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Las colosales cabezas Olmecas…


Una Historia Curiosa/My moderm met  —  Las cabezas Olmecas son una de las curiosidades y de los más  grandes misterios que envuelven la historia del continente americano.

Sin lugar a dudas, estas esculturas son las piezas más destacadas y características del patrimonio material, que en la actualidad se conserva sobre una de las culturas, que dentro de la historia occidental se sitúa en el ámbito cronológico conocido como Pre-Clásico (5.000-200 a.C), dentro de las llamadas culturas pre-Colombinas.

La cultura Olmeca no ha sido identificada con una sociedad o civilización concreta, fue bautizada así por los primeros arqueólogos que las estudiaron en el siglo XIX, identificándolas en primer lugar como unos antepasados de los aztecas, para más tarde, entenderlas como una cultura distinta a estos.

Su estatus de cultura, se ha concedido debido a que está situado en un territorio concreto, extraídas de la Sierra de los Tuxtlas, se desplazaron decenas de kilómetros, pero se sitúan en torno a los actuales estados de Tabasco y Veracruz.

Se conserva además otros elementos antropomorfos relacionados con esta cultura.

La cronología de los hallazgos se da en varias fases:

  1. Tres Zapotes. Descubrimiento atribuido a José María Melgar.
  2. Descubrimientos por Frans Blom y Oliver Lafarge.
  3. Descubrimiento por Matthew W. Stirling, estimulando la investigación de dicha cultura.

A nivel técnico su descripción es sencilla; se trata de monolitos de basalto tallados, que alcanza una media cercana a los 3 metros de altura, y rondan las 25 toneladas, aunque algunas alcanzan casi el doble de peso.

Las caras de los individuos destacan por los rasgos faciales, sobre todo de la nariz, ancha y de grandes fosas nasales, y la boca, con grandes labios.

Suelen presentar una imagen calmada y serena del rostro, además de un casco/corona, interpretado como elemento de un guerrero/rey o jefe, incluso para algunos es entendido como una deidad.

Las  diversas  marcas posteriores, así como la morfología del cráneo han llevado a los investigadores a plantearse su uso como un trono que sería reutilizado para servir de representación y demarcación de la tumba del jefe o monarca una vez ya fallecido.

Su transporte ha sido aún más discutido que la propia funcionalidad o simbolismo del monolito, recuerda en mucho al interesante debate sobre la construcción de Stonehenge, diversas teorías han hablado de la posibilidad de un trasporte terrestre, necesitando la fuerza de mil hombres y el uso de trineos de madera, ante la falta de ruedas, pero en los últimos años las teorías con más fuerza son aquellas que apuesta por el transporte acuático a  través de un uso combinado de canoas.

En la actualidad se conocen unas 17 cabezas colosales (San Lorenzo: 10, La Venta: 4, Tres Zapotes: 1,…), la mayoría conservadas a día de hoy en algunos museos  de México.

Son sin lugar a dudas uno de los grandes y más curiosos misterios que la cultura material nos ha dejado de una sociedad antigua.

¿Quiénes fueron los olmecas?

A menudo considerada la “cultura madre” de Mesoamérica, la civilización olmeca se desarrolló en el golfo de México (particularmente Veracruz y Tabasco) y llegó a su máximo apogeo entre el año 1100 y 900 a.C.

Durante este tiempo desarrollaron tres centros poblacionales importantes: San LorenzoLa Venta y Tres Zapotes.

A pesar de su importancia histórica, aún hay muchas incógnitas en torno al desarrollo de esta civilización. No hay un consenso académico sobre su origen; sin embargo, los primeros indicios de su existencia datan del año 3,000 a.C. y hay registros de su presencia en Mesoamérica hasta el 400 a.C.

También se desconoce cómo se hacían llamar a sí mismos. La palabra olmeca viene del náhuatl y significa “habitantes de la región del hule”, y era utilizada por los aztecas para describir al conjunto de pueblos que vivía en la zona.

