Los 7 monumentos favoritos de Portugal (según los portugueses)…

National Geographic(J.Sánchez) — Situada en el extremo oeste de la península ibérica, Portugal conjuga tradición con modernidad, paisajes costeros con enclaves del interior, pequeñas villas con ciudades como Lisboa u Oporto, y todo eso aderezado con el peso de la historia. El resultado no puede ser otro que una larga lista de lugares espectaculares a lo largo del país que cada año reciben miles de visitas turísticas. ¿Pero por dónde empezar?
Ahora hace dieciséis años, en 2006, el Ministerio de Cultura de Portugal decidió dar respuesta a la cuestión y junto a varias entidades impulsaron un concurso para decidir cuáles eran los monumentos más relevantes del Patrimonio Portugués.
Bajo el título de ‘Las Siete Maravillas de Portugal’, un grupo de expertos realizó una primera selección entre los enclaves clasificados por el Instituto Portugués de Patrimonio Arquitectónico (IPPAR). En total, casi 800 monumentos de los que solo quedaron 77 seleccionados. Luego, sería un Consejo compuesto por personalidades procedentes de sectores distintos el encargado de realizar una segunda selección, que se quedaría en 21 monumentos. El último escalón de este proceso que se prolongó aproximadamente un año tuvo a la sociedad civil como protagonista. Mediante internet y mensajería, los ciudadanos que quisieran podían votar los monumentos que ellos creían que debían formar parte de este selecto listado:
– Castillo de Guimarães: lugar de nacimiento del primer rey portugués.

Este majestuoso castillo de siete torres se alza sobre una colina de la histórica ciudad de Guimarães, en el norte de Portugal.
Fue construido en el siglo XI para defender al monasterio y las nuevas poblaciones de la región, así como para afirmar el poder ante otros señores feudales. Como anécdota interesante, se cree que en él nació Alfonso Henriques, el primer rey del reino de Portugal.
Durante la conquista cristiana de la península ibérica, los dominios de Vimaranes fueron otorgados, a finales del siglo ix, a un caballero de origen castellano llamado Diego Fernández, quien se estableció en el lugar. Una de sus hijas, Muniadona Díaz, se desposó con el poderoso conde Hermenegildo González, quien dominó los dominios de Portucale. Muniadona enviudó en 928 y adquirió estos vastos dominios, siendo repartidos entre sus seis hijos en 950. Ese año fundó un monasterio que procuró más tarde con tierras, ganado, objetos de culto y libros religiosos.
El poblado de Vimaranes se destribuía en dos núcleos: en lo alto del llamado Monte Largo y el otro en lo alto del montículo donde se había fundado el monasterio. Su situación era muy vulnerable ante las tropas musulmanas, provenientes de la frontera al sur de Coímbra, sumado a las incursiones normandas, oriundas del mar del Norte y llegadas en embarcaciones rápidas y ágiles, quienes asolaban las costas y los ríos navegables en aquella época.
Con el objetivo de proveer de defensa al núcleo monacal, se construyó en la cima del Monte Largo un castillo para el recogimiento de la población en caso necesario. Se conoce historiográficamente la carta de dotación del castillo a los religiosos, en diciembre de 958, acreditándose una estructura erguida, advocada a San Mamés, y compuesta por una torre posiblemente protegida por una cerca.

