Orígenes del mito del «diablo» …
Primeross/World History(R.Denova)abc(C.Cervera)/BBC — El dios Pan tenía un aspecto mitad humano mitad animal del género caprino. Lo cubría una espesa mata de pelo, y sus piernas no eran piernas, sino robustas patas finalizadas en pezuñas hendidas.
De su frente partían dos cuernos que daban un aire bestial a su rostro, el cual, sin embargo, adquirió con el tiempo una expresión de taimada astucia.
Según la versión más difundida de entre las muchas existentes acerca de su origen, lo primero que Pan escuchó en su vida fueron los gritos de horror de su madre, la hija de Driope, al ver la criatura a la que acababa de dar a luz.
Después de que ella saliese huyendo, Hermes, que era el padre del nuevo dios, lo envolvió en una piel de liebre y lo llevó al Monte Olimpo para que los demás dioses se regocijaran con su visión.
Sus risas burlonas lo rodearon durante los primeros momentos de existencia.
Al crecer, Pan se convirtió, en uno de los semidioses, del panteón griego. Bien por elección o porque su naturaleza especial le inclinaba a ello, vivió al margen del Olimpo, haciendo de los bosques, las cuevas y las fuentes de la Arcadia su hogar.
Ninguna guerra, humana o divina, contó con su participación.
Pan nunca escuchó los lamentos de los héroes ni les ayudó a realizar sus vanas ambiciones. Solo los pastores y los cazadores podían obtener su auxilio.
La hibridación de hombres y animales es una de las más habituales formas de inventar un monstruo.
El zoo-antropomorfismo simboliza generalmente estados superiores del ser, predominando el aspecto racional, cuando la naturaleza animal corresponde a la parte superior del cuerpo.
Por el contrario, si el animal está asumido a la parte inferior del cuerpo, las implicaciones simbólicas asociadas a aspectos psicológicos o a actitudes irracionales, son mucho más fuertes.
Figura antropomorfa con cabeza de chivo que posteriormente pasara a formar parte del «diablo».
En su origen, los sátiros y silenos eran criaturas rudas y desvergonzadas que sobreponían a su naturaleza humana las más groseras cualidades animales.
Lucían cuernos y orejas de cabra, cola de caballo y un falo siempre erecto que aludía a su sexualidad desmedida. Más adelante, ya en época Helenística, se les añadieron patas, pezuñas y cola de macho cabrío. Parece que al principio los sátiros y silenos no eran exactamente iguales.
La leyenda de estos últimos se origina en Asia Menor , fruto de la unión de algunas tribus de humanos con seres equinos; los sátiros, en cambio, procedían del Peloponeso o de alguna de las islas del Egeo y siempre fueron humanos con transmutaciones cabrunas.
Sin embargo muy pronto estas diferencias dejaron de existir y ambos –sátiros y silenos- adquirieron las mismas características y quedaron adscritos al culto dionisiaco.

En las leyendas griegas, los sátiros habitaban en la Arcadia, paraíso de la vida bucólica y agreste.
Eran seres lujuriosos de potencia sexual descontrolada.
Su afán principal era seducir a las ninfas, pero como eran groseros y burdos, ellas los rechazaban.
Sin embargo el rechazo no lograba sino exacerbar el interés de los sátiros -que eran terriblemente rijosos- así que mientras las bellas ninfas cuidaban de sus rebaños, ellos las acechaban y raptaban para violarlas.
Por eso han sido siempre símbolo de lascivia e incontinencia.
Tenían el torso, los brazos y el rostro humano, pero con las orejas, los cuernos, las piernas y la cola de macho cabrío.
Se les representaba como seres despreocupados, salvajes y alegres, amantes de la música y propensos a la embriaguez, casi siempre desnudos, pero portando pieles de cabra y coronados de pámpanos y racimos.
La representación de los sátiros como seres feos y brutales asociados a las ninfas, a las cuales perseguían y raptaban con el afán de violarlas o a las ménades en las fiestas dionisíacas, son muy frecuentes en iconografía griega, especialmente en la pintura cerámica. La escultura clásica presenta, sin embargo, una variación iconográfica excepcional.
De la mano del escultor griego Praxiteles nació un sátiro joven y hermoso en el que las partes animales apenas están insinuadas. Más adelante, siguiendo el camino marcado por Praxiteles, encontraremos esculturas de sátiros que presentan una salvaje belleza.

La palabra serpiente es del hebreo Nahash que significa “silbido o sonido silbante”.
La serpiente pasó a ser una bestia temible. La leyenda de los rabinos judíos dice que la serpiente andaba erguida como anda un hombre sobre sus pies.
De pie tenía el poder de hablar. La exégesis posterior de la doctrina de la serpiente identifica a la serpiente con Satanás o el diablo.
Cabe anotar que Moisés (escritor de Génesis) no habla de un espíritu malévolo, simplemente nos describe la escena dentro del campo físico. En Mateo 23:33 Jesús llamó a los Fariseos “Generación (o cría) de víboras”.
Los Fariseos eran hijos de la raza (o simiente) de la serpiente. La cría de víboras son los hijos del diablo que dice 1 Juan 3:10 que no hacen justicia ni aman a su hermano.
