Mujeres científicas …
– Katsuko Saruhashi, la geoquímica japonesa que estudió la radioactividad en el océano
Sinc(C.OñateKatsuko Saruhashi fue una geoquímica japonesa conocida por estudiar la radioactividad en el océano y evidenciar los peligros de la lluvia radioactiva en el mar y la atmósfera. Nació en Tokio (Japón) el 22 de marzo de 1920. Aunque su nombre significa “de mente fuerte y victoriosa”, cuando era niña a menudo se la describía como tímida e introvertida.
Su pasión por la ciencia surgió en la escuela primaria viendo las gotas de lluvia deslizarse por una ventana y preguntándose qué era exactamente lo que hacía que lloviese. Le gustaba especialmente la física y las matemáticas, por lo que ya en esta etapa demostró tener unas cualidades extraordinarias.
Saruhashi fue pionera por varios motivos: ser la primera mujer en obtener un doctorado en Química en la Universidad de Tokio (1957), conseguir ser miembro del Consejo Científico de Japón (1980) y recibir el Premio Miyake de Geoquímica (1985).
En 1955, la investigadora creó un método de análisis para medir con precisión la concentración de dióxido de carbono (CO2) en el agua del mar. Estas mediciones dieron lugar a la llamada Tabla de Saruhashi, que sería utilizada durante décadas por los oceanógrafos de todo el mundo para determinar el nivel de CO2 en los océanos.
Saruhashi y su equipo también fueron reconocidos por ser parte del primer grupo en el mundo en investigar los efectos causados por las pruebas nucleares realizadas por EE UU en el atolón de Bikini (Islas Marshall) durante la década de los 50. El descubrimiento de cómo la radioactividad se extiende y contamina los mares consiguió impulsar las restricciones de pruebas nucleares en los océanos en 1963.
Además de realizar importantes investigaciones en el campo de la geoquímica, luchó por la igualdad de la mujer en la ciencia. Fue fundadora de la Sociedad Científica de Mujeres Japonesas y también del Premio Saruhashi, un galardón que se otorga cada año a investigadoras de ciencias naturales en este país.
Saruhashi murió en Tokio el 29 de septiembre de 2007, a la edad de 87 años, a causa de una neumonía.
– Mary Somerville, la ‘reina’ de la ciencia del siglo XIX

En una época en la que la ciencia era inaccesible para las mujeres, que eran educadas para ser esposas y madres, Mary Somerville se dedicó con pasión a la investigación matemática y al conocimiento del progreso científico.
Nació un 26 de diciembre de 1780 y creció deambulando por la campiña escocesa cerca de su casa en Fifeshire, recolectando conchas y observando aves. Su educación se limitaba a instrucciones en el hogar para que dominara las típicas actividades femeninas de la época: pintura, música y francés.
Fue una joven inquieta y observadora, por lo que comenzó un aprendizaje autodidacta. Su tío Thomas Somerville la apoyó en sus estudios al ver su interés y comenzó a darle clases de latín todos los días antes del desayuno. Un día, un amigo de la familia le dio una revista de moda. En la última página vio un rompecabezas con números mezclados con letras: fue su primer encuentro con el álgebra.
Intrigada, trató de averiguar más, pero nadie pudo ayudarla. En ese momento también estaba aprendiendo griego y sabía que los antiguos griegos eran brillantes en geometría, y que el mejor libro sobre el tema era Elementos de Euclides, así que pidió que le compraran algunos libros, entre ellos el de Euclides.
En 1804 se casó con Samuel Greig, oficial de marina, y se trasladaron a Londres. Nacieron dos hijos y su marido murió al tercer año de matrimonio. Se encontró lejos de su familia, pero con una independencia personal y económica crucial para su futuro científico.
En Londres descubrió un ambiente científico que comenzó a interesarle. Su buena posición económica le facilitó aumentar su biblioteca y decidió dedicar parte del tiempo a mejorar su formación. Su primer ‘éxito’ fue ganar una medalla de plata por la solución de un problema sobre las ecuaciones diofánticas en el Mathematical Repository de William Wallace.
En 1812 se casó en segundas nupcias con William Somerville, inspector médico de la Royal Navy, quien estaba orgulloso de los conocimientos de Somerville y se convirtió en su principal ayudante a la hora de facilitarle contactos con la comunidad científica.
En 1834 se convirtió en la primera persona en ser descrita en forma impresa como «científica”. En el mismo año publicó su análisis de las perturbaciones de la órbita de Urano, que se convirtió en el origen de la investigación del astrónomo John Couch Adams que llevó al descubrimiento de Neptuno en 1846.
Cuando en 1868 John Stuart Mill organizó una petición masiva al Parlamento para dar a las mujeres el derecho al voto, se aseguró de que la primera firma de la petición fuera la de Somerville.
En todos sus trabajos, Somerville desarrolló las aportaciones matemáticas necesarias para comprender mejor las teorías propuestas. Su estilo, riguroso, sencillo y didáctico, contribuyó al gran éxito de su obra y a la atención de la comunidad científica en el siglo XIX.
Mary Somerville falleció en Nápoles el 28 de noviembre de 1872 y The Morning Post la nombró en su obituario como “la reina de la ciencia del siglo XIX».
– Margaret Mead: la antropóloga que redefinió la comprensión de la cultura y el género