Relieve olmeca en el Museo de Antropología. 

La sociedad olmeca era politeísta, con un gran número de dioses relacionados con el mundo natural. Su dios principal era el jaguar, y otros animales como los sapos, los caimanes y ciertos reptiles también eran considerados deidades.

Al igual que en otras civilizaciones tempranas, los gobernantes eran considerados descendientes directos de los dioses y se les atribuían poderes sobrenaturales.

Los olmecas desarrollaron una importante red comercial a lo largo de Mesoamérica, lo que ayudó a difundir aspectos claves de su cultura. Su influencia en civilizaciones posteriores incluye el culto a la serpiente emplumada y al jaguar, así como su estilo artístico.

Además, se cree que fueron los primeros mesoamericanos en idear un calendario y un sistema de escritura.

En 1862, el explorador y coleccionista José María Melgar y Serrano dio con la primera cabeza olmeca en la Hacienda de Hueyapan, Veracruz, hoy conocida como Tres Zapotes. Eventualmente fue hallada otra escultura en el sitio, y ambas pasarían a ser conocidas como “Monumento A” y “Monumento Q”.

Cabeza monumental olmeca en una zona arqueológica, c. 1955. 

Aunque ya se habían descubierto este y otros monumentos olmecas, la contextualización de esta cultura se le atribuye al arqueólogo y etnólogo estadounidense Matthew Stirling. Con ayuda de Philip Drucker, Stirling realizó la excavación del sitio arqueológico de La Venta, Tabasco, entre 1938 y 1946.

Además de las cabezas colosales, Stirling descubrió buena parte de los monumentos de la ciudad prehispánica, incluyendo altares, tumbas y un mosaico del dios jaguar.

Anteriormente, los artefactos encontrados en la zona del golfo de México se habían atribuido a los mayas, aunque sus características no encajaban del todo con lo que ya se conocía de esa cultura.

En su investigación, Stirling concluyó que esta civilización era mucho más antigua: de hecho, era probable que se tratara de la cultura madre de Mesoamérica, precediendo incluso a los mayas.

Los monolitos olmecas representan uno de los grandes enigmas mesoamericanos por varias razones. Por un lado está su tamaño colosal. Las esculturas están hechas de basalto —una especie de roca volcánica— y las canteras se encuentran a decenas de kilómetros de las principales ciudades olmecas donde fueron encontradas.

Considerando que las esculturas tienen una altura de hasta tres metros y un peso promedio de 25 toneladas, es difícil explicar cómo los olmecas lograron trasladar las rocas con la tecnología de la época.

El tema de quiénes son y cuál es el origen de las personas retratadas también ha sido motivo de especulación.

Basándose en las facciones de las esculturas, Melgar y Serrano teorizó que la civilización olmeca provenía de África, diciendo: “Reflexioné que indudablemente había habido negros en este país (México), y esto había sido en los primeros tiempos del mundo”.

Cabeza olmeca en el Museo Nacional de Antropología. 

Sin embargo, la arqueóloga Ann Cyphers señala que Melgar probablemente solo estaba buscando referentes culturales para describir una civilización hasta entonces desconocida. Hasta ahora no se han encontrado ningún tipo de artefactos africanos importados en sitios olmecas, y no se ha encontrado ADN africano en los entierros descubiertos.

Entonces ¿a quiénes representan estas esculturas? Cyphers —quien descubrió la última cabeza olmeca— señala que es probable que sean retratos de los antiguos gobernantes, creados con el propósito de exaltar su grandeza y poderío.

Además, las cabezas colosales ofrecen una mirada a las modificaciones craneofaciales a las que se sometían los niños olmecas antes del año y medio de edad.

Estas modificaciones buscaban ensanchar la caja ósea del cráneo para conseguir ciertas características deseables; específicamente, la nariz ancha, el parietal plano y la comisura de la boca hacia abajo.

Así, las cabezas colosales siguen ofreciendo pistas para desenterrar las muchas incógnitas sobre esta gran civilización.

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