actualidad, opinion, variedades.

América: descubrimiento y descubridores …


– 1492-1504, Cristóbal Colón

cervantesvirtual.com/monografias.com/Biografías y vidas — Navegante nacido, muy probablemente, en Génova hacia 1451, año que ha podido fijarse por un documento del 31 de octubre de 1470 en que Cristóforo Colombo se declara mayor de diecinueve años, y por otro de 25 de agosto de 1479 –documento Assereto– en el que declara tener veintisiete años o cercano a esa edad. Falleció en Valladolid durante 1506.

Su vida está llena de problemas, debidos en parte a las ocultaciones o tergiversaciones de él mismo y de su primer biógrafo, su hijo Hernando Colón, que, para disimular su origen plebeyo, dejó en la oscuridad a su patria y familia.

De su adolescencia en Génova quedan seis documentos en que se le cita con su padre entre 1470 y 1473, apareciendo en 1472 en Savona y llamándosele en uno lanero o tejedor. Sin embargo, se cree que ya navegaba antes, como grumete o en viajes comerciales, pues, según su hijo Hernando, empezó a hacerlo desde los catorce años, aunque él mismo afirmaba en 1492 que hacía veintitrés, es decir, desde 1469; probablemente no iba como marino, sino como agente de casas comerciales genovesas.

Colón residió en Portugal (1476-84), donde continuó como agente comercial, representando a la casa de Centurione que le encomendó en 1478 una compra de azúcar en Madeira. En 1479 lo encontramos en Génova por última vez. Desde Portugal, efectuó varios viajes, incluso a países lejanos como Inglaterra o Islandia en el año 1477. Otros viajes los realizaría a Guinea en buques portugueses. En Portugal contrajo matrimonio con Felipa Moniz, hija de Bartolomé Perestrello, oriundo de Piacenza, capitán donatario y colonizador de la isla de Porto Santo (Madeira).

La boda se celebraría hacia 1478 ó 79 (Ballesteros sitúa la fecha en 1476) y en adelante residiría Cristóbal en Porto Santo durante algunas temporadas, y en donde nacería su hijo Diego. Allí, imaginariamente, examinaría Cristóbal los papeles y mapas de su suegro y tendría noticia de la ubicación de supuestas tierras en el Atlántico, hacia el Occidente, de islas imaginarias, de viajes portugueses hacia ellas.

Su idea siempre fue la de pretender llegar a Oriente por el Occidente y para ello solicitó, sin éxito, la ayuda de Juan II de Portugal, que se había convertido entonces en el foco de las más activas navegaciones, en pleno ambiente de descubrimientos y en centro del saber náutico y cosmográfico de su época.

El fundamento decisivo sería el conocimiento de Cristóbal de la carta de Toscanelli a Martins y la correspondencia que entabló con el cosmógrafo florentino.

Colón, hombre dotado de aguda inteligencia aunque autodidacta, sí se mostraría como un excelente marino conocedor de vientos y corrientes del Atlántico.

Las bases teóricas o científicas de Cristóbal Colón radicaban en la esfericidad de la tierra, universalmente admitida en el siglo XV; en la unicidad del océano, que bañaba, por tanto, lo mismo las costas occidentales de Europa que las orientales de Asia y en la posibilidad de atravesarlo, como ya lo anunciara Séneca -en contraste con la ruta oriental que buscaban los portugueses- y por fin, en las dimensiones que atribuía al globo, al ecumene o parte sólida y al grado del círculo terrestre.

Sus conocimientos en este campo procedían todos de segunda mano y de unas pocas lecturas en que se hallaban compiladas teorías y noticias de autores antiguos y medievales.

Esos libros eran los de Marco Polo (publicado hacia 1485), con su revelación de un maravilloso Extremo Oriente; la Imago Mundi, de Petrus Alliacus (el cardenal Pedro de Ailly, 1350-1420), publicada en Lovaina entre 1480 y 1483; la Historia rerum ubique gestarum, de Eneas Silvio Piccolomini (papa Pío II), publicada en Venecia en 1477 (más tarde la Historia Natural de Plinio, 1489), libros conservados en la Biblioteca Colombina, que Cristóbal leyó repetidas veces y anotó en los márgenes con centenares de notas, en la que resulta difícil distinguir las diversas manos que intervinieron en ellas.

Otras obras importantes para Colón fueron las de Ptolomeo, Aristóteles, Eratóstenes, Plinio, Estrabón, Marino de Tiro, Averroes, Alfragano, y un largo etcétera.

Desde los primeros tiempos del Descubrimiento corrió la leyenda del «piloto desconocido» (recogida ya por Oviedo, López de Gómara, Las Casas, Hernando Colón o Castellanos) que habría llegado a tierras occidentales y al regreso -único superviviente- había muerto en casa de Cristóbal Colón (en Porto Santo), a quien habría legado su secreto, o habría hallado a Colón en La Rábida o en Murcia o en el Puerto de Santa María; se llamaría Alonso Sánchez de Huelva (según Garcilaso «el Inca»), o se confundiría con Pedro de Velasco, de Palos, compañero de Teive, o con Pedro Vázquez de la Frontera, con quien confirió realmente Colón en Palos, creyéndose por algunos que los dos últimos son la misma persona.

Esta teoría del «navegante solitario», rechazada por muchos historiadores modernos, fue valorada por Vignaud como uno de los fundamentos de su teoría negadora de que Colón buscase la ruta de la India y sí islas atlánticas, de las que tenía noticias seguras, tesis que hoy en día se halla en descrédito.

Bien. Fuera lo que fuera y visto que en Portugal no se le prestaba atención a sus proyectos, decidió pasar a España hacia el año 1484 e intentó atraer la atención de los Reyes Católicos, pero, preocupados éstos por la reconquista del territorio español, hubo de desistir y volvió a Portugal.

También trató de interesar en su proyecto a Génova, Venecia, Francia e Inglaterra. Fracasadas estas gestiones encomendadas algunas a su hermano Bartolomé Colón, Cristóbal regresó a España y, al parecer, con la protección de Juan Pérez, prior de La Rábida, consiguió la firma real en las Capitulaciones de Santa Fe, por las cuales recibió los títulos de almirante, virrey y gobernador de las tierras que descubriese.

Su primer viaje lo realizó entre los años 1492 y 1493: salió del puerto de Palos el 3 de agosto, al mando de las carabelas PintaNiña y Santa María. Llegó a la isla de Guanahaní el 12 de octubre, a la que llamó San Salvador y que, muy probablemente, hoy sea la isla de Watling.

Descubrió Cuba y Haití, que llamó Española, donde fundó el fuerte de Navidad con los restos de su nave Santa María, constituyendo la primera colonia española en el Nuevo Mundo. Regresó a Palos tras una ajetreada travesía que le llevó a Azores y a Lisboa. Fue recibido triunfalmente por los Reyes Católicos en Barcelona. Allí se situó en lo más alto de su fama y, curiosamente, comenzó su declive.

Su Segundo viaje fue realizado entre 1493 y 1496: los Reyes Católicos prepararon la expedición con una cierta urgencia debido a la actitud que estaba adoptando Portugal. A partir de ese momento, la empresa de Indias sería colonizadora y se nombró administrador a Juan Rodríguez de Fonseca, arcediano de Sevilla. Colón, nombrado Capitán General de esta expedición, salió de Cádiz el 25 de septiembre de 1453 dirigiendo una flota que se componía de 17 embarcaciones.

Desde la canaria isla de Gomera, se siguió un itinerario más meridional que en su primer viaje. El 3 de noviembre llegaban a las pequeñas Antillas y descubrió la isla Dominica, a la que siguieron las de María Galante, Guadalupe (4 de noviembre), Montserrat (11 de noviembre), Santa María la Redonda, Santa María de la Antigua (13 de noviembre), San Martín, Santa Cruz (14 de noviembre) y las Once Mil Vírgenes.

El dieciséis de noviembre descubrieron la isla de San Juan Bautista o Boriquén, actualmente Puerto Rico. El 22 de noviembre llegaron a La Española y el 28 la flota ancló ante las ruinas del fuerte Navidad. Colón encontró arrasada la colonia española. En la costa septentrional de Haití, Colón fundó La Isabela, primera ciudad española en América (enero de 1494), cuyo primer alcalde fue Antonio de Torres.

La falta de víveres y el clima hizo enfermar a la mayoría de los expedicionarios y Colón envió a doce navíos en busca de socorro a España. Remitió, también, varios indios y propuso a los Reyes Católicos establecer la esclavitud, limitada por el momento a los indios caribes. Al mismo tiempo, el descontento de los colonos por las condiciones que se habían encontrado allí se expresó en la llamada conjura del contador Bernal de Pisa, pensada para apoderarse de los navíos y regresar a España.