En 1901, nacía en Filadelfia (EE UU) Margaret Mead. La fama de esta antropóloga y escritora se debe tanto a la fuerza de su personalidad y a su forma de expresarse, sin pelos en la lengua, como a la calidad de su trabajo científico.
Una de las principales contribuciones de Mead, que falleció en Nueva York en 1978, fue su enfoque en torno a la importancia de la cultura en el desarrollo humano. Es conocida por sus trabajos sobre culturas primitivas y por su influencia en el campo de la antropología social.
A lo largo de su carrera, Mead llevó a cabo una serie de investigaciones en diferentes partes del mundo, incluyendo Samoa, Nueva Guinea y las islas Marquesas. A través de sus estudios sobre las culturas primitivas, demostró que las diferencias en las formas de comportamiento humano no son debidas a diferencias innatas entre los individuos, sino que son el resultado de la influencia de la cultura en el desarrollo individual. También fue una defensora de la igualdad de género y la importancia de la educación en la sociedad.
Entre sus títulos destacados, se encuentra Coming of Age in Samoa, publicado en 1928. En este libro describe su investigación en Samoa sobre la formación de la identidad y el desarrollo de la personalidad en la adolescencia. Male and Female (1949) es otra de sus publicaciones más relevantes y trata sobre la influencia de la cultura en las diferencias de género.
Es muy conocida la anécdota que protagonizó en una conferencia, cuando un estudiante le preguntó cuál consideraba que fue el primer signo de civilización de la humanidad. Mead respondió que “Un fémur fracturado y sanado”, lo que indica la existencia de cuidado de los más débiles.
Durante toda su vida, Margaret Mead fue una activista muy comprometida con el feminismo y los derechos humanos, y se convirtió en una figura muy popular en Estados Unidos.
– Lynn Margulis, la bióloga que situó la simbiosis en el centro de la evolución

La bióloga evolutiva Lynn Margulis fue una de las principales contribuidoras a esta disciplina, gracias a su teoría de la endosimbiosis. Nació 5 de marzo de 1938, en Chicago (EE UU).
En su larga trayectoria recibió las máximas distinciones de la carrera científica en su campo, gracias al tamaño y calidad de su contribución investigadora. Los galardones incluyen la Medalla Nacional de Ciencia norteamericana, la medalla Darwin-Wallace, membresía en las Academias Nacionales de Ciencia de Estados Unidos y Rusia y menciones honoris causa en numerosas universidades, incluidas las de Vigo, Valencia, Autónoma de Madrid y Autónoma de Barcelona.
Tras su paso por las universidades de Chicago, Wisconsin y Berkeley, sus intereses académicos viraron hacia la genética de poblaciones y el interés por unos microorganismos minusvalorados por los científicos del momento, las bacterias, a las que situó de lleno en el mapa evolutivo.
Gracias a su Teoría de la Endosimbiosis Seriada, que Margulis logró publicar tras muchos intentos en el Journal of Theoretical Biology, obtuvimos la respuesta más plausible hasta la fecha a cómo llega una célula procariota (sin núcleo diferenciado y con la información genética dispersa en la membrana) a convertirse en una célula eucariota (con su información genética dentro de un núcleo).
Según Margulis, organismos de origen bacteriano como mitocondrias o cloroplastos se unieron, etapa a etapa, dentro de un sistema más complejo que se mantenía mediante la simbiosis entre sus miembros: el beneficio del conjunto redundaba en el individuo y viceversa. La teoría, que contradecía en parte las enseñanzas evolutivas enunciadas por Darwin (basadas en las mutaciones) le granjeó multitud de críticas e indiferencia por parte de la comunidad científica, pero acabó siendo refrendada yvalidada.
El pulso entre la brillantez y la polémica, entre sus admiradores y sus detractores, entre ella y biólogos como Richard Dawkins acompañaron a Margulis durante toda su vida académica.
– Dorotea Barnés, la pionera de la química en la Edad de Plata española

