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Historias de mujeres …


Emma Lazarus 1849-1887.

Emma Lazarus, la mujer que salvó la Estatua de la Libertad

BBC News Mundo —- La Estatua de la Libertad iluminando al mundo, para dar al coloso su nombre completo, es uno de los íconos de Estados Unidos y un símbolo de la idea de que es una nación de inmigrantes.

Ubicada a la entrada de Nueva York, la mujer con túnica de 93 metros representa a la diosa romana de la libertad, Libertas.

Sostiene una antorcha en su mano derecha sobre su cabeza coronada, y una tablilla en su mano izquierda, inscrita con la fecha, en números romanos, del 4 de julio de 1776, día en que EE.UU. adoptó la Declaración de Independencia.

Bajo sus pies, una cadena rota en conmemoración de la abolición de la esclavitud a finales de la guerra civil americana.

Fue ensamblada a fines del siglo XIX y desde ese momento se convirtió en lo primero que veían millones de inmigrantes al llegar a Nueva York con la esperanza de encontrar una nueva vida.

Ella misma es una inmigrante.

Nació en París y llegó embarcada en 214 cajas separadas, como un regalo de los franceses a los estadounidenses, una muestra de la amistad forjada en el fuego de revoluciones gemelas.

– Sin fondos

En el verano de 1885, la Estatua de la Libertad estaba en Nueva York en pedazos, esperando ser ensamblada.

Concebida por el pensador y político francés Eduardo Laboulaye, diseñada por el escultor Frederic Auguste Bartholdi y construida bajo la supervisión de Gustave Eiffel, fue un regalo de la gente de Francia a la gente de EE.UU.

Los franceses juntaron el dinero para pagar por la escultura por medio de recaudaciones privadas; el gobierno no estuvo involucrado.

Pero el acuerdo era que EE.UU. proveería el pedestal de granito sobre el que se ergiría, lo cual costaría US$250.000 (unos US$7,5 millones de hoy).

Un grupo llamado Comité Americano de la Estatua de la Libertad se encargó de recaudar el dinero, pero se quedó corto en más de un tercio.

Sin poder contar con fondos de la ciudad ni del gobierno federal, Nueva York estuvo a punto de perder la oportunidad de tener a la Dama de la Libertad.

Pero cuando parecía que se había quedado sin opciones, el renombrado editor Joseph Pulitzer decidió lanzar una campaña en su periódico The New York World.

La campaña recaudó dinero de más de 160.000 donantes, incluidos niños, empresarios, barrenderos y políticos, y, aunque más de las tres cuartas partes de las donaciones eran de menos de un dólar, fue un triunfo.

La estatua finalmente se instaló en la Isla de Bedloe (como se llamaba hasta 1956 que cambió su nombre por la Isla de la Libertad), una base militar abandonada frente a la costa de Nueva Jersey.

El presidente de EE.UU., Grover Cleveland, presidió la ceremonia el 28 de octubre de 1886 y dijo que «una corriente de luz atravesará la oscuridad de la ignorancia y la opresión del hombre hasta que la Libertad ilumine al mundo».

Pero no dijo nada de la inmigración.

Pasarían varios años antes de que la Estatua de la Libertad se convirtiera en «la madre de los exiliados», aunque ya había sido llamada así en el poema que sería el germen de esa transformación.

«El nuevo coloso»

La poeta Emma Lazarus era una judía cuyos antepasados ​​habían huido de España y Portugal debido a la Inquisición y llegado a EE.UU. en el siglo XVIII.

El manuscrito original del poema «El Nuevo Coloso».

En 1883 le pidieron que escribiera un poema para ayudar a recaudar dinero para el pedestal de la Estatua de la Libertad.

Inicialmente se negó diciendo que no escribía poemas a pedido.

Pero Lazarus estaba muy involucrada en la ayuda a los judíos que llegaban huyendo del antisemitismo, y una amiga la convenció diciéndole que lo hiciera por los refugiados, pues serían ellos los que verían la estatua al llegar.

