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Kitty Genovese, la chica que gritó en la madrugada y a la que nadie ayudó …


Kitty Genovese, la chica que gritó en la madrugada y a la que nadie ayudó

La Mente es maravillosa(V.Sabater)/The Washington Post(S.Merry)  —  Kitty Genovese tenía 28 años. Al volver del trabajo un hombre se acercó hasta ella y la apuñaló varias veces por la espalda. Más tarde la agredió sexualmente y le robó 49 dólares.

Era la madrugada del 13 de marzo de 1964, y según el New York Times, hasta 38 vecinos oyeron los gritos a lo largo de media hora… pero nadie hizo nada.

Ahora bien, el matiz truculento de los hechos va mucho más allá, porque la escena se nutre de más detalles y más recovecos donde adentrarnos en lo más oscuro del ser humano. Se dice que un hombre llegó a abrir la ventana intentado ahuyentar al agresor bajo el grito “Deje a esa chica en paz”.

En ese instante, el agresor, Winston Moseley, se alejó de ella unos minutos, instante en que Kitty pudo levantarse malherida, para entrar al vestíbulo de un edificio.

Nadie la ayudó. Los que la vieron pensaron, tal vez, que no había sido nada, que no era tan grave. Sin embargo, Moseley no tardó en encontrarla de nuevo para agredirla y acabar con su vida.

Días después toda la sociedad neoyorkina contuvo la respiración cuando el New York Times publicó una serie de extensos artículos donde se describía con rotundidad y sin anestesia, esa apatía, ese silencio e inhumanidad que, como un ser sin alma, carcomía aquella ciudad dormida.

El simbolismo narrativo de aquellas publicaciones fueron casi como una autopsia psicológica de la sociedad que evade su responsabilidad, que decide no actuar, mirar hacia otro lado y refugiarse en la privacidad de sus rincones personales desoyendo cualquier grito, cualquier demanda de ayuda.

El caso Kitty Genovese cambió muchos idearios, y trajo nuevas formulaciones en el campo de la psicología. Te hablamos de ello.

Kitty Genovese

Kitty Genovese y el reflejo de una sociedad

Winston Moseley era afroamericano, maquinista de profesión, estaba casado y tenía 3 hijos. Cuando fue detenido a raíz de un robo, no tardó demasiado en confesar el asesinato de Kitty Genovese y dos jóvenes más. Los psiquiatras determinarían más tarde que padecía necrofilia.

Murió en prisión con 81 años el año pasado, después de protagonizar violentos ataques en las propias instituciones penitenciarias y psiquiátricas.

El agresor de Kitty cumplió su pena, mientras ella se quedó para siempre en el ideario colectivo como la chica a la que nadie ayudó, como la mujer que murió ante 38 testigos que no fueron capaces de reaccionar.

Así lo explicaron los medios, y así se publicó en el  conocido libro “Thirty-Eight Witnesses: The Kitty Genovese Case” de AM Rosenthal, el propio editor del New York Times en aquellos años.

Ahora bien, cabe decir que según un estudio publicado en la revista American Psychologist del 2007 que la historia del asesinato de Kitty Genovese fue ligeramente exagerada por los medios.

De hecho, en el documental “The Witness” (2015) podemos ver la lucha del propio hermano de Kitty intentando descubrir qué ocurrió realmente, concluyendo con algo tan simple como desolador: nadie pudo ver realmente lo que ocurría, y los que llamaron a la policía fueron ignorados porque ninguno de ellos pudo explicar con claridad qué estaba sucediendo.

Kitty Genovese asesino

El efecto Genovese o la “Teoría de la Difusión de la Responsabilidad

Sea como sea, aquel hecho sirvió a los psicólogos sociales para formular la conocida como “Teoría de la Difusión de la Responsabilidad”. Porque en realidad, y si lo pensamos bien, no importa si los testigos vieron o no vieron la agresión a Kitty Genovese o si llamaron o no llamaron a la policía. Tampoco importa si fueron 12, 20 o 38 como explicaron en el New York Times.

La cuestión está en que nadie atendió sus gritos, durante 30 minutos nadie bajó o se acercó a ese vestíbulo donde estaban agrediendo a la joven.

Los psicólogos John Darley y Bibb Latané explicaron este comportamiento bajo la teoría de la “difusión de la responsabilidad”. En ella, se da a entender que a mayor número de observadores mayor menor es la probabilidad de que alguno de ellos ayude.

Cuando alguien que necesita ayuda, los observadores asumen que otro intervendrá, que alguien “hará algo”. Sin embargo, el resultado de este pensamiento individual es que al final todos los observadores se abstiene de intervenir y la responsabilidad queda completamente difuminada entre el grupo.

Que la responsabilidad quede difuminada en el grupo significa que nadie la asume. Esto es algo que también podemos observar en las peticiones. Es mucho mejor decir “Pedro, por favor, enciende la luz” que “Por favor, que alguien encienda la luz”.