El diablo es la serpiente antigua de Apocalipsis 12:9, así que los Fariseos eran hijos de la raza de la serpiente, porque tienen y tenían la misma vida y naturaleza de la serpiente espiritual.
– El Origen de Satán
Satán, Satanás o el Diablo, es uno de los personajes más conocidos de las tradiciones occidentales del judaísmo, el cristianismo y el islam.
Sorprendentemente, esta entidad llegó tarde al mundo antiguo. Satán, como un ser totalmente maligno, no se encuentra en ninguna parte de la Biblia hebrea (o Antiguo Testamento para los cristianos). El término evolucionó durante el apogeo del imperio persa aqueménida (comenzando c. 550 a.C.) y fue adoptado por los judíos que vivían bajo el dominio persa en ese momento.
Su nombre formal, Satán, deriva del hebreo «ha-Satán«. «Ha» significa «el» y «Satán» significa «opositor» o «adversario». El nombre describía su eventual función como opositor a la creación de Dios. El griego «diábolos» que pasó al español como «diablo», significaba «acusador» o «calumniador», describiendo nuevamente su papel. El concepto de Satán surgió con el tiempo y en fases.
– El Problema de la Existencia del Mal
El mal siempre ha existido. Los seres humanos se han encontrado con desastres naturales (terremotos, inundaciones), guerras con saqueos y violaciones, enfermedades, plagas y mortalidad infantil, males provocados por el hombre como asesinatos y robos y, por supuesto, la muerte.
Mientras en la antigüedad se construían los primeros sistemas religiosos, la existencia del mal tuvo que ser explicada y racionalizada. Los mitos de la creación a menudo designaban a un dios supremo o un rey de los dioses, que controlaba todo, incluidos los demás dioses y la naturaleza.
En esta capacidad, eran responsables tanto del bien como del mal. El término para describir esta habilidad es omnipotencia (todopoderoso). En Deuteronomio 28, Dios declara que controla tanto la prosperidad como el sufrimiento. Muchos mitos de la creación abordaron cómo y por qué surgió el mal.
El Génesis puede entenderse como una polémica contra sus vecinos, los antiguos mesopotámicos. En el mito de la creación mesopotámico, el Enuma Elish, los propios dioses son responsables del mal. Son caprichosos y caóticos, y crearon a los humanos simplemente como esclavos que les ofrecen sacrificios.
El Dios de Israel se muestra como lo opuesto; nunca es caprichoso, hay un plan divino y todo lo que creó es considerado bueno. La función narrativa de la «caída» en el Jardín del Edén, el relato de Adán y Eva, fue demostrar que el mal comenzó por culpa de los humanos, no de Dios.
Su desobediencia condujo a las luchas del hombre por producir alimentos y al dolor de la mujer durante el parto. Pero el castigo más severo fue la pérdida de su inmortalidad. El pecado de Adán y Eva trajo el mayor mal, la muerte. Como sus descendientes, todos estamos condenados a este destino.
Siendo humanos, la gente proyectaba sus propias experiencias sobre los dioses. Los reyes tenían cortes de nobles y consejeros. Como en la tierra, así también en los cielos. Como en cualquier corte, había funcionarios superiores e inferiores. Los superiores eran los ángeles en el judaísmo. Las deidades inferiores, daimons (en griego), eran originalmente neutrales, pero con el tiempo fueron culpados del mal.
En Génesis, Dios le habla a su corte, «los hijos de Dios», los ángeles, mientras procede a crear la tierra.
Al final de la creación, tenemos un pasaje extraño en Génesis 6.
Leemos que «los hijos de Dios» tuvieron relaciones sexuales con mujeres humanas, produciendo los «Nefilim», gigantes antiguos.
El propósito de esta narrativa es explicar por qué Dios envió el diluvio (el mal en la tierra).
Muchos panteones tenían dioses que se aparearon con mujeres, particularmente Zeus en la mitología griega.
Sin embargo, la tradición israelita rechazó este comportamiento ya que esta mezcla podría conducir al gran pecado de la idolatría.
– Ha-Satán y el Libro de Job
El Libro de Job (c. 600 a.C.) es el texto más antiguo que aborda el problema de la teodicea, que es un término moderno para el problema de «Si Dios es bueno, ¿por qué permite que exista el mal y el sufrimiento?» El libro comienza con los ángeles presentándose ante Dios.
Entre ellos se encuentra el ángel ha-Satán (el-adversario), cuya función era viajar por el mundo colocando «obstáculos» (el significado de su nombre) frente a los humanos, obligándolos a tomar una decisión (buena o mala). En este papel, podemos decir que actúa como el fiscal de Dios.
Al presentarse ante Dios, mencionó al siervo de Dios, Job, que había prosperado. Pero, por supuesto, dice que es porque Dios le concedió tanto favor a Job.
La apuesta está en marcha. Dios le dice a ha-Satán que destruya toda la prosperidad de Job, todo menos su vida. Dios está seguro de que Job no se apartará de él. Los hijos de Job mueren, sus cosechas y rebaños son destruidos y sufre enfermedades horribles. Todos los amigos de Job vienen a consolarlo y convencerlo de que debe haber pecado porque Dios es un dios de justicia.