Un siglo después, la población de Vimaranes se encontraba entre los dominios otorgados por el rey Alfonso VI de León a Enrique de Borgoña, que formaban el Condado portucalense. El conde Enrique (1095-1112) y su esposa Teresa de León eligieron este municipio y su castillo como residencia. De este modo, la antigua construcción de Muniadona fue demolida y en su lugar se construyó la torre del Homenaje. El perímetro defensivo se fue ampliando y reforzando y se colocaron la puerta principal, al oeste, y la llamada puerta de la Traición, al este.
En 1127, dentro de los muros resistió Alfonso Enríquez al asedio de las fuerzas del monarca Alfonso VII de León, situación que llevó a Egas Moniz a garantizar vasallaje de su amo al monarca, siendo la villa liberada del cerco. No obstante, al año siguiente se produjo próximo al castillo la Batalla de San Mamede entre las fuerzas de Alfonso Enríquez y su madre Teresa de León, siendo vencedor el primero y declarando el Reino de Portugal.
Entre a finales del siglo xii y principios del siglo xiii, Sancho I fue probablemente el soberano que mandó iniciar el amurallamiento de la ciudad. A mediados del siglo xiii, durante el reinado de Alfonso III, se terminó el trazado del foso de la ciudad, unificando la villa del castillo (parte alta) con la villa de Santa María (parte baja). Las obras concluyeron con el gobierno de Dionisio I, anteriores al año 1322, cuando las tropas del infante Alfonso asediaron la ciudad y los portugueses salieron victoriosos. En su interior se conservó el muro de la parte superior, demolido en 1420
Durante el reinado de Fernando I se produjeron obras de refuerzo en la cerca de la ciudad, asediada por las tropas de Enrique II de Castilla, que entró en Portugal por el río Miño y ya había conquistado Braga. Durante la Crisis de 1383-1385 en Portugal, la villa, bajo gobierno del alcalde pro-castellano, fue nuevamente cercada en 1385 por las fuerzas de Juan I de Portugal, que consiguieron conquistarla. Este soberano unificó la jurisdicción de las dos comunidades (alta y baja), incorporándolas a un único concejo, a partir de entonces conocido como Guimarães (1389), que constaba de un perímetro de dos kilómetros, ocho torres y ocho puertas.
– Castillo de Óbidos: uno de los pueblos medievales más bellos de Portugal.

El Castillo de Óbidos se encuentra en la villa de Óbidos, que forma parte de la freguesia de Santa Maria, en subregión de Oeste, Portugal.
Es un buen ejemplo de fortificación medieval portuguesa, erigido en el siglo xii sobre un pequeño monte, desde donde domina la llanura circundante y el río Arnoya, al Este. Fruto de diversas intervenciones arquitectónicas a lo largo de los siglos, se integra en el conjunto de la villa, la cual preserva sus características medievales de manera casi intacta.
Clasificado como Monumento Nacional, el 7 de julio de 2007 fue elegido como una de las Siete Maravillas de Portugal.
El castillo se eleva en la cota de 79 metros sobre el nivel del mar, con planta en forma rectangular irregular (orgánica), mezclando elementos de los estilos románico, gótico, manuelino y barroco, distribuidos por dos zonas principales: la del castelejo (actual Pousada Del Castillo, o Pousada de Óbidos) y el barrio intramuros.
El perímetro de las murallas, reforzadas por torres de planta cuadrada y cilíndrica, alcanza 1.565 metros, totalmente recorrido por un adarve defendido por parapeto ameado. En algunos tramos, las murallas se elevan a 13 metros de altura.

