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Navidad en algunas obras de arte …


Piero della Francesca – Italia, 1475 – Título original: Natività – Museo: National Gallery, Londres (Reino Unido)

(HA! C.Carnota)  —  Piero della Francesca pinta esta Natividad justo antes de quedarse ciego, y quizás es por eso que parece inacabada.

Aún así conserva intactos los valores que hicieron de Piero uno de los artistas más sobresalientes del Renacimiento italiano, un pionero que en el Quattrocento consiguió hacer alcanzar el arte a cotas jamas soñadas.

La temática es clara: el nacimiento del Niño Jesús. La Virgen María está de rodillas, con las manos en pose de oración. El bebé está en el suelo, pero ocupa el centro mismo de la composición, y unos ángeles músicos cantan y tocan instrumentos (asumimos que un villancico).

Atrás, vemos las figuras inacabadas: san José sentado, dos pastores y por supuesto, la mula y el buey que no pueden faltar en esta escena.

Ya sabemos que estos dos animales no se citan en los evangelios, pero desde el siglo IV aparecen en imágenes navideñas, acompañando a la Sagrada Familia.

Muchos ven simbologías variadas en estas dos figuras: representan a todas las razas de la tierra, a lo masculino y lo femenino, el bien y el mal… Y también está la leyenda que dice que el buey fue el único que dio calor con su aliento al bebé, mientras que la mula solo se comía paja del pesebre. Por eso fue castigada a quedarse sin descendencia para siempre, y por ello la mula (unión del burro y el caballo) es estéril.

La Pietá – Antonello da Messina, Italia, 1476 – Museo: Fondazione Musei Civici di Venezia, Venecia (Italia)

HA!(M.C.Santos)  —  Vaya misterio el de este cuadro. No se sabe nada de su origen, su objetivo, su función… Sólo que es obra de Antonello da Messina, un excelente retratista veneciano del Renacimiento y que durante una desastrosa restauración, las caras de Cristo y esos tres ángeles quedaron seriamente dañadas.

Es lo que desde 2012 se conoce como un Ecce Homo, al puro estilo Cecilia Giménez. Ya podemos intuir que no es fácil el noble oficio de restaurador.

El caso es que esta negligencia por parte de los restauradores entre 1939 y 1940 dio lugar a acrecentar el misterio del cuadro. Con los rostros desdibujados, la obra hasta parece más enigmática e incluso podemos decir que la pintura gana en lirismo y mística. Los tres ángeles sujetan el peso de Cristo muerto y esas caras, que podrían ser de Bacon o Giacometti evocan vacío, pérdida, desvanecimiento…

Lo que no quedó dañado fue el paisaje del fondo, una fiel y minuciosa panorámica de la ciudad de Messina, en la que vemos como Antonello tenía dos influencias principales en su pintura: la experimentación con la perspectiva de Piero della Francesca y el detallismo de los flamencos (además de adoptar el uso del óleo, como hacían en el norte).

Sandro Botticelli, Italia, 1501 – Título original: Natività mistica – Museo: National Gallery, Londres (Reino Unido)

HA!(M.C.Santos)  —  Botticelli debió pintar esta inusual Natività mistica para «consumo propio», pues la obra se aleja de toda representación tradicional del nacimiento de Cristo.

Curiosamente, el gran renacentista abandona la perspectiva y el realismo, propios del quattrocento y vuelve a la iconografía arcaizante de los primitivos, como harían después los románticos o los simbolistas.

Hay tiempos en el arte donde lo arcaico expresa mejor lo que es más complejo.

Aquí por ejemplo hay figuras de varios tamaños (la típica jerarquía de la edad media), y se pinta a la virgen gigantesca. También esas actitudes forzadas y poco naturales en San José y los pastores son propias de la pintura medieval.

Mientras las figuras se abrazan de forma casi violenta, pequeños demonios se dispersan por agujeros en el suelo, y arriba, ángeles bailan bajo un dorado que sólo pueden ser las puertas del cielo.

El cuadro supura pathos, casi dolor… Más que una celebración parece una escena apocalíptica donde se roza el delirio lisérgico. A esto contribuye la inscripción superior en griego:

Este cuadro de finales del año 1500, durante las turbulencias de Italia, yo, Alessandro, lo pinté en el tiempo medio después del tiempo, según el XI de san Juan en el segundo dolor del Apocalipsis, en la liberación de los tres años y medio del Diablo; después será encadenado en el XII y lo veremos [precipitado] como en el presente cuadro.

