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El Reloj del Apocalipsis…


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CNN(M.Marples/R.Ramirez/LCorán/J.Brown/S.Squassoni/D.Holz/Open Minds(J.Yanes)  —  El Reloj del Juicio Final, también conocido como «Doomsday Clock» ha estado haciendo tic toc durante 76 años. Pero no es un reloj cualquiera.

Intenta medir lo cerca que está la humanidad de destruir el mundo.

En 2022, el reloj se fijó en 100 segundos para la medianoche; la misma hora desde 2020.

El reloj no está diseñado para medir categóricamente las amenazas existenciales, sino para suscitar conversaciones sobre temas científicos difíciles como el cambio climático, según el Bulletin of Atomic Scientists, que creó el reloj en 1947.

«Cien segundos para la medianoche refleja el juicio de la Junta de que estamos atrapados en un momento peligroso, que no aporta ni estabilidad ni seguridad. Los avances positivos de 2021 no lograron contrarrestar las tendencias negativas a largo plazo», dijo entonces Sharon Squassoni, copresidenta del Consejo de Ciencia y Seguridad del Bulletin, que establece el horario del reloj. Squasson es también profesora de investigación en el Instituto de Política Científica y Tecnológica Internacional de la Universidad George Washington.

– ¿Qué es el Reloj del Juicio Final?

El Bulletin of Atomic Scientists fue un grupo de científicos atómicos que trabajaron en el Proyecto Manhattan, el nombre en clave para el desarrollo de la bomba atómica durante la Segunda Guerra Mundial.

Originalmente, fue concebido para medir las amenazas nucleares, pero en 2007 el Bulletin tomó la decisión de incluir el cambio climático en sus cálculos.

A lo largo de los últimos tres cuartos de siglo, la hora del reloj ha cambiado, según lo cerca que los científicos creen que está la raza humana de la destrucción total. Algunos años el tiempo cambia, y otros no.

El Reloj del Juicio Final lo fijan cada año los expertos del Consejo de Ciencia y Seguridad del Bulletin en consulta con su Junta de Patrocinadores, que incluye a 11 premios Nobel.

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El Dr. Leonard Rieser, Presidente del Consejo del Boletín de los Científicos Atómicos, hace retroceder la aguja del Reloj del Juicio Final hasta 17 minutos antes de la medianoche en las oficinas cercanas a la Universidad de Chicago el 26 de noviembre de 1991.

Aunque el reloj ha sido una llamada de atención eficaz a la hora de recordar a la gente las crisis en cascada a las que se enfrenta el planeta, algunos han cuestionado la utilidad del reloj de 75 años.

Lawrence Krauss, exmiembro de la Junta de Patrocinadores del Bulletin, dijo que, aunque el tiempo ha pasado desde que el reloj empezó a funcionar, ha sido difícil tomar en serio sus resultados, ya que en las últimas décadas se ha acercado peligrosamente al fin de la civilización.

Como físico teórico, Krauss se ha preocupado por cómo se evalúa y determina el reloj en la actualidad. Cada año, dijo, cuando el reloj se acerca alarmantemente a la medianoche, los científicos tendrían que medir cuánto «espacio» disponible queda antes de decidir cuánto más se debe mover el reloj.

«Ahora, el reloj se mueve en segundos, antes eran minutos», dijo Krauss a CNN. «Está claro que no es una evaluación científica cuantitativa, sino más bien cualitativa. Lo que siempre fue importante es el movimiento del reloj, no su valor absoluto».

– ¿Qué ocurre si el reloj llega a la medianoche?

El reloj nunca llegó a la medianoche, y Rachel Bronson, presidenta y CEO del Bulletin, espera que nunca lo haga.

«Cuando el reloj llegue a la medianoche, significa que se produjo algún tipo de intercambio nuclear o un cambio climático catastrófico que ha acabado con la humanidad», afirma. «Así que no queremos llegar nunca y no lo sabremos cuando lo hagamos».

¿Cuán preciso es el reloj?

La hora del reloj no pretende medir las amenazas, sino generar conversaciones y fomentar el compromiso público en temas científicos como el cambio climático y el desarme nuclear.

Si el reloj es capaz de hacer eso, entonces Bronson lo considera un éxito.

