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El hombre de Piltdown, el gran fraude de la ciencia británica…


Una Historia Curiosa  —  El hombre de Piltdown, es conocido por ser uno de los más grandes fraudes en la historia de la paleoantropología, principalmente porque se creyó verdadero durante cuarenta y cinco años: desde su descubrimiento en 1908 hasta 1953, cuando el engaño fue descubierto.

La curiosa historia del hombre de Piltdown o Eonthropus dawsoni, como fue bautizado, fue un impresionante fraude científico que marco la primera mitad del siglo XX. Presentado al mundo por Charles Dawson, un arqueólogo aficionado quien fue el primero en estudiar y analizar los restos hallados en la localidad inglesa de Piltdown, los cuales llegaron hasta el, gracias a un obrero, el cual hallo unos extraños restos óseos mientras trabajaba en una cantera cercana a esta localidad inglesa, y este decidió entregarlos al arqueólogo mencionado anteriormente, para que este los estudiase.

Los restos en cuestión eran; un cráneo partido, un diente suelto, y una mandíbula con algunos dientes.

En aquel momento, el arqueólogo aficionado Charles Dawson vio a bien intentar reconstruir el conjunto de los restos con el fin de realizar el gran descubrimiento del siglo, en este momento se unió en su ayuda, del reputado paleontólogo Smith Woodward del Museo Británico, quien junto a Dawson, anunciaron a bombo y platillo, ante la en la Sociedad Geológica de Londres el gran hallazgo del siglo.

charles dawson

(Charles Dawson, en un folleto que anuncia su descubrimiento)

El descubrimiento era asombroso, pues se trataba del eslabón perdido que unía al humano moderno y los grandes simios, y por si esto fuera poco, además el primer hombre era ingles.

Por lo que este  hallazgo, resultaba casi milagroso, ya que no solo encontraron la clave de la evolución humana, sino que además el descubrimiento, sucedió en un periodo en el cual las teorías raciales dentro de la antropología física, estaban a la orden del día desde mediados del siglo XIX.

Por lo que este descubrimiento había situado a la comunidad científica británica por delante de los científicos franceses y alemanes, quienes por aquel momento, comenzaban a estudiar los restos de “cromagnon” y “neanderthal” respectivamente con el fin de realizar el hallazgo clave en la evolución humana, e incluirlo dentro de los ideales racistas y nacionalistas del momento.

Estos fueron motivos suficientes, como para saber porque el hombre de Piltdown fue aceptado por toda la comunidad científica inglesa sin mayor análisis, pues su simple existencia bastaba para desarrollar cientos de teorías evolutivas (sin ningún tipo de base real, ya que el descubrimiento era un fraude), con grandes denotaciones de raciales y nacionalistas, desde la propia evolución biológica del ser humano, hasta su desarrollo cultural, y por supuesto la superioridad racial, que marcó algunos de los episodios más importantes de la historia del siglo XX.

dawson-con el craneo de piltown

(El Paleontólogo Smith Woodward del Museo Británico)

Pasados los años, el fraude salio a la luz, cuando el dentista Alvan .T. Marston, determinó que los dientes de ese esqueleto correspondían a un orangután, el diente suelto a un mono y el cráneo a un homínido (Homo sapiens).

Posteriormente a estas deducciones las nuevas dataciones con Carbono-14, ya en la década de los años 50, se descubrió que ni los restos de orangután y mono eran de un periodo antiguo del mundo, ni mucho menos el cráneo de homínido, quien al parecer pertenecía a un señor de la Edad Media.

Los científicos probaron que los restos tenían menos de 50.000 años de antigüedad y que el cráneo y la mandíbula procedían de dos especies diferentes (un cráneo humano y fragmentos de mandíbula de un simio, probablemente un orangután).

Todo el conjunto había sido manipulado con el fin de provocar el engaño. El célebre hombre de Piltdown resultó ser uno de los más grandes fraudes de la historia científica. 

Cien años después, un grupo de investigadores británicos emplea la última tecnología para intentar esclarecer el enigma. Aunque Charles Dawson es el principal sospechoso, el número de implicados pudo ser mucho mayor, incluyendo a Woodward, Martin Hinton, el conservador del museo, el sacerdote jesuita Teulhard de Chardin e incluso el famoso escritor Arthur Conan Doyle.

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