La guía definitiva del calzado para caballeros …
El Aristócrata(J.L.M.Galiacho) — A todos nos gustan los zapatos. A unos los de hebilla, a otros los de cordones y a otros, quizás, los botines. De hecho, aunque no tengamos ninguno a medida es posible que a lo largo de nuestra vida hayamos invertido más en ellos que en cualquier otra prenda de nuestro armario, incluido trajes a medida.
Dicho esto, lo cierto es que es difícil decidirse por solo un modelo, mucho más todavía cuando sientes debilidad por ellos. Además, cada zapato combina con un conjunto y mejor en unas ocasiones que en otras. Por ello, qué mejor que hacernos con todos sabiendo que todos, sin excepción, también tienen su momento y su lugar.

-La bota Chelsea. Todos los zapatos pueden vestirse con prácticamente cualquier conjunto, pero otra cosa es que se deban. Así pues, esta bota podríamos verla incluso acompañando al traje, aunque, no obstante, no es algo correcto o, mejor dicho, existen opciones más acertadas.
La bota Chelsea creada por el zapatero de la Reina Victoria, J. Sparkes-Hall, se hizo particularmente conocida en la zona Chelsea de Londres durante los años 50 y 60 cuando los pies de los mods, los Beatles y los Rolling vestían este modelo en su día a día. Como casi todo en la vestimenta del hombre, el que esta bota sea considerada como un zapato de sport tiene su porqué.
Y este no es otro que fue inventada para usarse al igual que el mocasín, es decir, dentro de casa. Para conseguir vestirse de manera rápida y sencilla se suprimen los cordones y se añade, además de unos elásticos laterales, un tirador en su parte trasera para con él introducir los pies más rápidamente.
Por todo esto su uso es muy similar al que se debería dar a los mocasines; sin corbata alguna de por medio.

-El mocasín. Hoy el zapato de sport por excelencia. Para nada más feo que un Oxford o un Derby pero sí de uso diferente. Creado para combatir los fríos suelos de las casas de campo inglesas y pensado inicialmente como zapato para no salir con él de casa, salió de esta en los pies de los estudiantes de los años 40 de la Ivy League.
Pero los amantes de la historia saben que fue Noruega y, en concreto, sus pescadores los verdaderos responsables de popularizar este modelo. Fue a principios de 1900 cuando se empiezan a producir los zapatos conocidos como Aurland (por el nombre del pueblo donde fueron fotografiados dichos pescadores con ellos).
También escritores como Hemingway o Scott Fitzgerald los pusieron de moda desde París. Si bien esos primeros mocasines eran más parecidos a las slippers, el zapatero de Maine, Bass, les añadió en los años 30 una tira de cuero en el empeine para hacerlos más resistentes adquiriendo el aspecto por todos conocidos hoy.
Unos años después, en los 50, la casa Alden incorpora como respuesta a la petición de Paul Lukas un juego de borlas colgando de dicho empeine. Hoy no hay casa de prestigio que no incorpore en su oferta al menos un modelo de mocasín habiendo muchos de preciosa factura.
Prohibidos con traje, por mucho que todavía se vean, con chinos o vaqueros son una de las mejores opciones con las que disfrutar del tiempo libre. Incluso, algunos modelos como los Tassel se pueden vestir con un buen conjunto de dos piezas. Su gran comodidad, más de escoger ciertas pieles les permite rivalizar con prácticamente cualquier zapatilla de paseo en los atuendos más de sport.
Aunque los hay con suela de goma, la suela de piel siempre es más elegante.

-El doble hebilla. Siendo el zapato más reciente en lo que se refiere a su incorporación al árbol de los zapatos formales – los que se pueden vestir con traje -, lo cierto es que también pudieran ser los más viejos de la lista. Muchos años antes de Cristo. Si los primeros monjes vestían sandalias, con los años cambiaron estas por un zapato muy parecido, pero ya sin tiras y que cubría enteramente el pie hasta el empeine.
Este lo cerraban con una hebilla y de usar dos, entonces la sandalia cerraba a la altura del tobillo. Verdaderamente eran como fundas para los pies sin apenas construcción. Hasta la suela se confeccionaba con la misma piel que el resto del zapato. Tanto el de hebilla simple como el de doble de aquella época nada tienen que ver con los que hoy vestimos.
