actualidad, opinion, variedades.

Mujeres en la Segunda Guerra Mundial hacían sus vestidos de novia con los paracaídas de sus prometidos…


My Modern Met(S.Vargas) — Los vestidos de novia son prendas muy significativas, pero hay algunos vestidos que tienen un simbolismo particularmente profundo.

Para Ruth Hensinger, su vestido de novia no solo representaba su unión matrimonial con su alma gemela, sino que también era un recuerdo de que su marido había escapado de las garras de la muerte y les había permitido estar juntos.

¿Por qué?

Pues porque el vestido está hecho con el paracaídas que salvó la vida de su marido durante la Segunda Guerra Mundial.

Esta increíble historia ha sido preservada gracias al Museo Smithsonian, que actualmente tiene el vestido en sus archivos.

Según el relato, el mayor Claude Hensinger era un piloto de un B-29 cuya tripulación regresaba a la base tras un bombardeo sobre Yowata (Japón) en agosto de 1944.

Durante el viaje su motor se incendió y se vieron obligados a evacuar el avión.

Claude consiguió llegar a tierra con heridas leves.

El paracaídas resultó ser valioso más allá del aterrizaje relativamente seguro.

Mientras esperaba a ser rescatado, Claude lo utilizó para controlar la hemorragia de su accidente y como almohada para dormir.

Más tarde se lo llevó a su casa en Pensilvania, donde le propuso matrimonio a Ruth en 1947.

Ruth utilizó el paracaídas de nailon como material para su vestido, inspirado en el de Scarlett O’Hara en la película Lo que el viento se llevó.

Para hacer realidad su visión, contrató a una costurera local para que realizara el corpiño y el velo, mientras que Ruth confeccionó ella misma la falda.

El resultado es precioso; nunca te darías cuenta de que la elaborada prenda fue en su día un paracaídas de nailon.

La pareja se casó ese mismo año, y el vestido pasó a manos de su hija y de la novia de su hijo antes de llegar al Smithsonian.

La historia de los Hensinger no es el único caso en que un paracaídas se convierte en un vestido de novia.

En 1945, un joven piloto del ejército llamado George Braet realizaba misiones en Europa cuando su avión fue atacado por el bando enemigo. El paracaídas protegió a George de las balas y le salvó la vida.

“Mi padre llegó a casa con este paracaídas lleno de agujeros”, explicó su hija, Kate. “Si el paracaídas no hubiera estado allí, habría muerto”.

Cuando llegó el momento de casarse con su amada Evelyn, ella tuvo la idea de convertir el paracaídas en un vestido de novia. La seda era difícil de encontrar en tiempos de guerra, por lo que eliminó minuciosamente las letras del Ejército/Marina para rescatar el material andrajoso y transformarlo en un vestido largo.

“La historia va más allá de nosotros, porque es una historia de amor”, dijo Kate sobre el vestido, que ahora está en el Museo de la Cuna de la Aviación de Long Island. “Es una historia de valentía. Es una historia de esperanza. Es una historia de futuro”.

nuestras charlas nocturnas.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.