En todo momento, Job insiste en que nunca pecó; Dios lo ha castigado injustamente. Frustrado, Job le pide a Dios una explicación y una voz procedente del torbellino le advierte: «¿Dónde estabas cuando puse los cimientos de la tierra?» (Job 38: 4) En otras palabras: «¿Cómo te atreves (un simple mortal) a cuestionarme?» Job se humilla y concede las prerrogativas y el poder de Dios.

Ha-Satán aparece raramente en las escrituras judías. En las pocas referencias a ha-Satán, se opone a los humanos, no a Dios. En el Edén, la serpiente cumple esta función, ofreciendo una opción a Adán y Eva. En la mayoría de los libros de los Profetas, el mal es culpa del pecado humano de la idolatría. Dios todavía está en control, castigando a Israel.
– Dominio Persa y Zoroastrismo
Cuando Jerusalén fue conquistada y destruida por el Imperio Neobabilónico (587 a.C.), algunos judíos fueron llevados cautivos a Babilonia. Luego, Ciro el Grande conquistó a los babilonios en 550 a.C. y estableció el Imperio Persa. El culto estatal de Persia fue el zoroastrismo, fundado por el profeta Zoroastro. El mal era visto como el polo opuesto del bien.
Un ser puro y bueno, Ahura Mazda («Señor Sabio») era la fuente de todo, y en el polo opuesto estaba el druj, el caos. Druj se personificó como Angra Mainyu («falso», «engaño»), también conocido como Ahriman. Los cielos, la tierra y todos los humanos caen dentro de este rango polar.
Ciro permitió que los judíos regresaran a Jerusalén (539 a.C.), aunque algunos se quedaron. Se llevaron muchos elementos de la antigua religión persa y fusionaron la personificación del caos con su visión temprana de ha-Satán. Ahora solo era Satán o, en griego, diábolos, el Diablo, y los judíos comenzaron a asignar todo el mal a Satán en vez de a Dios.
– Los Rollos del Mar Muerto
En los escritos de la secta judía de los esenios que se estableció en Qumrán (c. 150 a.C.), tenemos nuestra primera literatura que creó un método conocido como la personificación del mal.
La literatura sectaria equiparó a Satanás no solo con el mal, sino específicamente con cualquier persona o grupo que no estuviera de acuerdo con sus propios puntos de vista, incluidos otros judíos.
Según sus textos, Dios había creado dos espíritus en los seres humanos: el camino de la luz y el camino de las tinieblas. Los demonios ahora estaban bajo el control de Satán, quien los envió a poseer a los que están en tinieblas para cometer el mal.
Los esenios aplicaron nombres simbólicos a Satán y sus agentes; Belial («mandria» o «sin valor» en hebreo) que liderará a los «hijos de las tinieblas» contra los de la luz en la batalla final (El Rollo de la Guerra).
Al igual que con los ángeles y arcángeles en el cielo, ahora tenemos jerarquía y diferentes funciones en la corte de Satán. Beelzebú fue uno de los siete príncipes del infierno y fue derivado de un antiguo dios cananeo que era conocido por deshacerse de las moscas (portadoras de enfermedades). Así se volvió Beelzebú, Señor de las Moscas.
Varios textos apocalípticos se encontraban entre los pergaminos de Qumrán. Los Libros de Enoc brindan más detalles sobre los «hijos de Dios».
Fueron condenados por enseñar a los humanos la metalurgia y la magia, y fueron castigados con ser arrojados del cielo y encadenados al abismo (el concepto judío del Sheol, la tierra de los muertos) por la eternidad.
En otro texto, el Libro de los Jubileos, se agregó más literatura sobre el diablo.
El nombre de Satán aquí es Mastema (que significa «odiado» u «hostilidad»).
Aprendemos que Mastema quería ser más alto que Dios y se rebeló.
Él y sus compañeros ángeles fueron arrojados al abismo sin fondo.
Satán se convirtió en el ángel caído.
Dios quería destruir a todos los demonios después del diluvio, pero Mastema le pidió a Dios que le permitiera tener una décima parte de ellos para seguir atormentando a los hombres porque «la maldad de los hijos de los hombres es grande» (10:8).
Con el permiso de Dios, Mastema se convirtió en el tentador que fue escrito en historias anteriores.
En el Libro de los Jubileos, fue Mastema a quien se le permitió probar a Abraham con el sacrificio de Isaac. En otras palabras, la omnipotencia de Dios permanece intacta; Satán no podría hacer su obra sin el permiso de Dios.
– El Nuevo Testamento
En las cartas de Pablo y los evangelios, se menciona que Satán es ahora el gobernante de este mundo. Esto se expresa en una carta escrita por uno de los discípulos de Pablo:
Pónganse toda la armadura de Dios para poder mantenerse firmes contra todas las estrategias del diablo. Pues no luchamos contra enemigos de carne y hueso, sino contra gobernadores malignos y autoridades del mundo invisible,
contra fuerzas poderosas de este mundo tenebroso y contra espíritus malignos de los lugares celestiales. (Efesios 6:11-12).
