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Mientras envejecemos …


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La Mente es Maravillosa/El Confidencial(E.Zamorano)  —  La forma en que cambia nuestra personalidad mientras envejecemos es tan sutil que rara vez la percibimos. Sin embargo, cuando llegues al otoño de tu vida y rondes los 70 u 80 años, no serás la misma persona que celebró su cumpleaños 30. Lo que nos dicen los estudios es que los años suelen volvernos más tolerantes y que las experiencias ayudan a ver la realidad con más facilidad desde distintos puntos de vista.

Si hace unas décadas se daba por sentado que nuestra forma de ser apenas variaba cuando alcanzábamos la madurez, esta teoría ya no se mantiene. Porque la personalidad humana es maleable y también fluida. Esto nos facilita la adaptación a las demandas del entorno con mayor sabiduría. El cambio tiene, por tanto, un sentido y un propósito que pasamos a explicarte a continuación.

Cuando nos encontramos con alguien después de muchos años, solemos comparar el recuerdo con la percepción en el plano físico. Porque para muchos el tiempo se mide en esas arrugas de más, en cómo perdemos la lozanía de la juventud. Sin embargo, hay una dimensión que, como la piel, se modifica con las décadas: nuestra forma de ser.

La personalidad, ese constructo psicológico conformado por un patrón de pensamientos, conductas y actitudes, no es una entidad fija. Hay rasgos, casi imperceptibles, que varían lento con el transcurrir de la vida. Es más, estudios como los realizados en la Universidad de Illinois, indican que, si bien los cambios se notan más entre los 20 y los 40 años, dichas variaciones persisten a lo largo de la adultez.

Ahora bien, ¿a qué se deben? ¿Por qué cambia nuestra personalidad mientras envejecemos? Analicemos esos factores que lo explican.

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1. Teoría de la maduración de la personalidad

La personalidad no es un constructo fijo ni sigue el mismo curso que la maduración biológica del ser humano. Si bien las personas alcanzamos la madurez física y cerebral en torno a los 30 años, con nuestra forma de ser no ocurre lo mismo. Sigue evolucionando en función de las experiencias e interacción con el medio psicosocial.

La teoría de la maduración de la personalidad nos dice que hay un aspecto que no varía demasiado: el temperamento. Esta última dimensión tiene una importante base genética y define las reacciones ante el ambiente que nos rodea. No obstante, la personalidad es una entidad maleable y fluida que cambia con el fin de permitirnos enfrentar los desafíos de la vida.

2. La teoría de los cinco grandes rasgos de personalidad

En el 2020, la Universidad de Tulsa publicó los resultados de 152 estudios longitudinales. En ellos, analizaron el cambio en la personalidad de una muestra de personas desde su infancia hasta los 70 años. Esto permitió ver cómo varió su forma de ser, con base en el modelo de los cinco grandes.

Asimismo, se comprendió por qué cambia nuestra personalidad a medida que envejecemos. Esas variaciones nos demuestran que hacernos mayores no es sinónimo de volvernos más gruñones. Todo lo contrario. Nuestra forma de ser progresa y nos ayuda a forjar vínculos más saludables, resolver y ajustarnos mejor a los problemas.

De este modo, según la teoría de los cinco grandes, los cambios que aparecen son las siguientes:

  • Presentamos mayor extroversión y apertura.
  • Por término medio, nos volvemos más empáticos y comprensivos.
  • A medida que envejecemos, el neuroticismo se reduce y alcanzamos así una mayor estabilidad emocional.
  • La escrupulosidad como rasgo de personalidad, surge con el paso de los años. Poco a poco descubrimos que la vida es exigente y nos ajustamos a esas demandas volviéndonos más meticulosos.

3. Factores psicosociales

La manera en que se transforma la personalidad en tanto nos hacemos mayores se debe a factores biológicos y psicosociales. Sabemos ya que nuestra forma de ser no es estable, que es una entidad que evoluciona para facilitar una mejor adaptación al entorno. En ese orden, los cambios que sufriremos también serán consecuencia directa de las presiones sociales.