Podríamos interpretar esto iconológicamente como un ejemplo del milenarismo del año 1500, «el tiempo medio después del tiempo»(medio milenio (500 años) después de un milenio (1000 años)=1500), una época convulsa en lo político, donde proliferaron las sectas en las que se creía en la Segunda Llegada de Jesucristo, profetizada por la Revelación.

 La Trinidad, El Greco, España, 1579 – Museo: Museo del Prado, Madrid (España)

HA!(L.Poveda)  —  Esta obra fue uno de los primeros encargos que recibió el Greco al llegar a España y estaba destinada a ocupar la parte superior del retablo del convento de Santo Domingo el Antiguo en Toledo.

Como debía verse a bastante altura, El Greco apuesta por la monumentalidad de la figuras, con una perspectiva arriesgada pero acorde al punto de vista del espectador y otorga un sentido escultórico a las personajes.

Esta representación de Cristo muerto sostenido parcialmente por Dios Padre sentado en un trono de nubes, acompañado del Espíritu Santo y rodeado de ángeles, nos permite entender cómo era la pintura del Greco durante su primera etapa en Toledo, donde la influencia de su estancia en Italia se refleja perfectamente en el uso del color y sobre todo en el tratamiento de la anatomía de los personajes que tomó de su admiración por el trabajo de Miguel Ángel.

Aunque hay motivos parecidos en algunos ejemplos tardomedievales, es particular el planteamiento del Greco en la composición, donde podemos identificar la iconografía de la Piedad pero en este caso con el Dios Padre ocupando el lugar de la Virgen María. También es interesante, cómo los tonos brillantes de las túnicas de los personajes contrastan drásticamente con la palidez cadavérica del cuerpo de Cristo.

La expresión tanto de los ángeles como del Padre de Cristo aportan emoción a la escena que ya de por sí, tan sólo en la composición, se nos presenta de manera impactante y dramática, aspecto que se refuerza con esa representación del espacio celestial donde las figuras parecen apoyarse en una grandiosa nube grisácea que cubre el cielo azul y una luz dorada en la zona superior que proporciona un toque de espectro divino y celestial.

Si bien el cuadro está representado según las proporciones tradicionales y aún se encuentra alejado de la estilización de las figuras que predominará en las obras posteriores del Greco, podemos intuir en La Trinidad algo de lo que será su estilo tardío en la postura serpenteante de Cristo, en las expresiones de los personajes y en el incipiente alargamiento de las figuras en general, un estilo que lo hará único, inconfundible e inclasificable.

Federico Barocci, Italia 1592 – Título original: Bozzetto per le teste di quattro apostoli seduti a sinistra nell’Ultima Cena, Duomo di Urbino – Colección particular

HA!(C.Carnota)  —  En algún lugar entre el Manierismo y el Barroco aparece la figura de Federico Barocci, muy talentoso pintor que ayudaría a la germinación del nuevo estilo que dominaría el siglo XVII.

Barocci nació, vivió y trabajó en Urbino, en donde está su cuadro La Última Cena, todo un prodigio técnico para la época. El artista dominaba la luz y el color con su estilo brillante y vivaz, y se ve en esta obra maestra de madurez.

(Última cena – (1592–1599) – 299 × 322 cm. – Duomo, Urbino.)

Pero para realizar el descomunal cuadro, el artista realizó varios bocetos como el que nos toca.

Barocci fue un pionero en realizar bocetos al óleo de sus obras, perfeccionando sus tonos suaves y opalescentes.

Dichos estudios fueron parte de un proceso complejo de estudios gestuales, estudios de composición, estudios de figura (utilizando modelos), estudios de iluminación (utilizando modelos de arcilla), estudios de perspectiva, estudios de color, estudios de naturaleza…

A pesar de este laborioso proceso, Barocci deja intactas unas pinceladas apasionadas y libres y sobre todo esa singular luminosidad que tantas puertas abriría al arte posterior. De hecho, artistas como Rubens tomarían buena nota de la técnica y la forma de trabajar de Barocci.

Existen más de 2000 dibujos hechos por él, más que cualquier otro artista de ese período, y eso que solo podía trabajar un par de horas al día, debido a una dolencia intestinal que le atormentaría durante sus siguientes 52 años de vida. El artista estaba seguro que habían sido unos rivales envidiosos que le habían envenenado la comida.

Psicosomática o no, esta dolencia le hacía vomitar todo lo que comía, no dormía, tenía horribles pesadillas y su salud fue desde entonces frágil, aunque, como vemos, siguió activo bastantes años, trabajando en períodos cortos durante el día.