El tramo este de la muralla constituye el núcleo del muro más amplio que rodea el castillo y la villa, y que, extendiéndose por ambos lados hacia el sur por 500 metros, cierra el perímetro en punta, en la llamada Torre del Facho.
El acceso se da a través de cuatro puertas y dos postigos, destacándose la Puerta de la Vila o Puerta de Nuestra Señora de la Piedad, encabezada por una inscripción, allí colocada por el rey D. Juan IV (1640-1656), y que reza: A la Virgen Nuestra Señora, que fue concebida sin pecado original. En su interior se encuentra una capilla con balcón, revestida de azulejos del siglo xviii.
Se destacan también:
- El rollo de la villa, erguido en granito. En una de las caras el escudo con las armas reales y del otro el camaro de D. Leonor, que esta reina donó a la Villa en memoria de la red en que los pescadores le trajeron a su hijo muerto en un accidente de caza. En él, en el pasado, eran expuestos y castigados a los delincuentes y criminales.
- El acueducto de la villa, con una extensión de 3 km, uniendo el monte de la Usseira y el de Óbidos. Mandado construir por la reina D. Catalina de Austria, esposa de D. João III (1521-1557) transportaba el agua que abastecía a las fuentes de Óbidos.
- El crucero de la Memoria, construido en conmemoración de la toma de Óbidos a los moros por D. Afonso Henriques, señala el lugar donde éste montó campamento antes de conquistar la Villa.
– Monasterio de Batalha: una joya del gótico.
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El Monasterio de Santa Maria da Vitória (en portugués, Mosteiro de Santa Maria da Vitória), coloquialmente conocido como Monasterio de Batalha, es un monasterio ubicado en Portugal, en la localidad de Batalha, provincia de Beira Litoral.
Es un ejemplo tradicional de la arquitectura gótica tardía portuguesa, o estilo manuelino, y está declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Fue elegido como una de las Siete Maravillas de Portugal. En este país, el IPPAR todavía lo clasifica como un monumento nacional desde 1910. Tiene desde 2016 el estatuto de Panteão Nacional.
Mandado edificar en 1386 por San Nuno de Santa María y el rey D. Juan I de Portugal, fundador de la dinastía Avís, en agradecimento a la Virgen por la victoria contra los castellanos en la batalla de Aljubarrota. Vinculado a la Orden de Santo Domingo, el monasterio fue construido a lo largo de dos siglos, durante el reinado de siete reyes de Portugal.
Sorprende al espectador con su profusión de enormes frontones, chapiteles, pináculos y contrafuertes y se ha convertido en un típico símbolo del nacionalismo portugués.
El monasterio fue construido para agradecer a la Virgen María la victoria de las tropas de Portugal sobre las de Castilla en la batalla de Aljubarrota en 1385, cumpliendo la promesa del rey Juan I de Portugal. La batalla puso final a la crisis de 1383-1385. El monasterio tardó dos siglos en ser construido, empezándose en 1386 y terminándose en 1517, durante el reinado de casi siete reyes.
Requirió los esfuerzos de casi quince arquitectos (Mestre das Obras da Batalha), pero para siete de ellos el título no fue nada más que un honor otorgado temporalmente.
La construcción necesitó recursos extraordinarios, tanto humanos como materiales. Se utilizaron estilos artístico y técnicas que eran desconocidos hasta ese momento en Portugal.

En el inicio de las obras del Monasterio de Batalha fue construido un pequeño templo, cuyos vestigios eran todavía visibles en los albores del siglo XIX. Esta edificación, Santa Maria-a-Velha (Santa María la Vieja) , también conocida por Igreja Velha (Iglesia Vieja) servía de local para la celebración de los sacramentos (las crónicas de la época dicen que era una iglesia humilde) y como cementerio para los primeros habitantes de Batalha: los arquitectos y los obreros que construían el monasterio.
El primer arquitecto fue el portugués Afonso Domingues quien se encargó de la obra hasta 1402. Él fue quién diseñó la planta y muchas de las estructuras en la iglesia y el claustro son responsabilidad suya. Su estilo era, básicamente, gótico radiante. Sin embargo hay influencias del periodo inglés denominado Periodo Perpendicular.
Hay similitudes con la fachada de York Minster y con la nave central y el crucero de la catedral de Canterbury. Se sabe que al proyecto inicial corresponden la iglesia, el claustro y las dependencias monásticas inherentes, como la sala capitular, la sacristía, el refectorio y anexos. Es un modelo que se asemeja al adoptado, en términos de organización interna, al del gran monasterio alcobacense.
El trabajo de Domingues fue continuado por Huguet desde 1402 hasta el año 1438. Este arquitecto, probablemente descendiente de catalanes, introdujo el gótico flamígero. Éste se manifiesta en la fachada principal, en la cúpula de la sala capitular, en la Capela do Fundador(Capilla del Fundador), en la estructura básica de las Capelas Imperfeitas (Capillas Inacabadas) y en las naves septentrional y oriental del claustro principal.
Fue el responsable de elevar la altura de la nave central hasta los 32,46 m. Alterando las proporciones consiguió que el interior de la iglesia pareciera incluso más estrecho. Terminó el transepto pero murió antes de finalizar las Capelas Imperfeitas. La Capela do Fundador, es una capilla funeraria, que fue añadida al proyecto inicial por el propio rey Juan I. Lo mismo sucedió con la rotonda funeraria conocida por Capelas Imperfeitas, iniciativa del rey Eduardo I de Portugal.
Durante el reinado de Alfonso V de Portugal, el arquitecto portugués Fernão de Évora continuó el proceso de construcción durante 1448 y 1477. Añadió el claustro de Afonso V (o menor) y las dependencias adyacentes. Fue sucedido por el arquitecto Mateus Fernandes el Viejo durante el periodo 1480-1515. Este maestro del estilo manuelino trabajó en el pórtico de las Capelas Imperfeitas.