Pablo a menudo se refería a los demonios como los agentes de Satán que interferían con su misión. Escribiendo desde prisión, Pablo explicó que no podía visitar su comunidad «porque Satanás nos lo impidió» (1 Tesalonicenses 2: 17-18).
Las luchas internas de Pablo se expresaron en lo que puede entenderse como una forma de posesión: «Y para evitar que me volviera orgulloso, se me dio una espina en mi carne, un mensajero de Satanás para atormentarme…» ( 2 Corintios 12:7-9).
Pablo vio esto como la habilidad de Dios de controlar a Satán para probarlo. Su frase familiar, que los creyentes ahora viven en Cristo, se refería a la protección de Cristo contra la influencia de los demonios de Satán en el universo.

El Diablo también ocupa un lugar importante en el primer evangelio, Marcos (c. 70 d.C.). Marcos utilizó un estereotipo común para describir el ministerio de Jesús, el de un exorcista carismático que predicó y realizó milagros en todo el Imperio Romano. «Carismático» (en griego, «dones») es la afirmación de que sus habilidades eran un «don de los dioses».
Un exorcista era alguien que expulsaba demonios. En el siglo I, se entendía que las discapacidades físicas y mentales y las enfermedades eran debido a la posesión de demonios. Marcos enfatizó el ministerio como una batalla entre Jesús y el gobierno actual del Diablo en la tierra.
En seguida el Espíritu lo impulsó a ir al desierto, y allí fue tentado por Satanás durante cuarenta días. Estaba entre las fieras, y los ángeles le servían. (Marcos 1:12-13).
Es interesante que Marcos no tuvo que explicar el personaje de Satán; asumió que sus lectores lo conocían. Tanto Mateo como Lucas ampliaron esta escena (Mateo 4:1-11; Lucas 4:1-13).
Satán, en su papel de tentador, le presentó a Jesús tres tentaciones, pero Jesús siempre conoce la respuesta correcta de las Escrituras. Es significativo que Jesús no discute la afirmación de Satán de controlar los reinos de este mundo.
Si bien los discípulos de Marcos a menudo están confusos sobre la identidad de Jesús, todos los demonios lo conocen y reconocen su superioridad. En Marcos 5:1-13, el nombre colectivo de los demonios expulsados por Jesús es «Legión», que puede ser la visión no muy sutil de Marcos del ejército romano.
Marcos y los demás presentaron a los oponentes de Jesús como bajo la influencia de Satán. En Lucas y Juan, Satanás «entró en Judas» para traicionar a Jesús (Lucas 22:3). La culminación de la culpa por la muerte de Jesús alcanzó su punto máximo en Juan 8:40.
En el evangelio de Juan, los judíos nunca pueden alcanzar la salvación porque son hijos de su «verdadero padre, el Diablo».
El Libro del Apocalipsis (c. 90-100 d.C.) de Juan de Patmos es una visión apocalíptica de cuando Dios intervendría en los asuntos humanos en los últimos días y castigaría a Roma por su persecución contra los cristianos. Incluyó la afirmación de que Satán estaba encadenado en los pozos del Infierno, por lo que confiaba en sus agentes para su trabajo.

El agente principal se conoce como «la bestia» y el «engañador»; el término «Anticristo» no está en el Apocalipsis, sino en las tres epístolas de Juan. El engañador aparecerá como alguien bueno y reunirá un seguimiento mundial. Conocerán a sus seguidores por el signo del «666» que llevan.
En una de las visiones de Juan, hizo referencia a Isaías 14, una polémica contra el rey de Babilonia. Isaías criticó al rey que se tituló a sí mismo «lucero del amanecer» por su arrogancia de pensar que era divino: «¡Cómo has caído del cielo, estrella de la mañana, hijo del alba!»
Cuando Jerónimo tradujo las escrituras hebreas al latín en el siglo IV d.C., sabía que los romanos llamaron a su estrella de la mañana (el planeta Venus) Lucifer y tradujeron el pasaje como tal. Lucifer se convirtió en el nombre más popular en la Edad Media para referirse al Diablo.
A lo largo de la mayor parte del Apocalipsis, Satán permanece encadenado en el abismo. Al final del reinado de 1000 años de Cristo en la tierra, Satán es liberado para la batalla final. La ironía se encuentra en la imagen de Cristo «como un cordero» que derrota a este monstruo de todas formas. Es arrojado al «lago de fuego», el Mar Muerto (Apocalipsis 20:1-5).
– El «Descenso de Cristo a los Infiernos»
En los Hechos de los Apóstoles, Lucas afirmó que el Hades (Sheol) no podía retener al Cristo crucificado (2:27). En 1 Pedro 3, Jesús «predicó a los espíritus encarcelados que desobedecieron hace mucho tiempo» y 4:6 «el evangelio fue predicado incluso a los que ahora están muertos». En el siglo II d.C., se agregaron detalles a la historia de la muerte de Jesús para aclarar dos detalles:
- ¿Qué estaba haciendo Jesús en el ínterin entre el Viernes Santo y el Domingo de Pascua?
