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Historias de mujeres …


Retrato Catalina de Erauso.

Catalina de Erauso, la novicia vasca que huyó del convento, mató a su hermano y combatió como soldado en América

BBC News Mundo(D.Ventura/F.Paúl/K.Hall) — Hay hazañas que convierten a personas indiscutiblemente en héroes o heroínas. Pero, a menudo, también despiertan inquietudes.

La de Catalina de Erauso y Pérez de Galarraga, más conocida como la legendaria Monja Alférez, es una de ellas.

Decidió ocultar una verdad que le imponía límites y la hacía vulnerable, pero que al final le salvaría la vida: el hecho de que había nacido mujer.

Eso había ocurrido en San Sebastián, en el País Vasco, a finales del siglo XVI.

La decisión la tomó a los 15 años, al escaparse, justo antes de tomar sus votos perpetuos para convertirse en monja, de un convento en el que había vivido casi toda su vida.

Se llevó, además de «unos reales» de su tía, que era la priora del convento, «unas tijeras, hilo y una aguja» con los que, escondida, modificó su vestimenta y se cortó el cabello.

Emergió tres días después como un joven que viajaría muchos kilómetros por dos continentes, lucharía despiadadamente en nombre de la corona española contra los indígenas en América del Sur, sobreviviría naufragios, duelos, trifulcas y hasta dos intentos de las autoridades españolas para ejecutarla por varios delitos que había cometido.

El gesto del Papa Urbano VIII es casi inconcebible.

Pendenciera, ludópata y ladrona, mató al menos a 10 hombres fuera de los campos de batalla, incluído a su hermano Miguel, con quien se había encontrado por casualidad cuando éste era secretario del gobernador de Chile y quien la acogió sin reconocerla, invitándola a comer «a su mesa casi tres años«.

Pero tras 20 años de vida como hombre, con diferentes nombres y varias escapadas para evadir la justicia, a menudo acudiendo a la iglesia en busca de refugio, fue detenida en Perú.

Ante una muerte segura, solicitó hablar con el obispo de Guamanga, don Agustín de Carvajal y, como ella misma relató, «viéndolo tan santo varón, pareciéndome estar ya en la presencia de Dios«, confesó todo.

«La verdad es ésta: que soy mujer, que nací en tal parte, hija de Fulano y Zutana; que me entraron de tal edad en tal convento, con Fulana mi tía; que allí me crié; que tomé el hábito y tuve noviciado; que estando para profesar, por tal ocasión me salí; que me fui a tal parte, me desnudé, me vestí, me corté el cabello, partí allí y acullá; me embarqué, aporté, trajiné, maté, herí, maleé, correteé, hasta venir a parar en lo presente, y a los pies de Su Señoría Ilustrísima«.

No sólo eso: le dijo que era una virgen intacta, hecho que confirmaron dos matronas.

Con esa revelación, se convirtió instantáneamente en una celebridad. La gente se reunía dondequiera que fuera, y fue agasajada por la realeza.

Se hicieron al menos dos ediciones de sus memorias, un puñado de artistas pintaron su retrato y, en 1629, el dramaturgo Juan Pérez de Montalbán, discípulo predilecto de Lope de Vega, compuso y representó en la corte la obra teatral «La monja Alférez».

Visitó las cabezas coronadas de Europa, y el monarca español Felipe IV hasta le concedió una pensión militar anual.

El Papa Urbano VIII, no sólo la recibió, sino que le «concedió a doña Catalina, entre otras muchas mercedes, la de permitirle usar el traje de hombre, y como no le faltó quien motejase de indecente aquella concesión, el Pontífice dijo con satisfacción:

«‘-Dadme otra monja alférez, y le concederé lo mismo‘».

– ¿Por qué?

Es fácil comprender que su historia llamara la atención; no se conocían muchos casos de mujeres viviendo como hombres, particularmente españolas.

No sorprende que despertara curiosidad, patente en una carta escrita desde Roma en 1626 del viajero Pedro del Valle, conocido como «el Peregrino», quien la retrató con su pluma.