Su hijo de nombre homólogo realizó la tracería de las arcadas del Claustro Real. Durante el reinado de Juan II fue notable su desinterés por la construcción.
El trabajo en el monasterio continuó en el reinado de Juan III de Portugal con la incorporación de la excelente tribuna renacentista (1532) de Juan de Castillo, único arquitecto con obras en cinco monumentos declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
La construcción se interrumpió en 1516-1517, cuando el rey Manuel I decidió dedicar todos sus esfuerzos en la construcción del Monasterios de los Jerónimos, en Lisboa.
El terremoto de 1755 provocó algunos daños en el edificio, pero mucho más grandes fueron los daños infligidos por las tropas napoleónicas de Masséna, quien saqueó y quemó el edificio en 1810 y 1811. Posteriormente cuando los Dominicos fueron expulsados del complejo en el año 1834, la iglesia y el monasterio fueron abandonados y terminaron en ruinas.
En el 1840 el rey Fernando II de Portugal comenzó un programa de restauración del monasterio abandonado, salvando esta joya de la arquitectura gótica. Fue restaurado en el siglo XIX, bajo la dirección de Luís Mouzinho de Albuquerque, de acuerdo con la traza de Thomas Pitt, viajero inglés que estuvo en Portugal a finales del siglo XVIII y que fue la persona que diera a conocer por toda Europa el monasterio a través de sus grabados.

En esta restauración el edificio sufrió transformaciones más o menos profundas, marcadas por la destrucción de dos claustros, al lado de las Capelas Imperfeitas y, en el marco de la extinción de las órdenes religiosas en Portugal, por la retirada total de los símbolos religiosos, buscando convertir el monasterio en un símbolo glorioso de la Dinastía de Avis y sobre todo de su primera generación (la denominada Ínclita geração -generación ínclita- de Camões).
Data de esta fecha la actual configuración de la Capela do Fundador y la vulgarización del término de Monasterio de Batalha (para celebrar la victoria sobre Castilla en Aljubarrota) en detrimento de Santa Maria da Vitória, en una tentativa de erradicar definitivamente las denominaciones que recordasen el pasado religioso del edificio. La restauración duró hasta los primeros años del siglo XX.
Fue declarado monumento nacional en el año 1907.
En el año 1980 el monasterio fue convertido en museo.
En 1983 fue incorporado por la Unesco a su lista de lugares Patrimonio de la Humanidad.
– Monasterio de Alcobaça: en él descansan hasta tres reyes.
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La Abadía de Santa María de Alcobasa (también conocida como Abadía de Alcobasa), es la primera obra gótica erigida en suelo portugués. Su construcción comenzó en 1178 por los monjes de la Orden del Císter. Es considerado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1989, y el 7 de julio de 2007 fue elegido como una de las Siete Maravillas de Portugal.
En este monasterio trabajó entre 1519 y 1520 el arquitecto Juan de Castillo, único arquitecto con obras en cinco monumentos declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, intervino en el segundo piso del claustro de D. Dinis, la fuente del lavabo y la Sacristía entre otras.
En el monasterio de Alcobasa se encuentran los siguientes enterramientos de miembros de la Casa Real de Portugal.
–En el crucero de la iglesia:
- Pedro I de Portugal (1367) y su mujer Inés de Castro.

