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Los neandertales (Cueva Del Sidrón). Entre neandertales y sapiens hubo sexo, pero poco amor…


La Galería del Osario de la cueva El Sidrón

CSIC/Los 13 del Sidrón/The Conversation(J.B.Presley/C.T.Navas)  —  Seis años después de que cuatro espeleólogos gijoneses descubrieran en 1994 dos mandíbulas humanas comenzó una investigación que ha supuesto un antes y un después en nuestro conocimiento sobre Homo neanderthalensis en la Península Ibérica.

De momento, hemos exhumado en El Sidrón (Asturias) más de 2100 restos óseos de esa especie y unos 300 artefactos líticos, lo que conforma una colección singular.

Los restos de El Sidrón han llegado hasta nosotros tras quedar atrapados, después de una gran tormenta, en el interior de un peculiar sistema kárstico formado entre dos litologías diferentes: conglomerados y areniscas neógenos.

Al lugar concreto donde se localiza el yacimiento lo hemos denominado la Galería del Osario. Después, un cúmulo de circunstancias muy favorables ha permitido la extraordinaria conservación de los restos porque no fueron alterados por la acción de los carnívoros, roedores u otros agentes, ya que nada más depositarse quedaron cubiertos por sedimento; e inmediatamente comenzaron a fosilizarse.

En 1999 formamos un amplio elenco de investigadores especialistas en diferentes disciplinas y técnicas analíticas. Y así, llevamos a cabo el estudio y la interpretación del registro arqueológico y antropológico que ha aparecido en El Sidrón desde la primera campaña llevada a cabo en el año 2000.

A partir de entonces, hemos ido contestando desde diferentes perspectivas las preguntas que nos hicimos al comienzo: ¿cómo llegaron los restos a la Galería del Osario?, ¿qué cronología tienen?, ¿cuáles son las características físicas y la paleobiología de los fósiles humanos?, y ¿qué relación hay entre esos fósiles y los artefactos asociados a ellos?

En este catálogo, y en la propia exposición, desgranamos los resultados hasta ahora obtenidos y avanzamos un escenario científico coherente con el material que ha ido surgiendo.

Con todo, seguimos estudiando y analizando los restos, pues aún queda camino por recorrer, a fin de ofrecer y perfilar más y mejor información. Somos conscientes, eso sí, de que alguna pregunta quedará sin respuesta.

Ciertos elementos han desaparecido para siempre en el proceso de fosilización y, además, épocas tan pretéritas encierran enigmas que quizá no conoceremos nunca. ¡Y eso constituye un acicate para la investigación!

La Galería del Osario

– Una cueva singular

El complejo kárstico de la Cueva de El Sidrón se desarrolló en el seno de un macizo rocoso de edad paleógena formado por conglomerados calcáreos muy cementados entre los que se intercalan niveles de areniscas y arcillas arenosas menos resistentes. Internamente (endokarst) se estructura en cuatro niveles con una directriz principal E-W, que se generaron según progresaba el encajamiento de la red fluvial regional que gobierna los procesos de espeleogénesis (formación de cavidades) y controla su evolución temporal:

  • Un nivel superior, el más antiguo, cercano a la superficie y desmantelado en parte por la evolución del relieve exokárstico, es decir, del paisaje exterior.
  • Un primer nivel intermedio formado por un complejo sistema de galerías.
  • Un segundo nivel intermedio cuyo eje principal lo constituye la Galería Principal (o Galería del Río) y sus tributarios transversales, como la Galería del Osario.
  • Un nivel inferior activo, en régimen mayoritariamente freático, accesible tan solo en puntos muy concretos de la cavidad

Cada nivel se ve reflejado en el exterior (exokarst) en forma de terrazas y otras formas superficiales del terreno que configuran la Depresión de El Sidrón, un poljé o valle ciego de directriz E-W cuyo arroyo principal se sume por su extremo oriental en el interior del sistema kárstico actual.

