El canto de los Nibelungos: La saga germánica de amor, venganza y muerte…

Pintura que ilustra el Nibelungenlied: Hagen ordena a sus sirvientes arrojar el tesoro al fondo del río Rhin (Peter von Cornelius, 1859).
Ancient Origis(R.Stone) — El Nibelungenlied, o «Canto de los Nibelungos», es un poema épico que fue escrito en alto alemán medio en algún momento del siglo XIII. Aunque de autor anónimo, el Nibelungenlied sigue siendo uno de los principales textos germánicos, apreciado por su estilo literario, el contraste entre su emotividad y su violencia y su recopilación y asimilación de otros relatos germánicos más antiguos.
La saga de los Nibelungos está narrada en dos partes, aunque ambas se centran en Kriemhild, la protagonista femenina principal. La historia de los Nibelungos empieza presentándonos a Kriemhild, una princesa burgundia de Worms y a Siegfried, un príncipe de la región del bajo Rhin. Kriemhild tiene tres hermanos —Gunther, Gernot y Giselher— pero sólo el primero tiene un papel relevante en la historia.
Los deseos y actos de Gunther son tan determinantes en la narración como los de Kriemhild, y a menudo es empujado a actuar por el consejo y las intrigas de su sirviente Hagen.

Primera página del Manuscrito (ca. 1230)
Al principio del relato, el reino de Worms ha pasado a los tres hermanos de Kriemhild, ya que la avanzada edad de su padre le impide reinar, y la propia Kriemhild ha elegido no casarse jamás.
La princesa soñó una noche que aquél con quien se casara sufriría una dolorosa muerte a manos de su familia.
Es aquí donde aparece Siegfried, príncipe de Xanten, quien —habiendo oído de la irresistible belleza de Kriemhild— decide desposarla a pesar de su decisión.
Al llegar a Worms, Sigfried se encuentra en un primer momento con Gunther y Hagen, antes que con Kriemhild.
Hagen reconoce a Siegfried como algo más que un simple príncipe llegado de Holanda, así que relata en la corte las heroicas hazañas de Siegfried—su victoria sobre los Nibelungos (posiblemente una raza de enanos) y cómo se apodera de su tesoro; cómo somete al leal enano Alberich, también un nibelungo, que incapaz de derrotar a Siegfried decide jurar lealtad al príncipe; y finalmente cómo mata a un dragón, después de lo cual Siegfried se vuelve invencible bañándose en su sangre.
Todas estas proezas hacen que Siegfried sobresalga en el relato, así como a ojos de Gunther, como la más fuerte y poderosa figura masculina del mismo. Rápidamente, los Burgundios ofrecen su lealtad al príncipe, y éste les conduce a una victoria decisiva contra los invasores sajones.
Kriemhild reaparece en el poema tras el triunfo de Siegfried, y al poco tiempo se enamoran el uno del otro. Sin embargo no se casan todavía. Es entonces cuando la relevancia de Gunther en el relato se pone de manifiesto.
Cuando llega a la corte burgundia la noticia de que Brunhild, reina de Islandia, sólo se casará con un hombre que la iguale en fuerza y poder, Gunther ruega a Siegfried que le ayude a desposarla, prometiendo a cambio que, de conseguirlo,
Siegfried podrá casarse con su hermana Kriemhild. Siegfried accede y realiza las tareas encomendadas a Gunther por Brunhild bajo la capa de invisibilidad de Alberich, de tal forma que ella solo puede ver a Gunther demostrando lo que parece ser una fuerza inigualable.

Siegfried y Kriemhild, 1914.
Impresionada y derrotada por completo, Brunhild accede a casarse con Gunther, aunque abriga sospechas sobre la sinceridad de este hombre que supuestamente la ha vencido.
Cuando Siegfried se casa con la princesa Kriemhild, las sospechas de Brunhild aumentan, ya que la habían empujado a creer que Siegfried era un mero sirviente, indigno por tanto de la mano de Kriemhild. Brunhild prohíbe a Gunther meterse en su cama hasta que él le cuente la verdad, así que esa noche, su matrimonio no se consuma.
Finalmente le ata y le deja colgado de un clavo en la cámara nupcial.
Por la mañana, Gunther comparte sus penas con Siegfried quien, de nuevo, accede a sacarle del apuro.
Siegfried entra a escondidas en la cámara nupcial esa noche, otra vez con la capa de invisibilidad puesta, y obliga a Brunhild a someterse para que Gunther pueda yacer con ella.
Una vez el matrimonio ha sido finalmente consumado, Siegfried roba el ceñidor y el anillo de oro de Brunhild, y al hacerlo, sella su destino.