Colón apresó al cabecilla de la revuelta y el 12 de marzo emprendió una campaña hacia el interior de la isla, descubrió la vega Real y llegó a Cibao, encontrando oro en abundancia; allí construyó el fuerte de Santo Tomás, donde dejó a Margarit. En la isla La Isabela, el Almirante se encontró con el hambre que sufrían los colonos.

El rígido racionamiento que impuso y la obligación de que trabajaran los hidalgos exacerbaron en grado superlativo el descontento y el odio hacia Colón. Una vez sofocados los intentos rebeldes, el Almirante salió con tres naves y cien hombres, el 24 de abril de 1494, para proseguir las exploraciones tratando de encontrar en Cuba la tierra del Catay de Marco Polo, dejando el Gobierno a un consejo presidido por su hermano, encomendando a Margarit la completa sumisión de la isla.

El cinco de mayo de 1494 descubrió para los europeos la isla de Jamaica, a la que llamó Santiago. Regresó a Cuba y, desde el cabo de Santa Cruz, en el extremo suroeste, navegó su litoral hasta cerca del extremo occidental, pero ante su gran longitud, se obstinó en creer que era parte del continente asiático y próxima a la India y a China; hasta tal punto lo creyó que el doce de junio de 1494 hizo redactar una declaración en ese sentido que, al parecer, firmaron todos bajo amenazas.

A su regreso descubrió la isla de San Juan Evangelista, actualmente Pinos; el 22 de julio se hallaba en Jamaica, cuya costa exploró durante cerca de un mes, y luego reconoció todo el litoral sur de La Española, todavía por explorar. Como quiera que Colón cayó enfermo, tuvo que volver a La Isabela, el 29 de septiembre, poniendo fin a tan fructuoso viaje de descubrimientos. Allí encontró a su hermano Bartolomé, que había llegado en junio al mando de una nueva flota, y también supo que Boil y Margarit, abandonando sus puestos, habían partido hacia España, donde expusieron a los reyes un negro cuadro del gobierno de Colón, tildándole como un tirano.

Tras dejar a Bartolomé de gobernador y de alcalde mayor a Francisco Roldán, partió Cristóbal en la misma flota de Aguado el 10 de marzo de 1496. Tocó en Guadalupe y llegó a Cádiz el 11 de abril, tras mostrar de nuevo una extraordinaria pericia náutica. Ni de lejos encontró Colón una acogida como la recibida tras su primer viaje por la falta de beneficios de las colonias pero, al entrevistarse con los Reyes en Burgos (otoño de 1496), volvió a gozar de nuevo de su favor.

Sin embargo, hasta abril de 1497 no se dispuso una nueva expedición, anulándose el permiso otorgado para que otros pudieran explorar contra el monopolio de Colón; entre otras reales disposiciones, se le confirmaron sus privilegios, fueron nombrados sus hijos pajes de la Reina y se le autorizó a fundar el mayorazgo, documento terminado de extender el 22 de febrero de 1498 y conocido únicamente por copias, lo que ha causado polémicas sobre su veracidad y en el que Cristóbal Colón se declara genovés.

Los numerosos sucesos de aquel año y los apuros de la Hacienda retrasaron la organización de la flota, unido a la maledicencia de Fonseca contra Colón. Para la nueva expedición se quiso que sus miembros fueran labradores y se introdujeran cultivos como el de la caña de azúcar. Pero como quiera que el entusiasmo del segundo viaje se había acabado, se dispuso que acompañaran a Colón presos comunes; también se establecía el repartimiento de tierras entre los pobladores. La impresión dominante por aquel entonces era que el descubrimiento había sido un fracaso y no se habían hallado las tierras ricas en metales preciosos o mercaderías de gran valor prometidos; de ahí, tal vez, la obsesión de Colón por encontrar oro a toda costa.

Durante su Tercer viaje, realizado entre 1498 y 1500, salió de Sanlúcar de Barrameda el treinta de mayo de 1498, con seis navíos. Pasó por Madeira y Gomera, y de aquí envió tres buques a La Española; él tomó un rumbo más meridional que en los viajes anteriores, quizás por consejo del cosmógrafo y joyero catalán Jaime Ferrer, consultado por los Reyes, que indicaba mayores riquezas hacia el ecuador y señalaba un método para determinar la línea de demarcación.

Colón se dirigió a las islas de Cabo Verde, de las que salió el 4 de julio, pero no pudo seguir muy al sur, como quería, para llegar al oeste por el ecuador ya que la corriente le arrastró hacia el norte, hacia las costas sudamericanas.

El 31 de julio de 1498 descubrió la isla de Trinidad, y el 2 de agosto entró en el golfo de Paria por la Boca de la Sierpe, descubriendo el continente sudamericano, pues quedaba a su oeste la costa firme de la actual Venezuela; observó la fuerza de la corriente del Orinoco en su desembocadura y exploró el golfo por su parte occidental, llamando isla de Gracia a la península de Paria.

El 5 de agosto de 1498 se verificó el primer desembarco en tierra sudamericana. A partir del 13 de agosto, Colón costeó la actual Venezuela hasta la península de Araya, antes de Cumaná; vio la isla Margarita (15 de agosto) y, con mucha prisa por llegar a La Española, no continuó con sus descubrimientos aunque sí había comprobado que aquellas aguas eran muy abundantes en perlas.

Le gustó tanto aquellas tierras que creyó muy próximo de allí el Paraíso terrenal e imaginó la teoría de que la Tierra no era plenamente esférica, sino que tenía forma de pera. El descubrimiento de la desembocadura del Amazonas le convenció de que estaba en tierra firme, es decir, ante un continente, «otro mundo», «tierra infinita» que decía en su carta a los Reyes; pero todavía seguía pensando que formaba parte de Asia. Así pues, su descubrimiento de América del Sur es anterior al viaje de Hojeda y Vespuccio y posterior en un año al de América del Norte por Sebastián Caboto.

Cristóbal iniciaría un Cuarto viaje, entre los años 1502 y 1504: salió de Sevilla el 13 de abril de 1502, con dos carabelas y dos navíos, con 140 ó 150 hombres (de ellos un 10% de italianos); le acompañaban su hermano Bartolomé y su joven hijo Hernando, el piloto Pedro de Ledesma, que más tarde volvería con Pinzón y Solís, y los hermanos Francisco y Diego de Porras, capitán de buque y escribano de la Armada, respectivamente.

Tumba de Cristobal Colón en la Catedral de Sevilla

Su objetivo era hallar un estrecho que le condujera a la India, al oeste de las Antillas, pues ya se veía que éstas no lo eran, aunque suponía que no andaba lejos y que se interponían las tierras por él descubiertas. Los descubrimientos recientes de Hojeda, Bastidas, Pinzón, Lepe, Álvarez Cabral y Vespuccio habían prolongado considerablemente la conocida como Tierra Firme, pero quedaba desconocido el litoral desde Nombre de Dios (istmo de Panamá) en adelante; o desde Cuba, que Colón seguía creyendo parte del continente asiático. Pasó por las Canarias, Martinica (15 de junio) y Dominica y se dirigió a Santo Domingo, pretextando el arreglo de un navío averiado y resguardarse de una inminente tempestad.

Pero como quiera que los Reyes le habían prohibido tocar en esta isla para evitar conflictos, el gobernador, Nicolás de Ovando, otro enemigo suyo, no le permitió la entrada. Colón capeó el temporal como pudo (una espantosa tormenta que hundió 24 de los 28 buques de la escuadra que salió de Santo Domingo hacia España y en los que se ahogó Bobadilla, Torres y muchos de los antiguos rebeldes contra Colón).

De las costas de La Española, Colón pasó a Jamaica, a los Jardines de la reina (islas del sur de Cuba), y descubrió la isla de Guanaja (costa de Honduras, 30 de julio); halló una barca con mercaderes mayas que le ofrecieron cacao y, desechando la ocasión de descubrir el Yucatán y México, tomó rumbo al este, hacia el que creía áureo país de Veragua, del que le hablaban continuamente, costeando la América Central -Honduras, Nicaragua y Costa Rica, de la que es su descubridor.

El 14 de septiembre vio el cabo de Gracias a Dios; en octubre llegó a Veragua (istmo de Panamá), que supuso abundante en oro y cercano a la India; pasó por Portobelo y puerto de Retrete (26 de noviembre), límite del periplo. Retrocedió a Veragua, asaltado por las tormentas, y entró el 6 de enero de 1503 en el río de Belén, donde se propuso fundar una colonia, que llevó a cabo Bartolomé con 80 hombres. Tras muchos enfrentamientos con los nativos, Colón continuó hacia el Darién, y de ahí trató de encaminarse a Cuba aunque las tormentas le desviaron hacia Jamaica (24 de junio).