Esta depresión se desarrolla a lo largo del contacto geológico existente entre los materiales calcáreos cretácicos y la formación de conglomerados paleógenos suprayacentes en los que se ha desarrollado el sistema de galerías subterráneas o endokarst

La morfología y naturaleza más o menos soluble o resistente de los cuerpos de roca que forman el encajante del sistema de El Sidrón, junto con el grado de deformación de las mismas (plegamiento y fracturación) determinan la compleja morfología de conductos y cavidades que caracteriza este auténtico laberinto subterráneo jerarquizado.

La Galería del Osario se dispone transversalmente (N20E) al sistema principal, tratándose de una galería estrecha, de planta tabular, ramificada y estrechada en su parte sur y que alcanza un desarrollo vertical considerable, superando los cinco metros en su zona central.

En el techo se reconocen morfologías de disolución, principalmente pequeñas cúpulas elipsoidales y tubos más o menos inclinados; así como entradas obturadas por sedimentos que comunican con galerías (simas o niveles) superiores.

La Galería del Osario

– La gran tormenta

El relleno sedimentario acumulado en la Galería del Osario muestra una alta complejidad que hace difícil inferir su génesis y área de procedencia.

La unidad con restos óseos y líticos consiste en un depósito en masa (tipo flujo de detritos o debris flow) compuesto por una mezcla caótica de cantos, fango y agua, por lo que la fricción entre clastos, incluidos los frágiles huesos, es mínima, favoreciéndose así un alto grado de conservación de estos últimos durante el transporte y sedimentación.

Este depósito es el producto de un flujo gravitatorio de alta densidad y viscosidad que se generó como un evento rápido (de alta energía) y seguramente catastrófico. Los mecanismos que lo desencadenaron se asocian a un aporte considerable e instantáneo de agua al sistema.

El flujo de detritos que introdujo los restos óseos a la Galería del Osario se desencadenó y cesó en forma relativamente abrupta depositando en un solo episodio todo el material transportado desde algún nivel/galería superior (más antiguo).

El estado de conservación de los restos óseos es indicativo de que estos provienen del exterior, aunque debieron estar en un ambiente protegido (ej.: un abrigo o la zona de entrada de una galería o de un conducto) y su permanencia en condiciones superficiales fue corta, dadas las escasas huellas de alteración que presentan las piezas.

Este almacenamiento anterior al depósito final de los huesos en la Galería del Osario, al igual que un posible emplazamiento más superficial (un abrigo o entrada a una galería) se sitúa en un contexto totalmente vadoso, y se encuentran alejados y desconectados de la zona hidrodinámicamente activa del sistema kárstico.

Actualmente esos niveles o entradas no son accesibles, están desmantelados y/o tapados por depósitos coluviales y suelos sobre los que se desarrolla el bosque actual en las laderas de la Depresión de El Sidrón, aislándose así del contacto directo con el exterior.

Una masa de material suelto situado en esa cavidad / galería superior se introdujo aguas abajo en la cueva en forma de un episodio único de flujo de detritos como consecuencia de una inundación y/o un evento de tormenta.

El resultado es la llegada de una masa de cantos, arenas, huesos, piezas líticas y arcillas que quedó acumulada sobre un substrato (roca o sedimentos previos) y/o acuñado en las fisuras subverticales características de la galería.

– Un filón de huesos

Los fósiles humanos de El Sidrón constituyen, hoy en día, la colección más completa y abundante de restos neandertales de la Península Ibérica. Su valor científico y documental es enorme.

Hasta la campaña de 2013 se han recuperado más de 2100 restos entre los que destacan cuatro mandíbulas, tres maxilares, multitud de dientes, fragmentos craneales y diferentes huesos del tronco y de las extremidades.

No obstante, el índice de fragmentación de los huesos es muy elevado y muchos de los restos se encuentran recubiertos de costras calcáreas, lo que precisa antes de su estudio de trabajos previos de restauración y limpieza.