En el primer caso, al señalar a alguien evitamos precisamente que se produzca esta difusión de la responsabilidad.

Finalmente, señalar que en la difusión de la responsabilidad, en referencia a la oferta de ayuda o auxilio, intervienen otros factores moduladores:

  • Si la persona se identifica más o menos con la víctima. Una mayor identificación produce una menor difusión de responsabilidad.
  • Si la intervención puede implicar un coste personal, como en el caso de Kitty ser agredido también, las probabilidades de difusión de la responsabilidad aumentan.
  • Si la persona piensa que está en mejor o peor posición que el resto del grupo para ayudar. Por ejemplo, un experto en defensa personal se sentirá más obligado a actuar en una situación de riesgo que alguien que no sabe cómo defenderse. También e sentirán más obligados a actuar las personas que están más cerca que aquellas que están más lejos.
  • Si la persona piensa que la situación es grave o no. Ante una situación evaluada como grave la difusión de responsabilidad es menor, al igual que también es menor cuando la demanda de ayuda se empieza a prologar en el tiempo o es creciente en intensidad.

El crimen de Kitty Genovese conmovió a EEUU, pero todos creyeron la versión errónea de la historia

El asesino Winston Moseley, la portada de The New York Times y Kitty Genovese, la víctima, a quien nadie ayudó. Más de 50 años después, se conoce la verdad sobre el hecho que conmovió a los Estados Unidos

Bill Genovese no tenía idea de cuánta gente conocía el nombre de su hermana hasta el día en que se unió a los Marines en 1966. Dos años después de que Kitty Genovese, de 28 años, fuera apuñalada hasta la muerte en Queens mientras 38 vecinos miraban y no hacían nada -o eso decía la historia-, él estaba formado, esperando una parte de su equipamiento. «Genovese, William«, dijo el hombre que chequeaba los nombres de la lista. «¿Kitty es tu hermana?«.

«Y lo miré como diciendo: ¿qué?«, recuerda Genovese 50 años después.

El marine conoció el nombre de Kitty durante una clase de Psicología y Sociología. Ésa fue la manera en que muchas personas durante décadas supieron acerca de su historia. En 101 libros, su muerte es evidencia de apatía social, una advertencia de cómo la difusión de la responsabilidad causa inacción. Un solo testigo es capaz de ayudar más que 38, señala la teoría.

Más allá de los asesinatos de alto perfil, el de Kitty fue uno de los más famosos en la historia moderna de los Estados Unidos. Su martirio de media hora inspiró múltiples líneas en La Ley y el Orden, una canción folk, novelas, un musical y un episodio de Girls. Muchos psicólogos encontraron una forma de vida por el hecho, y el episodio contribuyó a la creación del 911 como una manera de encontrar ayuda.

Su historia dejó una impresión, repercutió en todo el país. ¿Importa, entonces, que la mayoría haya creído la versión equivocada?

Desde 2004, Bill Genovese pasó más de una década tratando de comprender cómo y por qué su hermana murió y quién era ella exactamente. El nuevo documental The Witness (El Testigo) documenta los giros y vueltas de la investigación. Dirigida por James Solomon, la película es una mezcla de Serial y de Making a Murderer, pero con más momentos de intimidad y emoción.

Como la mayoría de la gente, el entendimiento inicial de Genovese partió de una nota sensacionalista de The New York Times que apareció en la página frontal el 27 de marzo de 1964. «37 (personas) que vieron un asesinato y no llamaron a la Policía«, señalaba el titular. El número se subió luego a 38. Genovese y sus hermanos pasaron los siguientes 30 años cubriendo a su madre de los artículos periodísticos que aparecían. Nunca se recuperó emocionalmente de perder a su hija mayor.

La portada de The New York Times del 27 de marzo de 1964. “37 que vieron un asesinato y no llamaron a la Policía”, se lee en el titular remarcado

Pero luego de que su madre muriera en 1992 y que The New York Times admitiera inconsistencias en su narrativa en una nota de 2004, Genovese unió fuerzas con Salomon, quien lo había entrevistado para un proyecto de HBO que nunca vio la luz.

«Por alguna razón, me veo atraído por estas historias icónicas que todos creemos conocer«, indicó Salomon. Él escribió el guión de The Conspirator (El Conspirador), un drama dirigido por Robert Redford acerca de Mary Surratt, quien ayudó al asesino del presidente Abraham LincolnJohn Wilkes Booth.

Las cosas en claro

No hubo 38 testigos del asesinato, que sucedió primero fuera y luego dentro del vestíbulo de un apartamento, a pesar de que pudo haber más testigos auditivos. Es probable que sólo un puñado de personas haya visto a Winston Moseley atacar a Kitty, y que uno gritara: «¡Deja a esa chica en paz!«. Al menos dos vecinos aseguraron haber llamado a policías, a pesar de que no hay registros de llamadas.

