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The Rolling Stones …


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Biografías y vida/lahiguera.net/Infobae(M.Bauso/P.Andisco/M.S.Gómez)/Viniloblog(G.Milano) Grupo de rock británico integrado por Mick Jagger (Dartford, Reino Unido, 1943), Brian Jones (Cheltenham, Reino Unido, 1944 – Londres, 1969), Keith Richards (Dartford, Reino Unido, 1943), Bill Wyman (Londres, 1936) y Charlie Watts (Londres, 1941).

La historia musical de los Rolling Stones comienza en 1960, cuando Mick Jagger y Keith Richards, dos viejos compañeros de estudios, comienzan a compartir su pasión por la música y el rythm & blues. Al año siguiente crearon un grupo, Little Boy Blue & Blue Boys, junto a Jack Taylor.

En 1962 conocen a Brian Jones. Este se une al grupo de Richards, Jagger y compañía y deciden renombrar el grupo. El nuevo nombre elegido: The Rolling Stones, estaba inspirado en un viejo tema de Muddy Waters, Rolling Stones Blues. Pronto se incorporó Charlie Watts, junto al pianista Ian Stewart.

Ese mismo año Bill Wyman sustituye a Taylor y en 1963 lanzan su primer sencillo, Come On, una versión de una canción de Chuck Berry. Por aquél entonces sólo se dedicaban a realizar versiones de temas conocidos. Ese año realizan su primera gira por Gran Bretaña.

En 1964 publican el primer álbum, The Rolling Stones, el cual sólo disponía de una canción creada íntegramente por ellos. El resto eran versiones de otros artistas. Pero no se limitaban a hacer versiones. El fuerte ritmo que imprimen a los temas y la agresividad que adoptan en sus intrumentos les confiere un aire propiamente suyo. Realizan dos giras por Estados Unidos y aparecen en el show de Ed Sullivan.

Fuera del escenario los expertos en marketing querían darles a conocer como los chicos malos del pop/rock, en contraposición con los Beatles, que podrían ser considerados los chicos buenos.

En enero de 1965 salió su segundo disco, Rolling Stones 2, para el que tomaron influencias de la música negra americana, principalmente de soul.

Por aquel entonces comenzaron a plantearse que, si querían mantenerse en la cima en el mundo de la música tendrían que demostrar su capacidad creativa. Por ello, su mánager les encerró varios días en un hotel para que trabajaran en la elaboración de temas nuevos e inéditos. De allí salieron algunos de sus mayores éxitos. A pesar de ello, su nuevo álbum Out Of Our Heads, seguía manteniendo un buen número de versiones, reservándose los nuevos temas para discos posteriores.

Canciones como (I can’t get no) Satisfaction o Going to a gogo, habitualmente compuestas por el cantante Mick Jagger y el guitarrista Keith Richards, mucho más infuidos por el rhythm & blues que por el propio rock & roll que marcó al grupo de Liverpool.

En 1966 lanzan al mercado Aftermath, compuesto completamente por temas suyos, abandonando las versiones de la música soul americana y los sonidos negros, y siendo considerado como uno de sus mejores discos.

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En 1967 se edita Between The Buttoms, que se vió salpicado por el escándalo en torno a la detención de Jagger y Richards por posesión de droga. Los temas del disco coincidían con el de la detención, al tratar en asunto de las drogas en varias de las canciones.

Con el Lp Their Satanic Magesties Request se llevaron uno de sus fracasos. Intentaron imitar el Sgt. Peppers de los Beatles, pero la crítica les acusó de seguir la estela del otro grupo británico.

En 1968 publicaron Beggars Banquet, lo que supuso la vuelta a la esencia de los Rolling. Una portada provocativa que fue censurada por su propia compañía y que al final apareció totalmente en blanco fue el principio. La continuación, unos temas provocativos que hablaban de luchas, de sensualidad y un recordatorio de la música negra.

En 1969 Brian Jones fue encontrado muerto en su casa, víctima de las drogas. Al grupo se unió Mick Taylor. Este hecho fue seguido por la publicación de un nuevo disco, Let It Bleed, una réplica irónica al Let it Be de los Beatles, en un momento en que el grupo de Liverpool planteaba su disolución. Este disco les encarama definitivamente en la cima del rock mundial.

Jones falleció durante el transcurso de una fiesta al caer en una piscina tras haber ingerido gran cantidad de alcohol; su lugar en el grupo fue ocupado en un principio por el guitarrista Mick Taylor. En 1976, Taylor abandonó la formación y fue reemplazado por Ron Wood.

En 1971 editan Brown Sugar, el primero con su propio sello discográfico y Sticky Fingers, el primero en que utilizan un diseño de Andy Warhol de unos labios como sello del grupo. Este último disco está considerado como uno de los grandes de los Rolling por su calidad instrumental. Con el fin de ahorrarse impuestos los Stones deciden trasladar sus cuentas a Francia.

En 1972 publican un doble disco, Exile On Main Street, un disco de calidad y muy ambicioso. Pretendía ser la puerta de entrada para una gran gira por Estados Unidos y había que cautivar al público. Fue número uno en Inglaterra y en USA.

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La década de los setenta avanzaba y los Rolling continuaban sacando discos, alternando calidades. Así, en 1973 publicaban Goats Head Soup y en 1974 It’s Only Rock’n Roll, para cuya promoción llenaron las calles de Londres de pintadas que decían eso: Es sólo rock and roll. Fue el último disco de Mick Taylor en la banda, que fue sustituído por Ron Wood, ex The Faces. También editaron un álbum en directo, Love You Live.

Hasta 1978 no sacaron su siguiente disco de estudio, Some Girls, considerado por la crítica como uno de sus mejores discos.

La década de los ochenta comenzó con la firma de un supermillonario contrato de los Stones con la CBS. Por él, los Stones recibirían varios millones de dólares por cada disco publicado. Fruto del acuerdo fueron discos como Emotional Rescue, seguido de Tattoo You en 1981, Stiff Life en 1982, Undercover en 1983 y Dirty Work en 1986.

El disco que elevó la calidad media de la década fue Steel Wheels, de 1989, en el que basaron una nueva macrogira mundial y un nuevo álbum en vivo basado en dicha gira, Flashpoint.

En 1990 realizan una gira por Japón y Europa, en la que fueron seguidos por más de dos millones de espectadores y generando unos ingresos cercanos a los doscientos millones de dólares.

En 1994 publican un nuevo disco, Voodoo Lounge y un año después sacan a la luz Rock And Roll Circus, grabado en 1968 y que nunca había sido publicado.

En 1995 editan Stripped y en 1997 Bridges To Babylon, con el que comienzan una nueva gira por todo el mundo con infinidad de conciertos y que les generan unos grandes ingresos.

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Después de varias giras y la publicación de discos en directo y recopilatorios como Forty Licks (2002) y Live Licks (2004), en 2005 regresan con nuevo disco de estudio A Bigger Bang y nueva gira mundial de presentación.

A los Rolling Stones se les ha presentado siempre como los rivales históricos de The Beatles.

Dentro de esta comparación, los Stones representaron la corriente más agresiva de la música rock, aun cuando alcanzaron el estrellato de mano de la canción I wanna be your man, compuesta por los beatles John Lennon y Paul McCartney.

Los Rolling Stones destacan por ser un grupo de una extraordinaria longevidad, pues en 1964 iniciaron su primera gira de conciertos por Estados Unidos y todavía en 1997 llevaban a cabo giras mundiales tan relevantes como la de presentación del disco Bridges to Babylon.

En 2016 seguían grabando álbumes de estudio (los últimos de la banda son A Bigger Bang, de 2005, y Blue & Lonesome, lanzado en 2016) y ofreciendo recitales en directo. Este hecho, unido a su calidad musical, los ha convertido en verdaderos mitos de la música popular.

Aparte de su faceta musical, Mick Jagger ha realizado dos películas como actor, Performance (1970), filme de estética psicodélica en el que el propio Jagger muestra el camaleónico estilo de su íntimo amigo David Bowie, y Freejack (1992). Junto al inmenso reconocimiento popular de que disfrutan a nivel mundial, los Stones recibieron en 1986 el Grammy por su carrera musical y en 1989 fueron incluidos en el Rock and Roll Hall of Fame.

En 1993, Keith Richards pasó a formar parte del Hall of Fame de compositores de canciones, y en 1994 la cadena estadounidense MTV otorgó al grupo su premio en reconocimiento a su carrera artística.

Además, el 10 de noviembre de 1994 los Rolling Stones se convirtieron en el primer grupo de rock & roll que retransmitieron un concierto en directo a través de Internet.

– Amor por el blues, perdición por las drogas y las mujeres: vida, obra y tragedia de Brian Jones

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Él creó la banda. Fue su idea. Era tocar blues cuando el blues era algo inaudito en Inglaterra (…). Era muy raro que supieras la existencia de esa música. Él se enteró y quería formar una banda para tocar esto, que en ese momento no era comercial. Y luego pasó meses buscando músicos que supieran algo sobre el blues. Pero él dio el nombre de la banda, eligió a los músicos. Decidió el estilo de música que tocaríamos, cómo y dónde. Y se preocupó por conseguirnos conciertos”. Las palabras son de Bill Wyman, bajista de The Rolling Stones hasta 1993, para referirse a la existencia de Brian Jones, el responsable de haber iniciado este fuego sagrado que sigue hasta hoy.

Jones nació el 28 de febrero de 1942, exactamente hace 80 años. Y murió trágicamente el 3 de julio de 1969, a los 27 años, en circunstancias no del todo esclarecidas. En el medio, una vida, una obra y un legado, signados por la genialidad y también los excesos.

Lewis Brian Hopkin vio la luz en Cheltenham, ciudad del condado de Gloucestershire, Inglaterra. Fue criado en el seno de una familia de clase media alta, conformada por Lewis Blount Jones -un ingeniero aeronáutico fanático del jazz- y Louisa Beatrice Jones -profesora de piano-. De hecho, fue su mamá quien lo acercó a la música al darle sus primeras clases y animándolo a tocar la flauta y el clarinete.

De a poco, el joven Brian mostró facilidad para dominar instrumentos como la guitarra, la armónica, teclados, trompeta, bajo, cítara, marimba, banjo, clarinete, xilófono, flauta, acordeón, violoncelo y hasta el arpa. Era un prodigio musical que, además, disfrutaba mucho de cantar. Virtudes que años más tarde aportaría en el desarrollo de su banda.

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Brian Jones en 1965

Sin embargo, el niño genio comenzaba a darle espacio al adolescente rebelde. En la época de la escuela secundaria, comienzan a aparecer los actos de rebeldía: rateadas de las clases, primeras experiencias con las drogas e, incluso, un embarazo precoz. Cuenta la leyenda que a los 16 años, Brian dejó embarazada a una chica de 14 y que al nacer el bebé fue entregado en adopción. Por aquellos días, Jones también volcaba sus intereses hacia el blues y del jazz, fanatismo que lo llevó a ser parte de distintos grupos que animaban los circuitos locales.