Bronzino, Italia 1539 – Título original: L’Adorazione dei pastori – Museo: Magyar Nemzeti Galéria, Budapest (Hungría)

HA!(M.C.Santos)  —  Manierismo florentino en estado puro para mostrar esos momentos tras el nacimiento de Jesucristo.

Como vemos, Bronzino era todo un maestro de la ejecución y el «disegno» (dibujo). Los manieristas como él idolatraban sobre todo a un artista: Miguel Ángel, y quizás de ahí viene ese modelado escultórico de las figuras que hacen que parezcan un belén viviente.

Una escena casi onírica, más aún por esa manera de mostar el paisaje como si fuera comopuesto por maquetas, con varios niveles de iluminación: toda la parte de arriba es cielo azul (realizado con lapislázuli, que no era precisamente barato en 1539) y un poco más abajo está salpicado de lagos, montañitas y vegetación.

Abajo se amontonan las figuras para adorar al Niño Jesús, y en ese cielo sobrenatural flotan, por un lado un pequeño ángel fantasmagórico que anuncia el nacimiento a un pastor, y por otro, como si de un collage se tratara esos deliciosos cinco angelotes que sobrevuelan la Natividad.

Esta encantadora cinta navideña de ángeles, adorna la figura de forma muy poco elegante, y a la vez dando elegancia al conjunto. Son esas contradicciones manieristas: libertad a la hora de mostrar la proporción de las figuras (quien tenga un belén en casa, es probable que sufra esa diferencia de proporción entre las distintas figuras) y esa forma de presentar una sofisticada y artificiosa perspectiva espacial.

Dante Gabriel Rosetti, Reino Unido 1867 – Título original: A Christmas Carol – Colección particular

HA!(M.C.Santos)  —  Este inglés de nombre italiano, este fascinante hermano pre-rafaelita realizó la tarjeta de navidad definitiva. Un villancico pintado de colores cálidos, con la ya clásica paleta de verdes, rojos y dorados que da calor en la fría noche del solsticio de invierno.

Una lavandera llamada Ellen Smith fue la modelo para la figura protagonista, y el artista la pintaría varias veces más. Aquí la representa como una intérprete de música (mujeres e instrumentos: todo un clásico de Rossetti…) que está cantando un villancico, que según el asistente de estudio de Rossetti, Henry Treffry Dunn, se trata de «Hodie Jesu Christus natus est Hallelujah» («Hoy es Jesucristo nacido, Aleluya)».

Acompaña a la obra de arte otra obra de arte complementaria: el marco de la pintura diseñado también por el artista, e inscrito con una cita de un viejo villancico inglés, con algo de latín:

Here a maid, well apparelled, shall sing a song of Christ’s birth with the tune of Bululalow: / Jesus Christus hodie Natus est de Virgine.

(Aquí una doncella, bien vestida, cantará una canción del nacimiento de Cristo con la melodía de Bululalow: / Jesus nació de una virgen.)

En esos años Rossetti estaba empezando a ser un yonqui, cada vez más inestable, obsesionado por los animales salvajes, y en concreto por los wombats (!?!). Su salud se fue deteriorando y acabaría como una cabra poco más de una década después de pintar este maravilloso villancico.

El cuadro fue vendido en Sotheby’s en diciembre de 2013 por £ 4,562,500.

Thomas Cooper Gotch, Reino Unido, 1896 –  Título original: Alleluia – Museo: Tate Gallery, Londres (Reino Unido)

HA!(M.C.Santos)  —  Thomas Cooper Gotch pinta este villancico visual tomado del Salmo 47 de la Biblia (arriba vemos la letra en latín). Para llevarlo a cabo, Gotch se inspiró en el arte del que se empapó en su estancia en Italia, con claras referencias a los primeros retablos cristianos

En Aleluya vemos a un grupo de niñas —que son casi un coro de querubines modernos— que entona sus alabanzas a Dios. Gotch las pinta con un amplio abanico de colores, quizás como una forma de universalizar la escena, pero lo cierto es que todas son pálidas a mas no poder… y absolutamente británicas.

En sus primeros años, Thomas Gotch era un paisajista: pintaba au plein air, sin duda influido por sus años de juventud en París, pero tras una trascendental visita en 1891 a Florencia, el pintor adopta un estilo que podríamos calificar de prerrafaelita (hay quien ve a TC Gotch como el último de los prerrafaelitas), con una paleta más colorida, una temática más alegórica, una actitud más romántica… Se olvida (al menos temporalmente) de sus paisajes realistas y empieza a usar patrones decorativos propios del Quattrocento, como esa perfecta simetría. Quizás es por ello que esta pintura tiene ese aire tan enigmático.