Pedro I y su mujer Inés de Castro
– En la capilla de San Bernardo:
- Alfonso II (m. 1223)
- Alfonso III (m. 1279)
–En el panteón real:
- Urraca de Castilla (m. 1220), esposa de Alfonso II de Portugal
- Beatriz de Castilla (1244-1303), esposa de Alfonso III de Portugal
- Los infantes Fernando (1260-1262) y Vicente (1268-1271), hijos de Alfonso III
- Infanta Sancha de Portugal (1264-1279), hija del rey Alfonso III de Portugal.
– En el Claustro del Silencio:
- Juan Alfonso (m. 9 de octubre de 1234), hijo bastardo del rey Alfonso II de Portugal.
– Monasterio de los Jerónimos: uno de los monumentos más visitados de Lisboa.
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El Monasterio de los Jerónimos de Santa María de Belém es un antiguo monasterio de la Orden de San Jerónimo y que se ubica en el barrio de Belén, en Lisboa, Portugal.
Diseñado en estilo manuelino por el arquitecto Juan de Castillo, fue encargado por el rey Manuel I de Portugal para conmemorar el afortunado regreso de la India de Vasco de Gama. Se fundó en 1501 sobre el enclave de la Ermida do Restelo en lo que fue la playa de Restelo, ermita fundada por Enrique el Navegante, y en la cual, Vasco de Gama y sus hombres pasaron la noche en oración antes de partir hacia la India.
La primera etapa constructiva de la iglesia nueva comenzó en 1514 y fue ampliándose y modificándose hasta el siglo xx. Se financió gracias al 5% de los impuestos obtenidos de las especias orientales, a excepción de los de la pimienta, la canela y el clavo, cuyas rentas iban directamente a la Corona.
El estilo manuelino se caracteriza por la mezcla de motivos arquitectónicos y decorativos del gótico tardío y del renacimiento. Destacan los portales principal y lateral, el interior de la iglesia y el magnífico claustro. Las capillas de la iglesia fueron remodeladas en puro estilo renacentista en la segunda mitad del siglo xvi y contienen las arcas funerarias de Manuel I y su familia, además de otros reyes de Portugal.
En los Jerónimos se hallan también las tumbas (neomanuelinas) del navegador Vasco da Gama y el poeta Luís de Camões. En una capilla del claustro descansan, desde 1985, los restos del escritor Fernando Pessoa.

En un anexo construido en 1850 se ubica el Museo Nacional de Arqueología, el Museu da Marinha se encuentra en el ala oeste.
En diciembre de 2007 se firmó en este monasterio el Tratado de Lisboa, un acuerdo de la Unión Europea que sustituye la Constitución Europea y reforma los tratados que estaban vigentes.
Este monasterio, al igual que la cercana Torre de Belém y el Monumento a los Descubrimientos simboliza la Era de las exploraciones portuguesa y se cuenta entre las principales atracciones turísticas de Lisboa. Junto con la Torre de Belém, el monasterio de los Jerónimos fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1983
– Palacio Nacional da Pena: una fantasía arquitectónica y que, con la Quinta da Regaleira y su pozo iniciático conforma uno de los paisajes más sorprendentes del país.