Así nació «El Nuevo Coloso».

No como el gigante plateado de fama griega

Con extremidades conquistadoras extendiéndose de tierra a tierra;

Aquí, en nuestras puertas en el atardecer bañadas por el mar, estará de pie

Una poderosa mujer con una antorcha, cuya llama es

La luz de los prisioneros y su nombre es

La madre de los exiliados. Su mano como faro

Brilla en bienvenida al mundo entero. Sus ojos dóciles comandan

La bahía ventosa enmarcada por las ciudades gemelas.

«¡Tierras de antaño quédense con su historias pomposas!» Exclama ella

Con labios silenciosos. «Dame tus cansados, tus pobres,

Tus masas hacinadas anhelando respirar en libertad,

Los despreciados de tus congestionadas costas.

Envíame a estos, los desposeidos, basura de la tempestad.

Levanto mi lámpara al lado de la puerta dorada«.

El poema cumplió su cometido pero luego cayó en el olvido, mientras que la estatua fue cayendo en la irrelevancia.

Sólo servía como faro en el sentido que le dio Lazarus: «Brilla en bienvenida al mundo entero».

No tan brillante

El regalo de Francia resultó ser algo engorroso.

Cuando se autorizó el uso de la Isla Bedloe para la estatua, el anterior mandatario Ulysses Grant especificó que sería un faro.

Eso le daría un propósito y, por lo tanto, merecería financiamiento del gobierno.

Poco después de la inauguración, el presidente Cleverland ordenó que la Estatua de la Libertad «se colocara de inmediato bajo el cuidado y la supervisión de la Junta del Faro y que, de ahora en adelante, dicha Junta la mantuviera como un faro«.

La idea era iluminarla con el relativamente nuevo invento de la luz eléctrica, y el plan del ingeniero del proyecto era no sólo poner luces en la antorcha sino también a los pies, para cubrirla de luz completamente de noche, algo que sería impactante en esa época.

Sin embargo, hacerlo resultó complicadísimo y muy costoso.

Los ingenieros nunca lograron iluminarla lo suficiente como para cumplir ningún propósito adecuadamente.

Para colmo de males, con el tiempo quedó claro que la Isla de Bedloe estaba demasiado tierra adentro para que fuera una buena posición para un faro.

Por otro lado, tampoco era un éxito como atracción recreativa.

La gigante de cobre era aún de color marrón rojizo; no sería sino hasta 1906 que adquiriría ese llamativo verde producto de la oxidación.

Desde la distancia, cuando la luz lo permitía, se podía admirar como monumento o criticar como obra de arte, dependiendo de los gustos.

Pero visitarla era un desastre, como señaló una editorial del New York Times de 1895, en el que se detalla su estado de abandono, «una situación lamentable» que debía corregirse para evitar que se convirtiera en «un reproche para una nación y en un insulto para otra».

Hoy es difícil pensar que no llegara a ser lo que es, pero quién sabe cuál habría sido su destino sin una campaña para resucitar la obra de Lazarus, realizada 14 años después de su muerte en 1887.

El nuevo propósito

Georgina Schuyler, una compositora, filántropa, patrona de arte, activista social, columnista y amiga de Lazarus, se topó por casualidad en 1901 con el poema «El Nuevo Coloso».

En él era obvio que, aunque el propósito original de la estatua era simbolizar la libertad, por su proximidad a la Isla Ellis se prestaba a una reinterpretación como símbolo de bienvenida para los inmigrantes que llegaban allí, tal como Lazarus la había descrito.

Pensó que la mejor forma de honrar la obra de su amiga era inscribiendo sus palabras en el pedestal de la estatua que lo inspiró.

Pero, según la revista del Smithsonian, eso no era todo.

Georgina Schuyler (1841-1923) retratada por Alexandre Cabanel.

Schuyler, una progresista comprometida, estaba alarmada por el continuo aumento del fervor antisemita y antinmigrante durante las dos décadas anteriores en EE.UU., y anticipaba que los problemas se agravarían.