Cuando se establece una nueva hora en el reloj, la gente escucha, dijo. En 2021, durante las conversaciones sobre el clima de la COP26 en Glasgow, el entonces primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, citó el Reloj del Juicio Final al hablar de la crisis climática a la que se enfrenta el mundo, señaló Bronson.

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Bronson dijo que espera que la gente discuta si está de acuerdo con su decisión y mantenga conversaciones fructíferas sobre cuáles son las fuerzas impulsoras del cambio.

Todavía es posible hacer retroceder el reloj con acciones audaces y concretas. De hecho, las manecillas se han alejado antes de la medianoche, alcanzando los 17 minutos antes de la medianoche de 1991, cuando la administración del presidente George H.W. Bush firmó el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas con la Unión Soviética. En 2016, el reloj estaba a tres minutos antes de la medianoche como resultado del acuerdo nuclear de Irán y el acuerdo climático de París.

– ¿Qué puede hacer un individuo para hacer retroceder el tiempo en el reloj?

No subestimes el poder de hablar de estos temas importantes con tus colegas, dijo Bronson.

«Puede que no lo sientas porque no estás haciendo nada, pero sabemos que el compromiso público mueve a (un) líder a hacer cosas», dijo.

En lo que respecta al cambio climático, observa tus hábitos cotidianos y revisa si hay pequeños cambios que puedes hacer en tu vida, como caminar con mayor frecuencia en lugar de conducir y qué utilizas para mantener caliente tu casa, explicó Bronson.

En el 2018 el Boletín de Científicos Atómicos, que ha rastreado la amenaza de armas nucleares y otras tecnologías desde la década de 1940, adelantó las manecillas de su Reloj del Apocalipsis: ahora la medianoche simbólica del fin del mundo está más cerca.

“Con considerable preocupación fijamos la hora del Reloj del Apocalipsis de 2018 y ofrecemos una súplica para devolverlo”, dijo la presidenta y directora ejecutiva del Boletín de Científicos Atómicos, Rachel Bronson. “A partir de hoy, faltan dos minutos para la medianoche”, añadió.

Según el reporte del grupo, las mayores amenazas para la seguridad global provienen del terreno nuclear.

“El programa de armas nucleares de Corea del Norte avanzó notablemente en 2017, aumentando los riesgos para ese país en sí mismo, otras naciones de la región y Estados Unidos”, destaca el informe. “La retórica hiperbólica y las acciones provocadoras de las dos partes han aumentado la posibilidad de una guerra nuclear por accidente o por un error de cálculo”, insistió.

“Divorciar las políticas públicas de la realidad empírica nos pone en peligro a todos”, aseveró el físico teórico Lawrence Krauss, añadiendo que “lo que necesitamos es hacer políticas basadas en la evidencia, no crear evidencias basadas en políticas”.

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Además, el grupo mencionó repetidamente al gobierno del presidente Donald Trump por políticas que, a consideración del Boletín de Científicos Atómicos, son dañinas. Incluidas, la decisión del año pasado de retirarse del Acuerdo Climático de París y el menosprecio por el acuerdo nuclear de Irán.

La última vez que el reloj estuvo tan cerca de la medianoche fue en 1953, cuando Estados Unidos y la Unión Soviética competían en una carrera de armas nucleares.

En 2017, el grupo movió el reloj de tres minutos de la medianoche a dos minutos y medio de la medianoche. Lo más lejos que ha estado el reloj de la medianoche es de 17 minutos en 1991.

– 75 años prediciendo el fin de la humanidad

En junio de 1947, lo que hasta entonces era una newsletter fundada por un grupo de científicos del antiguo Proyecto Manhattan en la Universidad de Chicago pasó a convertirse en una revista en toda regla, bajo la cabecera de Bulletin of the Atomic Scientists.

Aquel primer número llevaba en su portada un gráfico simple, un reloj con sus manecillas situadas a las 12 menos 7 minutos, con el cual los miembros del Bulletin querían alertar sobre lo cerca que se hallaba la humanidad de su aniquilación —la medianoche— debido al peligro de una guerra nuclear.

Desde entonces, el llamado Reloj del Apocalipsis (Doomsday Clock) ha servido como aviso y recordatorio de las amenazas existenciales globales creadas por la humanidad contra sí misma, que hoy incluyen también el cambio climático y otras, mientras sus agujas han avanzado o retrocedido en función de la intensidad del riesgo. Desde 2020 el reloj marca solo 100 segundos para la medianoche, la mayor proximidad al fin en toda su historia.