Para pedir socorro a La Española, el escribano mayor Diego Méndez de Segura, leal amigo de Colón, realizó la hazaña de pasar de Jamaica a La Española en una canoa, con el genovés Bartolomé Fiesco y unos indios; pero hasta un año después no pudo fletar y enviar un navío de socorro a Colón. Mientras tanto, Nicolás de Ovando no quiso socorrer a Colón.

Finalmente, y tras múltiples peripecias, Cristóbal consiguió salir de Jamaica el 28 de junio de 1504. El 7 de noviembre arribaba Colón a Sanlúcar, habiendo concluido el más desgraciado y fracasado de sus viajes, sin haber hallado el anhelado estrecho, y cuyo único resultado positivo fue el descubrimiento de Centro América, habiendo estado muy cerca de verificar el de México, gloria reservada a Hernán Cortés.

Además de descubridor, Cristóbal Colón fue el iniciador de la historiografía americana con las Cartas que dirigió a los Reyes Católicos y el Diario de sus viajes, donde además de noticias daba sus impresiones sobre los habitantes y tierras descubiertas. Al parecer, Colón murió en 1506 en Valladolid, persiguiendo al rey Fernando, sin saber que había descubierto un nuevo continente ya que él siempre creía haber llegado a los míticos Catay (China) y Cipango (Japón) descritos por Marco Polo en su maravilloso recorrido del siglo XIII, libro del que Cristóbal se mostraba un ferviente admirador.

Vasco da Gama

Vasco da Gama

Vasco da Gama, fue un gran explorador el cual que aporto una nueva ruta para que se facilitara el comercio de productos. Desde temprana edad, Vasco da Gama pudo entregarse de lleno a la vida marítima. Participando en varias expediciones a la costa africana y dando en ellas prueba de una gran capacidad, esto fue suficiente para que después de que se realizaran estudios matemáticos y de cosmografía, fuese nombrado capitán.

En 1493, los franceses apresaron una nave portuguesa cargada de oro la cual venia de una de las posesiones de los portugueses en la costa africana, Costa da Mina. Vasco, nombrado comisionado estaba encargado de embargar los barcos franceses que estuvieran en su dominio, llevó a cabo su misión con notable rapidez, llegando a embargar diez de estas naves sólo en el puerto de Lisboa.

A partir de ese momento, Vasco atrajo especialmente sobre si la atención oficial» (Océano, 1996, p.144), esto fue mencionado por los editores en el subtitulo «la llamada del mar» en el cual explicaban como Vasco da Gama empezó su reputación.

El 8 de octubre 1497, Vasco de Gama partía de Lisboa al frente de 200 personas y tres barcos llamados San Gabriel, El Bernio y San Rafael. Su propósito era llegar al sur de áfrica pero no tal como los demás lo habían intentado, el no bordeo la costa africana occidental sino que se adentro en el atlántico navegando hacia el Sur desde Cabo Verde y girando luego al este para alcanzar el sur de África.

En noviembre llegaron al extremo de África que fue llamado por Bartolomé Díaz como el cabo de las Tormenta y rebautizado por Juan II con el nombre de cabo de Buena Esperanza. La flota de Vasco cruzo el cabo de Buena Esperanza en 1497 y navego con rumbo al norte dando vuelta a la costa oriental de África.

La mayoría de los tripulantes de la flota de Vasco quedo infectada de escorbuto y la expedición hizo una parada en el rio Quelimane.

El viaje de Vasco tuvo un poco de dificultades, ya que Vasco no se fiaba de nadie y menos en su anfitrión y sus sospechas no tardaron en ser confirmadas, cuando descubrieron que el jeque les tenía una trampa, pero su tripulación logro rechazar el ataque y huir con sus tres barcos.

Su siguiente escala fue hecha en la costa africana donde el jeque del lugar Malindí, el cual tenía una enemistad con el jeque de Mombosa los recibió de buena manera, este les dio un guía que conocía las aguas cercanas. «Se trataba de un piloto árabe muy experto, Aben-Macbid, al parecer de religión cristiana.»

El los condujo a la India, esta era la primera vez que la civilización europea entraba en contacto con la India. Vasco da Gama permaneció en la India por 4 meses y al terminar este lapso volvió a Europa con un cargamento de especias, así dando inicio al comercio de especias entre Europa y la India.

Pedro Álvares Cabral

Se cree que nació en Belmonte. En el año 1500, Manuel, rey de Portugal, le dio el mando de una expedición comercial a la India.

Con trece barcos y más de mil hombres, partió de Lisboa con la orden de seguir la ruta del cabo de Buena Esperanza, que había sido descubierta entre 1497-1498 por Vasco de Gama.

Con el fin de evitar las tempestades y la falta de vientos, siguió una ruta más hacia el oeste.

Pedro Álvares Cabral, fue el primer portugués que desembarcó en América del Sur, el 22 de abril de 1500, llegó a lo que actualmente es el estado de Bahia, en Brasil, unos tres meses después que el explorador español Vicente Yáñez Pinzón.

Tomó posesión de la región en nombre del rey Manuel, y envió un barco con la noticia de su descubrimiento. Defendió todo el territorio brasileño, que gracias a las posteriores exploraciones de Américo Vespucio, Gonçalo Coelho y Fernando de Noronha en los años 1501 y 1502 se determinó que la mayor parte de este inmenso país no figuraba al Este de la línea de demarcación establecida por el Tratado de Tordesillas.

Más tarde emprendió de nuevo viaje, siguiendo rumbo hacia el este, pero perdió cuatro de sus barcos en una tormenta en el cabo de Buena Esperanza. El resto de la expedición consiguió llegar a Calicut (hoy Kozhikode), en la India, donde negoció un tratado comercial con el soberano del lugar.

Juan Sebastián Elcano

Navegante español que completó la primera vuelta al mundo (Guetaria, Guipúzcoa, 1476 – océano Pacífico, 1526). Las primeras noticias que se tienen de él le presentan como un marino vasco con amplios conocimientos náuticos, que participó en la expedición de Cisneros a Argel (1509) y en las campañas de Italia del Gran Capitán.

En 1518 conoció en Sevilla al navegante portugués Magallanes, que preparaba una expedición al servicio de España para buscar la ruta a las Indias navegando hacia el Oeste. Elcano se enroló en la expedición, que partió de Sanlúcar de Barrameda en 1519 y exploró el Río de la Plata y la Patagonia; allí ayudó Elcano a sofocar un primer motín, pero participó en un segundo intento contra Magallanes, el cual le perdonó la vida, sea por no hallarle culpable o por considerarle imprescindible para continuar el viaje (1520).

Con Elcano reducido a un papel secundario, la expedición descubrió el paso del Atlántico al Pacífico por el sur del continente americano, así como las islas Marianas y las Filipinas. Cuando Magallanes murió en un combate con los indígenas de las isla filipina de Mactam (1521) la expedición quedó bajo el mando, sucesivamente, de varios de sus capitanes que se disputaban el poder, mientras continuaban explorando las islas, entablando relaciones con los jefes locales y buscando denodadamente la ruta a las Molucas.

Finalmente, un triunvirato encabezado por Elcano se hizo con el mando de lo que quedaba de la flota, argumentando que los jefes portugueses (incluido Magallanes) habían eludido a propósito las Molucas para no perjudicar a Portugal, que poseía el lucrativo monopolio del comercio de las especias navegando hasta aquellas islas alrededor de África y a través del océano Índico (1521).

Tras alcanzar las Molucas y establecer tratados con los príncipes nativos, adquirieron un cargamento de especias y se dispusieron a regresar. Sin embargo, una avería en una de las dos naos que quedaban hizo que la expedición se separara: la nao averiada se quedaría en las Molucas hasta su reparación y regresaría a tierras españolas de América cruzando el Pacífico; mientras que Elcano regresaría con la nao Victoria a la Península por la ruta portuguesa.

Este último viaje fue una hazaña difícil y peligrosa, pues a las dificultades propiamente marítimas (como la de doblar el cabo de Buena Esperanza) se añadía la necesidad de cruzar el Índico y bordear el continente africano sin hacer escalas, por miedo a ser capturados por los portugueses, que ya habían enviado una flota para hacer fracasar el empeño de Magallanes.

  • El viaje de Magallanes y Elcano

Elcano consiguió dominar la impaciencia de la tripulación, ansiosa de bajar a tierra desde que pasaran ante las costas de Mozambique; pero la falta de víveres le obligó finalmente a repostar en las islas de Cabo Verde, donde varios tripulantes fueron apresados por el gobernador portugués y el resto hubo de huir apresuradamente.