«…vino por primera vez a mi casa el alférez Catalina Erauso, viscaína, arribada de España la víspera. Es una doncella de unos treinta y cinco a cuarenta años. Su fama había llegado hasta mí en la India Oriental«. (…)

«Alta y recia de talle, de apariencia más bienmasculina, no tiene más pecho que una niña. Me dijo que había empleado no sé qué remedio para hacerlo desaparecer. Fue, creo, un emplasto que le suministró un italiano; elefecto fue doloroso, pero muy a deseo.

«De cara no es muy fea, pero bastante ajada por losaños. Su aspecto es más bien el de un eunuco que el de una mujer. Viste de hombre, a laespañola; lleva la espada tan bravamente como la vida, y la cabeza un poco baja y metidaen los hombros, que son demasiado altos.

«En suma, más tiene el aspecto bizarro de unsoldado que el de un cortesano galante.

«Únicamente su mano podría hacer dudar de susexo, porque es llena y carnosa, aunque robusta y fuerte, y el ademán, que, todavía, algunasveces tiene un no sé qué de femenino«.

Lo que es más difícil de entender es que, por el sólo hecho de revelar que era mujer, no fuera condenada por la otra parte de su confesión, resumida con «maté, herí, maleé«, pero detallada sin tapujos ni mucho remordimiento en su autobiografía «Vida i sucesos de la monja alférez».

Y eso en una década que no se caracterizaba por ser permisiva. La Inquisición, que tenía como objetivo purificar religiosamente el mundo, estaba en pleno apogeo.

– Quizás…

…La salvó la imaginación de la sociedad que la celebró. Tal vez la explicación esté en el irresistible placer del entretenimiento.

Aunque hasta el día de hoy los académicos discuten sobre la autenticidad de la autobiografía (el manuscrito original se perdió) y hasta la veracidad de partes de su relato, lo cierto es que la historia con la que ella se presentó ante el mundo se parecía a las obras de ficción más populares de la época.

Era una historia de aventuras asombrosas, con rasgos de los cuentos picarescos tan de moda en ese momento, que además se ajustaba al gusto literario del barroco al retratar cambios de identidad y realidades disfrazadas.

Tenía un protagonista astuto aunque falto de moral, cuyos esfuerzos por disfrazar su feminidad y sus consecuencias generaban drama e intriga.

Catalina era un fenómeno curioso, algo con lo que se deleitaba el público de la época, cuya vida era consideraba excepcional lo que, en la moral barroca, atenuaba sus transgresiones de las normas.

Como ser humano, hombre o mujer, sus acciones eran a menudo más que reprobables; como personaje, cautivó la imaginación de la sociedad que la acogió a tal punto que esquivó en la vida real el destino tradicional de la mayoría los antihéroes ficticios, siendo premiada con la fama que le dio la influencia para conseguir lo que quería, en vez de recibir su merecido.

– Y quizás también…

Los expertos han señalado otras posibles razones por las cuales la España de la época, en vez de quemar a la monja alférez en la hoguera, la acogió y la inmortalizó casi de inmediato.

Una de ellas es que la sociedad barroca ya estaba obsesionado con «cosas prodigiosas, llamativas y extrañas», y Catalina, la monja sin pechos, el hombre sin falo, el soldado nacido mujer, la fascinó.

Otra es que la ciencia de la época había declarado que las mujeres eran hombres que simplementeno habían sido perfeccionados, un concepto conocido como modelo de un solo sexo.

Catalina de Erauso encarnaba la idea de trascender su precaria condición de mujer al vestirse de masculinidad.

– Finales

La historia de la monja alférez, en su autobiografía, termina pendenciera y abruptamente.

«En Nápoles, un día, paseándome en el muelle, reparé en las risotadas de dos damiselas que parlaban con dos mozos. Me miraban, y mirándolas, me dijo una: «Señora Catalina, ¿adónde se camina?»