El Bulletin lleva con orgullo sus orígenes, en los cuales figura de forma preeminente el nombre de Albert Einstein. Fue el físico alemán quien el 2 de agosto de 1939 firmaba una carta —escrita en realidad por su colega Leó Szilárd— dirigida al entonces presidente de EEUU, Franklin Delano Roosevelt, para llamar su atención sobre la posibilidad de utilizar la reacción en cadena del uranio para construir “bombas extremadamente potentes de un nuevo tipo”.

Einstein cerraba su misiva sugiriendo que el gobierno de la Alemania nazi podía estar explorando esta vía.

Aquella carta ha sido calificada como uno de los documentos que cambiaron el mundo, y no es para menos; un mes después estallaba la Segunda Guerra Mundial.

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Y aunque la reacción de Roosevelt no fue inmediata, aquel fue el primer paso hacia lo que en 1942 tomaría cuerpo como Proyecto Manhattan, que a su vez desembocó en los bombardeos nucleares de Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945, poniendo fin a la contienda global.

Los científicos implicados conocían bien el propósito final de su trabajo, aunque muchos de ellos se opusieron a su uso contra la población civil y se sintieron horrorizados ante las consecuencias. También Einstein, que no trabajó en el proyecto, lamentó haber firmado aquella carta.

– El vaivén histórico del minutero más famoso

Al mes siguiente de los bombardeos en Japón se creó el Bulletin of the Atomic Scientists of Chicago, con el fin de “equipar al público, a los legisladores y a los científicos con la información necesaria para reducir las amenazas a nuestra existencia creadas por el hombre”.

Este objetivo se plasmó en la publicación de un boletín que reunía artículos firmados por científicos y académicos de gran prestigio. Junto a sus fundadores, Eugene Rabinowitch y Hyman Goldsmith, el Bulletin congregó a un amplio grupo de colaboradores entre los que se encontraban Einstein y Szilárd, junto con nombres como J. Robert Oppenheimer, Max Born, Hans Bethe o Edward Teller, entre otros.

En 1947 lo que había comenzado como un folleto mimeografiado se transformó en una revista impresa, con el propósito de llegar a un público más amplio. La ilustración de su portada se encargó a la artista y miembro del Bulletin, Martyl Langsdorf, también esposa del físico del Proyecto Manhattan Alexander Langsdorf.

Ella fue la autora de la metáfora visual del reloj: sobre un fondo naranja brillante para captar la atención, las manecillas en blanco y negro situadas a siete minutos de la medianoche sugerían una cuenta atrás hacia la aniquilación de la humanidad por una guerra nuclear.

Según la actual presidenta y CEO del Bulletin, Rachel Bronson, Martyl propuso esta idea “tanto por la urgencia que transmite como por el sentido del tic-tac, que avanza hacia la medianoche a menos que lo movamos en sentido contrario”.

El Reloj del Apocalipsis se convirtió no solo en el emblema del Bulletin, figurando en todas sus portadas, sino también en un icono de la cultura popular que ha inspirado canciones, libros, películas, cómics y videojuegos.

Cada año el consejo del Bulletin ha movido el minutero reflejando los vaivenes en la gravedad de la amenaza nuclear, entre los 2 minutos para la medianoche que alcanzó en 1953, con el apogeo de la Guerra Fría, hasta los 17 minutos en 1991, con la caída de la Unión Soviética y la distensión este-oeste propiciada por la firma del primer tratado START de reducción de armas nucleares.

– De la amenaza nuclear al apocalipsis climático

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Pero desde 1991 el reloj ha avanzado de forma casi ininterrumpida hacia la medianoche y no solo a causa de la amenaza original que inspiró su concepción.

En 2007 el reloj pasó por un rediseño gráfico y conceptual; el primero, obra del diseñador Michael Bierut, buscaba una adaptación a los tiempos actuales, y este era también el propósito del segundo al incorporar la gran amenaza de nuestra época, el cambio climático, junto con otros peligros debidos a tecnologías disruptivas como la Inteligencia Artificial o las armas biológicas.

¿Es adecuado comparar el riesgo de una guerra nuclear con el del cambio climático?