El estado fragmentario de algunos de los huesos, aunque es un serio problema para los estudios anatómicos, aporta una información importantísima. La razón de esto reside en que parte de la fracturación de los huesos humanos fue producida por los propios neandertales. Hay evidencias muy sólidas en El Sidrón de episodios de canibalismo, cuya práctica incluyó la fragmentación intencional de los huesos.

Un segundo aspecto de interés en la muestra de El Sidrón estriba en el hecho de estar representadas todas las regiones esqueléticas. Así, se conservan restos de las cinturas escapular y pélvica, junco con vértebras y costillas.

La extremidad superior está bien representada por varios húmeros, cúbitos (ulnas) y radios bastante completos, y existe a su vez un gran número de falanges de la mano y huesos de la muñeca. Igualmente se han rescatado en el yacimiento fragmentos de los huesos de las piernas, con fémures, tibias y peronés, aunque su estado de conservación parece más fragmentario.

La conservación de los huesos del pie, incluidas las minúsculas falanges distales de los dedos, es también buena.

Gracias a la presencia de elementos anatómicos repetidos hemos identificado al menos trece neandertales de ambos sexos: siete individuos adultos, tres adolescentes, dos juveniles y uno infantil. Los análisis genéticos han revelado que Los 13 de El Sidrón formaban parte de un mismo grupo con estrechos lazos familiares.

En definitiva, el yacimiento de El Sidrón ha proporcionado parte del esqueleto de varios individuos neandertales, aunque no se han recuperado en la excavación esqueletos completos

Galería del Osario

– Ellos y nosotros

La anatomía de los neandertales es claramente reconocible y destaca la escasa variación que se detecta entre sus poblaciones, lo que denota una gran homogeneidad genética y posiblemente bajas densidades de población.

Los neandertales tenían un gran cerebro con un volumen de unos 1400-1600 cm3, claramente superior a los 1350 cm3 de Homo sapiens. El cráneo de los neandertales era más alargado y aplanado que el nuestro, con rasgos típicos tales como el perfil redondeado de los parietales y el llamado chiñón del occipital.

Las modificaciones evolutivas más claras del linaje de los neandertales las encontramos en el esqueleto de la cara y la mandíbula. A diferencia de la cara plana y reducida de Homo sapiens, los neandertales desarrollaron un fuerte prognatismo medio facial que consiste en un adelantamiento de la región nasal y zona media de la frente (el entrecejo). En la mandíbula, el espacio retromolar y la posición del foramen mentoniano son los rasgos más diagnósticos.

Los dientes presentan especializaciones también reconocibles aunque quizá no tan llamativas como las observadas en otros sistemas. Curiosamente son las huellas de uso dejadas en los dientes lo que quizá aporte más identidad al sistema dentario de los neandertales. Se han identificado una amplia gama de alteraciones: melladuras del esmalte, surcos interproximales y estrías culturales.

El esqueleto postcraneal, que define el cuerpo de los neandertales, presenta también marcadas diferencias con las poblaciones humanas modernas. Su estatura era relativamente baja, en torno a los 165 cm, con una gran corpulencia, una forma de la caja torácica llamada en tonel y extremidades robustas.

Pero lo más destacado es la proporción de los segmentos de las extremidades; los neandertales tienen los segmentos distales del brazo (el antebrazo) y de la pierna proporcionalmente más cortos que Homo sapiens. Esto se evidencia por la relación entre la longitud del húmero respecto de la ulna y/o el radio (índice braquial), y la del fémur respeto a la tibia (índice crural).

En todos estos caracteres comentados, los habitantes de la cueva de El Sidrón eran neandertales clásicos. Hoy sabemos también que existieron pequeñas variaciones locales en el diseño anatómico entre las poblaciones de diferentes regiones geográficas. Por ejemplo, las poblaciones que vivieron en las penínsulas del Sur de Europa, incluidos los de El Sidrón, tenían una cara ligeramente más ancha y menos proyectada hacia adelante.