Y los colores cálidos que utiliza Gotch son perfectos para ilustrar una noche de paz como es la nochebuena.

Paul Gaugin,Francia, 1898 – Título original: Nuit de Noël (La bénédiction des Bœufs) Museo: Indianapolis Museum of Art, Indianápolis (Estados Unidos)

HA!(M.C.Santos)  —  Es invierno en la Bretaña. Atardece. Las cabañas están cubiertas de nieve. Solo el campanario de Pont-Aven sobresale (aunque Gauguin le corta el pináculo sin contemplaciones) y unas mujeres acompañan a los bueyes en esta extraña y melancólica procesión navideña que da un aire enigmático a la pintura al óleo.

En un santuario se representa la natividad de Jesucristo y parece que las mujeres van a adorar al niño, como hicieron hace más de 2000 años en Palestina.

Todo el cuadro rezuma primitivismo. Un estilo esquemático y simbolista, que el pintor adereza con su habitual libertad cromática.

Una mañana de 1903, el vecino del artista, Tioka, lo encontró muerto a las 11 de la mañana en su cabaña de los mares del sur, confirmando el hecho al practicar una tradición de las Marquesas en la que se muerde la cabeza de alguien para intentar revivirlo. Al lado de su cama estaba un caballete con este cuadro y una botella de láudano, lo cual ha generado especulaciones de que fue víctima de una sobredosis.

Quizás el pintor, sintiendo su final y añorado su tierra natal en su retiro de la Polinesia, lo puso en su caballete para contemplarlo en su agonía. Quizás el sofocante calor de la fiebre le hizo recordar la refrescante nieve del invierno bretón, y en un ataque de morriña decidió rememorar las fiestas navideñas de su tierra con esos colores fríos.

Edvuar Munch, Noruega 1904 – Título original: Julaften i bordell – Museo: Museo Munch, Oslo (Noruega)

HA!(E.Bolaó)  —  Las mujeres del burdel ya han adornado el árbol de Navidad y se han puesto sus mejores galas. Ahora están sentadas fumando y leyendo, quizás a esperar que aparezcan clientes. Al parecer uno de ellos está durmiendo en una mesa, quizás el propio artista.

No son unas navidades perfectas, pero es navidad y eso ablanda el corazón de la mayoría de la gente, por muy aterrador que sea su trabajo.

Pocos artistas pueden resultar menos navideños que el deprimido y deprimente Munch, pero aquí plasmó unas fiestas en las que se sentía un poco bajo de moral: su carrera estaba pasando por algunos altibajos, sufría de su típica ansiedad, y esto le hizo volver a darse a la bebida, y por supuesto a una de sus mayores aficiones por la que era conocido en toda Noruega: la prostitución.

Sólo alguna visita a un burdel de Lübeck parecía animar al artista. Y decidió plasmar una navidad en este sórdido lugar, en el que pasó las Navidades de 1904.

Por suerte, a finales del siglo XIX, la prostitución se convirtió en un tema moderno y digno de ser pintado y Munch la utilizó como tema principal en buena parte de su producción artística.

Henri Matisse, Francia 1952 – Título original: Maquette for Nuit de Noël – Museo: MoMA, Nueva York (Estados Unidos)

HA!(M.C.Santos)  —  En su última etapa, Matisse estaba loco por el corta-pega. Un anciano de más de 80 años no podía manejar los pinceles con la maestría y el ímpetu de un joven artista, por lo que al final optó por recortar y pegar formas simples de colores para crear collages (sus célebres cut-outs). Como vemos, el viejo artista (el único al que Picasso veía como un rival digno de su genio) no perdía ni pizca de la libertad artística que lo encumbró como uno de los grandes del siglo XX.

Con la tijera era igual de rápido y efectivo que con el pincel. Y eso se nota en la fluidez y espontaneidad de estas formas.

Maquette for Nuit de Noël es un perfecto ejemplo de esta colorida técnica. Y además era una obra perfecta para llevarla al terreno de las vidrieras, modernizando este «arte menor» que tan importante e inspirador había sido para su obra.

La protagonista de este estudio/collage es esa estrella de color amarillo brillante, rodeada de estrellas blancas más pequeñas y paneles de todos tipo de colores con hojas y otros motivos vegetales. Así, uniendo con semejante sencillez lo figurativo y abstracto, Matisse evoca con formas simples y colores puros el concepto de navidad.

