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De villancios, historia…


Sello de 1978, ambientado en el siglo XVIII, que recrea un grupo de personas cantando villancicos.

National Geographic(J.M.Sadurni)/Noro(A.A.Jiménez)/BBC(R.Abuchaibe)/DW  —  El villancico, como indica su propio nombre, es la canción de villa; la que servía para registrar la vida cotidiana de los pueblos. Según algunos historiadores, este canto surgió por el siglo XIII, siendo difundido en España en los siglos XV y XVI, y en Latinoamérica desde el siglo XVII. En sus inicios fue una forma poética española y lo usaban como registro de los principales hechos de una comarca.

A lo largo de la historia, ha sufrido muchas transformacioneshasta que en el siglo XIX su nombre quedó exclusivamente para denominar a los cantos que aluden a al Navidad. El villancico no sólo se consolidó como género, sino que se convirtió en el arquetipo de la ‘canción de Navidad’. Su temática se concentra en el niño Jesús, la Virgen MaríaSan José, los Reyes Magos, los pastores y la Estrella de Belén.

Los villancicos son melodías que eran interpretadas por los habitantes de los pueblos para narrar historias de la vida cotidiana, como la Navidad. Según información de El Universal, una versión señala que estos cantos comenzaron en el siglo V, cuando los evangelizadores cristianos llevaban la palabra de Dios a personas que no sabían leer. Entonces, lo hacían a través del canto, que se conocían con el nombre de villanus.

Otra versión sostiene que el primer compositor que creó un villancico fue el Marqués de Antillas, un reconocido poeta del siglo XV que había creado una serie de canciones navideñas para sus tres hijos.

En México, la primera composición considerada como villancico fue El redentor del mundo, proveniente de la España del siglo XV. Después, poetas españoles como Fernán González de Eslava y Pedro Trejo compusieron otros cantos.

Para el siglo XVII, Sor Juana Inés de la Cruz logró transmitir el alegre humor y las tradiciones sencillas de los pueblos a través de sus escrituras. Posteriormente, estas se incluyeron en los festejos navideños, como las posadas y bailes escolares.

La procedencia de la palabra villancico tiene un origen popular, ya que deriva de la palabra «villa» y a su vez del latín villanus. Sin embargo, y en un principio, el origen de los villancicos no estuvo ligado a la Navidad como tal, sino que estas canciones populares trataban todo tipo de temas cuando comenzaron a popularizarse en España y Portugal durante la Edad Media y el Renacimiento.

De hecho, ya el nombre en sí mismo sugiere de qué trataban las canciones que entonaban los «villanos», es decir, las personas de clase humilde que vivían en las villas medievales. Se trataba de composiciones vocales inspiradas en textos de temática rural y que no siempre iban acompañadas de instrumentos.

Estos poemas tuvieron un gran éxito y fueron musicalizados por grandes compositores del momento, como el músico y poeta Juan del Encina, el compositor renacentista Mateo Flecha o el compositor y organista Gaspar Fernandes, entre otros.

Los villancicos constituían uno de los tres principales géneros de la lírica española popular, junto con las cantigas y las jarchas mozárabes.

Al final, una parte muy representativa de los villancicos renacentistas pasó a ser recogida en manuscritos y volúmenes antológicos conocidos como Cancioneros, entre los que destacan el Cancionero General, el de Palacio, el de Linares, el de Medinaceli, el de la Colombina o el de Upsala.

Tal y como explica la filóloga Silvia Iriso en El gran libro de los villancicos, la variedad y asimilación temática favoreció la popularidad de estas canciones, pues «prácticamente cualquier cosa podía ocupar un estribillo: la noticia de la toma de Granada, la nostalgia de la patria…», aunque el tópico amoroso siguió siendo el más prolífico durante todo el siglo XVI.

Iriso cuenta en su libro que la iglesia vio en el villancico una fórmula perfecta para difundir y propagar su mensaje.

Además de componer algunos villancicos inspirados en la figura de Jesucristo o de la Virgen, se extendió también el recurso de sustituir la letra profana por una sagrada con la indicación de «cántese al son de» o «al tono de», seguido del título de algún famoso villancico de la época.