Allí descubrió Elcano que en su cuenta del tiempo llevaban un día de menos, consecuencia de haber dado una vuelta completa al mundo. Por fin, la expedición llegó a Sanlúcar de Barrameda en 1522, con sólo 18 hombres de los 265 que habían partido de allí mismo tres años antes.

El emperador Carlos V recibió a Elcano en audiencia, aunque no fue muy generoso en las recompensas por su hazaña. Su viaje constituyó un éxito, tanto desde el punto de vista geográfico (pues confirmaba experimentalmente la esfericidad de la Tierra) como económico (ya que la venta de las mercancías en Amberes sufragó sobradamente los costes de la expedición).

Las expectativas de negocio así abiertas hicieron que se fundara en La Coruña una nueva Casa de Contratación destinada a especializarse en el comercio de las especias. Desde allí salió una segunda expedición, costeada por los Fugger y mandada por Loaisa (un aristócrata, para evitar nuevos problemas de insubordinación); Elcano viajaba, a pesar de sus protestas, como piloto mayor. Pero aquella expedición, que salió de La Coruña en 1525, fracasó por la muerte de Loaisa y de Elcano sucesivamente (1526).

Bartolomeu Dias

(Bartolomeu Dias de Novaes, llamado Bartolomé Díaz por los españoles; ?, hacia 1450 – cerca del cabo de Buena Esperanza, 1500) Navegante portugués que dobló por primera vez el cabo de Buena Esperanza, preparando así el camino a la definitiva expedición de Vasco da Gama (1497-1499), que llegaría hasta la India y supondría la apertura de una nueva ruta comercial entre Europa y Asia.

Descendiente de Dinis Dias, descubridor de Cabo Verde, Bartolomeu Dias realizó en 1487-88 un viaje a la costa africana por encargo de Juan II, en busca del mítico Preste Juan y de otras noticias traídas por anteriores expediciones portuguesas; sin lograr aquellos objetivos, el viaje recorrió la costa occidental de África hasta doblar el cabo de Buena Esperanza, que llamó «Cabo de las Tormentas» por haberle asaltado allí una terrible.

Dias (que en principio no se dio cuenta de ello) había descubierto el paso marítimo entre el océano Atlántico y el Índico por el sur de África. Regresó a Portugal presionado por el descontento de su tripulación, sin haberse adentrado a explorar el nuevo Océano ni sus costas.

En lo sucesivo, sin embargo, su carrera declinó, al preferir el rey a otros navegantes, como Vasco da Gama y Cabral, en cuyos viajes figuró Dias como subordinado. Navegando con Cabral participó en el descubrimiento del Brasil (1500) y desapareció durante una tormenta en el cabo de Buena Esperanza (que él mismo había descubierto 12 años antes y que había recibido ya ese nombre por orden de Juan II).

A lo largo de la segunda mitad del siglo XV los navegantes portugueses realizaron varios intentos de alcanzar el extremo sur de África, con la intención de encontrar una ruta que les llevase hasta la India y sus especias. Bartolomeu Dias procedía de una familia de marineros, y antes de emprender la decisiva expedición que cruzaría el cabo de Buena Esperanza había ya tomado parte en numerosas expediciones, como el viaje por la costa africana que inició en 1481.

La expedición que le daría fama comenzó en 1487, cuando recibió la orden del rey Juan II de navegar por el litoral africano tan al sur como fuera posible y descubrir si África estaba unida a la India, como proponía el geógrafo Ptolomeo, o era un continente independiente. Se trataba de la culminación de los preparativos del difunto Enrique el Navegante. Y estaba en juego el control del comercio de especias.

La flotilla de tres barcos con la que Bartolomeu Dias se dispuso a llegar hasta el límite sur de África para acceder a la India zarpó de Lisboa en el verano de 1487.

A pesar de ser una fuerza muy reducida, su comandante había tomado las precauciones necesarias para que la expedición tuviese éxito.

Una de las tres naves estaba destinada exclusivamente al transporte de víveres para tener garantizado su abastecimiento, y había reclutado como intérpretes a varios nativos de la costa africana.

Los expedicionarios navegaron con rumbo sur, tal como habían hecho sus predecesores, y, tras dejar el buque con los suministros en la costa de Guinea, prosiguieron su navegación decididos a encontrar el paso que les permitiese acceder a la India.

  • Dias ante Juan II de Portugal y Leonor

Uno de los hechos más curiosos de esta exploración es que Bartolomeu Dias y sus hombres no se percataron del momento en que superaban el cabo de Buena Esperanza y entraban en el océano Índico. Una fuerte tormenta sorprendió las dos naves, y cruzaron el mítico lugar mientras se debatían contra la fuerza de los vientos y la mar.

Una vez salvado el temporal, Dias buscó la costa navegando hacia el este, como había hecho siempre, pero en esta ocasión no encontró tierra y cambió el rumbo hacia el norte. El 3 de febrero de 1488 arribó a una bahía, a la que puso el nombre de bahía dos Vaqueiros.

Hostigado por los nativos, Dias dio la orden de levar anclas y navegar hacia el este siguiendo la costa, pero a los pocos días su tripulación se negó a seguir adelante y no hubo forma de conseguir que continuara. Bartolomeu Dias decidió entonces emprender el viaje de vuelta, pero antes obligó a la tripulación a firmar un documento en el que se exculpaba al comandante de la expedición de la responsabilidad de no haber seguido hasta la India.

Dias era muy consciente de que el enfado del rey por no haber aprovechado tal oportunidad para abrir la ruta de las especias podía poner en peligro su carrera. En el viaje de vuelta, Dias avistó el cabo de Buena Esperanza, con lo que se convenció de que había logrado superar el extremo sur de África. Con esta satisfacción regresó a Portugal, arribando a Lisboa en diciembre de 1488.

En los años siguientes, Bartolomeu Dias continuó vinculado a la exploración naval. En 1494 se encargó de preparar la flota que habría de llevar a Vasco da Gama hasta la India y navegó él mismo hasta Cabo Verde, en la costa africana, donde estableció un puesto avanzado para el comercio. Años más tarde, en 1500, Dias se unió como capitán de uno de los barcos a la expedición de Pedro Álvares Cabral, con destino a la India.

Los vientos desviaron a la flota hacia el oeste, y los portugueses acabaron recalando en la costa de Brasil, en América. Un mes después, la flota volvió a zarpar con rumbo este, cruzó el Atlántico y se dispuso a flanquear el cabo de Buena Esperanza. Sin embargo, pronto se vieron envueltos en una terrible tormenta que hundió varias naves, entre ellas, la de Bartolomeu Dias, que pereció en las aguas.

Juan Gaboto

El monarca español, ante la certeza de que la Especiería estaba comprendida dentro de la jurisdicción de Castilla, organizó la Casa de Contratación de la Especiería en la Coruña, para el tráfico con las Molucas.

Se preparó una expedición que debía seguir la ruta de Magallanes y El Cano y que fijaría exactamente la jurisdicción castellana. Se puso al frente de ella a García Jofré de Loaysa y El Cano iba como guía, pero la empresa fracasó; cruzado el estrecho de Magallanes, murieron en alta mar primero Loaysa y más tarde El Cano.

Algunos sobrevivientes establecieron una fortaleza en Tidore, para defender los derechos de Castilla ante Portugal, y otros llegaron a la costa mejicana. Una de las naves tocó costa de Brasil y algunos hombres quedaron allí, deslumbrados por los relatos de riquezas que habría más al norte.

Cuando ocurrían estos acontecimientos, ya había salido de España Sebastián Gaboto, hijo de Juan Gaboto. Establecido en España se lo nombró piloto mayor en reemplazo de Solís, que había muerto. Firmó capitulación para recorrer la ruta de El Cano y llevar mercaderías valiosas de las Molucas, Cipango y Cathay.

Zarparon de San Lucas de Barrameda en cuatro naves. Tocaron las Canarias; después se negó a hacer conocer a sus capitanes la ruta que pensaba seguir y en vez de enfilar hacia el sur para cruzar el Estrecho, ordenó poner rumbo a las costas del Brasil, que avistaron a la altura del cabo de San Agustín.

Esto indujo a algunos investigadores a pensar que al salir de España ya tenía la intención de cambiar de ruta, seducido por las riquezas de que hablaban los náufragos y desertores que vivían en la costa del Brasil. Ellos les indicaron en conversaciones directas que el camino a seguir era el río de Solís, que llamaban de la Plata.