«Respondí: «Señoras p…, a darles a ustedes cien pescozones y cien cuchilladas a quien las quiera defender.» Callaron y se fueron de allí«.

La historia de Catalina de Erauso terminó fuera de la vida pública, se cree que en 1650 en la localidad de Cuitlaxtla, México, tras pasar sus últimos 20 años trasladando a pasajeros y equipajes desde el puerto de Veracruz a la ciudad de México con una recua de mulas.

Dicen que en ese entonces se llamaba Antonio de Erauso.

Sargento Candelaria, la chilena que pasó de ser empleada doméstica a informante clave en la guerra contra la Confederación Perú-Boliviana

Candelaria Pérez (1810-1870) participó activamente en la guerra contra la Confederación Perú-Boliviana.

De todas las opciones de vida que tenía una niña chilena de origen humilde como Candelaria Pérez, ser informante y soldado de guerra era probablemente una de las más difíciles de imaginar.

Pero, contra todos los pronósticos, esta mujer terminó luchando por su país nada más ni nada menos que en la Batalla de Yungay, que marcó el fin de la guerra contra la Confederación Perú-Boliviana (1836-1839).

Su fascinante historia es una mezcla de valentía y buenas coincidencias, que hacen que hasta el día de hoy Chile la recuerde como una de sus grandes heroínas.

En Perú y Bolivia, sin embargo, no se le conoce mayormente. De acuerdo con el historiador peruano Cristóbal Aljovin, no hay memoria de ella en su país. Lo mismo le dijo a BBC Mundo Marilú Soux, historiadora boliviana.

A continuación, te contamos cómo una mujer sin educación ni contactos pudo ganar espacio en un mundo dominado por militares hombres y de élite chilenos, y terminar luchando por su país con fusil en mano y a la par de su compañeros.

– Empleada doméstica

Candelaria Pérez nació en 1810 en la capital chilena, Santiago, en el barrio La Chimba, poblado principalmente por indígenas dedicados a la servidumbre de la ciudad y artesanos.

Creció en el seno de una familia pobre y no tuvo acceso a la educación. No sabía leer ni escribir.

Así, desde muy joven se vio obligada a trabajar. A pesar de que se sabe poco de su juventud, según narra Luis Ignacio Silva en «La Sargento Candelaria Pérez» (1904) —uno de los pocos trabajos que existen sobre ella—, «siendo muy niña se trasladó de Santiago a la ciudad de Valparaíso en calidad de sirviente de una casa acomodada».

Pero en 1833, su suerte empezó a cambiar cuando una familia holandesa decidió llevársela como empleada doméstica a su casa en la costa central de Perú, Callao.

Allí logró independizarse económicamente. Con sus pocos ahorros, montó un pequeño local de comida llamado «La fonda de la chilena», donde recibía a su clientela con un buen vino y música tradicional.

Grabado de la ciudad de Lima a fines de 1839.

– Informante

Fue entonces cuando comenzaron las hostilidades de la guerra contra la Confederación Perú-Boliviana, un ambicioso proyecto que unió las nacientes repúblicas de Perú y Bolivia (aunque por muy poco tiempo).

El general paceño Andrés de Santa Cruz era uno de los principales defensores e impulsores de esta unión peruano-boliviana.

Estando en Callao y en una zona que se transformó en el centro de los enfrentamientos, Candelaria Pérez aprovechó la oportunidad y se ofreció a traspasar información a la Coalición Restauradora. Así fue como se convirtió en una informante clave de la Armada chilena en Perú.

Según cuenta Luis Ignacio Silva en «La Sargento Candelaria Pérez», la mujer se «embarcaba día a día, disfrazada de marinero, y se dirigía a los barcos chilenos llevando a nuestros marinos noticias interesantes sobre las maniobras operadas en tierra».

La historiadora y académica de la Universidad de Chile, María Elisa Fernández, explica que, para ser informante, eran claves los contactos que ella tenía en Perú.