El Palacio Nacional da Pena (en portugués, Palácio Nacional da Pena) fue una de las principales residencias de la familia real portuguesa durante el siglo xix y a la vez constituye una de las máximas expresiones del estilo romántico del siglo xix en Portugal.
Se encuentra en la freguesia de São Pedro de Penaferrim en la ciudad de Sintra.
El palacio fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1995.
Antiguo monasterio
La primera construcción de la que se tiene constancia es una pequeña ermita dedicada a Nossa Senhora da Pena durante el siglo xii. Posteriormente, durante el reinado de Manuel I de Portugal (1495-1521), el monarca instó a la edificación del Real Monasterio de Nossa Senhora da Pena, entregado posteriormente a los monjes de la Orden de San Jerónimo.
El terremoto de Lisboa de 1755 provocó que el monasterio quedara prácticamente en ruinas, aunque continuó teniendo un uso religioso hasta prácticamente la abolición de las órdenes religiosas en 1834. De esta época se conservan algunos restos en los jardines del palacio, como por ejemplo la Gruta del monje, a donde los religiosos solían acudir en busca de retiro espiritual y, además, se conservaba intacta la capilla con un magnífico retablo de alabastro atribuido a Nicolás Chanterenne.
Palacio y residencia real
Dos años más tarde, en 1836, la reina María II de Portugal contrajo matrimonio con el futuro Fernando II de Portugal, quien se convirtió en monarca luso debido a su esposa y, poco después de su llegada al país, comenzó a adquirir los terrenos del monasterio y las zonas aledañas de la sierra de Sintra con su propia fortuna personal debido a la fascinación que le produjo la zona de Sintra tras una excursión con su esposa.
Fernando II quiso recuperar el edificio como casa de verano para la familia real y, aunque los primeros proyectos incluían únicamente una pequeña restauración, finalmente la admiración del aristócrata por esta zona hizo que se decidiera a construir un palacio y ampliar las construcciones preexistentes bajo la supervisión del barón Wilhelm Ludwig von Eschwege, geólogo e ingeniero de minas que residía en aquel momento en Portugal.
Finalmente se convirtió en un recinto exuberante en el cual se pueden contemplar diferentes estilos que van desde el neogótico hasta al neoislámico, pasando por el neorrenacimiento y una visión pseudomanuelina que convierten el espacio en un ambiente claramente exótico.
Numerosas colecciones reales se trasladaron al palacio y a la vez se crearon ricos ornamentos, que fueron desde los célebres estucados hasta las paredes pintadas al óleo. Además, en las vertientes de la montaña se construyó un magnífico parque inglés que, junto con el palacio, se convirtió en un icono de la arquitectura portuguesa.

En 1853 se produjo el fallecimiento de la reina María II y su esposo Fernando pronto contrajo matrimonio de nuevo con la cantante de ópera Elisa Hensler, condesa de Edla, junto a la que construyó el Chalet de la condesa de Edla ubicado en el parque del palacio.
La segunda fase de ocupación por parte de la familia real se dio con la presencia de Carlos I de Portugal (r. 1889-1908) y su esposa Amelia de Orleans, quienes utilizaban el edificio como residencia de verano antes de continuar sus vacaciones en la Ciudadela de Cascais.
Su hijo, el rey Manuel II, también habitó el palacio durante largas estancias, manteniendo su antiguas estancias de príncipe como dormitorio principal, mientras que las antiguas estancias de su padre se establecieron para la celebración de actos oficiales.
La reina Amelia de Orleans se encontraba en el Palacio da Pena cuando se produjo la Revolución del 5 de octubre de 1910, que acabó con la monarquía en el país e instauró la Primera república portuguesa. Acto seguido, Amelia abandonó el palacio dirección Mafra donde se encontraba su hijo Manuel y su suegra María Pía y desde un yate en Ericeira abandonaron el país hacia Gibraltar.
República
El Palacio da Pena fue declarado Monumento Nacional en 1910 y la Unesco declaró el Paisaje cultural de Sintra, entre el que se encuentra el Palacio da Pena, como Patrimonio de la Humanidad en 1995. Desde el año 2000 Parques de Sintra se encarga de la gestión del parque del palacio y poco después, desde 2007, también se ocupa directamente del mantenimiento del palacio.
En 2013 el Palacio Nacional da Pena entró a formar parte de la Red Europea de Residencias Reales (European Royal Residence Network) y en 2020 en la Ruta Europea de Jardines Históricos, parte del Itinerario Cultural del Consejo de Europa. Asimismo, en los últimos años se han producido constantes restauraciones en el monumento, tanto en los jardines como en el palacio, para preservar su integridad, como la recuperación del Chalet de la condesa de Edla en 2013, que recibió el Premio Europa Nostra, o la restauración de la Gran Salón del palacio.
– Torre de Belém: el faro del Tajo.