Si bien Brian seguía firme en su espíritu de experimentar con todos los instrumentos posibles, por aquel entonces se volcó definitivamente a dominar la guitarra sin más herramientas que confiar en su intuición y su oído. No sin cierta obsesión, escuchaba una y otra vez el mismo simple hasta poder emular a la perfección la música que tenía ante sí. Y una vez adquirida la canción, le agregaba su propio toque. En esas maratónicas sesiones, descubrió que sus ídolos del blues se valían de un objeto para “estirar” su sonido: se trataba nada más y nada menos que del slide, un complemento que lo acompañaría en su carrera e, incluso, sedujo a quienes luego serían compañeros de banda.

Mick Jagger y Keith Richards eran compañeros de colegio y fanáticos del blues, que una noche de abril de 1962 entraron a un pub y quedaron hipnotizados por el guitarrista rubio con mirada de enfant terrible que se hacía llamar Elmo Lewis, que tocaba su música favorita con el oficio de los grandes maestros, en una afinación inusual y valiéndose del slide. Inmediatamente quisieron conocerlo, supieron que se llamaba Brian y ese encuentro casual sentaría las bases de lo que luego fueron los Rolling Stones.

La banda se completó con la fusión de dos incipientes bandas y con la incorporación de músicos que llegaron tras ver un aviso en una revista. El nombre fue casi calcado de la canción “Rollin’ Stone” del bluesman estadounidense Muddy Waters, por iniciativa de Jones. Y luego de algunas idas y venidas, la formación inicial quedó establecida con Brian, Mick, Keith, Charlie Watts, Bill Wyman y Ian Stewart en el piano.

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Desde el comienzo, Brian se impuso sobre el resto de los Stones queriendo tomar las decisiones artísticas e, incluso, comerciales. Sin embargo, con el ingreso del manager Andrew Loog Oldham -quien se posicionó como el “descubridor” de la banda- su poder fue socavado. Así, muchas de las canciones que Brian compuso no llegaron a los álbumes del grupo porque el promotor prefería ensalzar a la dupla Jagger-Richards, tanto en lo creativo como en la imagen.

Con todo, Brian se las arregló para cristalizar su genio en los riffs y los arreglos de muchas de las canciones de la primera etapa del grupo. También supo agregar instrumentos poco habituales para una banda de rock de la época, como la mandolina, la marimba -ver “Under My Thumb”-, el sitar -chequear “Paint it Black”- el mellotron o el arpa. Otro de sus grandes aportes a la estética Stone fue el look desprolijo que escandalizaba a Inglaterra pero que tenía gran impacto sobre la juventud. Al mismo tiempo, se agudizó su relación con las drogas mientras que consideraba menores y “demasiado comerciales” las canciones que componían sus compañeros a instancias de Oldham.

Brian se aburría del rumbo que tomaba el grupo -decidió irse de viaje por Marruecos en lugar de formar parte de las sesiones de grabación del disco Beggars Banquet-, aunque se encendía cuando las cosas se ponían más arriesgadas y psicodélicas -como en el errático Their Satanic Majesties Request-. En tanto, su vida personal seguía siendo un tormento. Se enamoraba compulsivamente de mujeres a las que dejaba embarazadas: se cuentan alrededor de cinco hijos naturales (varios se llaman Julian), pero no se sabe si hay más por reconocer, ya que los padres de Brian nunca quisieron hacerse ningún tipo de análisis.

También era violento con sus novias. En ese sentido, su relación con la modelo Anita Pallenberg fue la más icónica y polémica. “Algunas noches podía escuchar los golpes y ver salir a Brian con un ojo morado. Brian era un golpeador de mujeres. Pero la única mujer en el mundo a la que no te convenía intentar pegarle era a Anita. Cada vez que se peleaban, Brian terminaba vendado y lleno de moretones”, contó Keith Richards en su autobiografía Vida.

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“La relación de Brian con Anita había llegado a un callejón sin salida por culpa de los celos cuando ella se negó a renunciar a sus trabajos como actriz para dedicarse a estar en casa como una geisha, una fan, un puching-ball y cualquier otra cosa que se le fuera ocurriendo a Brian, incluida la participación en orgías, cosa a la que Anita siempre se negó rotundamente”, contó Richards, quien terminaría siendo pareja de la modelo tras el desastre en el que se había convertido Brian. “Yo no podía avanzar sobre la chica de mi amigo, ni siquiera con ese amigo convertido en un verdadero idiota”, dijo Keith.

“Brian invitó al hotel a dos putas muy tatuadas, las paseó por el pasillo y las metió en su habitación, mientras intentaba obligar a Anita a sumarse a la escena, humillándola adelante de esas dos. Empezó a tirarle la comida que estaba en las bandejas que había pedido que les subieran”, relató Keith para contar cuál fue el hecho que lo llevó a formalizar con Pallenberg. Lo que hizo que Brian terminara de enloquecer en un espiral de drogas y descontrol. Su estado físico y psicológico eran deplorables y se venía un nuevo disco de los Stones.

A mediados de 1969, la banda estaba trabajando en las canciones de Let It Bleed, pero Brian no estaba en condiciones de ser parte del proyecto. Incluso, fue despedido de la banda que él mismo fundó, después de reiterados faltazos a las grabaciones. Mick y Keith lo visitaron en la granja en la que vivía -se la compró al creador del tierno dibujo animado Winnie The Pooh– para avisarle que todo se había terminado.

“El viejo sonido de los Stones ya no es de mi gusto. Creo que está desactualizado. Quiero escribir mi propia música y tocar. Después de una discusión amistosa, llegamos a la conclusión de que la separación es la única solución”, dijo Brian en su última entrevista, con la revista alemana Bravo.

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Brian Jones en 1968

El 3 de julio de 1969, un mes después de haber sido despedido de los Stones, Brian Jones apareció ahogado en la pileta de su mansión conocida como Cotchford Farm. El informe oficial señalaba que su muerte se debió a un ahogamiento tras sufrir un ataque de asma -enfermedad que desarrolló desde su niñez- mientras nadaba. Esa noche, Jones estaba junto a su novia Anna Wholin, Frank Thorogood -un contratista encargado de las reformas en la casa- y Janet Lawson, amiga de Thorogood. Los testigos relataron que hacia la medianoche, el stone decidió nadar solo y, un rato más tarde, su novia lo encontró en el fondo de la pileta, muerto y sin signos de violencia en el cuerpo. Tenía 27 años.

Desde ese momento hasta hoy, se elucubraron distintas teorías en torno a la muerte de Jones, desde un ajuste de cuentas por drogas hasta una asesinato por encargo. Richards, incluso, dio pie a otra versión: “Conocí a Frank Thorogood, que en su lecho de muerte confesó que él había ahogado a Brian en la pileta. Por ahí lo empujó, pero su intención no era matarlo. Seguro terminó hartando a los obreros, quejoso hijo de puta. Más allá de que ellos hayan estado o no ahí, su vida había llegado a un punto en el que nada tenía sentido”, dejó asentado en su libro.

Al funeral de Jones asistieron sus compañeros de banda Charlie Watts y Bill Wyman, mientras que Mick Jagger, Keith Richards y Anita Pallenberg brillaron por su ausencia. El réquiem para Brian sonó dos días después de su muerte, cuando los Stones dieron un multitudinario show gratuito en el Hyde Park de Londres. En esa ocasión fue presentado Mick Taylor, su reemplazante.

– El día que Charlie Watts se sumó a los Rolling Stone

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Durante casi 6 décadas, Charlie Watts fue el corazón de Los Rolling Stones, Fue el baterista, quien mantuvo unidos a Keith Richards y Mick Jagger en los peores momentos. Watts fue el último en llegar para redondear la formación que grabó desde los primeros singles hasta la muerte de Brian Jones, en 1969.

El baterista siempre estuvo rondando el espectro del grupo ya que era un integrante regular de la formativa Alexis Korner Blues Incorporated, donde los proto Stones hicieron sus primera armas.

“Babeamos por Charlie durante meses”, le contó Richards a la revista Variety en una entrevista reciente. “Él empezó a asistir a los ensayos, que era todo lo que hacíamos en esos días: ensayar”.

La tranquilidad y la quietud que siempre mostró no le llegaron con los años. La fama, los millones, los estadios desbordantes no cambiaron su forma de ser. Era el Rolling Stone discreto, quieto. El hombre sin estridencias pero con atributos.

A principios de los años sesenta, Charlie Watts ya era un baterista conocido en el circuito de R&B de Londres. Tocaba en varias bandas, entre ellas la más importante era Blues Incorporated, que integraban varios músicos que luego harían una gran carrera: su líder Alexis Korner y Jack Bruce (Ginger Baker, también integrante de Cream como Baker, reemplazó a Watts tras su partida).

Al mismo tiempo se ganaba la vida como diseñador gráfico. Keith Richards y Mick Jagger lo querían en su banda: Pensábamos que había sido tocado por la gracia de Dios”, escribe Keith. Sabían que era el mejor baterista del ambiente. Cuando se acercaron a él, Watts les hizo una pregunta prosaica: “¿Vamos a ganar plata?” Porque yo necesito cobrar. Vivo de esto”.

Él necesitaba al menos que le aseguraran dos shows semanales. Pero cuando empezaron a tocar juntos hubo algo que al principio no funcionó del todo bien. Las partes no conseguían congeniar. Mick y Keith buscaban más energía, algo más musculoso. “Charlie tiene swing. Pero todavía no tiene el sonido correcto”, anota Keith en su diario. Ellos creían que no sabía rockear. A las pocas semanas el tándem con Bill Wyman se había afianzado y los Rolling Stones descansaban en su baterista tranquilo.

El 2 de febrero de 1963, Keith anota en su diario que su banda dio un show magnífico. Se lo lee exultante. La base rítmica ya es la clásica: Bill Wyman y Charlie Watts. Los Rolling Stones tomaban su fisonomía definitiva.

Andrew Loog Oldham, productor en los sesenta de la banda, cuenta en Rolling Stoned, su libro de memorias, la primera vez que vio a Charlie Watts tocando con los Stones y la impresión que le causó: “El baterista parecía haber sido transportado por un rayo y daba la impresión de no escuchárselo tanto cómo se lo sentía. Yo disfrutaba la presencia que aportaba al grupo, así como su forma de tocar.

A diferencia de los otros cinco que no tenían saco, él tenía los dos botones superiores del suyo meticulosamente abrochados por sobre una pulcra camisa de cuello con botones y una corbata, conjunto indiferente a la temperatura de la sal. Tenía el cuerpo detrás del set de batería y la cabeza girada a la derecha, con un distante y calculado desdén. Era el único, el eterno hombre de su propio mundo, caballero del tiempo, del espacio y el corazón. Había conocido a Charlie Watts”.