Los actuales están cosidos y usan las mimas pieles que los oxfords o los derbys. Si no todas, muchas casas, tanto tradicionales como modernas, ofrecen modelos con hebilla; algunos de gran factura.
No obstante, los modelos que mejor han envejecido y que más han influido en los llegados en los últimos años han sido el John Lobb William y el Edward Green Westiminster, dos modelos obligatorios para los amantes de los zapatos de hebilla. Si parece claro que el mocasín requiere vestirse de sport y el Oxford liso formal con traje, sobre el monk la doctrina no es pacífica.
Si en la mayor parte de los países europeos se considera este zapato como menos formal que el Oxford pero mas que el derby, en Inglaterra, sobre todo en los círculos más conservadores, el zapato de hebilla, particularmente el de dos, se sitúa en formalidad incluso por debajo del derby.
De hecho, imposible será imaginar estos zapatos acompañando al traje de no ser los zapatos de color negro. Por la ya de por sí fuerte personalidad de este zapato, recargarlo con algún otro detalle, por ejemplo, un brogueado, pudiera resultar excesivo.
Aunque cierto que un estiloso doble hebilla quedará muy acertado con traje, quizás incluso lo haría mejor con un estiloso conjunto informal, más de ser marrón.

-El derby. Zapato en pleno retroceso. Si antes era hasta más corriente que el Oxford, por su mayor versatilidad, hoy se ha quedado a mitad de camino entre este y los modelos más informales. Aunque se puede seguir viendo en los pies de los verdaderos amantes de la alta zapatería y en los conjuntos más extendidos de campo, lo cierto es que su uso es cada vez menor.
Menos formal que el Oxford– años atrás solo apto para ocasiones de sport – se puede vestir indistintamente tanto con traje como con un conjunto de dos piezas o uno, si cabe, todavía más informal. Las claves, entre otras, estará en su color, el tipo de suela y la piel escogida.
Sus orígenes datan de las guerras napoleónicas, cuando los soldados escogían este tipo de cierre para poder ajustar sus botas lo máximo posible al pie. Con el tiempo, como ocurrió con otras muchas prendas que nacieron en el campo de batalla, lo que era una necesidad para los soldados se convirtió en un detalle estético en las principales capitales europeas.
En 1872 aparece el primer artículo sobre el zapato donde St Crispin lo define como: “The Derby or new tie shoe. Better than the Oxonian as the seam is not near the tender part of the foot. Especially good in Summer, allows the foot to swell”. Al igual que con el modelo oxford, el derby puede decorarse con diferentes tipos de brogueado y como ocurre con aquel, cuanto más dibujado esté el zapato menos formal será y viceversa.
Aunque escuchemos hablar de derby o blucher indistintamente son modelos diferentes. Mientras en el derby la carrilera se extiende por todo el lateral del zapato, en el blucher están cosidas para poder alojar solo a los cordones y, por tanto, son de un tamaño mucho más reducido.
Hoy el modelo derby goza de popularidad entre un cierto público apegado a las modas del momento. No obstante, estos modelos de suelas gruesas de goma, pieles brillante etc. nada tienen que ver con los derbys a los que aquí rendimos homenaje.

-El Oxford. Zapato formal por excelencia. Válido con casi todo, sobre todo de jugar con determinados brogueados, desde acompañar a un frac a, de ser de color chocolate y brogueado, unos jeans. Modelo que en 1860 empezó como zapato para el tiempo libre – recordemos que eran años donde las botas bajas y altas acompañaban al sombrero de copa -, se ha convertido en el zapato más serio que poder escoger; solo por detrás de las botas Balmoral.
El que pasaran de tener solo un pequeño hueco en el armario de verano a su actual popularidad se debe en parte a los estudiantes de Oxford quienes lo convirtieron en su zapato del día a día. Aunque el derdy sea apreciado por su versatilidad, cierto también es que la línea que el Oxford dibuja en el pie consigue una imagen más fina y estética del pie.