«Ella tenía muchos amigos peruanos entonces sabía muchas cosas. Además, la vida que tuvo en el Callao le permitió conocer la zona, que era totalmente desconocida para los soldados chilenos. Entonces podía contarles cómo era el territorio y cuantas tropas habían», explica a BBC Mundo.

No obstante, al poco tiempo Candelaria Pérez fue descubierta. Su negocio fue saqueado por el ejército peruano y ella fue enviada a la cárcel, donde supuestamente iba a ser fusilada.

– De prisionera a soldado

Luego de que la coalición apoyada por los chilenos ganara la Batalla de Portada de Guías, que se libró en las afueras de Lima, Candelaria Pérez fue liberada.

Pero con la rabia y el rencor acumulado durante su período como prisionera, la mujer decidió cobrar venganza y así fue como decidió unirse oficialmente al ejército chileno.

No fue fácil, pues no era costumbre que las mujeres participaran en la guerra. Pero, de acuerdo con la investigación de Luis Ignacio Silva, quien era jefe de la expedición restauradora chilena, el general Manuel Bulnes, le cogió «aprecio y simpatía».

Así, en 1838, finalmente fue admitida en uno de los batallones del ejército, llamado Carampangue.

Allí —le ordenaron— sería cantinera y enfermera, de modo que se encargaría de la atención, alimentación y salud de los combatientes.

Pero, fiel a su aguerrida personalidad, Pérez quería algo más; quería ser parte de esos combatientes.

Así es como, gracias a su conocimiento del territorio peruano, comenzó a participar activamente del conflicto armado. Su aporte fue valioso pues podía guiar al resto de los soldados e integrar los grupos de avanzada.

Además, sirvió de mensajera entre el general Bulnes y el comandante Roberto Simpson, de la Armada de Chile.

Monumento de Manuel Bulnes en Santiago, Chile.

Batalla de Yungay

De acuerdo con Memoria Chilena —un centro de investigaciones basada en las colecciones de la Biblioteca Nacional de Chile—, «en el campo de batalla Candelaria Pérez fue una mujer aguerrida y temeraria, demostró grandes habilidades militares, y combatió en las primeras filas».

Se distinguió particularmente en la Batalla de Yungay, realizada el 20 de enero de 1839, que puso fin a la guerra contra la Confederación, luego de que los restauradores vencieran.

En aquella ocasión, Candelaria participó de la toma del cerro Pan de Azúcar, escalando con fusil en mano y arengando a sus compañeros, quienes al ver a una mujer tan entusiasta en la batalla se armaron de mayor valentía para atacar.

«El ejército entero, que fue testigo de la bravura personal de Candelaria en el célebre episodio de Pan de Azúcar, la aclamó con entusiasmo, cariño y veneración», se lee en el trabajo de Luis Ignacio Silva.

En reconocimiento a sus servicios, el general Bulnes la dotó del grado de Sargento y, más tarde, el gobierno chileno la ascendió al grado de Subteniente.

«En noviembre de 1839 el Ejército chileno fue recibido en Santiago por una multitud que ovacionaba su triunfo. La Sargento Candelaria Pérez recogió fuertes aplausos por su excepcionalidad», documenta la organización Memoria Chilena.

El general paceño Andrés de Santa Cruz era uno de los principales defensores e impulsores de la Confederación Perú-Boliviana.

Sin embargo, esta popularidad no le duró toda su vida.

Durante las décadas posteriores a la guerra, Candelaria Pérez vivió una vida solitaria y de penuarias en lo económico.

«Percibía una pensión en razón de su contribución a la patria, pero era exigua y apenas le alcanzaba para pagar el alquiler de una pieza. El Convento de la Merced la proveía de comida», dice Memoria Chilena.

Además de la pobreza, sufría severos dolores y una parálisis. Según la investigación de Luis Ignacio Silva, «los últimos veinte años de su vida fueron un vía crucis permanente de miserias y abandono».

Finalmente, murió el 28 de marzo de 1870 y solo cinco personas asistieron a su entierro.