– Todo lo que puede decir un diente

La dentición de los humanos proporciona un valioso caudal de información sobre el crecimiento y la vida de los neandertales. Dos razones explican este hecho.

En primer lugar, los dientes crecen mediante la superposición de capas de esmalte y de dentina, algo parecido a los anillos de crecimiento de los árboles. Este crecimiento sigue ritmos bien definidos, ajustados al ciclo diario, de tal manera que contando las capas podemos saber mucho de acontecimientos de la vida que tuvieron lugar cuando el sujeto era un niño y estaba creciendo. El mejor ejemplo de esto son las líneas de hipoplasia.

Estas son unas bandas que aparecen en la superficie del diente como resultado de una detención del crecimiento, bien por enfermedad bien por carencia en la alimentación. Su estudio ha permitido saber que las madres neandertales destetaban a los niños en torno a los 3 años de edad.

El cambio de dieta desde la leche materna a alimentos sólidos produjo durante la niñez de los neandertales carencias alimenticias que causaron detenciones temporales del crecimiento. Estas quedaron reflejadas en unas marcas de hipoplasia sobre los dientes.

– Una tercera mano

El segundo factor radica en que los dientes están en permanente contacto con el medio exterior, bien por la masticación de los alimentos bien por el uso de la boca como una tercera mano. Los neandertales usaban la boca para multitud de actividades distintas de la mera masticación.

Por ejemplo, usaban la boca como si fuera una tercera mano con la que agarraban pieles y otros objetos para su curtido y preparación. En ocasiones, las hedejando sobre su superficie unas características estrías culturales. El estudio de la dirección de estas marcas, con la ayuda del microscopio, ha podido averiguar que los individuos de El Sidrón analizados fueron diestros.

También se ha podido averiguar que reavivaban el filo de las herramientas líticas con los dientes. Esta actividad producía melladuras en los incisivos y caninos, de cuyo estudio hemos podido deducir cierta especialización profesional entre los componentes de los grupos neandertales.

El tipo de alimentación se puede estudiar mediante el análisis de la huellas de desgaste de la superficie dentaria. El principio reside en que cada tipo de alimento deja una forma diferente de desgaste. En paralelo, los depósitos de sarro acumulados en las superficies de los dientes son auténticos yacimientos microscópicos que conservan partículas muy variadas. Hoy sabemos que los individuos de El Sidrón comían vegetales y carnes, vivían en ambientes cargados de humo y usaban plantas medicinales. Y además sabemos que utilizaban finos palillos de madera o mondadientes para limpiar los dientes tras las comidas.

Restos fósiles en El Sidrón

Los neandertales (Homo neanderthalensis) son una especie humana extinta que vivió durante el intervalo comprendido entre hace unos 300.000 y unos 28.000 años.

Poseían una anatomía muy característica y su ámbito cultural se desarrolló principalmente durante el Paleolítico Medio. Su distribución geográfica fue muy amplia y abarcó multitud de hábitats, desde las costas de Portugal hasta el Próximo Oriente y Siberia occidental; y desde las llanuras norteuropeas hasta las penínsulas del sur de Europa, en su extremo más meridional.

Hasta la fecha no se han encontrado restos en África y se cree que nunca llegaron a habitar en ese continente.

Las características físicas de los neandertales incluían una complexión rechoncha y fornida. Su gran robustez esquelética indica un cuerpo muy musculado, con grandes crestas óseas para insertar los potentes músculos, hombros anchos, clavículas largas, gran caja torácica, pecho en forma de barril y extremidades cortas.

El peso medio en los machos sería de unos 84,5 kilogramos para una altura de entre 1,64 y 1,69 metros (y unos 10 centímetros menos de media para las hembras). En cuanto al cabello y el color de piel, la secuenciación de un fragmento del gen MCR1, procedente de un hueso hallado en El Sidrón (Asturias) ha revelado  que algunos individuos de esta especie tenían la piel clara y el cabello rojizo

Los neandertales enterraban a sus muertos3 y ya el Homo heidelbergensis, antepasado directo de los neandertales, cuidaba de sus enfermos

El grupo sanguíneo 0, el más abundante entre la población humana actual, también se daba entre los neandertales. Esto supone que la mutación genética que explica el grupo 0 tuvo que ser heredada del último antepasado común de los neandertales y los humanos modernos.