La noche de bodas de Gunther (Johann Heinrich Füssli 1807).
Durante diez años, Siegfried y Kriemhild viven felices gobernando Xanten mientras Brunhild y Gunther reinan en Worms.
No obstante, Brunhild sigue desconfiando terriblemente de Siegfried (a pesar de no estar enterada de cómo la engañó por causa de Gunther).
Brunhild invita al rey y la reina de Xanten a visitar Worms y una desagradable conversación entre las reinas acaba con la revelación del hurto cometido por Siegfried y, por extensión, el engaño mediante el cual Gunther consiguió casarse con ella. Consternada, jura matar a Siegfried con la ayuda de Hagen.
Sin embargo, en este punto del relato, la venganza de Brunhild queda eclipsada por la de Hagen.
De hecho, la reina de Worms e Islandia parece desvanecerse del texto por completo mientras que el deseo de Hagen de poner a Siegfried en su sitio precipita los acontecimientos, siendo al final la perdición de este último.
Hagen se gana sibilinamente la confianza de Kriemhild y descubre así el punto del cuerpo que Siegfried descuidó al bañarse en la sangre de dragón—su talón de Aquiles a todos los efectos. Éste, como Kriemhild revela finalmente, estaba entre sus omóplatos, donde no llegó la sangre del dragón al encontrarse esta parte del cuerpo de Siegfried inadvertidamente tapada por una hoja caída .
Hagen decide que esta información puede ser utilizada fácilmente en su beneficio, así que invita a Gunther y a Siegfried a una partida de caza, revelando sólo a Gunther sus ocultas intenciones. Gunther, pese a toda la ayuda que Siegfried le había prestado, elige la venganza de su esposa antes que proteger a su amigo.
Siegfried acude de buen grado a pesar de las advertencias de su esposa y Hagen le asesina clavándole su lanza.
Aunque tanto Hagen como Gunther lo intentan, no consiguen ocultar su culpabilidad en la muerte de Siegfried, así que Kriemhild jura vengar a su esposo caído. Permanece en Worms por el momento, separada de Hagen y Gunther, pero continúa exteriorizando una falsa amabilidad a la espera del momento en que pueda hacerse con el rico tesoro de los Nibelungos perteneciente a su marido muerto.
Gracias a este tesoro, envía ricos regalos a los caballeros burgundios, hasta que Hagen se da cuenta de que el motivo de dicha generosidad es ganarse a hombres fuertes para su causa y así acabar con Hagen y Gunther. Finalmente Hagen se apodera del tesoro Nibelungo, última posesión de Siegfried aún en manos de Kriemhild y lo arroja al fondo del Rhin.

«La muerte de Sigfried» (Julius Schnorr von Carolsfeld, 1847)
La segunda parte de “El canto de los Nibelungos” retoma el hilo del relato con la presentación de nuevos personajes, entre los que destaca Atila, rey de los hunos, que en el texto aparece como Etzel de Hungría.
Atila decide casarse con la bella viuda Kriemhild, pues su esposa ha fallecido recientemente. Kriemhild acepta su proposición, adivinando en su nuevo esposo la fuerza necesaria para vengar a su primer marido.
Pasan siete largos años antes de que Kriemhild sea capaz de actuar según sus planes, mostrándose en un principio como la dichosa y feliz consorte del rey húngaro y dándole además durante este tiempo un heredero al trono. Kriemhild invita a sus hermanos y a Hagen a su nuevo hogar y aunque Hagen acoge la invitación con escaso entusiasmo, finalmente acceden.
Al conocer por Hagen que el tesoro de los Nibelungos fue arrojado al fondo del Rhin, Kriemhild tiene la excusa perfecta para retomar su venganza. Ver a Hagen luciendo la espada de Siegfried en público es la gota que colma el vaso de la paciencia de la reina viuda.
Kriemhild había concebido un hijo de Etzel, Ortlieb, que fue criado por su madre para ejecutar su venganza. Hagen, a pesar de su astucia, acaba siendo fácilmente instigado a combatir. Se sucede una batalla en la que Hagen mata a Ortlieb delante de todos. Muerto el joven príncipe, los húngaros atacan a los Nibelungos, superándolos en gran número.
Los hombres de Kriemhild capturan a Gunther y Hagen, y la propia reina ordena la ejecución de Gunther, encargándose ella misma de decapitar a Hagen con la espada de Siegfried, Balmung. Por desgracia, uno de los guerreros de Etzel de nombre Hildebrand, mata acto seguido a la reina, horrorizado por la violencia de sus actos.