- ¿Cómo podría salvarse una persona justa del pasado si no tuvo la oportunidad de conocer a Jesús?

Mientras su cuerpo estaba en la tumba, el alma de Jesús viajó al Infierno donde luchó contra Satán por las almas de los justos. Cuando la piedra fue removida, estas almas justas vinieron con él (Adán, Noé, Moisés, Platón y Aristóteles). La idea de que Cristo «descendió a los infiernos [y] al tercer día resucitó» se incorporó en el Credo Niceno del siglo IV d.C. Para principios de la Edad Media, la historia se conocía como el Descenso de Cristo a los Infiernos.
– Características de Satán y la Personificación del Mal
Los líderes cristianos del siglo II d.C. adoptaron el método de la personificación del mal contra judíos, mujeres, herejes y todo lo pagano. Los cultos nativos creían que los dioses residían en sus templos, pero estos eran agentes de Satán. Los primeros retratos icónicos de Satán provienen de la deidad grecorromana de la fertilidad, Pan, que era mitad hombre, mitad cabra.
Así es como Satán obtuvo sus pezuñas y cuernos. Pan era famosamente representado con un falo enorme y erecto. Este apéndice se volvió común al describir a Satán. Aunque en un principio era dibujado negro, el rojo se convirtió en el color estándar por su asociación con el fuego del infierno.
También fue en el siglo II d.C. que tanto los cristianos como los judíos, (los primeros rabinos) aplicaron nuevos entendimientos a la historia de la caída. Fue entonces cuando la serpiente fue identificada por completo como el Diablo disfrazado, y Eva adquirió más notoriedad como la pecadora principal en el Edén. Con visiones misóginas de todas las mujeres, se entendió que Eva había sido seducida por la serpiente (debido a ese enorme falo), y luego sedujo a Adán.
En el tratado rabínico, Génesis Rabbah, la vergüenza sexual de Eva es la razón por la que las mujeres permanecen con velo, y que la menstruación era el castigo por derramar la sangre de Adán. Tertuliano, un padre de la Iglesia del siglo II d.C., afirmó que a través de Eva todas las mujeres eran la «puerta del Diablo» y debido a Eva «incluso el hijo de Dios tenía que morir» (De Cultu Feminarum, I).
Las tradiciones religiosas de Europa (los celtas, el druidismo y los teutones) agregaron otras características. Los celtas tenían un dios cornudo del oeste, Cernunnos, similar a Pan. La hija de Loki, Hel/Hela, tenía un papel dual en la fertilidad como también en el gobierno de los muertos, y su nombre se incorporó al lugar «Hell» («Infierno» en inglés).
Con características animales, Lucifer y sus demonios tenían la habilidad de cambiar de forma, por lo que era necesaria una vigilancia constante. Se podía engañar a Lucifer y repelerlo con señales de la cruz, agua bendita, el rosario y hostias de comunión. Basado en las relaciones feudales, surgió el concepto de un pacto al vender tu alma a Lucifer a cambio de prosperidad (la famosa historia de Fausto).
Solo la intervención de María, la madre de Cristo, podía romper el pacto. Fue entonces cuando se desarrollaron los rituales de exorcismo que todavía se enseñan a ciertos sacerdotes católicos.
El poema «Inferno» de Dante Alighieri (1265-1321) describió a Satán como un monstruo de tres caras en la sección más baja del Infierno (hielo, lo más alejado de la luz), con gigantes alas de murciélago. Para Dante, el mayor pecado era la traición, y Satán consume a Bruto, Casio y, por supuesto, a Judas.
– Los mitos más oscuros de Satanás, el ángel caído que no reina en el infierno

Fuego, cuernos y tridente . El Demonio de la tradición cristiana se ha terminado convirtiendo en una forma casi parodiable, que no corresponde con lo que dice de él la Biblia (el texto cita a Satanás unas 36 veces y al Diablo 33 veces ) ni con el mito del ángel caído que desafió a Dios. La propia Iglesia considera estos temas poco agradables y no suele deternerse mucho en ellos.
– ¿Es lo mismo Lucifer, el Demonio y Satanás?
La palabra demonio o daemon procede del griego «demon» (genio), un ser sobrenatural descrito como algo que no es humano y que usualmente resulta malévolo. Así y todo, la connotación negativa fue algo que distintas religiones de Oriente Medio fueron añadiendo al concepto de daemon con el paso de los siglos.
En el Antiguo Testamento al adversario de Dios se le llama «Satán», que significa literalmente enemigo u opositor. Paradójicamente, el Satán reflejado en los estratos más antiguos de la Biblia nada tiene que ver con ángeles caídos, ni con demonios corrientes, ni con el origen del mal… simplemente es un ángel a las órdenes de Yahvé encargado de ciertas tareas desagradables. Es más adelante cuando Satán ocupa en la narración el puesto del antipoder frente al Dios Creador, aunque la existencia de este antipoder se intuye ya en el Génesis.