Como miembro de una familia política e interesada en la preservación histórica desde su adolescencia, comprendía muy bien el poder de un monumento como plataforma para un mensaje político perdurable, escribe Elizabeth Stone, de Fordham University.

¿Qué mejor hogar para el soneto de Lázaro que una enorme estatua necesitada de un propósito?

Le tomó dos años lograrlo pero el 5 de mayo de 1903 el poema grabado en una placa fue fijado en el pedestal de la «dama de la libertad», marcando el inicio de su reimaginación como símbolo de un EE.UU. hospitalario.

El proceso tardó pero con el tiempo, como escribió el autor neoyorquino Paul Auster, todo cambió.

«La gigantesca efigie de Bartholdi fue concebida originalmente como un monumento a los principios del republicanismo internacional.

«Pero El Nuevo Coloso reinventó el propósito de la estatua, convirtiendo a Libertad en una madre acogedora, un símbolo de esperanza para los marginados y oprimidos del mundo».

El poema se convirtió en uno de los más citados del mundo.

Sin embargo, la realidad -lamentan muchos- a menudo no ha estado a la altura de las palabras de Lazarus.

Mary Quant: pionera de la moda y la liberación femenina

La diseñadora británica, Mary Quant

Meer(L.C.Armengol) — La moda es un campo en constante evolución, y la industria ha perdido recientemente a una de las diseñadoras más influyentes y audaces de la historia: Mary Quant.

Con su enfoque innovador, Mary Quant abrió nuevas posibilidades para la moda femenina y ayudó a que las mujeres se liberaran de las restricciones tradicionales de la ropa. En este artículo, exploraremos la vida y el legado de Mary Quant y cómo su impacto en la moda sigue siendo evidente en la actualidad.

Nacida en Londres en 1934, Mary Quant estudió diseño de moda en la Universidad de Londres después de asistir a la escuela de arte Goldsmiths. En 1955, abrió su propia tienda en la calle King’s Road de Londres, llamada Bazaar, donde vendía prendas de vestir confeccionadas por ella misma y por otros diseñadores de moda locales.

La tienda se convirtió en un éxito instantáneo, especialmente entre los jóvenes, y fue el lugar de encuentro de la escena de la moda y la música de la década de 1960.

Sin embargo, la verdadera fama de Mary Quant llegó en 1965, cuando introdujo su icónico diseño de minifalda. La minifalda fue un éxito instantáneo y se convirtió en un símbolo de la moda de la década de 1960, representando la liberación y la expresión juvenil.

La minifalda de Quant, que se ajustaba a la cintura y se expandía en forma de A, se convirtió en un elemento básico de la moda y ayudó a cambiar la percepción de la ropa femenina en la sociedad.

Pero Mary Quant no solo popularizó la minifalda, también diseñó otros estilos de ropa juvenil y fresca, como los pantalones de campana, las medias de colores brillantes y las blusas de cuello alto.

Sus diseños se caracterizaban por su audacia y su sentido del humor, y sus colores vibrantes y estampados audaces dieron un toque divertido y juvenil a la ropa.

Quant también fue una pionera en la democratización de la moda. En lugar de centrarse en los ricos y famosos, ella diseñaba para la mujer común, lo que significaba que sus diseños eran accesibles y asequibles para todos.

La ropa de Quant se vendía en grandes almacenes y en tiendas por departamentos, lo que la hacía mucho más accesible que la alta moda tradicional.

El legado de Mary Quant sigue siendo evidente en la moda actual. La minifalda se ha convertido en un elemento básico de la moda y ha sido reinventada por diseñadores de todo el mundo como Marc Jacobs, Stella McCartney, Betsey Johnson y Anna Sui.

Los diseños de Quant siguen inspirando a los diseñadores actuales, y su enfoque innovador y su audacia continúan influyendo en la moda.