Kriemhild muestra la cabeza de Gunther a Hagen (Johann Heinrich Füssli, ca. 1805)
Hay numerosos elementos del Nibelungenlied que sugieren un trasfondo con un significado mucho más rico en el texto de este poema épico.
En primer lugar, “El canto de los Nibelungos” incluye elementos que contrastan poderosamente, consecuencia desafortunada de la difusión que alcanzó la historia mientras formaba parte de la tradición oral. Uno de los más relevantes es el término “Nibelungos”.
De acuerdo con modernas investigaciones, “El canto de los Nibelungos” da inicio con Siegfried hablando de su triunfo sobre los Nibelungos, dando a entender que o eran enemigos declarados suyos y del pueblo de Xanthen o simplemente se cruzaron en su camino.
Sin embargo, más adelante podemos leer en el texto que el término “Nibelungos” también se usa para describir a los Burgundios, esto es: Gunther, Brunhild y las gentes a las que Kriemhild invita a su nuevo hogar en Hungría.
Esto tiene poco sentido para los modernos estudiosos del poema, y generalmente se ha aceptado como una interpolación de origen desconocido incluida en el texto. (Algunas fuentes sugieren que los Nibelungos son una raza de enanos o Nybling, identificándolos además como los verdaderos dueños del tesoro).

Primera página del manuscrito del Nibelungenlied, o «Canto de los Nibelungos» (ca. 1230)
Un segundo elemento intrigante son los numerosos detalles históricos que aporta el poema, lo que nos lleva a preguntarnos si el texto está basado o no en hechos reales.
La derrota de los burgundios a manos de los hunos en el año 436 guarda una similitud inequívoca con la historia, y la reina merovingia Brunhilda también resulta increíblemente parecida a la reina islandesa del poema.
La Brunhilda histórica era la hermana de la segunda reina de los merovingios, que murió más tarde a manos de la amante del rey, Fredegund.
A raíz de este hecho surge la enemistad entre Brunhilda y Fredegund, de forma parecida a la que se guardaban Brunhild y Kriemhild en la saga.
Brunhilda persuade entonces a su esposo Sigebert para que marche a la guerra contra el marido de Fredegund Chilperic con la intención de vengar así a su hermana— del mismo modo en que Hagen se vengó de Siegfried, actuando supuestamente en nombre de Brunhild.
Finalmente, el rasgo más destacado en la concepción del Nibelungenlied es la gran cantidad de elementos que sugieren una relación con textos nórdicos medievales.
Brunhild, Siegfried, Kriemhild y Gunther son evidentemente variantes de los personajes de la Edda prosaica y de la Völsunga saga, dos relatos que nos hablan de Sigurd el matadragones y su amor por la valkiria Brunhild.
En estas versiones, Kriemhild es conocida como Gudrun y su papel es en principio menos relevante. Es de hecho su madre Grimhild quien hechiza a Sigurd para que se olvide de la valkiria y se case con su hija. Brunhild es entonces convencida mediante argucias para que se case con Gunther (Gunnar en esta versión) pero cuando al fin descubre el engaño, es la propia Brunhild quien acaba con la vida de Sigurd.

Ilustración de Sigurd y Brunhild. 1920.
Aunque la Völsunga saga y la Edda prosaica fueron ambas escritas en islandés medieval durante una época en la cual los monjes cristianos se encontraban recopilando las antiguas leyendas paganas, los elementos que toma prestados de ellas el Nibelungenlied son terriblemente obvios.
De todos modos, estos préstamos eran habituales en el siglo XIII, ya que se consideraban un recordatorio de creencias pasadas, alteradas con posterioridad para trasladarlas a la esfera de lo humano.
Estas creencias revivieron nuevamente en el siglo XIX, cuando Richard Wagner, el famoso compositor de ópera, rescató la historia de Brunhild, Kriemhild y Siegfried para la edad moderna.
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