Gaboto reunió a los capitanes de su armada para deliberar y decidieron explorar el Río de la Plata en vez de cumplir lo capitulado. En el puerto de los Patos se construyó una nave de poco fondo para recorrer los ríos y se levantó la primera iglesia de estas regiones.

Ya en el Río de la Plata Gaboto fundó el puerto de San Lázaro. Cerca de la isla San Gabriel encontró a Francisco del Puerto que le confirmó las noticias sobre la Sierra de la Plata, en cuya búsqueda decidieron lanzarse. Al llegar a la confluencia del Coronda con el Carcarañá fundó el fuerte de Sancti Spiritus (9 de junio de 1527). Alrededor del fuerte cada conquistador construyó su casa de paja y adobe.

En diciembre Gaboto salió en busca de la Sierra de la Plata, remontando el Paraná hasta el Paraguay donde tuvo noticias de que naves desconocidas habían penetrado en el Paraná; esto unido a una emboscada de los indios en la que murieron varios españoles, decidió a Gaboto a regresar. En el camino se encontró con las naves de Diego García de Moguer.

Este marino había venido en la expedición de Solís y regresó a España deslumbrado por las noticias que había recibido sobre una región rica en metales preciosos. Consiguió armar una expedición y firmó la capitulación correspondiente, por la que se comprometía a ir a las Molucas. Era una expedición modesta, integrada por dos naves y un bergantín que se encontró con la de Gaboto en la isla de Palma, donde García terminaba de prepararse y por donde Gaboto pasaba en viaje a América.

También en busca de las tierras del Rey Blanco penetró en el Río de la Plata y entró al Paraná llegando a Sancti Spiritus. Como fracasó en su intento de apoderarse del fuerte salió en busca de Gaboto. Después de veintisiete días se encontraron, disputando sobre sus derechos, pero como no se pusieron de acuerdo decidieron regresar a Sancti Spiritus para reacondicionarse, emprendiendo juntos la conquista del Imperio del Rey Blanco.

Salieron con siete naves hacia el norte, pero tuvieron noticias de la hostilidad de los indígenas y regresaron por ello a Sancti Spiritus. En esos días llegó al fuerte Francisco César, el capitán que había sido enviado hacia el oeste por Gaboto, quien confirmó los datos sobre una región llena de riquezas, de metales y piedras preciosas, que ellos decían haber visto. García y Gaboto, más interesados que nunca en alcanzarla, salieron nuevamente llegando hasta el Paraguay y quizás hasta el Pilcomayo.

Supieron que los indios de toda la zona preparaban un gran levantamiento, por lo que regresaron a Sancti Spiritus desde donde salió Gaboto para pacificar la región. En su ausencia los indios atacaron y destruyeron el fuerte. Los pocos españoles que lograron salvarse se refugiaron en San Salvador, donde estaba Gaboto. Este y García al comprobar el desastre decidieron regresar a España, haciéndolo primero García. Llega con a la península con seis días de diferencia, en julio de 1530.

Gaboto recorrió los ríos hasta el paralelo 25, punto máximo que logró llegar por el norte.

En 1528, Sebastián Gaboto, viajando por el río Paraguay, llegó hasta la altura del río Pilcomayo, por lo que fue considerado el primero que navegó las aguas de nuestro río.

Cabe descatar la valentía de Sebastián Gaboto que aunque se le presentaron muchos obstáculos él nunca desistió y siempre busco nuevas riquezas obteniendo muchas conquistas. El si bien tenía que de repetir el viaje de Magallanes opto por ir a nuevos horizontes.

Juan Ponce de León

Conquistador castellano de Puerto Rico y descubridor de la Florida (Santervás de Campos, Valladolid, 1460 – Cuba, 1521).

Era de ascendencia noble, había sido paje en la corte de Fernando el Católico y había combatido en la conquista de Granada.

Se duda si su primer viaje a América lo hizo con Colón (en 1493) o ya con Ovando (en 1502).

En todo caso, colaboró con éste en la conquista de La Española (Santo Domingo) y recibió de él el encargo de conquistar la cercana isla de San Juan o Borinquén (Puerto Rico) en 1508.

A pesar de la oposición de Diego Colón, consiguió ser nombrado gobernador en 1510.

La isla se le sometió sin dificultad, merced a la conversión del cacique Agüeibana; Ponce de León pudo dedicarse a la fundación de ciudades y a la explotación del oro.

Pero, tras la muerte de Agüeibana, los indios se sublevaron contra la dominación española y el régimen de encomiendas, que les había sometido a trabajo forzado. Tras una dura lucha, Ponce de León se impuso a los nativos y tomó represalias sangrientas. En 1511 fue destituido, aunque se resistió a dejar el cargo hasta que vino a exigírselo el propio Diego Colón.

Se embarcó entonces en una nueva expedición de descubrimiento hacia el norte, en la que encontró la punta del continente norteamericano, territorio al que llamó Florida por su abundante vegetación y por ser fechas de Pascua florida (1512 o 1513); bordeando las costas de Florida descubrió la corriente del Golfo.

Pero no pudo establecerse en tierra ante la hostilidad que le mostraron los indígenas; una posterior expedición de conquista que realizó en 1521 fue igualmente rechazada por los indios seminolas. Probablemente aquella península había recibido ya la visita de navegantes españoles o portugueses, pero su descubrimiento había quedado olvidado hasta la expedición de Ponce de León.

Fernando de Magallanes

(Oporto, 1480-Mactán, Filipinas, 1521) Explorador y navegante portugués. Miembro de la nobleza portuguesa, estudió náutica
y cartografía en Lisboa. A los veinticinco años, integró la expedición a la India mandada por Francisco de Almeida. En su siguiente
viaje, esta vez a Marruecos y bajo las órdenes del duque de Braganza, resultó herido.

El monarca portugués, Manuel I el Afortunado, que disponía de un informe desfavorable acerca de la conducta de Magallanes en esta última misión, rechazó por dos veces un proyecto del marino para explorar nuevas rutas hacia Oriente, por lo que aquél decidió probar suerte en España.

Llegó a Sevilla en octubre de 1517 y desde allí se dirigió a la corte, que a la sazón se encontraba en Valladolid.

En ese mismo año contrajo matrimonio con Beatriz Barbosa, hija de un importante oficial sevillano, quien le dio un hijo varón, Rodrigo.

Magallanes tenía la convicción de que debía existir un paso al sur de la costa sudamericana para llegar a la India por occidente, paso que ya había buscado sin éxito Juan Díaz de Solís.

La posibilidad de encontrar una ruta alternativa para llegar a Oriente a través del océano Atlántico era de vital interés para la monarquía española, ya que la costa africana estaba bajo el control de su principal rival en el comercio de especias, Portugal.

Tras renunciar a la nacionalidad portuguesa, y con el apoyo del astrónomo portugués Ruy de Faleiro y del obispo Fonseca, logró interesar en el proyecto al rey Carlos I, quien puso a su disposición cinco naves: Trinidad, San Antonio, Concepción, Victoria y Santiago, con una tripulación de 270 hombres de distintas razas y nacionalidades. Fue nombrado gobernador de las tierras que pudiera descubrir y se le otorgó la veinteava parte de los eventuales beneficios de la expedición.

La flota zarpó de Sevilla en septiembre de 1519, luego de un fallido intento portugués de sabotear el viaje. Faleiro, víctima de un ataque de locura, se quedó en tierra. El contingente pasó por el archipiélago de las Canarias, siguió viaje hasta la costa del Brasil y dobló luego hacia el sur, donde exploró el estuario del Plata.

En la bahía de San Julián, Patagonia, la expedición se estableció para invernar, período en el que se perdieron dos naves, una por accidente y la otra por deserción; además, el marino hubo de sofocar un motín.

Por fin, el 21 de octubre de 1520 accedieron al estrecho que lleva hoy su nombre (Magallanes lo llamó «estrecho de Todos los Santos»), que les permitió rodear el continente americano. Poco más de un mes después, encontraban al otro lado un océano de aguas tranquilas (que recibiría luego el nombre de océano Pacífico), ante cuya vista el aguerrido navegante lloró de emoción.

Siguieron rumbo al norte, primero bordeando la costa de Chile para virar luego al noroeste hacia las que se conocen actualmente como islas Marianas (que bautizaron como Islas de los Ladrones), sin agua potable ni provisiones frescas, y con parte de la tripulación enferma de escorbuto. La llegada a aquellas islas les permitió reabastecerse y continuar explorando otras islas que conformaban el archipiélago que hoy lleva el nombre de Filipinas.