Sin embargo, como hemos apuntado, puede vestirse con conjuntos alejados del traje, lo cierto es que para aquellos encontramos mejores opciones y ninguna mejor que el Oxford para el traje. Tanto con trajes lisos, diplomáticos etc. el Oxford negro manda un mensaje de formalidad y seriedad de quien lo ha escogido.
De tratarse de trajes menos serios o de colores alejados al azul más oscuro, tanto los modelos full como semi-brogue añadirán una nota relajada a todo el conjunto. Un fino cosido en el comienzo de los dedos (toe cap) no resta formalidad al Oxford liso y sí, por el contrario, lo separa de tantos otros de ínfima calidad y aspecto.
Aunque con esmoquin las opera pumps son el calzado a escoger, en su defecto el Oxford, esta vez sí totalmente liso y en terminación brillante, será el zapato a vestir.

-Las slippers. Parece lógico pensar que si contamos con múltiples modelos para vestir en el trabajo y en nuestro tiempo libre, en casa, lugar donde también pasamos mucho tiempo, tengamos al menos un par específico para ella. Aunque el hombre desde que es hombre ha protegido sus pies al caminar – en los primeros tiempos con pieles de animales – también siempre ha buscado con su ropa beneficiar su aspecto exterior o mandar mensajes de poder o posición social.
Y las slippers ayudaban con ese objetivo. Además de proteger los pies en casa, ya en las primeras slippers se bordaban grabados con hilos y piedras preciosas. Esto se ratifica viendo las primeras slippers que se encontraron, concretamente en una tumba copta del S.II, con un grabado en hilo de oro.
Como curiosidad apuntar que hasta el S. XV las slippers tenían forma de babuchas y solo las mujeres y los mayordomos las vestían. Si las primeras lo hacían como muestra de su estatus, los segundos las tenían de aliadas para poder andar por las casas sin levantar ruidos al contacto con los suelos de madera. Fue entonces cuando el hombre cosió una suela de caucho, caucho que evita ruidos, y las zapatillas se hacen de seda o de una piel muy fina.
Combinarlas con su ropa de noche definía el color y el estampado de la seda de estas. Hoy las slippers se siguen vistiendo primordialmente en las casas de campo aunque el no contar con una no debería desanimarnos a hacernos con un bonito modelo. En ellas podemos coser nuestro pasatiempo preferido, nuestro animal o ese grabado que tanto nos gusta.
De los diferentes modelos disponibles el conocido como “Albert” es el más elegante pudiéndose encontrar tanto en piel como en infinidad de tejidos, desde Tweed hasta terciopelo. Mejor en casa que fuera de ella. Acompañar al esmoquin de primavera podría ser una de las pocas excepciones para sacarlas a pasear.

-El budapester. Y para terminar el zapato del entendido. Ni es el más bonito, ni el más estético, ni el más polivalente y, ni mucho menos, el más fino. Pero, sin embargo, es un modelo que ha marcado el saber hacer de los mejores zapateros de Europa central durante generaciones. Un modelo derby con doble costura, brogueado sobre una puntera vega y un largo tacón son lo que definen al budapester.
Dicho esto, seguramente sea su línea recta y su puntera redondeada lo que le de esa imagen de zapato algo tosco. En el S. XIX, momento álgido del conocido como impero austro-húngaro, imperio que lidera la producción de textiles, cerámicas y zapatería, los zapateros de Viena deciden dar su toque personal al blucher creando este zapato.
Los zapateros húngaros, con los que había una gran rivalidad, deciden diferenciar su modelo, además de por llamarlo karlsbaders, por trabajarlo solo en puntera vega y elevándola ligeramente, adquiriendo un toque claro diferenciador que con el tiempo se ha mantenido mejor que el budapester original de Viena.
Con seguridad de acudir a ese templo del calzado de Laszlo Vass encontraremos modelos de mucha más belleza. Sin embargo, no podemos abandonarlo sin llevar con nosotros un auténtico budapester. Como todas las cosas nicho, solo los entendidos sabrán diferenciar el budapester pero precisamente ahí radica su encanto.