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El estilo de Watts mezclaba el jazz con el rock. Tenía personalidad y sutileza. Y mucho sentimiento. En cada tema hizo lo que su banda necesitaba de él. Y contaba con una virtud fundamental de la que carecen la mayoría de los que tocan su instrumento: no era para nada pretencioso.

Su origen de baterista de jazz se notaba en el escenario. Estaba en la economía de gestos, en el ritmo diferente, en la falta de rigidez. Keith dijo: “Tiene controlado el sentimiento, la soltura, y ahorra mucho. Como él es un baterista de jazz, nosotros en el fondo somos una banda de jazz”.

Los bateristas siempre fueron los relegados. Los que no cantan, los que están detrás de todo, ocultos entre los parches y platillos. Son el soporte rítmico (y hasta moral) de las bandas. En los que todos se apoyan. Un puesto diferente, solitario. Las tácticas que han utilizado a lo largo de los años para hacerse notar, además de los extensos solos, demostraciones más musculares que musicales, han sido similares. Una especie de tradición entre los bateristas de las grandes bandas es estar siempre del lado de los excesos. Un linaje: Keith Moon, John Bonham y hasta Ringo Starr.

Charlie Watts se ubicó en las antípodas. Prefirió pasar desapercibido. Él hizo su trabajo con precisión y cierta gracia pero sin morisquetas, sin fuegos artificiales. Una buena demostración de ello fue su set de batería. Hace décadas que los bateristas se refugian en una parafernalia monstruosa con equipos desmesurados que parecen grandes acorazados. Charlie siempre siguió tocando con su set básico, con no demasiadas incorporaciones a su equipo de los sesenta. Con lo que tenía le bastaba para tirar para adelante, para sostener a la banda de rock más poderosa de la historia.

“De no haber sido por Charlie, yo nunca hubiera seguido aprendiendo y creciendo. Charlie con el equipo básico que tiene puede empujar lo que quiere. Nada ostentoso pero cuando empieza a tocar es una bomba”, explicó Keith Richards.

Charlie no tenía pinta de rockero. Alguien lo podría confundir con un escribano, un banquero o un terrateniente. Vestía siempre de manera impecable. No se permitía aparecer en público desalineado (después de conocer la anécdota con Jagger y la trompada de madrugada hasta podemos decir que tampoco en privado). Varias veces fue distinguido por las revistas de moda por su manera de vestir.

Estaba casado desde 1964 con la misma mujer, Shirley Ann Shepperd. El peor momento lo pasaron a principios de la década del ochenta. Una crisis personal llevó a Charlie a involucrarse con el alcohol y las drogas. Fueron tres años en los que el consumo estuvo a punto de apoderarse de él. Pero con el apoyo de Shirley pudo salir adelante.

Cuando los Stones se dispusieron a grabar en una mansión francesa Exile in The Main Street, Charlie alquiló una vivienda a cientos de kilómetros del lugar. Fue el único de la banda que decidió no vivir allí. Sólo iba a las grabaciones. “Odio dejar mi casa. Amo lo que hago pero disfrutó mucho más dormir cada noche en mi casa”, declaró.

Vivía con Shirley en Devonshire, Inglaterra. La fortuna que alcanzó se calcula en los 200 millones de dólares.

Una imagen, un rito de Watts describe de manera cabal los hábitos que mantuvo en las giras alocados de los Rolling Stones, repletas de historias legendarias en las que se mezclan de la manera más impensada drogas, excesos, groupies y destrozos. El baterista tenía la costumbre de dibujar cada una de las enormes suites que visitaba en sus giras. El resto durante décadas (ya no: los años pasan para todos) destrozaban esa mismas habitaciones. Charlie, a diferencia de sus compañeros, no demolía hoteles: se la pasaba dibujando hoteles.

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Estas diferencias, muchas veces ostensibles, con el resto de sus compañeros de banda sólo le hicieron ganar el respeto del resto. Y lo convirtieron en la voz confiable, en el razonamiento ecuánime en los momentos álgidos. Era a quien recurrían cuando había un problema interno serio. Sabían que Charlie era el único que lo podía resolver. Cuando Bill Wyman dejó la banda, después de considerar varios candidatos, el elegido fue Darryl Jones. Mick y Keith dejaron que la decisión final la tomara Charlie. Por un lado confiaban plenamente en su criterio; por el otro, era lo más razonable que el otro integrante de la base rítmica eligiera a su ladero.

En 2004 padeció un cáncer de garganta. Mientras atravesaba la enfermedad sus compañeros le dijeron que tenían un disco nuevo pero que no iban a grabar hasta que él regresara. Así que A Bigger Band tuvo que esperar a que Charlie se restableciera. Como también ocurrió en los Beatles, ante las constantes peleas del dúo de compositores, el primero en abandonar el grupo porque el clima de trabajo era nocivo, fue el baterista. Igual que en el caso de Ringo, el resto de la banda fue a buscar a Charlie para que regresara.

Hace unos años le preguntaron sobre el posible final de los Rolling Stones: “Amo a Mick, a Keith, a Ronnie y me gusta mi trabajo. Pero si se acaba no pasa nada. Puedo seguir viviendo sin los Stones”, dijo.

Charlie Watts fue el héroe accidental. El que no estaba diseñado para triunfar, el que de manera natural le escapó al estruendo. Fue desde hace casi sesenta un Rolling Stone, el Rolling Stone en el que descansan los demás, el que les permitía la libertad de correr y volar por el escenario mientras él los miraba y les cuidaba las espaldas. Charlie Watts fue el baterista tranquilo, taciturno, de ritmo perfecto.

Charlie Watts murió a los 80 años el 24 de agosto de 2021. La tranquilidad y la quietud que siempre mostró no le llegaron con los años. La fama, los millones, los estadios desbordantes no cambiaron su forma de ser. Era el Rolling Stone discreto, quieto. El hombre sin estridencias pero con atributos.

– A 30 años de la renuncia de Bill Wyman a los Stones

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Nadie deja esta banda a menos que sea en un ataúd, dijo alguna vez Keith Richards. Bill Wyman, poco después, lo desmintió. En enero de 1993, treinta años atrás, el bajista renunció a los Rolling Stones.

Wyman siempre fue el que menos atención atrajo, el que pasó más desapercibido. Tal vez sea, de las bandas más importantes –de las gigantes, de las que son o fueron más grandes que la vida real- el miembro menos conocido, del que menos se ha hablado.

Antes de irse, había estado treinta años en los Stones. Su decisión sorprendió. Nadie se la esperaba. El negocio musical estaba cambiando y el grupo, con sus giras elefantiásicas, recaudaba más que nunca (“No te vayas ahora que por primera vez la plata grande nos llueve”, le dijo su amigo Charlie Watts) y habían firmado un contrato discográfico por casi 50 millones de dólares.

A principios de los noventa, había atravesado por un tsunami personal tras el divorcio de su segunda esposa y de que se conociera públicamente de que la había conocido cuando ella tenía 13 años. Había, también, desarrollado pánico a los aviones. No quería volar más y las giras globales de los Stones se trataban de vivir la mitad del tiempo sobre aviones. Su relación con Mick y Keith no era la mejor, se sentía subestimado como artista.

Y, además, no veía nada nuevo en el horizonte de la banda: “No me voy a pasar otras dos décadas tocando los mismos temas que compusimos en los sesenta y a principios de los setenta”, profetizó con bastante precisión. “Esto no estaba pensado para durar tanto tiempo”, les explicó a sus compañeros.

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De todas maneras, los demás miembros de la banda siguieron creyendo que se trataba de una decisión pasajera. Pensaban que Bill estaba abrumado y que un poco de tiempo de descanso bastaría para que extrañara lo suficiente y decidiera volver. Dos años después del anuncio, se juntó a cenar con Charlie Watts (con el que siempre había permanecido en contacto) y con Mick Jagger. En medio de la comida, cuando se dio cuenta de que Wyman sólo hablaba de la banda en pasado, Mick le preguntó: “¿Te pensás ir entonces?”. La carcajada de Bill rebotó contra los techos del restaurante y se clavó como un escupitajo en el pecho de Jagger: “Hace dos años me fui”.

El bajista ya había dado varios avisos de su posible deserción. Pero los demás preferían no escucharlo. “Bill no paraba de decirnos que aquella sería su última gira y que en cuanto llegara a casa dejaría la banda. Todos sabíamos que odiaba volar, pero ninguno de nosotros creía que su odio a los aviones sería más fuerte que sus ganas de seguir siendo un Stone”, contó Ron Wood en su autobiografía.

Tiempo después Wyman dijo: “Cuando dejé a los Stones, tomó algunos meses reconstruir la relación con ellos. Fue bastante estresante y no querían que me fuera, así que no se lo tomaron bien, se pusieron de mal humor. En lugar de ser amable y decir ‘Fueron 30 años muy buenos; salud, compañero’, Mick decía las cosas más absurdas y estúpidas, con esa actitud caprichosa que siempre tuvo”.

Bill Wyman se refería al comentario hiriente del cantante cuando se percató de que su viejo compañero no volvería: “No se preocupen –les dijo a los otros- en último caso toco el bajo yo: no puede ser tan difícil”.

En público, ante los periodistas, la declaración de Jagger era más civilizada pero tampoco rebosaba cariño: “Bill ha decidido que no quiere continuar por las razones que sean. No tengo idea cuáles son. Pregúntenle a él. Lo vamos a extrañar pero no va a ser un problema: conseguiremos a alguien bueno”

Richards era más realista. Sabía que en cualquier banda, y mucho más en los Stones, modificar la sección rítmica es un asunto delicado y que todo el andamiaje podía tambalear. Nadie se entendía como Watts y Wyman: era una química y una base irremplazable. El otro problema era que las giras se habían convertido en grandes monstruos: largas, con mucho personal y demasiados kilómetros y la buena convivencia entre los miembros era indispensable. Y ellos sabían que Bill no hacía problemas.

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Nació en 1936 en el sur de Londres. Lo llamaron William John Perks. Fue uno de los seis hijos del matrimonio formado por un albañil y un ama de casa. Durante la Guerra la situación se puso difícil. A pesar de que le iba bien en el colegio, el padre lo sacó de él y lo puso a trabajar. Fue empleado en una fábrica de motores y también manejó apuestas. A los 10 años comenzó a tomar clases de piano. Los adultos se maravillaron de la facilidad con los instrumentos. Al poco tiempo tocaba, además del piano, la guitarra, el bajo y varios de percusión. Aunque la calle seguía siendo su territorio preferido.

A los 23 años se casó con Diane Cory, una empleada bancaria de 18 años. Tuvieron un hijo llamado Stephen. En esa época ya estaba establecido como bajista tocaba con varios grupos de la ciudad.

