Las fuerzas conservadoras sobre las liberales e izquierdistas se organizaron para ganar las elecciones de noviembre de 1933 bajo una alianza (CEDA, más Partidos Radical y Agrario). El denominado ‘bienio negro’ (1934-1936) paralizó los avances sociales de los años previos. Su poder duró hasta el triunfo, en febrero de 1936, del Frente Popular. Entonces, la candidatura sevillana más votada fue la de Manuel Blasco Garzón, un republicano cofrade y centrista.
Sevilla fue la vanguardia nazi española …

Queipo con oficiales nazis en Sevilla en 1936.
El Correo de Andalucía(J.C.Arias) — A la capital de La Giralda llegó la democracia de la Segunda República (1931-1939) con ilusión regeneradora, esperanza ante la desigualdad y como reto frente el analfabetismo, la pobreza y el desempleo. Las élites hispalenses no aceptaron el cambio sobre los borbones y dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) que mantuvo sus privilegios.
Si bien monárquicos, militares, empresarios y terratenientes asumieron a regañadientes los nuevos modos que implantó el ejecutivo de Alcalá-Zamora de 1931, los renovados tiempos políticos les preocupaban. Sumaba a lo indicado la depresión mundial por el crack bursátil del 1929 y las ingentes deudas de la Expo Iberoamericana desde ese año.
– La derecha y los nazis
Según el historiador Juan Ortiz Villalba en distintas obras durante ese bienio los fascistas y derechistas sevillanos no se ocultaron. Falangistas y carlistas de Fal Conde convocaron mítines y actos donde exhibieron músculo de militancia y desafiaron a las izquierdas derrotadas en las urnas más los sindicalistas más activos. Numerosos incidentes regaron de sangre las calles sevillanas, tras tomar cuerpo la violencia en el debate político.

Colegio Alemán en la calle Montevideo.
En ese contexto, a finales del 1933, nombran Cónsul alemán para Andalucía al prusiano Gustav Draëger (1895-1957). La poderosa e influyente colonia germana ya estaba congregada en El Porvenir. Draëger estuvo muy bien relacionado desde su cargo ejecutivo en Bakumar, consignataria de buques, que ocultaba en su plantilla a fervorosos militantes nazis.
Christoff Fiessler Bauerle era compañero de Gustav Draëger en Bakumar. Fue promotor del aeródromo de Tablada y delegado español del Graf Zeppelin. La fiebre nazi hispalense tuvo obstáculo en un compatriota que adoptó la nacionalidad española: El ingeniero Otto Engelhardt (1866-1936). Además de pacifista era un encendido antihitleriano.
El verano de 1934 publicó Adiós Deutschland. Fueron muy críticas con el Führer sus columnas en El Liberal que dirigía José Laguillo. Además, Don Otto era esencialmente solidario, muy querido en la Sevilla donde dirigió la empresa de tranvías y estrenó la luz eléctrica.
El poderío nazi en Sevilla preguerra española (1936-1939) celebró fastuosas cenas donde se repartían las esvásticas y camisas pardas de las SS. El consulado se trasladó desde la calle Brasil a un palacete del Barrio de Santa Cruz. La nochevieja de 1933 ya reunió en el Hotel Alfonso XIII a parte de la colonia alemana bajo la Cruz Gamada. Los brindis y bailes que inició Draëger celebraron el Año Nuevo de 1934.
Draëger y Fiessler reprodujeron los esquemas de poder nazi en la Sevilla más subordinada a los alemanes. El Colegio Alemán fue su plataforma oficiosa. Desde ahí invitaron a casi toda la comunidad germana hispalense a soñar el III Reich de los 1000 años.
El Cónsul, Don Gustavo, compartía labores diplomáticas y empresariales siendo el jefe del espionaje alemán en el suroeste español. Fiessler, de su parte, actuaba como delegado andaluz del partido (NSDAP) y sindicato (FTA) nazi. Patricio Drexler hacía lo propio con la Gestapo y Úrsula Zimmer era la representante de Juventudes Hitlerianas.