Laskarina Bubulina, la intrépida comandante naval que fue clave en la independencia de Grecia del Imperio otomano

Su vida fue poco convencional desde el comienzo: nació en 1771 en una prisión en Constantinopla (la actual Estambul), donde su padre, un capitán griego, estaba preso por haber participado en una rebelión contra el dominio del imperio otomano.

Claramente la pequeña Laskarina heredó el fervor revolucionario de su progenitor porque, medio siglo más tarde, se convertiría en una heroína de la Guerra de independencia de Grecia, cuyo bicentenario se celebra este año.

Bubulina se ganó el mote de «madre de la Grecia moderna» no solo por su papel en el frente de batalla, donde fue una intrépida comandante naval, sino también por su rol clave como financista de la causa independentista.

Algo que la dejaría viviendo en la miseria al final de su vida.

El programa de radio The Forum, del Servicio Mundial de la BBC, dedicó recientemente un episodio a repasar el legado de esta extraordinaria luchadora, sobre quien aún hoy se cuentan historias que limitan con lo fantástico.

Dos expertos en la vida de Laskarina Bubulina y uno de sus descendientes explicaron a la periodista de la de la BBC Bridget Kendall por qué sigue siendo una figura relevante a 250 años de su nacimiento.

«Fue una protagonista, una líder, de eventos que le dieron forma a la Europa moderna«, destacó la historiadora Margarite Poulos, de la Universidad Western Sydney en Australia, experta en Grecia y autora del libro «Armas y la mujer», que analiza el papel que jugaron las griegas en las luchas militares de su país.

«La revolución griega fue una de muchas que ocurrieron durante el siglo XIX y que llevarían a la desaparición del Imperio, introduciendo el nuevo orden de los Estados nación -en otras palabras, del mundo que conocemos hoy-«, señaló.

Poulos destaca la figura de Bubulina porque «se salió del rol asignado a una mujer en el siglo XVIII y XIX e hizo añicos ese papel, literalmente».

Eso la convierte, según la académica, en «un ícono de todas las eras, que es tan pertinente ahora como lo fue siempre, cuando consideramos que tantas personas, en especial mujeres, todavía luchan para que se reconozca su humanidad básica».

Las hazañas de Laskarina Bubulina son legendarias en Grecia, incluso hoy, a 250 años de su nacimiento.

Por su parte, April Kalogeropoulos Householder de la Universidad de Maryland, en Estados Unidos, quien escribió y también realizó un documental sobre Bubulina, resaltó que muchas de las disputas políticas que se discuten en Grecia hoy son desacuerdos que se arrastran desde la época de la independencia.

«Los temas que polarizaron a los dos bandos que surgieron de la nación emergente, por los que ella luchó y que llevaron a que fuera perseguida, siguen irresueltos en la actualidad», señaló.

Y nombró algunos: «La lucha entre la dominación externa y el autogobierno, la relación de Grecia con Rusia, disputas territoriales que aún se mantienen con Turquía y el lugar de las mujeres y otras minorías en la identidad nacional», enumeró.

Su vida

Pavlos Demertzis-Bubulis, descendiente de Bubulina y director de un museo dedicado a ella en la isla de Spetses, donde pasó la mayor parte de su vida, le contó a la BBC un poco sobre sus orígenes.

«El padre de Laskarina estaba en prisión porque había participado en la Revolución de Orlof, que fue instigada por Rusia, y su madre lo estaba visitando cuando dio a luz, por lo que su vida tiene un comienzo dramático desde el principio», relató.

«Lamentablemente su padre murió en la cárcel y ella y su madre regresaron a Hydra, la isla de donde era la familia».

«Pero unos cuatro años más tarde fueron expulsadas de su lugar de origen y debieron mudarse a Spetses«.

Allí, la madre de Bubulina volvió a casarse y tuvo otros ocho hijos.

A pesar de que se sabe que Bubulina sabía leer y escribir -la familia conserva dos cartas de su puño y letra- no ha quedado un solo registro escrito por ella sobre los sucesos que ocurrieron durante la revolución.