El éxito de esta nueva modalidad llevó a la jerarquía eclesiástica a oficializarla y a permitir que los villancicos de temática religiosa se fueran interpretando poco a poco en las iglesias como parte de la liturgia.

Los villancicos fueron formando parte cada vez más de las festividades religiosas, siendo la Navidad la celebración en la que esas composiciones se hicieron más populares.

A lo largo de los siglos XVII y XVIII, los villancicos alcanzaron una gran sofisticación musical. En ellos se llegaron a incluir coros, solistas e incluso representaciones escénicas, con lo que algunos llegaron a convertirse en pequeñas piezas teatrales.

Con el tiempo, los religiosos más puristas comenzaron a repudiar la teatralidad y el carácter de los villancicos porque, como decía el sacerdote y teórico Pietro Cerone, «distraían a los oyentes de la devoción».

A finales del siglo XVIII, los antiguos villancicos fueron poco a poco fundiéndose con otros géneros, como la tonadilla, y mucho más tarde con la zarzuela.

Además de los villancicos más tradicionales, por todos conocidos, hay villancicos regionales que son más populares en su lugar de origen.

Por ejemplo, en Galicia cantan Bo Nadal y Alá Polá Noite entre otros, y en Euskadi Gabonak Gabon y Autxo Porito.

En Cataluña se entona la Santa Nit y el Rabadá; en Andalucía cantan algunos tan divertidos como Corre, corre al portalico y ¡Alepun!.

De Madrid es originaria la famosa Marimorena, y en Valencia se canta un villancico muy conocido por mayores y pequeños llamado Los Pastorets i Pastoretes.

También podemos destacar algunos tan entrañables como en Belén tocan a fuego, popular en Castilla y León, o Los pastores de Extremadura, el villancico extremeño por excelencia. Tampoco podemos olvidar el famoso Ay del chiquirritín, cuyo origen es navarro, ni los tan conocidos Ya vienen los Reyes de Aragón o Hacia Belén va una burra típico de Castilla-La Mancha.

Y en este breve repaso del cancionero popular navideño no puede faltar el popular Dime Niño, de Murcia, y el entrañable Una sobre el mismo mar, de origen canario.

– Villancicos por el mundo

Pero no sólo en España se cantan canciones para celebrar la Navidad. En otras regiones del mundo, a este tipo de composiciones se las conoce con diversos nombres: Koliadki en Ucrania y Rusia, Koleda en Bulgaria y Polonia, Pastorali en Italia, Weihnachtslieder en Alemania, Christmas Carols en los países de habla inglesa, Agüinado en Venezuela o Posadas en México y Centroamérica. 

El villancico más conocido y que todo el mundo ha cantado al menos una vez en su vida es Stille nacht, heilige nacht, nombre original del famoso Noche de paz.

Esta bella pieza tiene su origen en la casualidad, pues fue creada por un sacerdote austríaco que se encontró en la tesitura de tener que componer una canción que se pudiera interpretar sin el acompañamiento del órgano de la iglesia, pues éste se había estropeado.

Así que para la misa del gallo de 1818 compuso Noche de paz, un villancico que ya se ha traducido a 330 idiomas. Otra canción navideña de gran éxito y conocida en todo el mundo es el célebre Jingle Bells estadounidense.

Quizá lo más curioso sea la transformación que estas canciones han sufrido con el paso de los siglos y la capacidad del ser humano de mantener las tradiciones, de recoger sus letras, sus melodías y conservarlas para las generaciones venideras. Los villancicos son un tipo de canción muy particular, y no gustan a todo el mundo.

Pero no podemos negar que son parte de nuestra historia y, aunque a veces a algunos les puedan resultar repetitivos y simples, forman parte de una antigua tradición cultural. No dejemos que caigan en el olvido…

– Los más populares

Dentro de las melodías más populares se encuentra Noche de paz, escrita por el sacerdote Joseph Mohr e interpretada por primera vez en la misa de gallo de Austria, en 1818. Otra es Campana sobre campana, un villancico muy conocido en la mayoría de los países de habla hispana. Su autor se desconoce. Los peces en el río es otra canción muy popular de origen incierto. Sin embargo, en algunos párrafos se perciben influencias árabes.