Nadie es ajeno a su contexto social, cultural y hasta económico. El hecho, por ejemplo, de tener que ayudar a nuestra familia y no acceder a una formación académica puede producir variaciones en la personalidad. Pasar por experiencias traumáticas a lo largo de los años, también asentaría otros rasgos en el modo de ser. 

No podemos omitir la soledad. Si en algún momento dejamos de tener lazos emocionales sólidos y significativos en el día a día, la personalidad cambia y no será para mejor.

4. El aprendizaje experiencial y la sabiduría

Las personas cambiamos y, si pusiéramos la mirada en un punto bastante distante de nuestro pasado, nos sorprenderíamos de cuánto lo hemos hecho. Todo se debe al cúmulo de experiencias adquiridas. Sabemos, por ejemplo, que la impulsividad nos hace tomar decisiones equivocadas y reaccionar de forma indebida. Y por ello, aprendemos a manejarla.

Asimismo, los años suelen volvernos más sabios, favoreciendo el sentido común, la prudencia, la sensatez y la inteligencia. Uno aprende qué batallas merecen la pena librar y cómo actuar ante ciertas situaciones. Madurar con sabiduría no es más que, como diría Erich Fromm, encontrar a nuestro auténtico yo.

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– ¿Por qué hay personas que no cambian o envejecen mal?

Como hemos señalado, a medida que nos hacemos mayores la personalidad madura y cambia de manera positiva. Esto facilita adaptarse al medio que nos rodea. Sin embargo, en ocasiones, nos encontramos con personas que, lejos de tener un envejecimiento saludable, demuestran una personalidad problemática.

No siempre se produce una maduración positiva, hay casos en que los años revelan personalidades muy rígidas. ¿A qué se debe este fenómeno? Veamos alguna de las causas:

  • La soledad.
  • El estrés crónico.
  • No aceptar el paso del tiempo.
  • Experiencias traumáticas no abordadas.
  • Personalidades neuróticas y mentalidades muy rígidas.
  • Factores psicosociales. Los problemas económicos y los entornos sociales desfavorecidos estarían detrás de ese envejecimiento dificultoso.
  • Problemas de salud mental. Muchas veces, pueden existir desde trastornos de la personalidad hasta depresiones no diagnosticadas que se cronifican con el tiempo.

– Nuestra personalidad cambia por nuestro bien, mientras envejecemos

La razón principal por la que cambia nuestra personalidad mientras envejecemos es para ofrecernos una mejor calidad de vida. El objetivo último no es otro que permitirnos una adaptación óptima a un escenario psicosocial siempre complejo. Así, al integrar bien cada experiencia de vida, la evolución será siempre más sabia, luminosa y saludable.

Dichos cambios no son más que pequeñas transformaciones que, lejos de representar súbitos terremotos, son como el silencioso movimiento de las placas tectónicas. Nos acomodan para crear una personalidad más rica, más flexible y altruista, que garantice nuestro bienestar, la salud mental y la felicidad.

¿De qué suelen arrepentirse los adultos mayores?

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Las personas de tercera edad suelen lamentarse con frecuencia por dejar escapar oportunidades y ciertos «trenes» únicos. Como dijo una vez Fernando Pessoa: «Llevo encima todas las heridas de las batallas que he evitado». Y así es, esas son fracturas psicológicas que siempre arrastramos en nuestras mochilas existenciales. ¿De qué más se arrepienten los adultos mayores?

Hay muchas dimensiones y factores de los que uno se lamenta cuando alcanza una edad. Son innumerables faltas de ortografía en la escritura de nuestro pasado, hechos que debimos manejar de otra manera para llegar a los 70 u 80 años un poco más felices. ¿Qué tal si analizamos esas variables que deberíamos cuidar hoy para no arrepentirnos mañana?