Fue en una de ellas, Mactán, donde Magallanes cayó herido de muerte en un enfrentamiento con los indígenas, con lo que se malogró su sueño de completar el primer viaje alrededor del mundo. Esta proeza correspondió al marino de origen vasco Juan Sebastián Elcano (capitán de la nave Concepción, abandonada cerca de la isla de Cebú).

Bajo su mando la expedición completó su periplo, primero rumbo a las Molucas, para tocar tierra de España el 6 de septiembre de 1522; arribó una sola nave, la Victoria, con dieciocho supervivientes a bordo y un cargamento de especias.

Alonso de Ojeda

(Cuenca, 1466 – Santo Domingo, 1515) Navegante y explorador español, uno de los pioneros en la empresa de conquista que siguió al descubrimiento de América. Acompañó al almirante Cristóbal Colón en su segundo viaje y participó activamente en las primeras acciones para someter a los indígenas de la isla de Santo Domingo (La Española).

Entre 1499 y 1502 exploró la costa de las actuales Venezuela y Colombia y fundó Santa Cruz, primer emplazamiento español en el continente. Nombrado gobernador de Nueva Andalucía (Urabá), gobernación de Tierrafirme que comprendía el litoral colombiano, su intento de colonización fracasó, pero dio lugar a la fundación de Santa María la Antigua del Darién, base de futuras conquistas.

Alonso de Ojeda

Aunque nació en Cuenca, era oriundo de Ojeda, cerca de Oña, en la merindad de Bureba. Perteneció a una familia noble y fue paje y criado del duque de Medinaceli don Luis de la Cerda, en cuya casa conoció quizá a Cristóbal Colón, cuando éste vino a España.

Participó en la toma de Granada, donde dejó constancia de sus dotes militares, de su destreza como espadachín y de su audacia.

Protegido por el obispo Juan Rodríguez de Fonseca, Alonso de Ojeda fue puesto al frente de una de las naves del segundo viaje de Cristóbal Colón en 1493.

Al llegar a la isla de Guadalupe, Colón le confió la búsqueda del veedor Diego Márquez, que se había perdido al internarse con otros ocho compañeros.

Una vez en La Española (isla de Santo Domingo), Colón le mandó explorar la región de Cibao, en el interior (enero de 1494), donde Ojeda obtuvo las primeras muestras del oro de Indias, enviadas por Colón a los Reyes Católicos junto con un memorial donde ensalzaba la riqueza de las islas descubiertas.

Poco después se le dio otra misión importante: la de socorrer al capitán Margarit, que estaba sitiado en la fortaleza de Santo Tomás (erigida en Cibao) por las huestes del cacique Caonabó. Ojeda corrió en auxilio del capitán pero quedó sitiado a su vez, hasta que pudieron salvarle nuevos refuerzos venidos de la Isabela con Colón y su hermano Bartolomé Colón.

Más tarde las tropas de Caonabó pusieron cerco a la Isabela y Ojeda decidió capturar al cacique. Marchó a la provincia de Maguana, donde vivía, y durante la entrevista que mantuvieron, Ojeda le ofreció como regalo unos grilletes de latón. Cuando el cacique se vio inmovilizado, Ojeda lo subió a su caballo, huyó al galope y lo entregó a Colón. Luego derrotó a otro hermano de Caonabó, por lo que se le premió con seis leguas de terreno en Maguana.

La exploración de Venezuela

Alonso de Ojeda estuvo en la Española hasta fines de 1498, momento en que se enemistó con Colón y regresó a España. Fue a la Corte y se entrevistó con el Obispo Fonseca, que le pidió comprobar lo descubierto por Colón en su tercer viaje; se le autorizó así a realizar el primer viaje de descubrimiento tras los colombinos.

Con patente del Obispo partió del puerto de Santa María hacia el 18 de mayo de 1499. Llevaba una sola carabela y le acompañaban el cosmógrafo Juan de la Cosa y Américo Vespucio, que hacía entonces su primer viaje al Nuevo Mundo.

Costeó África (donde se apoderó de una carabela de Huelva), pasó a Canarias y finalmente siguió la ruta del tercer viaje colombino para arribar a la costa suramericana por la Guayana venezolana. Desde allí subió a la isla de Trinidad y península de Paria, donde había estado antes el Almirante.

A partir de aquí realizó su verdadero descubrimiento: toda la costa de Venezuela hasta Maracaibo, donde los españoles hallaron unas viviendas lacustres que a Vespucio le recordaban a Venecia, y por ello bautizaron el lugar como Venecia Chica o Venezuela. Prosiguieron luego por la península de la Guajira (territorio actualmente colombiano), que los indios llamaban Chichibacoa o Coquibacoa, hasta cerca de un cabo que les pareció desde lejos «vela de navío».

Era el cabo de la Vela, al que no arribaron, ya que antes de alcanzarlo enderezaron rumbo hacia la isla Española y atracaron en puerto Yáquimo el 5 de septiembre de 1499.

Allí cargaron palo tintóreo y encontraron a Francisco Roldán, alcalde de Santo Domingo reconciliado con Colón después de su rebelión. El funcionario pidió el permiso para hacer descubrimientos y Ojeda se lo mostró. El resto del viaje carece de interés; cargaron esclavos en las Lucayas y arribaron a Cádiz a mediados de junio del año 1500. Los resultados de estos descubrimientos (toda la costa venezolana y parte de la atlántica oriental colombiana) se consignaron en el famoso mapa de Juan de la Cosa, elaborado el año 1500.

Ojeda fue nombrado Gobernador de Coquibacoa el 8 de junio de 1501 y organizó una expedición colonizadora con dos socios llamados Juan de Vergara y García de Ocampo. Partió en enero de 1502 con cuatro navíos y repitió la ruta anterior. Al llegar a Coro, que denominó Valfermoso, mandó a Vergara por víveres a Jamaica y continuó hacia un puerto que llamó Santa Cruz, posiblemente Bahía Honda, en la zona colombiana de la península de la Guajira. Aquí construyó un fuerte, que fue el primer establecimiento español en Suramérica.

El descontento por la falta de víveres y por las adversas condiciones canalizaron una gran hostilidad hacia el gobernador. Al regresar de Jamaica, Juan de Vergara se concertó con García de Ocampo para destituir a Ojeda, que fue apresado (mayo o junio) y, por consiguiente, despoblado el lugar. Resultado de esto fue un pleito en la isla Española entre Ojeda y sus socios, del que el primero salió absuelto en 1503.

La colonización de Tierra firme

En 1508 se celebró la famosa Junta de Burgos en la que se acordó la colonización de Tierrafirme, dividida en dos gobernaciones, la de Castilla de Oro (Veragua) y la de Nueva Andalucía (Urabá). La gobernación de Nueva Andalucía, que correspondió a Alonso de Ojeda, abarcaba la costa colombiana desde el Cabo de la Vela hasta el golfo de Urabá. Ojeda reunió cuatro barcos y 220 hombres y partió de Santo Domingo el 10 de noviembre de 1509 en compañía de Juan de la Cosa; dejó en la isla a su socio el cosmógrafo Martín Fernández de Enciso para que reclutara más hombres.

Desembarcó en las proximidades de Cartagena, donde leyó a los indios el famoso «Requerimiento», y se internó hasta el poblado de Turbaco. Cuando los españoles estaban ocupados en saquear las viviendas vacías de los nativos, aparecieron los guerreros, que ocasionaron una gran mortandad. Entre las víctimas estuvo el cosmógrafo Juan de la Cosa, que fue capturado y asaeteado. Ojeda logró escapar y alcanzó la playa, donde apareció Diego de Nicuesa, que había sido nombrado gobernador de Castilla de Oro y se dirigía a su gobernación. Diego de Nicuesa se unió a Ojeda en la represalia contra los indígenas, y luego siguió su camino.

Ojeda continuó también por la costa de su gobernación en dirección hacia occidente, en busca de un lugar para fundar un asentamiento. Creyó encontrarlo en el Golfo de Urabá, donde erigió San Sebastián de Urabá, en realidad un simple fuerte. El lugar era insalubre y enfermaron muchos hombres, pero lo más grave era que los indios usaban flechas envenenadas con curare, que producían la muerte casi instantánea a quienes eran heridos. El propio Ojeda fue herido en una pierna, aunque pudo salvar su vida tras obligar al cirujano a que aplicara sobre su herida dos planchas al rojo vivo. Para contener la hemorragia fue necesario gastar una pipa de vinagre.

Ante tan precaria y peligrosa situación, y en vista de que no llegaba el esperado refuerzo de Fernández de Enciso, Ojeda decidió aprovechar la aparición de una nave en Urabá para ir a la Española en busca de víveres e implementos. Dejó a los pobladores de San Sebastián bajo el mando de un entonces oscuro teniente llamado Francisco Pizarro (el futuro conquistador del Perú), con órdenes de actuar como creyera oportuno si no había regresado en un plazo de cincuenta días, y embarcó rumbo a La Española.