Además de su impacto en la moda, Mary Quant también fue una defensora de la igualdad de género y la liberación femenina. Al crear ropa que permitía a las mujeres moverse libremente y expresarse sin restricciones, Quant ayudó a empoderar a las mujeres y a desafiar las expectativas de género tradicionales.

En la década de 1960, la lucha por la igualdad de género estaba en pleno apogeo, y la moda de Quant se convirtió en una herramienta poderosa para las mujeres que buscaban liberarse de las restricciones impuestas por la sociedad patriarcal. Al crear ropa que permitía a las mujeres sentirse cómodas, seguras y con libertad de movimiento, Quant ayudó a promover la idea de que las mujeres podían y debían tener un papel activo en la sociedad.

El feminismo sigue siendo un tema importante en la moda actual, y los diseñadores continúan creando ropa que desafía las normas de género y empodera a las mujeres.

Sin embargo, la industria de la moda se ha quedado huérfana con la pérdida de Mary Quant. Su enfoque innovador y su espíritu audaz eran únicos, y su legado sigue siendo una fuente de inspiración para los diseñadores y las mujeres en todo el mundo.

Sin duda podemos decir que Mary Quant fue una pionera en la moda y en la lucha por la igualdad de género, y estamos seguros de que su impacto seguirá siendo relevante durante muchos años más.

Kathleen Mary Drew-Baker (la dama inglesa que masificó el «Sushi»)

Kathleen Mary Drew-Baker fue una ficóloga británica, conocida por sus investigaciones sobre el alga comestible Porphyra

Meeer(C.B.Castillo) — A muchos nos gusta el sushi, y es esto tal verdad que esta comida japonesa es una de las favoritas del planeta incluso fuera del propio país de origen. Canadá lidera el consumo mundial, e incluso Rusia y Ucrania -en disputa actual- disfrutan de este plato nipón en segundo y tercer lugar de preferencia.

El incremento anual supera el 13% del mercado global, y durante la pandemia de 2020 su consumo creció 48% como comida delivery. Pero esta sana delicia, no fuera realidad sin el aporte de una botánica marina inglesa despedida de la Universidad de Manchester llamada Kathlenn Drew (1901-1957).

Ahora vamos al origen de este alimento en el milenario Japón. Este conjunto de islas vivió en desorden y luchas intestinas antes del periodo Edo que inicio en 1603 gracias al shogun Tokugawa Ieyasu (1543-1616) él mismo puso orden social a través de un gobierno unificado en paz, crecimiento económico, disfrute de las artes e incluso protección del ambiente.

Desde mucho antes los japoneses como pueblo cercano al mar consumían productos oceánicos, y entre estos las algas eran recogidas y semi procesadas, la palabra japonesa general para «alga» es Nori. Estas al principio solo se recogían en las piedras litorales durante la marea baja o aquellas que arribaban a las playas, las mejores se secaban y eran para consumo de la nobleza.

De todos los noris, destaca uno en especial con forma laminar, de color rojo intenso cuando está vivo en el agua. Estas «hojas» al secarse se torna en un papel casi negro muy flexible que no se quiebra fácilmente al doblarse. Esta alga roja es del género Porphira, e incluso se encuentra en la isla venezolana de Margarita.

Sushi roll: este plato es uno de los más reconocidos de la gastronomía japonesa y uno de los más populares internacionalmente

Colocar el nori seco ordenadamente en hojas para luego enrollar arroz frio y pescado crudo es lo que llamamos sushi. Fue en el Periodo Edo que se comenzó a mejorar y masificar la producción de nori seco para alimentar a todos. Hoy en día imaginamos las grandes cantidades que se emplean para el sushi y otras comidas como el ramen que emplea nori picado o triturado como aderezo.

Pero aun en el siglo XVIII se obtenía el nori recogido de los bancos naturales, tanto de la marea baja como a buceo a pulmón, especialmente por mujeres conocidas como Amas. Sin embargo, en la época de Ieyasu, la demanda del shogun por pescado fresco y nori hicieron que los pescadores de la Bahía de Tokio colocaran balsas de bambú ancladas en las aguas someras con redes a modo de criaderos y entre ellos la Porphyra se fijaba facilitando su recolección.