Si hay una emoción que lacera es el arrepentimiento. Bien es cierto que, como la mayoría de las emociones, cumple una función. Y no es otra que la de invitarnos a solucionar aquello que hicimos mal. Sin embargo, cuando se arriba a edades avanzadas, hay cosas irreparables y que solo podemos asumir.

Cabe señalar que existen estudios muy interesantes sobre el arrepentimiento en la vejez. La Universidad de Manitoba, en Canadá, nos indicó cómo afecta esta realidad emocional a la calidad de vida e incluso a la salud de la persona. Es una dimensión, por tanto, de gran relevancia para el bienestar psicológico y que no podemos dejar de lado.

Conocer de qué es de lo que se arrepienten los adultos mayores sirve de ayuda. Son guías presentes para la satisfacción futura. Profundizamos en ellas.

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1. No hacer lo que realmente queríamos

Bronnie Ware es una enfermera de cuidados paliativos conocida por escribir el libro Los cinco mandamientos para tener una vida plena (2013). En este trabajo abordó esos arrepentimientos que registraban con frecuencia aquellas personas que tenían que afrontar una despedida vital. Así, una de las realidades que más lamentamos, es haber vivido de acuerdo con las expectativas ajenas.

Pensar en que no fuimos tan valientes para tomar ciertas decisiones, se convierte en el origen de un gran malestar. A veces, la familia y el entorno condicionan nuestra existencia hasta el punto de hacernos perseguir objetivos o decantarnos por opciones que no queremos.

2. Ser más sinceros con respecto a lo que sentimos

¿Cuántos «te quiero» dejamos en el aire? ¿Cuántos «lo siento» debimos pronunciar en voz alta y no lo hicimos? Que no quede como tarea pendiente expresar lo que sentimos a las personas que queremos. Las palabras importantes, que al final no se pronuncian, acaban amargando a quienes las guardan.

3. No haber dedicado más tiempo a lo que de verdad importaba

En el día a día dedicamos buena parte del tiempo a tareas automáticas. Si nos paramos un momento, es probable que sepamos diferenciar aquello que es importante de lo que no. Pero, ¿es en realidad lo que priorizamos? ¿Lo tenemos en cuenta a la hora de tomar decisiones?

Poblar el presente de elementos significativos es algo nuclear para el bienestar. En buena medida, la sensación de valía personal emana de lo que hacemos con nuestro tiempo.

4. Preocuparse en exceso y olvidarse de vivir

Las preocupaciones excesivas limitan la existencia, la vuelven pesada y nos restan oportunidades de crecimiento. Además, fijándonos bien, buena parte de lo que nos preocupa nunca llega a suceder. La consecuencia de perdernos en esos laberintos mentales tan angustiosos es el desprecio a la belleza presente.

De este modo, las personas mayores suelen arrepentirse por dejar que el estrés y la preocupación les impidiera tener una vida más relajada y centrada. Una desde la cual apreciar mejor lo que sucede en cada momento, como es el crecimiento de los hijos, por ejemplo.

5. Perder ciertas oportunidades

El miedo y la inseguridad nos cierran la puerta a oportunidades que más tarde lamentamos. Es común afligirse de no ser valientes para decir «sí» a ciertos trabajos, «sí» a ciertos amores que dejamos ir por indecisión. Así, investigaciones como las llevadas a cabo en la Universidad de Tilburg, en Países Bajos, destacan cómo la inacción o el no atrevernos da paso a ese arrepentimiento tan doloroso.

6. Pocos viajes

Si nos preguntamos de qué se arrepienten los adultos mayores, hay un hecho que siempre aparece. Basta con preguntarles a nuestros familiares con más años para que nos digan que lamentan no haber viajado más. Pasar buena parte de la vida en un mismo lugar, nos resta vivencias, aprendizajes e integrar otras perspectivas.

Nada es tan enriquecedor para el ser humano como sortear las fronteras de sus entornos cotidianos, con la meta de conocer otros países y culturas.