De vestimenta claramente de sport, conviene escogerlo en colores como el vino o el marrón y vestirse con pantalones de tejidos puramente invernales. Recordemos que la suela del budapester es algo más gruesa que la del resto de los zapatos aquí tratados pensando en combatir la nieve y las bajas temperaturas del país que lo vieron nacer.
– The shoe wardrobe
Siempre he mantenido que la elegancia empieza por el calzado y que éste es, sin lugar a dudas, la parte más importante de la indumentaria masculina.
Como ya hemos establecido en más de una ocasión, el mejor traje de Henry Poole se puede ver arruinado por no vestir unos zapatos a la altura de éste o por no saberlos sencillamente combinar.
Del mismo modo, también puede ocurrir que un traje normalito se realce al descansar éste sobre unos zapatos bien escogidos y de calidad; aunque ni el más fino John Lobb podría hacer milagros en muchas ocasiones.
Unos buenos zapatos tratados con mimo pueden durarnos muchísimo tiempo.
Si nos propusiéramos adquirir un par de zapatos todos los años, podríamos llegar a tener un armario a lo largo del tiempo similar al que en la foto del encabezado exhibe orgulloso Mr. Adolphe Menjou.
A través del reportaje de este mes intentaremos establecer cuáles son esos modelos que no deberían faltar en el armario de todo Aristócrata.
Debido a que a la hora de vestir casual las opciones pueden ser interminables y además muy personales, nos centraremos siguiendo la línea editorial de nuestra página en las opciones más recomendable para vestir de forma formal.
Los que nos acompañáis desde el principio habréis observado que en elaristocrata.com no prestamos especial atención a las diferentes marcas. Preferimos hablar por el contrario, de ciertas telas, del corte bespoke, del correcto uso de las diferentes prendas etc.
A pesar de ésto, a la hora de comprar zapatos debemos siempre acudir a marcas reputadas. Y cuando digo reputadas no me refiero a las marcas de moda. Las centenarias casas de Northampson, o ciertas casas húngaras, francesas o americanas siguen siendo el referente.
Debemos por lo tanto huir de las marcas más “fashion” que en su afán de ganar cuota de mercado empiezan a ofrecer todo tipo de calzado.
Es increíble comprobar, sobre todo en nuestro país, como hay banqueros, políticos etc que visten trajes perfectamente cortados y luego por supuesta comodidad o sencillamente por desconocimiento visten los zapatos erróneos.
También es tristemente frecuente observar como muchos caballeros no dan importancia al calzado y se gastan la gran parte de su presupuesto en el traje, la camisa etc. dejando una parte mínima para los zapatos.
Esto debería ser justamente al contrario: primero tendríamos que escoger los zapatos y luego deberíamos pensar cómo repartir el resto de nuestro presupuesto.
Seguramente ninguno de nosotros vestiremos dos días consecutivos el mismo traje, por lo que tampoco parece muy conveniente ni correcto vestir dos días seguidos los mismos zapatos. Si a este hecho unimos una de las recomendaciones esenciales a la hora de cuidar nuestro calzado, esto es, dejarlos descansar al menos un día después de su uso, parece más que comprensible que poseamos más de un par. Esto que parece algo más que razonable desgraciadamente no siempre lo es y podemos contemplar como se produce una rotación de camisas, corbatas pero siempre vistiendo el mismo par de zapatos o en el mejor de los casos sólo se produce una alternancia entre dos.
Basta con cinco pares en nuestro armario correctamente escogidos para afrontar nuestro día a día. A éstos obviamente le tendremos que añadir aquellos zapatos que calzaremos una vez nos desprendamos del traje de chaqueta pero que en esta ocasión no vamos a tratar.
Oxford
Seguramente el modelo más clásico y más elegante de cuantos expondremos aquí. Es perfecto para ser vestido tanto con traje como con chaqué. Si sólo un par de zapatos pudiéramos permitirnos, éstos deberían ser sin lugar a dudas este clásico inglés que está en el armario de los caballeros ingleses desde 1830.
Una de las notas que diferencia unos buenos Oxford es su costura prusiana. Como establece B. Roetzel en la costura prusiana las dos partes de la pala que se juntan con los cordones están cosidas bajo la parte delantera del zapato y terminan en una lengüeta cosida bajo los cordones. El resultado suele ser un zapato muy formal ya que en él apenas se averigua la lengüeta.