No fue hasta el siglo XIX que las técnicas de cultivo del nori se refinaron. No obstante, esta acuicultura base era conocida como «la siembra de la yerba de la suerte», porque había épocas que no se daba la cosecha. Los años malos podían ser meses de hambre, y está demostrado que la Porphyra es alta en vitaminas, minerales y algo de proteínas.

El toque de muerte final de esta primera industria alimenticia que apostaba a la suerte fue la Segunda Guerra Mundial. La flota pesquera japonesa estaba tan diezmada en 1945 como la marina imperial.

El legado científico de Kathleen Drew-Baker es muy apreciado en Japón, donde ha sido llamada ‘Madre del Mar’

Luego del conflicto que arrasó Japón se retomaron los cultivos, aunque seguía siendo el cultivo de la suerte, y más cuando una serie de tifones y la contaminación por industrialización acelerada terminó con las siembras.

Todo hasta que una científica británica quien jamás visitó esas costas hizo un hallazgo que se publicó en el año 1949 en Nature.

Los puritanos ingleses del siglo XX no permitían que una mujer de Universidad se casase.

Así fue que una botánica llamada Kathleen Mary Drew perdió su remuneración al ser esposa de un colega de la academia llamado Henry Wright Baker en 1928.

La especialidad de Kate desde 1922 era la botánica criptogámica, específicamente la ficología, es decir, el estudio de las algas.

Ella no quedó literalmente desempleada, ya que la Universidad de Manchester le permitía seguir investigando como miembro honorario (DSc), pero sin salario ni dar clases.

Su esposo y ella hicieron un pequeño laboratorio frente a las costas de Gales ya que Kate mostraba interés en la Porphyra como alimento local para aderezar panes y sopas conocido como Laver o Bara lawr en Gaélico. De hecho, el símbolo de la ciudad y universidad vecina en Liverpool es un ave sosteniendo en su pico a esta alga (Laverbird).

Esto lo sé porque lo vi con mis propios ojos en 1994 cuando hice mi tesis de maestría en la estación biológica de la Isla de Mann con el nori margariteño. Volviendo a la dama británica, ella notó que dentro de las conchas vacías en los lechos intermareales de algas crecía una «baba» rosácea, esto bajo el microscopio y cultivo controlado demostró ser la fase filamentosa de la Porphyra.

Igualmente, en sus cultivos en tanques, ella arrojaba conchas de ostras que junto a la fase laminar reproducían la «baba».

Las algas y especialmente las rojas tienen un ciclo de vida bastante complejo y estacional, donde la fase laminar que vemos es la parte femenina o masculina la cual produce células reproductivas de carga genética simple (es decir N) mientras que la fase sexual con doble carga (2N) es microscópica en el caso del nori, la cual se fija en el nácar de algunos moluscos bivalvos como refugio para tan delicada etapa durante el verano. A esta fase se le llama Conchocelis.

Esto se desconocía antes de la profesora Drew. Kate público su hallazgo en la famosa revista Nature, el mismo fue leído por el ficólogo japones Sokichi Segawa (1904-1960) quien era profesor en la Universidad de Kyushu desde 1942 cerca de las prefecturas de Fukuoka, Nagasaki y Kumamoto donde se cultivan las algas en el Mar de Ariake.

En la década de los 50 el profesor Segawa y otros biólogos marinos locales mejoraron las técnicas del cultivo de nori empleando la fase conchocelis como impulsor y asegurador de semillas (en caso de las algas, esporas). Un factor que destruyó la producción de Porphyra en Japón era que las minas submarinas de la guerra habían mermado los bivalvos.