Submarino nazi en el Puerto de Sevilla.
– El Queipo pro nazi
La sublevación de Franco contra la IIª República sacó del armario a los nazis que vivían en España. Su red creó la más poderosa embajada en Sevilla sobre la oficial, ubicada en un Madrid que dominaban los republicanos durante los primeros meses del conflicto fratricida español.
Desde mediados de julio en 1936 el General Gonzalo Queipo de Llano implantó el terror y el saqueo para laminar a quienes se opusieron a su sanguinario ‘virreinato’. Con Franco mantuvo serias diferencias. Estas lejanías callaron sus groseras arengas radiofónicas tras pocas semanas en las ondas de Unión Radio (hoy Radio Sevilla-Cadena SER).
A cambio, Queipo llamaba ‘Paca, la culona’ al Generalísimo y mandó fusilar al General Campins, íntimo del ferrolano y Comandante Militar en Granada, en las murallas de la Macarena. Desoyó, con soberbia de patología, clemencias de su entorno y hasta de la viuda, Dolores Rueda, amiga de la familia del sanguinario militar vallisoletano
A primeros de agosto de 1936 Queipo hizo suya una lista de ‘aliadófilos’ y antinazis que le dio Draëger para ser ‘eliminados’. Otto Engelhardt estaba de los primeros. Fue ‘sacado’ del Hospital Central (hoy Parlamento de Andalucía), fusilado y arrojado a una fosa donde ya estaba la cúpula republicana hispalense. Pico Reja y otras alojan desde entonces en el camposanto sevillano a vidas inocentes asesinadas por pensar diferente.
Queipo facilitó a la Lutwaffe (Fuerza Aérea de Alemania) el aeródromo de Tablada. Allí la temida Legión Cóndor armó casi 100 Junkers que, desmontados, habían llegado desde los puertos de Huelva y Cádiz. A las tripulaciones se les quedó pequeño el Hotel Cristina donde se alojaron. Se incautó Villa Chaboya, palacete sanjuanero de Engelhardt. Allí los aviadores germanos establecieron un Centro de Operaciones y que hoy es víctima, el palacete del antinazi, de un incomprensible abandono.
Navíos de guerra y submarinos de la Kriegsmarine se amarraron en el puerto de Sevilla ante la indiferencia popular. A finales de 1936 cientos de soldados nazis estaban acampados en la hacienda de unos Marqueses en el término de Castilleja de la Cuesta. Los taconazos de los militares saludándose como autómatas ya eran parte del cotidiano hispalense que se extendían a la provincia, como veremos.
Frank Liesau, bajo el disfraz de empleado de Tabacalera, fue un biólogo que importaba monos de Guinea y Marruecos o reunía ratas para infectarlas de virus humanos. Sus experimentos se implantaron, años después, en campos de concentración, de trabajo-esclavo y exterminio nazis en toda Europa.
La importancia de Sevilla fue clave para sustanciar la ayuda alemana a Franco. Roland Strunk, el periodista-espía más cercano de Hitler, estuvo varias semanas entre julio y agosto del 1936 en Sevilla. Reportó al Führer el poderío nazi al sur español. Después integró, como reportero, la sanguinaria Columna Yagüe.
Desde el virreinato de Queipo el espionaje nazi del entramado KO Spanien ubicó a casi 400 agentes. Se repartieron por el litoral onubense y, sobre todo, gaditano. Ubicó en chalets de Heliópolis a decenas de espías mientras la Inteligencia Naval (Abwher) alquiló una planta en el Hotel Majestic (hoy Gran Meliá Colón). Además trajeron la primera Enigma, máquina que encriptaba mensajes diplomáticos o militares que hoy se conserva en el Museo Militar.
Unas macro-antenas Elektra-Sonne, para canalizar comunicaciones navales, telegráficas y aéreas, se ubicaron en Guillena. En el verano de 1937 un campo de prisioneros republicanos para 500 personas se erigió para construir el Colector de Heliópolis. Sus planos y arquitectos fueron nazis, supervisados por Paul Winzer, delegado en España de las SS, bajo el control de Draëger.

Queipo inaugura la Feria del Libro Alemán en la Plaza del Triunfo en 1938.
– Otros ‘negocios’ nazis
En 1938 inauguran Queipo y autoridades locales en la Plaza del Triunfo la Feria del Libro Alemán. Brazos en alto sevillanos y germanos saludaron a editores nazis, puestos con incontable obras y traducciones al español de los discursos de Hitler y su obra de cabecera (Mein Kampf -Mi lucha-).
El consejero de prensa, Karl Rielke, y cultural, Ernst Schaffer, orquestaron el evento. Antes donaron libros científicos a la Universidad. Aquellos regalos, después, tuvieron alto precio por delaciones sobre docentes de ideología republicana e izquierdista que acabaron en paredones, cunetas y fosas.
Varios cines sevillanos, Llorens y Palacio Central -hoy cerrados-, exhibieron bajo invitaciones infinitas de lleno diario durante semanas películas de propaganda nazi. Alas Milagrosas, Triunfo de la voluntad y Olympia fueron parte de la filmografía que Sevilla aplaudió entregada, y rendida, al poderío nazi al sur del sur europeo.
La mayoría de las cintas las dirigió Leni Riefenstahl. La cineasta favorita de los nazis, cuando cumplió los 100 años, visitó la capital de La Giralda en 2002 como estrella del Festival de Cine y Deporte como aplaudida invitada al evento, aunque fuertemente criticada en instituciones y medios españoles por la incomprensible invitación.