En el Nuevo Testamento, a Satanás se le nombra como «Diablo», que viene del verbo griego «diaballo» (acusar). Otros apelativos que recibe Satanás son Legión, Príncipe de los demonios, Beelzebub, Mentiroso, Padre de la mentira, Pecador desde el principio, Tentador, Maligno, Espíritus malignos, Espíritus inmundos o impuros, Homicida desde el principio, Señor de la muerte, Dragón, Serpiente antigua, Belial, Dios de este mundo, Poder de las tinieblas, Seductor del mundo entero, Ángel de Satanás o Acusador.
Lucifer, por su parte, no está mencionado en el Antiguo Testamento, no al menos directamente, significando «estrella de la mañana» o «el que lleva la luz». Según los textos del renombrado exorcista P. Gabriele Amorth , Lucifer sería el nombre propio del segundo demonio en importancia en la jerarquía demoníaca. No obstante, para el Cristianismo Satanás y Lucifer son la misma cosa.
– ¿Quién es el Ángel caído?
Según la tradición cristiana, Lucifer representa al ángel caído, ejemplo de belleza y sabiduría, a quien la soberbia le condujo a la oscuridad. En consonancia con el pensamiento de Santo Tomás , el pecado de soberbia consistió en pretender obtener la bienaventuranza sobrenatural no como un don gratuito de Dios, es decir, por su gracia, sino por sus propias fuerzas.
Desde su rebelión en la que arrastró a un tercio de los ángeles (Apocalipsis 12:4), es denominado el adversario de Dios, si bien designar a Lucifer como Satán es un invento cristiano procedente –en opinión de Antonio Piñero, catedrático de filología griega en la Universidad Complutense – de «una exégesis particular por parte de los Padres de la Iglesia de un pasaje de Isaías , concretamente el 14,12 5».
«¡Cómo has caído de los cielos, Lucero, hijo de la Aurora! ¡Has sido abatido a tierra, dominador de las naciones! Tú que habías dicho en tu corazón: ‘Al cielo voy a subir, por encima de las estrellas de Dios alzaré mi trono, y me sentaré en el Monte de la Reunión… subiré a las alturas del nublado, me asemejaré al Altísimo’.
¡Ya! Al sheol (mundo subterráneo) has sido precipitado, a lo más hondo del pozo», escribió Isaías para celebrar la muerte del Rey asirio Sargón II. La referencia al Rey como «Lucero, hijo de la Aurora» fue entendida por los Padres de la Iglesia como una denominación al Diablo.
En el cristianismo ambos conceptos son hoy similares, con la diferenciación generalizada de que Lucifer es el nombre del « Príncipe de los demonios » antes de su caída; y el nombre de « Satán » es el que adoptó tras su caída.

– ¿Por qué se menciona a Jesús como lucero del Alba?
Jesús es mencionado en varios versículos como la estrella o el lucero de la mañana, como así sucede en Apocalipsis 22:16: «Yo, Jesús, […] soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana». Pero todo se debe a una reinterpretación posterior. En opinión de Antonio Piñero , cuando los autores cristianos de finales del siglo I (Apocalipsis) o del primer cuarto del siglo II emplearon «lucero de la mañana» aún no se había asociado ese sintagma con el Diablo/Belial .
«No hay el menor motivo de asombro o de desdoro al leer esos textos cristianos, porque los autores del Nuevo Testamento jamás comparaban el lucero de la mañana con Lucifer/Diablo, que el fin y al cabo sólo significa el “portador de la luz”».
– ¿Dónde habita el demonio?
Según el libro del Apocalipsis, Cristo vencerá a Satanás y lo enviará a una prisión (el infierno) «para que no engañe más a las naciones» y no pueda acceder más al Cielo ni la Tierra. Para la mayoría de autores, la suposición de que Satanás gobierna o habita como Rey del infierno carece de base bíblica. Cuando vaya lo hará como prisionero, no como rey.
La imagen del Diablo como monarca infernal se basa en gran medida en los escritos literarios, en especial de Dante y Milton , quien pone en su boca la frase en « El Paraíso perdido » de que «es mejor reinar en el infierno que servir en el cielo».
La suposición de que Satanás gobierna o habita como Rey del infierno carece de base bíblica
Pero, ¿qué es el infierno para los cristianos? El vocablo infierno proviene del latín infernun que significa «inferior» y que, en la mayoría de las religiones monoteístas, representa el lugar en el que las almas de los muertos son torturadas como castigo por los pecados que cometieron en vida.
En este mismo libro hay referencias a la condenación con imágenes de los caídos «arrojados al estanque (o lago) de fuego que arde con azufre». Este material es recurrente al hablar del infierno cristiano, relacionando el azufre pues con la destrucción y el castigo , a la vez que con la purificación del alma.
– ¿Cuál es el objetivo del Demonio?
El Nuevo Ritual de los exorcismos promulgado en 1998 incluye un resumen de la doctrina sobre Satanás de la Iglesia católica que explica que entre las criaturas angélicas al servicio del plan divino aparecen «algunas caídas, llamadas también diabólicas, las cuales, opuestas a Dios y a su obra y voluntad salvíficas cumplidas en Cristo, intentan asociar al hombre a su propia rebeldía contra Dios».