Una de las melodías que no puede faltar en las fiestas es Blanca Navidad, escrita y compuesta por Irving Berlín, en 1940. Un dato interesante es que está incluida en el libro de Record Guinness por ser uno de los temas más vendidos en la historia.

De acuerdo con la página del Gobierno de México, Mi burrito sabanero es otro tema icónico de la temporada. Hugo Blanco, músico venezolano, compuso esta canción en 1975.

El niño del tambor es otro de los villancicos mundialmente conocidos. Esta melodía es de origen checo, y fue traducida por la pianista Katherine Kennicott, en 1941.

– Mi Burrito Sabanero: la historia del niño venezolano que popularizó el villancico y no recibió «ni un bolívar partido por la mitad»

Ricardo Cuenci, de 8 años, cabalga un burrito acompañado de la agrupación infantil venezolana La Rondallita en la portada del disco original

«Con mi burrito sabanero, voy camino de Belén, si me ven, si me ven, voy camino de Belén».

Si naciste en Latinoamérica es muy probable que esa letra te evoque recuerdos de tu niñez y que incluso la estés escuchando de nuevo estos días de Navidad.

El villancico navideño «Mi Burrito Sabanero» o «El Burrito de Belén», de origen venezolano, ha sido interpretado por un rango muy amplio de artistas: desde la leyenda de la música venezolana Simón Díaz hasta el cantante colombiano Juanes pasando por Elvis Crespo.

Pero ninguna versión ha tenido el impacto que la que grabó, hace más de 40 años, un grupo del Coro Infantil Venezuela conocido como La Rondallita.

Esa versión de 1975 es la más popular y no sólo es un recuerdo de hace más de 40 años, sino que hasta el día de hoy sigue siendo uno de los villancicos de referencia en la Navidad de América Latina, de España y de la comunidad latina de Estados Unidos.

De hecho, la revista estadounidense especializada en música Billboard la ha incluido en su lista de las 100 mejores canciones navideñas de todos los tiempos.

Lo que no muchos conocen es la historia de Ricardo Cuenci, el niño de 8 años que puso voz al burrito.

«Mejor en la voz de un niño»

«Cuando en el año 1975, el maestro Hugo Blanco compone la canción del Burrito Sabanero, primero la canta el reconocido músico, también venezolano, Simón Díaz», le cuenta a BBC Mundo Aguasanta Márquez, actual directora del Coro Infantil Venezuela.

«Pero a Hugo Blanco le pareció que sonaba mejor en las voces de unos niños, voces infantiles», agrega.

Márquez cuenta que fue en ese momento que el maestro Blanco contactó al Coro Infantil Venezuela, y a su director entonces, el también reconocido arreglista Raúl Cabrera.

«El profesor Cabrera lo que hizo fue el montaje coral, el arreglo musical para un montaje coral infantil», explica Márquez. «Hugo Blanco escoge con el profesor [Cabrera] a los niños que van a grabar ‘El Burrito Sabanero'».

Y como solista, eligen al pequeño Ricardo Cuenci, de 8 años.

El disco de La Rondallita incluía otras canciones compuestas por el maestro Hugo Blanco

El cantante

Ahora, con 55 años, Ricardo le cuenta a BBC Mundo desde Venezuela que desde muy pequeño la música fue parte de su vida: «Cuando yo tenía 4 o 5 años, mi papá participaba en una agrupación de música llanera».

«Y yo agarraba una cajita de fósforos, le metía clavitos y empezaba a tocar maracas porque veía a los otros tocando maracas».

Fue por ese interés en la música, y gracias a la gran amistad que tenía su padre con Raúl Cabrera, que Ricardo terminó cantando en La Rondallita. Y así el niño oyó «El Burrito de Belén» por primera vez.