El análisis de los exomas y de los genomas mitocondriales neandertales muestra que esta especie tenía una diversidad genética menor que los humanos actuales.

Además, revelan que el antepasado común materno de todos los genomas mitocondriales de los neandertales, lo que se conoce como la «Eva neandertal», se situaría hace unos 110.000 años, unos 40.000 años después que el de los Homo sapiens.

La secuenciación del genoma neandertal ha desvelado que los individuos euroasiáticos
actuales comparten entre el 1% y el 4% de su ADN con los neandertales.

Estos resultados plantean la hipótesis de que el ser humano moderno, a su llegada a Oriente Medio tras salir de África, se hibridó durante un corto periodo de tiempo con los neandertales.

La capacidad olfativa de los neandertales, medida en función de las impresiones que deja el cerebro en la base interior del cráneo, era evolutivamente un 12% inferior a la de los primeros Homo sapiens.

Asimismo, el tamaño de los lóbulos temporales, relacionados con el lenguaje, la memoria y las funciones sociales, también era menor en los neandertales. En cuanto al sentido del gusto, el análisis de un fragmento del gen que codifica la percepción de la amargura, extraído de los restos de un neandertal de El Sidrón, indica que algunos individuos de esta especie eran incapaces de percibir el gusto amargo11 de los alimentos.

Esta circunstancia, presente también en algunos humanos modernos, constituye un misterio evolutivo, ya que en muchos casos el sabor amargo es indicativo de toxicidad.

El estudio de la orientación de las estrías dentales dejadas en los dientes por los utensilios ha permitido ver que el patrón de asimetría cerebral en los neandertales era similar al de los humanos modernos.

De los 27 neandertales analizados en todo el mundo hasta la fecha (11 de ellos procedentes de El Sidrón), tan sólo dos han mostrado indicios de un uso preferente de la mano izquierda.

Otros estudios apuntan a que la capacidad de pensamiento simbólico no es exclusiva del Homo sapiens.

En la cueva de Gorham (Gibraltar) se ha hallado el primer caso demostrable de un diseño abstracto realizado de forma deliberada por neandertales.

Se trata de un conjunto de líneas cruzadas en ángulo recto, grabadas en profundidad en la roca, que cubre aproximadamente la extensión de la palma de una mano.

La datación geoquímica del revestimiento mineral de los surcos del grabado sitúa su ejecución en una época en la que la cueva estaba ocupada por neandertales.

En esa misma cueva de Gibraltar se han encontrado restos óseos de rapaces y córvidos con incisiones realizadas por neandertales con herramientas y dientes en extremidades sin apenas carne, como las alas.

Esto ha llevado a los investigadores a pensar que los neandertales emplearían las grandes plumas de estas aves con un fin decorativo, no alimenticio, tal y como siguen haciendo muchos pueblos indígenas en la actualidad.

Los neandertales vivían en grupos de baja diversidad genética en los que la heterogeneidad del ADN era aportada por las mujeres. Mientras que los machos tendían a permanecer en el núcleo familiar, las hembras se trasladaban a otros grupos diferentes para evitar la endogamia.

(Una de las piezas dentales encontradas en la cueva El Sidrón)

Esta práctica, que mantienen el 70% de los grupos cazadores‐recolectores modernos, se conoce como patrilocalidad.

La dieta de los neandertales, a pesar de lo que se ha creído tradicionalmente, no era predominantemente carnívora.

Los investigadores han hallado, en placa dental calcificada de los individuos que habitaban en la cueva de El Sidrón, pruebas moleculares de ingesta de una gran variedad de plantas, entre las que se encuentran dos tipos de plantas medicinales: la camomila y la aquilea.