Aunque el Oxford lo podemos encontrar cada vez en más tonalidades, su color por excelencia sigue siendo el negro.
Existen múltiples variedades del modelo Oxford. Desde el clásico plain con los obligados cinco pares de agujeros y con un fino pespuntado en la puntera hasta el semi-brogue con puntera y la línea de las orejas con perforaciones marcadas y contrafuerte en el talón hasta el más recargado y de uso más sport full-brogue.
El origen de las perforaciones en la piel de los zapatos proviene de los granjeros irlandeses quienes para facilitar el secado del interior de sus zapatos, hacían agujeros en la piel de la puntera y en las cañetas de su calzado.
En el Reino Unido, este tipo de zapato también se popularizó entre los guardas forestales. La burguesía que cazaba con éstos empezó también a vestirlos. A partir de entonces las perforaciones se fueron haciendo cada vez más finas para terminar siendo simplemente un adorno del zapato.

Más tarde y ya entrado el S. XIX los full-brogue empezaron a verse hasta en los campos de golf y eran considerados como zapatos deportivos.
El despegue de este modelo se debe al Príncipe de Gales, cuando sorprendió a la prensa internacional jugando al golf con zapatos full-brogue. Su particular estilo a la hora de vestir hizo que también se le viera vistiéndolos en varias ocasiones en recepciones de la alta sociedad de la época.
La principal diferencia entre el full-brogue y el semi-brogue está en la terminación de la puntera: en el caso del full-brogue, se trata de una puntera con terminación triangular, y en el del semi-brogue de una puntera con terminación recta.
Cuanto menos recargado sea nuestro Oxford más adecuado será para ser vestido formal. Esto no significa que el modelo plain sea siempre el más adecuado. Un semi-brogue o incluso un full es perfecto para ser calzado con por ejemplo, un traje de Tweed, unos pantalones de pana, de franela e incluso con un Príncipe de Gales. Los Brogue de ante, tan populares para vestirse con traje en Italia, pueden ser calzados desde con unos chinos hasta con unos vaqueros.
Derby
Los derby para los británicos y blucher para los americanos son otra opción que deberíamos tener en cuenta a la hora de confeccionar un buen armario.
La principal diferencia con el oxford es que en el derby la parte lateral del zapato va cosida por fuera de la parte delantera. La lengüeta en este caso se extiende desde el comienzo de la parte que cubre los dedos hasta el final del empeine.
Al igual que en el caso de los Oxford, según el grado de adorno los Blucher pueden recibir diversos nombres. Si no hay adornos se denominan plantip blucher; si lleva puntera nos encontraremos ante unos toecap bluchers, si llevan una puntera de ala similar al del full brogue en el Oxford lo llamaremos long wing blucher. El grado de adorno al igual que en los Oxford establece su formalidad.
Si nos decantamos por modelos con perforaciones marcadas tendrán que ser destinados a un uso rural. Los podremos lucir con chaquetas de tweed o incluso con trajes de lino. Los colores más frecuentes en los derby son los mismos que en el caso de su primo hermano, los Oxford: negros, marrones en sus diversas tonalidades, vino etc.
No obstante, no debemos pasar por alto que después de las seis de la tarde sólo el color negro es aceptado para ser vestido con un conjunto formal. En caso de que vistamos de forma casual podremos ampliar los colores a elegir; incluso después de esta hora.
Monkstrap
Este tipo de zapato recibe esta denominación por la utilización de hebillas para abotonar el zapato y porque recuerda a las sandalias de los monjes. La gran diferencia con los Oxford y con los Derby es que es la hebilla la que une las cañetas. En un lado encontramos la hebilla y en el otro, el trozo de piel que se une a ésta.
Los zapatos con hebilla son otro clásico que no puede faltar en ningún buen armario que presuma de tal. Podemos encontrarlo con una sólo hebilla o con una hebilla doble. Normalmente los zapatos de hebilla doble suelen ser más finos que los de hebilla sencilla aunque existen modelos como los savile de C&J que son de una gran belleza.