Un mando de la Legión Cóndor instruye a falangistas en Sevilla.
Lo más desconocido hasta hoy de la poderosa trama nazi en Sevilla son los movimientos económicos que realizaron al sur español. Además de los sabotajes que sufrieron intereses de los aliados en suelo español antes y después de la Segunda Guerra Mundial (IIGM), los alemanes localizaron España parte de los suministros que consideraron esenciales para su economía e industria bélica, fuertemente receptora de capital inversor tras el acceso de los nazis al poder.
Las ventas de armas y tecnología militar al ejército de Franco están documentadas. Pero poco se sabía sobre el acopio de corcho que sustanciaron los nazis desde Sevilla con impagable ayuda local.
La red de empresas que crearon, con testaferros locales, canalizó inversiones y compras. También, la extracción de minerales y productos agro-ganaderos. Sociedades instrumentales se aglutinaron bajo la marca SOFINDUS y la batuta de Johannes Bernardt según José Manuel García Bautista en su obra Nazis en Sevilla (Absalón, 2011). Una de las filiales de la telaraña empresarial alemana fue Corchos de Andalucía SA.
No obstante, nada se sabía de ZUM GHISTE SA. Con sede en Plaza de Jáuregui 3 y capital de 3.000.000 de pesetas (equivalentes a 3 millones de euros hoy) esta sociedad se fundó en mayo de 1938 ante el Notario José Gastalver Gimeno muy cercano a Draëger.
El presidente de la empresa fue Fiessler, sus socios Anton Brener, Herman Zum, Manfred Hoffman y Kase Heinz Jacob. El objeto societario fue exportar corcho a Alemania ‘donde cuenta esta firma con buenos compradores’ según reza el acta fundacional.
Francisco Manuel Parejo, Profesor-Doctor de la Universidad de Extremadura y experto en comercio hispano-luso del corcho indicó que este producto ‘….fue declarado material estratégico y sensible durante la Segunda Guerra Mundial, junto a otras materias primas y minerales lo cual explicaría el interés de los alemanes en hacer acopio de este producto en los años inmediatamente anteriores al conflicto….’.
Mucho antes de concluir el conflicto fratricida español en los términos de Camas, Santiponce y del Aljarafe la red de SOFINDUS almacenó ingentes montañas de corcho, considerado el mejor aislante natural. Es esencial para usos en la industria militar y de la maquinaria, según corroboran expertos.

(Heinkel H111 en Tablada – Legión Cóndor.)
El principio del fin
Desde 1939 llegan más soldados y espías a Sevilla donde el uniforme nazi integraba el cotidiano.
Queipo recibía delegaciones de dirigentes y militares nazis, a la vez que fue invitado a Berlín.
Un teletipo fechado en abril de 1941 de la embajada británica en Lisboa a Sir R. Campbell, del Foreign Office (Ministerio de Exteriores británico) refiere confidencias de un diplomático chileno tras su paso por Sevilla.
El mensaje cifrado relata que militares nazis, con o sin uniforme, se multiplicaron por Sevilla. Algunos germanos inclusive visten como mandos militares españoles, aunque lucen un brazalete con esvástica. El informante añade que dicha realidad la ven con indiferencia los lugareños, acostumbrados a la presencia militar e influencia nazi.
Durante la IIGM (1941-1945) el geoestratégico estrecho de Gibraltar fue relevante para el Eje alemán-italiano-japonés y aliados. La Roca añadió ansias al régimen de Franco para recuperarla tras el vano proyecto de invasión nazi (Operación Félix).
El espionaje de ambos bandos se multiplicó en el litoral andaluz con agentes. Draëger y su equipo eran seguidos por la inteligencia británica (SOE y MI6) y norteamericana (OSS, precedente de la CIA). En 1947 se intentó, infructuosamente, su extradición junto a los agentes Ludwig y Adolf Clauss.
El devenir de la IIGM en contra del Eje fue deslocalizando la presencia de alemanes en Sevilla y provincias de Cádiz y Huelva. El Cónsul-espía Draëger canalizó el envío de armas al Afrika Korps del Mariscal Rommel desde puertos andaluces.
El cónsul nazi fue quien avaló, junto a Adolf Clauss el éxito de la Operación Carne Picada (Mincemeat operation). Ahí el Almirantazgo británico engañó a los nazis desplazando el Afrika Korps a la península balcánica en vez de al sur italiano, donde al final desembarcaron los aliados.
Desde finales de 1943 se registró una desbandada sobre el antaño poderío nazi en suelo andaluz. Hasta un arruinado Draëger malvendió su Mercedes 320 Cabriolet.
Sevilla difuminó la huella nazi apenas como etapa secreta de la red de escape para criminales de guerra alemanes hasta Lisboa y Tánger que alentó ODESSA. Pero eso es otra historia.
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