Pero la nave en que embarcó Ojeda iba llena de bandidos, los cuales, dirigidos por Bernardino de Talavera, decidieron ir a Cuba en vez de Santo Domingo para eludir la justicia. El barco naufragó cerca de Cuba y sus ocupantes cruzaron a pie la isla hasta el Oriente, donde fueron acogidos por los indios (posiblemente en la zona de la actual Santiago de Cuba). Desde allí se pidió ayuda al gobernador de Jamaica, Juan de Esquivel, que envió una nave con Pánfilo de Narváez. Se ejecutó a Bernardino de Talavera y a sus seguidores y Ojeda viajó hasta Santo Domingo. La miseria en que se encontraba le impidió comprar con presteza lo necesario para reforzar a los hombres que había dejado en San Sebastián de Urabá; falleció en Santo Domingo hacia 1515, y fue enterrado a la entrada de la iglesia de San Francisco.

En cuanto a los hombres de San Sebastián de Urabá, partieron bajo el mando de Francisco Pizarro al cumplirse los cincuenta días y encontraron cerca de Cartagena el refuerzo de Fernández de Enciso, en el que venía Vasco Núñez de Balboa, que indicó el lugar apropiado para fundar un asentamiento en Tierrafirme: un paraje junto a un río (Tanela) más allá del golfo de Urabá, donde no había indios flecheros. Allí se erigió la ciudad de Santa María la Antigua del Darién, base del descubrimiento del Pacífico y de la colonización de Panamá.

Rodrigo de Bastidas

(Sevilla, hacia 1465 – Santiago de Cuba, 1527) Navegante y conquistador español que exploró el litoral de Colombia y Panamá. En 1500, asociado a Juan de la Cosa, organizó una expedición hacia el Nuevo Mundo; descubrió la desembocadura del río Magdalena y fundó el puerto de Darién (Cartagena de Indias).

En 1524, contando con la autorización del emperador, se dirigió desde Santo Domingo a Tierra Firme, donde fundó la ciudad de Santa Marta, de la que fue gobernador. Tras la sublevación de los colonos decidió regresar a Santo Domingo, pero durante su viaje de vuelta una tempestad le arrastró a la isla de Cuba, donde pereció.

Rodrigo de Bastidas debió de nacer en Sevilla hacia 1465, pues en el pleito de Tapia de 1509 declaró tener 32 o 33 años. Ejerciendo de escribano en Triana, el descubrimiento de América despertó su interés por las exploraciones indianas. El 4 de junio de 1500 capituló con la Corona un viaje de descubrimiento y rescate. Se asoció con unas veinte personas para reunir los 377.547 maravedises que le costó la expedición, fletó dos bajeles y partió desde Cádiz a finales de septiembre de 1501.

Acompañado del cartógrafo Juan de la Cosa, Rodrigo de Bastidas siguió la ruta del tercer viaje colombino y arribó a la costa venezolana; recorrió en ella la zona ya descubierta por Alonso de Ojeda, Juan de la Cosa y Américo Vespucio en 1499-1500, y luego la península de la Guajira hasta el Cabo de la Vela.

A partir de este punto siguió hacia occidente y se convirtió con ello en el descubridor de toda la costa atlántica colombiana. Pasó frente a la bahía de Santa Marta, luego por las bocas del río de la Magdalena, por la bahía de Cartagena, la desembocadura del Sinú y el golfo de Urabá. Continuó por la costa panameña del Darién hasta un puerto que se denominó el Retrete, no muy lejos de donde se fundó Nombre de Dios.

En este punto Rodrigo de Bastidas advirtió que las naves estaban a punto de naufragar a causa de la broma (un molusco lamelibranquio que perforaba las cuadernas de roble de las quillas), por lo que ordenó poner proa a la isla Española. Recaló en Jamaica, donde se revisaron las naves, y siguió hacia su objetivo.

Una tempestad arrojó las embarcaciones a la costa de la Española, junto al cabo de la Canonjía.

Allí estuvo un mes reparando los barcos y salió nuevamente hacia Santo Domingo, pero los vientos le arrastraron hasta Xaraguá, donde naufragó.

Dividió a su gente en tres grupos que emprendieron a pie el viaje a Santo Domingo, adonde llegaron finalmente con los restos de sus botines.

Rodrigo de Bastidas regresó a España en la flota de Francisco de Bobadilla: zarpó de Santo Domingo a mediados de 1502 y tuvo la suerte de salvarse de la tempestad que acabó con la flota.

Llegó a Cádiz en septiembre del mismo año y, como recompensa a sus descubrimientos, obtuvo de la Corona una renta sobre los frutos de Urabá y Cenú (Sinú).

En la historia de la colonización americana figura otro viaje dudoso de Bastidas en 1507 al mismo territorio colombiano con Juan de la Cosa.

Mucho más se conoce sobre la expedición que inició en 1524. El 6 de noviembre de ese año, Bastidas capituló la construcción de una ciudad y fortaleza en la Tierrafirme. Se le concedió una franja de ochenta leguas de la costa de la actual Colombia (desde el Cabo de la Vela hasta las bocas del Magdalena), a la que debía llevar cincuenta vecinos, algunos de ellos casados.

Al año siguiente fletó tres naves con las que arribó a la bahía de Santa Marta, que había descubierto anteriormente. De inmediato inició la construcción de la fortaleza que sería la base de la ciudad de Santa Marta, la primera que se fundaba en Colombia (anteriormente se habían frustrado dos intentos de colonización en la Guajira, con Santa Cruz, y en Urabá, con San Sebastián).

Bastidas emprendió la conquista del territorio de los indios de Bonda y Bondigua, donde recogió buenos botines de oro, pero tuvo muchas dificultades con sus hombres, que odiaban el trabajo manual que les imponía y las privaciones que sufrían. Como resultado de una conjura dirigida por su teniente general, Pedro de Villafuerte, varios hombres entraron por la noche en su casa y trataron de acuchillarle; no lo mataron, pero quedó gravemente herido.

Bastidas decidió ir a restablecerse a Santo Domingo y dejó la colonia en manos de Rodrigo Álvarez Palomino. No llegó a su destino, sin embargo, pues la nave en que iba fue a parar a Santiago de Cuba por culpa de los vientos. Allí falleció en 1527. En Santa Marta, que siguió prosperando, Álvarez Palomino prendió a los que intentaron asesinar a Bastidas y los envió a Santo Domingo, donde fueron ejecutados.

Pedro Álvares Cabral

(Belmonte, Portugal, h. 1467 – cerca de Santarém, actual Brasil, h. 1526) Navegante y explorador portugués considerado el descubridor de Brasil. El éxito del viaje de Vasco da Gama animó al rey Manuel I de Portugal a organizar una segunda expedición a la India, ahora bajo el mando de Pedro Álvares Cabral.

Es posible, sin embargo, que el almirante portugués recibiese órdenes secretas de desviarse hacia el oeste a la altura del golfo de Guinea, con el objetivo de explorar los territorios que correspondían a Portugal por el Tratado de Tordesillas (1494). Deliberadamente o no, lo cierto es que Pedro Álvares Cabral recaló en Brasil, territorio del que tomó posesión para la Corona portuguesa, antes de proseguir su viaje hacia la India.

Nacido en el seno de una familia noble, Pedro Álvares Cabral fue nombrado almirante por Manuel I de Portugal en 1500, y obtuvo el mando de la segunda flota portuguesa con destino a la India.

Formada por trece barcos y más de un millar de hombres, entre los que se contaban experimentadísimos navegantes como Nicolau Coelho y Bartolomeu Dias, la expedición partió de Lisboa el 9 de marzo de 1500.

Siguiendo la ruta aconsejada por Vasco da Gama, quien en 1498 había logrado por primera vez llegar a la India rodeando el continente africano, Pedro Álvares Cabral evitó las calmas de las costas de Mauritania; en lugar de ello, se adentró en el Atlántico en busca de vientos que le empujaran hacia el sur.

Bien por accidente o de forma intencionada (es decir, buscando conscientemente visitar las tierras americanas que le habían correspondido a Portugal en el reparto con Castilla realizado por el Tratado de Tordesillas), Álvares Cabral alcanzó las costas del Brasil el 22 de abril de 1500, un mes y medio después de haber zarpado, gracias a las corrientes marinas.