La torre de Belém es una antigua construcción militar situada en la ciudad de Lisboa, capital de Portugal. Es una obra de Francisco de Arruda y Diogo de Boitaca que tuvo gran importancia en la Era de los Descubrimientos de Europa, ya que sirvió como fortaleza y como puerto desde donde partieron los exploradores portugueses para establecer el que sería el primer comercio europeo en la historia con China e India.
Cuando dejó de servir como defensa de invasores en el estuario del río Tajo se utilizó como prisión, como faro y también como centro de recaudación de impuestos para ingresar en la ciudad.
Se encuentra situada en la desembocadura del río Tajo, en el barrio de Santa Maria de Belém, al suroeste de Lisboa. Junto con el Monasterio de los Jerónimos, la Torre de Belém fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1983.
También es conocida como Torre de San Vicente, ya que fue erigida en honor a San Vicente Mártir, patrono de Lisboa. Su nombre original era Castelo de São Vicente a par de Belém
Construcción (1516-1519)
Durante el siglo xv, el rey Juan II de Portugal diseñó un sistema defensivo para el estuario del Tajo que incluyó las fortalezas de Cascaes y São Sebastião en Caparica en la zona meridional del río. Estas fortalezas no protegieron al completo la desembocadura, por lo que se requirió una protección añadida.
En la Crónica de Juan II, aparecida en 1545, el autor Garcia de Resende afirmó que el monarca tenía una mala opinión de las defensas de Lisboa y que había insistido en construir más fortificaciones a la entrada del río Tajo para suplementar las existentes. Con este objetivo, ordenó la «construcción de un gran fuerte», pero su fallecimiento terminó con estos planes, por lo que el monarca Manuel I de Portugal recuperó la propuesta dos décadas más tarde y mandó erigir una fortificación militar en el margen norte del Tajo en Belém.

En 1513, Lourenço Fernandes escribió una misiva a sus amigos en la que mencionaba las intenciones del rey de construir una torre cerca de Restelo Velho, considerándolo esencial.
El proyecto comenzó sobre una roca basáltica saliente a poca distancia de la ribera, utilizando algunas de las piedras recolectadas para la construcción del monasterio de Santa Maria de Belém.
La torre fue diseñada por el arquitecto militar Francisco de Arruda, denominado como el «maestro de las obras de la fortaleza de Belém» por el rey Manuel I, y en 1516 recibió 763 bloques y 504 piedras para su construcción, entregadas por Diogo Rodrigues, tesorero del proyecto.
Mientras que la edificación progresaba, un gran barco de guerra de 1.000 toneladas, llamado el Grande Nou (Gran Nave), protegió el estuario del Tajo hasta la conclusión de las obras.
El edificio fue inaugurado en 1519, dos años antes del fallecimiento de Manuel I, y Gaspar de Paiva fue elegido temporalmente como comandante de la fortaleza; su misión se hizo permanente el 15 de septiembre de 1521, cuando fue nombrado primer capitán general, o alcalde, y la fortaleza fue llamada castillo de San Vicente (Castelo de São Vicente de Belém), en honor al patrón de Lisboa.
Añadidos posteriores
En 1571, Francisco de Holanda advirtió al monarca de que era necesario mejorar las defensas costeras para proteger la capital del reino, para lo que sugirió la construcción de un fuerte inexpugnable que defendiera fácilmente Lisboa y el fortalecimiento, reparación y finalización de la torre de Belém, hechos que podrían solucionarse sin un coste elevado. Francisco diseñó un bastión rectangular mejorado con varias torretas.
En 1580, durante la Batalla de Alcántara, las guarniciones establecidas en la torre se rindieron a las fuerzas españolas comandadas por el duque de Alba. Tras esta derrota, las mazmorras de la torre se convirtieron en prisión hasta 1830.