El objetivo del Diablo es seducir con mentiras a todo el mundo y «hacer la guerra a aquellos que guardan los mandamientos de Dios. Su fuerza se manifiesta como «‘poder de las tinieblas’, puesto que odia la Luz, que es Cristo, y arrastra a los hombres hacia sus propias tinieblas». El intento del Maligno es impedir que «vivamos para Dios» (Rom 14, 8).
– ¿Por qué permite Dios su existencia?
Plantea el Cuaderno Humanitas número 22 , revista de Antropología y Cultura cristianas , dedicado a Satanás y su obra que «el Demonio y los demonios no son males absolutos sino seres que tienen una raíz de bien recibida de Dios, pero radicalmente distorsionada por un acto libre que los colocó irrevocablemente en una posición de rebelión contra Dios».
Satanás no es más que una criatura, poderosa por el hecho de ser un espíritu puro, pero solo una criatura: «no puede impedir la edificación del Reino de Dios» . En este sentido, este mismo texto aclara que para los cristianos «el hecho de que Dios permita la actividad diabólica es un gran misterio, pero nosotros sabemos que en todas las cosas interviene Dios para el bien de los que aman».
– ¿Quién es realmente la serpiente que tentó a Eva?
En el conocido relato de la caída de Adán y Eva (Génesis 3), un ser maligno y seductor, encarnado en la serpiente, intervino de modo decisivo para que la pareja desobedeciera a Dios y tuvieran que abandonar el Paraíso. La serpiente antigua es relacionada con la tentación a los primeros padres en el Paraíso, en la que el Demonio se presenta bajo la apariencia de una serpiente. No obstante, a este poder malvado no se le llama en ningún momento Satán ni Diablo .

– ¿Qué forma tiene?
La idea del Demonio como un ser hermoso es señalada por el profeta Ezequiel, que destaca la belleza y perfección de este «querubín grande» (ángeles de alto rango asociados con la presencia y la gloria de Dios): «Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor…».
Lo cual no significa que su hermosura sea física, no cuando se trata de un ser inmaterial. Para la religión cristiana su forma es la de un espíritu, que en la filosofía griega, luego heredada por los cristianos, se traduce como un ser que no depende de la materia, ni en su existencia ni en su actuación.
La simplista vinculación de Satanás con el macho cabrío, cuernos y rabo incluidos, deriva probablemente de que la cabra solía ser un símbolo de fertilidad y perversión en la Antigüedad. Sin ir más lejos, una deidad adorada en la antigua Babilonia llamada Baphomet era representada con una cabeza barbada y con pequeños cuernos.
Y lo mismo ocurre con el dios Pan de la mitología griega o con los faunos en la mitología romana. Asimismo, la cabra es una forma de confrontación con la idea del «Cordero de Dios» (el que quita los pecados del mundo).
Eso sin olvidar que los demonios adoptan diferentes formas de animal en la Bíblia: langostas, osos, escorpiones, dragones, leones… A lo que se suma la larga lista de animales tenidos por demoniacos a lo largo de los siglos: gatos, serpientes, dragones, moscas, cabras, búhos, ratas, gallos, etc.
En el Génesis se describe al ser representante del antipoder como un Leviatán (enrollado), esto es, una bestia marina del Antiguo Testamento creada por Dios. Y en el Apocalipsis, Satanás tiene forma de Dragón rojo.
– El falso número de la bestia
El número 666 se suele identificar con el Diablo o con el Anticristo porque el último libro de la Biblia habla de una bestia de siete cabezas y diez cuernos que sale del mar y que lleva un nombre en forma de número: 666 ( Revelación [Apocalipsis] 13:1, 17, 18 ). Hay que recordar aquí que el significado en la Antiguedad del número 6 es de imperfección (por faltarle una unidad para la perfección del número 7), de modo que el número 666 representaría la imperfección llevada hasta el extremo.
Algunas investigaciones han sugerido que el número 666 es erróneo, ya que existen algunas versiones del libro que datan del siglo II o III y que tienen como número de la Bestia al 616
Algunas investigaciones también sugieren que el número 666 es erróneo, ya que existen algunas versiones del libro que datan del siglo II o III y que tienen como número de la Bestia al 616.
– ¿Existe una religión que adora al Ángel Caído?
El Yazidismo es una religión de Oriente medio que se remonta al año 2000 a.C. y que cuenta con cerca de 700.000 miembros (la mayoría en Irak). Este credo adora a Malak Taus, el ángel caído que dirige a los arcángeles y a menudo está representado por un pavo real, lo que le ha valido la vinculación poco precisa por los cristianos y musulmanes con Satanás o Lucifer («Portador de luz»).
No en vano, la veneración hacia Malak Taus , que nació de la iluminación del ser supremo, sigue siendo motivo de muchos interrogantes dada la personalidad rebelde, orgullosa e incluso tiránica de este ángel.
– El demonio Lilith
«Y de la costilla que Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces a Adán : Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada», relata el libro del Génesis sobre la creación bíblica de la primera mujer en la faz de la tierra: Eva.
No en vano, una extendida interpretación rabínica considera que la referencia, en un versículo anterior, a que «Dios creó varón y hembra los creó» significa que hubo otra mujer antes. Según esta tradición judía, Lilith es la mujer que precedió a Eva, y que, una vez abandonó a Adán, se convirtió en un demonio que rapta a los niños en sus cunas por la noche y una encarnación de la belleza maligna y la madre del adulterio.