Aunque los españoles Vicente Yáñez Pinzón y Diego de Lepe habían llegado tres meses antes a las costas del nordeste del Brasil y la desembocadura del Amazonas, sus exploraciones fueron puntuales y carecieron de efectos; fue Álvares Cabral quien dio por supuesta la asignación del territorio al reino de Portugal y señaló el inicio de la colonización portuguesa, por lo que la historiografía le otorga el epíteto de descubridor del Brasil.

El 25 de abril, tres días después de avistar la costa, los expedicionarios anclaron en un puerto de la costa que recibió el nombre de Porto Seguro, y entablaron relaciones de amistad con los nativos del lugar. El 1 de mayo se celebró misa en tierra firme y Álvares Cabral tomó posesión de la región en nombre de la Corona portuguesa, llamándola Isla de Vera Cruz e irguiendo en un monte vecino una gran cruz de madera con la divisa del rey Manuel I de Portugal. Ordenó además el regreso de una de las naves a Portugal para llevar la noticia del descubrimiento.

Tras esta breve escala, Álvares Cabral reemprendió el viaje hacia la India bordeando África: cruzó de nuevo el Atlántico, dobló el cabo de Buena Esperanza y, superando las violentas tormentas, alcanzó las costas de Mozambique, que exploró. Llegó luego a las costas de la India, asedió Calicut y obligó al príncipe de Cochín a firmar un tratado comercial con Portugal. El 21 de junio de 1501, tras una ardua travesía de regreso, atracó en el puerto de Lisboa. Sus viajes fueron relatados por Ramusio en las Navegaciones y viajes (1563), lo que da prueba del renombre que logró con su gesta.

Hermanos Pinzón

Navegantes que acompañaron a Cristóbal Colón en su primer viaje. Pertenecían a una familia de marinos expertos de Palos de la Frontera.

Martín Alonso Pinzón (1440 – 1493) había viajado desde joven por el Mediterráneo y por la costa atlántica de África, haciendo fortuna como armador y comerciante y acumulando experiencia y conocimientos sobre artes náuticas, geografía y cartografía. Los frailes del Monasterio de La Rábida le pusieron en contacto con Colón; fue la mediación de Pinzón la que le permitió reclutar la tripulación para su proyectado viaje a las Indias, que condujo en realidad al descubrimiento de América (1492).

Los hermanos Vicente Yáñez y Martín Alonso Pinzón

El propio Pinzón se encargó del mando de una de las tres carabelas con las que se descubrió América, la Pinta, en la que llevaba de maestre a su hermano Francisco Martín Pinzón. En la travesía de regreso, una tormenta separó las dos naves que quedaban, siendo la de Pinzón la primera en llegar a puerto, a Bayona (Galicia), mientras que la de Colón llegaba más tarde a Lisboa. Murió de sífilis poco después.

Vicente Yáñez Pinzón (c. 1461 – c. 1515) también participó en aquel viaje, como capitán de otra carabela, la Niña (Colón mandaba la Santa María). Posteriormente organizó una expedición propia a las costas americanas, que fue la primera en rebasar el Ecuador (1499-1500); en ella le acompañó su sobrino Arias Pérez Pinzón.

Américo Vespucio

(Amerigo Vespucci; Florencia, 1454 – Sevilla, 1512) Navegante italiano cuyo nombre originaría la denominación del continente americano. Como es sabido, Cristóbal Colón murió creyendo que había llegado a las Indias, sin sospechar que aquellas islas de las que había tomado posesión en nombre de la Corona de Castilla pertenecían a un nuevo continente.

Un amigo suyo, Américo Vespucio, fue el encargado de decir a la vieja Europa que las tierras halladas por Colón no eran las asiáticas, sino que formaban parte de una «cuarta pars» del mundo a la que daría su nombre involuntariamente.

Este hombre, insignificante frente a la gran figura de Colón, también murió sin conocer los efectos de su revolucionaria noticia: la póstuma gloria, derivada de ese bautismo casual, para él y para su linaje.

Amerigo Vespucci era un florentino que había llegado a España como empleado de comercio poco antes de la primera salida de Colón.

La casa bancaria de los Médicis lo envió a Castilla para una misión mercantil por cuenta de un tal Beraldi, y el italiano se acomodó en las cercanías de la corte estableciendo contactos y proyectando negocios con algunos destacados señores.

Cuando el 15 de marzo de 1493 regresó Cristóbal Colón de su primera singladura y habló de las inmensas riquezas encontradas, las casas comerciales de Génova y Venecia empezaron a especular con la posibilidad de abrir nuevas rutas para el transporte de las especias, producto codiciadísimo en aquella época.

También los Médicis trataron de informarse con vistas a orientar sus futuros negocios, y posiblemente las primeras noticias de la hazaña de Colón llegaron a ellos a través de las cartas, más o menos precisas, de Vespucio.

La repentina muerte de Beraldi, sin embargo, dejó a Américo sin patrón y sin medios de vida.

Así nació su propósito de emprender él mismo viaje a las Indias, lo que hizo en 1497 y luego en mayo de 1499.

En esta segunda expedición, dirigida por Alonso de Ojeda, siguió la ruta del tercer viaje de Colón: el 4 de mayo de 1499, las naves zarparon del Puerto de Santa María y, tras veinticinco días de navegación, llegaron a la desembocadura del Orinoco, ya descubierta por Colón, e iniciaron el recorrido de la costa en dirección norte.

Las características geográficas de la costa baja e inundable, así como los accidentes previos a la entrada al lago Maracaibo, recordaron Venecia a Américo Vespucio y, por ello, llamó a aquellas tierras Venezuela o pequeña Venecia. La expedición de Ojeda prosiguió su exploración hasta alcanzar el cabo de Vela, en la actual Colombia, y los cartógrafos fijaron por primera vez parte del contorno de las tierras descubiertas.

A su regreso, Vespucio continuó con su labor informativa para los Médicis y, según parece, se dispuso a emprender nuevos viajes. Aunque la autenticidad de sus posteriores expediciones ha sido puesta en duda por numerosos historiadores, el mismo Vespucio da cuenta en sus cartas de dos más.

En el tercer viaje, al servicio del rey de Portugal, asegura haber costeado Brasil y regresado a Lisboa en julio de 1502; y en el cuarto, también por cuenta portuguesa, debió de recorrer de nuevo las costas brasileñas a finales de 1503, confirmando sus sospechas de que aquel continente no era Asia.

Lo cierto es que en 1504 se publicó en Augsburgo el opúsculo Mundus Novus (Nuevo Mundo), donde se reproducía una carta de Vespucio a Lorenzo de Médicis en la que narraba sus viajes, y al año siguiente se imprimía su segunda obra, Lettera di Amerigo Vespucci delle isole nuovamente ritrovate in quattro suoi viaggi, en la que expresaba su convencimiento de que entre Europa y Asia existían nuevas tierras.

Tan extraordinarias revelaciones fascinaron al cosmógrafo alemán Martin Waldseemüller, quien decidió editar en 1507 las cartas de Vespucio junto a su Cosmographiae Introductio. En este trabajo incluía los retratos de Ptolomeo y Vespucio, y en su prefacio escribió: «Ahora que esas partes del mundo han sido extensamente examinadas y otra cuarta parte ha sido descubierta por Américo Vespucio, no veo razón para que no la llamemos América, es decir, tierra de Américo, su descubridor, así como Europa, África y Asia recibieron nombres de mujeres.»

El nombre de América empezó a difundirse y a inundarlo todo. Poco antes, en 1505, Amerigo Vespucci se había convertido en Américo Vespucio al serle concedida la naturalización en los reinos de Castilla y León. Su fama como marino y comerciante había crecido considerablemente, hasta el punto de llevarle a participar en la Junta de Burgos al lado de marinos, descubridores y cartógrafos tan ilustres como Vicente Yáñez Pinzón, Juan Díaz de Solís y Juan de la Cosa en 1507, y a ser nombrado piloto mayor de la Casa de Contratación al año siguiente.

A su muerte, acaecida en 1512, el Nuevo Mundo se había convertido definitivamente en América. Pasados algunos años, Waldseemüller tuvo noticias del verdadero descubridor del cuarto continente y quiso enmendar su yerro en una nueva edición de su obra que vio la luz en 1516. Era demasiado tarde: había pasado casi un cuarto de siglo desde el descubrimiento de América, el ritmo de las exploraciones era frenético y nadie le escuchó.

Sólo un trozo de tierra americana adoptó el apellido del almirante pionero: Colombia. A principios del siglo XIX, Simón Bolívar soñó con un vasto país llamado Gran Colombia e intentó infructuosamente dar vida a su sueño. Hubiera sido una mediana compensación para el hombre que protagonizó la más deslumbrante epopeya de la Era Moderna, pero el destino tampoco la permitió.

nuestras charlas nocturnas.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.