Buscar y restaurar estas conchas, además de cultivar las fases controladamente hizo que el nori ya no fuera la «hierba de la suerte»; se transformó en un cultivo donde se conocía todo su ciclo vital, impulsando esa maricultura a niveles industriales no solo en Japón, si no en China, y las dos Coreas. Ya los nipones de esa posguerra no morirían de hambre.

La pareja Drew-Baker tuvo dos hijos, y Kate publicó mucho más, aparte de ser la primera presidenta de la sociedad ficológica británica en 1952. En 1955 fue parte del equipo que desarrolló los primeros agares para cultivar bacterias a partir de geles de rodófitos. Era persona bastante reservada y se conoce que no tener salario fue difícil para la familia con el único sustento de su esposo.

También se sabe era excelente con los discípulos. Lamentablemente ella murió de cáncer a los 55 años justo antes de la visita planeada a Japón en 1957. Igual temprana partida sucedió con el profesor Segawa quien murió a los 56 años. Por su obituario publicado en la revista Phycologia de 1961 sabemos que lo sorprendió una hemorragia cerebral en el encuentro anual de la sociedad ficológica japonesa en Osaka.

Los japoneses no solo son un pueblo laborioso y disciplinado. Son muy respetuosos y agradecidos, tanto así que hacen un festival cada 14 de abril para recordar a la Madre del Mar, quien no es una deidad, sino una científica real: Kathleen Drew-Baker. Ella tiene su monumento que se construyó en 1963 en la ciudad de Uto ubicado en la prefectura de Kumamoto donde enterrados yacen sus papers, birrete y capa de graduación.

Sobre esa piedra conmemorativa los pescadores, visitantes y acuicultores colocan hojas de Porphyra. En su país natal se conservan dos de sus microscopios y un arte de Owen Davey decora su Alma Mater donde la representan arrodillada estudiando las algas de la costa galesa y a lo lejos los cultivos de nori.

Marie Stopes: la primera científica que dio forma al estudio de la sexualidad humana

Stopes en el laboratorio en una imagen de 1904.

El Confidencial(C.Macías) — «La llegada del orgasmo ha cambiado mi vida. El orgasmo concentra. Deseo escribir. La llegada del orgasmo no es la salvación, pero sí el nacimiento de mi ego…», escribía Susan Sontag en su diario un día de noviembre de 1959. La escritora y filósofa (también ensayista, profesora, directora de cine y guionista) estadounidense tenía entonces 26 años.

Llevaba siete años casada con Philip Rieff, y se había acostado con decenas de personas, explicaba. Son embargo, no fue hasta sus relaciones con la dramaturga cubanoamericana María Irene Fornés que Sontag experimentó aquel placer, aquel renacimiento.

Lo natural, si sucedía en el cuerpo de una mujer, era una especie de alquimia innombrable; o, por el contrario, un conjunto de reglas del mal. Lo malo, mientras tanto, lo construía el silencio: suele decirse que la primera investigación médica sobre los orgasmos femeninos no llegaría hasta hasta 1957.

Muchas eran las barreras sociales que alimentaron este retraso, pero basta una para resumirlas, el arma arrojadiza del machismo intrínseco en la sociedad.

Las mujeres atinaban a vislumbrarse en la intimidad más remota, el campo alternativo a la ciencia exclusivamente masculina eran sus propios ojos. Pocas pudieron ir más allá, pero Marie Stopes fue una de ellas. En realidad, la puerta a la investigación médica moderna sobre los orgasmos femeninos se abrió antes, apenas en los primeros años del siglo XX, y Stopes tiene mucho que ver en ello.

Un vacío en la ciencia

Nacida en Gran Bretaña, resulta aún hoy una de tantas científicas pioneras en los márgenes (en este caso, eso sí, no solo por su condición). En tan solo un año completó su doctorado en Ciencias. Era 1904 cuando, además, se convertía en la persona más joven del país en obtener un título así.

Como paleobotánica, Stopes realizó, en palabras de la académica Laura Doan para Jstor, «intervenciones significativas», pero su mayor contribución sería nada más y nada menos que sacar el orgasmo femenino a la palestra del academicismo.