Odiaba su apellido. En 1964 se lo cambió oficialmente. El trámite le salió caro. 25 libras esterlinas de ese tiempo. Eligió llamarse Wyman, inspirado en su mejor amigo en el ejército Lee Whyman, que era gracioso, tenía éxito con las mujeres y era un gran jugador de fútbol. Tal vez, creyó que el nuevo apellido haría cambiar su suerte. Y, por lo que siguió, no se equivocó. Muchos años después declararía: “Esa decisión, ese trámite, cambió mi vida. Empecé a sentir confianza en mí, estaba orgulloso de ese nombre”:

Pero lo que en verdad cambió la vida de Bill fue haber ingresado en diciembre de 1962 a una banda de Rythm & Blues integrada por unos chicos más jóvenes que él: los Rolling Stones. Él tenía 26 años, 6 más que ellos. Y un bajo y un amplificador Vox que los deslumbró: era un equipo muy sofisticado para la banda que recién se estaba formando. Además había hecho una modificación en su instrumento y lo había convertido en fretless (es decir, sin trastes); eso le daba un sonido único. Bill Wyman fue el gran precursor del fretles.

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Bill Wyman con Suzanne Accosta, su tercera esposa. Están casados desde hace tres décadas y tuvieron tres hijas.

La diferencia de edad, en los primeros tiempos, pareció que podía ser un obstáculo pero todo se asentó cuando descubrieron su serenidad y, en especial, cuando ingresó el nuevo baterista, Charlie Watts y conformaron una dupla inexpugnable.

El éxito les llegó rápido. Los Rolling Stones se convirtieron en una sensación (aunque nadie pensaba aún que podían durar tanto tiempo: la vida útil de las bandas era corta). Su matrimonio con Diane era infeliz. Y Wyman aprovechó la vida de rutas, shows y fama de los Stones para estar con todas las chicas que pudo. En silencio, con perfil bajo (comparado con Brian Jones, Jagger y Richards) persiguió récords sexuales.

En algún momento, en el transcurso de alguna gira de los años sesenta, hizo un recuento de las mujeres con que había estado cada uno de los Stones en ese lapso: él lideraba con 246 mujeres, lo seguía Brian con 128, después Mick con 30, Keith estaba penúltimo con 6 y Charlie Watts cerraba ese ranking extraño con cero conquistas: el baterista le era fiel a su esposa.

Se justificaba explicando que una vez que uno se acostumbraba, las giras funcionaban como El Día de la Marmota: cada día era exactamente igual al anterior, aburridos, sin sorpresas. Viaje, hotel, ensayo, show, aeropuerto y el loop que volvía a empezar con el ruido de fondo de las chicas aullando en la puerta del hotel, por los pasillos, contra la ventanilla de los autos. Solía decir que esa era su adicción: el sexo.

“Todos teníamos alguna y la mía era la menos peligrosa de todas. Al menos no podés morir de sobredosis. Cuando el cuerpo dice basta, se terminó. Aunque sea por esa noche”.

Nunca demostró demasiado afecto público por Keith y por Mick. Su gran amigo fue su socio en el escenario, Charlie Watts. También se llevaba muy bien con Brian Jones. Salían juntos. Y, tal vez para menospreciar el trabajo de los otros dos, solía decir que Brian había sido el que había convertido a los Rolling Stones en una gran banda; que sin Jones, Richards y Jagger hubieran terminado tocando en alguna banda local. Parece una respuesta directa a la subvaloración que los dos siempre hicieron durante décadas de su aporte al grupo. Casi no le dejaban incorporar temas de su autoría –solo dos en treinta años- ni le permitieron mayor protagonismo.

“Nunca tuve grandes charlas con los otros miembros sobre temas personales. Sólo con Charlie. En los Stones nada se habla demasiado en profundidad. Salvo, claro, que sea un asunto de negocios”, dijo con cierto sarcasmo.

Se volvió a casar en 1989. Su esposa fue Mandy Smith. Ella tenía 19 años y él 53. No se trató del deslumbramiento de una noche y de un casamiento veloz. Él la había conocido cuando ella tenía 13 años y eran pareja desde hacía al menos 5 años. Es decir desde que ella tenía 14. El romance recién se conoció, llegó a la tapa de los diarios, cuando Mandy cumplió los 16 años, la edad mínima de consentimiento sexual para la ley británica. Bill dijo que era verdadero amor. Pero más allá de los chismes y de algún título encendido casi nadie habló de violación y de abuso, y él continuó con su vida.

Tuvieron un hijo y se divorciaron dos años después de la boda. Cuando le preguntan por esa relación, Wyman farfulla y no da respuestas demasiado coherentes. Tampoco muestra arrepentimiento. Las últimas veces que se refirió al tema fue hace varios años. Todavía no había surgido el MeToo y muchos pensaban que una relación de ese tipo era parte de la vida de un rockero: la gran Jerry Lee Lewis.

Lo que es seguro es que no fue motivo de cancelación ni de juzgamiento (la primera –y muy tardía- reacción de rechazo ocurrió en festival de cine documental de Sheffield en 2019: las protestas de un grupo de activistas hicieron suspender la exhibición de un documental y la entrevista pública que le iban a realizar al bajista). En 2006 en una entrevista con el diario inglés The Guardian, Wyman declaró: “Fue un completo desastre. No sé cómo pude pensar que iba a funcionar.

Ella, en el medio, en 1985, 1986, se enfermó, se puso verdaderamente flaca. Casi se muere”. Y posiblemente ni siquiera en ese momento, Wyman supiera el verdadero significado de lo que está diciendo. Pareciera que disociara la anorexia de la chica de 15 años con la relación con él, un hombre de más de 50. “Fue un error que cometí. Todos nos equivocamos. Seguí mi corazón”, declaraba sobre la relación.

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En 1989 se casó con Mandy Smith. Ella tenía 19 años. Se habían conocido 6 años antes y la relación había comenzado cuando Mandy tenía 14. 

Para que todo se pusiera más raro todavía, Stephen, el hijo de Bill, se puso de novio con la madre de Mandy, convirtiéndose simultáneamente en padrastro e hijastro de la adolescente.

La tercera esposa de Wyman fue la definitiva, con la que sigue casado hasta hoy. El mismo año que dejó a los Stones se casó con Suzanne Accosta, una antigua novia de los setenta, y tuvo tres hijas.

En 1981, Bill Wyman editó (Si Si) Je Suis a Rock Star, un tema débil, algo bobalicón pero pegadizo, que llegó al top 20 en varios países. Sus compañeros de banda se mofaron cada vez que pudieron de la canción y él les respondía que había sido el primero de todos ellos en tener un tema solista tan alto en las listas.

En 1997 volvió a la música y formó su propia banda de Rythm & Blues. Bill Wyman´s Rythm Kings junto a un seleccionado de veteranos músicos ingleses. Durante más de 15 años tocó regularmente con los Rythm Kings y sacó varios discos.

A Wyman le gusta el fútbol. Es hincha del Crystal Palace. En 1990 alegó enfermedad y se bajó de algunas fechas de la gira. En realidad, necesitaba tiempo para estar en Wembley porque su equipo jugaba, por primera vez en la historia, la final de la FA Cup contra el Manchester United. El primer partido terminó empato 3-3 y tuvieron que jugar un desempate días después que ganó el equipo de Sir Alex Ferguson, dejando desconsolado a Wyman.

Pero el fútbol no es su único hobby. Es un gran memorialista y archivista. Lleva un diario personal desde su adolescencia. Allí tiene registrados todos sus días como Rolling Stone (utilizó varios fragmentos en sus libros de memorias). Además juntó material y memorabilia de la banda durante décadas y es el mayor coleccionista de objetos Stones en el mundo. Hace un par de años vendió en una subasta un millar de ellos.

También es arqueólogo amateur. La afición la adquirió a fines de los sesenta cuando compró un castillo con varios siglos de antigüedad y en sus jardines fue encontrando monedas de oro antiguas. Con el tiempo diseñó y desarrolló un detector de metales que terminó patentando.

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Desde su salida de los Rolling Stones, Wyman toco con su banda The Rythm Kings, con la que sacó varios álbumes y publicó libros de memorias. También se dedicó a la arqueología de manera amateur. 

Cuando en 2012, los Rolling Stones celebraron sus 50 años, lo invitaron a tocar en esos shows londinenses en el 02 Arena. Pero le dieron muy poco espacio (lo mismo sucedió con Mick Taylor del que también es muy amigo). Sólo dos temas -It´s Only Rock and Roll y Honky Tonk Woman-, un aplauso de compromiso y siguieron con Darryl Jones, el bajista contratado para ocupar su lugar desde que él renunciara. A Bill la actitud lo desilusionó. Creyó que tendría más lugar.

Bill Wyman, el Rolling Stone callado, el bajista invencible, se recuperó de un cáncer de próstata y en octubre pasado, cumplió 86 años. Hace un tiempo que está alejado de los escenarios.

– El fin de una era: Mick Taylor dejaba los Rolling Stones

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Era junio de 1969, y ante los continuos problemas que generaba por su crónica adicción a las drogas, Mick Jagger y Keith Richards despidieron a Brian Jones, el multi-instrumentista que le dio el nombre final a la banda, y que también ha sido responsable de su estilo ecléctico y experimental en sus primeros años en “la carretera”.

Para ese entonces, Jones estaba completamente inhabilitado para ir de gira o tocar con sus compañeros: apenas podía sostener la guitarra, no podía mantener una conversación coherente, no asistía a los ensayos… En fin, el otrora líder y genio creativo de los Stones no era más que una carga para sus compañeros, y tuvo que ser apartado del camino.

No obstante, su inminente salida no fue para nada traumática. Al contrario, Jones estaba consciente de que pronto llegaría de su despido y no opuso ninguna resistencia. Según algunos autores, ni siquiera estaba al tanto de todo lo que sucedía a su alrededor, y eso hizo que el proceso se llevara sin ningún inconveniente.

Paralelamente, y ante la incapacidad de Jones, los Stones buscaban a un guitarrista que podía acoplarse a su estilo de alternar guitarra rítmica con solista, ya que Keith Richards, si bien es un prolífico virtuoso creando riffs y un sólido guitarrista rítmico, su estilo como solista era muy tosco y no le daba cuerpo al sonido.

Y para ello, Jagger llamó por recomendación de John Mayall al joven guitarrista de sus Blues Breakers: Michael Kevin Taylor (Welwyn Garden City, 1949), quién no esperaba su llamada y a la hora de ensayar, su virtuosismo no dejó indiferente a nadie.

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Una semana más tarde, y a cambio de un contrato por 150 libras esterlinas a la semana (lo que equivale a unos US$ 2.690,33 del día de hoy), Mick Taylor aceptó la oferta de volverse un “Rolling Stone”.

Su estilo como guitarrista, según biógrafos de la banda, se caracteriza como “lírico, fluido; con una inclinación hacia los armónicos y la ornamentación arabesca”. Desde muy joven, Taylor aprendió a dominar el instrumento de seis cuerdas oyendo a leyendas del blues como B.B. King (1925-2015), y sus primeros pasos en la música fueron a los 15 años con su banda “The Juniors”, para luego ir a “The Gods”, hasta llegar a tocar con Mayall y sus Blues Breakers, sustituyendo ni más ni menos que a Peter Green (1946), uno de los fundadores de la mítica Fletwood Mac.