Asimismo, se construyeron los Barracones de Felipe durante el último cuarto del siglo xvi, un espacio rectangular de dos plantas construido sobre el bastión, dotándole a la estructura de esa visión que se ha conservado hasta la actualidad, con cruces esculpidas de la Orden de Cristo y torretas con bóvedas.
En 1589, Felipe II de España y I de Portugal ordenó al ingeniero italiano João Vicenzio Casale la construcción de un fuerte donde se ubicaba el «inútil castillo de São Vicente».
El ingeniero presentó tres diseños, proponiendo que el bastión fuera rodeado por otro nuevo de grandes dimensiones, aunque este proyecto nunca llegó a materializarse.
Un códice de 1633 para la Casa de Cadaval se insertó en una de las plantas, en uno de los arcos de los barracones y en uno de los cuatro grandes arcos en lo alto de la fachada sur.
Del mismo modo, existe una referencia del año 1655 inscrita en una placa ubicada en el muro norte del claustro, que certifica la función de la torre como aduana, punto de control y navegación a lo largo del Tajo; los navíos estaban obligados a pagar una tasa al acceder al puerto, cuyo precio fue ascendiendo.
Entre 1780 y 1782, bajo el reinado de María I de Portugal, el general Guilherme de Valleré construyó el fuerte del Buen Suceso, cuyas baterías estaban conectadas a un corredor occidental hasta la torre. Cuando las fuerzas francesas napoleónicas invadieron Lisboa durante la Guerra Peninsular, un destacamento de sus tropas se instaló en el interior desde 1808 hasta 1814.
Tras la retirada francesa, William Beresford aconsejó el fortalecimiento de las baterías de artillería costeras a lo largo del Tajo y el traslado de las más destacables hasta las esquinas del bastión de la torre, con el objetivo de mejorar la protección de los soldados, debido a que los muros tenían una altura baja.
El rey Miguel I de Portugal (r. 1828-1834) utilizó las mazmorras para encarcelar a sus opositores liberales, mientras que otra planta fue utilizada como aduana para los navíos hasta que el impuesto a embarcaciones extranjeras fue abolido en 1833.
Durante el reinado de María II de Portugal, Almeida Garrett protestó por las pésimas condiciones en las que se encontraba el lugar y persuadió al duque de Terceira para que comenzaran obras de restauración bajo el ingeniero militar António de Azevedo e Cuhna.
Este arquitecto demolió los Barracones de Felipe y amplió los elementos evangelistas en 1845-46. Entre 1865-67 se instaló un pequeño faro en la terraza sureste del edificio y comenzó un servicio de telegrafía, mientras se construía una fábrica de gas en las cercanías, cuya emisión de humo pronto conllevó varias protestas.

Monumento turístico
Las primeras acciones con el objetivo de preservar y rehabilitar la torre comenzaron a finales del siglo xx. En un primer momento, la propiedad de la torre pasó a manos del Ministerio de Finanzas en 1940, quien realizó pequeños trabajos de conservación. Más tarde, se eliminaron las estancias militares de las almenas y se construyó el claustro interior.
El diseñador António Viana Barreto comenzó un proyecto en 1953 de tres años de duración en el que integró la torre al litoral costero. En 1983 la torre de Belém acogió la XVII Exhibición Europea de Arte, Ciencia y Cultura, y se realizaron varios proyectos en la misma como la cubrición del claustro con un plástico transparente. Ese mismo año fue inscrita como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
En la década de 1990, la propiedad fue transferida al Instituto Português do Património Arquitectónico (predecesor de IGESPAR), quien comenzó una restauración del edificio desde febrero de 1997 hasta enero de 1998; cuya remodelación incluyó el fortalecimiento de la torre y el bastión, remozando la balconada sur con acero inoxidable y resina epoxi, el tratamiento de los morteros y una limpieza estructural general.

Las estatuas de San Vicente de Huesca y del arcángel Miguel recibieron el mismo tratamiento. En 1999 el proyecto recibió el Premio Europa Nostra por su restauración exterior.
El 7 de julio de 2007 la torre de Belém fue clasificada como una de las Siete Maravillas de Portugal. En la actualidad, la torre es uno de los monumentos más importantes y representativos de la ciudad de Lisboa y de todo Portugal, con gran afluencia de turistas durante todo el año. En 2014 recibió cerca de 531 000 visitantes.
Una lista exigente en la que se han quedado atrás verdaderas joyas patrimoniales como la Universidad de Coímbra, la Torre de los Clérigos de Oporto, el templo romano de Évora o el Palacio de Mateus.
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