«Todo lo que se escribió sobre ella fue, ya sea a través de la historia familiar, escrita y oral, o lo que escribieron los griegos y extranjeros que viajaron a Grecia para ayudar a la causa revolucionaria», dice Demertzis-Bubulis, quien pertenece a la sexta generación de la familia de la heroína.

Esto -reconoce-, ha hecho que aunque «todo lo que se escribió está principalmente basado en los hechos, también hay un poco de fantasía en estas historias».

Las historias sobre su vida son tan increíbles que parecieran mezclar la realidad y la ficción.

Algo en lo que coinciden todas las versiones es que era una apasionada de la navegación, una actividad que realizaba junto con su padrastro y luego con sus dos maridos (algo muy inusual para una niña o mujer en esa época).

Demertzis-Bubulis cuenta que también tuvo una personalidad fuerte desde pequeña.

«Según dice nuestra tradición familiar oral, Bubilina era, sin lugar a dudas, la líder de sus ocho medio hermanos. Tenía este carácter implacable».

«Que una niña navegara con su padrastro era totalmente impactante. Definitivamente era determinada, y también una persona muy dura, para lograr todo lo que hizo, aunque también era alguien muy humana, como quedaría demostrado en algunos gestos que tuvo durante la revolución», afirma.

– Flota propia

Otra particularidad de Bubulina es que llegó a tener su propia flota de barcos.

Algunos los heredó tras la muerte de su segundo marido, Dimitrios Bubulis, un rico propietario y capitán del barco de quién adoptó su apellido y también sus diversos negocios marítimos.

Otras tres naves las mandaría a construir ella, incluyendo el mítico buque de guerra Agamemnon, que jugaría un papel clave durante la batalla por la independencia.

Aunque no era del todo inusual en Spetses que una mujer heredera la fortuna de su marido, sí lo era que ella se pusiera al frente de los negocios familiares, como hizo Bubulina.

Y más aún que expandiera el negocio, convirtiéndose en una exitosa empresaria por cuenta propia.

Pero no solo fue una pionera en el comercio.

Inspirados en la independencia de Estados Unidos (1776) y la Revolución francesa (1789), los griegos, que hasta entonces se habían manejado de forma independiente en las distintas islas y la Grecia continental, empezaron a unirse con la idea de liberarse del control otomano.

La Revolución francesa inspiró a los griegos.

A finales de la década de 1810, cuando las guerras napoleónicas llegaban su fin, los independentistas griegos empezaron a planear y organizar su insurrección.

Se cree que fue en 1818, durante un viaje de negocios a Constantinopla, que Bubulina se unió a la Filiki Etaireia (Asociación amigable), una sociedad secreta creada en Odesa (en Ucrania) por mercaderes griegos que buscaban la independencia de Grecia.

Algunas versiones aseguran que Bubulina era la única mujer.

La revolución empezó en 1821 y en abril de ese año Spetses fue la primera isla que se unió.

Según Demertzis-Bubulis, su pariente jugó un rol fundamental como capitana del Agamemnon, que era uno de los buques de guerra más grandes de la época.

«Bubulina fue la líder no oficial del pequeño escuadrón de barcos que navegó hacia la ciudad fortificada de Nauplia, que era un bastión otomano, para bloquearlo», cuenta.

Las embarcaciones resistieron al feroz ataque otomano, que según April Kalogeropoulos Householder incluyó unos 300 cañones.

«Fue en este momento que empezaron a diseminarse por toda Grecia las historias sobre su valentía y sus corajudos ataques contra los fuertes costeros», cuenta su orgulloso descendiente.

«Un historiador griego que estaba presente durante el asedio la describió como alguien con un ‘corazón de león‘», señala.

Otra famosa historia que se cuenta sobre Bubulina es que unos meses más tarde, cuando cayó la ciudad de Trípoli, ella consiguió rescatar a muchas mujeres griegas que formaban parte del harén del sultán.