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Su debut oficial con la banda ocurrió el día 5 de julio de 1969 en el Hyde Park de Londres, donde los Rolling Stones dieron el concierto gratuito más concurrido de toda su carrera (donde se estima que asistieron entre 250.000 a 500.000 espectadores) como homenaje póstumo a Brian Jones, quién había fallecido en su casa en circunstancias aún no aclaradas dos días antes.

Nadie podía creer aquel veinteañero de ojos azules y de aspecto cándido e infantil sería, quizás, el más grande artífice de la mejor y más recordada época de la banda, brindando todo su talento, expresividad y delicadeza con sus solos durante los siguientes cinco años, con antológicas actuaciones en piezas memorables como “Sway”, su debut en estudio como miembro pleno de la banda.

“Can’t you hear me knocking” donde improvisa su solo favorito, muy al estilo “Santana”, con una guitarra Gibson ES-345.

Pero no todo era miel sobre hojuelas como “Stone”: su adicción a la heroína, los continuos roces con sus compañeros (sobre todo con Richards, quien de muy mala manera llegó a gritarle que era “muy bueno tocando en vivo, pero un desastre tocando en estudio”); y la falta de crédito en varias canciones de la banda (como “Moonlight mile”, o la antes mencionada “Sway”), terminaron agotando la paciencia del músico.

Para 1974, mientras se estaba grabando en Alemania “It’s only Rock & Roll”, la banda tenía ya varios meses sin salir de gira (de hecho, su último concierto había sido en Berlín, en octubre de 1973), y Taylor apenas tuvo participación en la preparación del disco (ya que solo completó 7 de las 10 canciones que conformaron el disco) debido a que seguía tratamiento por una sinusitis, y que también ya estaba buscando otras ofertas para seguir tocando.

Comenzando diciembre de 1974, mientras Mick Jagger estaba en Nicaragua con su entonces mujer, Bianca Pérez-Mora Macías, gestionando el dinero donado para las víctimas del terremoto que sufrió el país hacía dos años; recibió una llamada de Mick Taylor diciendo que abandonaría a The Rolling Stones.

La llamada de larga distancia no convenció a Jagger, y decidió viajar a Londres para persuadirlo a que desechara la idea. Pero esta vez, y pese a las sospechas del bajista Bill Wyman de que el conato de renuncia de Taylor era para obtener una mejora en su contrato, su viaje fue en vano.

Taylor argumentó que sus razones eran puramente musicales (pues ya estaba aburrido y quería hacer otras cosas. De hecho, había llegado a un acuerdo con el legendario bajista Jack Bruce (1943-2014) para formar un nuevo conjunto) y personales (tenía que mantener a su familia, ya que era el peor pagado de todos los miembros de los Stones), y de forma amistosa, Jagger y el resto de la banda aceptaron la renuncia, cerrando de esta manera la que muchos consideran (fanáticos y expertos) como la “Era Dorada” de los Rolling Stones.

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Pese a su salida, Taylor mantuvo siempre una relación amistosa con los integrantes de la banda, sobre todo con Mick Jagger, quién declaró en una entrevista realizada en 1995 que: “(Mick Taylor) era un músico melódico muy fluido, que nunca tuvimos, y que no tenemos ahora (…). Algunas personas piensan que esa es la mejor versión de la banda que existió”.

Sin ir muy lejos, Taylor participó en varias ocasiones en calidad de invitado con la banda durante su gira europea en 1982 o durante la gira del 50 aniversario entre 2012 y 2014 donde ya con el cabello canoso y con unos “kilos de más”, dejaba en claro que todavía conservaba el virtuosismo que tanto deleitó al público y que tanto impresionaba a sus compañeros. Mick Taylor sin duda ha sido, y seguirá siendo, el “Más grande guitarrista que jamás hayan tenido The Rolling Stones”.

 – Ronnie Wood cumplirá 76 años

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Ronnie Wood tuvo una vida salvaje, repleta de excesos. Entró al menos siete veces a rehabilitación. Pero allí está sobre el escenario. Dos veces le diagnosticaron cáncer. Pero él siguió. Keith Richards superó la operación en el cerebro y Mick Jagger la complicada intervención coronaria. Ahí van otra vez los tres, ya sin Charlie Watts, a tocar las viejas canciones, a sacudir a un público compuesto de padres e hijos, y seguramente de algunos abuelos también.

Ronnie Wood suele decir que él fue el primero de su familia en nacer en territorio seco. Su familia era de gitanos que navegaban y se ganaban la vida como podían, vivían sobre el Támesis y sus canales, comerciando, pescando, arriando otras embarcaciones. Él se crío en Londres y desde muy chico se mostró inquieto y poco propenso a obedecer, un espíritu nómade como el de su familia. De ella también tomó la música.

Las celebraciones eran constantes y siempre había un adulto que sacaba una guitarra, que encontraba algo sólido con lo que hacer percusión y canciones populares para cantar hasta lastimar la garganta. Un hermano mayor le regaló su primera guitarra española. A partir de ahí participó de varias bandas de rock, de blues y hasta mod desde principios de los años sesenta. La primera fue The Birds (no, no es la de Roger McGuinn que era The Byrds y norteamericana).

También participó en otras. En 1967 se cruzó con un cantante de voz rasposa y gran presencia escénica, Rod Stewart. Jeff Beck se llevó al guitarrista y al cantante a su nuevo conjunto, el Jeff Beck Group. En él Ronnie se hizo cargo del bajo dando muestra de su ductilidad con los instrumentos de cuerda.

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Junto a Rod Stewart en un show de los Faces, la banda que lo hizo conocido en todo el mundo gracias a temas como Oh la la o Stay With Me

Luego, ellos dos se unieron a Ronnie Lane, Ian McLagan y a otros miembros de The Small Faces. Pero ningún grupo con la incorporación de Wood y de Stewart puede ser small. Pasaron a ser los Faces. Su rock directo, crudo y potente los llevó a tener un gran éxito.

Wood co-compuso algunos de los hits de la banda como Oh la la y Stay With Me. En 1974 tras años de buenas ventas, atención masiva y muchos recitales la banda comenzó a tener problemas internos. Los egos empezaban a colisionar. Cada uno de los miembros empezó su proyecto solista. Ronnie colaboró en los primeros discos de Stewart y hasta tuvo participación autoral en temas como Every Picture Tells a Story y Gasoline Alley.

Ronnie Wood en sus primeros años de carrera integró dos grandes bandas, el Jeff Beck Group y Faces. Pero nada se pareció a lo que vendría después, a lo que le aseguraría la inmortalidad.

Una noche de 1974, algunos de los Rolling Stones estaban en el vip de un boliche de moda. Actrices, músicos de rock, modelos, productores, groupies. Era el cumpleaños de Robert Stigwood, el manager de los Bee Gees, el productor de Jesucristo Superstar, el que en poco tiempo pondría en marcha Fiebre de Sábado por la Noche. Mientras tomaban unas copas, Mick Taylor se acercó a Mick Jagger y acercándose a su oído para que el mensaje llegara nítido y no lo tapara la música, le dijo: “Me voy de los Rolling Stones”. Y salió por la puerta del boliche para no volver.

Mick Jagger no se mostró demasiado afectado. Se dió vuelta, miró a Ronnie Wood y le preguntó: «¿te vienes a grabar unos temas para nuestro nuevo disco?». «Estaba esperando que dijeras eso», respondió Ronnie.

Keith Richards no se tomó tan bien la partida de Taylor. Sabía que los equilibrios en la banda eran sensibles y que una nueva incorporación podía hacer peligrar todo. En sus memorias se queja de Mick Taylor y le reprocha haberse ido. “Me imagino que pensó que con las credenciales de haber tocado con los Rolling Stones podría ponerse a componer y a producir. Nunca hizo nada”, sentencia.

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Uno de los primeros recitales en los que integró la banda a mediados de los setenta. recién casi veinte años después pasó a ser socio comercial del resto de los músicos. 

En ese tiempo Ron grababa su disco solista en la mansión inglesa que tenía junto a su primera esposa. En el subsuelo había construido un estudio de grabación. Por allí pasaron Keith Richards, Mick Jagger, Rod Stewart y George Harrison entre otros. I’ve got my own album to do (Tengo que hacer mi propio disco) fue el original título. Richards se instaló en la casona, aportó dos temas y salía de juerga con Wood.

Cuando se produjo la vacante de guitarrista en la banda Ronnie fue uno de los candidatos, pero no el único. “No fue nuestra primera opción”, escribió Richards. Woods tenía, sin dudas, varias virtudes: estaba acostumbrado a estar en una banda, conocía lo que era el éxito, sabía tocar, era dúctil y era muy gracioso. Las desventajas también eran evidentes: todavía estaba en Faces, en los Stones cumpliría un papel demasiado secundario para sus antecedentes, sus problemas con las drogas cada vez eran peores y su cercanía con Keith hacía prever que se arrastrarían mutuamente hacia los peores consumos.

Sin Mick Taylor, los Stones utilizaron la grabación de Black and Blue como banco de pruebas. Los candidatos a ocupar el lugar eran Wayne Perkins y Harvey Mandel, ex guitarrista de Canned Heat. Perkins era un reconocido sesionista norteamericano que también tocó en algunos temas de Black and Blue. Era muy melódico y a los Stones les gustaba su estilo. Fue un serio contendiente. Pero Ronnie les confirmó que los problemas internos en los Faces eran serios.

Unos meses después, la banda confirmó su disolución. Durante años pese a la gran relación que los siguió uniendo, Rod Stewart y Wood se culparon mutuamente por el final de Faces: entre la impresionante carrera solista de uno y el asentamiento del otro en la banda más grande del mundo se deben dividir las responsabilidades, sin olvidar el desgaste interno y la esclerosis múltiple de Lane que provocaría su muerte unos años después.

Ronnie Wood de inmediato se amoldó a los Rolling Stones. Había nacido para ser un Stone. Poco después dejó de ser invitado y se convirtió en miembro estable. Pero tuvo que esperar casi dos décadas para dejar de ser asalariado (de lujo). Recién integró la sociedad comercial tras la salida de Bill Wyman.

Esos primeros años en el grupo fueron tumultuosos. Las adicciones de los guitarristas estaban en su peor momento. Keith Richards estaba enganchado con la heroína y Ronnie tuvo serios problemas con el crack.

En su primer año en la banda Richards lo llevó a conocer a Freddie Sessler, un millonario amigo de los Stones. Sessler era conocido por conseguir frascos de cocaína pura, farmacéutica, de la marca Merck (se cree que en Argentina se conoce a la cocaína como Merca debido a que era la de esta marca era la que circulaba en las primeras décadas del siglo XX). Esa pureza garantizaba un efecto distinto, más duradero e intenso y, en especial, una resaca menor. Sessler desafió a Keith Richards a aspirar una gran línea de 8 gramos, él hizo lo mismo. Pero a Wood le prepararon una de “solo” 4 gramos porque era el novato. “Todavía te lo tenés que ganar”, le dijo Sessler. Milagrosamente, los tres sobrevivieron.