Además, restos de asentamientos neandertales en la cueva de Bajondillo (Málaga) datados en hace 150.000 años, han revelado que también comían marisco.

– Extracción limpia

Los protocolos de extracción limpia aplicados en la cueva de El Sidrón, donde se han encontrado los restos de 13 individuos neandertales (6 machos, 4 hembras y 3 cuyo sexo no ha podido ser identificado), han permitido a los investigadores obtener muestras con un nivel de contaminación mínimo, lo que facilita su análisis.

La secuenciación de estas muestras solo ha detectado un 0,27% de secuencias contaminantes, el porcentaje más pequeño para una muestra neandertal encontrado hasta la fecha.

Esta técnica hace posible analizar específicamente miles de variantes genéticas y compararlas con las de los humanos modernos.

– Entre neandertales y sapiens hubo sexo, pero poco amor

Según el equipo de investigadores del Instituto Garvan de Investigaciones Médicas de Sídney Australia, los humanos modernos surgieron de una sola población que vivió en el sur de África hace aproximadamente 200 mil años (Shutterstock)

La relación entre los neandertales y los primeros sapiens despierta apasionantes debates. Un enfrentamiento entre ambas especies, una “guerra” de 100 000 años, el tiempo que duró la convivencia en el planeta, con una victoria para los nuestros, ha sido la interpretación más aceptada durante mucho tiempo. Hoy sabemos que además de la posible hostilidad de los sapiens, hubo otros enemigos en la contienda.

La derrota de los neandertales, la extinción de la última especie “hermana”, pudo deberse a cambios climáticos, quizá a su propia condición anatómica, incluso a los efectos de una epidemia que les diezmara. Los nuevos registros arqueológicos y los avances en la comprensión de nuestro genoma han transformado por completo el modo en que ahora podemos contar nuestra historia junto a los neandertales.

– Europa central: el territorio compartido por ambas especies

La densidad de población en Eurasia, a lo largo del Pleistoceno superior, hace unos 129 000 años, debió ser muy pequeña. No es una mera cifra, sino que atiende a las posibilidades de encuentro que pudieron darse en el pasado entre ambas comunidades. Ellos y nosotros éramos muy pocos.

Carecemos de datos fiables durante el Paleolítico medio, pero sí del inicio del Paleolítico superior (Auriñaciense), momento en que se estima en Centroeuropa una población de entre 900 y 3 800 personas.

Es decir, por toda Europa central se repartían los habitantes de lo que hoy podría ser un pueblo pequeño. Si consideramos una superficie habitable superior a 10 millones de km² , la densidad de población era ínfima, cercana a 0,103 personas/100 km².

Sumemos a la escasa densidad de población que los lugares de residencia (cuevas, abrigos o cauces fluviales) se reutilizaban de manera reiterada por los mismos grupos a lo largo del tiempo. Así, las posibilidades de contacto entre ambas especies debieron ser muy escasas.

Mapa con la distribución de los principales hallazgos de neandertales tardíos, sapiens anteriores al 40.000 BP, así como yacimientos musterienses tardíos y de Paleolítico superior inicial. Las zonas sombreadas podrían corresponder a áreas de contacto entre las especies.

– Hubo más encuentros de lo esperado

Entre neandertales y sapiens hubo más encuentros de los que parecían probables, y no solo hubo competencia.

Los expertos lograron secuenciar el ADN neandertal en restos humanos como los de El Sidrón (Asturias), Vindija (Croacia) o Mezmaiskaya (Rusia), y pudimos empezar a establecer comparaciones con el ADN de poblaciones modernas, así como con los primeros sapiens que llegaron a Europa.

La importancia de la secuenciación ha culminado recientemente con la concesión del Nobel de Medicina a su pionero, Svante Pääbo del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig, Alemania. Esta comparación confirma que la relación entre estos grupos humanos fue más frecuente de lo pensado.