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7. El amor y por qué no lo entendimos mejor

Hay quien pasa toda una vida junto a la persona equivocada. De este modo, algo que lamentamos es no haber elegido mejor a ese compañero. Sobre todo, lo que solemos lamentar es no cortar con determinadas relaciones a tiempo, privándonos de lo que pensamos que hubieran sido momentos de felicidad.

Entender las bases del amor saludable es una competencia muy asociada a la satisfacción vital. Si las entendimos de manera acelerada, es más fácil que nuestra memoria sea un desierto de decisiones que, pasado el tiempo, valoremos como fallidas.

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8. Los amigos a los que debimos cuidar

Otro aspecto del que se arrepienten los adultos mayores: no haber tenido más amigos. La vida social y los lazos de amistad trazan vivencias cotidianas de gran valor emocional. Son esas figuras con quien reír, aprender, desahogar el estrés y hacer planes que saben a sueños e ilusiones.

Es frecuente llegar a edades avanzadas y lamentarse por no cuidar ciertas amistades o dejar ir a personas que valían la pena.

9. La salud, esa gran descuidada

No es fácil llegar a los 70 u 80 años con una salud de hierro. Por lo general, acumulamos achaques que son producto de estilos de vida poco saludables. De ahí que muchas personas se arrepientan de no haber hecho más deporte, comido mejor o dejado el tabaco.

Desatender a lo largo de la vida la dieta o tener un estilo sedentario es causa de arrepentimiento, una vez que se empiezan a reproducir las limitaciones de la vejez. Es entonces cuando el cuerpo se hace más presente y muchos entienden que buena parte de nuestras posibilidades existen porque tenemos un cuerpo que las genera.

uidar de nuestras relaciones nos permite llegar a edades avanzadas con mayor satisfacción.

– Para no arrepentirte, sé más valiente y cuida lo que tienes

¿Quieres llegar a una edad avanzada sin que los recuerdos del pasado sean un lastre? Comienza por revisar cómo es tu presente y cómo te sientes en este mismo instante. Cualquier momento es bueno para poner en marcha medidas que cieguen posibles arrepentimientos futuros.

A continuación, presentamos algunas claves para cumplir años sin experimentar, en exceso, el pinchazo del lamento:

  • Viaja, sé capaz de romper la rutina.
  • Expresa lo que sientes por los demás.
  • Cuida de tus vínculos sociales y afectivos.
  • Aprecia la magia de las pequeñas cosas en tu día a día.
  • Promueve instantes que te ofrezcan bienestar y felicidad.
  • Toma conciencia de quién merece estar en tu vida y quién no.
  • Traza propósitos que vayan en sintonía con tus valores y necesidades.
  • Invierte tiempo y trabaja en tus sueños sin dejarte llevar por presiones ajenas.
  • Regula mejor tu estrés y preocupaciones para disfrutar más del «aquí» y «ahora».

Para concluir. Si bien es cierto que no es fácil llegar al otoño de nuestras vidas sin arrepentirnos de nada, procuremos que esos vacíos sean lo más livianos posible. Aunemos valentía y no dejemos pasar esos trenes que llevan nuestro nombre y que, de algún modo, nos acercarán a la auténtica satisfacción.

Las cinco cosas de las que más se arrepiente la gente al morir, según una enfermera de paliativos

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Decía el gran poeta simbolista Antonio Machado, «la muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es, y cuando la muerte es, nosotros no somos». Otra personalidad de la historia, dijo una vez: «Así como una jornada bien empleada produce un dulce sueño, así una vida bien usada produce una muerte dulce».

Era Leonardo Da Vinci, y lo que quería decir con la frase es el clásico tópico literario del «carpe diem»: aprovecha el tiempo presente sin pensar en el futuro.