– Un final sin gloria

Pero a pesar de todos sus aportes y de su crucial papel en la lucha independentista, pasarían muchos años antes de que Bubulina fuera reconocida como una heroína nacional.

Bubulina ha sido honrada de muchas formas, aunque murió pobre y perseguida.

Porque tres años después de que empezara la lucha independentista, las distintas facciones griegas se enfrentaron en una guerra civil, en la que se impuso el bando opuesto a Bubulina, quien apoyaba al líder prorruso Theodoros Kolokotronis.

Ella fue arrestada pero luego se le permitió volver a Spetses, donde vivió junto con los seis hijos que tuvo durante sus dos matrimonios.

Pero la exitosa mujer de negocios ahora era pobre, ya que había donado su fortuna para la causa revolucionaria.

Además, vivía bajo la constante amenaza de sus enemigos políticos, que la amedrentaban constantemente.

«Sabemos que los locales a veces disparaban contra su casa y que ella preparaba su propia comida por temor a ser envenenada», afirma Kalogeropoulos Householder.

El 22 de mayo de 1825 murió, a los 54 años, en circunstancias confusas.

La versión oficial indica que se trató de un asunto doméstico: ella intentaba defender a su hijo, que estaba en pareja con la hija de una familia acaudalada, que se oponía al vínculo, y alguien le disparó a la cabeza durante la discusión.

Nunca pudo determinarse quién la mató.

La académica estadounidense cree que en realidad se trató de un «asesinato político» encubierto.

«Reconocer esto hubiera sido mostrar que ella era digna como fuerza política y que era una amenaza para el orden político de la época«.

«Decir que murió por una disputa doméstica era una manera de silenciarla«, señala.

No obstante, ni esto ni el hecho de que no dejara registros de sus increíbles hazañas han logrado borrar de la memoria colectiva griega a Laskarina Bubulina, cuyo increíble legado se celebra especialmente este año del bicentenario.

Florence Bell, la «nueva dama oscura del ADN» que ayudó a que comprendiéramos de qué estamos hechos

Una luminaria insospechada.(Foto cortesía de su hijo Chris Sawyer)

Cuando el diario Yorkshire Evening News informó sobre un discurso pronunciado por la física de 25 años Florence Bell en una conferencia celebrada en Leeds, Inglaterra, en 1939, no fue su ciencia lo que ocupó los titulares, sino simplemente el hecho de que era una mujer que se dedicaba a las ciencias.

Lo que ni los escritores a los que se les ocurrió el titular «Mujer científica explica» ni sus lectores podrían haber sabido es que, en el curso de su investigación de doctorado, esta científica en particular había sentado silenciosamente las bases de uno de los hitos más importantes de la ciencia del siglo XX: el descubrimiento de la estructura del ADN.

Con capítulos que describen la estructura de las fibras proteicas en las medusas, las aletas de tiburón y el cabello, la tesis doctoral de Bell podría parecer un hito improbable en biología.

Pero entre estos, un capítulo se destaca.

Una parte del trabajo de Bell describe cómo se podrían usar los rayos X para revelar la estructura regular y ordenada de una fibra biológica que en ese momento se llamaba «ácido timonucleico».

Hoy en día, el ácido timonucleico se conoce con el nombre más familiar de ácido desoxirribonucleico o ADN.

El método de rayos X de Bell se convertiría en una herramienta vital para finalmente revelar la ahora bien conocida forma de doble hélice del ADN que le permite copiar información genética.

Tesis presentada para optar al grado de Doctora en Filosofia en la Universidad de Leeds en la que marcó un hito.

– Abogado del diablo

Bell, quien nació en 1913 en Londres, formaba parte del creciente número de alumnas que estudiaban ciencias naturales en el Girton College de la Universidad de Cambridge.

Después de dejar Cambridge en 1936, Bell pasó por primera vez un breve período en Mánchester con Lawrence Bragg, quien, junto con su padre William, había recibido el Premio Nobel de Física en 1915.

La pareja había demostrado cómo se podían usar los rayos X para revelar la disposición de los átomos y las moléculas en cristales simples como la sal.