La científica española Dorotea Barnés González nació tal día como hoy, 21 de diciembre, pero hace más de un siglo, en 1904.
Su trabajo de investigación fue clave para introducir la espectroscopia Raman en España, una técnica que identifica moléculas de sustancias químicas.
Pamplonesa de nacimiento, fue bautizada con el nombre de su madre, Dorotea González.
Su padre, Francisco Barnés, fue catedrático y ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes en la Segunda República. Dorotea Barnés se convirtió en una pionera española del campo de la Química durante la Edad de Plata de las letras y las ciencias.
Barnés estudió en la Universidad Central de Madrid y acudió a los cursos del Laboratorio Foster, ubicado en la Residencia de Señoritas, el centro femenino análogo a la célebre Residencia de Estudiantes. En 1929, obtuvo una beca para estudiar en el Smith College de Massachusetts (EEUU). Fue allí donde se especializó en el manejo de la espectroscopía química, bajo la dirección de Gladys Anslow.
Durante su estancia en EEUU, publicó importantes investigaciones como Algunas características químicas y el espectro de absorción de la cistina, que escribió a seis manos junto con Anslow y Mary Louise Foster. En 1931, Barnés comenzó a trabajar en la Universidad de Yale (EE UU) para continuar sus investigaciones en el Sterling Chemistry Laboratory.
La científica regresó ese mismo año a España, donde recibió el premio extraordinario por su licenciatura en Ciencias Químicas y obtuvo el grado de doctora. Así, comenzó a investigar en la sección de Espectroscopía del Instituto Nacional de Física y Química, que dirigía entonces Miguel Catalán.
Pero Barnés no se quedó mucho tiempo parada. El propio Catalán la encomendó viajar a Graz (Austria) para trabajar en el laboratorio de Friedrich Kohlrausch. La científica, que años atrás había encontrado su interés por la espectroscopía, conoció entonces las modernas técnicas Raman que más tarde introdujo en España.
Su exitosa carrera le consiguió a Barnés la cátedra de Física y Química del Instituto Lope de Vega de Madrid, donde impartió clases hasta la Guerra Civil. La científica y su familia se exiliaron en la localidad francesa de Carcassone hasta 1940. Tras su regreso, el régimen franquista la inhabilitó para la enseñanza y no volvió a investigar. Dorotea Barnés falleció en Fuengirola el 4 de agosto de 2003.
– Josefa Molera, pionera de la cromatografía en España

La científica Josefa Molera Mayo nació el 23 de enero de 1921 en Isaba (Navarra).
Especializada en cinética química y técnicas analíticas de cromatografía de gases, junto a la fotoquímica, sus actividades asentaron nuevos fundamentos en los sistemas de investigación y desarrollo en España.
Molera residió la mayor parte de su vida en Madrid, donde se licenció en Ciencias Químicas por la Universidad Central.
Su condición de mujer no se lo puso fácil para desarrollar su carrera, pero ella luchó contra los prejuicios de la época.
Tras doctorarse con honores y pasar por el CSIC, trabajó en las universidades de Oxford y Sheffield (Reino Unido) con los premios Nobel de Química, Cyril Norman Hinshelwood y George Porter, respectivamente.
A su vuelta a Madrid, puso en marcha líneas de investigación en el Instituto de Química Física. Allí creó el departamento de Cinetoquímica para estudiar la velocidad de las reacciones químicas y los factores que afectan a esta velocidad. La científica dirigió esta área hasta su jubilación en 1986.
Su dominio sobre las técnicas cromatográficas [separación de los componentes de una mezcla para su posterior identificación] le permitió crear esas nuevas líneas de investigación en España, ayudando a implementarlas en, por ejemplo, los análisis de vinos y otras bebidas.
Su temprana y pionera actividad en cromatografía de gases le valió ser elegida presidenta fundadora de la Sociedad Española de Cromatografía y Técnicas Afines, en 1973.
Entre otros reconocimientos, fue galardonada con el premio Alfonso X el Sabio del CSIC en 1966 y Medalla de Química de la Real Sociedad Española de Física y Química.
Josefa Molera falleció en Madrid el 3 de septiembre de 2011 a los 90 años de edad.

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