Todos desearíamos tener una vida emocionante y maravillosa que contar a nuestros hijos o nietos. Cuando llegue el último momento y revisemos cada uno de nuestros actos, quizás nos arrepintamos de ciertas cosas. Una enfermera de cuidados paliativos cuyo trabajo consiste en atender y escuchar a los enfermos a los que les queda poco tiempo de vida reveló para el diario británico ‘The Guardian’ los remordimientos más comunes de las personas a la hora de afrontar la muerte.

Y no son los que piensas. Haber disfrutado más del sexo o practicado deportes de riesgo no están entre ellas.

Bronnie Ware ha pasado muchos años en contacto con personas a las que no les daban más de 12 semanas de vida. Ella recopila todos y cada uno de los epitafios que a la gente le gustaría grabar a fuego en su memoria más allá de la vida, así como los episodios de los que se arrepienten. Lo que comenzó con un blog, llamado ‘Inspiration & Chai’, reunió tanta atención y seguidores que cada una de sus observaciones terminaron publicándose en un libro llamado ‘The Top Five Regrets of the Dying’.

Ware describe con detalle la enorme lucidez que obtienen las personas a la hora de hacer un repaso a sus vidas y enfrentar la muerte, ya que pensar en el hecho de morir siempre acaba derivando en el repensar la vida. «La mayoría respondieron cosas bastante parecidas», asegura la enfermera. Por ello, aquí están los mayores remordimientos que la gente ha tenido, explicados por Ware.

– No haber sido fiel a mí mismo

El más común de todos. A todos nos pasa que muchas veces hemos tomado decisiones importantes coartados o medio convencidos por los demás. «Cuando la gente se da cuenta de que su vida casi ha terminado y mira hacia atrás, es fácil ver cuántos sueños no se han cumplido«, afirma Bronnie Ware. «La mayoría de las personas no han cumplido ni la mitad de sus sueños. La salud brinda una libertad que muy pocos conocen, hasta que ya no la tienen», sentencia.

– Haber trabajado tanto

El más curioso de todos, si atendemos a ese concepto del trabajo como algo que dignifica la existencia. «Este vino de cada paciente masculino al que cuidé«, puntualiza la enfermera. «Echaron de menos haber vivido más la juventud de sus hijos y disfrutado más la compañía de su pareja. Las mujeres también hablaron de esto, pero como la mayoría eran de una generación anterior, muchas de ellas no fueron las encargadas de traer el pan a casa». Ware sostiene que «la mayoría de los hombres lamentaban profundamente pasar la mayor parte de sus vidas en una rutina de trabajo«.

– No haber expresado mejor lo que sentía

«Muchas personas reprimieron sus sentimientos para mantener la paz con los demás», observa la enfermera. «Como resultado, se conformaron con una existencia mediocre y anodina y nunca se convirtieron en lo que realmente podían haber llegado a ser. Muchos desarrollaron enfermedades como depresión o ansiedad a raíz de esto. Pero lo que más les pesaba, según ellos, era la sensación de no haberlo intentado», declara. Por ello, siempre ten cuidado en lo que te conviertes, no sea que otros elijan por ti.

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– Haber dejado de lado a sus amigos

«Muchos de mis pacientes no tuvieron la necesidad de contactar con sus antiguos amigos hasta el final. Justo cuando ya era tarde y resultaba imposible dar con ellos», explica. «Algunos de ellos se vieron tan sumergidos en sus trabajos y vidas conyugales que dejaron atrás antiguas amistades. Hubo muchos arrepentidos que no ofrecieron el tiempo y el esfuerzo que sus amistades merecían. Todos extrañan a sus amigos cuando están a punto de morir«, concluye.

– No haber sido más feliz

«Muchos no se dieron cuenta hasta el final de que la felicidad no es un estado, sino una elección», comenta Ware. «Se habían quedado atrapados en viejos patrones y hábitos. La llamada ‘zona de confort’ y el entorno familiar les paralizaron, y el miedo al cambio les hizo fingir delante de los demás, y para sí mismos, que estaban contentos, cuando en lo más profundo de su ser anhelaban reírse y volver a hacer todo tipo de tonterías», explica.

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