“La guerra nuclear a gran escala, una vez empezada, puede causar una catastrófica pérdida de vidas y disrupción de la sociedad en horas, mientras que la catástrofe del clima tarda décadas o siglos y empeora cada año que seguimos emitiendo dióxido de carbono a la atmósfera”, explica a OpenMind el físico climático y planetario de la Universidad de Oxford Raymond Pierrehumbert, miembro del Consejo de Ciencia y Seguridad del Bulletin y coautor del tercer informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU.

“Sin embargo, las condiciones que hacen más probable el cambio climático catastrófico —desarrollos tecnológicos (favorables o desfavorables), negociaciones de tratados, hostilidades internacionales, respeto a la ciencia— se desarrollan en la misma escala temporal de décadas que los factores que afectan al riesgo de guerra nuclear”.

En otras palabras, el propósito no es tanto advertir sobre la mayor o menor cercanía de las consecuencias desastrosas del cambio climático como sobre el estado actual de la acción humana que puede acelerarlo o retrasarlo.

Así, señala Pierrehumbert, “es apropiado valorar los riesgos tanto de guerra nuclear como de disrupción climática usando la misma metáfora del reloj”. Y esta percepción influyó en gran medida para que en 2020 los expertos del Bulletin situaran la aguja más cerca de la medianoche que en toda su historia: 100 segundos, una valoración ratificada también en la revisión del reloj de 2021.

– El Reloj del Apocalipsis avanza y se encuentra en su punto más cercano a la catástrofe

Debido en gran parte a los crecientes peligros de la insensata invasión rusa de Ucrania, el Consejo de Ciencia y Seguridad del Boletín de los Científicos Atómicos movió las manecillas del Reloj del Apocalipsis o del «juicio final» más cerca de la medianoche de lo que han estado jamás. Se trata del primer cambio en tres años en la hora del Reloj, que ahora se sitúa a 90 segundos de la medianoche.

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Nunca en los 76 años de historia del Reloj del Apocalipsis habíamos estado tan cerca de una catástrofe mundial.

Fundado por Albert Einstein y los científicos de la Universidad de Chicago que desarrollaron las primeras armas atómicas, el Reloj es un indicador universalmente reconocido de la profunda vulnerabilidad del mundo ante las armas nucleares, el cambio climático y las tecnologías disruptivas. Cuanto más se acerque la medianoche, mayor será el peligro existencial.

A medida que la guerra en Ucrania se acerca a su segundo año, el mundo se encuentra en un momento muy peligroso. Decenas de miles de personas, muchos civiles inocentes, han muerto. No se vislumbra ninguna solución obvia al conflicto.

Esto contrasta fuertemente con la buena voluntad y el entendimiento mutuo que siguieron a la caída de la Unión Soviética, cuando Rusia se unió a Estados Unidos y Gran Bretaña y declararon solemnemente que «respetarían la independencia y la soberanía y las fronteras existentes de Ucrania» y «se abstendrían de la amenaza o el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de Ucrania». Se llegó a un acuerdo histórico.

A cambio, Ucrania renunció a su arsenal nuclear, en ese entonces el tercero mayor del mundo, y se convirtió en signataria del histórico Tratado de No Proliferación Nuclear.

Rusia violó descaradamente sus compromisos en 2014 cuando invadió el este de Ucrania y se anexó Crimea. Ahora, ha lanzado una invasión militar a gran escala del país, con el presidente de Rusia, Vladimir Putin, amenazando incluso con el uso de armas nucleares. Estas amenazas sin precedentes, en el contexto de una guerra brutal e impredecible, plantean la aterradora posibilidad de que se utilicen armas nucleares por primera vez desde 1945, ya sea por accidente, algún error de cálculo o incluso una decisión deliberada del propio Putin.

Resulta inquietante que Rusia haya llevado su guerra incluso a los sitios de los reactores nucleares de Chernobil y Zaporiyia, violando los protocolos internacionales y arriesgándose a la liberación generalizada de materiales radiactivos. Los esfuerzos del Organismo Internacional de la Energía Atómica para proteger las centrales han sido rechazados hasta ahora y la amenaza de catástrofe persiste.

El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, subrayó recientemente que el mundo se adentra en «una época de peligro nuclear como no se había visto desde el apogeo de la Guerra Fría». Guterres hablaba en una conferencia de la ONU sobre el Tratado de No Proliferación Nuclear, ahora socavado a raíz de que Rusia rompiera su promesa de respetar la soberanía de Ucrania.