Igualmente, resulta contradictorio que distintas especies pudiesen tener descendencia común. Pero hoy sabemos que en nosotros hay una carga genética de entre un 1% y un 4% de ADN neandertal, aunque no todos los sapiens muestran huella de hibridación como sucede con las poblaciones africanas.

En 2018 se dio a conocer el hallazgo de los restos de una niña, hija de una mujer neandertal y un hombre denisovano, que confirmó que el mestizaje fue un proceso viable e indiscriminado.

Recientemente los restos humanos de los yacimientos de Bacho Kiro, en Bulgaria, y Zlatý kůň, en Chequia han confirmado que los contactos se produjeron con frecuencia.

Por el momento, los encuentros debieron estar limitados a contextos geográficos y cronológicos concretos. Sabemos que, al menos, pudieron producirse en los montes Altai de Siberia hace unos 100 000 años, en Próximo Oriente cerca de los 60 000 años y ya en centro Europa alrededor de los 40 000 años, y todo ello en base a registros genéticos de sapiens y neandertales.

La “amorosa” relación entre especies debió restringirse a la integración de individuos aislados dentro de grupos ajenos. Los procesos de selección cultural en la descendencia debieron esculpir nuestra limitada carga genética neandertal.

Dos especies, dos culturas. Registro antropológico e industrial neandertal (izquierda) y sapiens (derecha).

– Similares pero no iguales

Solemos olvidarnos de la importancia que tiene la cultura como diferenciadora entre los grupos humanos. Aunque no se reconocieran como especies distintas, sí debieron considerarse diferentes tal y como su cultura material lo indica.

Por ejemplo, hace unos 300 000 años, los primeros sapiens elaboraron una industria idéntica a los neandertales pero la cambiaron en poco tiempo hasta estándares muy complejos.

Sin embargo, los Homo neanderthalensis la mantuvieron sin apenas cambios hasta su extinción. Igualmente, aun asumiendo que la simbología y el arte formaran parte de la riqueza cultural de los neandertales, su generalización y expresión no es en absoluto asimilable a la de los sapiens, y ello sin descartar la autoría sapiens fruto de una temprana llegada a occidente.

A lo largo de los últimos 100 000 años en los que se establecen contactos entre estas especies, la cultura de los neandertales parece sin duda la gran triunfadora. Esta industria neandertal, conocida como Musteriense, se registra en los yacimientos europeos sin apenas variación desde los 300 000 años.

De hecho, la hibridación cultural que se produce en Próximo Oriente confirma el relativo triunfo de los modos de producción de utillaje de los neandertales frente a los propios de los sapiens.

¿Puede considerarse esto un dominio de una especie sobre otra? Es posible que la situación sociodemográfica condicionara una respuesta cultural en favor de los neandertales, pero la flexibilidad y plasticidad de los sapiens pudo ser la clave de esta absorción del musteriense durante el periodo en que ambas especies entraron en contacto a lo largo de unos 5 000 años.

Frente a un marcado sentimiento territorial en los neandertales, quizá los sapiens modelaron la ocupación del mismo territorio con mayor movilidad agotando paulatinamente los recursos tradicionales de sus parientes.

– Una batalla ganada de antemano

Los neandertales fueron capaces de adaptarse a cambios climáticos muy duros y de explotar ambientes y recursos muy variados con una tecnología compleja.

Quizá fue su inmovilismo cultural sumado a las nuevas condiciones creadas por la esporádica y quizá temprana llegada de los sapiens a Eurasia lo que determinó su paulatina disolución en favor de éstos, capaces de llevar a cabo migraciones ágiles y adaptaciones al medio con mayor flexibilidad.

Fue una “guerra” lenta pero ganada de antemano. No es fácil saber si los últimos grupos neandertales fueron conscientes de su propia extinción, dejando sus huellas en reductos aislados.

Este conflicto entre especies derivó en sexo, pero parece que con poco amor. De otro modo el ADN neandertal estaría mucho más presente en los grupos humanos que evolucionaron en Europa.

nuestras charlas nocturnas.

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