En 1937, Bell se trasladó a la Universidad de Leeds para ocupar un puesto como asistente de investigación con el físico William Astbury, que estaba aplicando los métodos de Bragg al estudio de la lana y otras fibras biológicas.

Los estudios de rayos X de Astbury de las proteínas en las fibras de lana revelaron que su estructura era como una cadena molecular, o collar, formada al unir sustancias químicas más pequeñas llamadas aminoácidos.

Ese collar molecular podía estirarse o compactarse.

El modelo original del ADN que Francis Crick y James Dewey Watson harían años después (en 1953).

Aunque esto puede no parecer significativo, el hecho de que estas proteínas pudieran cambiar de forma resultó ser crucial para comprender cómo funcionaban.

Los estudios de Astbury sobre la lana transformarían nuestra comprensión de la biología a nivel molecular.

Envalentonado por su éxito con la lana, Astbury comenzó a ampliar su red para estudiar otras fibras biológicas.

Para ello, necesitaba otro par de manos expertas en ese nuevo método de análisis de rayos X.

Fue entonces que llegó Florence Bell.

Por su agudo intelecto y su voluntad de desafiar sus ideas, Astbury llamó a Bell su «abogado del diablo». Y le asignó la tarea de usar rayos X para estudiar el ADN.

– Alas cortadas

Cámara de difracción de rayos X de Astbury.

Tomar una imagen de rayos X no era fácil.

Requería tiempos de exposición de 10 horas, trabajando en una habitación oscura muy cerca de altos voltajes eléctricos y tubos de rayos X muy calientes.

Pero la habilidad y la tenacidad de Bell valieron la pena y en 1938, basándose en las imágenes de rayos X que había tomado, ella y Astbury propusieron un modelo inicial de la estructura del ADN.

Más tarde, ese modelo le daría a James Watson y Francis Crick un punto de apoyo vital cuando comenzaron su propio trabajo sobre el ADN.

Lamentablemente, justo cuando estaba tomando vuelo, el trabajo de Bell sobre el ADN se detuvo abruptamente.

En 1941 fue convocada para el servicio militar en la Fuerza Aérea Auxiliar Femenina. Según uno de sus hijos, Chris Sawyer, durante su servicio dio los primeros pasos en el desarrollo del radar (detección y alcance de radio).

Mientras tanto, Astbury le rogó a la Oficina de Guerra que le permitieran a Bell permanecer en su laboratorio, pero sus súplicas fueron en vano.

La Universidad de Leeds incluso mantuvo su puesto vacante, pero Bell nunca regresó.

– La nueva dama oscura

El trabajo de Bell le abrió camino a la icónica «Foto 51» de Rosalind Franklin y Raymond Gosling, clave para revelar la estructura del ADN.

Tras casarse con un militar estadounidense, Bell emigró a Estados Unidos, donde trabajó como química industrial antes de abandonar su carrera para cuidar a sus cuatro hijos.

Presumiblemente como reflejo de este cambio de circunstancias, cuando ella murió en 2000, su ocupación en su certificado de defunción se registró como «ama de casa».

Sawyer recordó que más adelante en su vida, a su madre le gustaba afirmar que uno de sus mayores logros fue haber sido la primera mujer en la Royal Air Force en usar pantalones. Pero Bell estaba siendo modesta.

Con sus estudios de rayos X del ADN, Bell no sólo le dio a Watson y Crick un punto de apoyo vital, sino que también allanó el camino para Rosalind Franklin, cuyo propio trabajo en ese campo fue una contribución clave para resolver la estructura del material genético.

Franklin ha sido interpretada por Nicole Kidman en la obra de teatro «Photo 51», cuenta con un Mars Rover nombrado en su honor y una nueva novela sobre ella: afortunadamente ya no es «la dama oscura del ADN» que alguna vez fue.

Quizá sea ahora Florence Bell quien verdaderamente se merece ese título.

nuestras charlas nocturnas.

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