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La amistad entre ellos dos era intensa y caótica. Solían recorrer los lugares más sórdidos en busca de droga, estar de juerga durante cinco días seguidos, entenderse como nadie sobre el escenario, y pelearse a las trompadas. Dos de esas peleas son más célebres que el resto.

En una ocasión estaban en un hotel y Keith ingresó a la habitación de Ronnie. Lo encontró con una chica que no era la esposa consumiendo crack. Richards se puso furioso (“Más por la infidelidad que por otra cosa: en el fondo es un moralista”, contó Wood tiempo después) y lo empezó a correr; cuando lo alcanzó acertó un preciso cross en la nariz. Ronnie empezó a sangrar mientras trataba de escapar de la furia de su amigo.

Entró corriendo a la habitación de Mick Jagger. El cantante escribía una canción con Charlie Watts. “Mirá lo que me hizo este boludo”, le dijo Ronnie señalando su nariz sangrante. “Ok, Ronnie. Acá estamos trabajando”, respondió Jagger y siguió componiendo con el baterista.

La otra pelea la cuenta Richards en sus memorias. Era 1981 y otra vez estaban de gira. En el hotel alguien le cuenta a Keith que Ronnie estaba realizando una especie de gran orgía del crack. Estaba en su habitación junto a otros adictos. La discusión previa a ese tour fue entre los cuatro históricos de la banda: la mayoría quería reemplazar a Ronnie Wood. Su adicción estaba descontrolada y temían que afectara las fechas.

Richards se impuso. Se ofreció como garante. Aseguró que él lo cuidaría. Así que cuando se enteró de lo del crack se sintió defraudado. Ingresó en la habitación y otra vez le pegó una trompada. Pero esta vez el cayó detrás de Wood. Los dos se fueron contra un sillón individual que giró y se dio vuelta despidiéndolos contra una ventana que estaba abierta. Pegaron contra el marco y se salvaron. Estuvieron a punto de caer desde diez pisos de altura al vacío. El incidente hizo que Ronnie tratara de enmendarse.

«Cuando Keith Richards te dice que estás excediendo es que ya se traspasaron todos los límites», reflexionó Wood.

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Ronnie Wood y su esposa Sally Humphreys con sus hijas mellizas Alice y Gracie de 6 años. Sus seis nietos son mayores que sus dos hijas menores

Después de este incidente, Keith Richards le pidió a Ronnie que lo acompañara a ver a su padre. Era el primer encuentro entre los Richards en veinte años. Keith confiaba en esos momentos importantes en el humor y la fortaleza de Ronnie, quería sentirlo cerca.

«Ronnie es el tipo más maleable que conocí. Es un camaleón. Siempre está buscando un hogar. Tiene una especie de desesperación por el amor fraternal. Necesita pertenecer a algo. Necesita una banda. Es muy familiero»,  escribió Keith Richards en Life.

Mick Jagger también siempre se mostró dispuesto a ayudar y respaldar a Ronnie. En cada ocasión que pudo expresó públicamente su cariño hacia él y destacó sus habilidades musicales. Su entraba al a banda logró cambiar el humor interno. Fue el gran aglutinador. En los momentos más tensos fue el que acercó posiciones entre Jagger y Richards y, tema no menor, nunca trató de robarse la atención.

Lleva 47 años en el puesto. Pero para muchos, increíblemente, sigue siendo el nuevo. Sin importar que hay sido fundador, nadie puede dudar que Ronnie Wood tiene estirpe Stone.

Otra de sus amistades célebres fue John Belushi. Se conocieron en SNL y a partir de ese día, solían salir juntos cuando coincidían en la misma ciudad. Según Wood, Dan Aykroyd solía dejarlo a su cuidado cuando iban a Hollywood. “Dan venía a mi casa y lo dejaba. Decía que recién en ese momento se quedaba tranquilo”, contó Ronnie. Belushi quería seducir a Jo, la entonces esposa del guitarrista. “Dormido yo le decía que lo estaba escuchando. Que si no fuera tan feo y tan gordo tal vez tendría alguna chance”. Woods siempre se lamentó que la noche de la muerte de Belushi, el cómico estuviera en el Chateau Marmont y no en su casa. Cree que de haber estado con él, no se hubiera producido el desenlace fatal.

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Ronnie Wood también pinta. Sus pinturas se han vendido por varios cientos de miles de dólares en los últimos años. En las giras se encierra en su habitación y pinta.

Hace mucho tiempo que se dedica a la pintura. Sabe de arte. Sus trabajos se han llegado a cotizar en más de 300.000 dólares. Sus motivos son musicales: jazzeros, colegas y principalmente sus compañeros de banda.

Se casó tres veces y tiene seis hijos y seis nietos. El último matrimonio fue con Sally Humpries, más de treinta años más joven que él. En la actualidad siguen casados. De esa unión nacieron las mellizas Gracie y Alice que hoy tienen 6 años. Ellas son más chicas que los seis nietos de Ronnie.

En 2017 le detectaron cáncer de pulmón. Lo intervinieron y le seccionaron parte de uno de los pulmones. Se negó de plano a realizarse tratamiento de quimioterapia: no quería perder su pelo. Logró superar la situación. En medio de la pandemia le descubrieron otro problema oncológico. Un cáncer de células pequeñas al que también derrotó.

Tanto es así que hoy a la noche se con su pelo renegrido y parado, los pantalones achupinados, una camisa colorida, una campera de cuero y su guitarra se parará ante una multitud en Madrid para empezar con una nueva gira europea de los Rolling Stones. Lo hará con la alegría de volver a hacer lo que le gusta, con la sensación de victoria de ponerse en marcha de nuevo, de seguir de pie, con ese orgullo que da la vigencia, con el sabor amargo de darse vuelta y ver otra cara en la batería. Y con la nostalgia anticipada de saber que se puede tratar del último gran tour de la banda.

– Las primeras experiencias psicodélicas, un infiltrado en el círculo íntimo y el mito de la barra de chocolate: el día que los Rolling Stones fueron a la cárcel

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Mick Jagger y Keith Richards en las afueras de Redlands

En febrero de 1967, los Rolling Stones vivían una etapa de plenitud y descubrimiento. Con sus discos Aftermath y el recién editado Between the Buttons sentían que por primera vez podían codearse con sus amigos y rivales, Los Beatles. Al mismo tiempo vivían en sintonía con la efervescencia propia de la época, el Swinging London en estado puro: la recuperación económica, las galerías de arte, el mundial de fútbol, la minifalda, la música en el aire. Y las drogas, el sexo y el rock and roll.

Todavía los Stones no eran los grandes reventados del rock, recién se iban a convertir durante los ’70s. Sí tenían un exponente de fuste en Brian Jones, que veía cómo su liderazgo en el grupo poco a poco se esfumaba en su propia autodestrucción. El cantante Mick Jagger y el guitarrista Keith Richards empezaban a constituirse en una dupla de opuestos imbatible, el ying y yang en el que se apoyó la que fue considerada la banda de rock and roll más grande del mundo.

Los Rolling Stones venían diseñando su imagen de chicos malos del rock británico, construido en buena medida por su manager, Andrew Oldham. El lema “Dejaría que su hija se case con un Rolling Stone”, escandalizó a los adultos de una sociedad en permanente transformación, que podía tolerar rebeldías hasta cierto punto. Los Stones cantaban abiertamente de insatisfacciones sexuales y de madres que se empastillaban para soportar el tedio. Estaban yendo demasiado lejos.

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Rolling Stones. Londres, 1967: el año de su primer gran escándalo

– Juego con fuego

Las drogas legales e ilegales empezaban a jugar fuerte en el mundo rockero de la época y promediando la década, cada vez había más opciones. El alcohol, el tabaco, las anfetaminas ya formaban parte de su dieta cotidiana. Después entraron la marihuana, un poco la cocaína y la revolución del ácido, directo de la costa oeste americana, donde se preparaba el escenario para el verano del amor de la cultura hippie.

En el organigrama stone, el que más experiencia tenía en estas lides era Brian Jones, guitarra principal y líder de los comienzos, un hombre atormentando por sus celos y sus inseguridades, que tenía cuatro hijos, líos varios y una relación con Anita Pallenberg a punto de esfumarse a manos de Keith Richards.

El propio Keith ocupaba el segundo lugar en este podio en que de momento no interesaban ni el bajista Bill Wyman ni el baterista Charlie Watts. Recién venía en tercer lugar venía Mick Jagger, todavía sacudiéndose el traje de aquel chico atildado de clase media alta londinense.

En ese contexto, el News of the world, un semanario dominical que tiraba seis millones de ejemplares y era conocido por sus noticias de dudosa veracidad, movió sus fichas en pos del recato londinense. El 5 de febrero publicó un artículo en el que contaba una información de primera mano sobre Mick Jagger, a quien atribuían el consumo de marihuana, anfetaminas y ácido. Había un pequeño problema, la información podría ser cierta, pero el músico al que habían seguido por bares y clubes era Brian Jones.

Si los reporteros fueron incapaces de reconocer a un stone o fue una confusión deliberada, quedó a libre interpretación. Lo cierto es que esa misma noche, invitado a un programa de televisión, un enfurecido Mick Jagger negó las acusaciones y prometió denunciar al semanario por calumnias, cosa que efectivamente hizo a los pocos días. En el News no se iban a quedar callados.

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Mick Jagger y Keith Richards en escena, el ying y el yang de la fórmula stone. 

– El viaje de Redlands

El 12 de febrero de 1967, Keith Richards dio una fiesta en su residencia de Redlands, una apacible mansión en el sudeste de Londres que había adquirido el año anterior, para salir un poco de la locura de la capital y lograr un espacio para crear y divertirse.

De la mesa chica de los Stones participaron, además del anfitrión, Mick y su novia Marianne Faithfull, el fotógrafo Michael Cooper, el galerista Robert Fraser y el diseñador Cristopher Gibbs. También se pegó una vuelta el beatle George Harrison con su esposa Pattie Boyd, pero se retiraron a tiempo. También estaban en la lista de invitados Brian y Anita, pero nunca llegaron a la cita.

Junto a ellos iban dos personajes que se habían integrado hacía poco al círculo stone. Uno era Nicky Cramer, un hippie londinense, que con su carisma se ganó la confianza del grupo. El otro era un sujeto llamado David, apellidado quién sabe como y bautizado como Acid King David, el Rey del Ácido, el dealer de la nueva fantasía en la cultura rock. Para esa velada había prometido un nuevo ejemplar de su cosecha que llamó sunshine, la cargó en su maletín y la llevó.