«Recuerdo que estábamos grabando con el Coro Infantil Venezuela en un estudio. Estaba Hugo Blanco, estaba Raúl Cabrera y yo escuché la canción que había grabado Simón Díaz», cuenta Ricardo.

«Y yo me puse a tararear en los pasillos del estudio y a cantar El Burrito Sabanero. Entonces salen y escuchan lo que estoy cantando […] Y como yo sabía que tenía cómo cantarlo, la canté […] Incluso se tuvo que grabar como el Burrito Tabanero, porque yo no sabía pronunciar la S. Y así quedó».

El éxito

Ya grabado «El Burrito de Belén» con la voz de Ricardo, fue Raúl Cabrera el encargado de difundirlo, según cuenta Márquez, del Coro Infantil Venezuela.

«Cuando sale publicado el disco, el maestro Cabrera trabajaba en una tienda de discos que era de su papá. Y era él el que llevaba los discos a las rockolas de todo el país. Y ¿qué hizo él? Empezó a meter el disco del burrito sabanero para que lo empezaran a colocar en las rockolas».

El disco empezó a ganar tracción. Primero llegó a Caracas, y de ahí se empezó a internacionalizar.

Inicialmente, La Rondallita viajó a Puerto Rico aunque con otros integrantes que no incluían a Ricardo Cuenci

«De allí, La Rondallita [el coro infantil venezolano] empezó a hacerse famosa afuera, sobre todo en Puerto Rico […] Viaja La Rondallita a Puerto Rico, pero lo cómico es que los niños que viajaron no son los mismos que grabaron. Entre los que viajaron no estaba Ricardo Cuenci«, recuerda Márquez.

Aunque Ricardo no estuvo en esa primera gira de La Rondallita, le contó a BBC Mundo que recibió la invitación de Cabrera para viajar por todos lados a cantar.

«¡Se viajó! Hicimos dos viajes. La segunda vez estuvimos tres meses y cantábamos en todos lados. En zoológicos, en cuestiones nocturnas, en los hoteles, en los parques. En donde nos pidieran, cantaba».

Desilusiones

A pesar de que fue un corto periodo de tiempo el que estuvo de gira con La Rondallita, Ricardo cuenta que hubo momentos que lo empezaron a desilusionar.

«Tuvimos problemas con el manager o el patrocinante […] Incluso tuvimos problemas con un hotel, nos sacaron del hotel y tuvieron que comprarnos ropa para poder cantar en otro sitio».

Además, Ricardo cuenta que nunca vio ningún tipo de regalías de la versión del «Burrito Sabanero» a pesar de la popularidad que adquirió la canción en toda la región y que aún mantiene.

«Uno como niño nunca supo nada de eso, ni de dinero, ni de cobros… Nunca se nos pagó ni un bolívar partido por la mitad, ni a mí ni a mis compañeros de La Rondallita».

Ricardo Cuenci, en el centro de la foto, estuvo de gira dos veces con La Rondallita

Pero una de las desilusiones más grandes fue cuando el papá de Ricardo rechazó una oferta que pudo haber cambiado su vida: la de ser parte de Menudo, la popular agrupación infantil puertorriqueña a la que perteneció, entre otros, Ricky Martin.

«A lo mejor a mi papá le faltó un poco de chispa», lamenta Ricardo. «No me dejó, no me dejó y yo quedé así como que ‘mérmole’… ¡Y con Menudo!».

«Y llegó el momento en el que eso se apagó. Yo me apagué. No quise saber nada más del Burrito de Belén ni de La Rondallita ni nada de eso. Y me dediqué a lo mío, a mi familia, a mis cosas.»

Muchos años después…

Hoy, Ricardo Cuenci tiene 55 años y todavía se mantiene activo en la música

Ricardo nunca se desconectó completamente de la música, a pesar de la fallida experiencia que tuvo en su niñez.

Cuenta que estudió música, que aprendió otras labores, que trabajó en el campo y que actualmente lo hace con publicidad.

