y cuál sería la candidata a emperatriz?-, preguntó el alemán, suponemos que levantando una ceja.

-Solo podría ser una… Solo una, por su limpieza de sangre, por su profunda fe católica y, sobre todo, porque arrastraría a todas las juventudes españolas: ¡la hermana de José Antonio! Pilar Primo de Rivera.

Hoy sabemos que el celestinaje no tuvo éxito.

Según cuentan Giménez Caballero y algunos testigos de la conversación, el nazi despachó al español con la excusa de que Hitler había recibido un tiro en la entrepierna durante la Gran Guerra, y por este motivo estaba incapacitado para ejercer cualquier clase de deber marital.

Pilar Primo de Rivera pudo, así, convertirse en el espejo empañado de mojigatería de la mujer franquista, y de paso se libró de la dieta vegetariana y, lo que es más importante, de pasar a la historia como una Eva Braun morena, tímida y católica.

Yo no sé si Ernesto Giménez Caballero tiene calle en Madrid. Si la tuviera, no sé si la merecería. Pero es de locos dejar que una figura como esta (¡y como tantos otros franquistas!) se pierda en los torbellinos de la desmemoria, que es la enfermedad más amenazante para nuestra generación.

nuestras charlas nocturnas.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.