El único tratado sobre armas nucleares que queda entre Estados Unidos y Rusia, el Nuevo START, también está en peligro.

A menos que ambas partes reanuden las negociaciones y encuentren una base sólida para nuevas reducciones de armamento, el tratado expirará en 2026. Esto eliminaría las actuales inspecciones mutuas, pondría fin a los límites de despliegue nuclear y probablemente incentivaría una impredecible e inestable carrera armamentística nuclear en medio del desarrollo de armas cada vez más avanzadas.

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Esto ahondaría aún más la desconfianza, quizás de forma irreversible, y aumentaría la probabilidad de una guerra nuclear.

Aunque estas amenazas son inmediatas y horribles, existen otras. Países tanto de Asia como de Medio Oriente están considerando construir arsenales nucleares.

Las tensiones entre Estados Unidos y China van en aumento.

Al mismo tiempo, el mundo aumenta el uso de combustibles fósiles y emite gases de efecto invernadero que atrapan el calor.

El covid-19 sigue matando a un gran número de personas y mutando de nuevas y peligrosas formas, con lo que las pandemias futuras son casi una certeza.

A medida que avanza la ciencia, también lo hacen las amenazas, tanto en bioseguridad como en tecnologías disruptivas.

Si alguna vez hubo un momento para que los líderes mundiales tomen medidas para hacer retroceder el reloj, es ahora. Hasta entonces, faltan 90 segundos para la medianoche.

Un reloj no exento de críticas

Sin embargo, el Reloj del Apocalipsis ha cosechado también numerosas críticas. No resulta extraño que sea blanco de descalificaciones por parte de ciertos medios de tendencia conservadora que lo acusan de regirse por sesgos políticos, o por parte de entidades conocidas por su postura negacionista del cambio climático.

Pero también entre la comunidad científica y académica han resonado críticas por su falta de rigor cuantitativo debido al carácter arbitrario de la posición del minutero —Martyl eligió inicialmente situar la manecilla en los siete minutos porque “quedaba bien”—, lo cual ha llevado a algunos a definirlo como “retórica probabílistica” o como una “triquiñuela publicitaria” que no hace sino enturbiar el mensaje que pretende transmitir. Incluso la revista Physics World juzga que la comunidad física, en cuyo seno nació el reloj, se siente hoy bastante desvinculada del concepto.

Asimismo, en una sociedad muy diferente de aquella de hace tres cuartos de siglo en la que nació la idea, en una época en la que se intenta explicar, concienciar y movilizar hacia la acción positiva en lugar de atemorizar con un espíritu apocalíptico que apela más al miedo visceral que a la racionalidad, algunos expertos juzgan que el Reloj del Apocalipsis puede no ser la herramienta más adecuada y que incluso puede ser contraproducente por incitar a la inacción o a la apatía, cuando se transmite a una generación tras otra el mensaje de que vivimos permanentemente al borde de nuestra extinción.

Todo ello cobra aún más relevancia cuando se cuestiona la utilidad real que ha tenido históricamente el reloj más allá de su imagen de cara a la galería, en términos de contribución práctica para evitar los peligros de los que advierte (Bronson no ha respondido a las preguntas de OpenMind sobre cómo valora el Bulletin los logros en este sentido).

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Incluso se ha alertado de que el reloj puede agravar los riesgos que intenta evitar —como en una profecía autocumplida: “Una creencia extendida de que una nación está bajo amenaza puede crear condiciones bajo las cuales la acción ofensiva preventiva sea políticamente viable y públicamente aceptable, exacerbando el riesgo de conflicto”, escribía en The Conversation el experto en políticas nucleares Tom Vaughan, de la Universidad de Aberystwyth.

En definitiva, tal vez el concepto del Reloj del Apocalipsis haya perdido vigencia y hoy resulte casi tan vintage como la tecnología analógica que representa. Pero si el reloj puede ser discutible, ni mucho menos lo son las amenazas de las que alerta.

En palabras del experto en ética y sociedad de las nuevas tecnologías Anders Sandberg, del Future of Humanity Institute de la Universidad de Oxford, “las predicciones del fin del mundo raramente son informativas, pero las buenas pueden ser directivas: nos urgen a arreglar el mundo”.

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