Su uso aún siendo muy formal no lo es tanto como el clásico oxford; de ahí que calzarlos con un chaqué no sea correcto. El chaqué sigue siendo propiedad del oxford plain o de las botas Balmoral.
Un zapato con hebilla da una gran variedad a nuestro armario. Unos oxfords y unos derby pueden ser confundidos por el ojo inexperto.
Esto no ocurre con unos monks. Su/s hebilla son un signo claro de identidad. Otra ventaja de los monks, que también gozan los modelos derby, es que suelen ser más cómodos que los oxfords. Su uso es particularmente agradecido por los caballeros de pie ancho o con un empeine pronunciado. Igualmente su cierre hace que nos olvidemos totalmente de comprobar si se nos han desatado los cordones.
Si bien sobre el uso de los oxfords hay un acuerdo sobre su idoneidad para ser calzados en la mayoría de las ocasiones, no ocurre lo mismo con los monks. Pocos modelos clásicos de zapatos levantan tantas discrepancias entre los caballeros que gustan de vestir de forma clásica.
No veremos al inglés más tradicional vistiendo estos zapatos. Esto tiene su justificación en el hecho de que el ancho del pantalón inglés es de generosas proporciones lo que puede producir que se enganche fácilmente en la hebilla y además que estropee la caída del pantalón. Si nos decantamos por este zapato deberemos escoger un corte más estrecho para nuestro pantalón.
Estos pueden ser destinados también a un uso más sport. Por ejemplo un zapato de doble hebilla con algún dibujo en color vino pueden ser perfectos para vestirlos hasta con unos jeans.
Con una bonita variedad de oxfords, derbys y monks tendremos sin lugar a dudas cubierto nuestro armario en lo que se refiere a nuestra vestimenta formal.
Para los que somos forofos de los zapatos seguramente estas opciones no nos hayan aportado nada nuevo al tener varios modelos de ellos en nuestro armario. Para éstos y para los que quieran ampliar su fondo de armario hay otros modelos que si bien podemos prescindir de ellos, tarde o temprano terminaran robando espacio a nuestro armario.
Los mocasines, también conocidos como loafers y en algún caso como slip on, deberían ayudar a completar nuestro shoe wardrobe. A pesar de que sea tristemente habitual en nuestro país ver hasta en los círculos más elitistas su uso con traje de chaqueta, los mocasines nunca se deben vestir con traje de chaqueta; sean el modelo que sean e independientemente de la casa que los fabrique.
No hay cosa más decepcionante que observar a un caballero con un traje bien cortado vistiendo unos sidney o incluso unos sebagos classic. Sin embargo, su uso si es correcto en una vestimenta semi-formal. Por ejemplo, una chaqueta azul marina y unos pantalones grises admiten perfectamente unos Tassel. También se pueden vestir con pantalones sport o con unos vaqueros.
Hay mocasines italianos que bien merecen también un hueco en nuestro armario, sobre todo en la época de verano.
Uno de los caprichos que si podemos permitírnoslo debemos sucumbir a él, son las botas Balmoral. Este modelo vió la luz ya en el S XIX. La bota la diseñó el zapatero de la Reina Victoria con el fin de que fueran vestidas por el Príncipe Alberto en su castillo de Balmoral. Más tarde fue utilizado como zapato de trabajo tanto por hombres como por mujeres.
Estas botas son perfectas para ser calzadas en las épocas más frías y son ideales sobre todo con nuestro morning suit.
Ya bien sea porque nos guste asistir al comienzo de las diferentes temporadas de la opera o porque solamos vestir black tie o white tie deberíamos tener en nuestro armario unas opera pumps.
Igualmente, si somos de los que disfrutamos pasando tiempo en nuestra casa de campo o simplemente en casa deleitándonos o de un buen libro tendríamos que adquirir cuanto antes un par de elegantes slippers.
Podríamos seguir hablando casi indefinidamente de todos los modelos que deberían estar en nuestro armario o que sencillamente nos gustaría algún día poder vestir pero, por esta vez, nos quedaremos con los aquí descritos, los cuales por otro lado nos dan una base muy sólida para poder afrontar con confianza cualquier atuendo y cualquier situación.









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