– Cómo le salieron cuernos al diablo
Si alguien te pidiera que te imaginaras al diablo, probablemente la imagen que te vendría a la mente sería la de un demonio con un tridente en la mano.
Sin embargo, durante cientos de años, el diablo cristiano no aparecía en el arte religioso.
Cuando eventualmente hizo su aparición, era azul y no tenía ningún cuerno ni pezuñas.
La familiar imagen que tenemos de él surgió a través de generaciones de artistas y escritores que tomaron lo poco que dice la Biblia sobre Satanás y lo fueron reinventando a lo largo del tiempo.

– ¿Qué imagen nos da la Biblia?
- Satanás es el máximo adversario de Dios
En la Biblia judía, el diablo es otro agente de Dios haciendo su labor. Ese personaje fue luego desarrollado por los cristianos hasta tornarlo en la representación de la maldad suprema.
- Satanás tomó la forma de una serpiente y tentó a Eva en el Jardín de Edén
No hay ninguna mención del diablo o Satanás en el libro de Génesis. Fue sólo más tarde que los cristianos interpretaron que la serpiente era una encarnación de Satanás.
- Satanás fue expulsado del cielo, tras desafiar la autoridad de Dios
En la Biblia, un personaje misterioso es expulsado del cielo por rebelarse contra Dios. La caracterización de Satanás como un ángel caído se deriva de esa tradición.
- Satanás gobierna el infierno, y le inflige tortura y castigo a los pecadores
En el libro de las Revelaciones, se profetiza que Satanás será enviado al infierno. Sin embargo, no tiene un estatus especial y sufre las mismas torturas que los demás pecadores.
– Las caras del diablo
En los primeros siglos del Cristianismo, no había mucha necesidad de representar la maldad en el arte religioso.
Los cristianos creían que los dioses paganos rivales, como el egipcio Bes o el griego Pan, eran demonios responsables por las guerras, las enfermedades y los desastres naturales.
Cientos de años más tarde, cuando el diablo llegó al arte occidental, algunas representaciones incorporaron los atributos físicos de esos dioses, como el vello facial de Bes y las patas de cabra de Pan.
- Circa 1260 ~ El diablo medieval
En la Edad Media surgió un retrato de Satanás más reconocible.
Fue una época de inmenso sufrimiento, que se empeoró con el brote de peste bubónica, la pandemia más devastadora de la historia humana, que mató a millones en toda Europa.
Como la Iglesia no podía proteger a los creyentes de la enfermedad, las representaciones de Satanás se centraron en los horrores del infierno, reflejando el estado de ánimo del momento y recordándoles a los fieles que se abstuvieran de pecar.
- Circa 1535 ~ Propaganda endiablada
Hay una larga tradición de asociar al diablo con los enemigos del Cristianismo dentro y fuera de la Iglesia.
Cuando la Iglesia se dividió durante la Reforma, tanto los católicos como los protestantes se acusaron mutuamente de estar bajo la influencia del diablo.
La propaganda utilizó imaginería juguetona y grotesca para mostrar la corrupción.
- Circa 1500-1600 ~ Hechizos y seducción
A principios del período moderno, se acusaba a personas de hacer pactos con el diablo y practicar brujería.
Satanás a menudo era representado como un seductor y se consideraba que las mujeres eran particularmente vulnerables a sus encantos.
Las imágenes mostraban mujeres en confabulaciones sexuales con el diablo, aprovechando la tradición de condenar a las mujeres a ser el sexo débil, más dadas a caer en el pecado por ser incapaces de dominar sus deseos carnales.

- Circa 1600-1800 ~ Un diablo iluminado
Los escritores y pensadores del movimiento de la Ilustración, durante el Siglo de las luces, reinterpretaron la historia del diablo para que se ajustara a las preocupaciones políticas de su época.
John Milton describió un Lucifer psicológicamente complejo en su poema «Paraíso perdido», que cuenta la historia de la caída en desgracia de Satanás.
Mientras que los textos religiosos anteriores habían examinado la motivación de Satanás para condenarlo, el Lucifer de Milton es un personaje atractivo y solidario queencarna los sentimientos de rebeldía del republicanismo del siglo XVII.
Para algunos artistas románticos y de la Ilustración, Satanás era un rebelde noble que libraba una batalla contra la tiránica autoridad de Dios.
- Circa 1900-2000 ~ Animal político
Cuando la ciencia pudo explicar la muerte, la enfermedad y los desastres naturales, el diablo fue el más amenazado.
Fue entonces cuando un diablo urbano y sofisticado entró a la escena.
Siguiendo una larga tradición de identificarlo con enemigos políticos y religiosos, el diablo se usó para ilustrar a la oposición política en caricaturas y sátiras.
Además, Satanás encontró su lugar en el mundo comercial, al convertirse en sinónimo de indulgencia pecaminosa, por lo que aparece en propagandas para vender desde chocolates y champaña hasta autos de lujo.










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