El domingo fue un día frío, soleado, tranquilo y después de probar el material de Acid King, los visitantes salieron a dar un paseo por la playa. Más o menos a esa hora, sonaba el teléfono de la comisaría regional de West Sussex: una voz anónima denunciaba que en Redlands se llevaba a cabo una fiesta desenfrenada con consumo de drogas. El subinspector Stanley Cudmore se puso al frente del caso, y encabezó una brigada mixta de 18 policías, hombres y mujeres, de uniforme y de civil

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Mick Jagger y Marianne Faithfull, pareja estelar del Swinging London 

En su biografía Vida, Richards contó que todavía estaba bajo los efectos del ácido cuando los oficiales golpearon a su puerta: “Me asomo por la ventana y ahí están todos esos enanos, ¡vestidos con la misma ropa! En realidad eran policías, pero en ese momento no lo sabía”, escribió el guitarrista. Era la primera vez que los Stones se presentaban a una situación de ese estilo

– Las pruebas y el escándalo de la barra de chocolate

La policía procedió a revistar las instalaciones de Redlands y el saldo arrojó tres detenciones. A Mick Jagger, le encontraron cuatro pastillas de anfetaminas que había conseguido con Marianne durante un crucero por el Mediterráneo. “Las uso para trabajar”, se excusó el frontman. El galerista Robert Fraser ya había experimentado con la heroína y tenía algunas dosis en su poder. El resto de los asistentes fue exonerado, salvo Keith, que debió pagar lo platos del anfitrión. Un joven oficial reparó en el maletín de Acid King, que argumentó sobresaltado que contenía un material fílmico que en caso de abrirse, se arruinaría. Insólitamente, le creyeron.

Mientras los policías realizaban las inspecciones, Marianne Faithfull bajó de la planta alta. Se había dado un baño luego de la caminata recreativa y su cuerpo estaba cubierto por una manta. Una oficial de la brigada la llevó a la habitación para revisar sus pertenencias. Allí fue que aparecieron las cuatro pastillas que asumió Jagger. También, nació el mito de la barra Mars.

Seguramente a los responsables del operativo no les pareció suficiente botín una reunión en la que se fumó un poco de marihuana y sumarle cuatro pastillas de anfetaminas para inculpar a los Rolling Stones. Si había drogas y había rock, faltaba algo de sexo, para complementar con una condena moral, la trama mediática y judicial que se estaba tejiendo.

Alguien echó a rodar la historia de un juego sexual entre Jagger y su novia con una barra de chocolate Mars, que efectivamente estaba en la escena del crimen, pero no en la vagina de Marianne, como difundieron. “Eso es irse al carajo”, resumió el guitarrista en su biografía.

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Brian Jones, Anita Pallenberg y Keith Richards: tres son multitud

Marianne Faithfull era una de las bellezas más icónicas del Swingin London. Tenía raíces en la nobleza, una promisoria carrera como cantante, un divorcio y un hijo a cuestas y le sacaba unos cuantos cuerpos de ventaja a Jagger en relación a la experiencias con drogas.

La historia sonó verosímil y persiguió a la cantante hasta hoy: “Fue una buena historia para demonizarnos. Mick Jagger comiendo un chocolate de mi vagina. Era demasiado barato como para que a cualquiera de nosotros se le hubiera pasado por la cabeza”, escribió la cantante en su autobiografía. Y completó con un pensamiento que refleja el espíritu de la época: “Es la fantasía de un viejo verde, la idea de un policía sobre lo que hace la gente drogada”.

– Dos stones a juicio

El 10 de mayo, Jagger fue acusado por posesión de anfetaminas y Richards de permitir el consumo de marihuana en su domicilio. El 27 de junio salió la sentencia, dictada por un juez ultraconservador. Jagger fue condenado a tres meses de prisión y su compadre, a un año. Ambos también debían pagar una multa de cien libras.

La crema cultural londinense se manifestó a favor de los Stones. Los fanáticos se trasladaron de los teatros a los tribunales y algunos se acercaron a la redacción del periódico a expresar su repudio. DJ’s de bares y radios pinchaban los discos de los Stones como nunca, y cuando no, hacían un minuto de silencio en modo de protesta.

El 24 de julio, el Times sacó una solicitada a página completa con un título que lo decía todo: “La ley contra la marihuana es inmoral”. Lo firmaban desde los cuatro beatles y su manager Brian Epstein para abajo. El editor del diario, Wiliam Rees-Moog se convirtió en el principal aliado mediático de los condenados, al manifestar que la pena tanto problema solo se justificaba por tratarse del cantante y el guitarrista de una banda de rock.

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25th August 1967: Paul McCartney y Mick Jagger. El beatle fue uno de los principales defensores de la causa stone.

– Consecuencias

Al final, Jagger y Richards solo pasaron una noche en la cárcel, basados en la falta de antecedentes, en la escasa cantidad de droga probada, y ante el posible efecto boomerang de la bola mediática. Todo se resolvió en unas tablas aparentemente amargas, pero en el que cada parte supo sacar su tajada.

Jagger asumió su culpa pero no fue a prisión. El semanario evitó el juicio por calumnias y se mantuvo durante seis meses en el cenit de la opinión pública, aunque funcionó como una plataforma publicitaria exponencial para la banda y acaso haya incentivado la curiosidad de los jóvenes por determinadas sustancias. Mientras tanto, una pregunta sobrevolaba la intimidad de la banda. ¿Quién había sido el soplón?

Por cuestión de cercanía, había dos sospechosos de los asistentes a Redlands. Uno era Nicky Cramer, el hippie, y el otro, Acid King, el rey del ácido. Del primero despejaron las dudas enseguida, cuando un asistente lo golpeó lo suficiente para probar su inocencia. Del segundo, no se supo nada hasta mucho tiempo después.

David Schneiderman, o Snyderman, era efectivamente un adicto al ácido. Había nacido en Canadá y cruzó el Atlántico después de fracasar como actor y seducido por la noticias que llegaban del Swinging London, pero no pudo llevar a cabo su travesía. Fue detenido en el aeropuerto de Heathrow cuando encontraron drogas en su equipaje. La opción era deportarlo, pero la policía le ofreció un atractivo salvoconducto: infiltrarse en el séquito stone para una trampa que se estaba tejiendo.

Entre ir a la cárcel o parrandear con Jagger, Richards y compañía, David optó por lo segundo. Los escrúpulos no eran un problema. Cuando ocurrió lo de Redlands y la banda tomó reparo en la figura de David, ya estaba en otro mundo. Hizo dedo hasta Londres y partió con su maletín de sunshine rumbo a los Estados Unidos.

Vivió atormentado con su secreto bajo su enésimo alias, David Jove, hasta que se lo reveló a Maggie Albot, una agente de actores que casualmente había representado a Jagger en sus coqueteos cinematográficos. Vivió armado y paranoico, pensando que alguien lo estaba buscando para vengar su traición. Murió en 2004, creyendo que nadie sabía su secreto, aunque tanto Mick como Marianne y Keith ya estaban al tanto.

Nadie resumió aquella redada y su posterior raid judicial como, otra vez, Marianne Faithfull: “Redlands fortaleció el lazo entre Jagger y Richards y sentó las bases para que se vuelvan inseparables”. También, marcó el primero de unos tantos escándalos que vivieron los Stones con los excesos, que no tardaron en protagonizar. Del mismo modo, fue una muestra sexista y abusiva de la autoridad de la época. Un problema que no pareció cambiar a pesar de los años.

– La lengua que dio color a los Rolling Stones

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La lengua y los labios rojos de los Rolling Stones no nacieron en el pincel de Andy Warhol, ni se inspiraron en Mick Jagger, ni siquiera hicieron millonario a su creador. Los Stones, sin saber lo que tenían entre manos, lo incrustaron en la contraportada de «Sticky Fingers» y pagaron 50 libras (unos 58 euros/69 dólares al cambio actual) a su creador, John Pasche, el estudiante que ideó uno de los logos más famosos de la historia.

Rivalizando con la diana de The Who o el plátano de la Velvet Underground, el de los Stones es uno de los iconos del rock mundial y para rememorar su nacimiento hay que remontarse a hace ahora 50 años, cuando Jagger y compañía se preparaban para la gira europea del «Let it Bleed» en 1970.

«Yo era estudiante del Royal College of Art de Londres», recuerda Pasche en una entrevista telefónica con EFE. «Estaba en mi último año y los Stones llamaron porque necesitaban que un estudiante les diseñase un póster para la gira».

«Querían a alguien que se reuniera con Mick Jagger. Tuve muchísima suerte y fue una completa sorpresa».

Para entender el talento que destilaba aquella generación de creadores cabe explicar que uno de los compañeros de Pasche en la academia colaboró en el diseño del «Dark Side of the Moon» de Pink Floyd.

Pero el elegido para esta tarea algo nimia, en principio sin mucha importancia, fue Pasche.

«Quedé con Mick y la verdad es que mis bocetos e ideas no le impresionaron demasiado. ‘Puedes hacerlo mejor’, me dijo».

«Pero unos meses después me llamó y me preguntó si les podía ayudar a diseñar un nuevo logo. Mick me invitó a su casa de Londres para hablar del proyecto», añade Pasche.

Los Stones no querían un diseño que incluyera su nombre, sino que buscaban algo que fuera reconocible por sí solo. Que se viera y se dijera: «Eso es de los Rolling Stones».

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– La diosa Kali tuvo la culpa

Y  ahí, charlando con Jagger en su casa de Londres, Pasche vio un cuadro en una de las paredes. Representaba a la deidad hindú Kali, con su larga e irreverente lengua roja como centro de la catarsis.

«Mick me explicó que hacía un par de días que fue a la tienda de la esquina a comprar algo de comida y que se quedó asombrado por el cuadro. Pidió llevárselo. Yo inmediatamente me fijé en la boca y la lengua y surgió la idea. Sería un elemento de protesta, de alzar la voz».

A Jagger y a la banda le encantó la idea, pero no avistaban siquiera el recorrido que iba a tener aquel simple diseño. Su función no iba a ser otra que encabezar las notas de prensa y quizás dar imagen al sello musical del grupo, algo parecido a la manzana de los Beatles. «Por eso solo me pagaron 50 libras», recuerda entre risas Pasche.

Sin embargo, tanto les gustó, que decidieron incluirlo también en la contraportada de «Sticky Fingers», disco que este viernes cumple 50 años.

«Gracias a eso empezó a ganar popularidad y a usarse como ‘merchandising’. Tuvieron que firmar un contrato conmigo por los derechos de la marca y me llevaba un porcentaje cada vez que vendían una camiseta y cosas así», explica Pasche.

No obstante, esos «royalties», que le podrían haber hecho millonario, los vendió en 1984, debido a las lagunas que imperaban por entonces en las leyes de copyright. Estas establecían que cuando una compañía había estado usando un elemento por determinado tiempo y ya se le relacionaba directamente con ello, podía reclamar sus derechos.