Andy Warhol, Estados Unidos 1987 – Título original: Christmas Cards on Table – Colección particular

HA!(F.Lampkin)  —  Evidentemente a Andy Warhol le encantaba la navidad. Consumismo, colores horteras, emociones plastificadas… y toda una sociedad hipnotizada por unas fiestas universales no solo en occidente, celebradas por judíos, taoístas, esquimales y probablemente marcianos.

¡La humanidad entera ha caído en las redes de esta fiesta de paz y amor! (cosa que en teoría suena muy bien… el problema es que sólo es un día). Así que, un observador de la sociedad de consumo como es Warhol estaba extasiado en estas fechas, perfectas para un sarcástico e incisivo análisis crítico.

¿Que más podía pedir el bueno de Andy? ¿Hay algo más pop que la navidad?

Aquí sin embargo muestra unas tarjetas en blanco y negro (muy poco cálidas), serializadas (no personalizadas), y muy impersonales, realizadas para recibir y enviar cada uno de nosotros, la masa anónima, cada vez más tonta, cada vez más uniforme. 1987 fue el año de su muerte, algo que le da a la obra un aire aún más tristón.

Warhol amontona en cada una de estas 6 idénticas reproducciones varias tarjetas. Porque en nuestra querida sociedad, en este sistema tan libre y democrático, recibimos cientos de felicitaciones todos los años: «Monsanto os desea una feliz navidad», «El Señor Burns os desea felices fiestas», «Wal Mart felicita a sus empleados, con una reducción de sueldo por el día libre», «Esta nochebuena cena en McDonald’s»…

Bueno… Pues en HA! no queremos ser menos. Y dado que aspiramos a ser en el futuro una malvada multinacional dedicada al lucrativo negocio de la historia del arte también os deseamos, de todo corazón, unas muy felices fiestas.

Leonora Carrington, Reino Unido 1989 – Título original: Nativity (triptych) – Museo: MCA, Chicago (Estados Unidos)

HA!(M.C.Santos)  —  Leonora Carrington se crió en una familia muy, muy católica. Y de niña estudió en varias escuelas de monjas de las que fue sistemáticamente expulsada por su actitud rebelde.

Una mujer así no tenía lugar en estrictas instituciones para señoritas católicas inglesas. Leonora estaba más a gusto pintando y escribiendo sus extrañas ideas, y sabía que estas serían bien acogidas en París a donde se fugó a los 19 años.

Ahí Leonora conoce a Max Ernst, 26 años mayor que ella, y se rodea de la flor y nata del surrealismo europeo. Así inicia una carrera como artista surrealista. Sus padres no verían con buenos ojos ninguna de estas decisiones y no se lo perdonarían jamás, haciendo gala de muy poco catolicismo.

En 1940 Ernst es capturado y enviado a una campo de concentración. Carrington consigue huir de Francia y después a la muy, muy católica España, donde vuelve a tener problemas con las instituciones religiosas. En este país, gobernado por el nacional-catolicismo de Franco, fue violada por una manada de requetés, anestesiada e inmediatamente recluida en un hospital psiquiátrico de Santander donde la diagnosticaron como «irremediablemente loca». Su padre estaba al corriente del internamiento.

Recomendamos desde aquí su libro Memorias de abajo, donde la pintora relata con pelos y señales sus escalofriantes experiencias en esta institución psiquiátrica de la España fascista, en la que pasó medio año de infierno bajo el yugo y las flechas del psiquiatra psicópata Luis Morales, amigo por cierto de Mengele. Por si quieren saberlo, hoy en día existe un parque en Santander con el nombre de este buen doctor. A la Carrington ni una placa.

Por suerte, Leonora consigue escapar a México y ahí va recobrando poco a poco el juicio arrebatado en España. Ahí lleva a cabo su brillante carrera como pintora y escritora. Con el tiempo parece incluso que vuelve a reconciliarse con la religión, tan presente en la cultura mexicana.

En los últimos años de su vida pintó este tríptico sobre el nacimiento de Jesús, aunque por supuesto adoptándolo a su personal lenguaje visual abarrotado de personajes oníricos y criaturas fantásticas. Un bestiario fascinante y sugestivo típico de la artista, donde figuras animalizadas adoran al Mesías como si fueran humanos. Un Belén surrealista (o más bien carringtoniano) que bebe de los trípticos medievales o renacentistas propios de El Bosco y de sus opiniones y vivencias personales relacionadas con su antigua enemiga: la religión.

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