Como detalla Mateo Wills a propósito del análisis de Doan, en 1913, mientras trabajaba como profesora de paleobotánica en el University College de Londres, Stopes se topó con la sexualidad humana.

Por supuesto, científicamente hablando: un espacio en blanco, que no vacío, donde nadie hasta ese momento había indagado, sino para alimentar el relato de terror que contenía a las mujeres. La técnica había funcionado, pero ya era hora de ponerle punto y final. Bueno, avisamos, solo en parte.

Stopes comenzó a monitorear «los cambios diarios en su cuerpo para determinar si existía una ‘marea sexual normal y espontánea en las mujeres'», apunta Doan, estableciendo «la legitimidad de investigar el deseo sexual femenino». 

No solo su descaro competente (qué hace una chica como tú en un lugar como este investigando asuntos como esos, que dirían algunos) le dio renombre, también la destreza con la que construyó los primeros ejes de una nueva conciencia.

La «marea sexual»

«Creó un neologismo que capturó maravillosamente la singularidad de un proyecto en el nexo de la biometría y la investigación sexual»: con aquello de «marea sexual», Stopes constataba su noción de que las manifestaciones del deseo eran «observables, medibles y, sobre todo, naturales, tan naturales como las mareas rítmicas del ciclo lunar». Es decir, bastaba con prestarles atención.

De esta forma, surgió Married Love: A New Contribution to the Solution of Sex Difficulties, su investigación en formato libro, publicado en 1918. Aquellas páginas revolucionaron y escandalizaron a partes iguales a la sociedad inglesa de la época. Eso sí, la revolución aún sería en clave normativa y puritana.

Como su nombre indica, el trabajo de Stopes tenía como objetivo específico mejorar la vida sexual de las parejas casadas, dando como resultado matrimonios «más exitosos». ¿Pero qué quería decir exactamente esto?

Mientras en Nueva York un tribunal de jueces acusaba a Mary Ware Dennett de violar las llamadas ‘leyes de Comstock’ por subrayar la realidad de las violaciones como parte estructural de un sistema patriarcal que controlaba a las mujeres y tratar de poner fin a ello a través de la educación con su folleto The sex side of life, a este lado del charco la investigadora inglesa aprovechaba también para hablar sobre el control de la natalidad, y no solo eso, sino también hacerlo posible en la escala cotidiana: junto a su segundo marido, Humphrey Verdon Roe, fundó la primera clínica de control de natalidad en Gran Bretaña.

Una iniciativa racista y xenófoba

Se trataba de una clínica gratuita y abierta a todas las mujeres, eso sí, casadas, para que conocieran la salud reproductiva. En ella, Stopes intentó descubrir alternativas anticonceptivas a las del momento. Entre las opciones estaban el capuchón cervical, el coitus interruptus y los espermicidas a base de jabón y aceite. En su empeño, trajo de vuelta estos últimos, que se remontan a la época griega y romana.

El interior de una de las clínicas de control de la natalidad de Marie Stopes. 

Llegados a este punto, la historia se empaña. Por si no te has dado cuenta, no hay ni rastro del aborto como opción, y es que lo cierto es que en su discurso público, Stopes se mostraba en contra del mismo, argumentando que la prevención de la concepción era todo lo que se necesitaba.

No solo eso, también dio forma a sus hallazgos a partir de un pensamiento racista y xenófobo. Los orgasmos femeninos existen, decía, sí, pero solo eran útiles para «proporcionar seguridad desde la concepción a quienes están racialmente enfermos».

En la actualidad, la ONG internacional Marie Stopes International (que surgió tras la muerte de la científica para sostener la red de clínicas con la que ya contaba) ha acabado cambiando su nombre por MSI Reproductive Choices.

De hecho, lejos del discurso de Stopes, hoy la organización presta servicios de anticoncepción y aborto seguro en 37 países de todo el mundo.

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