Winston Moseley fue condenado a prisión perpetua por el crimen de Kitty Genovese. Murió este año. Al principio, reconoció haberla matado, luego diría que fue el conductor del verdadero asesino

Winston Moseley fue condenado a prisión perpetua por el crimen de Kitty Genovese. Murió este año. Al principio, reconoció haberla matado, luego diría que fue el conductor del verdadero asesino

Otra vecina, Sophia Farrar, corrió para ayudar a Kitty y la sostuvo hasta que murió. «Ella voló por la escalera hacia abajo a las 3:30 de la mañana«, cuenta Genovese respecto de Farrar. «No sabía qué sería lo que vendría. No se le había cruzado por la cabeza pensar que él seguiría allí«.

Ese acto heroico, de todos modos, no se ajustaba al retrato de la indiferencia hecho por el Times. No había mención de ella en la historia de 1964.

Refiriéndose a ese artículo, Genovese también se entrevistó con A.M. Roshenthal, quien era el editor de la sección de The New York Times cuando Kitty fue asesinada y ayudó a darle forma a la narrativa.

«¿De dónde salieron los 38?«, preguntó Genovese mientras se filmaba la película. Rosenthal, que ya ha muerto, respondió con una sonrisa forzada. «No puedo jurar por Dios que hubiera 38 testigos. Algunos dicen que había más, otros que eran menos«, dijo mientras hacía un ademán con su mano. «Qué es cierto: la gente alrededor del mundo se vio afectada por el hecho.  ¿Sirvió de algo? Apostarías tu ojo a que sí. Estoy contento por eso«.

El libro ’38 testigos’ fue publicado meses después de la muerte de Kitty Genovese

El libro ’38 testigos’ fue publicado meses después de la muerte de Kitty Genovese

Aún cuando Genovese reconoce que el mensaje de esa nota -esencialmente, si ves algo, di algo- «era necesario ser dicho, hubo 636 asesinatos en Nueva York ese año«.

«Las parábolas son importante, tienen una función«, explicó Salomon. «La investigación de Bill no era para desenmascarar un artículo. Era sólo para seguirla y darle una voz a aquellos que se han visto más profundamente afectados«.

Lo más fascinante de The Witness no es que llega a la verdad. Porque no lo hace, no puede, con tantos reportes en conflicto. Aún prueba que la difusión de la responsabilidad puede afectar a las personas, pero también da otro aspecto de la naturaleza humana: las historias que nos contamos a nosotros mismos para justificar nuestros actos.

«Lo diría menos delicadamente. Es como que inconscientemente inventamos cosas, luego las creemos, porque las repetimos en nuestras cabezas tantas veces hasta que se vuelven parte de nuestra historia vivida«, subrayó Genovese.

¿Realmente algún vecino de Kitty llamó a la Policía? ¿O es lo que dice así puede vivir tranquila? Moseley, quien murió este año, admitió el crimen en 1964, pero luego diría que fue el conductor de un mafioso que mató a la joven mujer. Su hijo, entrevistado por Genovese, cree que su padre apuñaló a Kitty porque ella le gritó consignas raciales.

Los residentes que la escucharon esa noche creyeron que se trataba de una pelea doméstica. Pero ella y Moseley eran desconocidos.

Kitty Genovese, en una fotografía tomada en 1959 en el jardín de la casa de sus padres en Brooklyn

Kitty Genovese, en una fotografía tomada en 1959 en el jardín de la casa de sus padres en Brooklyn

Para mejor o peor, esas historias penetran en las personas que creen en ellas. El artículo de The New York Times condujo a una investigación mayúscula en Psicología y Sociología, pero también hizo que un grupo que vivía en Queens se viera como sin corazón al permitir un asesinato.

Se suplantó la vida de Kitty Genovese por la muerte de Kitty Genovese. La gente no recuerda al encargado de un bar, al bromista, a la hermana amada. Recuerdan a una víctima.

La historia ciertamente marcó a Bill Genovese. Después de graduarse del secundario, se enlistó en la escuela militar en lugar de ir a la universidad. Sus amigos trataban de esquivar la responsabilidad en el Ejército, pero eso le recordaba a Genovese toda la gente que vio a su hermana morir y no hizo nada. Por eso fue a Vietnam, donde perdió sus piernas.

«Tendido en el medio de ese arrozal, estaba completamente solo«, cuenta en la película. «Pensé en Kitty. ¿Cómo fue para ella darse cuenta de que nadie la salvaría?«, remarca.

Fue lo más cerca que estuvo de comprender cómo se habrá sentido Kitty esa noche de 1964 en Austin Street. Su historia terminó diferente, sin embargo. Los marines fueron en su rescate y lo pusieron a salvo.

«Viví para contar la historia«, dijo. Y también vivió para contar la de su hermana.

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