Pero dado el interés que todavía hay por la versión de La Rondallita del «Burrito de Belén», Ricardo dice que ha mantenido contacto con sus excompañeros del coro, e incluso está planeando lanzar una nueva versión del famoso villancico.

«Hay una primicia ahora el 24 [de diciembre] con mi nieta. Voy a mandar por YouTube una pieza, una canción. Y además es con mi tío, que es Tony Cuenci, tremendo cantante tenor. Es para que se sorprendan que todavía hay talento para rato».

Hoy, con el apoyo de su familia, Ricardo se siente agradecido con el burrito y con la felicidad que le ha podido traer a tantas personas alrededor del mundo.

«Que cada niño en el mundo escuche esa canción y se llene de alegría a mí me llena un montón».

– Noche de Paz: así surgió el villancico más famoso del mundo

Por el año 1815, las guerras contra la invasión de las tropas de Napoleón habían dejado hambre y devastación en los Alpes austriacos, más exactamente en Salzach, cerca de Oberndorf, frontera entre Baviera y Austria. Las inundaciones y las malas cosechas agravaban las dificultades.

Y para colmo de males, los ratones habían roído los fuelles del órgano de la iglesia de San Nicolás de Oberndorf. Nada parecía funcionar en esa Navidad.

Aficionados del Unión Berlín dejan por un día las pasiones del fútbol y cantan juntos en el estadio «Noche de Paz» .

Joseph Franz Mohr, un pastor auxiliar de 26 años, atraviesa el campo nevado en la mañana de Nochebuena. Es el año 1818, y en un bolsillo encuentra un trozo de papel con un poema que había escrito dos años antes: «Noche de paz, noche de amor», en alemán «Stille Nacht, heilige Nacht”.

Cuando se pierden se aprecian: paz y armonía

Mohr acude a su amigo, el profesor y organista Franz Xaver Gruber, y le pide escribir una melodía para el texto en un abrir y cerrar de ojos, y a dos voces con acompañamiento de guitarra, ya que el órgano había sido dañado. Por la tarde, justo a tiempo para la misa de Navidad, la obra está terminada.

Mohr canta el tenor, Gruber toca el bajo y los asistentes de la iglesia de San Nicolás de Oberndorf quedan encantados. Esta canción le devolvió a los habitantes de la región lo que tras la guerra ya no creían que existiera: un mundo en paz y armonía. Este villancico fue consuelo y esperanza para las almas maltratadas por la invasión napoleónica.

«Noche de paz, noche de amor»: un eterno hit

Así va una de las estrofas:

    Noche de paz, noche de amor,

    oye humilde el fiel pastor,

    coros celestes que anuncian salud

    gracias y gloria en gran plenitud…

Así, desde hace 204 Navidades esta canción, escrita originalmente en alemán, le da la vuelta al mundo. La familia de cantantes tiroleses Rainer se la cantó al zar ruso Alejandro I y al emperador austriaco Francisco I. En la que hoy es Alemania se estrenó en Leipzig en 1831. Ocho años después, en Nueva York.

Desde 2011, «Noche de paz» figura incluso en la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO.

Mohr, socorrista de los pobres

Joseph Mohr no se enteró del entusiasmo mundial que generó con su villancico. Como hijo ilegítimo de una tejedora y de un mosquetero desertor, mandó a construir junto a la iglesia de Wagrain, su última estación como pastor, un refugio para los ancianos necesitados que – tras cumplir su tiempo de trabajo como peones – eran abandonados a su suerte y expulsados de la granja.

También construyó una escuela y vendió su vaca para pagar los libros de los niños. Cuando Mohr murió a los 56 años, fue enterrado en la tumba de uno de los indigentes que él socorría. Hoy en día, miles de turistas peregrinan anualmente a la capilla de la Noche de Paz de Oberndorf.

Hoy, este cántico sigue siendo un bálsamo para los habitantes de un mundo al parecer cada vez más inseguro, violento e injusto. Su letra y su música logran la magia de poner a los escuchas en un estado de reflexión, y por lo menos de reconciliación consigo mismos.

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