«Mi abogado me sugirió que vendiera, porque me lo podrían quitar si íbamos a juicio. No me arrepiento de haberlo hecho porque con lo que me pagaron me pude comprar mi primer piso. Quizás no logré los millones que podía haber hecho, pero no me arrepiento porque en ese momento tenía sentido. Sus mánagers, tenían un carácter muy duro en temas legales. Ellos hubieran peleado más que la banda», reflexiona Pasche.

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John Pasche y el logotipo original.

– La confusión con Warhol

Además de la cuestión económica, a Pasche le afectó la errónea creencia popular de que el diseñador del logo fue Andy Warhol, creador del famoso plátano de la Velvet Undergound. Warhol, que había hecho la portada del «Sticky Fingers» con la cremallera, nunca tuvo nada que ver con el diseño.

«Fue complicado, aunque la verdad es que me halaga un poco que la gente pensara que un trabajo mío podría haber sido suyo. Pero me alegra que se reconociera que fui yo. Siempre tuve las cartas de los Rolling Stones confirmándome como creador, que son una buena prueba».

Esas cartas, así como el primer boceto de los labios y la lengua, ya no están en su poder. No cuelgan en una pared de su casa ni están a buen recaudo en una caja fuerte. Pasche se los entregó al Victoria & Albert Museum de Londres para su exhibición. «Aunque me quedé una copia», apunta con una carcajada.

Además de los recuerdos, Pasche se lleva la relación con Jagger, con el que se encontró por última vez hace unos años en la galería londinense Saatchi.

«Hacía muchísimos años que no nos veíamos, pero vino y me saludó. ‘¡El viejo John!’. Tuvimos más relación sobre todo durante los 80, en sus giras europeas… En París, Múnich… cuando aún hacía algún trabajo para ellos. No es que seamos exactamente amigos, pero creo que sabe quién soy (risas)», comenta Pasche.

Aunque solo recibiera 50 libras y el mérito se lo llevara Warhol, esos labios y esa lengua siempre serán suyos.

– Mick Jagger y Keith Richards, 60 años fluctuando entre el amor y el odio

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Al peor momento de las relaciones entre los dos jefes de The Rolling Stones, Keith Richards lo define en su libro Vida de la siguiente manera: “Ahí fue cuando estalló la III Guerra Mundial”. Era 1986 y el grupo acababa de entregar el irregular Dirty Work. Richards quería defenderlo en directo, poner la máquina en marcha. Habían pasado cuatro años desde la última gira.

Al guitarrista le brotaban sarpullidos que solo se le quitarían cuando se colgara la guitarra para tocar con su banda. Pero llegó una carta (¡una carta!) de Mick Jagger. En la misiva afirmaba que prefería centrarse en su carrera en solitario, que había iniciado con el disco She’s The Boss (1985) y tenía a punto el segundo, Primitive Cool (1987).

Pues eso: la III Guerra Mundial. Pero no supuso el fin. Ninguna sociedad musical ha estado tanto tiempo unida en la historia de rock, 60 años, los que cumplen este 2022 desde que se formaron los Rolling Stones en 1962. El buque se ha astillado en muchas ocasiones, pero al final se ha impuesto una acorazada capacidad de resiliencia.

Aunque el asunto económico está en todo momento inclinando la balanza hacia mantener el negocio a flote, a sus seguidores les encanta apelar al romanticismo como principal causa de la longeva relación de la pareja. Puede que en el fondo exista algo de eso. No hay mejor historia en este sentido que una que el propio Richards descubrió en 2010. Se trata de una carta que encontró entre los papeles de su tía Patt. Keith tenía 18 años y narraba a la hermana de su madre justo el momento en que prendió la llama de los Rolling Stones. El encuentro con Mick Jagger en una estación de tren es conocido. Lo que resulta revelador es la pasión que imprime al relato.

“Ya sabes, tía Patt, que me encanta Chuck Berry y creía que era el único que lo conocía en un radio de varios kilómetros a la redonda. Pero hace poco, una mañana, en la estación de Dartford, estaba esperando un tren con un disco de Chuck en la mano cuando se me acerca un tío que conocía de primaria y resulta que tiene todos los discos de Chuck Berry, del primero al último.

Y todos sus colegas los tienen también, y a todos les gusta el rhythm & blues, me refiero al rhythm & blues de verdad, no a la mierda de Dinah Shore, Brook Benton y compañía. Hablo de Jimmy Reed, Muddy Waters, Chuck, Howlin’ Wolf, John Lee Hooker y todo el material del bueno del blues de Chicago. Maravilloso. El tipo se llama Mick Jagger”.

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Exactamente, esa es la fuerza que une a la pareja: su amor por el blues, por la música. Pero ni Muddy Waters pudo evitar que los gallos saltasen de vez en cuando al cuadrilátero. El momento más peligroso (y ha vivido muchos) de Richards ocurrió en 1977, cuando la policía canadiense detuvo al guitarrista en Toronto con una cantidad importante de heroína.

Richards llevaba casi 10 años consumiéndola. A mediados de los setenta resultaba complicado convivir con él. En algunas sesiones de grabación se excusaba para acudir al baño y podía salir a las seis horas. “Debo decir que durante todo el jaleo de Toronto, de hecho siempre que me trincaba la poli, Mick me cuidó con mucho cariño y nunca se quejó de nada. Él era quien se encargaba de todo y organizaba a las fuerzas para rescatarme.

Mick se ocupó de mí como lo habría hecho un hermano”, apunta en sus memorias. Y hasta aquí la mano tendida de Richards.

En 1978 se celebró el juicio y los posibles siete años de cárcel se quedaron en una multa de 25.000 dólares, la obligación de entrar en un programa de rehabilitación y dos conciertos a beneficio de una asociación de invidentes. Seguramente lo de tener que tocar gratis sea lo que Jagger nunca le ha perdonado.

Cuando el guitarrista empezó a salir de la niebla narcótica y a experimentar la sobriedad, se dio cuenta de que había perdido su influencia sobre el grupo. Todo el control recaía ahora en Jagger. Y con cierta lógica: si no llega a tirar del carro, la deriva opiácea de Richards habría hundido a los Stones. El problema llegó cuando el guitarrista se despejó la mente. El que mandaba era el cantante y ya no estaba dispuesto a ceder el 50% a Richards.

El disco Emotional Rescue (1980) se cierra con una hermosa balada llamada All About You, una canción cantada por Keith con el corazón en la mano. Dedicada a su amigo en esos momentos de mala relación: “Si llamas a esto vida, por qué debo pasarla contigo. / Si el espectáculo debe continuar, que sea sin ti. / Estoy tan harto, tan cansado de andar con imbéciles como tú”. La canción acaba con la frase más sentida que Richards le haya dedicado en público a Jagger: “Entonces, ¿cómo es que todavía estoy enamorado de ti?”.

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La pareja compartiendo micrófono en un concierto de los Rolling Stones a finales de los años setenta.

Para 1981 los dos stones apenas se comunicaban. Sacaron adelante Tattoo You, un buen disco, gracias a su ingeniero de sonido, Chris Kimsey, que encontró joyas entre las sesiones de grabación de los trabajos anteriores. Jagger completó esos esbozos por la mañana, y Richards por la noche. Nunca coincidían.

La gira del disco se celebró con un gran éxito popular, pero la frase que más recuerda el guitarrista que le decía su compañero era: “Oh, cierra el pico, Keith”. Un dato para entender la naturaleza de la relación entre los dos músicos: en 1983, cuando la química era ínfima, Richards se casó con Patti Hansen (con la que todavía está) y Mick ejerció de padrino.

En esa época, el clan de Keith empezó a llamar a Jagger “su Majestad”. También otras cosas. Richards tuvo una ingeniosa idea. Descubrió en una biblioteca a una escritora inglesa de novelas románticas, Brenda Jagger. Desde ese momento, Brenda sería Mick, así podrían insultarle delante de él, sin que el vocalista se enterara.

“Me cago en Brenda, esa cabrona egocéntrica”. Jagger asumía que hablaban de otra persona. Así describe Richards el panorama en esos años: “Había dos universos, el de Mick, hecho de vida mundana, y el nuestro”. Los Stones llevaban ya 20 años de carrera. Habían empezado haciendo versiones de Chuck Berry para audiencias de 100 personas, y con los años se transformaron en la banda más grande del rock and roll, con unos ingresos estratosféricos.

Presiones, intereses, egos inflados, el desgaste de la convivencia… Sus compañeros de generación, los Beatles, duraron 10 años y acabaron de forma desagradable. Los Stones se enfrentaban a su gran crisis después de dos décadas, algo bastante entendible.

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Con la III Guerra Mundial declarada, Jagger ofreció una entrevista a la revista Rolling Stone enmarcada en la promoción de su segundo disco en solitario, Primitive Cool (1987).

“Hemos tenido muchos altibajos, y este es uno de los momentos bajos. Amo a los Stones, creo que lo que hemos hecho es maravilloso, pero también pienso que ya está hecho. A mi edad [tenía 46 años] y después de todos estos años tengo que hacer algo más en mi vida. Siento que tengo el derecho de hacerlo”.

Esta declaración es lo más cerca que ha estado el grupo de disolverse.

Los discos de Jagger en solitario ofrecen rock, pero también temas llenos de trampas sonoras de los ochenta, algo artificiales. Música de baile a la moda de aquella década, con todo lo que eso implica.

Harto de los coqueteos de Jagger fuera de los Stones, Richards ya había editado en 1988 su primer trabajo en solitario, Talk Is Cheap, más reconocible que lo de Jagger para el fan de los Rolling.

Las carreras en solitario de Jagger y Richards nunca despegaron. Richards actuó en España en 1992 en salas de poco más de 1.000 personas (Zeleste en Barcelona y Aqualung en Madrid, dos días en cada una). Nada que ver con las audiencias de los Rolling, aunque, por otra parte, era un placer disfrutar del stone en un formato reducido, sin vídeos gigantes ni el circo de los estadios.

Era tiempo de regresar al buque, reparar los destrozos y llenar estadios. Los dos se comieron su orgullo y en 1989 se reunieron para la grabación de un nuevo trabajo, Steel Wheels. Ese mismo año salieron de gira, la primera en siete años.

Keith, certero siempre, define en Vida su relación desde entonces: “Tal vez Mick y yo ya no seamos amigos (demasiado desgaste para ello), pero somos dos hermanos tan unidos que nada puede separarnos. Tus mejores amigos son tus mejores amigos, pero los hermanos se pelean. Independientemente de lo que haya pasado, Mick y yo tenemos una relación que todavía funciona. Y si alguien dice algo malo de Mick en mi presencia, le rajaría el cuello”.

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Jagger y Richars abrazados en 2005 en un recital de los Rolling Stones en Nueva York

Nunca será como en los sesenta y los setenta, pero se han dado cuenta de que una vez superada aquella crisis, ya no tienen edad (los dos han cumplido 78) para peleas narcisistas. Esta noche en el Metropolitano, incluso se intercambiarán sonrisas sinceras.

nuestras charlas nocturnas.

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